¨Quinteto de Mogador¨: Alberto Ruy Sánchez

Joaquín Ruy Sánchez, su padre, nació en Navojoa, Sonora, en el norte de México. Lo mismo que su madre, María Antonieta Lacy, que nació en Cajeme (Ciudad Obregón), ambos de familias sonorenses por muchas generaciones. Alberto fue el primero de cinco hijos; sus hermanos son Joaquín, Ernesto, Martha y María Antonieta. Por los azares del trabajo del padre, la familia vivía parte del año en la ciudad de México y otra en el norte, incluyendo estancias más largas en Ciudad Obregón y en Villa Constitución (pequeña población en pleno desierto de Baja California Sur). Eso le dio a Alberto una temprana y rica experiencia del desierto, iniciado en ella por las exploraciones de su padre y por un guía, un indígena del pueblo yaqui que siempre le contaba historias.

La memoria involuntaria y el descubrimiento de Otro México
Alberto Ruy Sánchez había olvidado esa primera infancia hasta que, en 1975, al visitar el Sahara por primera vez, todo vino a su mente de golpe. De ese acto de memoria involuntaria él construyó una relación especial con el desierto de Marruecos y particularmente con una ciudad que fue alguna vez puerta de las caravanas transaharianas: el antiguo puerto de Mogador, desde 1955 renombrado Essaouira. E hizo de él escenario de la mayoría de sus novelas y relatos. Como explica en su ensayo.1 Los nueve regalos que me dio Marruecos: «Mi primer viaje a Mogador se hizo más profundo y prolongado de lo que yo podía haber sospechado. Primero tuve el impacto de descubrir un lugar que a pesar de la distancia geográfica de México me provocaba una potente sensación de reconocimiento, mucho más grande que la que cualquier mexicano tiene al llegar a España. Una extraña combinación de lenguaje corporal, arquitectura, geografía y objetos artesanales me hacían sentir que me adentraba en Otro México (…) Nuestra cultura se deriva sin duda de cinco siglos de mestizaje entre pueblos indios y españoles, pero no debemos dejar de lado el hecho de que una amplia vena árabe corre en nuestra venas y que nos llegó a través de los cuerpo españoles. No se puede olvidar que durante ocho siglos dos terceras partes de lo que ahora son España y Portugal fueron árabes en sus maneras y vivieron, hicieron cerámica y ropa y edificios al modo de la civilización andalusí.»

La cultura barroca y el valor de los sentidos
Alberto Ruy Sánchez recibió una seria educación humanística en los colegios jesuitas. De ahí obtiene «una tenaz noción barroca del mundo como una realidad compleja que sólo puede ser comprendida y vivida plenamente tanto a través de la inteligencia como de los sentidos». Así, en su poética narrativa siempre está presente como un principio artístico el modo barroco de escuchar con los ojos, mirar con los dedos y los oídos, gustar con el olfato.2

El placer de escuchar y contar historias
La extensa familia sonorense emigrada a la ciudad de México se reunía con frecuencia a contar historias. De ahí surgió su deseo de convertirse en escritor, «a partir del enorme placer de escuchar y contar historias y admirando tanto la destreza de quienes lo hacían como el valor de lo compartido».3 Un deseo confirmado muchos años después, cuando visitó Marruecos y estuvo en la Plaza Xemaá-el-Fná de Marrakech, cuyos contadores de cuentos tradicionales han sido considerados por la Unesco Patrimonio Oral de la Humanidad (junio de 1977).4

Una búsqueda doble
Un cuarto hilo biográfico presente en su trabajo (después del descubrimiento de otro México, el valor barroco de los sentidos y el placer de contar historias) es el hecho de que Alberto Ruy Sánchez considera que sus novelas son parte de una búsqueda. Por una parte, búsqueda de conocimiento en el doble sentido de saber más sobre la vida y también en el sentido de ir más allá de una realidad condicionada: investigación y trascendencia. Su búsqueda tiene un nombre: el deseo. Comenzó a escribir en un esfuerzo por comprender el deseo femenino a través de historias que las mujeres le contaban o de las que le tocó ser testigo. Y de ahí surgió su novela Los nombres del aire. Con ella inauguró un ciclo que incluiría más tarde En los labios del agua; los jardines secretos de Mogador; Nueve veces el asombro; y algunos otros títulos mogadorianos. Todos ellos escritos a lo largo de veinte años aproximadamente. Como cada libro publicado provocaba una respuesta masiva de correo de lectoras que hacía suyo el relato, Alberto Ruy Sánchez comenzó a integrar una parte de esa reacción en cada nuevo libro de la serie.5 Podría haber una explicación de esta obsesión de hacer de la obra una búsqueda, en el hecho de que, entre los múltiples trabajos que llevó a cabo como estudiante en París, fue estudiante de Tantra y después instructor. El doble sentido de la palabra Búsqueda en sus libros, como investigación sobre el deseo sexual y como trascendencia espiritual a través del cuerpo tiene tal vez en el tantra una de sus explicaciones aunque el autor no lo hace explícito. De todo esto se deriva un tercer sentido de la palabra búsqueda: la búsqueda de producir un objeto artesanal y artístico de alta calidad, cuando declara que sus libros son «objetos materiales, composiciones geométricas y artesanales que pueden ayudar a los lectores a pensar, a sentir, a vivir, a comprender y mejorar sus vidas»

