Wilmer Urrelo Zárate: Una promesa de las letras bolivianas

Wilmer Urrelo Zárate hizo sus estudios de Comunicación Social en la Universidad Mayor de San Andrés. Es autor de “Mundo negro”, novela con la que recibió el Premio Nacional de Primera Novela, convocado por la editorial Nuevo Milenio y traducida en 2008 al italiano por Edizione Estemporanee. Ganó el IX Premio Nacional de Novela 2006 con “Fantasmas asesinos”. En 2011 publicó “Hablar con los perros”, libro que fue considerado como uno de “Los 12 libros más destacados de 2011” por el suplemento “Fondo Negro” de “La Prensa”. Cuentos suyos han aparecido en varias antologías.

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Narrativa / fiction
Mundo negro. Nuevo Milenio, 2001; Edizione Estemporanee, 2008. Premio Nacional de Primera Novela, Bolivia.
Fantasmas asesinos. Alfaguara, 2007. IX Premio Nacional de Novela 2006, Bolivia.
Hablar con los perros. Alfaguara, 2011.

Antologías / anthologies
Trabajos forzados y algunos cuentos. Elvis Vargas Guerrero, ed. Ediciones de la Ratita, 2000.
Memoria de lo que vendrá: selección sub-40 del cuento en Bolivia. Juan González, ed. Nuevo Milenio, 2000.
Pequeñas resistencias 3: antología del cuento sudamericano. J. C. Chirinos, ed. Páginas de Espuma, 2004.
El futuro no es nuestro. Diego Trelles Paz, ed. Pie de Página, 2008.
Alta en el cielo: narrativa boliviana contemporánea. Nicolás Recoaro, ed. La Hoguera, 2009.
La ciudad contada: Buenos Aires en la mirada de la nueva narrativa hispanoamericana. Maximiliano Tomas, ed. Ministerio de Cultura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2012 (papel y ebook / paper and e-book).

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Háblame un poco de los últimos libros que has publicado.
La novela más reciente se titula “Hablar con los perros”. Es una novela larga, algo compleja, la cual narra la vida de cinco personajes pero bajo un punto común: la búsqueda de la felicidad. Para uno esa felicidad será el amor, para otro el dinero, para otro la venganza. Todo ello bajo un solo enfoque: el canibalismo y la guerra del Chaco, ese conflicto bélico que sostuvieron Bolivia y Paraguay de 1932 a 1935.

 

¿Has publicado en formato electrónico?
No.

¿Qué blogs, revistas electrónicas u otros sitios en internet recomendarías para descubrir a autores noveles hispanohablantes?

No sé. Es difícil recomendar algo pues en la gran mayoría de los blogs hay una especie de sesgo, ¿no? Me refiero a que no son tan democráticos como se jactan por estar en la Red. Se parecen mucho nomás a los espacios culturales de los periódicos que tanto se criticaban por crear esos odiosos círculos literarios. Pero igual y no soy muy fanático de navegar en Internet, la verdad, así que no se me ocurre recomendar algún sitio.

 

¿Cuáles son tus referentes en la literatura iberoamericana?
El boom, sin duda. Todo el boom (incluir a Leñero, a Andrés Rivera, a Mario Levrero, por favor; y a todos los que por una razón u otra estuvieron fuera de él). También leo con interés a Pío Baroja, por ejemplo. O a Jorge Edwards Bello. Eça de Queiroz también me gusta mucho. Lobo Antunes es fascinante.

¿Qué otros escritores han tenido influencia en tu obra?

José María Arguedas, de lejos. Vargas Llosa, de más lejos. Victor Hugo. Thomas Mann. Últimamente leo con interés a Yukio Mishima y cada vez que termino un capítulo de “Caballos desbocados” me digo: “ojalá que de grande pueda escribir como este joven”.

¿Qué nuevos autores hispanohablantes recomendarías?

Uf, mira, seguro olvidaré a más de uno. Me gusta mucho Yuri Herrera, Karla Suárez, Wendy Guerra, Junot Díaz, Sebastián Antezana es fenomenal para reinventarse. El Carlos Yushimito. Zambra, ¿por qué no?

¿En qué estás trabajando ahora?

En nada. Escribir “Hablar con los perros” me costó mucho; casi termino en el cementerio por culpa de esa novela, así, con todas sus letras. De manera que prefiero unas vacaciones de un par de años antes de empezar a escribir de nuevo.

¿Cómo te gustaría que fueran las bibliotecas del futuro?

Pues que tenga de todo para leer. Que estén prohidos los celulares y el ingreso de los críticos de cine. Ah, que puedas ir con tu perrito si lo tienes. Que tengan vitrales de colores fuertes y sillas cómodas con esos almohadones antihemorroides (eso es muy doloroso, te lo digo por experiencia). También que cuenten con estufas para el frío y esas lámparas verdes de mesa. Lo último es mi sueño erótico.

Su más reciente obra: Hablar con los perros 2011

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Esta pieza de arquitectura literaria narra cinco historias magistralmente entrelazadas. Llenas de recuerdos y escritas con un sutil humor negro, van develando un pasado tormentoso, el profundo deterioro de los sentimientos y, sobre todo, una enorme tristeza.

