Vargas Llosa chocheando, NWO, Conan Doyle, Banda de motociclistas, mi cumpleaños, Cayo María y ya estuvo.

Esta vez ya no les escribo retrasada, sino retrasadísima. A tal grado que ya pasaron dos meses en donde por más que tuve la buena intención de escribir a tiempo los artículos para el blog, no me fue posible. Mayo fue un mes peor que una montaña rusa, y yo que creí que los meses más intensos ya habían pasado. De entrada, mi agenda estuvo atiborrada de compromisos sociales y familiares, más los que ya tengo en mi vida cotidiana con los hijos y en el hogar. Y fue realmente, un reto constante buscar el tiempo tanto para mis lecturas como para escribir mi novela. Por lo que fui posponiendo cada día escribir el articulo para el blog, hasta que me venció el tiempo. Y para este mes las cosas no variaron mucho, si mayo fue una tormenta tropical, junio ha sido un huracán, con mucha información, ideas, encuentros, mi cumpleaños, un viaje inesperado, total que no me he aburrido, ya les contaré más adelante.

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Cambiando de tema, y hablando de literatura un poco, les cuento que leí el libro tan esperado y mediatizado de Mario Vargas Llosa: Cinco esquinas. La historia es entretenida, despierta cierto morbo, pues la Chabela y Maritza dos grandes amigas terminan compartiendo la cama. Y durante la trama el marido de esta última termina uniéndoseles. Y tras el trío amoroso un trasfondo social que habla someramente de los tiempos en que gobernó Fujimori. Con todo respeto, me parece que nuestro premio nobel esta comenzando a chochear, y en esta novela simplemente nos contó un par de fantasías incumplidas que él tiene entre hacer un «trio» y una «orgía». En el héroe discreto había escenas cachondas, pero estaba mejor contada, aportaba algo a la literatura. En mi opinión muy personal me decepcionó el libro. Pero, sin duda con la portada ha sido un éxito de ventas indiscutible. Me quedo con el sueño del Celta que ha sido de lo mejor que ha escrito mi estimado Don Mario. Otro libro que termine al fin, fue el Signo de los cuatro de Conan Doyle, uno de mis escritores ingleses favoritos, sus historias detectivescas y su personaje de Sherlock Holmes me fascinan. Siempre son historias bien hechas, con una narrativa muy rica, y cada vez que leo una me cuesta trabajo hacer una pausa, pues siempre quiero más.
Por otra parte, aprovecho este espacio para agradecerle a mi hermana «Beba» por el enviarme con prontitud de mi último pedido de libros desde México. No hay nada mejor que un buen libro y en español mucho mejor. Aunque tengo material digital, siempre prefiero palpar con mis manos un libro cada vez que es posible. Después de este preámbulo, continuo, he comenzado otros cuatro libros (como buena Géminis) pero aún no les he terminado. Así que mejor se los comento para el próximo artículo.
En mi visita mensual a la tienda de Don Mario, ¿Lo recuerdan? se los comenté en el anterior post, salió en la plática el tema del Nuevo Orden Mundial o New World Order, me preguntó qué pensaba al respecto. La pregunta me tomó desprevenida, no supe que contestar. Ya que aunque ya había escuchado y leído un poco al respecto (hasta ese momento) me parecía algo demasiado macabro para ser cierto. Así que cambié de tema, pues no tenia material para echar a andar una discusión al respecto. Sin embargo, el tema volvió a despertar mi interés y desde ese día hasta hoy no he parado. La verdad, todo es muy complejo, mucha información, y de repente parece como una película de ciencia ficción:«“El nuevo Orden Mundial”, es un control global, caracterizado por un solo gobierno, un solo poder, una sola religión, una sola moneda. Los gobiernos terrenales desde hace varios años están preparando el gobierno del anticristo sin darse cuenta. La expresión “nuevo orden mundial” se usa para referirse a un nuevo período de la historia, cambios dramáticos en las ideologías políticas y en el equilibrio de poderes». Sin embargo, haciendo mi propia investigación y desde mi muy personal punto de vista es más real de lo que pensaba. Hay muchas situaciones y hechos que se relacionan que ahora cobran sentido. Y como no pretendo convencerlos de nada, sólo los invito a realizar sus propias búsquedas, y a estar abiertos de mente y espíritu. Ya que también entra en juego nuestro ser espiritual, al que ponemos a un lado por que estamos muy «ocupados» con el otro: el «físico, el materialista». Como saben cuento con un blog de desarrollo personal, y ahí he comenzado a hablar del tema desde otra perspectiva, por si les interesa, visítenlo. Y en cuanto a esté tema en este año salió un libro llamado Nuevo Orden Mundial escrito por un personaje muy controvertido llamado Henry Kissinger. Político germano-estadoudinense, ex-secretario de Estados Unidos y asesor de varios presidentes, uno de los autores intelectuales del golpe de Estado contra Salvador Allende, gracias a él la guerra de Vietnam continuo a pesar de haber sido un error como lo reconoció Robert McNamara, entonces secretario de defensa. Así que el Kissinger es todo un personaje, y para rematar premio Nobel de la paz 1973. Ya sabemos que este mundo esta lleno de injusticias y absurdos como premiar a un genocida y a quienes realmente luchan por un mundo mejor «matarlos o encarcelarlos» por rebeldes sin causa… Ya no me extiendo más en tema, sólo les digo que vale la pena que investiguen y se informen para que la cruda realidad no los tome por sorpresa.
Como les comenté al principio en este mes también celebré mi cumpleaños 37, este número me gusta, hace un par de años que lo imaginaba y ahora ya estoy en esta edad. Lo empece con viaje sorpresa a Cayo María, Cuba, un lugar maravilloso. Con una de las playas más bonitas del caribe, (y miren que tengo la suerte de conocer casi todas), el agua clara, transparente, el mar azul-turquesa, el cielo azul, y un calorcito sabroso. Fue mi primera vez en Cuba y me encantó. Por supuesto, estando ahí encontré unos buenos libros sobre la conspiración de la Cia para eliminar al Ché, y otro sobre la revolución cubana sobre la que no tenía muy claro sus causas. Otra situación que me sorprendió mucho es de saber que ahí no existe el narcotráfico, las garras del tío Sam no han llegado aún, y es de los pocos lugares en el mundo que no sufren de las calamidades de ese flagelo. Que tan perversamente orquesta nuestro vecino con sus grandes corporaciones de inteligencia asesinas. Por un lado, hacen como que atacan y combaten el mal y por otro lo alimentan y lo amplifican. Se quejan y espantan del «Chapo Guzman», pero ellos son los peores traficantes y genocidas, y al parecer, o por el momento intocables… No quería seguir hablando del NWO pero fue inevitable, todo termina por relacionarse, los accidentes no existen todo se concatena en un rompecabezas perverso y no exagero… Los atentados terroristas, las guerras, las matanzas colectivas, las crisis económicas, todo absolutamente todo hace parte de una agenda mundial perfectamente organizada por un grupo. Volviendo a mis vacaciones el lugar me pareció un verdadero paraíso, donde realmente pudimos desconectarnos del mundo y cargarnos de buena energía mi marido y yo. Ahora si, ya me despido, pero por favor no dejen de investigar sobre el NWO, la verdad quedaran sorprendidos del entramado maquiavélico en el cual vivimos. Aquí les dejo algo que encontré al respecto.


