Amélie Nothomb entre el misterio y el secreto…

Cuando hace unos meses leí el artículo titulado Autores que han escrito en una segunda lengua, me vino a la mente de forma inconsciente el nombre de Amélie Nothomb, una autora tan conocida como desconocida, un hecho que me resulta completamente paradójico y al que no consigo encontrarle explicación. Hace algunos días tuve que volver a echarle un ojo a su biografía y ¿por qué no aprovechar la ocasión para escribir sobre una de mis escritoras de cabecera en esta página? He preferido optar por trazar algunas pinceladas sobre su biografía antes que reseñar una o alguna de sus obras, ya que, en mi opinión, resulta imprescindible conocer el paratexto vital de esta autora antes de acercarse a sus textos.
Para empezar, Amélie Nothomb no es el verdadero nombre de esta mujer, sino que esta se llama realmente Fabienne Claire Nothomb. Hablamos de una escritora en lengua francesa que nació en la ciudad japonesa de Kobe en julio de 1966, país que encarnó el decorado de las distintas vivencias de la autora durante sus cinco primeros años. Mientras vivía allí, todavía niña, no era consciente de que la rodeaban dos lenguas diferentes: el francés y el japonés. Al trabajar su padre como diplomático de Bélgica, la familia se ve obligada a mudarse varias veces, por lo que Amélie vive en China, Estados Unidos, Laos, Birmania o Bangladés. Sin embargo, será Japón el que más influencia ejercerá en ella y, por tanto, en su literatura.

En sus propias palabras, tuvo que pasar su infancia y su adolescencia en compañía de continuas mudanzas, por lo que pronto comprendió que su universo no sería estable y que perdería todo cada tres años. Ese hecho hizo nacer en ella una angustia muy fuerte que nunca llegó a desaparecer. Ese «apocalipsis», un fenómeno regular en su vida, la vinculó de una forma muy profunda al lenguaje y, en consecuencia, a la literatura: en un mundo donde perdería todo continuamente, el lenguaje era lo único que se mantenía estable.

En 1980 se muda a Bélgica, país en el que se siente extranjera. Amélie comienza a cursar Filología románica en la Université Libre de Bruxelles, una universidad de tendencias liberal-socialistas donde no es bien recibida debido a su apellido, que recordaba su procedencia de una familia de la alta burguesía católica y a su bisabuelo de extrema derecha. Ese problema de aceptación, que no ayudó a la joven a integrarse y reforzó su sentimiento de no ser belga, de no ser occidental y de ser japonesa, apareció reflejado posteriormente en su novela semibiográfica Antichrista. Amélie Nothomb se sentía incapaz de comunicarse con los jóvenes occidentales y, según ella, quizás fue esa la razón que la condujo por la vía de la escritura.

De todas formas, Nothomb consiguió terminar su formación en la universidad mencionada y, tras obtener la licenciatura, regresa a Tokio, donde acaba trabajando como intérprete en una prestigiosa empresa, una experiencia que posteriormente se convertirá en el argumento principal de Estupor y temblores, libro que será galardonado con el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1999 y que será traducido en términos cinematográficos por Alain Corneau en el año 2003.

Más tarde regresa a Bélgica, donde despunta su carrera de escritora con Higiene del asesino, libro que escribió en solo tres meses. Envió el manuscrito a diversas editoriales, entre ellas la prestigiosa Gallimard, pero acabó publicándolo en Albin Michel, una empresa más modesta a la que permanecerá (casi siempre) fiel. Así como recibió numerosos elogios, su primera novela fue la diana de numerosas críticas negativas, ya que «no podía haber sido escrito por una joven de 23 años», «era evidentemente la obra de un hombre, y más concretamente de un hombre mayor». En ese preciso momento, Fabienne Claire Nothomb empieza a conocer el significado de la palabra «fama» y adopta el nombre de Amélie, quien se convierte no solo en escritora, sino también en todo un fenómeno mediático. A partir de entonces puede permitirse vivir únicamente de la literatura. De las tres novelas que escribe al año, solo publica una, siempre en el mes de agosto, y sus escritos están traducidos a unas 40 lenguas diferentes.

En 2012 vuelve por primera vez a Japón, un país que la había salvado en numerosas ocasiones, porque necesitaba volver a sentir el poder curativo del archipiélago. Al regresar allí, se da cuenta de que lo que había definido su personalidad no había sido Japón, sino la nostalgia que había sentido por ese país. Aprovechando la ocasión, France 5 graba un documental cuyo tema central se convertirá más tarde en el argumento de uno de sus libros, La nostalgia feliz. Con el paso del tiempo, Amélie Nothomb se da cuenta de que, en ella, al sustantivo «nacionalidad» le corresponde el adjetivo «belga», pero únicamente porque eso supone no pertenecer a ningún sitio, no tener una identidad clara, definida.

Para Amélie Nothomb, la escritura se define como una vía de escape que le permite expresar pensamientos y sensaciones. A través de ella se evade y se aleja de mundos monstruosos como el de la anorexia, enfermedad que padeció a los 13 años. También suele refugiarse en el mundo de la infancia, ya que para la autora la pureza del ser humano es exclusiva de dicha etapa. Sus novelas se describen como una intertextualidad entre la literatura japonesa medieval y la literatura occidental, y en ellas confluyen los términos binarios que distinguen occidente y oriente. Por esta razón se puede calificar a la autora como híbrida: es occidental y no occidental, activa y pasiva, observadora y observada, móvil y estática, moderna y tradicional, etc. De hecho, Amélie Nothomb ha llegado a ser definida como la intersección de polaridades culturales. Precisamente por el hecho de que haya estado en contacto, desde muy temprana edad, de diversas culturas, su literatura puede inscribirse en una especie de literatura global, ya que sus novelas se alimentan de una cultura poliédrica de la que la autora siempre extrae una receta exquisita.

En sus novelas reflexiona sobre el sentido de la vida, la condición humana, la profesión de escritor, el suicidio amoroso, pero en ellas la escritora aborda sobre todo los temas de los orígenes y de la identidad. Amélie usa sus textos para reflejarse y componer un discurso propio de sí misma, es decir, los utiliza para buscar una solución a su problema identitario, ya que no consigue ubicarse en un punto geográfico concreto. Por esa razón, a Amélie le cuesta mucho no incluirse en sus novelas: la mayoría de sus escritos tienen carácter autobiográfico.

En conclusión, a esta autora quizás la debamos incluir en esa lista de escritores, muy larga en nuestro siglo, que se identifican con varias culturas, con varias lenguas e incluso con varias personalidades. En ella confluyen la heterogeneidad, la ironía, la paradoja, los extremos y las diferencias, y quizás por eso el mejor personaje de Amélie Nothomb sea ella misma.

Bibliografía
Novela y teatro
Las obras marcadas con un asterisco (*) son autobiográficas.
En las marcadas con doble asterisco (**), la autora se sitúa en la trama sin que por ello la obra tenga un carácter autobiográfico marcado.

Higiene del asesino (Hygiène de l’assassin, 1992), trad. de Sergio López, publicada por Circe en 1996. Premio René-Fallet y Premio Alain-Fournier.
El sabotaje amoroso* (Le Sabotage amoureux, 1993), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2003. Premio de la Vocation y Premio Chardonne.
Los combustibles (Les Combustibles, 1994). Obra de teatro.
Las Catilinarias (Les Catilinaires, 1995), trad. de Concha Serra y Ana María Moix, publicada por Circe en 1997.
Peplum** (Péplum, 1996). No traducida al español.
Atentado (Attentat, 1997), trad. de Mónica Boada y Ana María Moix, publicada por Circe en 1998.
Mercurio (Mercure, 1998). No traducida al español.
Estupor y temblores* (Stupeur et tremblements, 1999), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2004. Gran Premio de novela de la Academia Francesa.
Metafísica de los tubos* (Métaphysique des tubes, 2000), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2001.
Cosmética del enemigo (Cosmétique de l’ennemi, 2001), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2003.
Diccionario de nombres propios** (Robert des noms propres, 2002), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2004.
Antichrista** (Antéchrista, 2003), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2005.
Biografía del hambre* (Biographie de la faim, 2004), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2006.
Ácido sulfúrico (Acide sulfurique, 2005), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2007.
Diario de Golondrina (Journal d’Hirondelle, 2006), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2008.
Ni de Eva ni de Adán* (Ni d’Ève ni d’Adam, 2007), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2009. Premio de Flore.
Ordeno y mando (Le Fait du prince, 2008), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2010. Gran Premio Jean Giono.
El viaje de invierno (Le Voyage d’Hiver, 2009), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2011.
Una forma de vida* (Une Forme de vie, 2010), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2012.
Matar al padre** (Tuer le père, 2011), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2013.
Barba Azul (Barbe bleue, 2012), trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2014.
La nostalgia feliz (La Nostalgie heureuse, 2013). trad. de Sergi Pàmies, publicada por Anagrama en 2015.
Todas sus novelas han sido publicadas en Francia por la editorial Albin Michel. En español sus obras han sido traducidas por las editoriales Circe y Anagrama.

