Entre ciclos…

Terminando un mes y ya casi empezando otro, terminado un ciclo y empezando uno nuevo, no cabe duda que la vida y el universo son perfectos, todo a su tiempo. De nada sirve desesperarse, ni quejarse, ni apresurar las cosas todo llega en el momento preciso. Por lo que deje, que de igual manera me llegara la inspiración para escribir este artículo para el blog, y sobre todo el tiempo, que como ya les he contado este año tengo la impresión que va más de prisa. Sin embargo, ahora veo con más calma que era una percepción errónea.

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La última vez que escribí algo para el blog fue en agosto y de aquí a entonces han pasado tantas cosas, que no sé ni por donde comenzar. Y como ha habido de todo, me limitaré a contarles lo positivo, que de lo malo se encargan los noticieros… Primero, agradecida por que con el verano terminó un ciclo-ciclón y con la entrada del otoño he iniciado un periodo de calma-planificación, al fin puedo apreciar el mar de la vida sin exabruptos y tomar el mando de mi navío para explorar nuevos mares, emprender nuevas aventuras, bref simplemente me siento muy dichosa, aunque creo que más bien se llama en paz, eso es, estoy en paz. Y si a eso le agregamos que ando inspirada, pues todo va mucho mejor, pues mi inspiración me lleva a crear, y mi modo de crear es escribir, y cuando estoy en etapa creativa todo es sensacional. Y a pesar de los obstáculos y batallas que todavía me queda por librar estoy en una onda muy positiva, y es que no queda de otra, así es la vida hermosa, misteriosa, con sus claro oscuros únicos. Y aunque no soy una pitonisa, si sé que viene un cambio, estoy trepada en la rueda de la fortuna subiendo, ya veremos que sorpresas me trae. Y después de este choro mareador (como decimos en México) pasaré a mi informe epistolar sobre mis lecturas, en que me quede…

… Terminé el Perro de Baskerville que me encantó y que como buena sabueso, descubrí antes del final quien estaba detrás del misterioso y diabólico perro. Conan Doyle sabía como mantener enganchado y en suspenso, sus novelas nunca me aburren, al contrario siempre quiero más…

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A finales de agosto recibí un paquete de libros que mis padres tan amablemente me enviaron desde México. Y entre ellos esta la novela de  La traición de Bourne de Robert Ludlum, por Eric Van Ludstbader (éste último autor retomó la saga de Bourne). El libro tiene 639 páginas y ya voy en la 266, lo inicié hace dos semanas, y bueno cada vez que tengo un tiempo libre ahí estoy leyendo, ávida de saber que va a pasar con Martín Lindros su único amigo dentro de la CIA. Bourne liberó a su amigo de sus secuestradores, un grupo terrorista (en Etíopia), pero Martín ya no es Martín que enredo… me pregunto cuando Bourne se dará cuenta. Y por supuesto se los recomiendo es una película de acción mental sin parar. El Club de Bilderberg aún no lo termino pero en esas estoy… Y para tomar un répit de tanta acción, intrigas, y asesinatos escogí Rayuela de Cortázar en mi segundo intento por leerla, ya que la primera vez estaba distraída con otras lecturas. Apenas re-inicié ayer, así que todavía no puedo darles mi opinión. Se preguntaran por que no he leído más, lo que pasa es que también me fui de vacaciones en familia( de nuevo a Cuba), a la playita y bueno entre los preparativos, el viaje y el regreso a clases, no tuve tiempo, entre que soy mamá, ama de casa, cocinera, chofer, profesora, decoradora de interiores, jardinera, escritora y lo que me salga de improviso el tiempo de repente me escasea. Sin embargo, trato de encontrar un tiempo para todo, pero, hay veces que las situaciones se salen de mi control y ni modos. Lo importante es que ahora ya volví a reorganizar mi agenda y aquí estoy haciendo lo que más me apasiona: escribir y leer. Les deseo un excelente fin de semana y una estación otoñal de expansión total, hasta la próxima.
Lorena Lacaille
Longueuil, septiembre 29, 2016.

Derechos de autor
Este artículo es de libre distribución siempre y cuando respetes el nombre del autor y no alteres la información.
© Lorena Lacaille, 2016.

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Thierry Meyssan y la Red Voltaire.

Thierry Meyssan (nacido el 18 de mayo en 1957 en Talence, Gironda) es un periodista y activista político francés, autor de investigaciones sobre la extrema derecha (especialmente sobre la milicia del Frente Nacional, que suscita una investigación parlamentaria y provoca una escisión del partido de extrema derecha), así como por su defensa de la laicidad de la República y sobre la Iglesia católica (el Opus Dei, por ejemplo), entre otras. Meyssan es uno de los principales defensores de las teorías conspirativas sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuya autoría atribuye en su libro La gran impostura a una parte del complejo militar-industrial de los Estados Unidos.

