‘Número cero’ de Umberto Eco, una novela sobre la parte más grotesca del periodismo

El escritor y académico italiano dedica su última novela al mundo de la información, sobre la perfección los mecanismos de la llamada maquinaria del fango, del mal periodismo.

Como una mirada a los mecanismos de la comunicación y de la información o un manual sobre el mal periodismo ha sido calificado “Número cero”, el último libro de Umberto Eco, el más importante intelectual italiano aún vivo.

La novela fue presentada en la última feria del libro de Frankfurt, Alemania, con el título en inglés “That The Press, baby” (Es la prensa, querido).

Con la confusión política del periodo como contexto, la historia relata la iniciativa del comendador Vimercate, que para chantajear a los poderosos y golpear a sus enemigos crea un periódico ficticio que pública sólo números cero, es decir, borradores que no llegarán nunca a los quioscos.

Cada “número cero” de Domani (Mañana), como oficialmente se llama el cotidiano, sirve solamente como amenaza y se convierte en una máquina de chantaje en la que las medias verdades y las mentiras completas se entrecruzan.

El equipo puesto en pie por Vimercate incluye al director Simei y al periodista Colonna, un escritor fracasado que recibe la encomienda paralela de preparar el libro “Domani: ieri” (Mañana: ayer), que tampoco saldrá nunca a la venta.

Entre los redactores están Maia Fresia, ex colaboradora de una revista del corazón; Romano Braggadocio, especializado en revelaciones escandalosas; Cambria, ex cronista de la nota roja y Lucidi, ex colaborador de revistas desconocidas.

“No quise escribir un tratado sobre periodismo; insistí solamente en (crear) una redacción especial que forma parte de la maquinaria del fango, aunque desde hace más de 40 años reflexiono y discuto sobre los límites y las posibilidades del periodismo”, dijo Eco en una conversación con el también escritor Roberto Saviano.

Reveló que en la novela utilizó argumentos sobre los que ya ha escrito precedentemente, como una polémica de los años setenta con el periodista Pietro Otone sobre la posibilidad de separar los hechos de la reflexión.

'Número cero' de Umberto Eco, una novela sobre la parte más grotesca del periodismo

“Es una historia sobre los límites de la información periodística, pero no hablo de los periodistas en general, sino que dibujo el peor de los casos para dar una imagen grotesca de ese mundo”, añadió.

En el trasfondo de la novela figuran hechos y personajes de la historia italiana y europea reciente, como Gladio, la operación paramilitar clandestina creada para contrastar una hipotética invasión de la Unión Soviética, la CIA, el presunto asesinato del papa Juan Pablo I o los terroristas “rojos” infiltrados por el Estado.

“Este libro revela a la perfección los mecanismos de la llamada maquinaria del fango, del mal periodismo: Debería ser leído en las escuelas”, dijo Elisabetta Sgarbi, directora editorial de Bompiani.

Se trata de la séptima novela del escritor, que en sus 83 años de vida ha publicado 43 títulos, incluidos ensayos de semiótica, estética medieval, lingüistica y filosofía, además de best sellers internacionales como “El nombre de la rosa” (1980).

Publicado por la casa editorial Bompiani, “Número cero” salió a la venta en Italia el pasado 9 de enero y con 250 mil copias en su primera edición ya apunta a convertirse en uno de los libros más leídos de 2015.

fuente: Aristegui noticias/Libros/Enero, 2015.

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Enero, un mes con altas y bajas…

