Lydie Salvayre: No llorar

Lydie Salvayre (Autainville, 1948) es una escritora y dramaturga francesa de origen español. Se licenció en lenguas modernas y en medicina en Toulouse y posteriormente se especializó en psiquiatría en Marsella, donde ejerció durante muchos años como psiquiatra en una clínica de Bouc-Bel-Air. En 1983 se afincó en París, donde trabajó como psiquiatra infantil. Empezó a escribir en algunas revistas a finales de la década de los setenta. Ha escrito una veintena de libros y ha sido galardonada con el Premio Hermès du Premier Roman por La Déclaration, el Novembre por La compañía de los espectos y el François-Billetdoux por BW. Algunas de sus novelas han sido adaptadas al teatro, como La puissance des mouches y Les belles âmes, y varios de sus textos han sido también musicalizados. No llorar ganó el Premio Goncourt en 2014 y obtuvo una extraordinaria acogida crítica y, naturalmente, muchísimos lectores y traducciones.

Obras
En español
No llorar, 2015
En francés
1990 : La Déclaration, Julliard.
1991 : La Vie commune, Julliard.
1993 : La Médaille, Seuil.
1995 : La Puissance des mouches, Seuil.
1997 : La Compagnie des spectres, Seuil.
1997 : Quelques conseils aux élèves huissiers, Verticales.
1999 : La Conférence de Cintegabelle, Seuil.
2000 : Les Belles âmes, Seuil.
2001 : Le Vif du vivant, Cercle d’art.
2002 : Et que les vers mangent le bœuf mort, Verticales.
2002 : Contre + CD audio avec Serge Teyssot-Gay et Marc Sens, Verticales.
2003 : Passage à l’ennemie, Seuil.
2005 : La méthode Mila, Seuil.
2006 : Dis pas ça + CD audio avec Serge Teyssot-Gay, Marc Sens et Jean-Paul Roy, Verticales.
2006 : Lumières sur la CCAS. Les activités sociales des salariés de l’énergie, collectif, Cercle d’art.
2007 : Portrait de l’écrivain en animal domestique, Seuil.
2008 : Petit traité d’éducation lubrique, Cadex.
2009 : BW, Seuil.
2011 : Hymne, Seuil.
2013 : 7 femmes. Emily Brontë, Marina Tsvetaeva, Virginia Woolf, Colette, Sylvia Plath, Ingeborg Bachmann, Djuna Barnes, Librairie académique Perrin
2014 : Pas pleurer, Seuil. Premio Goncourt 2014.
Prefacios
2004 : préface à Femmes dans la guerre, collectif, éditions du félin.
2010 : préface à Les Madones du trottoir : évocation de Sylvain Fourcassié, Cadex.

 

Su mas reciente novela: No llorar

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Lydie Salvayre narra en No llorar la historia de su madre, Montse, nacida en un pueblo de Lérida, que en 1936, con apenas quince años, se va a Barcelona con su hermano anarquista. En la ciudad la joven vivirá el despertar al amor y el júbilo revolucionario de los días posteriores al estallido de la Guerra Civil. En la novela se conjuga el presente desde el que Montse desgrana sus recuerdos de aquellos maravillosos días de libertad de agosto del 36 con la narración de la estancia de Georges Bernanos en Mallorca y su proceso de escritura de Los grandes cementerios bajo la luna –la condena de un católico durante la sangrienta represión fascista–. Montse Monclús narra la vuelta de Barcelona a su tierra natal y su matrimonio. A través de la resurrección de la lengua materna, con su prosa Salvayre construye un apasionante relato coral sobre el complejo entramado político de la Guerra Civil, y sobre el exilio y la herencia que dejó a los hijos de los que tuvieron que dejar España para salvar sus vidas. Como si la primera marcha de Montse de su pueblo natal hubiera marcado para siempre un destino en fuga.

En el libro, la autora reproduce el habla de su madre, una mezcla de español y francés donde no faltan las incorrecciones y barbarismos, y que la autora vincula al frañol, lengua oficial de los cerca de 500.000 exiliados republicanos en el país vecino. Salvayre ha querido dignificarla. “De pequeña me daba vergüenza oír cómo hablaba mi madre, pero ahora me apasiona. Al hacerme mayor entendí que, en lugar de estropear el francés, lo convertía en algo más poético y más divertido”, expresa. “Detrás de mi escritura también se halla una cuestión política. ¿El francés debe seguir siendo una lengua pura, o las palabras surgidas del exilio tienen derecho a introducirse en ella?”. No hace falta preguntarle por qué opción se decanta la autora, consagrada al fin tras publicar veinte novelas respetadas por la crítica y traducidas a una veintena de idiomas.

La autora habla igual que escribe: una palabra en español por cada cuatro en francés. En la traducción al castellano, a cargo de Javier Albiñana, los fragmentos en español han sido transcritos en negrita para que el lector español se haga una idea de esta lengua híbrida, inhabitual en la narrativa francesa, menos abierta al mestizaje que otras tradiciones literarias. Existen numerosos ejemplos de autores que se sirven del spanglish, como Sandra Cisneros o Junot Díaz, sin contar con la literatura poscolonial de la esfera anglosajona, donde la lengua dominante suele aceptar préstamos de la dominada. En francés, en cambio, los casos no abundan. “Es verdad. Francia es un país donde, a partir de la creación de la Academia Francesa en el siglo XVII, se censura todo lo que sea popular, como si fuera una mancha que borrar”, afirma Salvayre. “Frente a la rigidez de ese modelo, lo extranjero es percibido como una amenaza”.

La obra narra la vida de su madre, que se exilió a Francia por la Guerra Civil
Sin ir más lejos, cuando ganó el Goncourt, el crítico literario Bernand Pivot, presidente del jurado, le dedicó elogios pero apuntó que en el libro había “demasiado español”. “Todavía nos gobierna esa exigencia de hablar como es debido”, responde Salvayre. “A mí me han tildado mil veces de vulgar por introducir tacos en mis novelas”.

Puede que la literatura no haga más que reflejar la rigidez y la exigencia del modelo de integración francés, que requiere una asimilación casi total. El propio nombre de la autora lo revela. Sus padres la llamaron Lidia. En el registro civil, su nombre es Lydie.

La autora tuvo, durante años, sentimientos encontrados respecto a esa herencia familiar. “Hasta las adolescencia, las historias de la guerra me aburrían sobremanera”, reconoce. Salvayre creció en Auterive, pequeña localidad cercana a Toulouse, junto a una comunidad de exiliados en la que “se organizaban grandes comidas, se contaban chistes verdes y nadie se compraba muebles”, porque todo el mundo creía que terminaría volviendo a la patria abandonada. Cuando llegó al colegio, recuerda haber sido ridiculizada por hablar igual que sus padres y equivocarse sistemáticamente con el género de los artículos, ese tic del que todo expatriado nunca se desprende del todo. “Pero ese sentimiento de vergüenza fue un motor. Me afectó al orgullo y me impulsó a demostrar que podía hablar y escribir tan bien como cualquiera”, afirma. A veces, ese absurdo sentimiento de inferioridad vuelve a aparecer. “Lo detecto en las cenas burguesas, donde me veo paralizada por miedo a no tener las maneras adecuadas en la mesa o a decir algo que me deje en evidencia”, admite.

 

 

 

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