* Alicia Soriano necesita resolver un inquietante misterio. * Un amor imposible carcome la existencia del Perro Loco. * Antes de la boda de su hijo, el extraño pasado del abuelo Valentín Soriano es reconstruido. * Papá cuenta cómo la Guerra del Chaco y el mítico cerco al fortín Boquerón conducen a la búsqueda del secreto de la felicidad. * La ambición y el dinero arrastran a Los Infernales hacia un remolino de traición y venganza.

Cinco historias te recuerdan lo que eres, te recuerdan quién eres. Gracias a ellas podrás hablar con los perros.

Conociendo más o menos a Virginia Woolf

La monumental biografía de la autora muestra un lado comunicativo que sorprende. Bauer nos descubre el lado xenófobo y clasista entre una profusión de detalles y documentos.

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Cuando Virginia Woolf paseaba por la calle con aire distraído, la gente decía: “Mírala”. Leonard Woolf da cuenta de la doble faz de una persona a la vez ridícula y bella. Absolutamente fascinante. Quizá el propósito de Irene Chikiar Bauer al escribir esta biografía monumental sobre una de las más grandes escritoras del siglo XX consista en entender, a través del análisis del ingente acervo de documentos de Virginia Woolf y de parte de los integrantes del grupo de Bloomsbury, la complejidad de una mujer peculiar por sí misma que es simultáneamente un fruto reconocible de su época. El resultado es el mismo que se produce cuando en una novela se acumu­lan los detalles para construir un personaje: la asequibilidad de lo esquemático cede ante la bruma; el carácter revelador y subjetivo del impresionismo —el ojo que selecciona según comprende o comprende a medida que selecciona— deja paso a la minuciosidad de ese hiperrealismo que, en su recreación de cada arista, pelo, sombra, produce opacidad y se acerca a la abstracción. Chikiar Bauer consigue sustraer a la gran figura de Bloomsbury —con perdón de Keynes— de la espectacularización del icono que ha llegado a hacer de su imagen una mariquitina o un punto de lectura. Al acabar este libro no sabemos si conocemos más o menos a Virginia Woolf y nos formulamos las preguntas de a quién va dirigida esta biografía y, sobre todo, de cómo la debemos leer: con el impulso fascinante de la novela río, con demorada lente académica o picoteando a la búsqueda de informaciones específicas de cualquier índole —puro cotilleo, apunte filológico, dato histórico—.

La biógrafa revisa los diarios y la correspondencia de una autora que llegó a escribir siete cartas diarias: tal exceso nos suscita la duda de si Virginia Woolf escribió tanto por su deseo de encontrarse con el otro o por esa modalidad del onanismo que, a través del ejercicio mental de la escritura, persigue el autorreconocimiento. A diferencia de autores que han buscado ocultarse y escatimar detalles de su intimidad —fantasmagorizarse en vida—, nos sorprende el lado social y comunicativo de una Virginia Woolf que suele sernos presentada en sus facetas más introspectivas y delirantes. El celo de la biógrafa es casi tan grande como el de Virginia Woolf e incluso visibiliza las peculiaridades de la defecación de la escritora. Chikiar Bauer nos descubre el lado xenófobo, esnob y clasista de una mujer que tenía prejuicios contra los judíos, pero se casó con uno. Acaso la conciencia de posteridad de Virginia Woolf puede ser otra de las razones para entender qué la condujo a producir esa mastodóntica cantidad de textos autobiográficos. No obstante, lo trascendente es la metodología de Chikiar Bauer que los utiliza como las miguitas de Pulgarcito: por una parte, da la impresión de que la biógrafa no hubiese escrito ni una sola línea sin haber consultado una prueba documental y conoce detalles tan asombrosos como el de que el fuego estaba encendido cuando Julia, madre de la autora, aceptó casarse con Leslie. Por otra parte, ante estas pinceladas de ambientación, los lectores más ortodoxos académicamente pueden llegar a inquietarse cuando las expectativas que desencadena Virginia Woolf. La vida por escrito derivan hacia lo libresco.
El contorno de Virginia Woolf y el fondo del cuadro se presentan como indisolubles y dan sentido a la palabra queer. La escritora londinense era completamente queer y su extrañeza se vincula con su sexualidad, que camina entre lo frío y lo ambiguo, entre las experiencias traumáticas de abuso sufridas en la infancia y una virginidad que se prolonga hasta casi los 30 años, y que ella quiere superar fundamentalmente porque piensa que no conocer esa parte de la vida puede ser un lastre para su escritura. La extrañeza de Virginia conecta con su deseo truncado de ser madre; con la dependencia y la competición permanente con su hermana Vanessa —carnalidad, maternidad, calidez—; con esos episodios patológicos en los que oía hablar en griego a los pájaros; con su vocación espeleológica, su autoexigencia y su afán de experimentación. Precisamente uno de los aspectos más sobresalientes de este volumen es la inteligencia con que Chikiar Bauer va enlazando la biografía de Virginia con su concepción del lenguaje y la literatura, con sus novelas y ensayos. Se observa el proceso de evolución de una escritora y una mujer vital. La extrañeza de Virginia Woolf se relaciona también con el imperativo de ser una mujer, pero escribir como un hombre: Un cuarto propio, Orlando, la consigna de huir del imaginario victoriano del ángel del hogar, la reivindicación de que lo privado es político o de que las muchachas deberían beber vino, la conveniencia de alejarse de la cocina para que la escritura no se convierta en un vómito sensiblero de emociones… Chikiar Bauer, partiendo de los estudios de Leah Leone, se aproxima al peliagudo asunto de cuál hubiese sido la repercusión de Virginia Woolf en los autores del Boom si en las traducciones que Borges hizo de sus obras no hubiese alterado las cuestiones de género y neutralizado hasta cierto punto su efecto transgresor.