Tras realizar estudios de ciencias políticas, Thierry Meyssan impulsó una asociación de defensa de las libertades individuales, y posteriormente encaminó su carrera hacia el periodismo de investigación.
Su trayectoria profesional lo ha llevado a ser un verdadero experto en Derechos Humanos en la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE), así como a redactor jefe de la publicación mensual Maintenant. Es presidente de Réseau Voltaire y editor de una carta de inteligencia política.

Libros
La Gran Impostura, La Esfera de los libros (Madrid), 2002.
Le Pentagate, Carnot (Paris)
Os Senhores da Guerra, Frenesi (Lisboa), 2002.
Prólogo (con Jean Ziegler) de Le Cartel Bush, Timéli (Geneva), 2004.
Políticamente Incorrecto, con Noam Chomsky, postdata de Fidel Castro, Ciencias sociales (La Habana), 200.
Prólogo (con José Saramago) de El Neron del siglo XXI, Apóstrofe (Madrid), 2004.
L’Effroyable imposture 1 & Le Pentagate, Nouvelle édition annotée, Demi-lune (Paris), 2007.
La Gran Impostura 2, Monte Avila (Caracas), 2008.

 

 

LA GRAN IMPOSTURA: NINGUN AVION SE ESTRELLO EN EL PENTAGONO

Las irregularidades de las primeras fotografías del atentado contra el Pentágono y la posterior confusión y contradicciones de las declaraciones oficiales, incluidas las que se realizaron sobre el World Trade Center, intrigaron a Thierry Meyssan , siempre atento observador de la actualidad internacional. A partir de entonces emprendió una investigación que lo ha llevado de revelación en revelación, tan insospechada como sobrecogedora. Según el autor, la versión oficial no se sostiene con un análisis crítico. Esta obra demuestra que se trata de un montaje. En algunos casos, los datos recogidos permiten reconstruir la verdad; en otros, las preguntas aún siguen sin respuesta, lo que no es una razón para continuar creyendo las mentiras de las autoridades. En cualquier caso, la tesis elaborada por Meyssan permite desde ahora poner en duda la legitimidad de la respuesta norteamericana en Afganistán y «la guerra contra el Eje del Mal». La gran impostura es un esfuerzo por recordar al lector que la libertad, en un período en que Estados Unidos separa el Bien del Mal, no es creer en una visión simplista del mundo, sino comprender, ampliar las perspectivas y aumentar los matices.

 

Unos de sus artículos

Para Londres, la propaganda de guerra es un arte
por Thierry Meyssan
Nadie dotado de sentimientos humanos puede aceptar ver niños sufriendo, y eso hace de los niños un tema perfecto para la propaganda de guerra. Thierry Meyssan aborda el uso de niños por parte de la coalición internacional encabezada por Estados Unidos en el marco de la guerra contra Siria.

RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 23 DE AGOSTO DE 2016

Como todas las guerras, la guerra desatada contra Siria da lugar a una avalancha de propaganda. Y los niños siempre constituyen un tema que se vende como pan caliente.

Por ejemplo, al principio de los incidentes, Qatar quería demostrar que la República Árabe Siria, lejos de servir el interés general de los sirios, despreciaba al Pueblo. La petrodictadura qatarí echó entonces a rodar, a través de su canal de televisión Al-Jazeera, la leyenda de los niños torturados por la policía en Deraa. Como muestra de la crueldad extrema de su adversario, Qatar precisó que los policías les habían arrancado las uñas a los niños. Por supuesto, ningún periodista logró encontrar a aquellos niños. La BBC finalmente transmitió una entrevista con dos de ellos… en la que podía verse que seguían teniendo uñas.

Como el mito resultaba imposible de verificar, Qatar echó a rodar una nueva historia en la que un niño de 13 años, Hamza Ali Al-Khateeb, había sido torturado y castrado por la policía del «régimen». Esta vez la historia estaba ilustrada con una imagen en la que podía verse un cuerpo sin sexo. Pero la autopsia demostró que el cadáver había sido mal conservado y que se había hinchado tanto que el vientre ocultaba el sexo del niño… que no estaba castrado.
En esta revista, Sir Arthur Conan Doyle imagina a Sherlock Holmes arrestando a un espía alemán. El escritor trabajaba en aquella época para el Buró de Propaganda de Guerra.
A finales de 2013, los británicos pasaron a ocuparse de la propaganda de guerra contra Siria. Hay que decir que ya contaban con una larguísima experiencia en ese campo y que son considerados como los inventores de la propaganda moderna, desde los tiempos de la Primera Guerra Mundial, con la creación del Buró de Propaganda de Guerra.

