Fernando del Paso, el gran poeta en prosa…

La prosa de Fernando del Paso

Una de las aventuras de lenguaje más apasionantes de la segunda mitad del siglo XX mexicano son las cuatro novelas que conforman la obra narrativa de Fernando del Paso (México, D.F. 1935). No es usual encontrar en nuestra narrativa contemporánea un aliento tan sostenido en la perfección formal. La política y la historia cruzan este conjunto de obras, pero su peso y hondura no alcanzan a inclinar la balanza artística a su favor. Sucede lo mismo con el lenguaje, que con ser el espíritu que mueve la obra, se desplaza discreto para confundirse con la poética del espacio, del tiempo, de los personajes y su trama. Tal vez Carlota, en Noticias del Imperio (1987), sea el personaje que sobresale en ese fresco vital del que forman parte José Trigo (1966), Palinuro de México (1977) y Linda 67 (1995). Y es el personaje, pero nuevamente, es el orden formal y de lenguaje que le da tono, complejidad y vida.

Para caracterizar la narrativa de Fernando del Paso se suele afirmar que es el autor de una novela total, que su búsqueda formal es una herencia de Joyce. Sin embargo, esa ilusión de totalidad creo que se debe a la vastedad de recursos, de temas y visiones que siempre sorprenden a nuestros críticos, sobre todo a los más jóvenes, tan acostumbrados a las modestas pretensiones locales.

De Joyce, ni hablar, es una influencia que se extiende a una gran cantidad de producciones y que cualquiera puede señalar su impronta en la obra que desee. ¿Por qué no se asocia su ambición a Mann o Broch? ¿No habrá también un aliento balzaciano? ¿Quién puede asegurar la ausencia de Dickens, o por lo menos las huellas de su humor? Pero si el detector de influencias nos obsede, habrá que buscar también en ciertos pasajes de Cervantes, en Flaubert, en Proust y en la narrativa mexicana, que si innovadora en su momento, no deja de obedecer a formas transitadas y muy fijas: La sombra del caudillo, El águila y la serpiente, Al filo del agua.

Tal vez será más útil, si se quieren descifrar los rumbos de esa prosa, pensar en las lecciones literarias que la originan y se funden en una escritura, eso sí que es evidente, realizada con paciencia y sin prisa. No están ocultas las lecciones, son aquellas que le brindaron las lecturas acuciosas que el autor exhibe enamorado: Valle Inclán, retórico y estilista virtuoso; por supuesto, Góngora, Sor Juana, Quevedo y Garcilaso. Eso por lo que toca a nuestra lengua, porque como muchos narradores de su edad (por ubicar en el tiempo la imaginación de los autores) sucumbió a la fascinación de Faulkner, Gide y de Elliot, tras una infancia presidida por Verne, Dumas y Walter Scott.

La pubertad lo sorprendió con una novela entre las manos. Ahí estaba el primer esbozo del tío Esteban que aparecería en Palinuro de México, pero en esa novela casi adolescente rastreaba su tránsito europeo durante la guerra y su éxodo a los Estados Unidos, a donde llegó huyendo de las cárceles siberianas, y finalmente a México. Sin embargo esa experiencia quedó inconclusa. La pubertad quedó atrás, pero el escritor incipiente entró a la adolescencia con un fajo de poemas bajo el brazo.

Heredero de la sabiduría de Arreola, Del Paso se formó también en su taller. Gracias a Arreola publicó sus Sonetos de lo diario (1958) en los Cuadernos del Unicornio, que nadie olvida. Esos poemas son una huella que antecede e ilumina su prosa, aunque el autor los considere “meros ejercicios de versificación”. Tras los Sonetos, quiso escribir relato pero se convirtió en novela. En el taller de Arreola leyó las primeras páginas de José Trigo y como la historia se repite, formó filas en el Centro Mexicano de Escritores, donde Rulfo y Francisco Monterde presidían las reuniones de becarios. Confiesa que Rulfo lo influyó profundamente, pero el asombro no cedió al pastiche en que generalmente se convierten las influencias.