Lorena Lacaille
Longueuil, junio 29, 2016.

Derechos de autor
Este artículo es de libre distribución siempre y cuando respetes el nombre del autor y no alteres la información.
© Lorena Lacaille, 2016.

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El viajero empedernido: Javier Reverte.

Nació en Madrid en 1944 y desde muy joven sintió la llamada de las letras. Estudió filosofía y periodismo, profesión esta última que ha ejercido durante más de 20 años, ya sea como colaborador en diarios y revistas o como corresponsal de prensa en Londres y París. Su profesión de periodista no le ha impedido dedicarse también a otros menesteres directa o indirectamente ligados a la literatura como, por ejemplo, escribir guiones para series dramáticas y programas de radio y televisión. Sin embargo, desde hace unos años está volcado de lleno en la literatura. Además de sus exitosos libros de viajes, ha escrito varias novelas, entre ellas, Todos los sueños del mundo y Trilogía de Centroamérica.

Javier Reverte se considera, por encima de todo, un escritor que viaja. No concibe el viaje si no es por su pasión por la escritura, su necesidad de transcribir sus experiencias al papel para luego darles forma literaria. Y es que el libro va creciendo entre sus manos a medida que viaja y anota lo que le va sucediendo, lo que ve, la gente que se encuentra en el camino, las sensaciones y emociones que le transmite un paisaje…

Como para todos los grandes viajeros de la historia, Javier piensa que detrás del hecho de viajar no sólo se esconde un profundo deseo de romper con la rutina de la vida diaria, también existe curiosidad y hambre de conocimiento, la necesidad de intercambiar experiencias con gentes de otras culturas que piensan y ven el mundo de forma diferente. Además, según él, es una excelente medicina para romper con muchos dogmas y prejuicios que se van arrastrando durante muchos años. Viajar enriquece siempre, abre la mente a otros mundos, y, como le ha ocurrido a este escritor metido a viajero, puede llegar a convertirse en una verdadera droga. Javier Reverte afirma convencido que ningún lugar defrauda cuando es la emoción la que guía al viajero. Y como todo en esta vida, también se aprende a encontrar la emoción. Dispongámonos, pues, a disfrutar del placer de viajar en nuestra próxima salida, y si no podemos movernos, viajemos con ayuda de la imaginación y los libros.

Soy un escritor de viajes, no de turismo”. La autodefinición de Javier Reverte viene al hilo de que su último libro, Un verano chino (Plaza & Janés) no da una imagen del gran país asiático que invite a visitarlo. Como escritor de viajes, Reverte quiere contar con sinceridad lo que se encuentra, y China no le ha gustado nada. “Es una mezcla de lo peor del capitalismo y de lo peor del comunismo”, resume. Eso sí, el poco alentador panorama está descrito con bastante humor (“una forma de viajar y de vivir”) y el probado oficio de quien es, sin duda, el más destacado autor de este género en España. Quizá China no valga un viaje, pero su libro -mezcla de historia, cultura, paisaje, paisanaje, su pizca de aventura…- sí tiene una lectura gratificante y útil.El libro se subtitula Viaje a un país sin pasado, no porque China no lo tenga, que lo tiene y milenario, sino porque entre el comunismo de Mao y la cosa rara de hoy, están acabando con sus vestigios. Una cultura, cuya delicadeza se aprecia en la caligrafía o en la música, prácticamente desaparecida en aras de una nueva sociedad, comunista hace unas décadas y capitalista de Estado ahora.En el presente, la contaminación, forzada por el desarrollismo, es una constante. “Hay zonas en que casi no se respira, el agua de los ríos apesta y el pescado no te animas a probarlo”, dice. Otra constante es el burbujón inmobiliario. “Hacen ciudades enormes antes de que llegue la gente a ellas. No sé mucho de economía y no sé si eso estallará o no, pero es un desarrollismo basado en criterios financieros. Van a un futuro que no saben exactamente cuál es, y arrastrando a millones de personas”.Calles sucias, gente sin educación y una policía que funciona al revés de como debiera: la que debía hacer su trabajo (la de tráfico) no lo hace, y la que no debería existir (la política) se lo toma en serio. A estos “no se les percibe, pero el que se sale de la raya va a la cárcel”; mientras que los de tráfico dejan hacer lo que se quiera, de modo que las omnipresentes motos, silenciosas para más inri, son un peligro mortal.China no le ha despertado a Reverte la pasión de África, América o el Mediterráneo. Los chinos son, como quiere el tópico, impenetrables (con la excepción de su guía-intérprete, todo un personaje en el libro), pero de una curiosidad infantilmente impúdica. Y si, en el caso de África, contaba con novelas y películas de la adolescencia capaces de excitar la imaginación, en el de China ni siquiera le gustó 55 días en Pekín (“no soporto a Charlton Heston”). Sí le entusiasma, y no deja de recomendarla, La condición humana, esa espléndida novela de Malraux que, en opinión de Steiner, ofrece una posible ética universal, la del personaje que afronta una muerte horrible para librar de ella a un compañero al que le regala su pastilla de cianuro.¿Qué le llevó, entonces, a China? “Fui porque me engañó mi amigo Pere Boix con el anzuelo del río Yangtsé”, explica Reverte. “Me enrolló con los barcos, que para mí no tienen que ver con los cruceros o los yates, para mí los barcos son los del Mississippi. Los cuatro o cinco días que pasamos en el Yangtsé a bordo de un barco de transporte fueron lo mejor del viaje. Ahí sí sentí el pálpito de China”.¿Y el viejo Mao? “Aunque hizo barbaridades en su afán de crear una nueva sociedad, en China dicen, y no sé cómo se calcula eso, que acertó en un 70%. Creo que le quieren por haberles resarcido de un sentimiento de humillación histórica en el que Occidente tiene una evidente culpa”.