 

Uno de los rasgos que caracterizan la propaganda de guerra de los británicos es que acostumbran a utilizar artistas, porque la estética neutraliza el espíritu crítico del receptor. En 1914, los británicos reclutaron a los grandes escritores del momento –como Arthur Conan Doyle, H.G. Wells y Rudyard Kipling– para garantizar la publicación de textos que atribuían crímenes imaginarios al enemigo alemán. Posteriormente reclutaron también a los dueños de los grandes diarios para que reprodujeran las “noticias” que inventaban sus escritores.

Cuando los estadounidenses decidieron imitar el método británico, en 1917, con el Comité de Información Pública, estudiaron con particular interés los mecanismos de persuasión, con ayuda del periodista estrella Walter Lippmann y del inventor de la publicidad moderna, Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud. Sin embargo, inclinándose fundamentalmente por el poder de la ciencia, olvidaron la estética.

A inicios de 2014, el MI6 británico creó la firma Innovative Communications & Strategies (InCoStrat), o sea “Comunicaciones y Estrategias Innovadoras”, que concibió por ejemplo los logotipos de los diferentes grupos armadosnempeñados en destruir el Estado sirio, desde el más «moderado» hasta el más «extremista». Esta firma, que cuenta con oficinas en Washington y Estambul, organizó la campaña tendiente a convencer a los europeos para que acogieran en sus países a 1 millón de refugiados. También obtuvo la fotografía del pequeño Aylan Kurdi, ahogado en una playa turca, y logró –en dos días– ponerla en la primera plana de todos los diarios atlantistas más importantes, en todos los países de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo.
Antes de la guerra contra Siria, cada año al menos un centenar de migrantes ahogados eran hallados en las playas turcas… sin que nadie se dignara a mencionarlos. Y sólo los diarios dedicados a la publicación de escándalos mostraban fotos de los cadáveres. Pero esta imagen en particular estaba especialmente bien concebida…

Como ya señalé en un artículo anterior, un cuerpo depositado en la playa por el mar no puede quedar en posición perpendicular a las olas… el autor de la foto reconoció posteriormente que había desplazado el cadáver del pequeño Aylan para mejorar la composición de la imagen.

La foto del pequeño Omran Daqneesh (sólo tiene 5 años) sentado en una ambulancia en el este de Alepo viene acompañada de un video, lo cual permite su “explotación” tanto en la prensa escrita como en televisión. La escena es tan dramática que una locutora de CNN rompió a llorar al verla. Por supuesto, cuando nos detenemos a pensar en lo que estamos viendo nos damos cuenta de que los socorristas no se ocupan del niño tratando de administrarle los primeros auxilios. Lo que vemos es que alguien –al parecer un miembro de los «White Helmets»– se limita a sentar al niño delante de la cámara.

Omran, el niño Sirio que nació en guerra y no conoce la paz. #PrayForSiria

A los cineastas británicos no les interesa el niño, lo que quieren es lograr una imagen. Según la agencia Associated Press, la foto fue tomada por Mahmud Raslan, quien aparece brevemente en el video. Según su cuenta de Facebook, Mahmud Raslan es miembro del grupo Harakat Nur al-Din al-Zenki, un grupo armado que cuenta con el respaldo de la CIA, que lo ha equipado con misiles antitanque BGM-71 TOW. También según su cuenta de Facebook, y esta información aparece confirmada por otro video, el 19 de julio de 2016, varios camaradas de armas de Mahmud Raslan, que incluso aparecen retratados con él en su cuenta de Facebook, degollaron al niño palestino Abdullah Tayseer al Issa, de 12 años.

Las leyes europeas son particularmente estrictas en lo tocante al uso de niños con fines publicitarios. Parece que eso no incluye la propaganda de guerra.

 

 

Rosa Montero publica: ‘La carne’, novela en la que habla sobre el paso del tiempo.

