Rómulo Gallego, el escritor campirano.

¿Quién fue Rómulo Gallegos?
Rómulo Gallegos Freire fue un novelista y político venezolano, nacido en Caracas el 2 de agosto de 1884. Se le ha considerado como el novelista venezolano más relevante del siglo XX y uno de los más grandes literatos latinoamericanos de todos los tiempos, algunas de sus novelas como Doña Bárbara han pasado a convertirse en clásicos de la literatura hispanoamericana.

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Ejerció el cargo de Presidente de Venezuela en 1948 por escasos nueve meses, y se convirtió en el primer mandatario presidencial del siglo XX elegido de manera directa, secreta y universal por el pueblo venezolano, y ha sido el Presidente de la República que ha obtenido el mayor porcentaje de votos a su favor en elecciones populares celebradas en el país en todos los tiempos, con más del 80% de la totalidad de los votos.
El Escritor

En sus comienzos como narrador, Rómulo Gallegos publicó Los Aventureros (Caracas, 1913), una colección de cuentos. Otros relatos son recopilados en La Rebelión y otros cuentos (Caracas, 1946) y La Doncella y el Último Patriota (México, 1957). Su período como cuentista abarca desde 1913 hasta 1919, aunque otros cuentos se publicarán en 1922. En sus obras siempre mantendrá el realismo, las cuales se dividen en tres temáticas fundamentales: Los de crítica de costumbres, los de ambiente criollo donde plantea la antinomia civilización y barbarie, y los que describen pasiones, desequilibrios y anormalidades.

Sus novelas reflejan su interés por la vida del campesinado venezolano. Su primera novela, El último Solar (1920), la reeditaría en 1930 con el título de Reinaldo Solar que relata la historia de la decadencia de una familia aristocrática a través de su último representante, en el que se adivina a su amigo Enrique Soublette, con quien fundará en 1909 la revista Alborada. En 1922 escribe El forastero pero lo publica empezando el año de 1942 por temor a la reacción del dictador Gómez. En 1922 logra publicar La rebelión y en 1925 publica La Trepadora, retratando en ambas el problema del mestizaje, planteando como solución los matrimonios mixtos. En 1926 viaja a Europa y en Lourdes redescubre su fe perdida.

En 1927 viaja para presenciar los llanos venezolanos y así documentarse para su próxima novela. El resultado sería Doña Bárbara publicada en 1929. Doña Bárbara representa aquella Venezuela cruel, insensible por la corrupción, traición, despotismo, falta de libertad, latifundismo e injusticia y brujería; pero en el melodrama se muestra que en la realidad existía también una raza buena que ama, sufre y espera para luchar contra la dictadura desenfrenada de aquel entonces, gente representada por Santos Luzardo. Esta novela lo llevaría al reconocimiento público, fue la más exitosa de sus obras. El dictador Juan Vicente Gómez al ver su prestigio, lo nombró en 1931 senador por el estado de Apure, pero sus convicciones democráticas lo hicieron renunciar al cargo y expatriarse, exiliándose en 1931 a Nueva York.

En 1932 va a España y permanece allí hasta que en 1935 muere el dictador y Rómulo Gallegos decide volver a Venezuela. En el año de 1934 publica Cantaclaro, y en 1935 Canaima. Así como para Gallegos el mestizaje era la solución de los conflictos entre mantuanos e indígenas, el mestizaje también sería la solución de los conflictos de civilización y barbarie.

En el año 1937 publica Pobre negro, en 1942 El forastero, y al año siguiente Sobre la misma tierra. En 1951 publica La brizna de paja en el viento. En 1952 comienza a redactar su última novela Tierra bajo los pies, que permanecería inédita hasta su tardía publicación en 1973.
El Político

Comenzó su carrera política a muy temprana edad militando en oposición al dictador Juan Vicente Gómez. En 1937 Gallegos es elegido diputado y poco a poco abandonará la literatura para dedicarse a la política. Cuando el general López Contreras asume la presidencia, se inicia una era reformista en Venezuela y fue nombrado en 1936 Ministro de Educación en el gobierno de Contreras, pero sus esfuerzos para llevar a cabo una profunda reforma escolar fracasaron, y se le obligó a dimitir.

En 1941 el partido democrático nacional Acción Democrática, del cual figura fundador, propone a Gallegos como presidente. En 1945 participó en el golpe militar que llevó al poder a Rómulo Betancourt como presidente provisional del país, y fue en las primeras elecciones libres de Venezuela de 1947 cuando es elegido presidente de la nación.

Toma el cargo el 15 de febrero de 1948 pero en noviembre del mismo año el ejército se subleva en el Golpe de estado de 1948 bajo el mando de una junta militar encabezada por Carlos Delgado Chalbaud y lo destituyen de su cargo; muere así la experiencia democrática.

Exiliado de nuevo, va a Cuba y a México en 1949, Rómulo Gallegos regresó a su país al ser liberado éste de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958, pero ya no se dedicaría a la política.

Vivió en Caracas hasta el día de su muerte, el 5 de abril de 1969.
Algunas de sus mejores frases:

“Bien vale la pena sufrir contratiempos y penalidades – en mi caso, desconocimiento de derecho legítimo y privación del goce de la Patria- si al cabo de ello, un buen día nos sale un rasgo de nobleza humana que nos restituya la fe que hayamos perdido.”

“La llanura es bella y terrible, a la vez; en ella caben holgadamente, hermosa vida y muerte atroz.”

“Las cosas vuelven al lugar de donde salieron.”

“Siempre es bueno cuando se tienen amores ausentarse por algún tiempo. Así podemos cerciorarnos de si es cariño efectivo el que nos tienen o es capricho pasajero.”

“Todo horizonte, todo caminos. Marisela: rescatada de la barbarie por virtud del amor y de la voluntad civilizadora.”

 

Su obra literaria

 

Novelas
Reinaldo Solar (1920)
La trepadora (1925)
Doña Bárbara (1929)
Cantaclaro (1934)
Canaima (1935)
Pobre negro (1937)
El forastero (1942)
Sobre la misma tierra (1943)
La brizna de paja en el viento (1952)
El último patriota (1957)
Tierra bajo los pies (1973)
Libros de cuento
La doncella y el último patriota
Los aventureros
La rebelión y otros cuentos (1946)
Cuentos completos (1981)
Teatro
Los ídolos. Drama en cuatro actos. Caracas. (1909)
Los predestinados. Caracas, La Alborada, n° 2, 14 de febrero (1909)
El Motor. Drama en tres actos. Caracas. Julio (1910)
El milagro del año. (1915), publicada en Obras selectas, Madrid, Edime (1959)
Otros
Una posición en la vida (1954), ensayos

 

” Doña Bárbara” , en la que la llanura venezolana es el personaje central, es su obra de mayor éxito. En ella dramatiza el conflicto entre civilización y barbarie que a su parecer definía el ser de Venezuela y su realidad. El final feliz simboliza un futuro esperanzador para el país.