Del Paso vivió en Europa más tiempo del que esperaba. Año tras año posponía su regreso. Fueron tiempos de investigación y diálogo con una cultura que jamás vio con complejos. Precisamente en un encuentro de escritores en París, expresó su descontento sobre estas visiones de menosprecio y autoinmolación que tanto nos opacan.

Del Paso discrepó de la visión que Paz ofrece en El laberinto de la soledad , donde señala que México llegó tarde al banquete de la modernidad como un comensal no invitado que entró por la puerta de servicio de occidente: “de ninguna manera me siento gente de la periferia, ni habitante de los arrabales de la historia, ni comensal no invitado. Yo no he entrado a la cultura occidental por la puerta de servicio, ni de ninguna forma me siento intruso en ella” (consignado en Proceso por Anne Marie Mergier, el 17 de marzo de 1991).

Llegaron José Trigo y Palinuro, las separa una década y las une un procedimiento escritural: ambas novelas fueron realizadas sin el plan previo que consiste en esbozar una estructura antes de escribir la primera línea. Con Noticias del Imperio fue distinto, por primera vez sabía desde el principio, cuál sería el discurrir de la novela, su forma, su estructura.

Fernando del Paso es el novelista que desde la historia ha puesto en conflicto la noción misma de novela histórica (“recuerdo con frecuencia a T.S. Elliot, cuando dijo que la gente no soporta una dosis muy grande de realidad”); es el novelista que sigue creyendo que lo novelable no se ha separado del individuo porque es el mismo ser del pasado que será en el futuro: “será siempre el individuo que mata porque el amor o la pobreza lo han enloquecido, o porque la gran ciudad le envenenó el alma”. Es el novelista romántico que huye de la vulgaridad homogénea que permea el lenguaje de sus personajes clasemedieros en Palinuro, en los del siglo pasado en Noticias del Imperio, que “no es sino un reflejo, en mi caso personal, de una especie de escapismo, de un intento de huir de esta realidad desprovista de hermosura, tan abrumadora, tan vulgar”.

Esa escapatoria de lo vulgar, Del Paso la ilustra bien con un ejemplo que daría buen material para esos estudiosos de la literatura que suelen especializarse en temas como El uso de la cuchara en las novelas de Flaubert por ejemplo, y es el tema del automóvil. El mismo novelista refiere:

“En José Trigo el automóvil brilla por su ausencia: sólo aparece un Plymouth azul, que es donde los ferrocarrileros encuentran el cadáver de Luciano. Palinuro, peatón y pedestre, no conduce, y Walter, que en el número de su calzado lleva el número de su casa, camina por Londres. Pero hay automóviles: el Oldsmobile amarillo del tío Esteban, en el que Palinuro viaja con Estefanía a Veracruz, y el largo cortejo encontrado por los semáforos del entierro de mamá Clementina, en el que aparece un Packard negro e inolvidable que de pronto se queda quieto como una ballena y echa un chorro de vapor al cielo. El automóvil fue alguna vez bello: un Bugatti, un Hispano Suiza con volante de ébano, son piezas de museo. Y todavía, por las novelas de Scott Fitzgerald circulan hermosos ejemplares legendarios. Estamos todavía lejos de la locura del automóvil y del que este aparato se transforme en la extensión del cuerpo de nuestros personajes, o en un personaje más” ( México: la dimensión trágica, texto leído en la Universidad de Notre Dame).

Y es que para Del Paso “la dimensión literaria corre pareja con una dimensión trágica individual: la desesperanza y la soledad no se comparten en la literatura con una multitud de otros seres, porque no existe, ni existirá, el personaje masivo”, sino aquello que Borges llamó “lo simbólicamente verdadero”. Como sucede con Carlos Fuentes, el México “real” se lo deja a los estadígrafos, a los sociólogos, economistas y políticos.

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Entrevistas

El Sabor del Saber. Fernando del Paso

Entrevista a Fernando del Paso

 

Biografia

Nació en la ciudad de México el 1 de abril de 1935. Su trilogía de novelas, José trigo, Palinuro de México y Noticias del Imperio, resultado cada una de más de diez años de trabajo, lo colocan como uno de los ensayistas y narradores más importantes de Latinoamérica.