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Libros basados en viajes
Trilogía de Centroamérica (novela):
I.- Los dioses bajo la lluvia (1986, Nicaragua)
II.- El aroma del Copal (1989, Guatemala)
III.- El hombre de la guerra (1992, Honduras)
Trilogía de África:
I.- El sueño de África: En busca de los mitos blancos del continente negro (1996)
II.- Vagabundo en África (1998)
III.- Los caminos perdidos de África (2002)
El ojo sentimental (2003)
El río de la desolación. Un viaje por el Amazonas (2004, Amazonas)
La última frontera (2004) (VV. AA.)1
Corazón de Ulises (1999, Grecia, Turquía y Egipto)
La aventura de viajar. Historias de viajes extraordinarios (2006)
La canción de Mbama (2011)
El río de la luz. Un viaje por Alaska y Canadá (2009)
En mares salvajes. Un viaje al Ártico (2011)
Colinas que arden, lagos de fuego (2012)
Canta Irlanda. Un viaje por la Isla Esmeralda (2014)
Un otoño romano (2014)
Un verano chino (2015)
Novelas
Muerte a destiempo (1982)
Campos de fresa para siempre (1986)
La dama del abismo (1988)
Todos los sueños del mundo (1999)
La noche detenida (2000) I Premio de Novela Ciudad de Torrevieja
El médico de Ifni (2005)
Venga a nosotros tu reino (2008)
Lord Paco (1985)
Barrio cero (2010) XV Premio Fernando Lara de Novela
El tiempo de los héroes (2013)
Memorias y biografías[editar]
Dios, el diablo y la aventura (2001, Pedro Páez)
Soldado de poca fortuna: Jesús Martínez Tessier (2001), memorias de Jesús Martínez Tessier, coescrito con Jorge M. Reverte
El hombre de las dos patrias. Tras las huellas de Albert Camus (2016, Ediciones B)
Periodismo
Giscard d’Estaing presidente de Francia (1974)
Bienvenidos al Infierno. Días de Sarajevo (1994)
Billete de ida (2000)
Poemas
Metrópoli (1982)
El volcán herido (1985)
Trazas de polizón. Poesía 1979-2004 (2005, Recopilatorio: Metrópoli, El volcán herido y Trazas de polizón)
Poemas africanos (2011)

 

CLÁSICOS UNED: Escritores viajeros en el siglo XXI.

 

‘Vidas frágiles, noches oscuras’:Hiromi Kawakami.

‘Vidas frágiles, noches oscuras’
Hiromi Kawakami

ACANTILADO

Lili es una mujer de treinta y cinco años que vive con Yukio, su marido, a quien hace tiempo que no ama.

Haruna, su mejor amiga, está enamorada de Yukio desde que lo conoció, y Lili sospecha que ambos la engañan, pero decide no hacer nada al respecto. Una noche conoce a Akira, un hombre más joven que ella, con el que inicia una relación.

Las historias de los cuatro amantes se entrelazan sutilmente en esta novela, en la que Hiromi Kawakami, con su prosa sensual y concisa, nos invita a reflexionar acerca de la soledad y la naturaleza de las relaciones humanas.

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La crítica dice:

“El estilo de Kawakami es de una gran finura narrativa, de una delicadeza que roza la poesía, pero en la que también caben la oscuridad, el dolor y el desgarro”.
Elena Sierra, El Correo

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Lili. De noche en el parque

Lili Nakamura caminaba.

Era noche cerrada. Debían de ser las dos y media de la madrugada.

Lili paseaba despacio, jugando con una rama que había recogido en la entrada del parque.

Aunque era muy tarde, el parque estaba lleno. Había gente cruzando el puente que salvaba el gran estanque.

Una persona sola. Una pareja. Un grupo de cinco que hablaba en voz baja.

También había gente sentada en los bancos. Un anciano con un bastón en la mano, completamente inmóvil. Un hombre y una mujer sentados uno junto al otro. Una mujer tumbada con una pequeña bolsa doblada bajo la cabeza.

Otras personas caminaban. Una, en línea recta. Otra, haciendo eses. Alguien avanzaba lentamente, practicando claves de kenpo.

Una bicicleta de montaña adelantó a Lili con una ráfaga de aire. Ella levantó la cabeza y fijó la vista en la espalda ancha del chico de la bicicleta. Sintió un escalofrío.

El aire nocturno olía a tierra. El calor del día había remitido, y una fresca brisa invadía todos los rincones del parque.

-No quiero volver-susurró Lili. «¿Por qué soy la única persona, entre toda esta gente, que tiene que irse?-añadió entonces para sus adentros-. No quiero irme. Incluso me quedaría a vivir aquí».

 

HIROMI KAWAKAMI
(1958- )
Hiromi Kawakami es una escritora japonesa que nació el 1 de abril del año 1958 en Tokio. Estudió biología en la universidad Ochanomizu, centro público de alumnado exclusivamente femenino en donde presentó una tesis sobre la reproducción de los erizos de mar.
Trabajó como profesora de instituto y debutó como escritora en los años 90 al ver publicado “Kamisama” (1994), un relato que le valió el Premio Pascal al Relato Corto. Poco después logró el premio Akutagawa por “Hebi Wo Fumu”.

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En el año 2001 consiguió otro premio, el Tanizaki, por la novela “El Cielo Es Azul, La Tierra Blanca”, historia de dos personajes solitarios que comparten compañía, una mujer de 38 años sin suerte en el amor llamada Tsukiko y un viejo maestro de japonés abandonado por su mujer.
La prosa de Kawakami explora con sutileza, ternura y profundidad en el Japón actual las vidas personales y sentimentales de personajes en reflexión, encuentro o búsqueda.
En español también se han publicado “Abandonarse A La Pasión”, libro de relatos sobre amor y desamor, “El Señor Nakano y Las Mujeres”, novela ambientada en una tienda de objetos de segunda mano en Tokio, o “Algo Que Brilla Como El Mar”, la historia iniciática de Mirori Edo, un adolescente que vive con su madre soltera y su abuela y que tiene un amigo llamado Hanada que desea pasearse vestirse de mujer.manazuru hiromi kawakami libro books
En “Manazuru” una mujer de nombre Kei reflexiona en un contexto de misterio sobre la desaparición de su marido en una población costera. Y Vidas frágiles, noches oscuras (Acantilado, 2015).

