Nir Baram: ¨La sombra del mundo¨

Entrevista con Nir Baram sobre su más reciente novela “La sombra del mundo”

El escritor israelí habla sobre su más reciente novela, en la que plantea dos fuerzas opuestas, la del capitalismo salvaje representado por el personaje central y la de un grupo de jóvenes londinenses que se niegan a aceptar un mundo sin opciones y proponen una huelga a nivel mundial.

 

Nir Baram: La sensatez indiscreta
JULIO, 2015
Adán Ramírez Serret

Nir Baram (Jerusalén, 1976) irrumpe en la escena literaria con novelas densas, escritas de alguna forma para lectores perspicaces, pues sus obras entablan un diálogo con la narrativa de principios y mediados del siglo XX a la vez que exigen una reflexión sobre el presente y el futuro. Dos de ellas, Las buenas personas y La sombra del mundo, han cautivado al mundo de las letras. La primera, ambientada durante la Segunda Guerra Mundial en Berlín, Leningrado, Varsovia, Brest y Lublin, es una novela histórica que devela los engranajes éticos de quienes habitaron esa gesta. La otra, La sombra del mundo, es una novela que mezcla el hiperrealismo del capitalismo actual con una visión futurista algo apocalíptica.

A pesar de tener poco menos de cuarenta años y haber escrito cinco novelas, dos de ellas de más de quinientas páginas, Baram no se considera ni un autor joven ni prolífico. Y quizás tenga razón, pues Clarín escribió La Regenta a los treinta y tres años y Tolstói Guerra y Paz a los treinta y seis. Según Somerset Maugham, esa década, los treintas, es la ideal para escribir novelas.

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Hablo de grandes novelistas porque Nir Baram retoma el género con la seriedad y exhaustividad de los novelistas del siglo XIX y de principios del XX, donde el impulso narrativo crea una prosa caudalosa, densa; que lleva sin prisas al lector a través de largas descripciones que detallan sobre todo el interior de los personajes. Mientras las leía pensaba en Los demonios de Dostoievski, pues recuerdo que avanzaba páginas y páginas sin saber de qué iba la novela, cuál era su asunto. Sin embargo, al terminarla, descubrí con sorpresa que no hay nada más fascinante que reflexionar sobre el tema de Los demonios. Algo similar me sucede con Nir Baram. Sé que la comparación es arriesgada pero no en balde ha sido reseñado por Amos Oz, que escribió: “Las buenas personas está escrita con gran talento, ímpetu e ingenio. En su núcleo late una curiosidad inmensa, que es, ante todo, una curiosidad moral. Este libro amplía las fronteras de la literatura joven y abre nuevos horizontes”. Abre nuevos horizontes dentro de la rica tradición israelita contemporánea, pensando, claro, en Oz y David Grossman, pero también en Lavid Tidhar o el árabe israelí Sayed Kashua.

Adán Ramírez Serret: ¿Cómo escribes tus novelas?

Nir Baram: Cuando estoy haciendo una novela escribo mucho y sin parar. Escribo sin ninguna estructura…

ARS: Como Dostoievski…

NR: Sí, pero él lo hacía porque tenía que entregarlo al periódico. Cuando escribo no sé a dónde voy, nada; ni siquiera sobre qué trata el libro. Por eso, mientras lo hago, tengo miedo de que no tenga sentido lo que escribo, tengo miedo de no lograr nada.

ARS: En Las buenas personas uno de los personajes cita a Hegel, dice que la historia avanza y que hasta los sucesos más espantosos le sirven a ella misma y a la inteligencia para guiarlas hacia adelante.

NB: Nunca escribo para probar alguna teoría filosófica, más bien para contar una historia.

ARS: Lo pregunto porque de alguna forma es como leemos la ficción: para encontrar un sentido.

NB: Muchas veces he escrito para entender lo que no entiendo, pero casi siempre resulta que termino mucho más confundido de lo que estaba antes.

ARS: Hay una especie de ironía sobre quiénes son los buenos y los malos en Las buenas personas.

NB: No creo que la cuestión de ser bueno o malo sea lo esencial en esta novela. Yo creo que los dos personajes principales tienen aspiraciones, motivaciones, el poder para manipular pero también creencias honestas. Por ejemplo, Thomas Heiselberg es un joven que cree pero el problema es que sólo confía en sus planes y en nada más. Así que la ironía está en que todas estas personas no pensaban durante la Segunda Guerra en qué era bueno o malo; más bien están llenos de miedo. No creo que haya gente completamente buena o mala, sino que creo que hay personas que pueden tener una conciencia más amplia de la complejidad de las circunstancias. No creo haya gente que vaya por el mundo considerándose pecadora; por lo tanto, lo que debe suceder en la literatura es la construcción de personajes complejos con múltiples motivaciones.

ARS: ¿Estos personajes complejos habitan dentro de ti? Algo así como lo que dice Mijail Bajtin en su obra sobre Dostoievski: que el autor es todas las máscaras de sus personajes.

NB: Bajtin fue una influencia para La sombra del mundo, la idea del carnaval. Pero también estoy de acuerdo con lo que dices. Creo que un autor necesita cambiar de máscaras. Por ejemplo, en La sombra del mundo los personajes principales son completamente opuestos. Los impulsan diferentes fuerzas. Están el capitalista americano y, del otro lado, los jóvenes londinenses que hacen la revolución; así que como escritor uno necesita evocar sus creencias, su visión de la vida y transmitir la verdadera pasión vital de todos los personajes. Así que debo escribir sobre la vida de cada personaje con la misma pasión tal como lo hago con mis propios ideales. Eso es lo que debe hacer un escritor: penetrar por completo en el alma de un personaje para construir con pasión todas las perspectivas, toda la ideología incluso cuando sabe que está equivocado. Por eso creo que cuando escribes siempre debes cambiar de máscaras.

ARS: ¿Entonces debes tener alguna sintonía con los personajes?

NB: Hay algo muy sabido: vivimos en una época del post individualismo, en una época post heroica. Estamos en un tiempo donde ya no se crean más los propios pensamientos, o ya nadie se cree original. Todos somos una combinación de muchas cosas. Cuando dices algo sabes que no puede ser original porque ya lo dijo alguien más. Por eso creo que en nuestro tiempo el tema de la máscara es muy interesante. En La sombra del mundo es muy evidente: tenemos una cara de verdad pero utilizamos diferentes máscaras en la televisión, en Alfaguara, en la sociedad, etcétera. O quizá lo opuesto, nuestra verdadera cara es la combinación de todas estas. Creo que esta es la pregunta esencial en esta novela. ¿Podemos reconocer nuestra cara? ¿Existe? ¿O es la combinación de quinientas caras nuestro verdadero rostro? Para nuestra generación es esencial entender esto, porque hay muchas voces, muchas fuerzas y empresas a las que responder. Y el problema es que entre ellas hay fuertes contradicciones políticas e ideológicas.

ARS: Tus novelas son en cierto sentido históricas, una sucede durante la Segunda Guerra Mundial y la otra durante la Guerra Fría, pero plantean reflexiones fundamentales para el siglo XXI.