El fondo del cuadro se completa con una galería de personajes de una entidad indiscutible: Henry James, Leonard Woolf, Vanessa Bell, Katherine Mansfield, Roger Fry, T. S. Eliot, James Joyce, Vita Sackville-West, Ethel Smyth, Lytton Strachey, Dora Carrington… Al fondo de la imagen, pero tal vez mucho más dentro de sí misma de lo que la propia escritora hubiera deseado, aparece la guerra, el nazismo, el racionamiento, la falta de combustible, la percepción de que no hay futuro, las dificultades para escribir, el miedo a la locura, la renuncia a los placeres de la vida —caminar, conversar—, la impresión horrible de que el esposo y la hermana se alejan… Entonces aparece el río turbulento, una pesada piedra y una necrológica donde el suicidio de Virginia Woolf casi se interpreta como una imperdonable falta de patriotismo. Irene Chikiar Bauer lo cuenta bien.

Virginia Woolf. La vida por escrito. Irene Chikiar Bauer. Taurus. Madrid, 2015. 952 páginas. 23,90 euros.

El País, Babelia, abril 2014.

 

Entrevista de CNN a Irene Chikiar Bauer

 

Ana María Shua, pionera del género erótico

Ana María Shua nació en Buenos Aires en 1951. A los dieciséis años publicó sus primeros poemas reunidos en El sol y yo. En 1980 ganó con su novela Soy Paciente el premio de la editorial Losada. Sus otras novelas son Los amores de Laurita, (llevada al cine), El libro de los recuerdos (Beca Guggenheim) y La muerte como efecto secundario (Premio Club de los XIII y Premio Ciudad de Buenos Aires en novela). Su última novela es El peso de la tentación.

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Cinco de sus libros abordan el microrrelato, un género en el que ha obtenido el máximo reconocimiento internacional: La sueñera, Casa de Geishas, Botánica del Caos, Temporada de Fantasmas (reunidos en el volumen Cazadores de Letras) y Fenómenos de circo.
También ha escrito libros de cuentos: Los días de pesca, Viajando se conoce gente y Como una buena madre. Con Miedo en el sur obtuvo el Premio Ciudad de Buenos Aires. Que tengas una vida interesante reúne sus cuentos completos hasta 2011. Su último libro en el género es Contra el tiempo
Recibió varios premios nacionales e internacionales por sus libros para chicos.
Su obra ha sido traducida a nueve idiomas.

 

ANA MARIA SHUA

 

La gran autora del cuento en español regresa: Cristina Fernández Cubas

Como en un buen espectáculo de magia, hay dos maneras de afrontar este libro: la primera es dejarse llevar y disfrutarlo sin más; la segunda es escrutar atento cada movimiento de manos, cada pliegue de la ropa en busca de ese truco que sabes que está, pero que no encuentras. El problema es que algunos no podemos evitar hacerlo de ambas maneras. Aunque —no teman— el efecto es el mismo: el asombro, el aplauso final.

La habitación de Nona es un libro rico y chispeante que trastoca y sorprende, que tensa la distancia entre lo que queremos y lo que tenemos, entre lo que tememos y la realidad. El regreso de Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, 1945) a su medio natural, el cuento, después del silencio en el que la sepultó la muerte de su marido y del que solo salió momentáneamente y con seudónimo, es una buena noticia para la literatura española. Lo hace con soltura, espolvoreando dosis contenidas de misterio y desconcierto, de ternura y crudeza, y jugando al despiste con tal profusión de magia que, sin parecerlo, le da siempre la vuelta (o las vueltas) al planteamiento. ¿En qué momento lo hizo, en qué párrafo, en qué palabra, en qué letra? No se sabe.

Como a un buen mago, hay ganas de preguntarle: “¿Cuál es el truco?”.

Pero es demasiado pronto, demasiado obvio, ella nunca lo revelará. Por eso empezaremos por el principio, o al menos por un buen principio: Edgar Allan Poe.

PREGUNTA. Allan Poe consideraba el cuento un buen género para crear y transmitir un sentimiento, una “unidad de efecto” en el lector. ¿Y usted? ¿Qué es para usted el cuento?

RESPUESTA. Yo ya no lo sé (ríe), me siento como el conductor que va metiendo marchas sin pensar, pero el cuento tiene mucho de misterio y es a la vez un género misterioso por excelencia. El lenguaje del cuento es como el de la tribu de los wasi-wanos de mi libro: tiene tanta importancia lo que se dice como lo que se oculta.