Desde la semana pasada estoy tratando de escribir para el blog, pero por una u otra razón me surgen contratiempos. El primero de ellos fue que tuve que cambiar de ordenador. Era algo que venia prolongando desde hace varios meses, escribir con mi vieja laptop Fujitsu era toda una odisea y una tarea que me demandaba mucha paciencia, para abrir se tomaba hasta diez minutos o mas, en general estaba muy lenta para todas las tareas que le pedía: ya sea conectarse a internet, abrir algún programa,o escuchar un video. Por lo que se lo comente al técnico y me dijo de hacer lo mas pronto posible un back up por que en cualquier momento podría dejar de funcionar, y rescatar los archivos podría ser complicado y costoso. Así que seguí al pie de la letra su consejo. Me tomo tiempo asimilar y aceptar que después de once años de compartir momentos tan inolvidables como la redacción de mi tesis profesional y mis libros, las fotos mi boda, de mis embarazos, el nacimiento de mis dos hijos, los viajes, los múltiples correos escritos y enviados a mi familia y amigos, y tantos otros eventos importantes tenia que despedirme de mi fiel laptop para siempre. Ya no seria posible mas reparaciones realmente había llegado a su etapa final de servicio. Con la asesoría de mi esposo adquirir mi nuevo ordenador: una Mac, lo cual ha sido todo un proceso de aprendizaje, en el cual estoy todavía conociendo el teclado, viendo como funciona safari, configurando y sincronizando mi ipad, mi iphone, que por momentos estuve a punto de regresarla. Y no por que el ordenador no sea eficaz sino por que estaba tan aferrada a mi vieja laptop que todo lo hallaba difícil. Me resistía con vehemencia al cambio. Con el paso de los días voy entendiendo mejor como funciona y ya me siento mucho mas cómoda. Ya pude poner al día mis blogs, y ahora estoy compartiéndoles esta experiencia a través de este escrito.

Otro de los contratiempos que he tenido y que aun no termina es que mi hijo menor y yo hemos estado enfermos. A William le diagnosticaron una salmonelosis, y luego comenzó con un dolor de garganta, y este lunes con una gripa terrible. Y de mi parte, comencé igual con un dolor de garganta y tos. Y esta semana con un catarro que no me deja tranquila ni cinco minutos. Esto aunado al clima me ha tenido algunos días deprimida, como saben vivo en Montreal, Canada y el invierno suele ser muy crudo y largo. Sin embargo, al escribir estas lineas ya me siento mejor, se que dentro de algunos días estaré recuperada y podré volver a la carga a escribir nueva historias y compartírselas. Solo es cuestión de tiempo. Mientras tanto los invito a que sigan visitando el blog, y me escriban sugerencias para mejorar su contenido, incluso si quieren envíenme algun escrito que deseen compartir.

macvspc

p.d. Y disculpen por los acentos que he omitido estoy en proceso de aprendizaje y aun no se como ponerlos… algunos me los corrige el corrector.Y al parecer no soy la única que enfrenta este problema en la web he encontrado una lista de sugerencias para ponerlos con un teclado en ingles pero hasta ahorita lo que he tratado no ha funcionado. !Vaya que hay diferencia entre un PC y una Mac!

!Hasta la próxima semana!
Lorena Lacaille
Longueuil, enero 29, 2015.

Es la literatura un ejercicio de posibilidades: Roberto Wong

    • Escribe una metáfora de búsqueda literaria como escritor joven

El autor recibirá el Premio Dos Passos a la Primera Novela

El escritor mexicano Roberto Wong afirmó que la literatura “es un ejercicio de posibilidades, de ensanchar lo cotidiano, de ser otras personas y estar en otros lugares”, como lo muestra en su novela “París D.F.”

En entrevista con motivo de la entrega del I Premio Dos Passos a la Primera Novela, que mañana recibirá en esta capital, el autor recalcó que su libro, editado por Galaxia Gutenberg, es la metáfora de su propia búsqueda como escritor.

El pasado 21 de octubre, la agencia literaria Dos Passos, Galaxia Gutenberg y El Corte Inglés dieron a conocer al mexicano como ganador de la primera edición del premio, que se entregará el mismo día en que el libro llega a las librerías españolas.

Wong (Tampico, Tamaulipas, 1982) explicó que esta obra surge de su historia personal con parejas francesas, y por tanto con su acercamiento a París, Francia, así como de muchas de sus lecturas (algunas de autores latinoamericanos) que convergen en esa ciudad.

La historia narra la vida de “Arturo”, un joven de la capital mexicana que estudia letras y quiere ser poeta, pero que se ve atrapado en lo cotidiano; para tratar de salir de ello anhela con viajar a París, por lo que superpone los mapas de ambas ciudades para vivirlo.