NB: La sombra del mundo me parece que es una novela muy contemporánea, ilustra más de cuarenta años de capitalismo. Ilustra la historia después de la Segunda Guerra Mundial. Pero también la trama principal sucede en el futuro, los jóvenes en Londres declaran una guerra el once del once, no nos dicen el año pero tal vez sea el dos mil diecinueve. Así que la combinación que es interesante en La sombra del mundo, es que por un lado es hiperrealista en cuanto a la Guerra Fría y que retrata el mundo como es ahora, pero también da un salto al futuro y se concentra en los jóvenes de Londres para entender un problema esencial: la violencia.

ARS: Ahora que estás en México, y hablando de la violencia, ¿has encontrado alguna relación con Israel?

NB: México aparece en la novela, se habla de una crisis del tequila y otros eventos políticos. Escribí sobre este país puesto que comencé a venir; amo al país y a la gente pues es muy similar a Israel. Hablando con los jóvenes mexicanos, con los jóvenes escritores y con intelectuales me doy cuenta de que sienten la misma desilusión, la misma decepción, la misma falta de creencia en los procesos políticos que en Israel, incluso algo más: me parece que en México la seguridad individual es más frágil que en Israel; en mi país hay guerras pero uno se siente más seguro. Esta es la causa de que la gente sienta una frustración hacia la democracia, pues si participa en las votaciones, en manifestaciones y nada cambia, ¿qué puede hacer?

ARS: Finalmente, ¿estás escribiendo algo ahora?

NB: No, no estoy escribiendo nada, pienso que parte de ser escritor es también no escribir siempre.

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¨Ve y pon un centinela¨: Harper Lee

La esperada novela de Harper Lee, Ve y pon un centinela (obra original de la que salió Matar a un ruiseñor) ya ha llegado a las librerías de más de 70 países. Hasta que este miércoles lo haga en España y América Latina, los primeros lectores y críticos estadounidenses han desgranado en los últimos días los primeros detalles de la obra, y las primeras reacciones son de sorpresa.

En Nueva York, Boston o Londres, varias librerías han celebrado eventos especiales hasta la madrugada, cuando se levantaba el embargo para la venta de los primeros ejemplares de un título que Lee, de 89 años, firmó en 1957. Estanterías con decenas de copias aguardaban a los primeros compradores. Go set a Watchman -su título en inglés- ha batido de momento el récord de encargos por anticipado que ya estableció J.K. Rowling con Harry Potter en 2007.

Los sellos HarperCollins Ibérica, en español, y Edicions 62, en catalán, traerán a España este miércoles la novela de Harper Lee. La novela, que permanecerá inédita en ambos idiomas hasta las 00.00 horas del miércoles 15, se encuentra guardada bajo llave para evitar filtraciones, ya que su lanzamiento está concebido como un gran acontecimiento literario y viene envuelta en un estricto protocolo de confidencialidad.

Pero el impacto de este trabajo de Lee puede ir más allá del número de copias vendidas y de si supera a Matar a un ruiseñor’, la obra con la que alcanzó ganó el premio Pulitzer en 1961 y de la que se han vendido más de 40 millones de ejemplares en todo el mundo. Ve y pon un centinela cuestiona la figura de Atticus Finch, el abogado y padre de la protagonista del primer título, convertido en Estados Unidos en un símbolo de la literatura por su defensa de los derechos civiles de los afroamericanos.

La crítica de The New York Times, Michiko Kakutani, fue la encargada de desvelar la sorpresa en EE UU, cuando escribió el viernes que en este trabajo, “Atticus es un racista que ha llegado a participar en una reunión del Ku Klux Klan, que dice cosas como que ‘los negros todavía están en su infancia como personas’ o que pregunta a su hija: ¿De verdad quieres que los negros lleguen en avalancha a nuestras escuelas, nuestras iglesias y nuestros teatros? ¿De verdad les quieres en nuestro mundo?”.

Con frases como esta puede caer un mito literario y del cine -fue interpretado por Gregory Peck en 1962- y a uno de los protagonistas del libro más recomendado a los escolares estadounidenses cada año. Finch es, además, la piedra angular de una narrativa que ayuda a estudiar el movimiento de la lucha por la igualdad de las minorías raciales, el abogado blanco de una localidad sureña que en los años 30, antes de que arrancara el movimiento por los derechos civiles, acepta defender a un negro acusado de violación.

Ambientada en el condado de Maycomb, inspirado en Alabama, la novela narra cómo a los veintiséis años Jean Louise Finch, Scout, vuelve a casa desde Nueva York para visitar a su padre, Atticus, y con el trasfondo de la lucha por los derechos civiles y los disturbios políticos que estaban convulsionando el Sur, el regreso de Jean Louise a casa se torna agridulce. El descubrimiento de perturbadoras verdades sobre su familia, la ciudad y las personas que más quiere, unido a los recuerdos de su infancia, va a hacer que se cuestione todos sus valores.

Ve y pon un centinela tiene lugar 20 años más tarde, en la décda de los 50. El título que llevaba escondido cinco décadas gira entorno al regreso de Scout a su pueblo natal para reencontrarse con su padre, ya enfermo. La crítica estadounidense apunta a varias de sus conversaciones para descubrir la tensión entre la joven, en sintonía con la lucha por los derechos civiles de su época (el Tribunal Supremo acababa de revocar la segregación racial en las escuelas), y su padre, que pone en duda esta sentencia y critica a los negros.

La ‘caída’ de Finch ha sido equiparada por el crítico de The New Republic con la de figuras como Bill Cosby, acusado de abusar de menores durante el comienzo de su carrera. Según la radio pública estadounidense, Ve y pon un centinela es el tipo de confusión que cambiará para siempre cómo leemos una obra maestra”, en palabras de Maureen Corrigan.

Para Natasha Trethewey, analista de The Washington Post, el giro puede retratarse en solo dos frases de cada uno de los títulos. En Matar a un ruiseñor, Atticus dice: “Señores, si hay una frase en la que creo en este mundo es: igualdad de derechos para todos, privilegios para ninguno”. En Ve y pon un centinela, Scout habla de su padre como “una voz frágil que habla de la comodidad del cálido pasado”.

A partir de la medianoche de este miércoles, los lectores españoles y latinoamericanos se sumen a uno de los eventos literarios más importantes de los últimos años, también podrán averiguar por sí mismos si la figura de Atticus sobrevive a la nueva obra de Lee.

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HARPER LEE
(1926- )
Nelle Harper Lee nació el 28 de abril de 1926 en Monroeville, una pequeña localidad ubicada en el estado norteamericano de Alabama (Estados Unidos). Era, al igual que la protagonista de su famosa novela “Matar A Un Ruiseñor”, hija de un abogado que contaba con la amistad del escritor Truman Capote. También era descendiente del famoso general Robert E. Lee.
Harper estudió Derecho en Alabama hasta 1949. Con posterioridad, se trasladó en los años 50 a la ciudad de Nueva York para trabajar en una compañía aérea. En la Gran Manzana Harper publicó “Matar Un Ruiseñor” (1960), novela de cariz autobiográfico por la que ganó el premio Pulitzer. Fue editada también como “Matar a un Ruiseñor”.
La historia del abogado viudo Atticus Finch defendiendo a un hombre negro acusado injustamente de haber violado a una muchacha blanca fue llevada al cine con gran éxito por Robert Mulligan con el protagonismo de Gregory Peck.
Después de esta novela, Harper Lee, que no concede entrevistas ni suele aparecer en público, no volvió a escribir otro libro, regresando a vivir a su localidad natal. En el año 2015 se publicó un manuscrito escrito en la década de los 50, “Ve y Pon Un Centinela”, secuela de “Matar Un Ruiseñor”.

