El cuerpo secreto: Mariana Torres.

EL CUERPO SECRETO. Mariana Torres. Páginas de Espuma, Madrid, 2015. 136 páginas. 14 euros.

¿Se imaginan uno de esos libros de cuentos troquelados, que conforme se abren, van dejando salir -se escapan- de sus páginas mundos fantásticos en relieve? Libros no siempre infantiles (o que sólo lo son aparentemente), que añaden una dimensión más a la lectura, un estímulo más también. Entre sus páginas se levantan bosques, castillos o torres míticas; literalmente, estos libros los edifican entre página par y página impar. Pues bien, Mariana Torres, que nació en Brasil en 1981 pero lleva años afincada en Madrid, se ha estrenado en el mundo editorial con El cuerpo secreto, un conjunto de relatos que podría ser una de esas ediciones que digo. Pero no lo es en el sentido estricto, porque es un libro de cuentos de la colección de apuestas por el género breve de la editorial Páginas de Espuma, con su cubierta, su solapa, sus guardas y todo lo convencional -y maravilloso- que tiene un libro al uso. Y sin embargo, algo ocurre entre sus páginas. Algo nace entre una y otra cuando estamos sumergidos de pleno en su lectura: al menos eso me ha ocurrido a mí que he leído con ojos muy nuevos un conjunto como éste. Cuentos que he podido tocar, cuyos personajes se incorporan un poco desde el papel y se les puede recorrer con el dedo los contornos… Estos, los de Mariana Torres, a veces me han dado miedo, porque a menudo habitan en ellos niños malvados, o que están enfermos, y no son desde luego cuentos de hadas. La joven narradora habla de un cuerpo secreto, y ese cuerpo habita en el libro de la forma más ¿orgánica? que podríamos haber imaginado. Es como si el cuerpo estuviera ahí: en el libro pero también, claro, en nosotros. En nuestro cuerpo. O como si fuera nuestro cuerpo, el que secretamente habita y late debajo de lo nuestro superficial.

Porque ése es el gran talento de esta autora novel, ofrecernos imágenes, emociones, fotografías turbadoras que no precisan de un hilo narrativo claro, porque su fuerza reside en perturbarnos. Con uno de ellos delante de nosotros, puede pararse el tiempo unos segundos y sentir en carne propia lo que Torres quiere que sintamos: logra dominarnos después de zarandearnos. Su capacidad de observación (con una mirada penetrante y fantástica, con un punto de vista que viene del sueño), su forma de escritura (perturbadora también, porque nos quiere mostrar un lenguaje infantil, como en susurro, que se va empoderando y acaba sacudiéndonos); y el imaginario en el que se mueve, hacen de los cuentos una especie de imán, que logra meter el dedo en la llaga sin que, en principio, sepamos del todo qué o dónde nos duele. ¿Es lo que de malvado hay en la naturaleza, el miedo irracional que a veces nos domina, la falsa inocencia de los niños -que fuimos también nosotros-, la posibilidad de que otro mundo nos subyugue, en otro plano, de otras percepciones?

En cuanto al imaginario que acabo de mencionar, es demasiado personal, de una simbología tan propia que no apela a referencias, cosa que, por otra parte, termina de dar la pincelada fantástica que per se proponen los temas. Habla de niños, en la mayoría de los casos, que no son nada inocentes, o que tienen una sensibilidad especial para escucharse (el cuerpo secreto habla) y para escuchar el mundo a su alrededor. A veces son los testigos y otras los actores (y entonces alguien los observa, como en el cuento del niño al que le crece un árbol dentro). Pero viven aquí también animales desubicados y semifantásticos, semimitológicos; traumas o enfermedades que, para los niños fuertes, son una especie de superpoder para filtrar la realidad y volverla gustosa; peces, caballos, colores, árboles, corazones palpitantes -plásticamente vivos-, hombrecillos como venidos de Lilliput… Un auténtico bestiario actualizado que cumple una de las funciones más relevantes, para mí, de la literatura (y más aún dentro de los géneros breves): sacudirnos, golpearnos, incomodarnos. Así es como nos cuestionamos, así construimos en lugar de digerir con mucha azúcar. A mí como lectora la disposición no me ha parecido especialmente relevante porque, hasta cierto punto, estos relatos funcionan individualmente. Los más breves (que son lo que abundan) tienen a veces la traza de un poema en prosa, y realmente podrían algunos funcionar así, si no fuera porque quien los escribe sabe y quiere estar haciendo un relato, conoce los modos del discurso narrativo, sabe cómo se cierra un cuento, cómo tiene que manejarse en el espacio reducido y el tiempo condensado.

Por aquello de la brevedad, estos cuentos son más impetuosos que los más largos, donde el lenguaje no necesita tanta potencia. Pero me gusta mucho cuando se extiende en el suceso, cuando los tiempos verbales entran en juego y hay acción -una historia, pequeña-. Y estos, los más largos y más escasos, también se me antojan independientes y con una individualidad marcada. Sin embargo, dicho por la propia autora, la distribución de los treinta y cinco relatos es del todo conveniente: muy pensada, muy estudiada y además, recomendada por ella. Dice la autora, entre risas, que no se hace responsable de que se lea en otro orden que el propuesto por ella. Pero no tengan miedo, estos cuentos son sueños, pedacitos de fantasía que bien pueden valerle a usted individualmente, a gusto del consumidor. En cualquier caso, entre en los sueños de Mariana Torres sin pensárselo mucho, y deje que se revelen solos, y que revelen su cuerpo también. Como cuando nos duele algo, y sólo entonces sentimos que esa parte de nosotros existe, sólo porque nos duele se nos presenta. No existía, porque antes del dolor el cuerpo es secreto.

TORRES_ECS_C_IMPRENTA

Mariana Torres

Nació en Angra dos Reis (Brasil) en 1981 y reside en Madrid. Es diplomada en Guión por la ECAM y profesora de Escritura creativa y Relato breve desde 2005. En Escuela de Escritores, se encarga del departamento de Atención al alumno e Informática y de la formación permanente de profesores.
Ha escrito dos largometrajes: Mudanzas, una adaptación de la novela de Javier Sagarna publicada en Gens Ediciones en 2006; y El refugio, una idea original. Es coguionista del cortometraje A cara o cruz (2008) y ha dirigido Rascacielos, cortometraje estrenado en marzo de 2010 en el Círculo de Bellas Artes.
Forma parte de la Asociación Europea de Programas de Escritura Creativa (EACWP), a través de la cual ha realizado intercambios de profesorado con otras escuelas (en la conferencia internacional sobre Escritura Cretiva del Orivesi Collage of Arts en 2012, en las jornadas pedagógicas en París en 2014), escrito artículos —el más reciente cooescrito con Javier Sagarna y publicado en el número 65 de Writing for Education)— y organizado reuniones internacionales.
Escribe artículos y microficción en su página personal. Ha publicado relatos en varias antologías, entre las que destaca Segunda parábola de los talentos (Gens Ediciones, 2011). Sus relatos han resultado premiados en certámenes literarios como el ‘Gabriel Aresti’ o el ‘Casar de Cáceres’. Su primer libro de relatos será publicado en otoño de 2015.

Anuncios

El carpintero rebelde de las letras: Enrique Vila-Matas

La incomodidad que produce el esfuerzo por cercar a Enrique Vila-Matas desde la crítica viene de una decisión estilística que tomó desde el principio de su carrera como escritor, en caso de que sean los autores los que toman las decisiones estilísticas y no el estilo el que ocupa a un autor —cada vez estoy más convencido de que el estilo es involuntario y por tanto irremediable. Vila-Matas siempre aparece un poco desenfocado en la foto con que los lectores tratamos de apresarlo —un paso atrás del sitio en que la definición crítica es alta—, porque escribe ficción desde un espacio que suelen ocupar, más bien, los ensayistas y los poetas: un yo literario visible.

No es un escritor fantasma que se difumine detrás de lo que cuenta, sino un autor espectacular. Pertenece a la estirpe de Montaigne o de Quevedo —una estirpe rara entre los autores de ficción. Lo que se escenifica en un libro de Vila-Matas no es una trama o una serie de ideas o una batalla contra el lenguaje, sino a Vila-Matas tramando, pensando o escribiendo bajo el avatar de un narrador.