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El último de sus libros publicados es Cuentos Completos, que vio la luz en el año 1981.

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Ricardo Piglia: “Uno escribe porque está desajustado con la vida”

Muchas veces, a lo largo del tiempo, me he puesto a pasarlo a máquina; es un trabajo brutal. Pero yo creo que lo voy a tratar de publicar. No dejarlo como libro póstumo, ¿no?”. En ese momento de la grabación se escucha la risa de Ricardo Piglia, una risa seca y gozosa, moldeada al hábito recurrente de mofarse de sí mismo, como quien dice “no me tomen demasiado en serio”. Era el 11 de agosto de 2010 y Piglia acababa de publicar la novela Blanco nocturno (Anagrama). En su estudio, un piso alto de Barrio Norte, a pesar de ser invierno, hacía calor y él había comprado uvas. De su diario se conocía, por entonces, poco. Grageas, pequeños trazos reproducidos en su libro Prisión perpetua que se expandieron con la publicación, a partir de 2011, de fragmentos más largos en Babelia. Se suponía que había comenzado a escribirlo en 1957, pero la pregunta por el diario persistía: ¿esos más de cincuenta años de escritura tenían existencia real, iban a publicarse alguna vez? Aquella tarde, casi a modo de prueba socarrona, Piglia metió la mano en una de las cajas de cartón que llenaban la sala (quizá por ser un zurdo a quien en el colegio obligaron a escribir con la derecha, las manos de Piglia siempre han tenido una gestualidad magnética, una mezcla de potencia y torpeza, como si fueran las de un boxeador que controla sus movimientos para no destrozar nada). De allí sacó, al azar, una libreta negra marca Congreso. La abrió y leyó algunas frases en voz alta, repitiendo: “¿Qué dice acá?”. Esas libretas se conseguían, según él, en una sola librería de Buenos Aires: “Cuando se terminen no escribo más, pero no el diario, nada más. Sería buenísimo, ¿no? Se terminan los cuadernos y se termina todo”, dijo.

Las libretas ya no se consiguen, pero, cinco años después de aquella tarde, Piglia sigue escribiendo y en septiembre de 2015 publicó el primer volumen —se esperan dos más— de ese diario de características legendarias. Se titula Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación, abarca una década —desde 1957, cuando tenía 16 años, hasta 1967—, fue elegido por los colaboradores de Babelia como el mejor libro de 2015 y es un acercamiento salvaje al proceso por el cual alguien deviene escritor y cómo, para lograrlo, se transforma antes en un lector bestial, pasando por todas las instancias de perplejidad, duda, epifanía y desánimo que atraviesa cualquier artista joven.

El nombre completo de Ricardo Piglia es Ricardo Emilio Piglia Renzi. Emilio Renzi, el personaje que aparece reiteradamente en sus libros, es su alter ego: un escritor y periodista al que le gustan las pelirrojas. El documental 327 cuadernos, dirigido por el argentino Andrés Di Tella, se estrenó este año, pero comenzó a rodarse en 2010. Ya allí Piglia expresaba su deseo de publicar el diario firmado por Emilio Renzi: “No sé si tendré el coraje”, decía. Finalmente, eso fue lo que hizo: atribuir el diario al personaje que también es él.

Sigo leyendo y escribiendo. Estoy de buen ánimo porque sigo dándole poca importancia a la realidad”
—Me pareció más verdadero y más sincero hacer ese desplazamiento, cambiar de lugar y evitar el peso de la escritura personal —responde Piglia por correo electrónico el 7 de diciembre de 2015—. Un nombre falso, siempre me gustó ese juego. No soy el que soy. ¿Quién enuncia? Ahí está el problema de la literatura. Todo el material es mío, se trata de mi vida, pero contada como si fuera la de otro. No me gustan las confesiones, hay que darles un giro irónico a las intimidades, creo.

En el diario Piglia anota: “A veces pienso que tendría que publicar el libro con otro nombre, cortar así del todo los lazos con mi padre, contra el cual, de hecho, he escrito este libro y escribiré los que siguen. Dejar de lado su apellido sería la prueba más elocuente de mi distancia y mi rencor”; y “es mi abuelo Emilio quien va a pagarme la carrera porque rompí con mi padre, que me amenazó de un modo absurdo cuando supo que no pensaba estudiar medicina como él”. Cuando Piglia tenía 16 años, su padre, un médico peronista perseguido por el antiperonismo, decidió abandonar Adrogué, un suburbio de la ciudad de Buenos Aires, y mudarse con la familia a Mar del Plata. El primer efecto que esa mudanza tuvo en Piglia (un adolescente que prefería frecuentar billares a ir al colegio y que había leído muy poco: apenas La peste, de Camus, para conquistar a una chica) fue el impulso de comenzar un diario. De hecho, la primera entrada, de 1957, es esta: “Nos vamos pasado mañana. Decidí no despedirme de nadie. Despedirse de la gente me parece ridículo. Se saluda al que llega, al que uno encuentra, no al que se deja de ver (…). Todo lo que hago me parece que lo hago por última vez”. Los diarios de Emilio Renzi, sin embargo, no empieza con esa entrada, sino con una nota del autor en la que el autor del diario se refiere al autor del diario —que es, a su vez, el alter ego del autor del diario— en tercera persona, estableciendo un juego de espejos que recorrerá el libro en relatos o ensayos que se intercalan entre año y año. “Había empezado a escribir un diario a fines de 1957”, dice esa nota, “y todavía lo seguía escribiendo. Muchas cosas cambiaron desde entonces, pero se mantuvo fiel a esa manía (…)”. Muchas cosas cambiaron desde entonces, y una de las tantas es el hecho de que desde hace un tiempo Piglia está, usando sus palabras, “embromado de salud” (jamás dice “enfermo”), afectado por esclerosis lateral amiotrófica, y debe escribir con ayuda. Pero todo lo demás —la escritura, la lectura, él como frontón donde rebota el humor de una inteligencia escalofriante— se mantiene igual.

—¿La salud no interfiere en su ánimo para producir?

—He seguido trabajando, con ayuda. Hay muchas cosas que ya no puedo hacer, pero puedo seguir leyendo y escribiendo como siempre, sin que eso sea un juicio de valor. Estoy de buen ánimo porque sigo dándole poca importancia a la realidad.