P. ¿Se siente miembro de una secta?

R. Sí, miembro de una hermandad, y eso me gusta. Es un género no despreciado, pero sí desconocido. Mucha gente cree que es un meritoriaje, como el corto que haces mientras esperas la oportunidad de hacer el largo, pero no es así. Me fascina.

P. ¿Por qué ha costado tanto en España, frente a la tradición en toda América?

R. Ha costado, aunque tenemos maestros excelentes como Emilia Pardo Bazán, por ejemplo. Ahora se ha vencido bastante este prejuicio y el cuento renace, ha despertado.

Cristina Fernández Cubas nos recibe en un hotel de Barcelona para hablar de La habitación de Nona (Tusquets), su primer libro de cuentos tras la recopilación que publicó en 2008. Por el camino abandonó el género, su género, creó un alter ego y publicó una novela en 2013.

P. ¿Infidelidad?

R. Había escrito un par de novelas anteriormente, pero esta vez me inventé un nombre, extranjericé mi apellido (Fernández Cubas se volvió Fernanda Kubbs) y cambié de registro. Lo necesitaba porque rompía la verosimilitud que guardo siempre en mis cuentos. La narradora se ve encerrada en una bola de vidente. Era una propuesta totalmente distinta y entendí que si firmaba con mi nombre iba a confundir a los lectores. Debía decirles: cuidado, soy yo, pero vamos por otro camino, y por eso firmo Fernanda Kubbs. La verosimilitud es de Cristina y, como tal, cuanto más raro es lo que quieres contar, más verosímil tiene que parecer.

P. En ese momento estaba superando la muerte de su marido (Carlos Trías, fallecido en 2007) y dejó los cuentos. ¿Con La habitación de Nona podemos creer que ha vuelto a su lugar?

R. He vuelto, creo que he vuelto, he vuelto. Estuve mucho tiempo sin escribir cuentos, ni poder leer, ni cuentos, ni nada, no podía retener. Le ocurre a mucha gente que sufre una pérdida, no es un caso único, y por eso le tengo tanta simpatía a Fernanda Kubbs, porque me permitió salir de esa bola de cristal en la que yo estaba metida y meterme en otra, una de ficción. Tras acabar esa novela supe que podía volver.

Sobre el papel las cosas nunca son como uno habría imaginado. Has dado la palabra a un personaje y la utiliza. Es una aventura
Fernández Cubas suele decir que cada cuento sigue un impulso diferente y que cada libro de cuentos es una unidad, una especie de buque en el que cada viajero puede entrar por proa o por popa, colocarse en un puente o a estribor, pero el autor es siempre el responsable de estabilizar la nave. Su nuevo buque lleva un rumbo claro: los buenos siempre podemos ser malos; los cuerdos, locos, y la cámara, ¡alehop!, acaba enfocando algo que no parecía estar ahí. Dos de los relatos además dialogan de tal forma entre sí que el eco de ese juego acaba reverberando largo rato en la memoria del lector.

P. ¿Cuál fue el impulso aquí?

R. Cada cuento es muy distinto del otro, pero hay algunas ventanas y pasadizos secretos, como habitaciones distintas de la misma posada. El impulso de Hablar con viejas, por ejemplo, es algo que me pasó a mí. Cruzaba la calle París y una viejecita muy amable vestida de flores me dijo: “Niñaaa, es usted tan amaaable de ayudarme a cruzar? [arrastra la a como si leyera un Hansel y Gretel barcelonés]. Es que no distingo los semáforos…”. Me agarró muy fuerte, la acompañé, y en su portal me invitó: “Yo vivo aquí. ¿Quieres subir a tomar algo?”. Yo no subí a aquella casa, pero subí escribiendo y cedí el paso a la joven del cuento que sube, no diré más. Lo inesperado acecha en cada esquina, y por qué no en una casa del Ensanche.

P. ¿Todo bueno alberga un malo en su interior?

R. Nadie lo es todo. Nadie es completamente bueno ni completamente malo, hay grises. Y luego están las circunstancias. En una situación normal, si interviene un elemento ajeno que enrarece la atmósfera, puede ocurrir cualquier cosa.

P. Mientras leía su libro se produjo el accidente del avión en los Alpes y pensé: ese piloto podría ser su personaje. Una de esas situaciones en las que las cosas se dan la vuelta.

R. Tendría que pasar mucho tiempo porque lo he vivido mal, ha sido horroroso, pero como cuentista me gusta que los factores se alteren. Yo creo que la cotidianidad no es tan apacible como parece.

P. En sus cuentos hay madrastra de hoy, hijastras atemorizadas; o una niña con capucha roja que no teme al lobo, sino a sus padres. ¿Escribe para conjurar los miedos?

R. A veces sí, otras veces no. Puede ocurrir que algún temor o alguna pesadilla se la enjaretas a un personaje y la disfrutas. A mí lo que más me gusta de la escritura es el proceso de escritura. Crees que vas a contar una cosa y puedes lograrlo o no, porque suceden muchísimas cosas en el proceso de escritura. A los personajes les das la palabra y resulta que la utilizan. Naturalmente eres tú el que se la has dado, pero si te has metido en una atmósfera determinada hay un momento en que puedes empezar a seguirles a ellos y olvidarte de lo que tú pensabas escribir para ir por otros caminos. O pararte antes de donde pensabas llegar. O ir más allá. Todo puede ocurrir.