El truco maestro del autor estriba en haber deslizado la ficción hacia un sitio en el que, sin renunciar a contar, no demanda del lector que suspenda la credulidad, porque la atracción de su lectura no viene de la historia que cuenta, sino del reencuentro con el autor espectacular. Es por eso que su obra puede ser leída como un continuo en el que se van revolviendo historias y géneros: sus libros de artículos fluyen hacia sus novelas que fluyen hacia sus ensayos que fluyen hacia los cuentos.

Cuando un lector está leyendo a Vila-Matas siempre está frente a dos libros: el que tiene en las manos y el que Vila-Matas leyó mientras estaba escribiendo. En ese sentido, es borgesiano: el autor que se juega su biblioteca mientras escribe. Y el libro anterior no funciona como una fuente, sino como un talismán. Vila-Matas no ensaya sobre sus lecturas ni siquiera cuando pretende estarlo haciendo: las lleva en la bolsa y las toca, le permiten llegar a la siguiente página. El libro anterior no funciona, entonces, como una influencia —un objeto literario exterior al que se canibaliza— sino como un adjetivo: arroja cierta luz, un sabor, sobre el sustantivo que es la historia de un personaje.

El ganador del premio FIL de este año es el último heredero de la tradición de la literatura del absurdo, decantado hacia una ancestría que frente a la irracionalidad de lo real, prefiere reírse —Kafka, Perec— que cortarse las venas —Camus, Bernhard—. Opera amalgamando dos estrategias a menudo escindidas: medita desde una desolación moral casi germánica en el cause de una narrativa siempre hilarante. La ironía como premio de consolación, un mundo en que lo humano se expresa en la ternura de lo ridículo.

Vila-Matas es el autor que mejor entendió, en su generación, el sentido de la bonanza que significaron los primeros años comunitarios para España. Supo lo que tal vez se le ha escapado a tres generaciones de políticos: que la integración a la Comunidad Europea no era un cambio de estatus, sino una propuesta de mestizaje, un gesto final de adaptación al medio que permitía salvar a un conglomerado de culturas que dejarían de ser significativas si no se confederaraban.

Rubén Darío descubrió para los hispanoparlantes que, en tiempos de globalización intensa, traducir idiosincráticamente y de preferencia mal, es el primer paso para construir una escritura significativa y una cultura resistente; la fulminante riqueza de la literatura en español del siglo XX no se explica sin su glotonería cultural y su desvergonzada liberalidad para saquearla. Cuando escribe, Vila-Matas lee la tradición europea como hacía Darío: como un botín con el que hay que salir corriendo y no como una meta a la que hay que llegar. Esto podría explicar también por qué Vila-Matas hizo el viaje de Darío, pero al revés: se consagró primero del lado americano de la lengua.

 

Biografia breve

Enrique Vila-Matas nació en Barcelona en 1948. En el 68 se fue a vivir a París, autoexiliado del gobierno de Franco y buscando mayor libertad creativa. El apartamento donde se instaló se lo alquiló la escritora Marguerite Duras. Durante estos años subsistió realizando pequeños trabajos como periodista para la revista “Fotogramas”, e incluso colaboró como figurante en una película de James Bond.
Vila-Matas publicó su primer libro: “La asesina ilustrada” en 1977, desde entonces no ha dejado de escribir quizás porque, según ha dicho él mismo, “escribir es corregir la vida, es la única cosa que nos protege de las heridas y los golpes que da la vida.”

Con la publicación de su “Historia abreviada de la literatura portátil” comenzó a ser reconocido y admirado en el ámbito internacional, especialmente en los países latinoamericanos y en Portugal. Sus obras son mezcla de ensayo, crónica periodística y novela. Su literatura, fragmentaria e irónica, diluye los límites de la ficción y la realidad.

Rodrigo Fresán escribió que “una forma más tonta que extraña de definir a Vila-Matas sería afirmar que se trata del más argentino de los escritores españoles. Después de todo, allí están la manía referencial y el siempre dúctil aparato enciclopédico, el humor en serio, los juegos metaficcionales donde el autor es siempre protagonista, las apelaciones cómplices a su lector, y el tránsito cosmopolita, constante y sin compromiso, por las bibliotecas y las ciudades”.
Ha desarrollado una amplia obra narrativa que se inicia en 1973 y que hasta la fecha ha sido traducida a nueve idiomas. Actualmente es uno de los narradores españoles más elogiados por la crítica nacional e internacional, aunque los premios y el reconocimiento en España le han llegado tardíamente.

–La caminata tiene un rol preponderante en sus últimos libros, y sobre todo en “Kassel…”. ¿A qué se debe?
–Al caminar vas descubriendo tu sintaxis y pensamiento más original, porque tiene el ritmo de lo humano. Sergio Chejfec explicó que caminar es una de las pocas cosas que el capitalismo no ha encontrado manera de marcar, es una actividad todavía sin rendimiento económico y a nuestro alcance, como el pensamiento. Me gusta el paseo, y el paseo sin rumbo, porque tiene que ver con la forma en que escribo. Empiezo a escribir sin saber qué es lo que quiero decir, y mientras escribo va emergiendo aquello que está debajo. Me gusta ir hacia ninguna parte, hay personas que prefieren lo contrario, que se ponen nerviosas si no saben adónde van. En mi caso siempre acabo encontrando algo. Por ejemplo, este verano estuve en Edimburgo, salí a pasear y me perdí. De pronto me encontré ante una casa donde había una placa que decía que allí se habían descubierto los poderes anestésicos del cloroformo. En ese lugar un doctor y sus asistentes en el siglo XIX probaron un poco de cloroformo. Si hubieran tomado más de la cuenta se hubieran muerto, y si hubieran tomado menos no habrían descubierto nada. Tomaron la medida justa sin saberlo y descubrieron el cloroformo, que sirvió en los partos. Caminar conduce a lugares insospechados. En Londres, adonde he ido poco a diferencia de París, hace dos años con mi mujer tomamos un autobús equivocado y descubrimos la casa en la ficción de Sherlock Holmes.

 

9788432221132

KASSEL NO INVITA A LA LÓGICA
Como esta novela se inicia con la invitación a cenar de los misteriosos McGuffin (un matrimonio irlandés), creo tener derecho a preguntarme cuál es el mcguffin de mi historia. Y bien, la respuesta es: mi mcguffin es algo “totalmente sagrado”, algo esencial para mí; algo quizás un poco olvidado y percibido en mitad de la noche o del día, en el momento menos pensado.
El otro día, Marcos Ordoñez recordaba que Gil de Biedma definió certeramente lo sagrado como “aquello que nos devuelve una imagen completa y perdida de nosotros mismos”. En mi caso, la invitación de los McGuffin a que participara como artista invitado en la Documenta de Kassel –centro mundial cada cinco años del arte contemporáneo más innovador- me devolvió a los días en que intentar “ser vanguardista” se convirtió en el eje sublime de mi vida.
Ese intento, ese afán –prefiero llamarlo afán por utilizar una palabra que me gusta y que he encontrado en la traducción de unos versos de W. B. Yeats- ha estado en mí desde aquellos veranos de mi extrema juventud en Cadaqués y sigue estándolo; de hecho, creo que es mi centro, la esencia misma de mi forma de estar en el mundo, mi sello, mi marca de agua: hablo de ese desvelo continuo por buscar lo nuevo, o por creer que quizás pueda existir lo nuevo, o por encontrar eso nuevo que siempre estuvo ahí.
El afán es la voz que habla por mí cuando me preguntan por el mundo y yo de inmediato pienso en la respuesta que dio el tabernero judío Salomón Piniowsky (hombre sencillo y de inteligencia natural) al Conde Morstin, que le preguntó cómo veía el mundo.
-Señor, ya no pienso nada de nada. El mundo se ha ido a pique –respondió el tabernero.
Mi caso es casi el mismo del tabernero. El mundo se ha hundido. Pero queda el arte.
-¿Por qué sólo el arte? –preguntará alguien.
-Porque el arte intensifica el sentimiento de estar vivo.
En cierto sentido, Kassel no invita a la lógica investiga el estado real de mis relaciones con el vanguardismo, por qué me fascinó tanto y si sigue atrayéndome como entonces. Y también investiga acerca de la idea de innovación misma. ¿Ha de necesariamente innovar el vanguardismo?
Y una pregunta última. Aparte de ser lo más sagrado que hay en mí, ¿podría alguien decirme qué es el vanguardismo?

 

CN23 – HIPERTEXTO VILA MATAS – PRIMERA PARTE

 

El desayuno, cuento.