Novela corta y relatos
Leyenda quizás un poco china (Légende peut-être un peu chinoise, 1993). Cuento.
Electra (Électre, 1996). Novela corta de 14 páginas.
La existencia de Dios (L’Existence de Dieu, 1996). En la revista General (vol. 3). Cuento
Simon Wolff (Simon Wolff, 1996). Novela corta de 6 páginas.
Genealogía de un Grande de España (Généalogie d’un Grand d’Espagne, 1996). Novela corta de 11 páginas.
El misterio por excelencia (Le Mystère par excellence, 1999). Novela corta de 39 páginas.
Brillante como una cacerola (Brillant comme une casserole, 1999). Recopilación de 4 cuentos, ilustrados por Kikie Crèvecœur, trad. de Miguel Azaola, publicada por Alfaguara Juvenil en 2009.
Leyenda quizás un poco china (Légende peut-être un peu chinoise). Cuento.
El holandés ferroviario (Le Hollandais ferroviaire). Cuento.
De mejor calidad (De meilleure qualité). Cuento.
La existencia de Dios (L’Existence de Dieu). Cuento.
Aspirina (Aspirine, 2001). Novela corta de 2 páginas.
Sin nombre (Sans nom, 2001). Novela corta de 64 páginas.
La entrada de Cristo en Bruselas (L’Entrée du Christ à Bruxelles, 2004). Novela corta de 46 páginas.
Los champiñones de París (Les Champignons de Paris, 2007). Novela corta 9 épisodios.

 

Su más reciente novela: La nostalgia feliz

Maquetación 1

«Todo lo que amamos se convierte en una ficción. De las mías, la primera fue Japón.» Con esta estimulante frase Amélie Nothomb abre La nostalgia feliz. Anuncia una nueva entrega de sus ficciones autobiográficas. En la novela la belga retoma el hilo de Ni de Eva ni de Adán, la narración de un idilio de juventud de su sosias literaria con Rinri. Dieciséis años más tarde, Nothomb acepta la invitación de una televisión francesa de regresar a su país natal. Allí no sólo se reencontrará con Rinri, sino también con su niñera, Nishio-san. El Japón de Nothomb son sus orígenes y un Shangri-La literario. Un país al que pertenece pero que le es extranjero: o sea, un oxímoron, como también parece serlo el título de la novela. El lugar en el que nació, y en el que se crió durante sus primeros cinco años, pero en el que, como hija del embajador belga, crecería inmersa y traspasada por una peculiar mixtura cultural. Y esto dota a su vital y melancólica prosa de una descacharrante lucidez. «Lo que has vivido», escribe Nothomb en el delicioso arranque de su nueva novela, «te deja una melodía en el interior del pecho: ésa es la melodía que, a través del relato, nos esforzamos en escuchar.» Gocemos con esta nueva partitura, pues sin duda suena muy bien.

«Un relato desopilante, punzante y totalmente sincero del peregrinaje de Amélie Nothomb a sus raíces» (Marianne Payot, L’express).

«La nostalgia feliz concentra todas las razones por las que Amélie Nothomb está en la cabeza de ventas en cada rentrée (comicidad, humanidad, autoficción y modestia). La novela no aborda solamente la cuestión de la responsabilidad del escritor. Recobrando un poco de su infancia y de su juventud, seguida por un equipo de televisión, la escritora nunca antes había develado con tanta maestría “lo que me hace las veces de personalidad”» (Claire Devarrieux, Libération).

«La nostalgia ¿es triste o feliz? En japonés no existe ninguna palabra que designe una “nostalgia triste”. Para traducir esa mezcla de sufrimiento y dolor, los japoneses emplean el adjetivo inglés “nostalgic”. Lo escribe Amélie Nothomb en el relato de su retorno a Japón dos décadas después de su partida; en japonés la palabra “nostalgia” se dice “natsukashii” y designa la “nostalgia feliz”. La nostalgia feliz… ¿Un bello oxímoron? No del todo. Si creemos a Amélie Nothomb, entonces Proust es un autor nipón» (François Busnel, Lire).

«A la confusión de sentimientos engendrados por su reencuentro con Japón, con la niñera de su infancia y con el amor de su juventud, la autora responde con un texto de justo equilibrio. Un texto que nos conmueve por su fragilidad. Lejos de ser un diario de rodaje, La nostalgia feliz muestra escenas que la cámara no ha filmado, reflexiones y emociones que ésta nunca habría podido mostrar» (Nils C. Ahl, Le Monde).

Amélie Nothomb, Ces livres qui sauvent

 

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José Carlos Llop, el escritor Rey de Alejandría.

El escritor mallorquín José Carlos Llop regresa al panorama narrativo con Reyes de Alejandría (Alfaguara), la historia de una generación, aquella que rondaba los 20 a principios de los años 70, la época en la que en España los uniformes militares y las sotanas empezaban a convivir con los chalecos de flores, el pelo largo y las sandalias de cuero. Esa nueva generación en marcha no quiere oír hablar de lo que sea que hicieron sus padres, y prefiere devorar versos de Ezra Pound y rendirse a la promesa de libertad y romántico presente que imponen las canciones que llegan de fuera.

«Cuando pienso en aquel tiempo, tengo la impresión de ser el radiotelegrafista de un carguero perdido en el océano, hablando frente al aparato de radio. Hablar a un vacío que nunca responde y nunca, lo sabes, ha de responder. Pero hay veces que sí: voces de onda larga que procedieran del espacio, de la estación Mir, por ejemplo, vacía y abandonada».

En la España de principios de los setenta, el franquismo agoniza y los jóvenes tratan de importar los ideales del universo hippie. En un mundo que todavía es sobre todo gris, la música la literatura, el amor libre y el hash proporcionarán a toda esa nueva generación el pasaporte a la soñada libertad que, con el paso del tiempo, se quedó en eso, un sueño. En un hotel de París, entre el teatro del Odeón y el bulevar Saint-Germain, un hombre recuerda su años de juventud, en un hipnótico relato que nos habla de una época que fue y de la que apenas queda rastro. ¿Sus escenarios?: Palma (la ciudad mediterránea) y Barcelona (la ciudad mestiza, que todo lo fue) a mediados de los años setenta, cuando el viejo orden se estaba desmoronando y el nuevo no existía aún.

Una novela que se lee como una crónica de juventud que no fue como ninguna otra, y que se mueve entre dos ciudades que se propusieron ser libres y casi lo consiguieron: Palma y Barcelona. En ese hueco sin historia y a la vez profundamente enraizado en la del siglo XX (herencia de todas las guerras y las ideas) se contempla, como en un diorama, la educación sentimental del narrador y un tiempo irrepetible, convertido en galería de sombras que deambulan como en la atmósfera de un sueño. Música, literatura, hippismo, algaradas callejeras, el desorden de la juventud, el esplendor del erotismo y el amor, son el tapiz donde el protagonista rescata aquel tiempo en búsqueda de su lugar en él.

«Tengo ante mí un caparazón de tortuga de tierra, una lámpara fenicia de aceite y una figurilla india de hierro que parece una deidad antigua de Asia Menor. Hay otros objetos sobre la mesa: el fragmento de un fósil, el colmillo de una foca, una piedra de Petra, otra —tallada— del Congo, una cuenta de vidrio de Java y un collar que podría pertenecer al ajuar de la reina Hatsepsut. La mayor parte de esos objetos tienen más valor por lo que representan que por lo que son. En eso se parecen a los recuerdos. Hace muchos años que me acompañan».

Al fondo, como si fuera otra música, la relación con la ciudad y su mirada literaria, asunto en el que su autor, José Carlos Llop, ha sido comparado por la crítica francesa con Durrell y Pamuk. En Reyes de Alejandría, Llop crea una novela atravesada por las voces de la memoria y recupera una vida que nadie –ni siquiera los que la protagonizaron y sobrevivieron– sabe ya si existió alguna vez… “Donde hay poesía no hay dinero y donde hay dinero no hay poesía, y el dinero, pero sobre todo el tiempo que convirtió la juventud en madurez, puso fin a un mundo en el que aún todo era posible, un mundo en el que aquellos efímeros reyes de Alejandría habíamos sido nosotros”.

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su última novela: Reyes de Alejandría (2016)

«El Modiano español» (Le Figaro),ganador de distintos premios de narrativa y poesía en España y Francia, deslumbra con una novela sobre la educación sentimental en los setenta.En un hotel de París, entre el teatro del Odeón y el bulevar Saint-Germain, un hombre recuerda su juventud, en un hipnótico relato que nos habla de una época que fue y de la que apenas queda rastro. ¿Sus escenarios?: Palma -la ciudad mediterránea- y Barcelona -la ciudad mestiza, que todo lo fue- a mediados de los años setenta, cuando el viejo orden se estaba desmoronando y el nuevo no existía aún.En ese hueco sin historia y a la vez profundamente enraizado en la del siglo XX -la herencia de todas las guerras y las ideas- se contempla, como en un diorama, la educación sentimental del narrador y un tiempo irrepetible, convertido en galería de sombras que deambulan como en la atmósfera de un sueño.Música, literatura, hippismo, algaradas callejeras, el desorden de la juventud, el esplendor del erotismo y el amor, son el tapiz donde el protagonista rescata aquel tiempo en búsqueda de su lugar en él.