Cuando en septiembre pasado le entregaron el Premio Formentor de las Letras, su editor, Jorge Herralde, leyó un texto que recordaba: “En octubre del año 2000 tuve físicamente en mis manos el primer libro que publicamos de Ricardo Piglia: Formas breves (…). Cuando ese inesperado aerolito aterrizó aquí, Ricardo Piglia era un escritor casi desconocido en España”. A principios de siglo, Piglia no era conocido en España, pero al otro lado del océano ya era un autor central. Después de dos libros de relatos (La invasión, Nombre falso), había publicado la novela Respiración artificial, de 1982, que lo puso en un lugar clave, y a eso siguieron los ensayos de Crítica y ficción (1986), la nouvelle Prisión perpetua (1988), la novela Plata quemada (1997), entre otros. Si desde Plata quemada y hasta Blanco nocturno pasó 13 años sin publicar una novela, apenas tres después de aquella última publicó otra: El camino de Ida. Desde entonces, su capacidad de producción se multiplicó: dio clases magistrales por televisión —Borges por Piglia, en 2013—, publicó dos libros —Antología personal (2014) y La forma inicial (2015)— y adaptó Los siete locos, de Roberto Arlt, a una versión televisiva. Ahora, además de seguir revisando los diarios, escribe relatos protagonizados por el comisario Croce, su personaje de Blanco nocturno.

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—Ya he escrito varios y espero seguir con cinco o seis más hasta completar un volumen que incluya todos los casos de Croce.

—¿Seguís llevando el diario?

—Sí, pero con otra dinámica, ahora es un diario de trabajo, en el tercer tomo he llegado hasta el presente, pero con desvíos y elipsis. Un diario de madurez, digamos, con saltos y sobrentendidos.

Los diarios de Emilio Renzi registran la minucia —“Recibí carta de José Antonio, desde Nueva York. No le gusta la comida, fascinado con la biblioteca”—, pero son, sobre todo, apuntes del incierto proceso de formación de un escritor: “Cuando releo lo que tengo escrito de la monografía me quiero morir. ¿De dónde saqué que yo soy un escritor?”. “Con cincuenta pesos en el bolsillo y sin comer, viajo en tren a La Plata (…) sin encontrar la calma que necesito para escribir. Una calma que se define para mí como ausencia de pensamientos. No pensar para poder escribir, o mejor, escribir para lograr pensamientos no del todo pensados que definen siempre el estilo de un escritor”.

—Uno escribe y elige lo imaginario porque está desajustado en relación con la vida —dice Piglia—. Esto no supone ningún privilegio ni garantiza una profundidad, es una grieta entre la experiencia y el sentido, no entiendo cómo se produce y de dónde viene ese pensar de más y esas leves alucinaciones y por eso tal vez escribo un diario, para mantener a raya esa extrañeza, pero no he logrado más que confusión. Es cómico, uno busca entender lo que le pasa y sólo logra estar más perplejo.

—El tono es muy homogéneo. ¿Estamos leyendo al Piglia que escribía a los 16 años o al que escribe ahora?

Mi relación con la escritura es la misma. Son horas de gran plenitud que están en el centro de mi vida”
—Lo esencial de un diario es que no se corrige, es lo más parecido a la noción surrealista de la escritura automática, uno escribe en el momento, se deja llevar por un impulso espontáneo casi demencial. Se registra lo que se vive sin distancia, lo que tiende al presente, pero al transcribir, uno ya es otro. Lo más difícil para mí fue entender mi letra, ¿qué dice acá?; entonces a veces tenía que inventar lo que me parecía, pero he sido fiel a lo que estaba escrito. Al principio uno escribe muy bien, luego se va arruinando.

Claro que si el diario refleja su formación como escritor, también refleja, inevitablemente, su formación como lector. Un lector que a los 16, 18, 20 años opina sobre las diferencias de estilo entre Salinger y Arlt y anota sus impresiones sobre Dostoievski, Faulkner, Pavese, Borges, pero también sobre los escritores de su generación como Miguel Briante o Juan José Saer.

–¿Su relación con la escritura ha cambiado? ¿Ocupa un lugar distinto?

—Sigue siendo lo mismo, son horas de gran plenitud que están en el centro de mi vida. Lo difícil es, como siempre, pasar del otro lado, entrar en la escritura y dejar en suspenso lo real.

—¿Hay algo de su reacción ante estos problemas de salud que le haya sorprendido?

—Bueno, la experiencia de la enfermedad es la de la injusticia en estado puro: “¿Por qué a mí?”, se pregunta uno, y cualquier explicación es ridícula y no tiene sentido. La sensación de injusticia llama a la rebelión y a la lucha, entonces uno no se queja y eso es un alivio.

El libro se cierra con un texto, ‘Canto rodado’, donde el distanciamiento de sí mismo que Piglia se impuso alternando la primera y la tercera persona llega a su expresión máxima, con un despliegue emocionante de recursos y destreza narrativa. Escribe Piglia que dice Renzi: “(…) dijo Renzi, que parecía haber empezado a desvariar un poco, como le venía sucediendo cada vez con más frecuencia desde que estaba enfermo, no enfermo, él jamás usó esa palabra, estaba, para decirlo como él, ‘un poco embromado’, como decía loco de pánico, ‘no tengo dolores, sólo una pequeña perturbación en la mano izquierda, que es mi mano buena, o mejor dicho, fue mi mano buena porque soy zurdo (…)’. Por ese motivo tuvo que contratar a una asistente a la cual dictarle su diario (…). Por eso, continuó (…), trabajo ahora con mi musa mexicana (…), entiende a medias lo que yo le digo (…), así que cuando después de un rato le pido que me lea lo que hemos escrito, ella, con su español más nítido, me lee unas páginas en donde lo que yo he dicho es apenas una sombra turbia en medio de palabras puras y precisas con las que ella ha mejorado mi lectura de lo que está escrito a mano desde hace años en mis cuadernos”.

Los diarios de Emilio Renzi están dedicados a Beba Eguía, la mujer de Piglia, y a Luisa Fernández, “la musa mexicana” que lo ayuda a transcribir.

Ricardo Piglia, el contador de historias

 

Ricardo Piglia es, posiblemente, uno de los escritores vivos más importantes de Argentina y América Latina. Es un heredero directo de grandes nombres como Jorge Luis Borges o Macedonio Fernández y no niega la influencia que sobre él ha tenido la literatura norteamericana del siglo XX. Sus novelas suelen apropiarse de estructuras policiales para desembocar, por lo general, en experimentos narrativos que, a pesar de su complejidad, han logrado capturar innumerables lectores.