 

Harper Lee: citas y frases

Verdaderamente no puedes comprender a una persona hasta que no consideras las cosas desde su punto de vista.

Muchos reciben consejos, solamente los sabios se benefician de ellos.
La auténtica valentía es cuando sabes que tienes todas las de perder antes de comenzar pero comienzas a pesar de todo.
El libro que hay que leer no es aquel que piensa por ti sino el que te hace pensar. Para eso no hay libro en el mundo que iguale a la Biblia.

 

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Vacaciones de verano, ocio y modas absurdas.

Hace unos días regresé de una breves vacaciones familiares, para ser exactos de una semana, aprovechando que el verano esta en su apogeo en estas tierras frías, donde la estación estival es muy breve, los días de sol y de calor son contados por lo que hay que aprovecharlos al máximo. Por suerte la meto estuvo a nuestro favor y no llovió hasta el último día de descanso. Los primeros tres días los pasamos en Niágara, obvio para visitar las majestuosas cataratas, que son de una belleza natural única. Ese fue nuestro primer objetivo. Sin embargo, en nuestras búsquedas por internet nos quedamos gratamente sorprendidos de saber que la ciudad ofrecía muchos atractivos turísticos, hicimos una lista jerarquizando los lugares de acuerdo a nuestro interés y tiempo.
El cuarto de nuestro hotel nos ofrecía una vista directa y maravillosa de las cataratas, desde ahí la aventura comenzó con el pie derecho. Durante nuestra estadía tuvimos la oportunidad de estar detrás de la catarata Horseshoe que es la que se encuentra del lado canadiense. Dicha actividad es más conocida en inglés como journey behind the falls. Una experiencia única, el ambiente en los túneles es de misterio, la iluminación escasa, no apto para claustrofóbicos. La humedad, las filtraciones de agua, el estruendo incesante de las aguas del Niágara, su fuerza sin límites nos hizo sentir lo frágil que resultamos frente al poder de la naturaleza. Personalmente, me quede absorta por varios segundos contemplando su belleza, no me importó mojarme pues de repente un roció violento salpicaba a los visitantes en los accesos para ver las aguas de la catarata más de cerca. No menos espectacular resultó el viaje en barco hasta la base de la catarata, ahí el escenario parecía de película tan real como irreal, simplemente magnifico. También hicimos un par de paseos por Clifton Hill en donde hay una gran variedad de establecimientos para la diversión en familia, para comprar recuerdos y claro para comer. Compramos nuestro pase y disfrutamos por dos días de una variedad de actividades de entretenimiento que nos dejaron con ganas de regresar. Pues el tiempo resulto insuficiente, ya que teníamos programado pasar el resto de las vacaciones en Sandbanks, una de las playas mas hermosas en America del norte. Y así fue, la arena blanca, fina y suave, y los tonos de azul turquesa en algunas zonas me transportó de inmediato a las paradisiacas playas del Caribe como San Martín o Saint Kitts. Excepto por algunas diferencias: en lugar de palmeras hay árboles y en lugar del mar el lago Ontario de agua dulce, con olas suaves y cálidas. En esta ocasión no acampamos, rentamos un pequeño cottage con todos los servicios. Los días en la playa fueron muy entretenidos, sobre todo cuando en mis momentos de ocio me ponía observar a la gente a mi alrededor, buscando algo que me inspirase a crear algún personaje o alguna historia, o simplemente recolectando material para futuros escritos. Y en esas estaba, cuando un trio de jovencitas se asoleaban como lagartijas para broncear sus pieles de porcelana, y lucir más atractivas. Aquí el bronceado es símbolo de sensualidad, de belleza, de un status económico incluso. Por que quiere decir que tienes los recursos para viajar au sud, es decir a las playas del resto de América. A donde quiero llegar con todo eso. Denme unas lineas más y entenderán. De repente, una de las chicas sacó de su bolsa el famoso selfie-stick, este gadget se puso de moda desde el 2014. Pese a las criticas sobre uso y restricciones (ya que en los parques de diversión, estadios de futbol y otros centros de entretenimiento lo han prohibido por atentar contra la seguridad) esta viviendo aún su apogeo (en Niágara falls perdí la cuenta de los palos-fotos que vi, podría añadir que es un articulo indispensable en tus vacaciones). Bueno, las chicas pasaron más de media hora tratando de obtener la mejor foto para subirlas a sus respectivas redes sociales, según escuché. Y la cual nunca llegó, incluso provocó ciertas fricciones entre ellas entre pose y pose, demasiada luz, una con los ojos cerrados, otra buscando el ángulo de la cámara que la favoreciera, etcétera. Al final sólo una continuó con su obcecación, hasta que de plano se dio por rendida, lo intentarían más tarde. Me pregunté hasta donde nos lleva esta presión social de las redes sociales, de siempre postear todo lo que acontece en nuestras vidas privadas (que más bien se ha vuelto pública) los mejores eventos, las vacaciones perfectas, los objetos de lujo, los rostros y cuerpos perfectos, etcétera. Impidiéndonos de disfrutar el momento presente por que estamos más preocupados en la imagen y en los likes que obtendremos. En esos momentos de reflexión me alegró haber decidido tiempo atrás de mantener un perfil bajo, en mis cuentas doy señales de vida de vez en cuando, subo algunas fotos, y comparto artículos o noticias. Puedo pasar días, incluso semanas sin entrar y tengo el control de mi vida privada, la expongo el mínimo.

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Sandbanks, Ontario.
Y justo en mis ratos de ocio en la playa, cuando revisaba brevemente las noticias encontré que esta de moda el facekini. Para los que no lo conozcan aún, el facekini es una mascara de nailon que te protege de los rayos UV y que esta causando furor en China este verano. Esta moda la encontré tan grotesca y clasista. Pues resulta que las usan las chinas de clase alta que no quieren broncearse, ya que de lo contrario quiere decir que perteneces a la clase baja. !Válgame Dios! que moda tan más absurda, claro que hay que tomar sus precauciones protegiéndose con una buena crema solar y un sombrero, pero de ahí a salir con una máscara de luchador que te etiqueta me parece demasiado exagerado. No cabe duda que el mundo esta de cabeza no ¿creen?.

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Lorena Lacaille
Longueuil, Julio 23, 2015.

Derechos de autor
Este artículo es de libre distribución siempre y cuando respetes el nombre del autor y no alteres la información.
© Lorena Lacaille, 2015.

El maestro de la sátira: Will Self

Guillermo Woodard ‘Will’ Self (Londres, 1961) es un periodista, novelista y cuentista inglés. Su estilo de ficción se caracteriza por ser satírico, grotesco y fantástico, y está considerado como uno de los escritores más personales de la literatura inglesa contemporánea.
La publicación en 1991 de su libro de relatos The Quantity Theory of Insanity le supuso un gran éxito, refrendado más tarde con el Geoffrey Memorial Prize.
Sus otros trabajos incluyen los libros de relatos: Grey Area (1994) y Tough, tough toys for tough, tough boys (1998); dos novelas breves: Patrañas : Nabo & Higo (Cock & bull, 1992) y The Sweet Smell of Psychosis (1996), y las novelas Mi idea de la diversión: una fábula con moraleja (My idea of fun: a cautionary tale, 1993) y Grandes simios (Great apes, 1997).
En la actualidad reside en Londres.