9788420413662

José Carlos Llop Carratalá (Palma de Mallorca, 1956). Escritor mallorquín, es conocida su faceta de poeta, novelista, también ha publicado ensayos. Su obra destaca por tener un gran componente autobiográfico, se le reconoce como un gran diarista de su generación.
Bibliotecario, traductor en varios idiomas, crítico literario, colabora en prensa como el ABC, Diario de Mallorca, entre otros.
Es traductor del Premio Nobel de Literatura Derek Walcott, Llorenç Villalonga, Josep Meliá, Patrick Modiano y Biel Mesquida Amengual. Parte de su obra ha sido traducida en Francia, recibiendo el Prix Écureuil de Littérature Étrangére en 2008.

Obras
Poesía
Drakul-lettre (1983)
La naturaleza de las cosas (1987)
La tumba etrusca (premio Anthropos 1991)
En el hangar vacío (1995).
El canto de las ballenas (1996).
La oración de Mr. Hyde (2001).
Quartet (2002).
La dádiva (2004).
La avenida de la luz (2007).
Cuando acaba septiembre (2011).
Novelas
El informe Stein (Anaya, 1995).
La cámara de ámbar (Anaya, 1996).
Háblame del tercer hombre (El Aleph, 2001).
El mensajero de Argel (Ediciones Destino, 2005).
Paris suite: 1940 (RBA Libros, 2007).
Reyes de Alejandría (Alfaguara, 2016).
Diarios
La estación inmóvil (Port-Royal, 1990).
Champán y sapos (Bitzoc, 1994).
Arsenal (Lengua de Trapo, 1996).
El Japón en Los Ángeles (Península, 1999).
La escafandra (Destino, 2006).
Cuentos
Pasaporte diplomático(El Aleph, 1991)
La novela del siglo (El Aleph, 1999)
Ecuador. La tenista (Ediciones Alfabia, 2008)
Ensayos
La ciudad invisible (Olañeta, 1991).
Consulados fantasmas (Di7, 1996).
Al sur de Marsella (Olañeta, 2005).
En la ciudad sumergida (2010).

 

Julia Navarro y su obsesión por los escenarios…

Trayectoria periodística y literaria
Julia Navarro dedicó más de 35 años de su vida al periodismo, aunque, convertida en una novelista de éxito, ya no lo ejerce.1 Ha trabajado en los principales medios de comunicación del país, desde Cadena SER o Cadena Cope, así como Telecinco, Canal Sur o Agencia OTR/Europa Press entre otros.

Empezó su carrera profesional cuando la Transición Española daba sus primeros pasos. Siempre ha relatado con entusiasmo la época periodística que le tocó vivir al tener que realizar el análisis continuo de la evolución social hacia una Constitución. Desde entonces ha sido y es reconocida como una prestigiosa periodista política.

Analista política de la Agencia OTR/Europa Press, publica en su sección en línea Escaño Cero2 artículos políticos de opinión. Además, en 2010-2011 colaboró en el programa de televisión de tertulia política Madrid opina en Telemadrid.

Empezó tarde a escribir ficción y “casi por una casualidad”. “En las vacaciones de verano, mientras supervisaba a su hijo pequeño, que fácilmente podía pasar horas disfrutando de la costa española, Navarro comenzó a dedicar un importante tiempo a la lectura. ‘Para aprovechar el tiempo, leí prácticamente todo, hasta los obituarios de los diarios y de la lectura de un obituario nació mi primera novela'”.

Se trataba de la La Hermandad de la Sábana Santa, que publicó en 2004 y se convirtió de inmediato en un éxito tanto nacional como internacional: fue editada en más de 30 países. Los libros que le siguieron también fueron bestsellers: con ellos ha venido más de un millón de ejemplares.

Aunque a menudo para caracterizar su obra se dice que escribe novelas históricas, ella no está de acuerdo y dice rebelerarse ante esa definición que hacen de ella: “Yo me rebelo cuando dicen que escribo novela histórica. Hay otros escritores donde de verdad el peso de la historia es muy importante. Lo que pasa es que tengo una obsesión por que los escenarios a los que subo a mis personajes estén bien construidos, respondan al momento histórico que están viviendo, y a la documentación le dedico mucho tiempo. Pero para mí la historia sólo es un escenario, no quiero contarla; lo que me interesan son los personajes”.

Novelas

La Hermandad de la Sábana Santa, Plaza y Janés, Barcelona, 2004
La Biblia de barro, Plaza y Janés, 2005
La sangre de los inocentes, Plaza y Janés, 2007
Dime quién soy, Plaza y Janés, 2010
Dispara, yo ya estoy muerto, Plaza y Janés, 2013

 

Premios y reconocimientos
Premio Quéleer a la mejor novela española de 2004 por La Hermandad de la Sábana Santa
Premio Ciudad de Cartagena 2004
Premio Ciudad de Córdoba 2004
Premio Pluma de Plata de La Feria del Libro de Bilbao 2005
Premio Protagonistas 2005, categoría Literatura
Premio de los lectores de las librerías Crisol 2005
Premio Más que Música de los Libros 2006
Premio a la Mujer Más Admirada 2013 (revista Mujerhoy)

 

Su última novela

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Dispara, yo ya estoy muerto, de Julia Navarro, autora de otras novelas de éxito de la narrativa española como La sangre de los inocentes o Dime quién soy, es la apasionante historia de dos familias que persiguen sus sueños y luchan por sobreponerse a su propio destino. Una intensa y emocionada crónica de una saga familiar q ue ahonda en el vértigo de la condición humana al tiempo que propone una conmovedora reivindicación de que por encima de las patrias están las personas. Julia Navarro propone una ambiciosa novela de personajes, donde sus vidas se entrelazan con momentos clave de la historia. Varsovia, San Petersburgo, Jerusalén, París… son algunos de los escenarios de esta novela que, desde su enigmático título hasta su sorprendente final, esconde más de un misterio, mucha aventura y emociones a flor de piel. Hay momentos en la vida en los que la única manera de salvarse uno mismo es muriendo o matando. Marian Miller, cooperante de una ONG, debe realizar un informe sobre los asentamientos ilegales de los judíos en territorio palestino. Para ello pretende recoger las versiones de ambos lados, una decisión que la llevará a citarse en Jerusalén con Ezequiel Zucker, un anciano que tiene, como tantas personas, muchas cosas que contar e, incluso, algún secreto que ocultar… Así, como si se tratara de un enorme puzzle en el que encajar muchas y complejas piezas, el viejo Ezequiel le irá relatando la historia de su familia, mientras ella le ofrecerá la versión árabe.

Entrevistamos a Julia Navarro. Nos habla de su último libro “Dispara, yo ya estoy muerto”

Publicado el 8 nov. 2013
Una entrevista en profundidad sobre la última obra de Julia Navarro. Hablamos con ella de “Dispara, yo ya estoy muerto”, pero también de su proceso creativo, dónde se inspira y cómo; cuáles son sus autores de referencia; la actualidad literaria y muchos otros temas. Une entrevista sin desperdicio para los amantes de la buena literatura y los seguidores de esta autora

 

Héctor Abad y la «generación mutante».

Héctor Joaquín Abad Faciolince (Medellín, 1958) es un escritor y periodista colombiano, mejor conocido por sus libros Angosta, que obtuvo en España el primer Premio Casa de América de Narrativa Innovadora en el año 2000, y en abril de 2005 le fue conferido en China el premio a la mejor novela extranjera, y El olvido que seremos, sobre la vida y asesinato de su padre Héctor Abad Gómez, que fue otorgado el premio Casa de América Latina de Portugal por el libro como mejor obra latinoamericana y el Premio Wola-Duke en Derechos Humanos. Además ha recibido un Premio Nacional de Cuento, una Beca Nacional de Novela (1994) y dos Premios Simón Bolívar de Periodismo de Opinión (1998 y 2006).

Inició sus estudios de medicina, filosofía y periodismo en su ciudad natal, Medellín. Finalmente estudió lenguas y literaturas modernas en la Universidad de Turín. Se desempeñó como columnista de la revista Semana, hasta abril de 2008 y a partir de mayo de ese mismo año se integró al ahora diario El Espectador como columnista y asesor editorial.

Hijo de Cecilia Faciolince y de Héctor Abad Gómez, médico, profesor universitario y defensor de derechos humanos, quien fue asesinado en Medellín en agosto de 1987. Nació en Medellín, en el departamento de Antioquia, Colombia, fue el único hombre de una familia con cinco hermanas. Inició sus estudios primarios en el colegio Los Alcazares, dirigido por el Opus Dei en Medellín, que a pesar de la oposición de ideas que tenía su padre frente a la iglesia, se matriculó en este colegio debido a la buena calidad de estudio del mismo. En esta escuela Faciolince se inicia en el oficio de escribir al crear una revista llamada Criterio,1 en donde, junto con Mauricio García Villegas, publicaban comentarios críticos de los profesores, de la escuela y de otros temas cotidianos.