Rosario se levantó de un salto apenas sonó la alarma de su celular, eran las 6:30 a.m. la hora de despertar a sus dos hijos y preparar el desayuno. Entre bostezos y quitándose las lagañas de los ojos ella caminó en dirección a las habitaciones. A mitad del pasillo se detuvo preguntándose a quien debería despertar primero. Sin embargo, el dilema duró poco, pues había luz en el cuarto de la izquierda, por lo que giró el picaporte de la puerta, y entró a la habitación de su hijo mayor Christopher, quien ya se encontraba despierto armando un rompecabezas de dinosaurios de 200 piezas.
—Buenos dias Chris, ¿Cómo dormiste? —Le dijo en tono amoroso mientras se acercó a él para darle un beso en la frente.
Très bien mom! Y ¿tú? —le contestó sin despegar los ojos de las piezas, le faltaban unas cuantas para completarlo.
—Tienes dos minutos para terminar tu casse-tête, mientras iré a despertar a Robert. ¿De acuerdo?
ok! mom…
En ocho pasos Rosario llegó a la puerta de la otra habitación, abrió la puerta de su hijo menor con mucho cuidado, y tal como se imaginó el pequeño aún dormía. Lo miró con ternura, Robert estaba abrazado a hot stuff un pequeño chango de color marrón, vestido con calzoncillos negros que tiene estampados varios chiles rojos, de ahí su nombre. —Parece un ángel…— pensó. Y con un gran sentimiento de culpa no tuvo más remedio que acercarse y despertarlo, lo hizo con besos pequeños en las mejillas y luego le susurró al oído que ya era tiempo de levantarse. Como cada mañana Robert se resistía, estiró el cuerpo y se puso rígido, luego escondió la cara sobre la almohada.
Je ne veux pas aller a l’école maman! —le respondió enfadado—, Je veux continuer à faire dodo! — le dijo enfático.
—Roberto Chamberland Gómez deja de refunfuñar y levántate, cada mañana es la misma historia contigo, ya estoy cansada de tus caprichos.
Tu est méchante maman! Je lui dirai à abuela la prochaine fois que on fasse face time… —Robert pataleó por unos segundos, se volteó y se cruzó de brazos, sus palabras causaron en su madre cierta compasión y al mismo tiempo risa, pero se contuvo para no empeorar la situación ante la amenaza del menor. Sabía que Doña Esperanza apenas escuchara la queja de su nieto ella se haría reprender por la abuela.
—Aquí tienes tu ropa, te espero en la cocina para que desayunes, y a partir de este momento tienes cinco minutos. —le advirtió al mismo tiempo que miró el reloj de la pared. Después Rosario salió, Robert no se movió hasta que escuchó que su madre bajó los 18 escalones, los contó mentalmente cada uno de los pasos. Y justo cuando se disponía a vestirse apareció su hermano mayor en el umbral de la puerta haciendo muecas grotescas y diciéndole mientras se vestía: —le gros bébé lala…— esta frase Christopher la repitió varias veces y sólo detuvo cuando vio que su hermano estaba a punto de terminar de vestirse. Entonces cual ladrón, huyó de inmediato, descendió las escaleras corriendo, lleno de excitación, lo cual provocó que su madre al escucharlo lo reprendiera gritando desde la cocina —que no debía de hacerlo, que cuantas veces se lo tenia que repetir—.
—¿Que vas a desayunar Chris? —le dijo alzando la voz, mientras lo miraba con severidad por la falta anterior.
—Yo quiero cereal de avvena.—El español de su hijo mayor había mejorado, aunque todavía cometía varia pifias en la pronunciación y solía alargar la letras o las sílabas al hablar.
—Ya te dije que en español no se dice el pronombre hijo, es incorrecto.
I ´m sorry mom! But it´s hard for me. I try to do my best… —le dijo sonriendo.
—Lo sé hijo, después de todo hablar tres lenguas al mismo tiempo no es nada fácil, pero a tu edad es un regalo, ya hubiera querido tener esta misma oportunidad que tu tienes. Tengo un acento terrible con el inglés, con el francés me defiendo, pero aún así, a veces se me traba la lengua, al grado que ya no sé lo que estoy diciendo…
You have to practice more mom. That all! —En eso Robert llegó al comedor arrastrando los pies y con los brazos cruzados y le dijo a su madre que fue blanco de nuevo de las befas de mal gusto de su hermano mayor.
—Crhistopher is always bad with me mom! I hate him!
—!Ya estuvo bueno de berrinches y de peleas! No quiero escuchar más. Ustedes me vuelven loca, y no vuelvas a decir Robert que odias a tu hermano por que te daré un jalón de orejas. —Robert se sentó de mala gana y comenzó a comer el cereal que su madre le preparó sin preguntarle, pero ya no protestó, sabía que si volvía a respingar el castigo sería realidad.
—!Buenos días familia! —Maxime, el padre y esposo se presentó bien acicalado para irse al trabajo. Maxime es un quebequense que hace diez años en un viaje a Oaxaca, México quedo maravillado con la gastronomía: el pozole, los tamales, el guiso de iguana, los aguardientes y los mezcales, pero mucho más cautivado y enamorado quedo de la belleza mestiza de Rosario. Meses después regresó orgulloso a su país con el amor de su vida, formaron una familia que aún seguía creciendo, pues esperaban a su tercer hijo. Su español era bastante fluido aunque todavía después de una década sufría con la erre y la eñe. Luego de acariciar la pancita de su mujer se lavó las manos y le ayudó a Rosario a terminar el lunch para los niños. El resto del desayunó paso sin contratiempos. A las 7:30 a.m. la alarma para tomar el autobús sonó y Rosario salió con sus hijos apresurándolos para no perderlo.
Allez! allez! !Vamos! !Vamos niños caminen más rápido! —Al llegar a la parada saludaron a los vecinos que también esperaban al autobús. Bonjour! —dijeron en coro.
Je n’ aime pas quand tu me dépêches maman! — Le reprochó Robert.
—Lo siento hijo, pero caminas como una tortuga, no me dejas opción. Además, ya no tenemos tiempo de seguir esta conversación, el autobús ya esta llegando. —Segundos después los niños se formaron en fila india y subieron al autobús, Rosario los despidió con besitos a distancia mientras les decía—: Au revoir mes amours! !Hasta más tarde mis corazones!

depositphotos_29852361-Random-Letter-Collage

 

Lorena Lacaille
Longueuil, 24 de septiembre del 2015.

Derechos de autor
Este artículo es de libre distribución siempre y cuando respetes el nombre del autor y no alteres la información.
© Lorena Lacaille, 2015.

El varón rampante: Italo Calvino

Italo Calvino el autor de El varón rampante y Las ciudades invisibles, nació el 15 de octubre de 1923 en Santiago de las Vegas, provincia de la Habana en Cuba y murió con 61 años el 19 de septiembre de 1985 en Siena, Italia.

italocalvino

Infancia y educación

Su padre Mario trabajaba cerca de la Habana como agrónomo y dirigía una estación experimental de agronomía. Su madre, Evelina Mameli, era de Cerdeña y licenciada en Ciencias Naturales. En 1925 volvieron a Italia, a San Remo, donde sus padres empiezan a dirigir una una estación experimental de floricultura.

Italo Calvino recibió una educación laica y antifascitas, de acuerdo con la actitud de sus padres, una pareja de librepensadores. Fue a la escuela de St. George College y más tarde a la Scuole Valdesi, haciendo secundaria en el regio Ginnasio-Liceo G.D. Cassini. En 1941 se matriculó en la facultad de agronomía de la Universidad de Turín, donde su padre también enseñaba agricultura tropical.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Calvino interrumpe sus estudios y es llamado en 1943 a realizar el servicio militar por la República Social Italiana. Sin embargo, desertó y se unió a las Brigadas Partisanas Garibaldi, junto con su hermano cuatro años menor. Mientras tanto sus padres fueron rehenes de los alemanes.