Philip Larkin, el poeta solitario.

Acerca del poeta…

Philip Arthur Larkin, CBE (9 de agosto de 1922-2 de diciembre de 1985) fue un poeta, bibliotecario, novelista y crítico de jazz británico. En 1945 publicó su primer libro de poesía, El barco del norte, al que le siguieron dos novelas, Jill (1946) y Una chica en invierno (1947), pero adquirió notabilidad en 1955 con la publicación de su segunda colección de poemas, Un engaño menor, seguido por Las bodas de Pentecostés (1964) y Ventanas altas (1974). Entre 1961 y 1971, trabajó en el periódico The Daily Telegraph como su crítico de jazz (sus artículos fueron compilados posteriormente en All What Jazz: Escritos sobre jazz 1961–71, de 1985), y editó The Oxford Book of Twentieth-Century English Verse (1973).  Recibió varios honores, incluyendo la Queen’s Gold Medal for Poetry. En 1984, después de la muerte de John Betjeman, le fue ofrecida la posición de poeta laureado del Reino Unido, la cual rechazó. Es considerado por la crítica como uno de los poetas ingleses más aclamados de la segunda mitad del siglo XX.

Después de graduarse de Oxford en 1943 con títulos en inglés y literatura inglesa, Larkin comenzó a trabajar como bibliotecario. Durante los treinta años en los que se desempeñó como bibliotecario universitario en la Biblioteca Brynmor Jones de la Universidad de Hull produjo la mayor parte de su obra publicada. Sus poemas están marcados por lo que el poeta inglés Andrew Motion describe como una «exactitud melancólica y muy inglesa para tratar las emociones, los lugares y los relaciones». Eric Homberger mencionó que Larkin era «el corazón más triste en el mercado de posguerra», y el mismo Larkin dijo que la pobreza era para él lo que los narcisos eran para Wordsworth. Influenciado por W. H. Auden, W. B. Yeats y Thomas Hardy, sus poemas están formados por versos muy estructurados pero flexibles. Jean Hartley, la exesposa del editor del poeta, George Hartley (The Marvell Press) los describió como «una mezcla estimulante de lirismo y descontento», aunque el antólogo Keith Tuma aseguró que hay más en la obra de Larkin que lo que sugiere su reputación de pesimista adusto.

La personalidad pública de Larkin era la de un inglés solitario e insensato a quien no le gustaba la fama y que no tenía paciencia para los enredos de la vida literaria pública.6 En 1922, cuando el poeta y escritor Anthony Thwaite publicó de manera póstuma sus cartas, se generó una controversia sobre su vida personal y sus opiniones políticas, descrita por John Banville como escalofriante, pero también divertida en cierto punto. La historiadora británica Lisa Jardine lo describió como un «racista empedernido y misógino», pero el académico John Osborne sostuvo en 2008 que «lo peor que pudieron descubrir sobre Larkin fueron unas pocas cartas supinas y que le gustaba el porno más suave que el que entretiene a las masas». A pesar de la controversia, fue elegido en una encuesta de 2003 (casi dos décadas después de su muerte) organizada por la Poetry Book Society como el poeta más aclamado de los últimos cincuenta años, y en 2008 The Times lo nombró el mejor poeta de posguerra de Gran Bretaña.

En 2010, veinticinco años después de su fallecimiento, la ciudad donde vivía Larkin, Kingston upon Hull, lo conmemoró con el Festival Larkin 25.9 El festival culminó el 2 de diciembre, el día del vigésimo quinto aniversario de su muerte, con la revelación de una estatua erigida en su honor y esculpida por Martin Jennings.

 

 

Ventanas altas
Cuando veo a una pareja de jóvenes
Y supongo que él se la tira y que ella
Toma pastillas o usa un diafragma,
Sé que esto es el paraíso.

Todos los viejos lo han soñado en vida:
Dejar los nudos y gestos de lado
Como a una vieja trilladora y todos
Los jóvenes en largos resbalines

A la felicidad, sin fin. Pregúntome
Si alguien al verme hace cuarenta años
Luego pensó “Así será la vida;
No más Dios ni sudar cuando esté oscuro

Sobre el infierno y lo demás, debiendo
Guardar tu opinión sobre el cura. Él
Y su pandilla irán al resbalín
Como malditos pájaros libres. Y de inmediato
Más que en palabras, pienso en ventanas altas:
El vidrio que contiene al sol
Y más allá de él, el profundo azul del aire, que muestra
Nada, que está en ninguna parte y no tiene fin”.

 

La botella está vacía
A la una la botella está vacía,
A las dos el libro al fin cerrado,
A las tres los amantes ya duermen
Dándose la espalda
Terminados el amor y su comercio,
Y ahora las luminosas manecillas
Indican que son más de las cuatro,
Esa hora de la noche en la que los vientos errantes
Agitan la oscuridad.

Y estoy harto de este insomnio,
Tanto que casi puedo creerme
Que el silencioso río que sale a chorros de la cueva,
No es poderoso ni profundo,
Tan solo una imagen, una metáfora forzada.
Me acuesto y espero a que llegue la mañana, y con ella los pájaros,
Y los primeros pasos que bajan por la calle sin barrer,
Y las voces de muchachas protegidas con bufandas.

 

Al fracaso
No viniste al modo dramático, con dragones
De esos que se llevarían mi vida entre sus garras
Y me arrojarían ya desecho tras las caravanas
Con los caballos empanicados, ni como una frase
Que se enuncia claramente para apaciguar lo que pudo perderse,
Lo que sale del bolsillo y debe aguantar
Los gastos, ni como una fantasma al que se ve
Ciertas mañanas correr por el pasto.

Son estas tardes sin sol en las que descubro
Que te has instalado en mi hombro como el aburrimiento.
Los avellanos están cargados de silencio.
Soy consciente de que los días pasan más rápido que antes,
Que huelen diferente. Y que una vez que quedan atrás
Parecen arruinados. Ahí has estado por cierto tiempo.

 

Philip Larkin – ‘The Whitsun Weddings’ (1964)

 

Philip Larkin reads A Study of Reading Habits

Anne Tyler, la escritora de Baltimore…

Anne Tyler (Minneapolis,1941) se licenció en literatura rusa en la Universidad de Columbia, en Nueva York y trabajó como bibliotecaria antes de dedicarse por completo a la escritura.
A lo largo de su carrera ha publicado dieciocho novelas, entre las que destacan Ejercicios respiratorios, Premio Pulitzer, 1989, El turista accidental, galardonada con el National Book Critics Circle Award en 1986 y llevada a la gran pantalla, Reunión en el restaurante Nostalgia, que obtuvo el PEN/Faulkner Award, 1983, y El matrimonio Amateur, elegida por el New York Times como uno de los libros más destacados de 2004. Es miembro de la American Academy of Art and Letters y se le considera un clásico de la literatura contemporánea.
Desde hace años, Tyler vive con su familia en Baltimore, donde se ambientan casi todas sus novelas.