Fuente: El boomerang.com

Del exilio a la Academia Francesa de las Letras: Amin Maalouf.

Escritor en el exilio, novelista ermitaño acostumbrado a encerrarse durante meses para urdir sus libros, víctima de las dicotomías propias del árabe residente en Europa Amin Maalouf (Beirut, 1949) tiene todos los requisitos para convertirse en el clásico autor atormentado, pero disfruta enormemente con una labor que encontró tras años de búsqueda interior aunque los genes (una familia dedicada a la educación y al periodismo)le marcaron el camino.

Las huidas y las casas abandonadas han marcado la vida de este licenciado en Economía y Sociología que, durante 12 años, se dedicó al reporterismo internacional. Su familia materna, originaria de Turquía (de donde escapó durante las masacres de 1915) terminó estableciéndose en El Cairo, ciudad que también se verían forzados a dejar en los 50, cuando la fiebre nacionalista nasserista se centró en los no egipcios.

Eso fue después de que Maalouf pasara varios años de su infancia en el país de los faraones, de donde no guarda recuerdos “salvo una enorme frustración” como confió a su traductor al italiano Egi Volterrani en una larga conversación biográfica. “Mi condición de exiliado] determina mi paso a la escritura. La tinta, como la sangre, escapa forzosamente a las heridas”

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Herencia familiar

Porque su condición de “extranjero irremediable” le perseguiría toda su vida. En Beirut, su familia se asentó con cierto éxito. Su padre, un conocido periodista bisnieto de un predicador presbiteriano, inculcó a su hijo el amor por las letras; de su madre heredó la educación francófona (en oposición a la herencia paterna) que le facilitaría con los años el exilio definitivo y una carrera en su país de acogida.

Con sólo seis años escribió su primer artículo, en árabe. Con 16, todas sus notas estaban en francés. “El árabe era mi lengua social [, el francés, por el contrario, era la lengua de mis notas íntimas, con la vocación de quedar para siempre escondidas”. Hasta que la guerra le llevó a París, ” mi lengua secreta se convirtió en mi lengua cotidiana”, recordaba el autor.

Ocurrió con 27 años, cuando ejercía como reportero de prensa para las páginas de ‘An Nahar’. Acababa de regresar de un viaje a Asia, que le había llevado al despacho de la entonces jefa del Gobierno indio, Indira Ghandi, a Vietnam y a Bangladesh, cuando tuvo la rara y triste oportunidad de ser testigo del detonante un acontecimiento histórico.

“En aquella época, vivía con mi mujer e hijo en un barrio popular de la capital, Ain al Rummaneh. Apenas llevaba unas horas en casa cuando escuché que comenzaba una disputa en la calle. Mirando por la ventana de nuestro dormitorio, vimos un autobús parado en un cruce, con un hombre discutiendo vivamente con la gente del interior. De pronto, escuchamos disparos. [“Cuando cesaron, miramos de nuevo. Había varios cadáveres en la calle, yo vi siete u ocho, pero en los diarios hablaban de 26 muertos”.

Era el autobús con viajeros palestinos acribillados por falangistas cristianos en un incidente que detonó, al menos oficialmente, la guerra civil que desangró el Líbano durante 15 años. Los bombardeos no tardaron en llegar. Maalouf se refugió con su familia en la casa paterna, en la montaña libanesa, hasta que un año después decidió comenzar una nueva vida a París.

Sus primeras obras

Allí comenzó a escribir una novela basada en la guerra pero situada en América Latina: la abandonó cuando llevaba un centenar de páginas. Su inspiración literaria le llevaba a iniciar libros que nunca acababa, hasta que en 1981, una conversación con un amigo le infundió el interés por un episodio histórico en concreto, las Cruzadas.

Contagiado por la curiosidad, comenzó a devorar decenas de libros sobre esta materia y a rastrear bibliotecas en busca de documentos poco conocidos. Firmó con un editor francés por un ensayo que aún tardaría año y medio en ver la luz y que se ha convertido en todo un clásico contemporáneo: ‘Las Cruzadas, vistas por los árabes’.

“Muchos lectores deben pensar que en este libro oponía mi visión de las Cruzadas, tal como lo había aprendido de joven, a la visión occidental, algo que evidentemente no es conforme a la realidad. En la escuela en la que estudiaba, llevada por padres jesuitas, aprendíamos la historia de las Cruzadas según los libros franceses, con fuertes connotaciones católicas; incluso, había en el colegio una suerte de agrupación juvenil comparable al escultismo en la que se ascendía a [la categoría de] cruzado [” La visión que estudié de niño hacía de los cruzados unos héroes”.

La versión que adquirió de los libros árabes sobre aquel periodo, que aún hoy sigue marcando a fuego el subconsciente de la región y alimentando su malestar hacia las aventuras militares de Occidente, indicaba lo contrario y así lo narró en su primer trabajo. Tres años después comenzó su segundo libro, ‘León el Africano’, una novela de tintes históricos en la que recuperaba la idea de su ensayo. ” Había algo de contar la caída de Granada vista por los árabes” explicaría el autor, si bien su obra le sirvió para encontrar su nuevo camino vital. Cuando llegó a la página cien, se despidió de Jeune Afrique, la revista para la que trabajaba, para dedicarse por completo a la literatura. “Durante unos meses vivimos de nuestros escasos ahorros, pero por suerte fue un éxito. Ese libro dio un giro azaroso a mi vida, posiblemente tan decisivo como mi salida del Líbano”.

Escritor disciplinado

Tras ‘León el Africano’, llegarían ‘Samarcanda’ y ‘Los Jardines de la Luz’, novelas que se sirven de figuras históricas [ambas persas, que no árabes] para recrearse en el orientalismo, tan desconocido en Occidente. A ellas les sucedió ‘El primer siglo después de Beatriz’.

Con el tiempo Amin Maalouf se creó una disciplina y un escenario: una pequeña casa en una isla atlántica donde se encierra durante varios meses al año para escribir, siete días a la semana, diez horas diarias, al modo de un prolífico ermitaño capaz de manejar varias novelas a la vez.

“En mis archivos, hay constantemente cuatro o cinco libros parcialmente escritos. Algunos esperan desde hace ocho o nueve años” Su primera obra fruto de semejante reclusión recibió el Premio Goncourt, el más prestigioso galardón literario de Francia. Fue ‘La Roca de Tanios’ (1992), inspirado en su infancia y en su Líbano natal, aunque no trataría abiertamente su pasado hasta ‘Las escaleras de Levante’, su siguiente obra.