Primeros pasos en el mundo de las letras

Una vez acabada la guerra, Italo se instaló en Turín, empezando su carrera en el mundo de las letras. Comezó a colaborar con unos cuantos periódicos y se matriculo en Letras, graduándose años más tarde con una tesis sobre Joseph Conrad. Durante este periodo conoció a Cesare Pavese, quien lo recomendó apra que lo contratasen en la editorial Einaudi. El ambiente de esta editorial es fundamental para la formación de Calvino. En 194 se publicó su primera novela: Il sentiero dei nidi di ragno, basada en su experiencia como partisano, y en 1949 salió a la luz un volumen de cuentos: Por último, el cuervo, ambas obras circunscritas en la estética del neorrealismo italiano. Lo que buscaba con estas obras era una escritura objetiva con la que definir la condición del hombre de la época.

Literatura de apariencia fantástica y neo-vanguardista

En 1952 Vittorini le recomienda que deje de un lado la literatura social y se dedique a una literatura en apariencia fantástica, pero que pueda ser leída a distintos niveles. De este consejo surge su novela más famosa, El varón rampante, que junto a El vizconde demediado y El caballero inexistente forma una triología escrita de manera alegórica como representación del hombre contemporáneo. Cabe destacar que El varón rampante es fruto de la decepción ideológica que sufre el autor tras la invasión de Hungría por la URSS en 1956, llevándolo a apartarse de PCI (Partido Comunista Italiano) y del compromiso político completamente.

Durante los años sesenta estuvo en contacto con la corriente neovanguardista, pero sorprendió con la publicación de libros que el propio grupo neo-vanguardista tachó de novela sociológica, psicológica e ideológica. Estos libros fueron La giornata d’uno scrutatore y Marcovaldo, ovvero le stagioni in cittá, ambos aparecidos en 1963.

Un año después, en 1964, viajó a Cuba para conocer a la casa donde nació. Allí también tuvo la oportunidad de encontrarse con el Che Guevara. Se casará más tarde en la Haba con la argentina Esther Judit Singer y se irán juntos a vivir a Roma, donde también nacerá su hija Giovanna. En cuanto a su estilo literario, se centra en una aparente ciencia-ficción que realmente se basa en una corriente fantástica y surreal. En este estilo se escriben dos libros: Le Cosmicomiche (1965) y Tiempo cero (1967).

Literatura “oulípica” o combinatoria

Se trasladó a París en 1967, donde incrementó su interés por las ciencias naturales y la sociología y entró en contacto con el grupo Oulipo (acrónimo de “Ouvroir de littérature pontentielle”, este grupo se buscaba crear obras usando técnicas de escritura limitada, contrariamente al surrealismo, el oulipianismo busca el consciente y la razón para crear literatura, uniendo literatura y matemáticas). Fruto de esta tendencia literaria, que algunos denominan estilo combinatorio, son Il castello dei destini incrociati (1969), La taverna dei destini incrociati (1973), Las ciudades invisibles (1972) y Se una notte d’iverno un viaggiatore (1979).

Última obra y obras póstumas

Vuelve a Roma junto con su familia en 1980 y en 1983 publica su último libro: Palomar, un libro en el que la anécdota se sustituye por las reflexiones metafísicas y las descripciones. En 1985 sufrió un ictus cerebral que le produjo la muerte.

Tras su muerte se publicaron cuatro obras póstumas: Seis propuestas para el próximo milenio (una serie de conferencias que tenía que impartir en la Universidad de Harvard), Sotto il sole giuguaro, La strada di San Giovanni y Prima che tu dica pronto.

La aventura de un matrimonio, cuento completo, Italo Calvino

El obrero Arturo Massolari hacía el turno de noche, el que termina a las seis. Para volver a su casa tenía un largo trayecto que recorría en bicicleta con buen tiempo, en tranvía los meses lluviosos e invernales. Llegaba entre las siete menos cuarto y las siete, a veces un poco antes, otras un poco después de que sonara el despertador de Elide, su mujer.
A menudo los dos ruidos, el sonido del despertador y los pasos de él al entrar, se superponían en la mente de Elide, alcanzándola en el fondo del sueño, ese sueño compacto de la mañana temprano que ella trataba de seguir exprimiendo unos segundos con la cara hundida en la almohada. Después se levantaba repentinamente de la cama y ya estaba metiendo a ciegas los brazos en la bata, el pelo sobre los ojos. Elide se le aparecía así, en la cocina, donde Arturo sacaba los recipientes vacíos del bolso que llevaba al trabajo: la fiambrera, el termo, y los depositaba en el fregadero. Ya había encendido el calentador y puesto el café. Apenas la miraba, Elide se pasaba una mano por el pelo, se esforzaba por abrir bien los ojos, como si cada vez se avergonzase un poco de esa primera imagen que el marido tenía de ella al regresar a casa, siempre tan en desorden, con la cara medio dormida. Cuando dos han dormido juntos es otra cosa, por la mañana los dos emergen del mismo sueño, los dos son iguales.

En cambio a veces entraba él en la habitación para despertarla con la taza de café, un minuto antes de que sonara el despertador; entonces todo era más natural, la mueca al salir del sueño adquiría una dulzura indolente, los brazos que se levantaban para estirarse, desnudos, terminaban por ceñir el cuello de él. Se abrazaban. Arturo llevaba el chaquetón impermeable; al sentirlo cerca ella sabía el tiempo que hacía: si llovía, o había niebla o nieve, según lo húmedo y frío que estuviera. Pero igual le decía: “¿Qué tiempo hace?”, y él empezaba como de costumbre a refunfuñar medio irónico, pasando revista a los inconvenientes que había tenido, empezando por el final: el recorrido en bicicleta, el tiempo que hacía al salir de la fábrica, distinto del que hacía la noche anterior al entrar, y los problemas en el trabajo, los rumores que corrían en la sección, y así sucesivamente.

A esa hora la casa estaba siempre mal caldeada, pero Elide se había desnudado completamente, temblaba un poco, y se lavaba en el cuartito de baño. Detrás llegaba él, con más calma, se desvestía y se lavaba también, lentamente, se quitaba de encima el polvo y la grasa del taller. Al estar así los dos junto al mismo lavabo, medio desnudos, un poco ateridos, dándose algún empellón, quitándose de la mano el jabón, el dentífrico, y siguiendo con las cosas que tenían que decirse, llegaba el momento de la confianza, y a veces, frotándose mutuamente la espalda, se insinuaba una caricia y terminaban abrazados.

Pero de pronto Elide:

-¡Dios mío! ¿Qué hora es ya? -y corría a ponerse el portaligas, la falda, a toda prisa, de pie, y con el cepillo yendo y viniendo por el pelo, y adelantaba la cara hacia el espejo de la cómoda, con las horquillas apretadas entre los labios. Arturo la seguía, encendía un cigarrillo, y la miraba de pie, fumando, y siempre parecía un poco incómodo por verse allí sin poder hacer nada. Elide estaba lista, se ponía el abrigo en el pasillo, se daban un beso, abría la puerta y ya se la oía bajar corriendo las escaleras.

Arturo se quedaba solo. Seguía el ruido de los tacones de Elide peldaños abajo, y cuando dejaba de oírla, la seguía con el pensamiento, los brincos veloces en el patio, el portal, la acera, hasta la parada del tranvía. El tranvía, en cambio, lo escuchaba bien: chirriar, pararse, y el golpe del estribo cada vez que subía alguien. “Lo ha atrapado”, pensaba, y veía a su mujer agarrada entre la multitud de obreros y obreras al “once”, que la llevaba a la fábrica como todos los días. Apagaba la colilla, cerraba los postigos de la ventana, la habitación quedaba a oscuras, se metía en la cama.

La cama estaba como la había dejado Elide al levantarse, pero de su lado, el de Arturo, estaba casi intacta, como si acabaran de tenderla. Él se acostaba de su lado, como corresponde, pero después estiraba una pierna hacia el otro, donde había quedado el calor de su mujer, estiraba la otra pierna, y así poco a poco se desplazaba hacia el lado de Elide, a aquel nicho de tibieza que conservaba todavía la forma del cuerpo de ella, y hundía la cara en su almohada, en su perfume, y se dormía.

Cuando volvía Elide, por la tarde, Arturo cabía un rato que daba vueltas por las habitaciones: había encendido la estufa, puesto algo a cocinar. Ciertos trabajos los hacía él, en esas horas anteriores a la cena, como hacer la cama, barrer un poco, y hasta poner en remojo la ropa para lavar. Elide encontraba todo mal hecho, pero a decir verdad no por ello él se esmeraba más: lo que hacía era una especie de ritual para esperarla, casi como salirle al encuentro aunque quedándose entre las paredes de la casa, mientras afuera se encendían las luces y ella pasaba por las tiendas en medio de esa animación fuera del tiempo de los barrios donde hay tantas mujeres que hacen la compra por la noche.