Su obra más reciente: Un Paraguas

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Una obra rica, escrita con una destreza y un oficio asombrosos, y salpicada con el ingenio, el humor negro y la idiosincrasia estilística que caracterizan a Self.

SINOPSIS

El heterodoxo psiquiatra Zack Busner llega en 1971 al Friern Hospital, un gigantesco manicomio victoriano situado en el norte de Londres, en medio de una tormenta profesional y matrimonial. Pretende evitar las polémicas, pero allí conoce a Audrey Dearth, una mujer de clase trabajadora que lleva decenios encerrada en Friern en estado de coma profundo, y decide intentar despertarla a la vida con un revolucionario tratamiento. Los recuerdos que conserva Audrey de un Londres anterior a 1918, el año en que cayó enferma, de sus amantes, su participación en tempranos movimientos socialistas y feministas y, en especial, su trabajo en un taller de paraguas, se alternan con los intentos de Busner por tratar su enfermedad y llevar la luz a su mundo entre tinieblas. Ya retirado, en 2010, el doctor Busner recorre el norte de Londres en busca de las claves de aquel tumultuoso verano en el que logró despertar a sus pacientes afectados de postencefalitis con una nueva y poderosa droga.
Un paraguas es un tour de force de uno de los escritores británicos contemporáneos más aplaudidos. Una obra rica, escrita con una destreza y un oficio asombrosos, y salpicada con el ingenio, el humor negro y la idiosincrasia estilística que caracterizan a Self.

 

Critica Literaria, El País
Will Self es un referente de la narrativa contemporánea en lengua inglesa desde que la revista Granta de Londres lo eligió en 1993 como uno de los talentos más prometedores. Rushdie, A. S. Byatt o la Nobel Doris Lessing apostaron por él. Poca broma. Grandes simios (1997; Anagrama, 2006) es una de sus grandes novelas, a medio camino entre la distopía, la ciencia ficción que leyó en Ballard o Philip K. Dick y la crítica del sistema que aprendió de Céline o de Joseph Heller. Al despertarse una mañana tras un sueño intranquilo, el pintor Simon Dykes descubre que Londres se ha convertido en una ciudad de primates.

Quince años y cinco novelas más tarde publica Un paraguas (2012, finalista del prestigioso Man Booker Prize), sin asomo de duda su obra más compleja. Un prodigio de madurez, un suplicio para cualquier lector que no quiera adentrarse en laberintos, y a la vez una delicia para quien disfrutara con Joyce, Virginia Woolf y otros monstruos del modernism, de aquella vanguardia anglosajona que deformaba el tiempo como si fuera de chicle, jugaba con el espacio como un astuto trilero y trataba de reflejar la sinuosa, desconcertante y ambigua mente humana.

Self aprendió las lecciones de los maestros y juega aquí con ellas con la suficiencia con la que un atleta de élite mira hacia atrás para ver de lejos a sus competidores resoplando para llegar a la meta que él ya ha alcanzado. Un psiquiatra brillantemente perturbado (¿una suerte de Oliver Sacks literaturizado?), una mujer a la que despierta con una droga milagrosa después de medio siglo en coma profundo, un manicomio de película de serie B, los denodados intentos del doctor por penetrar en una mente inextricable, y un baile satírico-burlesco entre la Primera Guerra Mundial (Woolf concibió al soldado desquiciado Septimus Warren Smith en La señora Dalloway y Self crea a Mrs. Audrey Dea(r)th, mucho más cerca de la muerte que de la Hepburn) y los alegres y deprimentes años setenta del pop (Londres ebrio de sexo, drogas & Rock’n Roll).

Conviven en Un paraguas los horrores de la guerra y los errores de la paz, onomatopeyas, listas de chuletas y cebollas fritas que habría escrito con gusto Joyce, citas de The Beatles, Van Morrison y Omar Kayam, juegos de palabras empapados en ludismo y un mundo de alusiones y recuerdos ficticios con los que Self ha disfrutado como un loco de atar para entregarle al lector una historia a un tiempo decadente y estimulante, muuuy bien escrita y de una enjundia nada fácil de ver en estos tiempos de inmediatez y de falta de escrúpulos estilísticos (por decirlo de una manera elegante). Una historia maldita de L-Dopa, humor negro y toneladas de buena literatura muy bien traducida. Un paraguas es un homenaje al Ulises, un flujo escrito de corrido como en los tiempos en que al lector no se le enjabonaba sino que se le incitaba. No es una perita en dulce, pero vale su peso en oro.

Un paraguas. Will Self. Traducción de Daniel Gascón. Siruela, Madrid, 2014. 324 páginas. 26 euros.

 

Will Self on The Book Show

Will Self – Obsessed with Walking

Will Self introduces his Booker nominated novel, UMBRELLA

Un escritor completo: William Ospina

William Ospina, un verdadero escritor…

Por:Jaime Andrés Benavides

“La más honda importancia de una obra está en los aportes que haya hecho a su lengua y a la sensibilidad de su pueblo, así ese pueblo reciba muy lentamente ese legado y se lo incorpore de una manera que no puede ser gobernada por nadie”: W.O

William Ospina es un escritor innato. Sus facultades se vislumbran cada vez que uno de sus libros es publicado. A diferencia de muchos que escriben poco, éste se caracteriza por escribir entre cuatro y tres libros llenos de ensayos por año. Además de ello, últimamente ha dejado leer sus poemas, en los cuales se nota el gran sentido que para el autor tienen, la naturaleza y la universalidad.

Conocedor exiguo de la obra de Borges y Márquez, tanto así que fue el primer autor en leer “Vivir para contarlo” de Gabo, antes de su publicación, fuera de eso es un amante de esas literaturas que para muchos son extrañas e incluso recónditas, entre líneas citadas, se remite a autores que rara vez se nombran por otros escritores.

Qué increíble capacidad la de este autor para abordar sus escritos, y qué fascinante creación la de ellos mismos a su vez. Desde hace un tiempo son publicados sus ensayos en la revista “Cromos”. Allí promueve ideas que estimulan la reflexión, de muchas personas seguidoras de su obra, con respecto a infinidad de temas.

Su imaginación, al igual, que su creación no tienen limites. A esto se le atribuye su inmensa capacidad de producción literaria, algunos adeptos a sus ideas y a sus escritos, aseguramos con certeza y seguridad, que allí en esos bellos relatos, esta el que en unos años será, el nuevo Nóbel para la literatura colombiana.

En sus libros, deja ver esa inclinación y esa admiración que tiene por la cultura oriental, pareciera como si en sus ideas valiera más esa misticidad propia de dicha cultura, que a los occidentales nos parece tan confusa y extrema, que la misma civilización a la cual pertenece. Es por ello que sus ideas son fuertemente cuestionadas, motivo por el cual lo han rotulado como soñador e idealista.

Sus ensayos se acompañan, por nombres y fechas concretas, elementos que otros escritores no abarcan con tal facilidad, por ejemplo, menciona con exactitud los nombres de todas las tribus americanas antes del descubrimiento, incluso se remite a los nombres de algunos de sus caciques, así como a los nombres de esos primeros cronistas que la España trajo a cuestas en momentos de la colonización; de igual manera lo hace con las cruzadas, de ellas menciona las rutas y los siglos precisos. “ello en distintos ensayos, -la cruz y la media luna- y -la conquista-”

Como si esto fuera poco, es uno de los pocos que realiza análisis poéticos tan precisos y valederos, tanto así que en ”el llamado de la tierra” uno de los ensayos publicados en “la herida en la piel de la diosa”, se atrevió a descifrar poemas de José Manuel Arango, un poeta al que describe, como un escritor que no vino a satisfacer ningún publico, pero que si lo hizo para enriquecer el lenguaje.