Durante su infancia Héctor Abad fue influenciado en gran medida por su padre, médico de la Universidad de Antioquia, con quien conoció a los poetas Porfirio Barba Jacob y León de Greiff ya que su padre le recitaba poemas de memoria.1

Luego de terminar el colegio, opta por no entrar a la universidad inmediatamente y con el apoyo de su padre viajan juntos a México en donde utiliza su tiempo para leer En busca del tiempo perdido de Proust2 Cuando regresa a Medellín, se matriculó en la Universidad Pontificia Bolivariana de donde fue expulsado por una columna que publicó en el periódico Paredón, creado junto con otros compañeros de su carrera de periodismo. A pesar de este suceso, es aceptado en la Universidad de Antioquia en donde continua su carrera pero debido a los constantes paros y suspensiones de semestre, decide abandonar la carrera e ir a vivir con su novia a Italia. Durante su estadía en este país, lee novelas y poemas del Siglo de Oro, en especial a Quevedo del cual se puede ver la influencia en su primera novela publicada Asuntos de un hidalgo disoluto, en el cual Mauricio Vélez3 comenta que la obra revela un tono picaresco, esto se debe a que en muchos de los temas se puede ver la parodia.

Posteriormente, completa sus estudios en lenguas y literaturas modernas en la Universidad de Turín, Italia, de la cual se gradúa con una tesis laureada sobre la obra de Guillermo Cabrera Tres tristes tigres.

En su carrera como escritor ha obtenido diversos reconocimientos por sus obras tales como Premio Nacional de Cuento (1981) en Colombia, la Beca Nacional de Novela (1994) y el Premio Simón Bolívar de Periodismo de Opinión (1998). En el año 2000 obtuvo en España el I Premio Casa de América de Narrativa Innovadora con la obra Basura (Lengua de Trapo, 2000). Y en 2005 recibió en China el Premio a la Mejor Novela Extranjera del Año por Angosta (Editorial Seix Barral, 2004). Su libro El olvido que seremos, ha sido elegido con el Premio de Literatura Casa da América Latina/Banif (Lisboa), otorgado a la mejor obra de autor de América Latina publicada en Portugal en el año 2008 y 2009. Ha traducido a autores italianos como Umberto Eco, Lampedusa e Italo Calvino y publicado numerosos ensayos de tipo académico para revistas de uno y otro lado del Atlántico. También ha participado con frecuencia como conferenciante invitado en eventos literarios de muy diversos países. Junto a las ya mencionadas, son obras destacadas de su producción literaria, traducida a varios idiomas: Malos Pensamientos (Editorial Universidad de Antioquia, 1991); Asuntos de un hidalgo disoluto (Alfaguara, 1994); Tratado de culinaria para mujeres tristes (Alfaguara, 1996); Fragmentos de amor furtivo (Alfaguara, 1998); Palabras sueltas (Seix Barral, 2002); Oriente empieza en El Cairo (Mondadori, 2002); El olvido que seremos (Seix Barral, 2005); El amanecer de un marido (Seix Barral, 2008) y su último libro Traiciones de la memoria (Alfaguara, 2009). Reside en Bogotá donde se desempeña como columnista del periódico El Espectador y comentarista de Blu Radio.

 

Como Novelista

El estilo de este autor ha sido clasificado dentro de muchas categorías e incluso se ha dicho que muchas de sus novelas son de género incierto, sin embargo, varios autores han comentado la posible relación que existe entre sus obras y sus columnas3 1 6

La relación se puede dar por las influencias picarescas en novelas tales como Asuntos de un hidalgo disoluto, en otras palabras, se trata de la voz del narrador como crítico, satírico de los temas que se tratan; y al respecto Jiménez6 afirma “El límite entre lo literario y lo periodístico puede llegar a ser difuso, y según Abad sólo puede ser visible a partir de dos términos: verdad y realidad”.

Es así como la verdad y la realidad se vuelven focos de análisis para este autor, es por ello que en la entrevista concedida a Jiménez6 comenta que piensa en dos tipos de lectores para sus obras: “Tengo dos tipos de lector en mente, el que me odia y el que me quiere. Creo que tengo unos lectores habituados a mí, y quiero que esos lectores rompan ese horizonte de expectativa. Me parece que a los lectores hay que darles un remezón, hay que desconcertarlos, para que te sigan leyendo y no piensen que todo está dicho”.

Por lo tanto, se puede ver que por medio de la verdad (mayormente en sus columnas) y las distorsiones de la realidad, Faciolince apunta a cautivar al lector en una continua renovación del interés por el tema en cuestión. Cuando parece que Abad Faciolince se desprende de los géneros literarios, lo que hace es navegar por ellos en busca de una constante innovación digna del lector que se interesa en su estilo narrativo. En novelas tales como Angosta del 2000, se pueden ver claramente temas como la infidelidad, el oficio de escribir, entre otros6 haciendo visible la estrecha unión entre los temas tratados en las columnas y las novelas y sus personajes.

Además de esto a Héctor Abad Faciolince se lo ha catalogado para posibles nuevos cánones de la literatura latinoamericana y colombiana. Rivera al respecto propone la denominada compuesta de los autores: Julio César Londoño, Rigoberto Gil Montoya, Santiago Gamboa, Octavio Escobar Giraldo, Philip Potdevin, Héctor Abad Faciolince y Jorge Franco Ramos,10 en donde los aspectos fundamentales para este grupo son la remitologización de temáticas universales, la revisitación del pasado, la hibridación de la cultura popular y lo urbano, el escepticismo ideológico e ironía crítica, la literatura sin pretensiones regionales, nacionales o universales, la muerte del autor y la relación de la literatura y el hombre con las tecnologías virtuales. O así mismo, es importante ver cómo Escobar1 realiza una clara selección de cuatro autores que considera representativos de Colombia en su libro Cuatro náufragos de la palabra, en donde habla de que ellos “revelan parte de a esencia de nuestra cultura”. En la nueva novela “La Oculta” Faciolince no pasa la materia, es una narración pasada y pesada, y la familia Angel no soporta lo mal tratado el tema, y lo oscuro de la sociedad de Jerico, queda muy mal tratado, tres narrando su desconocimiento de la tierra, de la finca, no aportan nada a la literatura, y en esta Colombia sin Paz, hay que hacer esfuerzos ciertos para lograr esa Paz, y consolidarla, y con esas narraciones se hace muy poco por lograrlo. Mejor habría sido que la oculta hubiera permanecido oculta, y luego como los manuscritos de muchos perecer en el olvido.

Bibliografía
Fuera de numerosos ensayos y traducciones literarias, ha publicado los siguientes libros de narrativa:

Malos Pensamientos. Medellín. Cuentos. Editorial Universidad de Antioquia, 1991.
Asuntos de un hidalgo disoluto. Bogotá. Novela que narra la historia de un millonario, Gaspar Medina, desencantado de todo quien dicta sus memorias jocosas a una hermosísima secretaria muda: Cunegunda Bonaventura.
Editorial Tercer Mundo, 1994.
Editorial Alfaguara, 1999.
Traducido al inglés: The Joy of Being Awake. Cambridge, Brookline Books, 1996.
Tratado de culinaria para mujeres tristes. Medellín. Libro de género incierto, que combina recetas de cocina falsas (de celacanto, de carne de dinosaurio o de mamut), con recetas reales. El tono es humorístico, casi siempre, aunque velado por cierta melancolía. Es corto, y el más traducido a otras lenguas.
Celacanto editores, 1996.
Editorial Alfaguara, 1997.
Traducido al italiano: Sellerio editore, 1997.
Traducido al griego: Editorial Enalios
Traducido al portugués, Editorial Presença.
Traducido al alemán, Editorial Wagenbach, Berlín.
También hay traducciones inéditas en inglés y holandés.
Fragmentos de amor furtivo. Bogotá. Esta novela cuenta la historia de dos amantes que se recluyen en su casa a contarse cuentos (como en el esquema de El Decamerón de Boccaccio), mientras afuera, en Medellín, arrecia la peste de la violencia mafiosa, política y paramilitar. Es una novela erótica.
Editorial Alfaguara, 1998.
Traducción al portugués, Presença, 2001.
Basura. Madrid. Novela ganadora en España del I Premio Casa de América de Narrativa Innovadora. Es quizá su novela más experimental. Cuenta la historia de un escritor fracasado, Bernardo Davanzati, de quien se supone que no ha vuelto a escribir, pero un día un vecino suyo del mismo edificio, encuentra unos papeles suyos en la basura del sótano. A partir de ese día el vecino entrometido encuentra cada día papeles desechados por el escritor, y el libro se construye con la transcripción y el comentario de estos fragmentos.
Lengua de Trapo, 2000.
Traducción noruega ya terminada y en proceso de edición.
Palabras sueltas. Bogotá. Es un libro de ensayos breves, de tipo cultural y político. Seix Barral, 2002.
Oriente empieza en El Cairo. Barcelona. Crónica de viaje. El autor pasó dos meses en la ciudad de El Cairo, la capital de Egipto, y escribió esta crónica novelada de su experiencia allí. Grijalbo-Mondadori, 2002.
Angosta. Bogotá. Seix-Barral, 2004. Traducida al mandarín y premiada en China como la mejor novela extranjera del año. Beijing, 2005. Existen ediciones argentinas y españolas de esta misma novela. En Colombia ha sido reeditada varias veces.
El Olvido que seremos, 2005. Obra en que el autor relata su relación con su padre Héctor Abad Gómez, vivencias de este, y trata de alargar un poco más la memoria de su padre asesinado.
El amanecer de un marido, 2008. El amanecer de un marido es una descripción honesta, y no por ello menos dolorosa, del tedio que se instala entre dos personas después de años de convivencia.
Traiciones de la memoria, 2009. Colección de tres textos no inéditos cruzados por el fantasma de Borges. El primero es la historia del poema que el autor encontró en el bolsillo de su padre el día de su muerte, y que dio título a El olvido que seremos. Los dos restantes, mezcla de biografía, cuento y ensayo, se enlazan indirectamente, también, con la muerte de Héctor Abad Gómez. Cuenta con una edición española, en marzo de 2010.
Testamento involuntario, 2012. Poesía.
La oculta, 2014. Novela.