Por fin oía los pasos por la escalera, muy distintos de los de la mañana, ahora pesados, porque Elide subía cansada de la jornada de trabajo y cargada con la compra. Arturo salía al rellano, le tomaba de la mano la cesta, entraban hablando. Elide se dejaba caer en una silla de la cocina, sin quitarse el abrigo, mientras él sacaba las cosas de la cesta. Después:

-Arriba, un poco de coraje -decía ella, y se levantaba, se quitaba el abrigo, se ponía ropa de estar por casa. Empezaban a preparar la comida: cena para los dos, después la merienda que él se llevaba a la fábrica para el intervalo de la una de la madrugada, la colación que ella se llevaría a la fábrica al día siguiente, y la que quedaría lista para cuando él se despertara por la tarde.

Elide a ratos se movía, a ratos se sentaba en la silla de paja, le daba indicaciones. Él, en cambio, era la hora en que estaba descansado, no paraba, quería hacerlo todo, pero siempre un poco distraído, con la cabeza ya en otra parte. En esos momentos a veces estaban a punto de chocar, de decirse unas palabras hirientes, porque Elide hubiera querido que él estuviera más atento a lo que ella hacía, que pusiera más empeño, o que fuera más afectuoso, que estuviera más cerca de ella, que le diera más consuelo. En cambio Arturo, después del primer entusiasmo porque ella había vuelto, ya estaba con la cabeza fuera de casa, pensando en darse prisa porque tenía que marcharse.

La mesa puesta, con todo listo y al alcance de la mano para no tener que levantarse, llegaba el momento en que los dos sentían la zozobra de tener tan poco tiempo para estar juntos, y casi no conseguían llevarse la cuchara a la boca de las ganas que tenían de estarse allí tomados de las manos.

Pero todavía no había terminado de filtrarse el café y él ya estaba junto a la bicicleta para ver si no faltaba nada. Se abrazaban. Parecía que sólo entonces Arturo se daba cuenta de lo suave y tibia que era su mujer. Pero cargaba al hombro la barra de la bici y bajaba con cuidado la escalera.

Elide lavaba los platos, miraba la casa de arriba abajo, las cosas que había hecho su marido, meneando la cabeza. Ahora él corría por las calles oscuras, entre los escasos faroles, quizás ya había dejado atrás el gasómetro. Elide se acostaba, apagaba la luz. Desde su lado, acostada, corría una pierna hacia el lugar de su marido buscando su calor, pero advertía cada vez que donde ella dormía estaba más caliente, señal de que también Arturo había dormido allí, y eso la llenaba de una gran ternura.

FIN

Los amores difíciles, 1970

Las ciudades y los cambios
[Cuento. Texto completo.]
Italo Calvino

A ochenta millas de proa al viento rnaestral el hombre llega a la ciudad de Eufamia. donde los mercaderes de siete naciones se reúnen en cada solsticio y en cada equinoccio. La barca que fondea con una carga de jengibre y algodón en rama volverá a zarpar con la estiba llena de pistacho y semilla de amapola, y la caravana que acaba de descargar costales de nuez moscada y de pasas de uva ya lía sus enjalmas para la vuelta con rollos de muselina dorada. Pero lo que impulsa a remontar ríos y atravesar desiertos para venir hasta aquí no es sólo el trueque de mercancías que encuentras siempre iguales en todos los bazares dentro y fuera del imperio del Gran Kan, desparramadas a tus pies en las mismas esteras amarillas, a la sombra de los mismos toldos espantamoscas, ofrecidas con las mismas engañosas rebajas de precio. No sólo a vender y a comprar se viene a Eufamia sino también porque de noche junto a las hogueras que rodean el mercado, sentados sobre sacos o barriles o tendidos en montones de alfombras, a cada palabra que uno dice -como «lobo», «hermana», «tesoro escondido», «batalla», «sarna», «amantes»- los otros cuentan cada uno su historia de lobos, de hermanas, de tesoros, de sarna, de amantes, de batallas. Y tú sabes que en el largo viaje que te espera, cuando para permanecer despierto en el balanceo del camello o del junco se empiezan a evocar todos los recuerdos propios uno por uno, tu lobo se habrá convertido en otro lobo, tu hermana en una hermana diferente, tu batalla en otra batalla, al regresar de Eufamia, la ciudad donde se cambia la memoria en cada solsticio y en cada equinoccio.

FIN

Entrevista a Ítalo Calvino, 1974 (Subtítulos en español)

 

Rosa Montero con la sensibilidad a flor de piel

Rosa Montero nació en Madrid y estudió periodismo y psicología. Colaboró con grupos de teatro independiente, como Canon o Tábano, a la vez que empezaba a publicar en diversos medios informativos (Fotogramas, Pueblo, Posible).

Desde finales de 1976 trabaja de manera exclusiva para el diario El País, en el que fue redactora jefa del suplemento dominical durante 1980-1981.

En 1978 ganó el Premio “Manuel del Arco” de Entrevistas, en 1980 el Premio Nacional de Periodismo para reportajes y artículos literarios y en 2005 el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid a toda una vida profesional.
Ha publicado las novelas: Crónica del desamor (1979), La función Delta (1981), Te trataré como a una reina (1983), Amado Amo (1988), Temblor (1990), Bella y Oscura (1993), La hija del caníbal ( Premio Primavera de Novela en 1997), El corazón del Tártaro (2001), La Loca de la casa (2003), Premio Qué Leer 2004 al mejor libro del año, Premio Grinzane Cavour al mejor libro extranjero publicado en Italia en el 2005 y Premio “Roman Primeur” 2006 (Francia); Historia del rey transparente (2005), Premio Qué Leer 2005 al mejor libro del año, y Premio Mandarache 2007; Instrucciones para salvar el mundo (2008) y Lágrimas en la lluvia (2011).

También ha publicado el libro de relatos Amantes y enemigos, Premio Círculo de Críticos de Chile 1999,y dos ensayos biográficos, Historias de mujeres y Pasiones, así como cuentos para niños y recopilaciones de entrevistas y artículos.

Su obra está traducida a más de veinte idiomas y es Doctora Honoris Causa por la Universidad de Puerto Rico.

1951-1979 Los primeros años
La infancia, la juventud y los primeros pasos profesionales de Rosa Montero.

1980-2000 La madurez
Tras años de trabajo, la construcción de su lugar en en el panorama cultural y periodístico.

2000-2005 Una nueva etapa
Del Premio Primavera a Historia del Rey Transparente

2006-2011
Del ‘Instrucciones para salvar el mundo’ hasta ahora.

Su obra se caracteriza por una sensibilidad especial ante la situación de la mujer.

 

Su novela más reciente: El peso del corazón

9788432224195

Contratada para resolver un caso a primera vista sencillo, la detective Bruna Husky se enfrenta a una trama de corrupción internacional que amenaza con desestabilizar el frágil equilibrio entre una Tierra convulsa y la dictadura religiosa de Reino de Labari. En un futuro en el que la guerra está supuestamente erradicada, Bruna lucha contrarreloj por la libertad y en defensa de la vida, mientras asimila los sentimientos contradictorios que le produce hacerse cargo de una niña pequeña. Bruna Husky es una heroína extrema y fascinante; una superviviente capaz de todo que se debate entre la fragilidad y la dureza, entre la autosuficiencia y la desesperada necesidad de cariño. Es una fiera atrapada en la cárcel de su corta vida, un tigre que va y viene ante los barrotes de su jaula «para que no se le escape el único y brevísimo instante de la salvación», como el felino de la bella frase de Elias Canetti.
El peso del corazón es un thriller, una novela de aventuras política y ecológica, una historia de fantasía y ciencia ficción, un relato mítico, un cuento para adultos, una reflexión sobre la creación literaria, una metáfora sobre el peso de la vida y la oscuridad de la muerte… ¡Y una historia de amor! Rosa Montero regresa al mundo fascinante que creó en Lágrimas en la lluvia y nos sorprende de nuevo con esa potencia narrativa que ha convertido a Bruna Husky en una protagonista legendaria.

Rosa Montero nos descubre los secretos de su novela «El peso del corazón»

La escritora además nos cuenta cómo es su proceso creativo y nos da las claves para escribir un buen libro ¡Disfrutad de la entrevista!