P. ¿Es su proceso en general? ¿No cuadra la realidad con lo que usted ha planificado?

R. Exacto no. No es un calco. Si fuera un calco, supongo que no me gustaría, siempre hay algo más. Sobre el papel las cosas no son como uno las ha imaginado. Y a mí me gusta mucho la aventura sobre el papel, el viaje.

P. ¿Y qué elige o planifica? ¿La historia, el argumento, los personajes, la sensación, como Allan Poe? ¿A qué se agarra?

R. El impulso puede venir de muchas cosas, es un chispazo. Estoy muy abierta a las posibilidades que puedan aparecer en cada momento.

P. ¿Vive el cuento como una novela corta, como poesía larga o como algo distinto?

R. Como cuento. Un género en sí mismo. Con la poesía tiene en común la intensidad, y con la novela, la narrativa, pero es distinto. El cuento es tiránico, no te perdona un párrafo malo; una novela quizá te perdona un capítulo que no esté demasiado bien, pero en un cuento no te puedes saltar una línea. En ella puede haber tal cantidad de información, tal intensidad y concisión que el lector de cuentos es un lector activo al que no le da ningún reparo volver a las primeras páginas. Y a veces el cuento continúa en su cabeza, y eso me encanta.

Ocurre en el juego ya mencionado entre dos cuentos y ocurre en La nueva vida, un relato negro y doloroso en el que el pasado invade el presente, o eso parecía hasta que es el presente el que se convierte en invasor molesto. Le cuesta tanto hablar de él que, de forma muy parca, confiesa que lo grabó en un magnetofón en los momentos más duros de su pérdida y necesitó varios años para recuperarlo. Para escribirlo. “Y más no quiero hablar”.

Ese cuento es pura magia, y por eso la pregunta finalmente se abre paso: “¿Cuál es el truco?”.

Ella ríe y calla, como ese buen mago tras la exhibición. O dice algo así como: “No lo sé; si soy una ilusionista, lo hago sin darme cuenta”.

Pero como remate, como bis espectacular tras el cuento negro en el que evoca la pérdida, sitúa el que cierra el libro: Días entre los wasi-wanos, una historia que aplaude la vida y la imaginación.

“Es esperanzador. Espero que el lector sepa que siempre nos quedarán los wasi-wanos”.

Y, como los indígenas de su tribu amazónica, Fernández Cubas se marcha dejando las palabras en el aire: las que ha querido decir; y las que ha querido ocultar.

La habitación de Nona. Cristina Fernández Cubas. Tusquets. A la venta el 7 de abril de 2015.

9788490660751

RESUMEN DEL LIBRO
Una niña siente una envidia creciente hacia su hermana Nona a quien todo lo que le ocurre es ?especial? y, lo que es peor, le ocurre a escondidas. Una mujer al borde del desahucio confía en una benévola y solitaria anciana que le invita a tomar café. Un grupo escolar comenta un cuadro, y de repente alguien ve en él algo inq uietante que perturba la serenidad del momento. La narradora se aloja en un hotel madrileño y al salir vive un salto en el tiempo? Cristina Fernández Cubas revisita la infancia y la madurez, la soledad y la familia, la cotidianidad de nuestras casas y nuestras ciudades y nos descubre que en todos ellos tal vez aniden inadvertidos el misterio, la sorpresa y el escalofrío.

Cristina Fernández Cubas en la biblioteca del Instituto Cervantes de Dublín

 

Jaime Sabines: Poeta atemporal, entrañable y único…

Jaime Sabines
(1926-1999)

Poeta mexicano nacido en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; el 25 de marzo de 1926. Hijo de un libanés emigrado. Vivió alternativamente ahí y en la ciudad de México. Estudió medicina, pero abandonó estos estudios, posteriormente estudió letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se licenció en Lengua y Literatura Española. En su juventud participó en programas de radio. Fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal. Fue poeta calificado por el presidente de México, Ernesto Zedillo, como uno de los más importantes del país en el siglo XX, falleció el 19 de marzo de 1999 en México, Distrito Federal, víctima de un cáncer a la edad de 72 años. Sus poemas son viajes al fondo oscuro de las emociones, siempre con fuerza y siempre desgarradores. De su interior sacó poemas toscos y abruptos. A veces acertó y a veces no, pero cuando lo logró, sus poemas, hablan del amor o de la muerte del padre, tienen una fuerza y una tenacidad en donde el ritmo del lenguaje y la potencia de las expresiones dejan sin aliento al lector, seguro de haber tocado una verdad. Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983. Sus libros son Horal (1950), La señal (1951), Adán y Eva (1952), Tarumba
(1956), Yuria (1967), Maltiempo (1972), Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (1973) y Uno es el hombre (1990). Su obra está recopilada en Nuevo recuento de poemas (1977).