En su libro ¿Dónde esta la franja amarilla? Habla de la situación colombiana y de los aparentes porqués de la situación perpleja, para ello se remite al legado de los franceses y de su revolución, así como al inmenso conflicto trágico y suculento que suscito el horror de la violencia entre partidos y entre guerrilla, hace un tiempo no tan lejano al actual.

En su último libro América Mestiza el país del futuro, realiza una hermosa compilación de datos que constituyen esa vieja historia que muchos se han dado a la tarea de negar, la historia de esa América que antes de la llegada de los españoles era mucho más civilizada que ellos mismos. En esta explica leyendas y mitos, así como también de la profunda misticidad de estos pueblos, de sus creencias y sus ceremonias. Y hace un llamado para todos los pueblos del actual continente, este consiste en esa vieja idea de Simón Bolívar expresada en su famosa carta de jamaica, la idea que asume el continente como un país.

Entre tanto, sigue realizando y publicando en la revista número, traducciones de importantes autores y emitiendo juicios que como el bien lo diría: son a la vez biología y lenguaje, naturaleza y cultura, huellas de la historia en la arcilla y pupilas que buscan las estrellas.

Es por esto, que aun sabiendo que su interés no es simpatizar, ni responder a ningún publico, sino que más bien al lenguaje, que nos atrevemos a decir que con ansías infinitas, esperaremos sus escritos y esa anhelada novela que publicara en el segundo semestre de este año.

Esos extraños prófugos de occidente.
Si con alguien se conocen a personajes, extraños y desconocidos, ese es William Ospina, su visión del universo y su ambición por recorrer el mundo, le han permitido conocer sobre pasajes y concepciones, autores y poesía, vidas y obras, historias y mitos, que en occidente sobre todo, no se conocen.

Arthur Rimbaud, Walt Whitman, Emily Dickinson, Lord Byord, William Faulkner y Friedrich Holderlin, son las biografías que de forma especial y completa, trasmite en este su libro.

Su capacidad para traducir libros en idiomas europeos, le ha permitido traer algunas de la obras de estos autores, al español.

¿Donde esta la franja amarilla?
Que fascinante visión la que describe en estos ensayos, aquella que muchos consideran idealista, utópica y fantasiosa, es más bien un completo compilado de cada uno de los factores que antes y ahora, inciden en la realidad colombiana.

La falta de un proyecto nacional conjunto, que brote de las mentes de todos los colombianos y no de un limitado grupo de personas, es la idea que entre líneas deja, esa sustanciosa recopilación de ensayos que en este se presentan.
Advierte que si durante años la Colombia se ha fraccionado entre dos partidos políticos “rojos y azules” liberales y conservadores, se hace necesario hallar el amarillo, que también tiene nuestra bandera, pero que aun no ha llegado. Aquel amarillo sería ese gran proyecto nacional, producto de la iniciativa de todas las gentes que habitan la maravillosa Colombia.

La herida en la piel de la Diosa.
En este, el primero que publico con Aguilar, presenta a sus lectores, ensayos con todo tipo de actividad temática. Para hablar de él, habría que hablar de cada uno de ellos y dar vuelcos totales entre párrafo y párrafo, y sin embargo nos atreveríamos a decir, que sin uno de los publicados, el libro no tendría el sentido que en realidad tiene.

En su libro “la herida en la piel de la diosa”, se habla de indios y se habla de Bush; se habla de “la cruz y la medialuna”; se habla de dos leños y se dice región; se habla de “el llamado de la tierra” y se habla de cruzadas; se habla de descolonización y se habla de las nuevas colonias… Empieza por mencionar, con fechas y nombres cada una de las cruzadas, y termina por hablar de la política intervenciónalista de los Estados Unidos, cruzando por “la poesía de los Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez y “Lo que tomamos de Francia.”

Trece ensayos en los que no hay afinidad temática y sin embargo, ideas vagan por la mente del lector, con un timonel que permite el dialogar en la diversidad de matices, de tonos, de temas. Permite a su vez, dice el autor -que convivan la opinión y la ciencia; la biología y el lenguaje; la decencia y la ironía; la naturaleza y la cultura-, crea conciencia y debate con lectores, impulsando ideas nuevas, llamadas por el, pero a fin de cuentas propias del lector.

América Mestiza, El país del futuro.
Muy seguramente las ideas expuestas en este, le abrirán camino hacia todos los países de Sur América. Aludiendo a que somos pueblos inexpertos, con memorias que datan de tan solo cinco siglos atrás, pretende retomar todo aquello que hace un tiempo nos hizo no una América fraccionada y si más bien un territorio hermano, civilizado mucho antes de que los europeos hallan determinado como serlo.

Sus ensayos, fruto de la experiencia y del conocimiento, exponen de manera exquisita, la real historia de América, esa misma que en estos tiempos es tratada desde su descubrimiento y no desde su totalidad. En ellos también expone el porque somos el choque de tantos mundos, del africano y del europeo, remitiéndose al claro ejemplo, de los mil colores del arte que exponen los pueblos latinos.

Su libro es un bello tema dedicado no solo a su Colombia natal, si no que también a los peruanos y a los ecuatorianos, a los argentinos y a los brasileros, a los venezolanos y a los uruguayos en fin, a todos los países de la América mestiza.

El año del verano que nunca llegó’, el nuevo libro de William Ospina

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Critica literaria

Oscar Wilde confesó meses antes de su muerte que había escrito su obra cuando no conocía la vida y que en ese momento ya no escribía porque había llegado a conocer el significado de la misma, y concluyó: “La vida no puede ser escrita; la vida solo puede ser vivida”. Pero qué duda cabe que el genio irlandés se había dedicado, a través de los libros y de su imaginación, a vivir vicariamente otras vidas y esto le fue suficiente, como a pocos escritores, para asomarse al significado de la vida. Tal vez fueron sus últimos cinco años de amarguras y decepciones los que lo llevaron a concluir que la vida no puede ser escrita mientras la vivimos. En todo caso, la forma como William Ospina se encontró con el tema de ‘El año del verano que nunca llegó’, y la forma sinuosamente azarosa como lo fue viviendo y plasmando, parece un desafío esencial a este aserto de Wilde, porque buena parte de sus últimos cuatro años fue vivida para poder escribir este libro renovador y seductor, en una simbiosis tan coherentemente extraña que la vida era literatura y la literatura era vida; más aún: debió gozar y padecer vicariamente, a veces hasta el delirio, ciertos momentos de las vidas de sus personajes centrales: Lord Byron, Percy Shelley, Mary Wollstonecraft, John William Polidori y Claire Clairmont.