 

Joyce Carol Oates ha destacado las dobles vueltas de una memoria acumulativa que se halla presente en los protagonistas de sus mejores narraciones.2 Sus libros exaltan el heroísmo singular de algunos personajes así como sus fracasos, en una escala reducida, durante episodios de la vida doméstica de sus próximos y de ellos mismos (en los que predominan los varones).

Tyler es conocida por varias de sus novelas (algunas se convierten en bestsellers), pero no acepta reportajes y muy rara vez acude a giras de promoción, ni hace apariciones públicas. En cambio, Tyler hizo una vez una entrevista a Eudora Welty, la escritora sureña a la que más admira (ccomo se percibe bien en El tránsito de Morgan).3 Pero también aprendió ruso, por prvocación y por afición, ya que le gusta “la pureza y claridad” tanto de Chejov como de Tolstoi (del que suele releer Anna Karenina).

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 The Daily Telegraph. Portrait of American author Anne Tyler, photographed at The Gore hotel in Kensington, west London. Monday April 02, 2012.

Acaso por su educación inicial, cuáquera, no teme al silencio, rasgo que la define en buena medida. “No soy religiosa, pero esto me ha influido muchísimo, probablemente más de lo que yo misma creo. Estas comunidades estaban muy aisladas, en medio de la naturaleza, y esto te enseña a sentirte fuera. Nunca había hablado por teléfono hasta que salí de allí. Pero ello de ser un extraño es algo muy útil para un escritor, porque miras al mundo con distancia y te sorprende un poco más que a los demás”, declaraba en 2013. “Además, me ayudó a tener ese sentido de receptividad, esa actitud de que me siento callada y dejo que la historia llegue cuando quiera”.5

Obra
Novelas
Si llega a amanecer (If Morning Ever Comes, 1964)
The Tin Can Tree (1965)
Cuesta abajo (A Slipping-Down Life, 1970)
The Clock Winde (1972)
Celestial Navigation (1974)
Buscando a Caleb (Searching for Caleb, 1975)
Earthly Possessions (1977)
El tránsito de Morgan (Morgan’s Passing, 1980)
Reunión en el restaurante nostalgia (Dinner at the Homesick Restaurant, 1982)
El turista accidental (The Accidental Tourist, 1985)
Ejercicios respiratorios (Breathing Lessons, 1988)
Casi un santo (Saint Maybe, 1991)
¿Qué fue de Delia Grinstead? (Ladder of Years, 1995)
A Patchwork Planet (1998)
Cuando éramos mayores (Back When we were Grownups, 2001)
El matrimonio amateur (The Amateur Marriage, 2004)
Propios y extraños (Digging to America, 2006)
La brújula de Noé (Noah’s Compass, 2009)
El hombre que dijo adiós (The Beginner’s Goodbye (2012)
Libros infantiles
Tumble Tower (1993), ilustrado por su hija Mitra Modarressi
Timothy Tugbottom Says No! (2005), ilustrado por Mitra Modarressi.
Otros relatos
Muchas de sus historias cortas fueron publicadas en The New Yorker, The Saturday Evening Post, Redbook, McCall’s y Harper’s Magazine, pero no aparecieron en forma de colección, algunas de estos relatos son:

Average Waves in Unprotected Waters (1977)
Teenage Wasteland (1983)

 

Su más reciente novela: El hilo azul

“El hilo azul”, la nueva novela de Anne Tyler, que muestra lo peor y lo mejor de nosotros mismos. Tyler es una novelista estadounidense que ganó el premio Pulitzer en 1989 por “Ejercicios respiratorios” y fue finalista a dicho premio en 1984. Desde hace años vive con su familia en Baltimore, donde están ambientadas casi todas sus obras. “El hilo azul” es su novela más reciente y ha sido elegida como mejor novela del mes por Amazon.

A continuación os dejo la sinopsis de una historia que tiene el poder de emocionar huyendo de tópicos y sentimentalismos. Se trata de una obra que reúne todas las cualidades -inteligencia, humor y compasión hacia el ser humano- que han hecho de su autora una de las figuras más amadas y respetadas de nuestro tiempo.

Todas las familias guardan secretos, incluso las que parecen perfectas. Los Whitshank no son una excepción a esa regla, pero ¿quiénes son realmente los Whitshank? Pues una familia de clase media americana afincada en Baltimore desde 1920. A simple vista, parecen un clan unido por el afecto y la solidaridad. Sin embargo, pronto descubriremos que en el retrato que hacen de sí mismos solo aparece una parte de la fotografía.

«Era una hermosa tarde amarilla y verde, y soplaba una suave brisa…» Así es como Abby comienza siempre a relatar cómo se enamoró de Red Whitshank. Pero eso fue en julio de 1959, y ahora estamos en pleno siglo XXI. Abby y Red se han hecho mayores, los cuatro hijos que tuvieron son ya adultos y con el transcurso de los años no solo han acumulado momentos de ternura, armonía y felicidad; su historia también esconde celos, decepciones y engaños. Sin embargo, más allá de los silencios, incluso más allá de la muerte, los Whitshank nunca dejan de ser una familia. Basta a veces que una madeja de hilo azul caiga al suelo en un momento clave para saber que no estamos solos… Sucede así, incluso en las familias sencillas, incluso en las imperfectas.

A Spool of Blue Thread by Anne Tyler

¿Qué leen los que escriben? Eduardo Sacheri, (1 de 10)

Cada escritor tiene sus libros preferidos. Son lecturas que lo emocionaron o que influyeron en su obra, libros a los que vuelve una y otra vez.
Eduardo Sacheri elige los libros que lo marcaron. Una guía de lectura para tener en cuenta.