 

Rosa Montero opina:

– Para mí, todos los libros te enseñan algo, te curan, gracias a ellos puedes vivir. No escribes para enseñar nada, sino para aprender, y de hecho aprendes, sabes que eres mejor que antes de escribir el libro. En ese sentido, todos los libros son un poco redentores, redentores de agujeros tuyos, de miedos… De alguna manera siempre te dan algo especial, escribes por eso. En este caso, me ha dado más serenidad.

..Hay un montón de personas que están en una situación horrible y a lo mejor solo pueden sobrevivir gracias a que de repente pueden leer un libro. Pese a todo, la creatividad en momentos de crisis es lo que nos permite sobrevivir y a ella hay que recurrir, al arte. Lo primero que se quita de los periódicos, que ahora están tan mal y reduciendo plantilla, es la Cultura, lo cual me parece un error garrafal de apreciación. Los periódicos están demasiado volcados con la política, han establecido demasiadas relaciones con grupos políticos… Han perdido el contacto con lo que la gente de la calle quiere, necesita, su realidad.

El padre del cuento: Anton Chéjov

 

La editorial Páginas de Espuma ha puesto a circular en México el segundo tomo de los Cuentos completos, de Antón P. Chéjov, que comprende sus relatos publicados entre 1885 y 1886. Con ocasión de ello conversamos con Paul Viejo, quien está a cargo de la edición de este ambicioso proyecto.

Parecería que la decisión de presentar los relatos completos de Chéjov de forma cronológica no presenta ninguna complejidad, especialmente ante la magnitud del proyecto (aunque, como se señala en la introducción de este volumen, no fue exactamente el caso). ¿Existió alguna vez la tentación de ordenarlos temáticamente o de alguna otra forma?
​La idea con la que surgió este proyecto –por encima incluso de reunir todos los cuentos, de poder ponerle el adjetivo “completos” a esta edición– fue, sobre todo, que el lector de Chéjov en español pueda tener bien clara la cronología de Chéjov, que pudiera saber cuándo escribió qué, cómo fue su progresión, su avance como escritor. Antologías temáticas o incluso periódicas ya se habían hecho, muchas (desde hace más de un siglo) en nuestra lengua. Pero era injusto no tener la visión que queremos dar con estos libros, una visión importante que casi cualquier escritor tiene disponible pero nos faltaba en Chéjov. Así que la dificultad no estaba en elegir, sino en reunir y que quedase bien clara esa panorámica.

VIEJO

¿Cuál ha sido la experiencia de trabajar con traductores de distintas generaciones para este proyecto?
Hay una cosa importante que remarcar antes de contestar a esta pregunta: la edición no consiste sólo en traducciones de varias generaciones, sino también de diferentes países. A Chéjov lo hemos leído e intercambiado desde las dos orillas, por fortuna, y eso es algo que he querido, no sólo mantener sino reivindicar. Tan importante –en sus inicios– fueron las traducciones de Chéjov que se hicieron desde España, como las que se llevaron a cabo desde Argentina o México. Sin ir más lejos, en este segundo tomo contamos con la magnífica traducción de Sergio Pitol de “Un drama de caza”, uno de los relatos más importantes del autor. Contar con esos diferentes registros del español, y viniendo desde diferentes países y diferentes generaciones no es tanto un reto como un lujo, pese a lo que muchos puedan pensar: no hay, ni puede haber, ni debe haber una sola forma de traducir a Chéjov. Si siempre se dice que la traducción exacta es imposible (y más en el caso de un autor tan complejo), limitarla a un solo estilo, a una sola forma de traducir sería un error. Después, será el lector quien encuentre sus preferidos. Pero es apasionante ver como grandes maestros de la traducción –como Augusto Vidal, Luis Abollado o el propio Pitol– conviven y dialogan de tú a tú con traductores más jóvenes como Jesús García Gabaldón, Víctor Gallego o Enrique Moya Carrión, y cuál es la visión –y la pasión– que tiene cada uno.

​​
​Es conocida la importancia de Chéjov para el relato contemporáneo (es innegable su impronta en la obra de Carver o en el trabajo de editores como Gordon Lish, por mencionar casos célebres) y una importante parte de su obra ya se conocía en nuestra lengua. ¿Qué nuevas perspectivas puede ofrecernos la traducción completa de su trabajo al español?

​Creo que la gran ​sorpresa será precisamente echar abajo algunos tópicos, y aprender a “cuál de los Chéjov” nos referimos cuando hablamos de influencias. Porque es evidente el peso de su obra, pero ¿de qué parte de su obra? Los grandes escritores y editores que se han visto influidos por él lo han hecho, desde luego, a través de los grandes relatos. Pero hay mucho más Chéjov, y eso es lo que enseña, sin disimulo, esta edición. Que Chéjov era el maestro del silencio, de la insinuación, de los detalles, de la objetividad, es evidente. Y grande. Pero también hay un Chéjov verborreico, un Chéjov menos contenido que se debe considerar. Y aprenderemos que muchas de las técnicas de su escritura (los finales abruptos, por poner un ejemplo, que tanto han calado en la literatura del siglo XX) se deben a circunstancias externas. Veremos a un Chéjov autor de miniaturas y de larguísimos relatos, un Chéjov triste y un Chéjov lleno de humor… Servirá para que el lector vea lo complejo, y completo, que fue Chéjov. Que es Chéjov, perdón.

Las ediciones críticas, ¿qué alcance tienen? ¿Proponen una relectura o son materiales de estudio de interés particular para el enclave de la academia?

​Nunca​, nunca, nunca la gran literatura necesitó de ediciones críticas. Nunca. La literatura de los buenos, como es el caso, se basta sola para defenderse, para entenderse, para disfrutarse. Sea en ruso, en español o en futuros idiomas que inventemos y en los que escribamos. Ahora bien, sirven. Ayudan. Se disfrutan. Una edición como esta –que en cualquier caso no es para “estudiosos”, apuntando caso por caso, variaciones, detalles mínimos, sino para el disfrute total– servirá para que aquel que entre en el Universo Chéjov pueda avanzar todo lo posible y hasta donde él quiera: se le darán todos los detalles posibles, de publicación, de versiones, de censura, biográficos, explicaciones cuando hagan falta, órdenes, listados, títulos originales y variaciones sobre estos… Todo lo que pueda servir para que un lector de Chéjov, si se convierte en un “fan de Chéjov” pueda nutrirse. Que dejen por fin de haber leyendas y mitos sobre su obra. Todo al alcance de sus lectores. Es lo mismo que ocurre con los fans de Star Trek o de Sherlock Holmes: tienen enciclopedias y miles de datos y todo el material disponible. ¿Por qué no iba a ocurrir esto con Chéjov?
cubierta_CHEJOV_I

 

El padre del cuento. Un punto de partida para la literatura. Antón Pávlovich Chéjov y su universo. Por primera vez en español cuatro cuidados volúmenes reunirán toda la narrativa breve del maestro ruso universal. Una selecta traducción realizada por los mejores traductores y una rigurosa edición a cargo de Paul Viejo, que servirá para conocer de principio a fin y cronológicamente la obra del autor de “La dama del perrito”. Un primer volumen donde confluyen sus cuentos iniciales, humorísticos y paródicos, junto a obras maestras como “El camaleón”, “Se fue” o “Flores tardías”. El camino se abre aquí a una obra de referencia para la modernidad. El camino de Chéjov. Chéjov completo.

Pese a la abundancia de traducciones y antologías de los relatos de Antón Chéjov, que en demasiadas ocasiones repiten títulos y selecciones similares, el lector español no tiene la oportunidad de acudir a su obra completa, perdiendo así la oportunidad de leer un gran número de cuentos que permanecen inéditos y, sobre todo, poder considerar el desarrollo de toda la obra del escritor, sus diferentes periodos, la progresión de su escritura, dando una visión completa y ceñida a la realidad de su figura.

El proyecto Cuentos completos reunirá los más de 600 cuentos que componen la totalidad del corpus, muchísimos de ellos sin editar en español, junto a aquellos relatos no publicados o inconclusos en vida del autor. La publicación se llevará a cabo en 4 tomos de 1200 páginas cada uno, publicados a razón de uno al año (2013 a 2016), en una edición dirigida por Paul Viejo, especialista en literatura rusa y escritor, que además de numerosas notas, tablas, índices y apéndices bibliográficos. Reunirá en sus páginas a los traductores de diferentes generaciones que más y mejor se han ocupado de Chéjov en español, y aspira a ser por tanto la edición completa y definitiva de los cuentos de Chéjov en una exquisita presentación y cargada de material adicional.