“En todo lo que escribo, tengo la sensación de llevar a cabo un combate, mi combate, siempre el mismo. Contra la discriminación, la exclusión, el oscurantismo, las identidades limitadas, la pretendida guerra de civilizaciones y contra las perversiones del mundo moderno, como las manipulaciones genéticas azarosas”.

Esa lucha interior unifica una obra a la que hay que sumar ‘Identidades Asesinas’, un ensayo publicado en 1996 antes de regresar a las novelas con ‘Las escaleras de Levante’ (1996) y ‘El Viaje de Badassare’, en el año 2000, el mismo en el que sorprendió a público y críticos escribiendo un libreto para ópera, ‘El amor de lejos’, aclamada por el público. Su bibliografía la completan ‘Orígenes’ (2004) y’ ‘El desajuste del Mundo’, otro ensayo publicado el pasado año.

Mayo 2016

Amin Maalouf, escritor libanés y miembro de la Academia Francesa (la RAE de nuestro país vecino), presentó, el día de apertura de la Feria del Libro de Madrid, su nuevo libro, «Un sillón que mira al Sena» (Alianza Editorial). En su nueva obra, Maalouf explora cuatro siglos de cultura francesa y europea, a través de los académicos que le precedieron en el sillón 29.

La idea del libro le surgió por compromiso y por cierto remordimiento, como expresa el autor en el preámbulo. Es habitual que cada nuevo miembro de la Academia Francesa realice una breve semblanza sobre el anterior integrante, en el caso de Maalouf, el antropólogo Claude Lévi-Strauss. En el proceso, fue descubriendo a otros predecesores, y le apetecía «conocer mejor a todos esos personajes» a los que ahora le une «una filiación espiritual».

«Un sillón que mira al Sena» es un sincero repaso por la cultura occidental desde 1634, cuando el primer ocupante de su sillón accedió al cargo. Curiosamente, este primer predecesor solo duró 14 meses; el «inmortal» (así se llama a los miembros de la Academia) se ahogó en un río cuando trataba de salvar a su pupilo. Escribirlo ha sido un placer para Maalouf, quien aseguró que «a veces se escribe con dolor», y espera haber transmitido la felicidad que le ha aportado hacerlo.

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El escritor, heredero de la cultura francesa y libanesa, no oculta sus preocupaciones sobre Occidente. Él huyó de Líbano cuando estalló la guerra civil en 1975. Recuerda lo fácil que le resultó salir: «me subí a un barco con destino a Chipre, allí necesitaba una carta de recomendación para viajar a Francia, y tardé lo que dura un café en conseguirla». Sus facilidades le hacen pensar que aquel mundo parece otro planeta si lo comparamos con nuestros días.

 

 

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La Grande Librairie

 

 

La poeta que quiso vivir: Idea Vilariño.

Compuso Enrique Santos Discépolo (1901-1951) una hermosa frase para definir el «tango». «Es una pensamiento triste, que se baila», dijo el músico y dramaturgo argentino. Lo hizo sin saber que esa definición, encerrada en apenas siete palabras, marcaría la vida de Idea Vilariño (1920-2009). La uruguaya, una de las autoras hispanoamericanas más importantes (y olvidadas) del siglo XX, bailó palabras que no eran sino sus sentimientos, siempre melancólicos, pese a su deseo de vivir. Vida y muerte enfrentados, para siempre, en la figura de una mujer que fue muchas cosas, pero sobre todo poeta. Se negaba a considerarse poetisa, una palabra cursi, cargada de debilidad y concesiones.

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Tras largos años de ausencia, Idea Vilariño, la poeta, desafiante, bella, misteriosa, ha vuelto al panorama editorial español gracias a la recuperación de su «Poesía completa» (Lumen). Sin prólogos ni artificios, la obra se distribuye en «Primeros Poemas», «La suplicante» (1945), «Cielo, cielo» (1947), «Paraíso perdido» (1949), «Por aire sucio» (1950), «Nocturnos» (1955), «Poemas de amor» (1957), «Pobre mundo» (1966), «Poetas» y «No» (1980, dedicado al que fuera su marido entre 1975 y 1986, Jorge Liberatti). Es decir, un orden cronológico para mostrar la obra de quien concebía la vida en términos absolutos.

Idea (nacida Elena) Vilariño aseguraba que había comenzado a escribir antes, siquiera, de saber escribir; como quien aprende a leer escuchando cuentos, antes de saber que el juntar letras en un papel tiene un significado. Lo hizo de chiquita, en su Montevideo natal, donde también tocaba el violín. No obstante, su padre era poeta anarquista (de ahí, quizás, el compromiso político de la poeta, que hizo que llegara a rechazar una beca Guggenheim) y su madre una lectora voraz. Tuvieron Leandro y Josefina cinco hijos: Azul, Alma, Poema, Idea y Numen.
Son aquellos años de infancia los más felices de la autora y también los más olvidados, soterrados por la intensidad de todo lo que vino después. ¿Y qué vino? Poesía, por supuesto, siendo digna integrante de la Generación del 45; enfermedad, padeciendo asma y una extraña dolencia que le provocaba dolorosos eccemas, hasta perder la piel a jirones; y pasión, muerta (en vida) de amor por Juan Carlos Onetti (1909-1994), al que dedicó muchos de sus poemas más desgarradores.

Una mujer solitaria
«Era una mujer tan reprimida que por eso la pasión hizo en ella los estragos que hizo», explica la también uruguaya Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941), quien cree que «sus poemas fueron la tabla de salvación para no suicidarse». Peri Rossi y Vitale fueron «colegas», que no amigas. «Nos respetábamos. No era nada comunicativa, era muy solitaria, fría, distante y reservada. Algo en ella me hacía pensar que no era muy dada a los sentimientos, porque siempre ponía una distancia como para protegerse», recuerda Peri Rossi. Esa personalidad suya hizo que rompiera con la tradición de la poesía modernista en Uruguay, «con mucho adorno y metáfora». «Imprimió una intensidad, que es paralela a su despojamiento. Su vigor viene de la emoción directa, de ese enfrentamiento, despojado, con sus sentimientos», remata Cristina Peri Rossi.