 

La vuelta al mundo en 80 días, Julio Verne
Los tigres de la Malasia, Emilio Salgari
Robinson Crusoe, Daniel Defoe
El túnel, Ernesto Sabato
El Aleph, Jorge Luis Borges
Cuentos completos, Julio Cortázar
Cuentos de los años felices, Osvaldo Soriano
Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez
Los miserables, Víctor Hugo
Los jefes – Los cachorros, Mario Vargas Llosa

 

CRONOLOGÍA de Eduardo Sacheri
1967 Nace en Castelar, provincia de Buenos Aires el 13 de diciembre.
1987 Comienza trabajar en Tribunales.
1993 Se recibe de Profesor de Enseñanza Secundaria, Normal y Especial en Historia, en la Facultad de Filosofía, Ciencias de la Educación y Humanidades de la Universidad de Morón.
Recibe el Premio de la Academia Nacional de la Historia, otorgado al mayor promedio en las asignaturas y semina­rios de Historia Argentina y Americana, y mejor promedio general en la carrera de Historia de la Universidad de Morón.
1995 Se desempeña como Profesor Adjunto en diversas asignaturas de la Facultad de Filosofía, Ciencias de la Educación y Humanidades, y de la Facultad de Informática, Ciencias de la Comunicación y Técnicas Especiales de la Universidad de Morón, hasta 2006.
1997 Es Profesor Adjunto de la asignatura Historia Económica y Social General, de la Facultad de Ciencias Econó­micas de la Universi­dad de Buenos Aires, hasta 2012.
1998 Se recibe de Licenciado en Historia en la Universidad Nacional de Luján.
Gana el Concurso Nacional de Cuento y Poesía “Ricardo E. Molinari”, organizado por la Sociedad Argentina de Escri­tores, por el relato de ficción Matar el tiempo.
“Escribir es un remedio para aquellos viejos dolores. Fue una forma de procesarlo y sigue siéndolo. Ocultar o enmascarar cuestiones mías en la ficción me resultó sumamente terapéutico. Empecé a escribir cuando con mi mujer estábamos pensando en ser padres, lo cual no es menor: me movilizó mucho eso de pensarme como padre. En mi casa se leía mucho. Mis viejos, odontólogos, eran muy lectores de ficción, de las colecciones de best sellers, no de autores eruditos. Yo conocí el placer de leer por ellos y con esos libros. Por eso suelo ser muy benévolo acerca de por dónde uno empieza a leer… Empezá por donde puedas, por donde se te dé, lo importante es que te enamores del hábito. Después verás a qué complejidades te le atrevés.” (Entrevista de Franco Varise, La Nación, 22 de junio, 2014)
2000 Publica los cuentos Esperándolo a Tito. (Galerna)
Esperándolo a Tito se hizo popular en el programa Todo con afecto, de Alejandro Apo en Radio Continental, donde el conductor leía los cuentos. Fue Apo quien ayudó a Sacheri a editar su trabajo y quien escribió el prólogo del libro.
“−¿El libro es una confluencia de tus pasiones?
−Es probable que sí. Me dio una posibilidad muy fuerte de comunicarme con gente que siente por el fútbol cosas parecidas a las que siento yo. A mí, el fútbol me apasiona sobre todo jugarlo, a pesar de que nunca jugué profesionalmente. A partir de los cuentos que comencé a divulgar, noté que yo cuento una historia y a vos te pega. Y desde allí podemos charlar, encontrarnos, o sentir algo parecido. Para mí, el fútbol es una excusa, un medio, para encontrarte con otra gente con una pasión en común y compartir cosas.” (Entrevista a Eduardo Sacheri en castelar.com )
“Fútbol y literatura son dos constantes en la vida de Eduardo Sacheri: los libros lo acompañan desde los cuatro años, cuando su hermana le enseñó a leer y escribir, mucho antes de ingresar a la primaria; desde entonces ha sido un lector voraz, que disfruta la lectura como pocas otras cosas. El fútbol, leit motiv de buena parte de sus escritos, lo es desde que su papá -que murió cuando él tenía 10 años- le transmitió la pasión por el deporte que aún practica.” (Entrevista a Eduardo Sacheri, Revista Cabal digital)
2001 Aparece el libro de cuentos Te conozco, Mendizábal (Galerna)
2002 En España se publica el libro de cuentos Los traidores (RBA, España)
2003 Editorial Galerna publica Lo raro empezó después (Galerna)
2005 Aparece su novela La pregunta de sus ojos (Galerna)
2007 Publica los cuentos Un viejo que se pone de pie (Galerna)
2008 Alfaguara publica en Buenos Aires la novela Araoz y la verdad.
Recibe el Premio Vivalectura. Concurso nacional de experiencias de promoción de la lectura. Primer premio en categoría escuelas, por el trabajo Los adolescentes y la lectura: una alternativa premoderna para un problema posmoderno.
2009 Participa de la escritura del guión del film El secreto de sus ojos (Argentina – España, 2009). Basada en su novela La pregunta de sus ojos, con dirección de Juan José Campanella, ganadora del Premio Oscar a la mejor película extranjera.
“Esta historia estaba hace años dando vueltas por mi cabeza. De hecho hay un cuento en Te conozco, Mendizábal que se llama El hombre, que narra un día en la vida del viudo y el asesino. En el cuento, Morales se levanta y extraña a su mujer, se prepara el desayuno, sale al campo en un día de lluvia, va al galpón, lo abre y de repente dentro de una jaula hay un tipo. Y ahí termina el cuento. La historia ya estaba en mi cabeza más o menos completa, pero para poder hacerla primero escribí ese cuento. Para la novela necesité ponerle a Chaparro mis propias dudas: tiempos verbales, personas, cómo narrar lo que no vio, dónde terminar la historia, hasta dónde contarla. Fue muy liberador para mí tener esa posibilidad de que mis problemas fueran los problemas de Chaparro.” El escritor señala que La pregunta de sus ojos no es un policial. “Hay un crimen, una búsqueda, un hallazgo; pero escapa a los mecanismos esperables de un policial porque no hay una investigación eficiente y los personajes no son esos seres solitarios y sombríos de las novelas de detectives –explica Sacheri–. Esta novela es mucho más una reflexión sobre el castigo.” (Página 12, entrevista de Silvina friera, 3 de agosto, 2009)
2010 Es colaborador del diario El Mundo, de España.
“Me atraen siempre: el destino, la libertad, la muerte, el amor, la justicia, la solidaridad, el egoísmo. Dichos así en hilera suenan rimbombantes. El modo que encuentro de sacarles solemnidad y grandilocuencia es que se jueguen en tramas pequeñas y sencillas, como creo que se juegan en nuestra vida cotidiana. Los mismos temas con que se entretenían los griegos hace mil quinientos años son los que suceden en Tusango (como le decimos los locales a Ituizangó).” (Entrevista de Ana Larravide en elortiba.org)
2011 Publica la novela Papeles en el viento (Alfaguara)
“La historia de Papeles en el viento tiene mucho que ver con mi vida. Interrogarme sobre la muerte, sobre los vínculos, las herencias y los legados en nuestros hijos son preocupaciones permanentes. La escribí entre 2009 y 2010, cuando se estrenó El secreto de sus ojos y mi exposición pública se modificó mucho. Yo sentía que mi vida, en la superficie al menos, cambiaba muy rápido y deseaba tirar un ancla. Por eso no es casual que los protagonistas de Papeles… sean cuarentones y vivan en Castelar; que uno sea profesor como yo. Ese libro tuvo como función íntima anclar mi vida en mi propio mundo porque no me interesaba que se siguiera alejando. Estaba bien que mi historia fuera hacia ese lugar, pero no tenía ganas de ir yo con mi historia.” (La Nación, entrevista de Natalia Blanc, 29 de diciembre, 2014)
Es columnista de la revista El Gráfico, de Argentina, y de la revista Soho, de Colombia. Hasta la fecha.
2012 Publica las crónicas Aviones en el cielo (El Gráfico) y los cuentos Los dueños del mundo (Alfaguara)
“–¿Cómo surgieron sus columnas en El Gráfico y cómo resultó esa experiencia, más cercana al periodismo en su funcionamiento que a la literatura?
–La idea surgió de los muchachos que dirigen El Gráfico, con quienes nos conocíamos a raíz de alguna nota que me habían hecho. De entrada, temí no dar la talla para adaptarme a la periodicidad de una revista, o no encontrar temas interesantes para las columnas. Sin embargo, desde El Gráfico me dieron toda la libertad: “Escribí de lo que quieras, en la extensión que quieras”. Eso me facilitó enormemente las cosas. Además, la columna es un artefacto menos laborioso que un cuento: si bien posee demandas propias del relato, no es tan exigente a nivel del ritmo, de la tensión narrativa, ni del remate final de la historia. Elementos que, entiendo, son casi imprescindibles en los cuentos.” (Pagina 12, entrevista de Emanuel Respighi, 18 de noviembre 2012.)
2013 Aparece el libro de cuentos La vida que pensamos (Alfaguara)
Participa junto a Gastón Gorali del guión del film Metegol (Argentina – España, 2013), con dirección de Juan José Campanella, e inspirado en el cuento Memorias de un wing derecho, de Roberto Fontanarrosa.
“−¿Cómo ves la relación entre fútbol y literatura, y qué destacás de los principales referentes?
−Creo que esta relación es posible siempre y cuando el fútbol sea una mera puerta de entrada hacia otras cosas. Las otras cosas, las esenciales, que habitan en el alma de las personas y que son interpeladas por la literatura y por el arte. En cuanto a autores, siento que la Argentina y Uruguay han sido un lugar prolífico para el cuento de fútbol, porque tenemos una tradición cuentística fecunda, previa y ajena al fútbol (Quiroga, Cortázar, Borges, Bioy, Benedetti), que se nutrió después con dos cuentistas geniales a los que sí les gustaba el fútbol, y establecieron esa alianza: Roberto Fontanarrosa y Osvaldo Soriano.” (La Nación, entrevista 14 de junio, 2014)
2014 Publica la novela Ser feliz era esto (Alfaguara)
“Tenía ganas de enfrentar el desafío de pensar la historia desde una adolescente porque quería abandonar mis zonas seguras como escritor, por eso traté de ponerme en la voz de una mujer joven”, explica Sacheri en Telam Cultura el 12 de julio, 2014.
Es colaborador del diario La Nación, de Argentina.
2015 Alparece Las llaves del reino (Alfaguara) que nuclea artículos publicados en la revista El Gráfico entre 2011 y 2013.
Escribe el guión del film argentino Papeles en el viento, basado en su novela homónima, c dirección de Juan Taratuto.
Es columnista de literatura y cine en el programa Perros de la calle, conducido por Andy Kusnetzoff, en Radio Metro 95.1 FM.
Es Profesor de Historia en la Escuela Secundaria Básica N°17, Barrio Rivadavia, Pontevedra, Merlo, Buenos Aires, y Profesor de Culturas y Estéticas Contemporáneas en el Colegio Santo Domingo de Ramos Mejía, La Matanza, Buenos Aires.