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LOS DÍAS INÚTILES

Los días inútiles son como una costra
de mugre sobre el alma.
Hay una asfixia lenta que sonríe,
que olvida, que se calla.
¿Quién me pone estos sapos en el pecho
cuando no digo nada?
Hay un idiota como yo andando,
platicando con gentes y fantasmas,
echándose en el lodo y escarbando
la mierda de la fama.
Puerco de hocico que recita versos
en fiestas familiares, donde mujeres sabias
hablan de amor, de guerra,
resuelven la esperanza.
Puerco del mundo fácil
en que el engaño quiere hacer que engaña
mientras ácidos lentos
llevan el asco a la garganta.
Hay un hombre que cae días y días
de pie, desde su cara,
y siente que en su pecho van creciendo
muertes y almas.
Un hombre como yo que se avergüenza,
que se cansa,
que no pregunta porque no pregunta
ni quiere nada.
¿Qué viene a hacer aquí tanta ternura fracasada?
¡Díganle que se vaya!

 

TU CUERPO ESTÁ A MI LADO

Tu cuerpo está a mi lado
fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo
y acaricio tu pelo enamorado.
Esta mortal ternura con que callo
te está abrazando a ti mientras yo tengo
inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado
y el bajo y suave respirar de tu vientre
sin mis labios.
Te digo a media voz
cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo
y te beso como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras
y te aprietas a mí y haces tu llanto
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
se ponen a escuchar lo que no hablamos.

ASÍ ES

Con siglos de estupor,
con siglos de odio y llanto,
con multitud de hombres amorosos y ciegos,
destinado a la muerte,
ahogándome en mi sangre, aquí, embrocado.
Igual a aun perro herido al que rodea la gente.
Feo como el recién nacido
y triste como el cadáver de la parturienta.

Los que tenemos frío de verdad,
los que estamos solos por todas partes,
los sin nadie.
los que no pueden dejar destruirse,
ésos no importan, no valen nada, nada,
que de una vez se vayan, que se mueran pronto.
A ver si es cierto: muérete.
¡Muérete, Jaime, muérete!

¡Ah, mula vida,
testaruda, sorda!

Poetas, mentirosos, ustedes no se mueran nunca.
Con su pequeña muerte andan por todas partes
y la lucen, la lloran, le ponen flores,
se la enseñan a los pobres, a los humildes, a los que
tienen esperanza.
Ustedes no conocen la muerte todavía:
cuando la conozcan ya no hablarán de ella,
se dirán que no hay tiempo sino para vivir.

Es que yo he visto muertos,
y sólo los muertos son la muerte,
y eso, de veras, ya no importa.

Un desgraciado como yo no ha de ser siempre
desgraciado.
he aquí la vida.

Puedo decirles una cosa por los que han muerto de amor,
por los enfermos de esperanza,
por los que han acabado sus días y aún andan por las
calles
con una mirada inequívoca en los ojos
y con el corazón en las manos ofreciéndolo a nadie.
Por ellos, y por los cansados que mueren lentamente en
buhardillas
y no hablan, y tienen sucio el cuerpo, altaneros del
hambre,
odiadores que pagan con moneda de amor.
por éstos y los otros, por todos los que se han metido las
manos
debajo de las costillas
y han buscado hacia arriba esa palabra, ese rostro,
y sólo han encontrado peces de sangre, arena….
Puedo decirles una cosa que no será silencio,
que no ha de ser soledad,
que no conocerá ni locura ni muerte.
Una cosa está en los labios de los niños,
que madura en la boca de los ancianos,
débil como la fruta en la rama,
codiciosa como el viento:
humildad.

Puedo decirles también
que no hagan caso de lo que yo les diga.
El fruto asciende por el tallo, sufre la flor y llega al aire.
Nadie podrá prestarme su vida.
Hay que saber, no obstante,
que los ríos todos nacen del mar.

Jaime Sabines “No es que muera de amor”

Jaime Sabines 2008 Pensandolo bien

Recardando a Eduardo Galeano – Vivir sin Miedo

Eduardo Galeano
(Eduardo Hugues Galeano; Montevideo, 1940) Eduardo Galeano escritor y periodista uruguayo cuya obra, comprometida con la realidad latinoamericana, indaga en las raíces y en los mecanismos sociales y políticos de Hispanoamérica.

eduardo galeano

Se inició en el periodismo a los catorce años, en el semanario socialista El Sol, en el que publicaba dibujos y caricaturas políticas que firmaba como Gius. Posteriormente fue jefe de redacción del semanario Marcha y director del diario Época. En 1973 se exilió en Argentina, donde fundó la revista Crisis, y en 1976 continuó su exilio en España.

Regresó a Uruguay en 1985, cuando Julio María Sanguinetti asumió la presidencia del país por medio de elecciones democráticas. Posteriormente fundó y dirigió su propia editorial (El Chanchito), publicando a la vez una columna semanal en el diario mexicano La Jornada. En 1999 fue galardonado en Estados Unidos con el Premio para la Libertad Cultural, de la Fundación Lanna.

Su obra, traducida a mas de veinte lenguas, es una perpetua y polémica interpretación de la realidad de América Latina, estimada por muchos como una radiografía del continente. Galeano es, sin duda, uno de los cronistas de trayectoria más incisiva, inteligente y creadora de su país. Una de sus obras más conocidas es Las venas abiertas de América Latina, un análisis de la secular explotación del continente sudamericano desde los tiempos de Colón hasta la época presente que desde su publicación en 1971 ha tenido más de 30 ediciones.