Tenía, sin duda, gran conciencia de ser poeta. Desgarrada poeta del yo. En una entrevista que Mario Benedetti (1920-2009) le hizo en 1971 (fueron muy pocas las que concedió, oculta tras la celosía de sus versos), Vilariño recordó cómo una noche, en Cuba, se puso a leer sus propios poemas para saber quién era. Quizás fuera uno de los días que, en 1968, pasó en La Habana como jurado del Premio Casa de las Américas. Allí coincidió con Julio Cortázar, José Lezama Lima y Juán Marsé. El autor barcelonés la recuerda como «una mujer muy libre, muy a su aire», pero «muy amargada en el fondo, con una vida interior fuerte, muy intensa». Una tarde, estando en Trinidad, Vitale no se presentaba y Marsé fue a buscarla al hotel. La encontró en su habitación, tumbada en la cama. «No tengo ganas de nada», le dijo, y le propuso que se pasaran la noche tomando tragos.

Hoy, apenas ocho años después de su muerte (a su entierro, el 28 de abril de 2009 en Montevideo, no fueron más de diez personas), la poesía de Idea Vilariño refleja la eterna juventud de quien vivió 89 años en un mundo aparte. Sola.

«Inútil decir más.

Nombrar alcanza».

La poesía del cuchillo; por Elena Medel

Con qué escribía Idea Vilariño: con un cuchillo afilado, con la sangre que brota del cuchillo afilado, con la carne abierta del cuchillo afilado. Ese cuchillo quiebra la vida, y con el gesto prende la mecha del poema: poemas en torno a la muerte, a la soledad y al vacío, tejidos con el silencio y la palabra exacta, siempre en tensión con el amor y el deseo; versos, en resumen, sobre la forma en la que nos relacionamos con nosotros y con los demás, sobre la forma en la que nos construimos. Ahí late «Ya no», su poema más célebre: esa letanía de experiencias con las que se contaban pero que jamás se vivirán, y en la que Vilariño se despide de una relación y se despide –al mismo tiempo– de la cotidianidad que esa relación le habría deparado. O «Cuando compre un espejo para el baño», ese poema sencillo y brevísimo, con un extraño tono humorístico, en torno a la idea que uno mismo erige sobre sí.

La escritura de Idea Vilariño se subraya política –toda escritura lo es– en la reivindicación del sujeto femenino. No disipa la marca de género, sino que la potencia: el choque entre el mundo del hombre y el mundo de la mujer, entre sus experiencias y circunstancias, entre las propias palabras con las que se comunican o se malentienden. La poética –a cuchillo– de Vilariño duele, y elude –desordenándose– un trato fácil con el lenguaje, al que se enfrenta desde la conciencia de que al nombrar se existe. Un trato que ella comprende como un reto, y cuya práctica tiene que ver con los entornos de su poesía: con sus finas traducciones de Shakespeare, y por tanto con una tradición elegida que resulta simbólica en lo temático; con su trabajo –como creadora o como estudiosa– de las letras del tango, encajando música y discurso; y con su investigación de la poesía de Antonio Machado, de quien aprendió que un poema debe poder leerse como varios.

Idea Vilariño escribió poesía mientras la escribían Marosa di Giorgio, Circe Maia o Ida Vitale, en la misma tierra y en el mismo tiempo, y no se me ocurren cuatro autoras más distantes, y sin embargo los brillos de ellas –la exuberancia, la evocación, el mensaje preciso– los comparte. ¿Con qué escribía? Con un cuchillo afilado, con un mapa que se rasga, con una brújula para nunca perderse.

Milagros con un puñado de palabras; por Leila Guerriero

Idea Vilariño murió en abril de 2009, y a estas alturas parece indiscutible la frase del crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal: «Algún día seremos recordados como los contemporáneos de Idea Vilariño». Vilariño es citada hoy entre los grandes poetas de la lengua, y si toda escritura termina por ser el rastro de un cuerpo, de una vida, la suya lo es como pocas. Aunque nunca fue barroca, su poesía se cargó, con los años, de una economía de recursos asombrosa. Operaba milagros con un puñado de palabras simples a las que dotaba de la potencia de una cimitarra. «Si te murieras tú / y se murieran ellos / y me muriera yo / y el perro / qué limpieza», dice uno de los poemas, que nunca superan los once versos, de su libro «No», publicado en 1980.

«Cada vez me prohibo más desarrollar o explicar, y por lo tanto los poemas son mínimos», le decía a Jorge Albistur, en una de las pocas conversaciones públicas que se permitió en vida, y donde habría que prestar atención a la palabra «prohibir», puesto que da una idea de la disciplina y el control de sí misma de una mujer que fue, también, alguien de amores fuertes, de carácter fuerte, de apetencias y rechazos fuertes. Una vez le preguntaron «¿Cuál es tu lema?», y ella respondió: «Ninguno. Pero podría ser ‘¿Para qué?’». Escéptica, descreída, militante de izquierdas, tozuda, su vida y su poesía están edificadas sobre ciertas ideas acerca del amor –una fuerza aniquiladora–, la naturaleza humana, el sinsentido, y llevó esas ideas hasta el final. Al morir, dejó una nota que decía: «Nada de cruces. No morí en la paz de ningún señor, etc. Empresa Forestier Posse o Martinelli. Decir allí murió Idea Vilariño. Cremar». Nadie se atrevió a llevarle la contraria.

ESO

Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía.

Mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida.

EL ENCUENTRO

Todo es tuyo
por ti
va a tu mano tu oído tu mirada
iba
fue
siempre fue
te busca te buscaba
te buscó antes
siempre
desde la misma noche
en que fui concebida.

Te lloraba al nacer
te aprendía en la escuela
te amaba en los amores de entonces
y en los otros.

Después
todas las cosas
los amigos los libros los fracasos
la angustia los veranos las tareas
enfermedades ocios confidencias
todo estaba marcado
todo iba
encaminado
ciego
rendido
hacia el lugar
donde ibas a pasar
para que lo encontraras
para que lo pisaras.

 

Uno de nosotros: Idea Vilariño

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille

Fuentes: abc.es, Libros, junio 2016.

You tube, Televisión Nacional Uruguaya.

César Aira, el maestro de la novela corta.

César Aira: «Mis libros son ensayos que disfrazo de novelas para que no me tomen por loco»

César Aira (Coronel Pringles, 1949) escribe porque «es lo único» que sabe hacer «más o menos bien». No persigue, según confiesa, «ninguna finalidad ulterior» y, sin embargo, logra el deleite de cuantos lectores se acercan a su obra. Una paradoja que trasciende el pequeño universo del argentino, que pasa los días de libro en libro. El último de ellos, «El santo» (es el número 80 de su nómina oficial de ficción), con el que Literatura Random House inaugura su «biblioteca de autor» en España.