“El viaje de ´Arturo´ por París es una metáfora de búsqueda literaria como escritor joven y desconocido para acercarme al ejercicio literario, a las lecturas que me antecedieron, intentar dialogar con ellas”, precisó el autor.

Explicó que el personaje “Arturo” “está desencantado con lo cotidiano, se estanca en una vida bastante plana, nunca da el salto para ser poeta, por lo que su alternativa es inventarse un mundo en medio de una ciudad que es complicada y a veces agresiva”.

Wong apuntó que “lo que brinda Arturo es la posibilidad de ver la ciudad de manera distinta, al superponer los mapas y ensanchar lo ennegrecido cotidiano con un ideal que es París.

“Creo que en términos generales, lo que propone la novela es apostar por una sensibilidad de ver las cosas diferentes, en lugar de preguntarnos el por qué, propone ir en el por qué no: mirar futuros, narraciones y mundos posibles”, comentó.

“La literatura es el ejercicio de la posibilidad, y como habitantes de las ciudades complejas los escapes están en esas posibilidades, qué otras cosas hacer y soñar más allá de lo inmediato”, aseveró.

El narrador abundó que también converge en este libro “la idea, en algunos casos obsesión, de tratar de hacer más largos los días, y se logra a partir de la literatura con otras historias, con personajes que se viven como escritor y como lector”.

Recordó que el español Enrique Vila-Matas lo condensó en una idea: “Desde joven deseé ser muchas personas y de muchos lugares al mismo tiempo, porque ser solo una me parecía muy poco”, posibilidad que ofrece la literatura.

El autor aseguró que en su futuro como escritor no piensa en los premios ni en esta primera novela, sino que aspira en estar a la altura de los libros que le motivaron a ser escritor.

“Lo que me resta es seguir escribiendo; este libro ya se premió y me siento afortunado, y ahora busco otras historias y llegar a la altura de los que me antecedieron, y eso es quizá imposible, pero aún así hay que luchar”, mencionó.

Enfatizó que tras este premio, el 2015 será un año en el que aspira a que “París D.F.” llegue a muchos lectores, a la vez que trabaja ya en un nuevo proyecto a partir de dos cuentos suyos que intenta integrar en un libro.

“Es una novela que también es un ejercicio de la posibilidad, es una historia local de México, un viaje imposible. De momento voy sin prisa, no estoy presionado por acabarlo y voy paso a paso”, compartió.

fuente: El Informador, Literatura, Enero, 2015.

Mirreynato

Este libro no es resultado del resentimiento sino de la conciencia sobre una realidad difícil de negar: en uno u otro momento todos los mexicanos tenemos algo de mirreyes. Por eso es que toleramos vivir en el Mirreynato sin rebelarnos; algo nos conviene de este régimen que nos inhibe de denunciarlo y combatirlo. Acaso todavía no nos indigna lo suficiente.

El Mirrey es un personaje ostentoso en un país de desiguales, por ello es necesario derrocar al mirreynato y salvar al país de pasar de una nación de pobres a otra de pobres y viejos en el futuro, sostiene Ricardo Raphael, académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

En su libro Mirreynato. La otra desigualdad, el analista describe caso por caso un nuevo fenómeno social: el de los hijos de los políticos o empresarios cuyas tres mil familias tienen ingresos de 84 mil pesos diarios, contra los 21 pesos que perciben diariamente más de tres millones y medio de familias más pobres.

 

 

Los gremlins de Roald Dahl

En 1940 Roald Dahl tuvo un accidente mientras piloteaba un avión de la Real Fuerza Aérea (RFA) por el desierto de Libia. La guerra apenas empezaba y el joven aviador ya había quedado imposibilitado para combatir: tenía la nariz destrozada, una contusión grave en la columna vertebral y los ojos tan lastimados que durante días los médicos asumieron que había perdido la vista. Pero lo que entonces parecía un fracaso resultó después en el hallazgo de su verdadera vocación: la de escritor. Dahl fue enviado a Washington como agregado militar y empezó a escribir sobre sus experiencias en la guerra, entre ellas un cuento para niños al que llamó Los gremlins.