Este primer tomo de la serie, 1880-1885, toma la producción inicial de Chéjov y en sus casi 1200 páginas reúne un total de 240 cuentos, presentados en orden cronológico, desde el primero publicado por el autor “Carta a un vecino erudito” hasta “Un drama de caza”, que abrirá el siguiente, con muchísimos cuentos publicados en libro por primera vez en nuestra lengua.

El universo en penumbras de Maria Luisa Bombal

ENTREVISTA CON
MARÍA LUISA BOMBAL

Marjorie Agosín
Indiana University
… Durante julio del 77, en la soleada ciudad de Viña del Mar, Chile, tuve la oportunidad de conversar con María Luisa Bombal que después de treinta silenciosos años de ausencia regresa a Chile, su país natal.
… Con unos ojos profundos, centellantes, conservando aún esa realidad mágica y maravillosa que aparece en sus consagradas novelas como La amortajada y La última niebla, me invita a su casa blanca, de dos pisos, ubicada muy cerca del mar. Subimos por unas escaleras sonoras, antiguas, hasta llegar a su cuarto lleno de fotografías, recuerdos y cuadros. Los cerros de Valparaíso se divisan a lo lejos.
… Bombal con voz lenta me cuenta de su querido amigo Jorge Luis Borges quien le ayudó con la edición de La amortajada, de aquellos días en que escribía La última niebla en la cocina de Pablo Neruda en Buenos Aires. “Pablo se enojaba conmigo; me decía Madame Merimée porque soy una clásica y maniática perfeccionista de la forma y estilo de mis novelas y cuentos.”
… También me conversa de sus personajes que acompañan a la autora, ayudándola a combatir su soledad. “La amortajada soy yo, y sé que pronto resucitará. Mi pobre María Griselda, sólo yo comprendo su tristeza. En el jardín de mi amiga Isabel, hay un árbol igual al de mi cuento (“El árbol”).”
… En Chile permanece alejada del ambiente literario a pesar de haber publicado recientemente la segunda edición de la nouvelle. La historia de María Griselda. Su mayor alegría es reencontrar amigas de la infancia, pasearse por los parques de la ciudad y, obviamente, soñar: su única realidad existente.
A pesar de que la producción literaria de Bombal es exigua en cantidad, sus obras rompen con la literatura naturalista criollista de la época e inician las nuevas formas de la literatura contemporánea.
Su técnica narrativa ha sido clasificada de diversas maneras: como prosa surrealista, prosa poética, novela de penumbras. ¿Cómo clasificaría Ud. su técnica narrativa y sus propias novelas?
–Es difícil contestar a sus preguntas tan sutiles como exactas. Trataré. ¿Mi técnica narrativa? Yo la clasificaría tanto de prosa suurrealista, como de prosa poética. ¿Mis novelas? De la historia de las “penumbras” del corazón; y de nuestro goce de la naturaleza que es misterio y milagro. También a veces, de historia de una titubeante, ansiosa búsqueda de lo que llamamos el “mas allá”.
Cedomil Goic comenta que Ud. rompe totalmente con la narrativa naturalista criollista de la literatura chilena. ¿Considera dicho comentario exacto?
–Sí, me atrevo a decir que no sólo rompí e incite a romper con la narrativa naturalista criollista en la literatura chilena sino también con la narrativa de igual naturaleza en algunos otros de nuestros países latinoamericanos. Quiero decir con esa literatura que es sólo “descripción” de un existir, hechos y vicisitudes. Sí, creo haber insinuado y hecho aceptar en nuestra novela aquel otro medio de expresión: el de dar énfasis y primera importancia no a la mera narrativa de hechos sino a la íntima, secreta historia de las inquietudes y motivos que los provocaran ser o les impidieran ser.

Directores argentinos comentan que Ud. también rompe con las tendencias criollo-realistas del cine argentino en su conocido guión de La casa del recuerdo, interpretada por Libertad Lamarque.
–Tuve esa suerte. El cine argentino comenzaba. Sus temas eran realistas, el tango su única música. Sucedió que Luis Saslavsky, director dentro de este cine me pidió un guión escrito especial para Libertad. Fue éste La casa del recuerdo, guión cuyo tema romántico del fin de siglo argentino abrió la veta a nuevos argumentos igualmente románticos así como al canto y una música de fondo universales.

maluisa

¿Qué autores, aspectos, acontecimientos han influido en su obra?
–Acontecimientos que han significado cambios bruscos, radicales -ya sea tristes, ya afortunados- han influido por cierto en mi vida, pensamiento y obra. Pero ello sería largo de contarle. Toda una vida.
… En cuanto a los autores que Ud. me pregunta haber influido en mi obra, mi primera reacción es decirle: ninguno. Porque me parece y siento haber nacido junto con mis libros… así como se cree el haber nacido con su destino.
… Sin embargo, pensándolo más, me encuentro con dos autores que sí han inspirado e influido en mí y en mi obra. Dos nórdicos. Hans Christian Andersen cuyos cuentos mi madre nos leía a mí y mis dos hermanas en aquellas tardes de nuestra infancia. Nos los leía en alta voz, traduciéndolos directamente del alemán, de un libro que fuera la traducción y versión completa de la obra del gran dinamarqués. Los cuentos de Andersen: pensamiento y poesía, tierno juego y fantasía que no nos cansábamos de escuchar. Lejanas tardes, televisión de ayer…
… La otra influencia: Knut Hamsun, el casi místico noruego. Su primer libro Victoria -breve novela del enigma y conflicto de dos seres con su propio corazón- fue y sigue siendo la novela de amor que yo también hubiera deseado escribir.

¿Hasta qué punto sus personajes pertenecen a una esfera común?
–No podría decirlo. Me lo pregunto yo misma. Recuerdo algunos. Yolanda, por ejemplo, de mi cuento “Las islas nuevas”. Yolanda que esconde el ala nasciente en su hombro, ¿hasta qué punto pertenece a una esfera común?
… El capitán-pirata de mi cuento “Lo secreto”, que en su buque náufrago y hundido empieza a sospechar y luego a comprender que tanto él como su tripulación han muerto… están en el infierno y habiendo perdido para siempre toda posibilidad de reconciliarse con Dios. ¿Hasta qué punto este capitán que llamaran “El Terrible” pertenece a una esfera común?
… Ana María de mi novela La amortajada; ella también una muerta. Pero una muerta que vive la experiencia de un pensar y sentimientos que no conoció ni pudo haber conocido en vida…
… Así como Brígida, de mi cuento “El árbol”. Brígida, la siempre-niña que vive y convive con ese árbol… Y mi dulce a la par que ardiente heroína de La última niebla cuya vida es un soñar y ensoñar… Y María Griselda, aquella tímida, trágica, inconsciente beldad… Me pregunto hasta qué punto escapan de la esfera humana y común.

¿Es su Historia de María Griselda una continuación de La amortajada?
–Lo es y no lo es. En La amortajada es Ana María, la mujer amortajada, el personaje-tema central de mi novela. María Griselda aparece y pasa en unas breves líneas. Fugaz personaje, cuya escurridiza, tierna personalidad unida a esa excepcional belleza me sorprendió y obligó a pensar en ella. Me vino entonces una intensa curiosidad de conocerla, saber de su vida privada y sentimientos. María Griselda, cuya historia escribí mucho después de La amortajada, es tal vez de mis personajes el que más quiero y me atrae.

¿La música puede relacionarse con la niebla en cuanto al aspecto interior psicológico?
–¡Esa sí que es pregunta no tan sólo compleja sino además, capciosa… por lo personal! Trataré sin embargo de contestarla. La música así como la niebla significan, son para mí…silencio. Un silencio que acalla en nosotros ese mundo de banalidades, obligaciones y dolores de la vida cotidiana… para dejarnos momentáneamente oír y escuchar ese canto cuidadosamente escondido dentro de nuestro mundo interior.

En sus libros aparece el motivo del cabello como visión temática de la mujer. ¿Por qué el cabello?
–La cabellera me parece no sólo aquello más estrechamente unido a la belleza en la mujer, sino además el arranque más evidente y vivo que une a todo ser con la naturaleza. Porque ¿expliqueme Ud. la razón de ser que nuestros cabellos sigan creciendo aún después que nuestro cuerpo ha muerto?