– ¿Qué recuerda de su primer contacto con la literatura?

– El primer placer sostenido que me dieron los libros fue el de los veinte gruesos tomos de la saga de Sandokán, de Salgari, que leí antes de los 12 años. No fue mucho después, a los 14 o 15, cuando ya estaba leyendo a Borges y descubría el otro nivel, el que hace literaria a la literatura. Por lealtad a la infancia, seguí mezclando los dos niveles.

– ¿Qué piensa ahora de los primeros libros que publicó?

– No releo, ni juzgo, tampoco reniego. Los primeros que publiqué no son los primeros que escribí. Cuando apareció «Ema la cautiva», en 1981, yo llevaba más de diez años de escribir pequeñas novelas, una tras otra. «Ema» debe de ser la número veinte, así que, aun siendo la primera, no es obra de principiante.

– Hay quien le ha definido como un escritor posmoderno. ¿Cómo se definiría usted?

– Esas clasificaciones no son de fiar, y menos cuando empiezan a agregar «posts» y «neos». Sobre todo porque dependen de complicadas definiciones, en las que nadie se pone de acuerdo. Yo inventaría para mí algún marbete intrigante, que dejara pensando a los críticos, por ejemplo «preneodadaísta».

– ¿Qué tipo de literatura le atrae? ¿Y qué persigue al escribir?

– Como lector, pruebo todos los platos del menú. Todo sirve. Lo bueno para disfrutar, lo malo para aprender. Escribiendo, hago lo que puedo, que a veces, casi por casualidad, coincide con lo que quiero.

– ¿Es la escritura un ejercicio de disciplina? ¿Cree en la inspiración, en la visita de las musas?

– Creo que en nuestro oficio hay dos estadios: la invención, que es juego, y la redacción, que es trabajo (o se parece más al trabajo, aunque con vastos recreos). Escribir es cosa mental, redactar es una artesanía, que yo veo cercana a la escultura, porque de lo que se trata es de dar volumen y forma, esa tridimensionalidad que tiene la buena escritura.

– Hablando de inspiración, ¿cómo la encuentra usted?

– Básicamente en los libros que leo, que a su vez vienen de otros libros.

– La ironía es constante en su narrativa. ¿Por qué ese uso tan habitual?

– Puede ser un rasgo de carácter, simplemente. La ironía es una forma de la cortesía, su raíz está en no tomarse en serio a uno mismo. Pero la ironía es consustancial a la literatura, porque es un distanciamiento. La lengua pegada a su sentido es puramente comunicacional, no artística.

– ¿Cuáles son las herramientas más frecuentes en su obra?

– Creo que es mejor no clarificar mucho los mecanismos con los que trabajamos, para que el trabajo no se vuelva, precisamente, mecánico. Es mejor preservar un elemento de misterio ahí.

– En febrero cumplió 66 años y publicó su primera obra a los 26. En ese tiempo, ¿cómo ha cambiado el mundo editorial?

– Publicar se ha vuelto mucho más fácil. Escribir también, a juzgar por la cantidad de gente que escribe y publica. Por eso predico la escritura manuscrita: va más lento, y así se escribe menos, y mejor; da más tiempo para pensar, permite el placer de tachar. Y en lo posible escribir en cafés, donde uno puede levantar la vista, distraerse, darle aire al pensamiento. El que se encierra en un cuarto frente al ordenador puede despachar 20 páginas en media hora, con lo que no hará más que contribuir al anegamiento literario que nos está desalentando tanto.

– ¿Qué opina de la línea que separa la ficción y la no ficción?

– Mis «novelas» (pongámosle comillas porque, en realidad, nunca escribí novelas de verdad) están llenas de teorías, científicas, sociológicas, económicas, que pienso en serio pero las expongo en marcos narrativos surrealistas para desalentar a los que quieran refutarlas con argumentos serios. Yo diría que son ensayos que disfrazo de novelas para que no me tomen por loco.

– Sus novelas suelen ser cortas. ¿Cómo las afronta?

– Siempre empiezo con la intención de llegar a las cien páginas, como para que el libro tengo un mínimo de lomo. Es raro que llegue, rarísimo que me pase. La clase de historias que se me ocurren, la densidad poética que busco, van en contra de la extensión. Y no tengo la suficiente confianza en mí como para creer que un lector me aguantaría por un número grande de páginas.

– Al leer «El santo» no pude evitar preguntarme si el personaje existió realmente.

– Este santo mío existió de verdad. Saqué su historia de un libro (¿no le decía que me inspiro leyendo?). Pero en la realidad los catalanes se salieron con la suya y lo mataron. Yo lo salvé. O quizás creyendo salvarlo le di el tiro de gracia.

– En «Continuación de ideas diversas» escribe:«Los únicos que leen buenos libros son los que leen desde siempre».

– La lectura es la escuela natural de la escritura. No hay otra.

– En ese mismo libro dice: «El recurso a lo sobrenatural es un atentado contra la poesía del mundo». ¿A qué se refería?

– No recuerdo contra quién apuntaba. Probablemente contra ese género execrable, el llamado fantasy. Inventar esos reinos fabulosos es un fraude. Se salta el trabajo literario y pretende llegar directamente al resultado. Los grandes realistas muestran cómo había que hacerlo. Dickens, por ejemplo: describía el Londres donde vivía, y su arte lo transformaba en un reino fabuloso con dragones y brujos y flores que hablan.

– ¿Cree que los escritores son desdichados? ¿Siempre hay que dejar algo en el camino?

– ¿Quién dijo que los escritores son desdichados? Coincido con Stendhal en que escribir es un placer «denso y profundo», y no hay muchos así. Para el que lo ha probado, todos los demás placeres palidecen.

– ¿Se puede aprender a escribir o es una decisión de vida?

– Se puede aprender a escribir bien, por ejemplo en los talleres literarios o con un buen tutor. Pero escribir a secas, como decisión vital o vocación o como quiera llamarlo, es algo que está más allá del bien y del mal.

– ¿Qué me dice de los «best sellers», qué opinión le merecen?

– La literatura comercial tiene su utilidad. Además de informar y entretener y darle de comer, a veces con magnificencia, a sus autores, sirven para que los editores tengan superávit y puedan publicar esos libros raros como los míos con los que pierden plata.