Para evitar confusiones: este libro tiene poco que ver con la película del mismo título que Joe Dante hizo en 1984. Acaso el único paralelismo es el nombre de las criaturas que aparecen en ambas historias, pequeños seres traviesos que ponen en jaque a los humanos que los rodean. Hay una fuente común, los gremlins eran conocidos popularmente entre los pilotos de la RFA como duendecillos que se dedicaban a sabotear sus aviones. Dahl le mostró su cuento a Sidney Bernstein, el oficial encargado de supervisar su trabajo, y éste lo envió a Walt Disney quien quiso convertirlo en una cinta animada.

El proyecto fracasó por conflictos de copyright, pero en 1943 el manuscrito se convirtió en el primer libro publicado del autor. La trama es simple: para tomar venganza por la destrucción de su bosque a manos de los británicos, los gremlins se dedican a estropear los aviones de combate de la RFA. Es así que el protagonista del libro, Gus (un piloto que bien podría ser el mismo Dahl), tiene un accidente al sobrevolar el Canal de la Mancha. Mientras caen juntos en un paracaídas, el piloto convence al gremlin agresor de que lo mejor es unir sus fuerzas contra su enemigo en común, los nazis, y le ofrece entregarle el mejor claro del bosque a cambio de su ayuda. Así nace la amistad entre los pilotos británicos y los hombrecillos: la RFA entrena a los gremlins para reparar aviones  y los convierte en sus aliados. Una gran parte del relato se trata del avance de este afecto, que  los lleva incluso a ayudar a Gus a hacer trampa en sus exámenes físicos para que pueda regresar a servir a su patria. Es una historia sobre la amistad y la valentía, pero también sobre el engaño.

Los gremlins no es de los mejores libros de Dahl, pero el fuerte peso del contexto histórico lo convierte en uno de los más peculiares. Como en otros clásicos del autor, la rebeldía de los más pequeños es la fuerza motriz de la trama y la empatía de Dahl está de su lado. Con el discurso bélico siempre como telón de fondo, lo disfrutable del libro son sus detalles auténticamente dahlianos. Duendecillos encarnados de no más de quince centímentros, los gremlins (y fifinellas, su versión femenina) visten ropa de aviador y botas con mecanismos de succión en la suelas para poder adherirse a cualquier superficie. Los widgets, gremlins bebé, hacen nido en las torretas de los aviones de combate. Son tímidos y de pocas palabras, vanidosos. ¿Quieres convencer a un gremlin de algo? Ofrécele un timbre postal, su comida favorita.

Con el espíritu indomable de los personajes más  memorables de Dahl –Charlie Bucket, el fantástico Mr. Fox, Matilda– los gremlins han tenido un alcance más allá del cuento que les dio vida. Aparecieron, por ejemplo, en Pesadilla a dos mil pies, un capítulo de La dimensión desconocida, y en Russian Rhapsody: Gremlins from the Kremiln, una película animada de propaganda anti-nazi en la que un gremlin le aplasta la nariz a Hitler con un martillo gigante. Mi aparición favorita, sin embargo, es una más tangible: Fifinella fue la mascota de Women Air Force Service Pilots, la división estadounidense de mujeres pilotos que sirvieron en la Segunda Guerra Mundial. Se me olvidaba: los gremlins también eran feministas.

 

Diario en México

Presentamos un fragmento del “Diario en México” de Ulises Carrión —incluido en Lilia Prado Superestrella y otros chismes, libro publicado por Tumbona Ediciones—, un recuento crítico e implacable de su regreso a México que, después de cerca de tres lustros de vivir en Holanda, alejado del mundo de la literatura, significará también una vuelta inusitada y audaz —una vuelta de tuerca— a la narrativa.


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22 de marzo (jueves)

Mi hermana Conchita, su pareja Alejandro y su hija Nayeli fueron al aeropuerto para recibirme. Antes de poder salir de la aduana, un agente fue directo a mi bolsa amarilla de Schiphol, donde encontró cuatro bolas de queso que traía como regalo. “No está permitido —me dijo—, hay fiebre aftosa en Holanda. Debes dejarlos aquí para que los revisemos.” Me condujo a una pequeña oficina, un tanto vieja. Mecanografió un recibo, muy consciente de su poder, esperando que ofreciera sobornarlo. No lo hice. Tomé mi documento con un número al que debo marcar mañana. Por supuesto lo haré.