En dos ocasiones obtuvo el premio Casa de las Américas: en 1975 con su novela La canción de nosotros y en 1978 con el testimonio Días y noches de amor y de guerra. En la primera obra, La canción de nosotros, abordaba el complejo tema de la lucha armada y la relación entre las fuentes culturales populares y la militancia de izquierdas de la pequeña burguesía.

La segunda, Días y noches de amor y de guerra, es una crónica novelada de las dictaduras de Argentina y Uruguay, aunque hay continuas referencias al entorno latinoamericano. En ella se relatan las vivencias de un periodista en un país aplastado por el poder militar y paramilitar en un período atroz, marcado por la violencia ejercida sobre los discrepantes. Sin embargo, junto al horror de amigos que desaparecían en ocasiones “por error” y otras simplemente por pensar por sí mismos, están el amor, los amigos, los hijos, el paisaje, todo aquello que aun en la oscuridad de una guerra sucia y despiadada contra los más débiles sigue siendo motivo para vivir, defender las ideas y alzar la voz contra los que actuaban impunemente para implantar el miedo y la consiguiente paralización. En primera página ya se anuncia: “Todo lo que aquí se cuenta, ocurrió. El autor lo escribe tal como lo guardó en su memoria. Algunos nombres, pocos, han sido cambiados”. Aunque los hechos son, pues, dolorosamente reales, están contados con sobriedad, sin llegar al regodeo y la autocompasión.

Su trilogía Memoria del fuego, que combina elementos de la poesía, la historia y el cuento, está conformada por Los nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986), y fue premiada por el Ministerio de Cultura del Uruguay y también con el American Book Award, distinción que otorga la Washington University. La obra es una cronología de acontecimientos culturales e históricos que proporcionan una visión de conjunto sobre la identidad latinoamericana. Por su audaz mezcla de géneros y su talante crítico es quizá una de las obras más ilustrativas de la labor de Galeano.

En Memoria del fuego, Eduardo Galeano lleva a cabo una revisión de la historia de Latinoamérica desde el descubrimiento hasta nuestros días, con el propósito de enfrentarse a la “usurpación de la memoria” que él denuncia en la historia oficial. Se trata de un texto de carácter híbrido, entre el relato y el informe, entre la recopilación de poemas y la transcripción de documentos, entre la descripción de los hechos y la interpretación de los movimientos sociales y culturales que los sustentan.

Excepto la primera parte de Los nacimientos, titulada “Primeras voces”, la obra se estructura como un mosaico de breves textos independientes que, sin embargo, encajan y se articulan entre sí para formar un cuadro completo de los últimos quinientos años de la historia de América, siempre desde la perspectiva de los desheredados y buscando la diversidad en los temas, las voces y los estilos. Cada uno de estos textos va encabezado por el año y el lugar en el que tiene lugar el episodio que se narra. Al pie del mismo se citan las obras que documentan los datos allí recogidos.

El criterio que se sigue para la ordenación de estos fragmentos es estrictamente cronológico, mientras que el criterio geográfico es intencionadamente ignorado, para mejor conseguir la impresión de unidad de la historia americana, más allá de unas fronteras a menudo fijadas en función de intereses ajenos a las verdaderas realidades nacionales y a golpe de guerra fratricida o de abuso imperialista.

Eduardo Galeano – Vivir sin Miedo

 

 

Eduardo Galeano, muerto a los 74 años en su Uruguay natal, tomó el pulso a América Latina y al mundo en su larga carrera como periodista, escritor y dibujante.

Pero el autor también reflexionó sobre el amor, la religión y el fútbol de su club, el Nacional de Montevideo, que tanto le apasionaba.

BBC Mundo recupera algunas de las frases más célebres de uno de los intelectuales más reconocidos del mundo hispanoparlante.

SOBRE EL MUNDO

1. El mundo se divide, sobre todo, entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar…

2. A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba-abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder.

3. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.

4. Este es un mundo que te domestica para que desconfíes del prójimo, para que sea una amenaza y nunca una promesa.

SOBRE AMERICA LATINA

5. Ahora América es, para el mundo, nada más que los Estados Unidos: nosotros habitamos, a lo sumo, una sub América, una América de segunda clase, de nebulosa identificación. Es América Latina, la región de las venas abiertas.

6. Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: “Cierren los ojos y recen”. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia.

7. Si la naturaleza fuera banco, ya la habrían salvado.

SOBRE EL AMOR

8. No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.

9. El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, no lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto de gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.

SOBRE SU OBRA

10. Escribo para los amigos que todavía no conozco. Los que conozco ya están hartos de escucharme.

11. No sería capaz de leerlo de nuevo (su libro Las venas abiertas de América Latina). Caería desmayado. Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Intentó ser una obra de economía política, solo que yo no tenía la formación necesaria. No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada.

12. En realidad, todos escribimos un solo libro, que va cambiando y se va multiplicando a medida que la vida vive y el escritor escribe. Para mí, Las venas fue un puerto de partida, no un puerto de llegada.