¿A qué se debe la interiorización y hasta cierto punto el escape de sus personajes? ¿Existe una relación de tipo social en que la mujer es desplazada debido a su sociedad burguesa?
–Esa interiorización y escape que Ud. anota en mis personajes se debe a la propia manera de sentir de ellos mismos. Cierto es, sin embargo, que debido a la sociedad burguesa en que les tocaba vivir, mis personajes-mujeres se encontraban un tanto desplazadas en el aspecto social. Porque más sentimentales y abnegadas, se retraían de mutuo acuerdo para vivir -o no vivir- calladamente sus decepciones, deseos y pasiones. Quisiera agregar por mi cuenta que no creo que los derechos sociales reconocidos oficialmente en la actualidad a la mujer puedan hacer cambiar lo íntimo de su naturaleza. Creo que somos y seguiremos siendo la eterna mujer. La idealista, sensible, sacrificada, ávida ante todo de dar y recibir amor.

¿En qué quedó su tan esperado libro “El canciller” ?
–“El canciller”, “The Foreing Minister”, obra de teatro que escribí directo en inglés entusiasmó a mi agente literario americano, y fue seriamente considerado el ser producida por uno de los más importantes directores de teatro en Norteamérica. En Inglaterra también la estudiaron y consideraron agentes y directores igualmente importantes.
… Pero sucedía que el tema de mi pieza-drama romántico aunque de técnica muy moderna- tenía como base de inspiración un acontecimiento oficial, entonces reciente, al que los intereses “complejos” de la política del momento querían imponer, en general, una discreción y escape de mayores comentarios sin “exponer a la luz” dicho acontecimiento.
… Hablo del trágico fin de Jan Masaryk, canciller e hijo del hombre que convirtiera en país independiente ese rincón de “La Bohemia” en Europa, hijo del que fuera su libertador and First President. Ese trágico fin de un canciller que fuera ahora canciller de un país ya casi sometido a un régimen comunista-sovietico, ¿fue suicidio o asesinato político?
… Tema controversial que si bien interesaba, la gente de teatro consideró tal vez inoportuno el producir. Pero espero, pienso, que ha llegado la hora en que esta obra mía, puede ser publicada y producida en los Estados Unidos.

Ud. ha declarado que le es muy difícil escribir. ¿Por qué lo hace entonces?
–Porque a pesar de todo, es lo único que puedo y sé hacer.

Entonces, ¿no le gusta, no es para Ud. un placer escribir?
–Le contestaré con las enigmáticas palabras que contestó un autor teatral inglés, a quien formularan la misma pregunta en una entrevista junto a muchos otros escritores americanos e ingleses. “To write -dijo- is a solitary work”. La soledad, Marjorie, ¿es un placer que escogería Ud.?

MARIA LUISA BOMBAL

VIDA

Nació en Viña del Mar, (Chile), el 8 de junio de 1910. Realizó sus primeros estudios en la Monjas Francesas de la Ciudad Jardín. Posteriormente, a la muerte de su padre, viaja a París, donde estudia en el College Sainte Genevieve y en la Facultad de Letras de La Sorbonne.Desde 1931 a 1940 se radica en Buenos Aires, donde conoce a José Luis Borges, Leopoldo Marechal, Victoria Ocampo y al pintor Jorge Larco con quien casa, matrimonio que dura muy poco por la muerte de su marido. En Buenas Aires se contacta con Pablo Neruda, quien la apodó “Abeja de Fuego”. Es una de las mejores épocas de la atormentada María Luisa.

Publica en 1935 La Ultima Niebla.En 1938 da a luz su mejor obra, la que la hizo inmortal en la literatura chilena, La Amortajada, libro que solamente en 1942 se edita en Chile. En 1941 obtiene el Premio Munipal de Novela.Es el mismo año en que un hecho trágico altera su vida. Posteriormente en 1942 se radica en Estados Unidos donde casa con Fal de Saint Phalle, de quien también enviuda..

En 1946 edita la Historia de María Griselda, libro que tiene edición definitiva en 1976.

Al fallecer su marido, regresa a Buenos Aires en 1971 y en 1973 vuelve a Chile definitivamente, muy enferma.

Obtuvo el Premio Ricardo Latchan en 1974 y el Premio Academia, de la Academia Chilena de la Lengua ( 1976), siendo galardonada, finalmente ( 1978), con el Premio Joaquín Edwards Bello.

Fallece el 6 de mayo de 1980, sin haber obtenido el Premio Nacional de Literatura.

LA MUJER

Existen pocas fotografías de María Luisa Bombal. Se recuerdan dos: una que pertenece a su juventud, de extraña belleza y otra ya en las postrimerías, donde el paso del tiempo ha marcado sus huellas.

Marías Luisa Bombal, al decir de sus estudiosos, fue una mujer de extrema sensibilidad, con humor cambiante. Las tragedias de su vida, dos matrimonios terminados por muerte de los cónyuges, cierto amor tormentoso que finalizó de manera judicial y su dedicación al final a la bebida, fueron minando poco a poco su existencia.No tuvo el apoyo de sus compatriotas ni fueron entusiastas a la hora del aplauso. Salvo algunos amigos escritores, el resto manifestó cierta indiferencia por ella. Todo ello, unido a su especial condición de mujer sensible, extremadamente sensible, como todo artista, la hizo rehuir el mundo social, las entrevistas, el entorno literario.

De ahí ese silencio que la acompañó siempre.

LIBROS PUBLICADOS

No fue autora prolífica, pero en su caso, al igual como en el del escritor chileno González Vera, la expresión “de lo poco, bueno” o ” si breve, dos veces bueno”, cobra absoluto realce.Aunque lo anterior representa su nota alta, a la hora de los resultados el público lector no manifestó gran interés, por cuanto la masa aprecia mejor la cantidad antes que la calidad. Ejemplos abundan en la literatura chilena sobre esa predisposición general hacia la abundancia.

Tuvo la suerte de ser favorecida por varias reediciones, especialmente La Amortajada, texto que recibió el respaldo unánime de la crítica especializada.

Los libros publicados son:
La Ultima Niebla 1935
La Amortajada 1938
El Arbol 1939
Las islas Nuevas 1939
La Historia de María Griselda, 1946.

1205533178_f

GLOSA

Con María Luisa Bombal ocurre un caso singular: todos los círculos literarios estuvieron de acuerdo en otorgarle el Premio Nacional de Literatura por su exquisita obra, pero manos oscuras, inexplicables, impedían la obtención del preciado laurel. Escritores de la talla de Ignacio Valente y Alone no ocultaron su admiración por ” la princesa de las escritoras chilenas”, pidiendo, especialmente este último, en forma constante, el máximo galardón.

No se lo dieron.

Es una mancha que ostentarán siempre Los Premios Nacionales de Literatura.

LA ESCRITORA

María Luisa Bombal es dueña de una obra breve, pero magnífica. Prosa alada. Nadie como ella para describir las emociones y el fluir de la conciencia. Tiene talento poético y leerla es un placer y un viaje formidable. Jamás aburre y penetra el inconsciente con maestría, suavidad y donaire. Alone ya lo dijo:” No se ha escrito prosa semejante y, después de los poetas máximos, sólo buscando mucho en las letras universales, podría encontrarse paralelo”.

Su mejor obra es La Amortajada, libro de lectura obligada en la enseñanza chilena.

Sobre Historia de María Griselda, Alone, el gran cronista literario de Chile, expresó: “Una obra fulgurante, tan avanzada, que su contenido aún no se agota…Su calidad sobresale sobre la superficie hasta producir estupefacción. No ha vuelto a verse, sino a ratos, en páginas excepcionales, ese lirismo visionario, esa creación de imágenes originales, ese poder de hacer vibrar el lenguaje corriente en una atmósfera alucinante,. con historias intuidas más que observadas, sobre un fondo de audacia y realidad”.

Temperamente apasionado y extrema sensibilidad son los caracteres que marcaron su existencia y gran parte de su obra.

En torno a ella se tejieron muchos comentarios, incluso la dieron por muerta antes de tiempo y creyeron que había cambiado su nacionalidad.

Pero la realidad fue mas fuerte que los comentos maliciosos y, pese a que no obtuvo lo que todo el mundo solicitaba, ha quedado enmarcada en la Galería de los Inmortales de la Literatura Chilena.