 

23 de marzo (viernes)

Tenía a Luz del Amo en el teléfono. Su secretaria primero tomó mi nombre y me pidió esperar. No estaba seguro de si Luz del Amo me recordaría. Después de todo, no nos hemos visto, más o menos, en veinte años. (No, nos vimos en 1974.) Ahora es la directora del Departamento de Cultura en la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Sí, me recordaba muy bien, dijo. Después de decirle que quería verla para un negocio, replicó “te advierto que estamos quebrados”. Como le sucede a toda burócrata del gobierno mexicano, estoy seguro de que todos los días recibe llamadas de todo tipo de personas pidiendo ayuda financiera y otras cosas. Insistí en la naturaleza de mis intenciones. Me dio una cita para el jueves a las 6 p.m.

Le marqué muchas veces a Julio Alejandro, quien ahora vive en Cuernavaca. Ahí vivía, al menos hace dos años, la última vez que estuve en México. No recibí respuesta. También lo intenté por medio de la operadora. Luego intenté con Alfredo, su amigo de toda la vida, quien ahora vive en la ciudad de México. Ahora alguien renta su casa. Esta mujer no sabe dónde vive, pero me prometió averiguarlo.

Le llamé a José Luis Díaz sin mucha esperanza, ya que Henryk Gajewski me había dicho en Ámsterdam que el viejo domicilio de Díaz y su número telefónico ya no servían. Estaba equivocado. Alguien (¿su hijo?) respondió y me dijo que regresaría a casa más tarde, así que yo debía llamar a las 11 p.m. Pero cuando lo hice, y lo hice varias veces, no hubo respuesta.

Muy tarde telefoneé a Meche Oteiza. Ella sonaba muy feliz de escucharme, como siempre. Sin esperar mucho, le pregunté de alguna fuente de información para rentar un departamento amueblado. No, no tenía idea. Ella me pidió llamarla la semana entrante para hacer una cita y cenar en su casa. A su hijo le encantaría verme de nuevo; él debe de estar en sus primeros veintes. Su hija ahora hace su maestría en filosofía en Oxford.

Me dijo: “Por supuesto, puedes venir con quien quieras”, queriendo decir que podía ir con mi hermana. Le marqué a Angelines, ya que podría quedarme en su casa. Ahora vive sola, desde que sus dos hijos se casaron y se fueron a vivir a Jalapa, así que tiene una recámara desocupada. Además, su casa está situada muy convenientemente, cerca de la avenida Insurgentes. Me respondió la grabadora. Dejé un mensaje, pidiéndole que me marcara.

Telefoneé a la Asociación de Directores de Cine, de la cual Jomi García Ascot es el presidente, de acuerdo con la información que me dieron en la Embajada de México. Ahí obtuve el número telefónico de la Sección de Cine de la Secretaría de Cultura. El número estaba equivocado. Intenté varias posibles fuentes de información hasta que di con el número correcto. García Ascot no estaba disponible, y nadie supo decirme cuándo vendría a su oficina o darme el número de su casa.

Sin mucha esperanza, busqué en la guía telefónica, donde encontré su número y su domicilio. Pero, al marcarlo, ese número telefónico ya no le pertenecía. Así que debo seguir intentando en su oficina. Es una lástima que mañana sea sábado. Debo esperar dos días más.

Le llamé a Emilio García Riera, el historiador más importante del cine mexicano. (Meche Oteiza me dio su domicilio y me dijo que él era un hombre encantador.) De nuevo, me pregunté si él me recordaría. Por supuesto nos habíamos visto muchas veces, pero nunca habíamos sido amigos o habíamos tenido una conversación significativa. Además, eso fue hace veinte años. Sí, ¡sí me recordaba! Y sonó bastante amigable, ciertamente. Me pidió ir a la librería-cafetería mañana a la 1 p.m.