BIBLIOGRAFÍA
Esperándolo a Tito. Cuentos. Buenos Aires, Galerna, 2000
Te conozco, Mendizábal. Cuentos. Buenos Aires, Galerna, 2001
Los traidores. Cuentos. RBA, España, 2002
Lo raro empezó después. Cuentos. Buenos Aires, Galerna, 2003
Un viejo que se pone de pie. Cuentos. Buenos Aires, Galerna, 2007
Araoz y la verdad. Novela. Buenos Aires, Alfaguara, 2008
La pregunta de sus ojos. Novela. Buenos aires, Galerna 2005, Alfaguara 2009
Papeles en el viento. Novela. Buenos Aires, Alfaguara, 2011
Aviones en el cielo. Crónicas. Buenos Aires, El Gráfico, 2012
Los dueños del mundo. Cuentos. Buenos Aires, Alfaguara, 2012
La vida que pensamos. Cuentos. Buenos Aires, Alfaguara, 2013
Ser feliz era esto. Novela. Buenos Aires, Alfaguara, 2014
Las llaves del reino. Crónicas. Buenos Aires, Alfaguara, 2015

Irvine welsh, un escritor sin pelos en la boca…

Irvine Welsh es un escritor muy característico. Su estilo es como un golpe a la mandíbula que te deja cao, lo que le ha dado un buen número de seguidores y otros tantos detractores. Utiliza un lenguaje informal, duro y callejero. Sus antihéroes suelen ser tipos marginales que a tus padres no les gustaría que tuvieses por amigos. Lleva unas cuantas novelas a sus espaldas y cuatro libros de relatos cortos.

Hemos dividido este artículo en las siguientes partes:El estilo literario de Irvine Welsh

Este autor es capaz de herir sensibilidades. Si bajamos a los barrios bajos de Leith, tenemos el ambiente y el vocabulario perfecto para describir la prosa de un tipo que plantea los conflictos morales y sociales de un modo claro y directo. Sin pelos en la lengua.

Crítica de sus novelas: Trainspotting
La novela por la que será recordado. También tratamos la próxima película de Danny Boyle, la segunda parte de Trainspotting, basada en la novela Porno.

Pesadillas de Marabú
A Irvine Welsh debería psicoanalizarlo Sigmund Freud.

Escoria
Un protagonista de lo más perverso.

Cola
La amistad de cuatro amigos como pegamento de unión.

Porno
La continuación de Trainspotting.Secretos de alcoba de los grandes chefs
Vuelta de tuerca a El Retrato de Dorian Grey.

Crimen
Un poli honrado persigue unos crímenes deleznables.

Skagboys
Volvemos a los personajes de Transpotting con esta precuela.