Samanta Schweblin ganadora del IV Premio Internacional de Narrativa Breve

Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) ganó el IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero —que convoca el Consejo Regulador de la Denominación de Origen en colaboración con la Editorial Páginas de Espuma— con el libro de cuentos Siete casas vacías. En esta entrevista, la escritora argentina conversa sobre la relación entre la estética y la violencia, la elección del cuento como vehículo literario y el misterio como clave de la escritura.

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Alejandro García Abreu: ¿Cómo contrastas la escritura de Pájaros en la boca con la de Siete casas vacías?

Samanta Schweblin: Mi mirada sigue atenta a lo insólito y lo anormal, pero a diferencia de Pájaros en la boca, los personajes del nuevo libro se mueven únicamente en el mundo real, cotidiano, sin ningún guiño fantástico. Creo que la sensación de extrañeza sigue estando muy presente, pero esta vez lo desconocido está en nosotros mismos, en nuestras relaciones, en nuestros intentos casi siempre torpes por comunicarnos, por ayudarnos, por entendernos.

AGA: En “Cabezas contra el asfalto” —incluido en Pájaros en la boca— el narrador cuenta cómo llegó a convertirse en un pintor muy bien remunerado a causa de su obsesión con imaginar las cabezas de la gente aplastadas contra el piso. ¿Cuál es la relación entre la estética y la violencia?

Schweblin: Es una relación interesante, la muerte nos espanta pero también nos atrae, nos alucinan sus formas. Y como hacemos con todo lo que nos fascina, construimos alrededor de la muerte historias, teorías y estéticas. Eso es lo que hacemos, ¿no? En “Cabezas contra el asfalto” —y también en La pesada valija de Benavides— me gusta pensar en esta idea —bastante horrorosa en realidad— de que siempre que haya una estética detrás, siempre que haya una intención artística, todo está perdonado.

AGA: El misterio es una de las claves de tus relatos, como “El cavador”, cuento en el que el narrador llega a una casa de verano y encuentra un pozo cavado en la propiedad del vecino y no se explica el motivo de ese pozo ni las intenciones del extraño cavador.

Schweblin: Quizá de todos mis cuentos “El cavador” sea el que más juega con esto. Me interesaba la idea de un misterio que en principio —al menos desde el punto de vista del personaje— fuera un misterio externo, casi un capricho o una locura de otro —en principio, del cavador; luego, también, del pueblo que los rodea—. Un misterio ajeno es un problema de los otros, así que el personaje se desentiende. ¿Pero qué pasa si uno descubre que ese problema que alarma tanto a todos es en realidad un problema propio, íntimo, que sólo puede ser tuyo?

AGA: En “Mi hermano Walter” —perteneciente a Pájaros en la boca— la depresión funciona como un amuleto de buena surte para una familia. Atrae la fortuna y las relaciones prósperas de quienes rodean al hermano del narrador. ¿Qué te condujo a concluir el relato con la inminencia de la fatalidad?

Schweblin: El juego de este final es que cualquier opción es una fatalidad. Si al fin Walter despierta de su depresión —que en principio sería una buena noticia— entonces se acaban la alegría y la fortuna familiar y, por otro lado, si la alegría y la fortuna familiar continúan, es gracias a que Walter sigue hundido en la depresión. Pero bueno, todas las bonanzas tienen su fin, ¿no?

AGA: ¿Quiénes son tus cuentistas predilectos?

Schweblin: Pensando en maestros contemporáneos, ahora estoy leyendo a algunas estadounidenses que encuentro realmente geniales, como Amy Hempel, Aimee Bender y Kelly Link. También me gustan mucho los cuentos del irlandés Colm Tóibín.

AGA: ¿Por qué elegiste el cuento como vehículo literario?

Schweblin: Puedo pensar en algunas razones, como la intensidad que tiene el cuento, la concentración en un único problema crítico, la precisión que requiere en cada paso. Pero la verdad es que es también una decisión bastante intuitiva. Cuando tengo una idea, es la propia idea la que exige su género, la voz o el tipo de narrador que mejor contaría su historia, y su extensión.

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.

fuente: Alejandro García Abreu, Nexos, abril, 2015.

 

Acerca de la autora

Samanta Schweblin nació en Buenos Aires, 1978. Es egresada de la carrera de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires. En 2001 obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes y el primer premio del Concurso Nacional Haroldo Conti con su primer libro “El núcleo del Disturbio” (Planeta, 2002). En el 2008 obtuvo el premio Casa de las Américas, por su libro de cuentos “Pájaros en la boca”; la beca FONCA de residencias para artistas del gobierno Mexicano, y la residencia Civitalla Ranieri, en Umbria, Italia. Muchos de sus cuentos han sido traducidos al alemán, al inglés, al holandés, al húngaro, al italiano, al francés, al portugués, al sueco y al servio, para su publicación en numerosas antologías, revistas y medios culturales. Este año, fue incluída en la revista Granta como una de las mejores jóvenes narradoras en Español.

Entrevista a SAMANTA SCHWEBLIN por su libro “Distancia de rescate”