El Parnaso en Coyoacán, en la plaza principal. Le pregunté, un poco en broma: “¿Piensas que nos vamos a reconocer después de tanto tiempo?” Dijo que siempre va al café así que podría preguntar al mesero.

 

24 de marzo (sábado)

El teléfono de Julio Alejandro suena pero no obtengo respuesta. El casero de Alfredo me dio el número del agente de Alejandro, y le marqué de inmediato. El hombre tiene instrucciones de Alfredo, me dijo, para no dar su número sin antes consultarlo. Así que le di mi nombre, para que él llamara a Alfredo y lo consultara. Pero, por supuesto, no tiene idea de cuándo me llamará.

Tenía a José Luis Díaz al teléfono. Sonaba muy amigable, como es usual. Nos veremos muy pronto, dijo. Pero, por supuesto, es un hombre muy ocupado. Eso creo, ya que tiene un puesto muy alto en el gobierno. Me dio el número de su trabajo y me pidió el mío. Nos prometimos entrar en contacto a principio de la siguiente semana.

Marqué a Angelines otra vez. No había escuchado el mensaje que dejé. Me dijo que podía usar su ático, de esa manera podía ser totalmente independiente de ella, pero podía —y debía— bajar a su casa para usar el escusado, el baño y la cocina. El ático no me atrajo demasiado. Pero no tuve alternativa, así que estuvimos de acuerdo.

Sin embargo, más tarde en el día, vino mi mejor amiga mexicana, Martha —de regreso de Acapulco— y tuvo una mejor idea. Le llamó a Carlos Roces, un amigo en común que ha estado enfermo varios meses y por esa razón está viviendo con su madre. Así que su departamento está libre. Martha le marcó, le contó la historia y luego me lo pasó. Estaría feliz de que me quedara en su casa, me dijo. ¡Ésta es, sin duda, una mejor solución que el ático de Angelines!

Él vive cerca del parque de Chapultepec y avenida Reforma en un antiguo edificio estilo europeo, famoso por los muchos artistas, escritores e intelectuales que viven o han vivido ahí. De hecho, este edificio aparece en muchas películas de los años sesenta. Es la versión mexicana del famoso Hotel Chelsea de Nueva York.

Fui a encontrarme con Emilio García Riera a El Parnaso. Llegué muy temprano, así que entré a la librería junto a la cafetería. Compré algunos libros sobre películas —más bien folletos— publicados por la liga de cineclubes de la Universidad Nacional. Estos libros, que cubren aspectos de la historia temprana del cine, se ven bastante bonitos y son ridículamente baratos. Pero hubiera preferido encontrar libros sobre películas mexicanas. Eso llegará después, espero.

Por fin me encontré con García Riera. Me dio información muy valiosa. Las películas están disponibles, me dijo. Todas las películas de Buñuel son distribuidas desde España, incluyendo las viejas. Y todas estas películas están traducidas ya sea al inglés o al francés. Me dijo que la institución con la cual debo negociar es la Dirección General de Cinematografía, cuyo director, por cierto, conozco: Fernando Macotela.

También hablamos de varias actrices. Su primera sugerencia fue Ninón Sevilla, que ahora está de regreso en México (es cubana). Rosita Arenas era otra buena opción, según él. Ella es todavía muy bella y ha montado un espectáculo reciente. También hablamos de Leticia Palma. Desde luego que me gustaría usarla, sobre todo porque dejó abruptamente de trabajar en películas en los años cincuenta (debido a una venganza política contra ella de parte del líder del Sindicato de Actores), así que su carrera es una especie de historia redonda, con un claro comienzo y fin. García Riera opina que estaría dispuesta.

Pero luego le dije que mi favorita es Lilia Prado y estuvo totalmente de acuerdo conmigo. Era una buena actriz con un enorme sex appeal y también con un gran sentido del humor. García Riera piensa que no habrá dificultad en conseguirla. Así que, de no ser porque algún obstáculo inesperado surja, será ¡LILIA PRADO SUPERESTRELLA!