Fue a mediados de septiembre de 2010, estando en Buenos Aires, cuando empezó su camino de azares, de sombras y de luces. William Ospina se dispuso, inmovilizado por una tormenta en el hotel, a verificar en internet la escritura correcta del complicado apellido de Mary Wollstonecraft, cuando se encontró repasando con avidez la vida de la autora de Frankenstein, que lo llevó a su marido Percy Shelley, que lo llevó a Lord Byron, que lo llevó a John William Polidori, y los cuatro a Villa Diodati, a orillas del lago Leman, donde estos personajes coincidieron, en parte por el destino y en parte Claire Clairmont, hermanastra de Mary, la noche que duró tres días del 16 al 19 de junio de 1816. La historia de este encuentro en esa noche inabarcable, en la cual se concibieron El vampiro de Polidori y el Frankenstein de Mary Shelley, se apoderó de tal manera de Ospina que a medianoche estaba ya leyendo sobre ‘El paraíso perdido’, pues Milton también había inspirado su poema en la misma Villa Diodati, en 1638, cuando estuvo visitando a Galileo Galilei, en Pisa.

Pero lo que más lo intrigó es que la gran noche de los monstruos hubiera sido engendrada por la explosión de un volcán en las antípodas de Ginebra, así como las circunstancias del encuentro entre los dos grandes poetas románticos, tan contrarios en personalidad y obra, pero tan complementarios a la vez. Y en los días siguientes se puso a estudiar la explosión del volcán Tambora en Indonesia, a mediados de 1815, y sus consecuencias en todo el clima planetario de los 180 kilómetros cúbicos de azufre, cristales y ceniza que arrojó en brazos de los monzones.

La compleja y azarosa realidad que se perfilaba ante él era tan fantástica, como habían dicho Conrad y Borges que es casi siempre la realidad, que pensó que para llegar a ella debía hacerlo por caminos reales, incluso cotidianos, y que esto es lo que tal vez le daría un valor literario a esas historias fantásticas y trilladas. La erupción del volcán Tambora, el verano que no fue al año siguiente por su culpa, la noche de tres días, el encuentro de los cinco personajes en Villa Diodati, el nacimiento del Vampiro y de Frankenstein a raíz de una apuesta entre Byron y sus amigos, las consecuencias y las ramificaciones de estos hechos a través de los siglos venideros, la forma como esta trama infinita de hombres, historias, amores, traiciones y sueños había arrobado al escritor, todo eso era el material, el disperso, múltiple y complejo mundo que estaba entrando a raudales en el libro y que su autor no sabía cómo encausar y entretejer. No sabía entonces si aquello sería una novela, un ensayo o un libro de viajes, y quién lo podría contar. ¿Byron, Shelley, Mary, Polidori o tal vez Claire Clairmont, que los había sobrevivido durante décadas? Ninguno tenía la perspectiva suficiente, excepto la última, y Byron, Shelley y Polidori murieron tan jóvenes que tal vez ni siquiera llegaron a sospechar la trascendencia que tendría su encuentro Villa Diodati y lo que se gestó durante aquella noche de tres días. Entonces una tarde, mientras esperaba en la estación de Nottingham el tren para Newstead, William Ospina supo que solo él podía contarla, y ahí mismo continuó la historia en primera persona en hojas sueltas. Pronto, desde que el tema se había apoderado de él en Buenos Aires, el escritor advirtió el tejido de causalidades y efectos, al margen de su voluntad y aun de sus búsquedas, que lo habían encadenado al tema, lo conducían mediante hilos extraños y luminosos, y lo habían puesto a trabajar de forma insomne y febril.

Todo: un viaje a Buenos Aires, a Londres, a Ginebra, a París, a Roma, a La Mojana, no solo eran hechos de casualidad, casi espontáneos, sino que los mismos lo llevaban a visitar a un amigo, un lugar, una librería o un museo que tenían algo que revelarle sobre el tema del libro, de sus personajes, de sus historias o de sus fantasmas. William no solo no hizo nada para alterar esta relación extraña y complaciente con su tema, sino que a veces se levantaba a vivir la vida para ver qué iba a ocurrir en el siguiente capítulo. Entonces tomó conciencia más que nunca de que, para viajar a la mansión y a la noche de los monstruos, la primera condición era que él simplemente tuviera que vivir su vida cotidiana y real, bien fuera en Bogotá o en otra ciudad, en su casa o en la calle, con sus amigos o con sus libros.
Sin embargo, ya el escritor, sin saberlo y sin buscarlo, y tal vez sin quererlo, era otro fantasma: el personaje principal de su novela, pues se había ido afantasmando a medida que perseguía a sus personajes, las criaturas de su imaginación y sus mismas relaciones de carácter surrealista. La primera condición de su afantasmamiento era pues la forma extraña como el tema lo había poseído y se había dejado conducir a través del mismo; la segunda era el manejo y el ensamblaje de los distintos tiempos, que suman el tiempo de sus criaturas y los innumerables fragmentos del tiempo real del William Ospina real, amalgama de tiempos que en algún momento coinciden todos en un diálogo polifónico de personajes, narrador y otras voces que los observan desde el futuro.

Pero un día, cuando se cumplían los cuatro años de búsqueda y de escritura (mejor: de arrobamiento y conducción por el mismo tema), la historia y los personajes, las mil y una circunstancias y azares que los rodeaban, le empezaron a cerrar sus puertas mágicas, y el narrador ya no tenía el Ábrete, Sésamo que le permitía entrar y salir con la facilidad y complacencia de antes. Villa Diodati fue una mansión inaccesible, las ramificaciones de sus ilustres fantasmas y de sus creaciones ya no eran cabos sueltos con los que él pudiera toparse por el mundo para hilarlos y entretejer un tejido de orden y claridad, los viajes no solo le resultaban cada vez más difíciles sino imposibles: quiso volver a Londres y a Ginebra, y no pudo; quiso viajar a conocer la tumba de Byron, y le fue imposible; y cuando una día de mediados de junio se embarcó en Barcelona rumbo al puerto italiano de Civitavecchia, para continuar de Roma a la bahía de Spezia donde se ahogó Shelley y fue incinerado en la playa por Edward Trelawny en compañía de su esposa Mary y su amigo Byron, ya estaba a las puertas del desastre personal. Y entonces unos días después lo vimos regresar de Roma a Madrid sin voz, atormentado por una laringitis viral y bacteriana, y huérfano de sus personajes y de sus historias que se negaban a seguir caminando con él. Lo que había sido un azaroso y venturoso viaje literario de cuatro años no solo se había acabado, sino que estaba tomando visos de tragedia. “Este es el fin”, se dijo.

La misma Mary Shelley se lo terminó de confirmar cuando, al volver a leer el prólogo de su Frankenstein, William Ospina repasó esta frase: “La invención consiste en la capacidad de captar las posibilidades de un tema, y en el poder de moldear y vestir las ideas que este sugiere”. Lo que había hecho uno de sus personajes con su obra, le acaba de ocurrir justamente a él con su libro, guiado por un radar misterioso que, por su misma esencia, no le había permitido prever el final. Otra prueba luminosa de ese radar mágico que guio sus pasos y su pluma.

Como Henry James, William Ospina hace de la vida literaria un tema vivo y atractivo, con ida y vuelta entre la realidad y la ficción, en El año del verano que nunca llegó; como Heine, se ha echado a andar por los caminos buscando la obra o para toparse con ella; y como en De Quince y en Emerson, el goce intelectual y estético son inseparables en este libro extraño y luminoso.

El año del verano que nunca llegó es una obra omnívora en dos sentidos: abarca el mundo entero, con sus cosas, sus paisajes, sus cielos, sus estrellas y sus lunas, con sus animales, sus hombres, sus amores, sus sueños, sus fracasos, sus libros y sus profecías. Y es un Aleph que engulle todos los géneros, diluyendo sus fronteras, para que podamos leerlo como una novela que es historia que es biografía que es autobiografía que es ensayo que es poesía que es crónica de viajes que es enciclopedia.