 

”Colombia fue y volverá a ser una tierra prometida’: Abad Faciolince

En su última novela, explora la colonización antioqueña. Una historia acerca del amor por la región
La Oculta, una finca que existe en la vida real, en el suroeste de Antioquia, es el escenario de la novela que lleva el mismo nombre, escrita por Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958).

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«No veía nada debajo del agua, aunque abriera los ojos: una barrera viscosa, negra, fría, que por el afán de huir me parecía una sopa de aceite en la que mis brazos y mis piernas me hacían avanzar muy despacio, así los moviera con todas mis fuerzas.» Este es el comienzo de uno de los episodios más dramáticos de esta novela , que gira en torno a La Oculta, una finca escondida en las montañas de Colombia. Pilar, Eva y Antonio Ángel son los últimos herederos de esta tierra que ha sobrevivido a varias generaciones de la familia. En ella han pasado los momentos más felices de su vida, pero han tenido que enfrentarse también al asedio de la violencia y el terror, al desasosiego y a la huida.A partir de las voces de los tres hermanos, del recuento de sus amores, miedos, deseos y esperanzas, y con un deslumbrante paisaje como telón de fondo, Héctor Abad Faciolince ilumina en La Oculta las vicisitudes de una familia y de un pueblo, así como el momento en que está a punto de perderse el paraíso sobre el cual construyeron sus realidades y sus sueños. Una mirada íntima y transgresora a una sociedad pujante y tradicionalista, que confirma a Héctor Abad como uno de los grandes escritores de la literatura latinoamericana actual.

 

Héctor Abad Faciolince habla sobre su más reciente novela “La Oculta”.

 

 

Nace Librotea, el recomendador de libros de EL PAÍS.

Escritores, críticos, ensayistas, músicos, cineastas y usuarios compartirán sus gustos en la nueva web

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Nace Librotea, un recomendador de libros online que permite a los lectores compartir sus recomendaciones literarias, así como conocer las de escritores, críticos literarios, ensayistas, blogueros y otros agentes culturales del mundo del cine, la música o las artes plásticas.

Librotea (librotea.com) reivindica la figura de la librera como recomendadora de libros, algo que con el auge de las nuevas tecnologías y los nuevos hábitos de consumo se está perdiendo. ¿Y por qué Librotea tiene voz de mujer? Porque las mujeres leen más que los hombres, según el Anuario de Estadísticas Culturales 2015 publicado por el Ministerio de Cultura y, además, en los últimos años las escritoras tienen cada vez más presencia en las listas de libros más vendidos. El sector editorial tiene cada vez más presencia femenina, siendo muchas las bibliotecarias, libreras o blogueras que recomiendan libros de forma profesional en nuestro país.

Todos los lectores podrán abrir un perfil en la red de forma gratuita y crear sus propias estanterías, a través de las cuales podrán mostrar al resto de usuarios sus recomendaciones y sus lecturas favoritas, seguir a otros lectores, compartir estas estanterías en redes sociales, comprar los libros recomendados o crear una lista de deseos para que sus contactos acierten con futuros regalos. Los usuarios tendrán un perfil activo, por lo que también podrán desarrollar su vena crítica y comentar los libros que hayan leído.

Recomendaciones expertas

El valor diferencial de Librotea reside en la recomendación de expertos. La mayoría de las webs que recomiendan libros lo hacen a través de complejos algoritmos pero en Librotea los consejos proceden principalmente lectores expertos, escritores, críticos, así como los propios usuarios del servicio que podrán ir conformando su propia comunidad de seguidores y también seguir a aquellos usuarios con los que tengan más afinidad. Además, Librotea enlaza con las reseñas de los libros publicadas en EL PAÍS.

Librotea es un escaparate virtual de las mejores obras literarias, una nueva forma de encontrar libros siguiendo el tradicional método del boca a boca pero sirviéndose de las nuevas tecnologías, que permiten llegar a más gente en todos los rincones de mundo.

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Invierno con tintes de primavera, caÍda en el hielo, mis lecturas y más.

Ya casi llegamos a la mitad del mes de febrero, la cuesta de enero quedo atrás, y el invierno otrora extremadamente frío ha estado muy benévolo este 2016. El fenómeno del niño nos ha regalado días con sol y temperaturas moderadas, con tintes de primavera. La señora de blanco nos ha visitado con menos frecuencia que a nuestros vecinos. El invierno aún no ha dicho su última palabra, puede que lleguen algunas sorpresitas. De hecho, en el día de la marmota (el pasado 2 de febrero) las marmotas quebequense y ontariana vieron su sombra lo que vaticina un invierno más largo, de seis semanas de más. Ya veremos que decide la madre naturaleza. Mientras tanto para mantenerme en calor he comenzado el año con una novela de suspenso: (La chica del tren, de Paula Hawkings) y una novela policíaca (Que se levanten los muertos) de la reina del género: Fred Vargas. La primera me mantuvo en ascuas por descubrir al asesino de Megan. Les confieso que me equivoqué, pues resultó la persona que menos imaginaba. En cuanto a la de Fred Vargas, estoy en la recta final de la novela y bueno hace tiempo que sospechaba quien podía ser el asesino de Sophia Siméonidis, pero aún así continuo su lectura. La recomiendo ampliamente, es una novela con humor, mi personaje favorito sin duda el poli corrupto de Vandoosler, condenado viejito con sus puntadas y su buen olfato me ha ganado. Hay otra novela que apenas comencé ayer, pero esa se las comentaré en mi próximo post.

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Otra de las actividades que estoy haciendo en este invierno es una rutina de yoga y caminatas, tres veces por semana (eso de hacer ejercicio diario no se me da), para mantenerme en forma. Pero sobre todo, por que respirar el aire frío me hace sentirme viva, me despierta y me inyecta de energía. Eso si, después de mi caída del sábado pasado ahora voy más atenta, que !golpazo! me di, ni las manos pude meter, caí de espaldas y mi pobre cabecita fue la que más resintió el impacto. Y es que el día anterior habíamos tenido un cóctel meteo de lluvia con hielo, y luego cayó una capita de nieve. Y como consecuencia toda esta semana me la pasado con malestares musculares, pero cada día estoy mejor. Estas son las aventuras de mi invierno y aún no termina… y ustedes carpe diem, el suyo.

Lorena Lacaille
Longueuil, febrero 12, 2016.

 

 

 

Derechos de autor
Este artículo es de libre distribución siempre y cuando respetes el nombre del autor y no alteres la información.
© Lorena Lacaille, 2016.

Michel Tournier, una leyenda de la literatura francesa y contemporánea.