Me advirtió ya no buscar a Jomi García Ascot, que ahora está en cama, enfermo de gravedad. En su lugar, me dijo, sería bueno hablar con José de la Colina (otro buen crítico de cine que solía frecuentar hace veinte años) y me dio su número telefónico. El tercer crítico con el que planeaba hablar es su actual enemigo personal (Jorge Ayala Blanco), así que no me dio ninguna información de él.

También me dijo que no hay librerías donde pueda comprar revistas viejas de cine. Naturalmente, después de verlo, estaba muy optimista con mi proyecto; también me dijo que no tendría ningún problema en conseguir que cualquiera de esas actrices fuera a Holanda.

Tan pronto como regresé a mi casa, telefoneé a Macotela. Sí, me recordaba, y sonó bastante amigable al teléfono. Me pidió ir a un coctel a los Archivos de la Cineteca Nacional el siguiente lunes en homenaje a los ochenta años del Indio Fernández. ¡Van a exhibir Reportaje, una película de “mi” periodo! Tal vez sea una película mediocre pero prácticamente toda estrella de cine mexicana interpretó un pequeño papel en ella. Se trataba de una película en beneficio de los niños pobres o algo así, y todas las estrellas actuaron gratis. Así que es la mejor oportunidad de tener un panorama de la bolsa de actores de la época. Macotela me dijo que en la ceremonia acordaríamos una cita para el martes, y me presentaría a su asistente inmediato, quien estará a cargo cuando él vaya a un congreso europeo la semana entrante, y con quien tendría que tratar en su ausencia.

 

25 de marzo (domingo)

Fui con mi hermana y su familia al mercado de La Lagunilla, un tianguis. Me concentré en la sección de libros. No encontré nada interesante. En la tarde, Martha me llevó a uno de los teatros de la Universidad para ver una obra. Extremadamente entretenida, buenos actores, buena decoración. Pero le faltó conflicto.

Luego fuimos a recoger las llaves del departamento de Carlos, donde me mudaré el martes que viene.

 

Ulises Carrión (Veracruz, 1941-Ámsterdam, 1989) fue el teórico de arte y el escritor post-literario mexicano más innovador. Prefiguró nuevas corrientes del libro-de-artista. Anunció explícitamente la teoría del fin del libro, tiempo antes de que aparecieran Internet y el e-book.

Fuente: Nexos/Libros, Enero 2015.

 

DESORDEN PÚBICO: UNA PLEGARIA PUNK POR LA LIBERTAD, de Pussy Riot

La tortuosa (y a menudo ridícula) historia de la blasfemia alcanzó cotas sublimes (es decir, grotescas) el día en que cinco sediciosas uniformadas con medias, chaquetas y peinados intolerables traspasaron las puertas de una catedral moscovita con el propósito de cantar sus discrepancias en el altar de la ortodoxia. Allí bla ndieron guitarras y allí (dónde si no) toparon con la Iglesia, cuyo brazo secular se abatió sobre ellas con todo el peso de la ley (que es mucho) para aplastarlas antes de que pudiesen entonar la segunda estrofa. El gran vicario Putin se puso, como suele, los calzones y enarbolando la razón de Estado decidió apagar la música a toque de corneta (con la inestimable colaboración, naturalmente, de ese poder que llaman judicial): tres de las insurgentes detenidas in situ fueron acusadas de horribles delitos y las dos más contumaces siguen purgando su osadía en una cárcel esteparia.Pero el segundo mandamiento es inmisericorde, y la autoridad competente que había pronunciado el nombre de Dios en vano halló en su pecado la penitencia: un inmenso coro de voces consternadas clamó de profundis para afearle su conducta. Por mucho que oculten las orejas en cumbres lejanas (e internacionales), los popes y sus centuriones no consiguen desoír el estruendo. Ese alboroto es este libro. Aquí se reúnen canciones, poemas, artículos y otros textos significativos de lasvulvas sublevadas junto con las turbulencias aportadas por personajes tan ilustres como Yoko Ono, Bianca Jagger o Vivian Goldman. Se trata de un material heterogéneo que nos proporciona la estampa de una batalla contemporánea en defensa de las libertades civiles. La guerra no ha terminado y también se libra en nuestras páginas.