El príncipe Húngaro: Péter Esterházy:

Durante años, antes de llegar la democracia a su país, y antes de que la lengua húngara fuera coronada en 2002 con el Premio Nobel de Literatura a través del recientemente fallecido Imre Kertész, Péter Esterházy fue junto al checo Milan Kundera el autor más difundido internacionalmente de los antiguos países pertenecientes al Telón de Acero.

Disidente político, crítico vitriólico de los totalitarismos, defensor de una gran libertad e innovación creativa en sus obras, Esterházy fue un gran amigo de Kertész en vida. Algo parecido a un cómplice literario y a ese hijo que el Premio Nobel, judío sobreviviente de Auschwtiz, jamás tuvo.

En 2005 publicaron conjuntamente el libro «Una historia: dos relatos» (Galaxia Gutenberg), en el que partiendo de una anécdota auténtica, ambos reflexionaban en torno a un individuo, indefenso y humillado, enfrentado al poder arbitrario y la fuerza bruta. Alguien que no sólo se tenía que enfrentar a ello en épocas totalitarias, sino también posteriormente, en momentos aparentemente banales en los que aún persistían las huellas de tiempos peores.

FRACASÉ COMO INTELECTUAL ME GUSTA EL FÚTBOL”

por Javier Rodríguez Marcos (Madrid 2010)
Peter Esterházy (Budapest, 1950) es como una iglesia con un tiovivo dentro: serio solo por fuera. Sus libros son justo lo contrario: solo superficialmente son humorísticos. En el último, Sin arte (publicado por Acantilado en traducción de Adan Kovacsics), cuenta la pasión futbolística y la muerte de su madre durante la dictadura comunista con un tono irónico que contrasta con la gravedad del tema. ¿Forma de distanciamiento o cuestión de carácter?
“El humor”, responde Esterházy, “no disminuye el grado de dolor, pero la comedia está siempre a un paso de la tragedia. En mis libros van juntas. Por eso a veces el lector llora cuando debería reír. Y viceversa”.
En Sin arte, la madre del escritor aparece como una erudita del fútbol húngaro, amiga de Puskas y obsesionada con hacer de su hijo un delantero de provecho. Corrían los años gloriosos del “equipo de oro”, la selección que ganó los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952 para caer dos años después ante Alemania en la final del Mundial de Suiza. Peter Esterházy no llegó muy lejos corriendo por la banda derecha. Su hermano Márton, sin embargo, sí. Creció “como la mala hierba” al margen de la vigilancia materna, y terminó jugando en México 86.
“Mi madre pegaba en un cuaderno las noticias sobre mi hermano. Nunca lo hizo con las reseñas de mis libros, pero sobreviví a la afrenta”, dice el escritor sonriendo.

El opio del pueblo

Para los Esterházy el fútbol fue una vía de escape: “En una dictadura todo el mundo busca un camino de huida. Luego llega la libertad y la gente no sabe qué hacer con ella: está preparada para sobrevivir, no para vivir. El comunismo terminó con las incertidumbres, y eso es asfixiante pero tranquilizador”.
¿La evasión política se ha convertido en distracción social?
“El fútbol es un opio, sí. Hasta que acabe el Mundial no hablaremos de la crisis, solo de si Xavi movió bien la pelota. Cuando aplastaron la revolución del 56 se produjo una depresión en Hungría, pero para muchos saber que Puskas jugaba en el Real Madrid era una señal de que había que seguir luchando. Fue un autoengaño, claro, pero así funcionan los mitos”.

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Autor de títulos como Pequeña pornografía húngara o Armonía celestial, Peter Esterházy insiste en que su relación con el fútbol no es la de un intelectual sino la de un jugador, aunque sea uno fracasado: “Los que desprecian el fútbol tienen razón, su degradación es objetiva, pero yo no veo las cosas repugnantes que lo rodean, solo lo que sucede en el campo, y el juego en sí puede ser tan refinado como para complacer las exigencias del intelectual más pedante. No me interesa la violencia, la corrupción… O sea que sí, podríamos decir que fracasé como intelectual: me gusta el fútbol”.
En un pasaje de Sin arte, el novelista fantasea con un partido en el cielo promovido por Dios -“que es húngaro”- entre ángeles y escritores. Cuando se le pide la alineación matiza: “Los buenos escritores van a terminar en el infierno. Quizás se colasen en el cielo Cervantes y Chesterton, pero por un malentendido”. Y si Dios es húngaro, ¿por qué Hungría no se clasificó para Sudáfrica? ¿Siguiente pregunta?”.

 

El legado de Estérhazy

Fantástico maestro de las amalgamas textuales, en la obra de Estérhazy  se mezclan sin cesar la autobiografía y la historia durante y después del comunismo, las parodias humorísticas e iconoclastas junto a la presencia permanente de una magnífica erudición en todos los campos.

En sus libros humor, crónica histórica, represión política, recuerdos del Imperio Austrohúngaro, deconstrucciones sobre el amor y el sexo, pasión por el fútbol, viajes y emocionados homenajes literarios como el que le dedicó a su admirado Bohumil Hrabal («El libro de Hrabal», 1990), convivían con los recuerdos de la célebre estirpe magiar de la que provenía: la Casa Estérhazy. Una familia que protagonizaba, a lo largo de 150 años, su monumental obra maestra «Armonía celestial», de 2000. Otras de sus más célebres obras son: «Los verbos auxiliares del corazón» (1985), «La mirada de la condesa Hahn-Hahn» (1992), «Una mujer» (1995) y «Sin arte» (2008).

Hay que decir que este escritor tuvo un acto de valentía singular. Poco después de ser publicada «Armonía celestial», en la que su padre, el conde Esterházy, ocupaba un importante papel simbólico de represaliado por el comunismo, se abrieron los archivos de la policía secreta. Allí se descubrió que, tras la fallida revolución democrática de 1956, su progenitor trabajó durante años como confidente del Misterio del Interior. Ante esa noticia, probablemente la más amarga de su existencia, Péter Estérhazy publicaría una dolorosa réplica a su anterior obra, titulada en esta ocasión «Versión corregida» (2002).

 

Su obra maestra: Armonia celestial

Los Esterházy, una de las familias aristocráticas más grandes e influyentes de Europa, se inscribieron durante siglos en la historia de Hungría y del imperio de los Habsburgo. La procedencia de esta familia es historia nacional y la monumental novela Armonía celestial fue saludada en las listas de best sellers como una epopeya nacional (Corriere della Sera). Dividida en dos partes, en la primera de ellas, Frases numeradas de la vida de la familia Esterházy, el autor aborda en 371 párrafos la historia de los Esterházy en los últimos 500 años, analizando ampliamente la conciencia de la nación húngara y de la monarquía de los Habsburgo. En la segunda parte, Las confesiones de una familia Esterházy, se narra la historia de la familia durante los siglos XIX y XX.

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