Desde niño, se sintió atraído por las tiras cómicas de los diarios y tuvo el sueño de expresarse a través del dibujo. “El dibujar es una venganza de mi mano izquierda al acto de escribir”, afirma del Paso al referirse a su trabajo como artista plástico.

Zurdo para dibujar y diestro para escribir, del Paso comenzó a realizar pinturas al óleo pero su fracaso fue rotundo. Quince años después, ya consolidado como escritor, mientras trabajaba en Londres como redact or y locutor para la BBC en español, comenzó por casualidad a hacer garabatos y dibujos a pluma durante los intervalos entre transmisiones y resurgió su interés por el dibujo. Descubrió el soporte de la tinta china, y continuó su carrera de dibujante, al margen de la literatura.

Para Fernando del Paso, “la literatura, es mi quehacer más organizado. La plástica es una liberación muy personal …Escribir me angustia terriblemente, me cuesta un trabajo espantoso. Dibujar no, soy incluso más sociable cuando dibujo. Puedo dibujar al mismo tiempo que converso con mi familia. Escribir es todo un trauma, debo estar aislado, me pongo de mal humor y tomo mucho café antes de decidirme a hacerlo”.

Estudió bachillerato de ciencias químicas y algunas materias de economía. Quiso ser médico por una inspiración romántica, pero cambio de parecer por su terror a la sangre y los malos olores; además, porque “conocí a la que ahora es mi mujer y quise casarme. Y no se puede estudiar medicina y estar casado”.

A los 18 años, conoció a José de la Colina y al colombiano Antonio Montaño, que lo orientaron en sus primeras lecturas. Encontró en El rayo que no cesa de Miguel Hernández “un mundo insospechado, que además yo tenía dentro”. Fue en esa época que del Paso escribió, como un “ejercicio de versificación” el libro Sonetos de lo diario, publicado en 1958 por Juan José Arreola en la colección de El Unicornio, del FCE.

Posterior a esa etapa, del Paso construyó lo que sería su mundo literario a partir de las lecturas de autores universales de teatro y novela, tales como William Faulkner, Christian Wolfe, James Joyce, Juan Rulfo, Lezama Lima y Lewis Carroll, a quienes identifica como sus más grandes influencias.

En 1966 recibió el Premio Xavier Villaurrutia por su primera novela, José Trigo, un vasto homenaje al lenguaje popular y los juegos de palabras.

No fue sino hasta diez años después, que del Paso entregó su siguiente novela Palinuro de México, con la que obtuvo el premio Rómulo Gallegos 1982, que otorga el gobierno venezolano cada lustro, a la mejor novela escrita en idioma español. Palinuro… fue considerada en la década de los 80, una de las novelas más influyentes de la narrativa mexicana.

José Agustín, escribió sobre Palinuro…: “Precedido apenas por Rulfo, Revueltas, Fuentes y Yáñez, la novela de del Paso es el juego con humor, la desmitificación total y regocijante de temas como el sexo, la escatología, la erudición y la política(…)La parte correspondiente al movimiento estudiantil, es lo más profundo, más gozoso y más efectivo que se ha escrito acerca del 68…el universo de Palinuro rebasa a sus personajes y abarca algo que está muy cercano a la construcción de una nueva sensibilidad…la riqueza del lenguaje enfatiza una nueva actitud hacia la vida”.

El personaje de Palinuro -nombre del timonel de la nave de La Eneida , de Virgilio – es un estudiante de Medicina, cuya historia inicia a orillas del Danubio en 1918 y finaliza trágicamente en el célebre capítulo 54, llamado “Palinuro en la escalera o el arte de la comedia. Obra en cuatro pisos con un prólogo en la planta baja, un epílogo en un desván y varios intermedios sorpresivos”, dónde Palinuro muere en el Zócalo capitalino a causa de los golpes propinados por los cuerpos policíacos en el mitin de la Plaza de las Tres Culturas del 2 de octubre de 1968.

Tras residir 14 años en Londres, en 1985 del Paso cambió su residencia a París, donde fue agregado cultural de la embajada de México y guionista y productor de programas para Radio France Internationale. Ese mismo año, se tradujo al francés Palinuro de México, que le valió a su autor el reconocimiento de la crítica francesa:

L´express: “ha llegado un nuevo Rabelais”. Le monde: “del Paso es poseedor de una erudición grotesca, macabra y dionisiaca”; Lire: “Palinuro… es una nueva prueba de la vitalidad de la literatura latinoamericana; Liberatión , “Los Ulises de Homero y Joyce son como parientes cercanos de este inmenso poema sobre el amor, la muerte y el cuerpo humano”.