Iniciación
De 1975 a 1983 vivió en París, donde estudió con Roland Barthes, su director de tesis. Siguió los seminarios de los filósofos Michel Foucault, Jacques Rancière, Gilles Deleuze, Francois Châtelet, y del historiador del arte André Chastel. Recibió el doctorado en la Universidad de París VII. De regreso en México, de 1984 a 1987 fue jefe de redacción y luego editor de libros en la revista Vuelta, dirigida por Octavio Paz, quien lo consideraba «uno de nuestros mejores ensayistas: su escritura es nerviosa y ágil, su inteligencia aguda sin ser cruel, su ánimo compasivo sin condescendencia ni complicidad (…) es también el más raro de los escritores mexicanos, un verdadero poeta cosmopolita que cuenta historias desde un territorio más amplio que un país, porque es el poeta de la piel. Por eso su lenguaje es el tacto, el sentido que implica a todos los demás». Y el cubano Severo Sarduy escribió: «inventó no sólo novelas sino un nuevo modo de aprender a leer, desde la fulguración».

Obras

Novelas

1987. Los nombres del aire.
1996. En los labios del agua
1998. De agua y Aire. Disco.
2001. Los jardines secretos de Mogador.
2005. Nueve veces el asombro.
2007. La mano del fuego.
2014. “Quinteto de Mogador.”
Relatos y cuentos

1987. Los demonios de la lengua.
1994. Cuentos de Mogador.
1999. De cómo llegó a Mogador la melancolía.
2001. La huella del grito.

Ensayos

1981. Mitología de un cine en crisis.
1988. Al filo de las hojas.
1990. Una introducción a Octavio Paz. Nueva edición en 2013.
1991. Tristeza de la verdad: André Gide regresa de Rusia.
1992. Ars de cuerpo entero.
1995. Con la Literatura en el cuerpo.
1997. Diálogos con mis fantasmas.
1999. Aventuras de la mirada.
2000. Cuatro escritores rituales.
2011. La página posible.
2011. “Elogio del insomnio”
2014. “Octavio Paz: cuenta y canta la higuera.”
Poesía

1990. La inaccesible.
2006. “Lugares Prometidos”.
2006. “El bosque erotizado”.
2011. “Decir es desear.”

El Librero de Alberto Ruy Sánchez

Vista de fuera, nadie imaginaría que dentro de esa casa hay una gran biblioteca dividida por autores y en orden alfabético. Se trata de los libros del escritor mexicano Alberto Ruy Sánchez (1951), quien admite que no los colecciona. El autor de volúmenes como Los demonios de la lengua, En los labios del agua, Los jardines secretos de Mogador, Elogio del insomnio y, recientemente, Quinteto de Mogador, nos contó esto sobre su(s) librero(s).

 

Quinteto de Mogador

Sobre el hecho de que amar es como leer un libro erótico que en nuestras manos constantemente se transforma.Sobre la absoluta imposibilidad de describir con certeza el fuego desde el fuego.Essaouira o Mogador, ciudad marina, amura­llada y laberíntica, ciudad de deslumbrante belleza, deseable, de­seante y nunca de verdad poseída, metáfora de la búsqueda amo­rosa y a la vez de la mujer amada. ¿Pero de verdad existe Mogador o, como aseguran algu­nos, es el nombre de una mujer descrita como un puerto? ¿Por qué dicen que ella siempre seduce pero nunca se la posee com­pletamente?El deseo se dibuja en Mogador con cinco colores o cinco elementos: aire, agua, tierra, fuego y la quintaesencia, el asombro. Los cinco libros que forman el Quinteto de Mogador —Nueve veces el asombro, Los nombres del aire, En los labios del agua, Los jardines secretos de Mogador y La mano del fuego—, reunidos por primera vez en un solo volumen, construyen un microcosmos en cuyo centro late la búsqueda del amor y, a la vez, de la mujer amada.Aire devorado por el agua que absorbe la tierra y sus jardines, que consume ávidamente el fuego. Vista en su conjunto y con asombro, piensa ella recorriendo con la mirada los círculos espirales del Quinteto de Mogador, esta habitación de azulejos y caligrafía que hemos construido es como una máquina para ayudarnos a vivir y pensar el deseo. Un lugar donde mil y una historias, revelaciones e ideas, desde hace más de veinte años se nos entretejen. Y uno puede deambular entre los círculos y las piezas con enorme desenvoltura. El gusto de leer a saltos y a ratos, mirar al azar, escuchar por placer lo que nos plazca de todo lo que nos ofrecen.

9786073130516

 

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