Entre otras marcas que adornan su piel, y también su corazón o su memoria, Rosa Montero (Madrid, 1951) tiene tatuado un título adoptado por el poeta chileno Raúl Zurita, “Ni pena ni miedo”. Tiene mucho que ver con La carne, la novela que Alfaguara le publica.
Rosa Montero sostiene que a los 40 años “se descubre la mediocridad y la mezquindad”
De La carne habla Rosa Montero, novelista, periodista, en la cocina de su casa, frente al Retiro madrileño, de regreso de un viaje europeo, dormida aún, “pero siempre corriendo”. Corriendo habla, corriendo escribe, y está corriendo desde que era una niña. En esta novela, en la que hay sexo, querido o prestado, o pagado, hay también tiempo, miedo del tiempo, lucha contra el tiempo. La tristeza y la soledad que está en el propio nombre de la protagonista, Soledad.

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Ese personaje de La carne es una mujer que acaba de llegar a los sesenta años, ha sufrido un desengaño amoroso y quiere impresionar a su examante exhibiendo el músculo de una nueva conquista, esta vez un joven que ella se procura en una agencia de gigolós. La peripecia posterior, que está en la novela muy detallada, es esa metáfora, el tiempo, el miedo, la pena del tiempo, que por otra parte late en todas las obras de Rosa Montero.

“No hay que mirar para atrás con pena y no hay que mirar hacia delante con miedo”

Y está presente, claro, ese lema, Ni pena ni miedo. “¡Tiene que ver con la vida! Y el libro trata de la vida. El tiempo te va royendo los huesos, te va asustando, encogiendo, y llega un momento en que te planteas si no ha sido un fracaso total. Y cada vez tienes más pena. ¡Creo que es un lema perfecto para la tercera edad! [Risas] Porque es cierto que la vida asusta y que la vejez no es para blandengues, como dicen los norteamericanos. Por eso me parece magnífico ese verso: ‘Ni pena ni miedo’. No hay que mirar para atrás con pena y no hay que mirar hacia delante con miedo”.

Soledad tiene alguna vez la tentación de no luchar, de borrarse, de no fracasar… “¡Y yo soy todo lo contrario! Soy de las que prefiere actuar. Soledad es pasiva, no se pone en riesgo. ¡La paz de los cementerios! La vida es ponerte en riesgo, si no te comprometes con las cosas no vives. La peor soledad es la de ser un náufrago en tu propia vida, que es un poco esta protagonista de mi novela. La vida no se puede concebir sin la compañía de los otros. Hay que vivir para uno, pero con los otros…”.

Todas sus novelas, dice Rosa Montero, “son muy existenciales”. Ya La hija del caníbal (1997) evoca la crisis de los cuarenta. “Y toda mi obra, como esta, está centrada en el paso del tiempo y de la muerte”. Está en su primera novela, Crónica del desamor (1973), que aparece aquí como un título posible para un primer libro de una vecina de la protagonista de La carne… En esas novelas que marcan las décadas narrativas de Rosa Montero están “la muerte y el fracaso y la falta de amor como la definición de la falta de valor de la vida, de cómo se convierte tu vida en una basura. Y eso es lo que siente Soledad, que la vida es una basura”.

—Que la edad le chirría.

—Bueno, la edad le chirría, el tiempo le chirría… ¡El tiempo chirriaba a los cuarenta y a mí me chirriaba desde los diez! Yo me decía a mí misma, a esa edad: “Mira, Rosita, qué tarde tan bonita. ¡Disfrútala porque luego corriendo corriendo estarás esta noche en la cama durmiendo, corriendo corriendo estarás mañana en el colegio, corriendo corriendo se habrán muerto tus padres, corriendo corriendo te habrás muerto tú!” ¡Con diez años me decía eso!

“La peor soledad es la de ser un náufrago en tu propia vida”

En la novela de Rosa Montero hay una descripción de Rosa Montero, que va a encontrarse con Soledad. Como ella misma hace en sus propias entrevistas, y cuando no entrevista, se despoja de todos sus abalorios, enseguida empieza el trabajo que quiere hacer y enseguida se va… “Sí, es tal cual. Y en la novela ella me pone a parir. Y dice algo de mi bastante sensato: ‘¿Y con esos tatuajes, adónde va? ¡Se creerá una niña! ¡Y vestida de Zara! ¡¿Se creerá que vistiéndose así va a engañar al tiempo?!”

Cita a Mallarmé: “La carne está triste y ya he leído todos los libros”. Y se pregunta: “¿Por qué se llama mi novela La carne? Porque estoy hablando de la carne que nos mata, la carne que nos envejece, la carne que nos enferma…, y al mismo tiempo estoy hablando de la carne que nos lleva a la gloria, de la carne que nos hace rozar la eternidad, porque cuando estamos en la explosión de la pasión la carne nos libra de la muerte, precisamente. Estoy hablando de eso; pero ya te digo que de eso estoy hablando en esta novela y en todas las demás”.