Quería ser filósofo, se convirtió en novelista —uno de los mejores de la lengua francesa. Michel Tournier vive atrincherado en una casa parroquial del Valle de Chevreuse, cuyo jardín, al lado del cementerio, está impecablemente mantenido. Tratando de huir del mundanal ruido, Tournier apenas sale de su guarida, excepto para comer con sus camaradas de la academia Goncourt, o para acudir a las escuelas donde se enseña a los niños los rudimentos de la lectura y de la filosofía. Este verano, publicó un estimulante libro, Les vertes lectures (Las lecturas verdes), que es al mismo tiempo un respetuoso reconocimiento a los escritores que lo han influido y una formidable invitación a la lectura tanto para niños como para adultos. En la mañana en que se realizó esta entrevista Tournier me leyó un párrafo de Chateaubriand que le encanta: “Sale, pues, de su retiro, construido a junto a la morada de los muertos. […] Se ha apostado en su presbiterio como un centinela de avanzada en las fronteras de la vida para recibir a todos los que entran y salen de este reino de dolores. Un pozo, unos álamos, una parra alrededor de su ventana componen toda la herencia de este rey de los sacrificios”.1

En Las lecturas verdes se lee: “Me convertí en escritor por compensación.” ¿Para compensar qué?
Yo nunca habría escrito si hubiese aprobado el examen para ocupar la cátedra de filosofía. Mi objetivo era enseñar filosofía en la escuela secundaria. Fallé lamentablemente en el examen para convertirme en profesor y acabé en la calle. Entré a trabajar en la radio donde todas las mañanas, de ocho a nueve, me encargaba del programa “La hora de la cultura francesa”. En 1954, cuando se creó “Europa Nº 1”, me degradaron y me encargaron hacer los anuncios publicitarios. Escribía anuncios para vender pañales y lavadoras. ¡Algo apasionante! Pero yo cultivé mi jardín secreto: Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Descartes, Spinoza, Leibniz, Kant. Mi idea era elegir un asunto altamente filosófico (algo que abordara los problemas del tiempo, el espacio, las relaciones con el prójimo, etc.) y, a la vez, escribir una historia popular que interesara a todos. Incluidos los niños. Elegí Robinson Crusoe y así surgió Viernes o los limbos del Pacífico. En la historia de Robinson hay por lo menos dos asuntos eminentemente filosóficos: la soledad (Robinson pasa veinte años solo en su isla) y la relación con el prójimo (cuando Viernes llega a la isla). Téngase en cuenta que se trata de dos temas de gran actualidad. Robinson Crusoe me permitió abandonar los comerciales de lavadoras y escribir sobre Hegel. Yo escribía, pero no lo sabía nadie. Luego empecé a trabajar para la editorial Plon.

¿Qué hacía usted en Plon?
¡De todo! Eso sí que fue apasionante. Fui el primer lector de Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar. Ella estaba contratada por Gallimard, pero quería cambiar de editor y fui yo quien recibió el manuscrito. Hice un dictamen muy entusiasta. También me tocó leer a Simenon. Su llegada a Presses de la Cité (de la que entonces Plon formaba parte) fue como un trueno en el mundo editorial. También él estaba contratado por Gallimard, pero deseaba ocuparse personalmente de sus derechos conexos, en especial los relativos a adaptaciones cinematográficas (que, su caso, representaban ingresos considerables ). Sin embargo, Gallimard se negó a ceder. Y Simenon dejó Gallimard por Presses de la Cité, que accedió a dejarle manejar sus propios derechos conexos. Por lo demás, esta anécdota debe servirnos para denunciar tal escándalo.

¿Qué escándalo?
¡El de los derechos conexos por supuesto! No existe razón alguna por la cual un editor se embolse la mitad de los derechos conexos de un autor. El editor hace un trabajo secretarial. De manera que está bien que cobre el diez por ciento, pero ciertamente no el cincuenta.

Usted es uno de los pocos escritores que también negocia con fiereza sus derechos de autor y sus derechos conexos. ¿Cómo fue que adoptó tal postura?
Cuando firmé mi primer contrato con Gallimard, yo todavía era dictaminador en Plon. Gallimard me había propuesto un contrato clásico: un anticipo, y luego el 8, el 10, el 12 o el 15 por ciento dependiendo del tiraje que alcanzara la novela. Y 50-50 por los derechos conexos. Tomé mi mejor pluma y, en una hoja con el membrete de Plon, le respondí a Gallimard que rechazaba por completo cualquier anticipo. ¡Jamás habían visto eso! Un escritor joven que empieza y no quiere nada de dinero… Fue algo novedoso para ellos. Todo lo demás ocurrió gracias a ese rechazo a todo anticipo.

¿Por qué lo rechazó usted?
Porque no tenía ningún sentido. Y porque además se trataba de una cantidad miserable… Mi postura era una manera de pedir más: el 15 por ciento de las regalías de los primeros ejemplares vendidos y, sobre todo, el 80 por ciento de los derechos complementarios en lugar del 50. Pero hay que añadir que la lógica de los anticipos es desastrosa para la edición: conozco a un gran número de autores que viven a golpe de anticipos y cambian de editor en función del cheque editorial que se les promete sin preocuparse por la calidad de su texto. Yo hago exactamente lo contrario: cuento con el paso del tiempo. Le puedo mostrar mis cifras de ventas: todos mis libros se venden, incluidos aquellos que escribí hace treinta años. Se venden año tras año. La cantidad de dinero que un libro me puede traer no me interesa; Lo que me interesa es que mis libros vivan. Que sean leídos.

¿Cuántos libros ha vendido?
La cantidad varía si integramos las ediciones de bolsillo. Eso es lo que me interesa: las ediciones de bolsillo. Gracias a los libros de bolsillo, en lugar de vender 10 mil ejemplares se venden 100 mil! Uno recibe menos dinero porque el precio de venta es más bajo, lo mismo que el porcentaje de regalías, pero es mucho más leído. Mis libros se venden fundamentalmente en ediciones de bolsillo. Alcanzan un flujo de aproximadamente 300 mil ejemplares por año. De los cuales 100 mil corresponden a Viernes o la vida salvaje [la versión revisada y abreviada de Viernes o los limbos del Pacífico, t.].

Que a lo largo de treinta años ha vendido más de siete millones de ejemplares…
Sí, pero es el único que tiene tal éxito. Mis otros libros apenas llegan a uno o dos millones de ejemplares. Bueno, El rey de los alisos lleva 4 millones.

Parece que el lanzamiento de esta novela, pese a que había sido coronada con el Premio Goncourt, no resultó muy bien. ¿Es correcto?
Exacto. Apenas vendió 150 mil ejemplares, una cifra muy mala para un Goncourt. ¿Sabe por qué pasó eso? Porque De Gaulle acababa de morir. El Premio Goncourt tiene una repercusión muy tenue frente a otras noticias de actualidad: un ataque, la muerte de una estrella o de un presidente y, listo, uno se va al sótano. Al enterarse de la muerte de De Gaulle Gallimard me dijo,: “Viejo, eso significa 200 mil ejemplares menos.” Pero eso nunca me molestó. Lo que importa es que ahora se venden de 30 a 40 mil ejemplares cada año gracias a la edición de bolsillo. Sin contar las traducciones…

¿El éxito ha cambiado en algo su manera de escribir?
Escribo para ser leído. Soy un artesano que fabrica libros como un zapatero hace zapatos o como carpintero fabrica muebles. Quiero decir que necesito contar siempre con un cliente. No hago esto por placer.

¿De veras?
¡Oh sí! Si no tuviese lectores, créame, no escribiría. Leería. Rechazo por completo la típica perorata de: “ La escritura es una necesidad… así me expreso…” Yo no tengo ninguna necesidad de expresarme. Y en mis novelas, no expreso a Tournier, hago una novela. Me daría vergüenza expresar a Tournier…

¿Pero no hay, de todos modos, un poco de usted en sus novelas?
No. Podemos dividir la literatura en dos: la de aquellos que cuentan su vida y la de aquellos que inventan novelas. Para los primeros, hacerlo da resultados tremendos: las Confesiones, de Rousseau, o las Memorias de ultratumba, de Chateaubriand. Pero Rousseau y Chateaubriand son novelistas muy pobres. ¡Sus intentos son malísimos! ¿Cree usted que los verdaderos novelistas, como Balzac, Stendhal y Flaubert, se valieron de su vida privada? ¡Era lo que menos les importaba! No les interesaba en absoluto. Lo que querían era inventar una historia, no contar su vida. Yo añadiría que hay una tercera categoría, un híbrido: la novela autobiográfica. No me gusta. Hice la prueba con El viento paráclito. Ese libro es mi patito feo.

Entonces, ¿por qué apoyó Tres días con mi madre, de François Weyergans para el premio Goncourt? Es una novela autobiográfica, ¿no es cierto?
No soy un fanático. Y no me gustaba el libro de Houellebecq… Hay cosas muy buenas dentro del género autobiografíco. Una vez más: las Confesiones, de Rousseau. Ese es el clásico que él debería haber leído.

¿Y quién es el autor contemporáneo que él debería haber leído?
A Julien Gracq. Todos sus libros.

Un clásico…
¿Sabe usted qué es un clásico? Un autor al que se lee en las aulas.

¿Entonces Michel Tournier es un clásico?
Bueno, sí, ¡soy leído en las aulas! Este es mi mayor orgullo.

¿Por qué menciona a Balzac como su novelista favorito?
¡Porque es inmenso! Devorado por una ambición sin límites, lo cual es muy saludable cuando se es un artista. Hacer un pequeña obra maestra nada tiene de interesante. Uno puede citar muchos libros que son irreprochables. Yo prefiero a Balzac: escribe como un cerdo glotón pero no importa sobre qué escribe, todo es genial.

Y usted, ¿tiene esa ambición sin límites?
Es curioso que me lo pregunte. ¿Sabe que ése es el término empleado por Raymond Queneau para describir mi primera novela, Viernes o los limbos del Pacífico, en su dictamen para Gallimard? Yo le debo mucho: fue él quien impuso mi novela, aunque con algunas reservas. Yo hago lo que puedo. Mi fortaleza es mi lentitud.