“La libertad del silencio es un deber moral del escritor: callarse cuando no tiene nada que decir”, diría Fernando del Paso al ser cuestionado sobre el periodo de una década en que se abstuvo de publicar nada y concibió su siguiente novela.

En 1988 publicó Noticias del imperio, cuadro histórico que narra la trágica aventura mexicana de Maximiliano y Carlota de Habsburgo. En un país de pocos lectores, Noticias…, con sus casi 700 páginas, se convirtió en el libro más solicitado en los anaqueles de las librerías ese año. La crítica Sara Sefcovich habló de Noticias… como “la mejor novela mexicana del presente siglo”.

La novela ha sido traducido al portugués, francés, inglés, alemán, holandés y chino, y resulta una obra monumental, con gran riqueza de lenguaje, y según Paco Ignacio Taibo I, “una novela para armar, dividida en tres libros”: el monólogo interno de Carlota inmersa en su locura; la crónica histórica a veces irónica y a veces crítica; y la novela, que cruza y entreteje las vidas de Benito Juárez con la de los emperadores; las ambiciones de México contrapuestas a las de Francia.

Sobre Noticias del Imperio , del Paso afirmaba: “Mi interés por ese periodo nació en la primaria, cuando me enteré que habíamos tenido un emperador y una emperatriz. Me vino la idea de escribir una novela sobre Maximiliano y Carlota, pero al ir documentándome descubrí que más que una tragedia personal de los emperadores me importaba recrear las intrigas internacionales, ambiciones desmedidas y mezquindades que produjeron esa tragedia. Más que el melodrama personal de Maximiliano, Carlota y Juárez, la novela es en el fondo, el melodrama histórico de Francia y México.

Del Paso dejó un intervalo de casi una década entre sus novelas. Asegura que su obra está completa en esas tres entregas y que “después de escribir un libro, quedo vacío, cansado, exhausto. Existen narradores que no pueden dejar de escribir una página cada día. No es mi caso”.

En 1990, a la edad de 55 años, Fernando del Paso sufrió un infarto al miocardio del cual se salvó. Cinco años después de esa experiencia que casi le arranca la vida, incursionó al género policiaco, con su novela Linda 67. “Mis primeras tres novelas son una especie de óperas, luego Linda 67 es una sonata, porque mi mayor aspiración es lograr una pieza bien compuesta, con armonía y equilibrada”, afirmó del Paso en la presentación de sus Obras completas.

Ha presentado en diversas galerías, tanto de Nueva York, París y México, su obra gráfica. Presentó en el metro de la Ciudad de México la exposición 2002 caras de cara al 2002, con imágenes realizadas por él mismo; y montará a partir de este mes la exposición Las mujeres sin cara de Ciudad Juárez, en el palacio de Bellas Artes. Recientemente publicó el libro de poesía Castillos en el aire, que incluye más de 30 grabados de su obra.

Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1991 y fue director y becario de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz de la Universidad de Guadalajara, lo que le ha permitido continuar con su obra literaria, con trabajos como La muerte se va a Granada (obra de teatro basada en la muerte de Federico García Lorca) y el libro infantil De la A a la Z por un poeta.

Ha colaborado en numerosos suplementos y revistas culturales tanto nacionales como internacionales, como son El día, La Jornada, Alfil, Casas de las Américas, Crisis, Diálogos, Eco, Plural, Proceso, Vuelta, L`80 Zeit Schrift fürt Literatur und Politik, Die Horen, Ord & Bild, México en la Cultura y La Cultura en México.

Algunos fragmentos de sus novelas han sido llevados al teatro, como La loca de Miramar (adaptación del primer monólogo de Carlota en Noticias del imperio, 1988); Palinuro en la escalera (1992); y Susana Alexander y Roberto D’Amico hicieron la adaptación para comedia musical de Noticias del imperio bajo el título Réquiem para un imperio (1988).

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