César Aira – entrevista, mi ideal es el cuento de hadas

 

Su más reciente obra:

La invención del tren fantasma (2015)

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Los tres escritores argentinos más importantes del último tiempo son Ricardo Piglia, Rodolfo Fogwill y César Aira. Este último, catalogado como el arquitecto de la literatura delirante, ha escrito más de sesenta obras: La invención del tren fantasma es su última novela. Compuesto por tres microrelatos que narran estados literarios durante procesos económicos, hallamos una sutil y no panfletaria crítica al capitalismo y sus procesos de deshumanización. En “Los arqueólogos”, uno de los capítulos, vemos a un grupo de profesionales que habitan una diminuta comunidad. En un trabajo silencioso se encargan de reconstruir un pasado que se encuentra bajo nuestros pies. Obras funcionales servían para decorar museos y casas de magnates. Sin embargo, este proceso se ve interrumpido por la aparición de máquinas carentes de funcionalidad. Con el tiempo estas se multiplicaron, hundiendo al pueblo en una creciente incertidumbre, pues la estructura social reinante no permite la no funcionalidad de las cosas: todo es instrumentalismo. “Los lingüistas”, el primer microrelato, narra la historia de un pueblo de lingüistas movidos por la vocación y el conocimiento. Jamás se tomaron descansos, su interés era estudiar lenguas extintas y transmitir sus nociones a las generaciones venideras. Todo se ve interrumpido cuando se encuentran con la poesía. De frente y sin advertirlo el descubrimiento les generó pavor por su futuro. Cierra el escrito “El joven pobre”, la historia de un zapatero que sólo puede ver por una comisura de la puerta de su trabajo lo que pasa al otro lado. Ve caminar estudiantes y siente nostalgia por el conocimiento que en las universidades adquirirán. Cuestión de la que el narrador inmediatamente se mofa: “Lo que ignoraba, en su ingenuidad de excluido, era que a los universitarios nada les importa menos que el saber. Asistían a clases por presión social y familiar, y sobre todo porque era lo que había que hacer a esa edad”. Durante gran parte del libro apreciamos una burla y ridiculización hacia las instituciones del saber y sus proyecciones; exponiendo un choque invisible entre el deseo y lo deseado. Una noche antes de dormir, y con sólo una vela por testigo, el joven zapatero dibuja en una pared un plano que no cambiará su vida, pero sí la de la humanidad.
César Aira es un escritor híbrido en las temáticas que desarrolla. Puede pasar de lo biográfico a la narrativa-cómics, o de la Argentina del siglo XIX a un espacio apocalíptico. No hay un paradigma que monopolice sus escritos, es decir, hay una incesante creación que dispara hacia múltiples voces. Por lo mismo, la trama no es lo más relevante en sus libros. Aquí cobran importancia la infinidad de interpretaciones que sobre sus textos podemos realizar, por ende, es vital un lector agudo y presente. Así como en “La invención del tren fantasma” es válida una lectura que observe los invisibles planos de los procesos económicos, igualmente podemos realizar una interpretación desde la teoría literaria. Zapateros, lingüistas y arqueólogos pueden ser vistos como titiriteros invisibles de la cultura y el lenguaje. Manejando y distribuyendo hilos desde un borde que sólo es notorio para el resto de la comunidad cuando las palabras y las cosas dejan de nombrar.
“La invención del tren fantasma” es un libro con un gran volumen poético. Plagado dereflexiones deliciosas y notables que nos gritan en cada lectura que Aira es un imperdible, y que es urgente que nos subamos a sus carros de delirios manchados con realidad.

Carla Montero presenta la novela «El invierno en tu rostro»

La escritora Carla Montero presentó su nuevo libro «El invierno en tu rostro» Plaza & Janés), lanzado justo un día antes del comienzo de la Feria del Libro de Madrid. La autora, novela la historia de sus antepasados, implicados en ambos bandos de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial.

Según David Trías, editor de Plaza & Janés, es una de las grandes apuestas para la feria. Es la cuarta novela de una escritora que arrasó con «La tabla esmeralda», y que llega con fuerza con una historia que le ha llevado años documentar, y que es «un tema universal», expuso el editor durante la presentación del libro.

«Es otra historia más de la Segunda Guerra Mundial», afirmó Montero, «y habrá más porque no hemos conseguido comprender la barbarie a la que llegó la sociedad en los primeros 50 años del siglo XX». Precisamente por incomprensión la autora quiso adentrarse en la historia de su familia, ya que asegura no entender cómo algunos de sus antepasados hicieron lo que hicieron. «Es la historia de mi familia, pero representa a gente de una generación con la que te cuesta empatizar», expresó.

Montero es número uno en ventas en Polonia
Pero dentro de todas las tribulaciones de las guerras, «El invierno en tu rostro» relata una historia de amor entre dos hermanastros que luchan contra la distancia y las diferencias ideológicas de ambos personajes. Pero es un punto de partida para contar mucho más, y tiene algo de «moralina». Es el primer título que Montero pone a sus novelas, ya que le «interesa la historia más que cómo se llame». Se basa en un poema de John Keats, cuyo mensaje nos recuerda que a pesar de la dureza, y el frío del invierno, la primavera siempre llega. Y es como la historia del libro, relata una época fría y oscura, pero al final hay esperanza.

Es una historia de su familia pero no buscaba «hacer una crónica familiar, son anécdotas sueltas, historietas» que Montero escuchaba y ella ha ido engarzando y novelando. Le ha sido difícil ser imparcial, son unos personajes «llenos de claroscuros», afirmó Trías, porque, aunque sean novelados, están basados en vidas, en hechos reales.

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La historia como lección
Aunque es una novela de amor, Montero ha realizado un laborioso trabajo de documentación histórica. «No es solo un guión, está profundamente detallado con hechos», aseguró la autora. Después de tanto tiempo indagando en este periodo, cree que los extremismos por los que se desencadenaron los conflictos que aparecen en el libro son inherentes al ser humano, «de algún modo lo llevamos dentro, y no hemos aprendido de la historia, no la leemos como lección», expuso Montero.

En Polonia hay una constante búsqueda del pasado nacional, en el que la Segunda Guerra Mundial es un momento clave de la historia polaca. Por eso, y porque «son los latinos de la Europa del Este», es por lo que Montero cree que allí es número uno en ventas. Y es por lo que «El invierno en tu rostro» puede gustar en España y en cualquier lugar del mundo, porque a partir de una microhistoria, la de una familia, se cuenta algo que es universal.

 

Fuente: abc.es, Libros.