¿Cómo puede ser la lentitud una fortaleza para un escritor?
Puedo pasar años enfrascado en un asunto. Soy un corredor de maratón, no un velocista. Aquello que se construye lentamente suele ser más fuerte que lo que se hace con rapidez… He publicado muy poco. Apenas quince títulos, mientras que muchos escritores de mi edad hacen alarde de haber escrito cincuenta.

¿Reniega de alguno de sus libros?
De ninguno. Generalmente uno reniega de sus libros de juventud. Pero yo empecé a publicar muy tarde, a los cuarenta y tres. No tengo obras juveniles.

¿Ni en sus cajones?
No, todo se perdió. Pero todo era muy malo. Por supuesto que escribí antes de publicar. No lo publiqué porque no era publicable.

¿Es necesario haber vivido bien para escribir buenos libros, como sugiere usted a propósito de la condesa de Segur?
No lo creo, no. El de ella es un caso especial. Ha habido muchos novelistas precoces y excelentes. Pienso en Roger Nimier, mi compañero de estudios del Lycée Pasteur. Nimier era terriblemente precoz. Yo era todo lo contrario: era un absoluto idiota. Él me miraba como tal y tenía razón. A los 17 años lo había leído todo, lo había entendido todo y todo lo había desbordado. Al revés de mí. ¡Piense usted que Nimier publicó su primera novela a los 18 años! Y la última a los 28 años… Fue precoz hasta el final: se suicidó a los 33 años al volante de su coche de carreras. Creo que prefiero mi modesto camino feliz.2

¿Perdurar mejor que brillar?
Sí. Sin duda.

Sin embargo, usted tiene una gran admiración por Jack London, que también fue como un cometa: murió a los 40 años…
¡Pero es que London lo hizo todo! Fue un vagabundo, un gambusino, un escritor… ¡Y qué escritor! Soy, en efecto, un gran lector de Jack London.

Las lecturas verdes son una evocación de “sus” escritores. ¿Cuáles va usted a añadir cuando aparezca la edición de bolsillo?
Dejé fuera, por olvido, a James Oliver Curwood, un gran escritor norteamericano al que se puede leer desde la infancia. También debo añadir a E.T.A. Hoffmann y a los hermanos Grimm. Hay dos tipos de narradores: los que inventan historias y los que las buscan en el folclore. Ese fue el caso de los Grimm, y también el de Charles Perrault.

¿Agregará narradores más contemporáneos, como, por ejemplo, Tolkien o J.K. Rowling?
Leí Harry Potter y confieso que me pareció un libro aburrido y sin interés. Sin embargo, tiene que haber algo en él para que haya llegado a ser tan universal. ¿Pero qué? No lo veo.

¿Por qué no incluyó a Alexandre Dumas?
Hago una distinción entre escritores inspirados por la historia y escritores inspirados por la geografía. Yo estoy completamente del lado de los geógrafos. En Homero se conjugan los dos: la Ilíada se inspira en la historia y me aburre profundamente; sin embargo, la Odisea, se inspira en la geografía y me subyuga. Jules Verne es la geografía, pero Alexandre Dumas, es historia. La historia de Dumas es oscura, cruel, sombría; la geografía de Jules Verne es entusiasta, juvenil. Verne nos lleva a descubrir la belleza del mundo.

Este libro, Las lecturas verdes, plantea una pregunta crucial: ¿se puede inculcar el amor por la lectura a los niños?
¡Por supuesto que podemos inculcárselos! Leyéndoles en voz alta, en primer lugar. Cuando voy a las clases y lo digo a los niños: “ Les voy a contar una historia”, de inmediato se hace el silencio. ¡Los tengo! Pero no debemos defraudarlos. Creo que a los niños les interes a que les cuenten historias. Pero para que se las apropien, es necesario que las lean ellos mismos. Hay una pregunta muy interesante que abre dos de las obras capitales de la literatura francesa, El Rojo y el negro, de Stendhal, y La fortuna de Gaspar, de la condesa de Ségur. Ambos libros empiezan con una escena muy similar: en el seno de una familia de campesinos o de leñadores, hay un niño de inteligencia excepcional que lee. Cuando se le sorprende leyendo, es decir, sin hacer nada, el padre le da una paliza. ¿Acaso el hombre que lee es un holgazán? ¿O es un creador? Yo respondo: es un creador. En lo personal, yo creo que la mitad de mi novela se debe a mi lector.

¿Qué quiere usted decir?
Que yo creo que él escribe la otra mitad en su cabeza durante la lectura. Eso es lo que hace que un libro cambie con cada lector y con las diferentes generaciones de lectores. No leemos a Balzac en el 2006 de la misma manera en que se le leía a mediados del siglo XIX. Hoy se ha convertido en otra cosa. Si usted toma La fortuna de Gaspar, de la condesa de Ségur, se encontrará con un libro que nadie se atrevería a imaginar hoy. A propósito de este libro, adopto una de las reglas del juego dadas por Flaubert al comienzo de su Diccionario de ideas recibidas: La regla del juego, dijo, es hacer que el lector se pregunte a cada página si uno se está burlando de él o si le está hablando de manera seria —y que jamás encuentre la respuesta.

¿La radio y la televisión son una mala competencia para lectura, especialmente en lo tocante a los jóvenes?
No, para nada. ¡Es al contrario! La radio y la televisión abren el espíritu, nos obligan a interesarnos en cosas de las que de otro modo jamás habríamos oído hablar. Nos fuerzan a ir más allá, a aprender más. Y tampoco hay que olvidar que la televisión está en el origen de la creación de los noticieros: Télérama, Tele 7 días, etcétera. ¿Y eso qué prueba?, se preguntará usted. Simplemente que los espectadores quieren leer, contar con información sobre los asuntos tratados por la televisión. Y luego están los programas literarios. En Francia, Bernard Pivot ha desempeñado un papel considerable en el interés por la lectura. Ha hecho leer a muchos. Ha hecho mucho por la inteligencia y la cultura de la gente.

¿El gusto por la lectura depende del gusto por la escritura?
No, se trata de dos cosas diferentes. Usted debería hacer un estudio en su revista sobre las lecturas de los grandes escritores: Estoy seguro de que encontrará que un gran número de grandes escritores nunca abre un libro. ¿Qué lee Simenon? Tengo una gran admiración por lo que ha escrito, pero no tengo la impresión de que su biblioteca haya estado bien provista… También es cierto que la obra de algunos escritores es una destilación de todo lo que han leído. Por ejemplo: Anatole France. Era una biblioteca ambulante. Igual que André Gide.

A menudo usted ha dicho que Viernes o la vida salvaje es su obra principal, pero se trata de un libro para niños…
¡De ninguna manera! Se trata de un libro para adultos que también los niños pueden leer. Reescribí Viernes o limbo del Pacífico porque era una novela demasiado gorda, demasiado pesada, demasiado filosófica. El poeta siciliano Lanza del Vasto escribió unos versos sublimes que resumen todo: “En el fondo de cada cosa nada un pez / Le arrojaré un manto de imágenes / Para cubrir su desnudez.” Versos que yo traduzco así: “En el fondo de cada cosa hay una verdad metafísica / Para cubrir su desnudez / Le arrojaré un manto narrativo.” Allí está: mi manto de imágenes es la historia que invento. En el caso de Viernes o los limbos del Pacífico, el manto de imágenes no había cumplido bien su papel: se podía ver a través de él. Así que la reescribí. Y creo que quedó mejor. Así nació Viernes o la vida salvaje. Y resultó tan buena que también los niños la han leído. Pero Viernes o la vida salvaje no fue escrita como un libro para niños. Para mí, el niño no es un objetivo sino un criterio de calidad. Con base en esta distinción he escrito dos historias que sí se dirigen a los niños: Amandine o los dos jardines y Pierrot o los secretos de la noche.

¿Qué implica un criterio de calidad?
Escribir algo de la manera más sencilla y a la vez más profunda en términos filosóficos. Pierrot o los secretos de la noche ilustra la Ética de Spinoza: la oposición entre sustancia y accidente. Son dos conceptos muy difíciles de comprender. Por tanto, los he ilustrado lanzando sobre ellos mi manto de imágenes: el cuento. Pierrot el panadero representa la sustancia: viste todo de blanco, trabaja duro. Pero es soso. Arlequín, de traje multicolor, representa el accidente. Irrumpe en la vida de Pierrot y de Colombina que se dejará seducir por sus colores y su retórica y dejará a Pierrot para lanzarse a la aventura con su Arlequín. El accidente es seductor, pero no es sólido ni constante. ¿De qué lado se encuentra la verdadera felicidad? ¿Del lado de la sustancia (Pierrot) o del lado del accidente (Arlequín)? La oposición entre sustancia y accidente nos remite a la oposición entre el agua y la leche (que son insípidas y están en el lado de la sustancia) y los alcoholes (que están llenos de sabor, pero del lado del accidente —¡en todos los sentidos de la palabra!) Uno encuentra todo eso en la Ética, sin duda uno de los mejores libros jamás escritos: Spinoza demuestra que Dios, que es un ser perfecto, no conoce ni el amor ni el odio ni la piedad. Es uno de los tratados de filosofía más brillantes.