The sex lives of siamese twins
Un relación tan tórrida como perversa.

A Decent Ride

Vuelve todo un superviviente: Terry Lawson.

Estilo literario de Irvine Welsh, el príncipe maldito de la jerga

No resulta fácil enfrascarse en una página al azar de cualquier novela y reconocer a su escritor sólo por el estilo literario de su prosa. El caso es que con Irvine Welsh sí resulta fácil. Es uno de los escritores contemporáneos más fácilmente reconocible en cuanto a estilo literario. Su prosa es un toma y daca de jerga escocesa directa a la vena. Sin concesiones, sin miedo a narrar las historias como las concibió su cabezota, por muy bizarra o dura que resulte.

Irvine Welsh es capaz de herir sensibilidades. Lo hace en su novela Escoria de principio a fin y en muchos pasajes de cada una de sus obras. Siempre escarbando en las capas más complicadas de la sociedad para describirnos realidades sociales por muy crudas que resulten. El escritor ambienta sus historias en las calles, desde la jerga usual de sus gentes a sus estilos de vida.
Ambientación y argumentos de la literatura de Irvine Welsh

El tono y la voz de los personajes y el ritmo de la narración que el escocés da a su obra concuerdan fielmente con las características de sus historias. Con ello consigue llevar al lector a recorrer la ambientación de estas historias callejeras y a meter las narices en la vida de sus personajes por medio de una lectura que resulta visual. La capacidad de Irvine Welsh para traspasar la jerga callejera de su Edimburgo natal es una de las mayores proezas de la literatura de este escritor.

Es otra característica de este escritor la capacidad para cambiar de registro dentro de una novela, incluso dentro de un mismo capítulo, llevando paulatinamente al lector al estado emocional que desea. Nos puede hacer reír, sentir asco o pena de una página a otra sin que el cambio de registro resulte forzado. Pasar del drama al humor negro. Ello lo consigue porque toda novela de Irvine Welsh es un drama contado con una pizca de humor.

Y en su humor el escritor nada con bastantes estilos: surrealista, cínico, escatológico, bizarro… Para bucear las psiques nos da los dramas de sus personajes: sustancias prohibidas, familias rotas, perspectivas crudas de futuro, dificultades de la clase obrera, remordimientos por pasados oscuros…

Pero siempre el mejor modo de entender a un escritor es leerlo. Resulta obvio. Pero para un artículo como éste, el mejor modo de describir a Irvine Welsh es hablar un poco sobre cada una de sus obras. De sus novelas va este artículo…

Crítica de todas las novelas de Irvine Welsh

En este artículo nos metemos de modo breve en la descripción de cada una de las novelas de Irvine Welsh. De algunas de ellas como Trainspotting o Skagboys haremos reportajes más amplios y específicos. Seguramente de todas sus novelas. La excepción es la última, The Sex Lives of Siamese Twins, que se publicó en inglés en Mayo de 2014, y por el momento no ha sido traducida al español. Así que no la hemos leído, por lo que en lugar de crítica daremos una reseña.

En cuanto a los libros de Irvine Welsh que agrupan relatos cortos (Acid House; Éxtasis; Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo; Col Recalentada) haremos un reportaje similar al que están leyendo.

 

Irvine Welsh habla sobre su novela “La vida sexual de las gemelas siamesas” FIL Guadalajara

 

La vida sexual de las gemelas siamesas

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Un nuevo vicio corre por las venas de los personajes de la novela más reciente de Irvine Welsh (al menos la última que se tradujo, pues el escocés publicó este año A decent Ride). Si en Trainspotting, en su secuela Porno y en otros de sus libros se llegó hasta el fondo de las pulsiones más profundas provocadas por las drogas, ahora Welsh se interna en un nuevo tipo de adicción: el culto al ejercicio, la religión del fitness y la salud muscular.

Lucy Bennet es una instructora de artes marciales mixtas en una de las capitales mundiales de la frivolidad, Miami Beach. A sus 33 años se ha forjado en la disciplina del ejercicio extenuante, la (bi)sexualidad libre entre cuerpos hermosos esculpidos en gimnasios y una frialdad emocional que contrasta con su ardiente antipatía hacia los obesos y la comida grasosa.

Una noche sale con dos amigos y cuando un hombre armado los ataca, Lucy doblega al delincuente a mano limpia. La hazaña queda grabada en el teléfono de Lena Sorensen, una muchacha que estaba de paso y que lleva el video al noticiero local, convirtiendo a Lucy en una celebridad. Sorensen, mujer rolliza y lectora de libros de autoayuda y liderazgo, le pide a Lucy que sea su entrenadora personal. Así comienza una dinámica del amo-esclavo (que no otra cosa son los entrenadores y sus clientes) que se volteará de cabeza más de una vez.

Tras el incidente callejero que abre el libro, comienzan a llegar ofertas de patrocinadores de suplementos, cadenas de gimnasios, y hasta de productores de televisión que le proponen hacer un programa dedicado a enflacar a los gordos, y sus trajes de sebo, más insignes de la comunidad.

La atmósfera de Edimburgo en los tardíos años 80 de Trainspotting da paso a la luminosidad de Miami y a todo el arsenal tecnológico y psíquico de los millenials estadounidenses: la furia sorda de los smartphones; apps para monitorear el peso y la comida; el lenguaje de abreviaciones y fórmulas impersonales de los correos electrónicos; personas que escriben en ayunas veinte minutos al día sólo porque así se los sugirió un libro de superación personal; la mecánica desquiciada de los medios de comunicación y sus reality shows. Como por casualidad, los hechos de la novela se intercalan con la noticia de dos gemelas siamesas que comparten a un mismo novio y que planean televisar la cirugía que separará, por fin, sus cuerpos.

En medio de toda esta parafernalia de la cultura pop (o post-pop o lo que sea), y he aquí lo que diferencia a esta novela de Welsh de sus creaciones anteriores, una historia sobre mujeres -una escultural y otra obesa- inmersas en una época de decadencia: Lucy y Lena, dos almas en una generación de infelices que pretenden la juventud eterna.

Welsh retrata Miami como una isla de leprosos enfermos y descontentos por su apariencia, bajo la dictadura de la planificación y la higiene, donde la grasa y las debilidades van juntas, en la que los individuos pueden cuantificarse como estadísticas de altura, edad, raza, masa corporal y calorías quemadas por hora, y en el que las risas –aunque sea la del lector la más importante- resuenan a plástico. Una gran farsa sobre los males de esta época en la que el vicio ha sido superado por la virtud, en este caso la de la vida sana, en su capacidad para empeorar a la especie.