La prosa de William Ospina, que se retoma en las mejores páginas de algunos de sus últimos trabajos, se ha vuelto tan delgada y transparente aquí, de una plasticidad tan versátil y de una música tan afinada, que nos hace olvidar de las palabras, permitiéndonos entrar directamente en los paisajes, en los hechos, en los personajes y en sus sueños: esos monstruos de la imaginación que son los que verdaderamente nos enseñan el camino de la liberación.

DASSO SALDÍVAR

William Ospina habla para Casa America de su último libro

 

Piedad Bonnet: La escritora que no tiene nombre…

Piedad Bonnet escritora, poetisa y dramaturga colombiana

Ha publicado ocho libros de poemas: De círculo y ceniza (Ediciones Uniandes, 1989, reedición de 1995), Nadie en casa (Ediciones Simón y Lola Gubereck, 1994), El hilo de los días (Norma, 1995), Ese animal triste (Norma 1996), Todos los amantes son guerreros (Norma 1998) Tretas del débil (Alfaguara, Punto de lectura, 2004) Las herencias (Visor, 2008), y Explicaciones no pedidas (Visor, 2011).

En marzo de 1998 Arango Editores publicó una antología poética suya con el título No es más que la vida y en junio del mismo año editorial Pequeña Venecia de Caracas una selección poética. Su Antología Lo demás es silencio fue publicada en España por Editorial Hiperión en 2003, siendo la segunda colombiana incluida en la prestigiosa colección. El primero fue José Asunción Silva. En 2008 aparece Los privilegios del olvido, antología de Fondo de Cultura económica prologada por José Watanabe, y en 2012 Fuoco fatuo, antología de poemas en italiano publicada por la editorial Forme libere de Trento, con traducción de Luca Baú.

Piedad Bonnett es autora de cuatro novelas, Después de todo (2001) Para otros es el cielo (2004) Siempre fue invierno (2007) y El prestigio de la belleza (2010), y de unas memorias sobre la muerte de su hijo, Lo que no tiene nombre (2013) obras todas ellas publicadas por Editorial Alfaguara. También ha escrito cinco obras de teatro, Gato por liebre, Que muerde el aire afuera, Sanseacabó, Se arrienda pieza, y Algún día nos iremos, montadas por el Teatro Libre bajo la dirección de Ricardo Camacho. Este grupo utilizó también su versión en verso de Noche de epifanía de Shakespeare para uno de sus montajes. Una traducción suya de la misma obra hace parte de la Colección “Shakespeare por escritores” de Editorial Norma (1999-2.000) Su traducción de El cuervo, de Edgar Allan Poe, fue publicada por El Ancora Editores en 1994.

Piedad Bonnett: Lo que no tiene nombre

Lo que no tiene nombre - Piedad Bonnett-FREELIBROS.ORG

¿Hasta dónde puede llegar la literatura? En este libro dedicado a la vida y la muerte de su hijo Daniel, Piedad Bonnett alcanza con las palabras los lugares más extremos de la existencia.«La naturalidad y la extrañeza conviven en sus páginas igual que en su mirada conviven la sequedad de la inteligencia y el latido más inte nso de la emoción. Buscar respuestas es sólo un modo de hacerse preguntas, de negociar con las preguntas, de saber cuántas preguntas caben en una obsesión. Es también una forma deseguir cuidando al hijo más allá de la muerte, de defenderlo contra el frío, comprarle ropa nueva, preguntarle por los estudios y por su arte.Aunque no haya ningún sobre en la habitación, todo suicidio es una carta a los seres que se dejan en la vida. El dolor, el amor, los recuerdos, las imaginaciones, los sentimientos de culpa, la conciencia de haber ayudado y la certeza de la enfermedad se mezclan en nuestros ojos al leer esa carta y nos interpelan sobre nuestra propia realidad. Piedad Bonnett ha vivido el duelo en compañía de la literatura. Toda la lucidez y toda la emoción pudorosa que han caracterizado su poesía y su narrativa se condensan aquí. La gran literatura convierte la historia personal en una experiencia humana colectiva. Por eso este libro habla de la fragilidad de cualquier vida, de cualquier mundo en el que pueden desaparecer los oficios y las artes, de cualquier estado que pretenda engañarnos con su estabilidad. Habla también de la necesidad de seguir viviendo». Luis García MonteroLo que han dicho otros autores… «Preguntas que sólo una madre puede hacerse frente al suicidio de un hijo pero con la potencia y el aserto que sólo una gran escritora puede pretender. Preguntas sin respuesta que construirán, otra vez, una única gran pregunta. Y que el lector deberá animarse a pronunciar. Un testimonio demoledor del hecho más doloroso que una mujer puede imaginar para su vida, escrito con la pluma pesada y pudorosa que sólo puede tener quien se sabe vencida por los demonios pero aún nos mira desde los ojos de sus ángeles. Me da terror y me angustia, sentir, entrada por entrada, que este libro es bello, pero eso es: un libro de una belleza notable, ahogada y triste, muda de música, pero tan real como la vida misma». Pablo Ramos«El dolor de la madre es aquí, por desgracia y también por milagro, tan infinito como el oficio de la escritora. Su doliente serenidad para nombrar lo innombrable, para narrar la peor de las pérdidas, provoca una admiración que es, a partes iguales, de índole personal y estética. “El pensamiento no se acalla”, leemos. Tampoco la literatura, capaz de llegar allí donde la vida nos silencia. Lúcida ante cada palabra que pronuncia en estas páginas de terrible belleza, ante la delicadeza de su herida, Piedad Bonnet nos incorpora conmovedoramente a su familia». Andrés Neuman

 

Ignacio del Valle amante de la belleza…

¿Quién es Ignacio del Valle?

Ignacio del Valle (Oviedo, 1971) vive en Madrid.

Ha publicado ocho libros: una recopilación de cuentos, Caminando sobre las aguas (Páginas de Espuma. 2013); y siete novelas, Busca mi rostro (Plaza & Janés. 2012), la serie de Arturo Andrade, conformada por Los demonios de Berlín (Alfaguara. 2009. Premio de la Crítica de Asturias 2010), El tiempo de los emperadores extraños (Alfaguara. 2006. Prix Violeta Negra del Toulouse Polars du Sud 2011, Premio de la Crítica de Asturias 2007, mención especial Premio Dashiell Hammett 2007, Premio Libros con Huella 2006), que ha sido llevada al cine por Gerardo Herrero como “Silencio en la nieve” (2012), y El arte de matar dragones (Algaida. 2003. Premio Felipe Trigo); Cómo el amor no transformó el mundo (Espasa. 2005), El abrazo del boxeador (KRK. 2001. Premio Asturias Joven), De donde vienen las olas (Aguaclara. 1999. Premio Salvador García Aguilar).

Además cuenta en su haber con numerosos premios de relato. Su obra ha sido traducida a varios idiomas. Mantiene sendas columnas de opinión en los diarios El Comercio de Gijón y el Panamá América y colabora con El Viajero de El País y diversos medios.

Dirige la sección cultural “Afinando los sentidos” en Onda Cero Radio.