La mayoría de los escritores de los que usted habla en Las lecturas verdes —Julio Verne, Lewis Carroll, la condesa de Ségur— tienen estampado en la frente el sello de “juvenil”, etiqueta que todavía tiene una connotación peyorativa: no son autores serios. ¿Cómo luchar contra esa creencia?
Es absolutamente idiota. ¿Sería mejor que fueran autores oscuros para valorar sus obras? Lo interesante de esos escritores es su locura. ¡Cuando uno lee La fortuna de Gaspar, uno piensa que la condesa de Ségur está loca! Lo mismo ocurre con Jules Verne. Tómese, por ejemplo, Las Indias Negras, su mejor libro. Es de una actualidad candente dado que las últimas minas de carbón en Francia fueron cerradas hace sólo unos pocos años y eso representó una tragedia para todos los que vivían de esa fuente de trabajo. Las Indias Negras es la historia de un grupo de personas que decide vivir en las profundidades de una mina en vez de vivir al aire libre, y su lectura transmite la siguiente idea: para vivir feliz, vive oculto. Pero es una idea delirante: viven en una suerte de absoluto filosófico, en un mundo en el que no hay ni calor ni lluvia ni viento…

Todos los libros que usted menciona, al igual que los que ha escrito, giran en torno a la resolución de un enigma filosófico. ¿Significa esto que un libro debe abordar la filosofía para ser universal?
Sí, eso es lo yo que creo. Pero una novela filosófica no es una novela de tesis. Es lo mismo pero a la inversa: se trata de formular preguntas más que de brindar respuestas. Y se trata de abordar asuntos de verdadera trascendencia.

¿Qué es un “asunto de verdadera trascendencia”?
Seamos claros: si el señor y la señora discuten y se hacen caras a la hora de la cena, eso no da para una novela. Sin embargo, si uno sigue el itinerario de los trabajadores migrantes argelinos en Francia, y lo conjuga con el problema de las imágenes (prohibidas en los países musulmanes y judíos, pero omnipresentes en el mundo occidental), ahí encontramos un asunto de verdadera trascendencia. Es decir, no sólo un tema de actualidad, sino también un tema que ilustra un conflicto entre dos conceptos aparentemente anodinos: el conflicto entre la imagen y la prohibición de la imagen. Es un asunto inmenso y yo no pretendo haberlo agotado, pero es el asunto que sirve como telón de fondo en mi novela La gota de oro. Otro ejemplo: Los Reyes Magos. Ese es un episodio apasionante de los Evangelios. Es sin duda uno de los episodios más representados desde un punto de vista artístico. Desde el punto de vista filosófico, plantea el problema de la riqueza. Los Reyes Magos abordan la idea de la imagen, la idea del extranjero pero sobre todo la idea de la riqueza: ofrecen tesoros al recién nacido. Siempre me he preguntado qué podría haber hecho Jesús todo el oro que recibió como regalo al nacer… Y escribí una novela: Los Reyes Magos.

¿Cuál es el papel del escritor: imaginar, o interpretar la realidad?
Hay valores. E indudablemente un valor literario. Kant escribió un libro entero sobre el tema: la Crítica del juicio. En los libros que he leído, al igual que en los que he escrito, busco el valor literario tal como Kant lo definió. La belleza, dice Kant, es lo que agrada universalmente aunque no lo podamos justificar intelectualmente, es una finalidad sin fin y una necesidad subjetiva. Me parece que el valor literario cabe en esta definición kantiana. El papel del escritor es crear valores literarios. Nada más.

A sus lectores les encantarán Las lecturas verdes pero hay una gran novela por venir de la misma magnitud de El rey de los alisos o de Los Meteoros?
Ya no tengo la fuerza. Soy viejo, ¿sabe usted?…

Usted me habló hace algunos años de una novela sobre vampiros…
¡Ah, sí! Para mí es un gran tema. Filosóficamente, es apasionante. Bueno, no he avanzado… Ya no tengo la fuerza física para hacer estudios de campo. He investigado siempre para escribir mis novelas. Para La gota de oro fui tres veces al Sahara. Para Los meteoros, le di la vuelta al mundo, desde Japón hasta Islandia, pasé una noche en un depósito de basura en Marsella… Para escribir esa novela sobre vampiros necesitaría pasar varias noches en un gran cementerio como el Père-Lachaise. Y a mi edad ya no tengo fuerzas para eso…

Sus lecturas no son sólo los grandes libros que también pueden leer los niños. Usted lee nuevos libros para discernir el Premio Goncourt. ¿La Academia Goncourt se ha corrompido?
No lo sé. En todo caso, nunca nadie me ha ofrecido nada. Ni siquiera sé si soy corruptible. Jamás he enfrentado un intento de corrupción.

¿Y de veras se lee en la Academia Goncourt?
Yo sí leo. Devoro. No es por nada que ahora publico Las lecturas verdes, un libro acerca de mis lecturas. Los otros miembros de la Academia harán lo que quieran…

¿Cuál es el premio Goncourt del que está más orgulloso?
El amante, de Marguerite Duras. De ese premio puedo decir que se debe a mí. Sin mi intervención Duras jamás lo habría tenido. En la primera ronda, El amante obtuvo tres votos y seis en la segunda, pero todo el mundo se opuso porque Duras sería la persona más vieja en la historia del Premio Goncourt. A lo que respondí: “Sí, pero estaremos enmendando las tonterías de nuestros predecesores que debieron haberle dado el premio hace quince años por Un dique contra el Pacífico… Y además El amante es su mejor novela.” Con eso se desechó la objeción con respecto de su edad.

¿Por qué se prefiere sentarse en la Academia Goncourt en lugar de en la Academia Francesa?
Porque la Academia Goncourt le ofrece a uno ingresar a ella, mientras que para ingresar a la Academia francesa hay que solicitarlo. Odio tener que pedir algo. Y esa cosa de hacer sonar unas campanas me parece detestable… Yo obtuve el Gran Premio de la Academia francesa antes de recibir el premio Goncourt por lo que no estaba tan mal colocado. Pero ese uniforme, y la espada, y los discursos… ¡Ah, no! En la Academia Goncourt uno se encuentra entre compañeros, y en el más preciso sentido de la palabra, comemos juntos. La comida juega un papel determinante. Podemos sentarnos alrededor de una mesa pues sólo somos diez y no cuarenta, de manera que nadie puede ignorar al otro. Y luego está la bola negra…

¿La bola negra?
Sí. De ahí la frase: echar una bola negra. Cuando hay una elección, si uno de nosotros dice “bola negra” en contra de un posible reemplazante, se elimina a éste automáticamente. Esto quiere decir: no quiero compartir una comida con Fulano. Y todo el mundo debe respetar esa elección. Como usted ve, la Academia Goncourt es un grupo de amigos. No hay trucos sucios como en la Academia Francesa. ¿Sabía usted que tal convivialidad casi le costó su ingreso a Emmanuel Robles? Cuando hubo que decidir si entraba, alguien se acordó de que él no bebía vino. ¡Eso hizo que de inmediato se le restaran votos a su favor y fue elegido apenas con los votos suficientes! La literatura y el vino, créame, hacen muy buena pareja.

—Traducción de Rafael Vargas

1 El párrafo pertenece a El genio del cristianismo. Cito la traducción al español de Torcuato Torio de la Riva, en el tomo IV de dicha obra, impresa por Ibarra, Impresor de Cámara de S. M., Madrid, 1818. [t.]

2 En realidad, Roger Nimier, nacido en 1925, publicó su primera novela, Les Épées (Las espadas) a los 23 años de edad, aunque a los 18 escribió una novela, plenamente autobiográfica, que se publicó de manera póstuma: L’Étrangère (El extranjero). Y no murió a los 33, sino a los 37 años, conduciendo un Aston Martín. Aunque su nombre no nos resulte familiar, en México muchos espectadores de cine hemos disfrutado de un excelente trabajo suyo: el guión de Ascensor para el cadalso, la película que su amigo Louis Malle realizó en 1958. [t.]

 

Sú última novela

9789870404460

«Una gran novela… Cubre simultáneamente los acontecimientos internos de una mente y los de un continente.» THE NEW YORKER El Rey de los Alisos, la novela con la que Michel Tournier obtuvo el Premio Goncourt, narra la historia de Abel Tiffauges, un extraño prisionero francés en la Alemania del II Reich, mezcla de ogro depredador y adolescente perverso, que se siente predestinado para llevar a cabo una misión en Prusia, cuna legendaria de la nación alemana. El celebrado autor de Medianoche de amor nos muestra aquí lo más oculto, tierno y enfermizo del ser humano, siempre en busca de significados, ritos y señales que le guíen y rediman de su condición de ser para la muerte. Fantasía insólita sobre los tiempos tenebrosos de la última guerra mundial, este libro constituye un extraordinario viaje hacia la infancia y un inquietante ensayo sobre el amor.

Les légendes du siècle : Michel Tournier