Obra publicada
Novelas
De donde vienen las olas (1999) Editorial Aguaclara.8 Premio Salvador García Aguilar
El abrazo del boxeador (2001) Krk Ediciones.9 Premio Asturias Joven
El arte de matar dragones (2003) Algaida Editores.10 Premio Felipe Trigo
Cómo el amor no transformó el mundo (2005) Editorial Espasa-Calpe11
El tiempo de los emperadores extraños (2006) Alfaguara.12 Prix Violeta Negra del Toulouse Polars du Sud 2011, Premio de la Crítica de Asturias 2007, Mención especial Premio Dashiell Hammett 2007, Premio Libros con Huella 2006
Los demonios de Berlín (2009) Alfaguara. Premio de la Crítica de Asturias 201013 14 15
Busca mi rostro (2012) Plaza & Janés.
Cuentos
Caminando sobre las aguas (2013) Páginas de Espuma.
Ensayo
Un mundo suspendido entre la vanidad y el miedo. Eñe, Revista para leer. Número 28, Invierno 2011.16
Boom: una lectura política. Conferencia en la Universidad de la Rioja, 2012.
Inclusión en antologías
Steampunk: antología retrofuturista. Ed. Fábulas de Albión, 2012.
Los náufragos de San Borondón: antología hispanoamericana de narradores. Ed. Baile del Sol, 2012.
Shukran. Espectros, zombis y otros enamorados. Ed. Imagine, 2012.

Su obra mas reciente: Caminando sobre las olas

caminando

 

¿Qué tienen en común un doble de Lorenzo di Medicis, un francotirador o un astronauta perdido en el espacio? ¿Qué comparten la Florencia renacentista, el frente ruso o un bosque fantástico? ¿Dónde convergen tu historia y la Historia? Los personajes y los cuentos de Ignacio del Valle se sitúan en la encrucijada en la que todos nos vemos envueltos, en la que caminamos sobre las aguas del tiempo y de nuestra época. Libro directo, desgarrado, valiente, en ocasiones visceral, Del Valle no rehúsa descender a los infiernos, mostrarnos lo que no queremos ver de nuestra Historia. Un libro compuesto por piezas en las que los personajes viven atrapados por el curso de los acontecimientos que les ha tocado vivir en la Historia. Y estos personajes están emparentados con aquellos que viven bajo el peso de su propia historia.
Preguntas:

P.- Acostumbrado últimamente el lector a tu faceta de novelista, ¿cómo es que te planteaste hacer un libro de cuentos? ¿cómo se cimentó la idea origen del libro?
Porque yo he sido cocinero antes que fraile. Mi carrera se inició como cuentista y tenía una cantidad importante de cuentos escritos y la necesidad de que fuesen públicos. No obstante, necesitábamos un criterio de selección para que el libro no fuese artificial.
P.- ¿Cuál es el nexo que puede aglutinar esta selección de relatos?
Pues el leitmotiv lo hallamos en el territorio donde fueron escritos, un interregno, un intervalo donde todo cambia, pueden ser transiciones emocionales, morales, históricas, políticas… Todos los protagonistas están sufriendo por una u otra causa crisis personales, que a veces se mezclan con las de su tiempo, y cómo responden ante ese reto, como gestionan a partir de entonces la realidad. Un astronauta perdido en el espacio, un divorcio, una repentina iluminación amorosa, una venganza, un reportero acorralado por un francotirador, la posibilidad de redimirte de una mala decisión en el pasado…

P.- Los temas que tratas en el libro siguen parejos tus pasos en el mundo de la novela: amor, identidad, miedos…
Los grandes temas que recorren mi obra son fácilmente reconocibles: la búsqueda de la identidad, la fascinación por la belleza, las consecuencias de la ideología, la crudeza de la guerra, la mecánica de la Historia, el amor, el cine… Lo que confirmo con los años es que, a la hora de tratarlos, lo que más esfuerzo y recursos requiere es ser claro y profundo al mismo tiempo, y que la autocomplacencia es una de las trampas más recurrentes del talento. Hay que tener mucho cuidado con las trampas del ego.
P.- ¿Los personajes en el relato tienen que tener mucha más entidad que en la novela por el hecho de tener un recorrido más corto? ¿Tener más personalidad si cabe?
El trabajo y la intensidad es la misma en cinco folios que en quinientos, y el objetivo también: busco hacer pensar, que el lector pueda reconocerse en ellos, porque la literatura no es más que eso, el proceso de reconocimiento de uno mismo. A veces la literatura resulta un lugar seguro, y en otras ocasiones puede ser un perro que te muerda los tobillos, pero siempre tiene que implicarte.
P.- El héroe como protagonista que se representa en un soldado, un astronauta o una mujer torturada, pero siempre personajes muy humanos, rozando quizás la línea marcada por los extremos…
En efecto, pero son personajes que siempre aspiran a la luz en medio de sus violentas contradicciones, a un poco de esperanza. Y todos sabemos que tener esperanza significa capacidad de resistencia.
P.- ¿Te ha pasado que de un cuento te surja un personaje tan interesante que decidas trasladarlo a una novela?
Habitualmente navego entre dos aguas, novela y cuento, y muchas veces se produce una contaminación, cuentos que son semillas de novelas, como es el caso de Círculos respecto a Busca mi rostro o Gott mit uns respecto a El tiempo de los emperadores extraños, y también sucede que mientras escribes una novela te encuentras con una historia que no casa en el devenir del texto, por su intensidad, por su esfericidad, y tienes que sacarla y cumplir un cuento.

P.- ¿Son más importantes los silencios y las elipsis en las distancias cortas marcadas por el cuento?
No necesariamente, cada historia requiere sus técnicas, hay que tener un trabajo técnico definido, y luego el instinto de las ideas. No te tienes que obsesionar, deja que fluya, que sea orgánica. Lo importante es que el cuento no sea consciente de sí mismo, no hay nada peor que un cuento o una novela que lo es.
P.- Un autor tan reconocido como tú, ¿se forja en la escritura de relatos o éstos se presentan como una liberación ante la presión que supone trabajar la estructura más compleja que puede tener la novela?
El reto es exactamente el mismo. Ambos géneros son como esas profundidades abisales en las que cada diez metros descendidos, la presión aumenta una atmósfera, o sea, un kilo. Cuanto más aguantes, más posibilidades tienes de hacer algo perdurable, y siempre teniendo meridianamente claro que cada proyecto será insatisfactorio, da igual lo que hayas trabajado, pero esa misma insatisfacción te servirá de energía para el siguiente.
P.- Eres un escritor muy visual, diría que muy cinematográfico. ¿Es algo buscado? ¿Escribes quizás las imágenes que tienes en la cabeza?
Es algo muy natural, soy un gran aficionado al cine, y cuando estoy escribiendo en mi configuración mental las imágenes brotan en cadena. Es como si tuviese una cámara en la cabeza buscando distintos ángulos de la misma escena.
P.- Cuentos de gran intensidad, ¿dónde buscas referencias a la hora de escribirlos? ¿La realidad puede ciertamente llegar a superar la ficción?
Sinceramente creo que es más radical: la ficción no puede competir con la realidad.

P.- ¿Nuevos proyectos literarios?
De momento promocionar Caminando sobre las aguas. Y en el futuro, lo que sí tengo claro es que habrá dos líneas de montaje en mi cabeza, una línea más épica, Arturo Andrade, thrillers políticos… y otra de novelas más intimistas, con menos páginas, pequeñas piezas de orfebrería.

Caminando sobre las aguas (Booktrailer) – Editorial Páginas de Espuma

Entrevista