—Usted no ha querido hacer su propia historia, pero Soledad sí le pregunta por ella en la novela…

—En todas mis novelas se muestra esa inquietud. Lo que resulta complicado es que en cuanto escribes sobre un personaje contemporáneo, de una mujer que se acerca a tu edad, la gente enseguida la relaciona contigo. Y yo no lo entiendo, no lo entiendo…

el Millenium suizo: Jöel Dicker

A Joël Dicker le bastó desarrollar una trama llena de giros inesperados, varios falsos culpables de asesinato, y algunos crímenes sin resolver durante mucho tiempo, para lograr la atención de millones de lectores a nivel mundial.

Dicker hace realidad una de las líneas escritas en su obra, La verdad sobre el caso Harry Quebert: “Todo el mundo hablaba del libro.”

Y no es para menos, las campañas promocionales a nivel mundial por parte de las editoriales que lo publican, han sido arrolladoras. Apoyadas por más de 1, 500,000 de libros vendidos en Francia y, después de ser reconocido por los franceses –según la solapa del libro, editado por Alfaguara-,

con los premios: Goncourt des Lycéens –Yo no encontré referencias de la novela de Dicker en la página oficial del premio-, Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y Premio Lire –Otorgado por la revista Lire-. Joël Dicker y su novela “La verdad sobre el caso Harry Quebert” se ha convertido en un fenómeno de ventas global.

El ginebrino Joël Dicker me dijo que ser un escritor de súperventas, “Es un sentimiento raro, existe la posibilidad cuando no se venden los libros, que te los regresen, tú de repente te preguntas si más adelante no vas a empezar a recibir todos esos libros de regreso, sí realmente no estás viviendo un sueño o te lo estas imaginando”. Lo desconcertante para él fue tener un éxito inmediato con su segunda novela publicada, cuando solo habían pasado seis meses de que la editorial Editions de la Fallois, decidiera publicar su obra “Los últimos días de nuestros padres” ganadora del Premio de los Escritores Ginebrinos en 2010.

“Bueno, la verdad es que – Los últimos días de nuestros padres- no fue un éxito y, de hecho se publicó tan solo seis meses antes de esta novela en Francia, lo que pasa es que con la novela anterior, tardé como dos años y medio en encontrar quién la quisiera publicar, fue toda una batalla, las editoriales a las que la había mandado la rechazaron y bueno, se publicó no tuvo éxito, pero después, el editor leyó esta novela e inmediatamente me dijo que quería publicarla, y yo no estaba convencido, pues le decía: Bueno ¿Cómo? Si el otro acaba de ser un fracaso y en solo seis meses quieres publicar una novela del mismo autor. Pero el editor decía que pensaba que podía ser un éxito.

Y bueno, así fue. Y para mí esto es una gran lección respecto a que los libros no son una ciencia, entonces pues, el éxito del libro depende de muchas cosas, no solo del autor o del libro mismo, sino de muchas otras cosas, como pueden ser : el lector, los periodistas, suerte y tantas cosas”.

A diferencia de su personaje el joven escritor Marcus Goldman –alter ego de Dicker-, Joël tuvo a su favor la ayuda y el apoyo de su editor Vladimir Dimitrijevic, quien después de lograr la publicación del texto premiado por los Escritores Ginebrinos, aposto a favor del voluminoso escrito de casi 700 páginas, que Joël Dicker consideraba su última y final creación, pues ante la falta de interesados en publicar alguna de sus seis novelas escritas hasta ese momento, abandonaría la escritura y buscaría desarrollarse en su profesión de abogado.

Me llama la atención que una de las principales preocupaciones de Dicker, durante los dos años que duró escribiendo “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, fuera lograr una voz narrativa que sonará americana, tipo serie de televisión, aunque se escribiera en francés. Me dice Joël que su intención era una escritura “global, sin tantas fronteras”. Y afirma que está ambientada fuera de Francia porque : “Estaba en Estados unidos cuando pensé en la novela, es un lugar que conozco y para mí fue muy obvio que debía ser ese lugar, no me puse a pensar mucho en otro lugar en que pudiera suceder la novela, el lugar estaba ahí antes que la novela”. Joël Dicker pasó muchas de sus vacaciones en un pueblo costero, cercano a Washington donde sus familiares tenían una cabaña, ahí surgió la historia cuando tenía veinticinco años y recién terminaba la carrera en derecho.

Las similitudes entre Joël Dicker y su personaje principal el joven escritor norteamericano Marcus Goldman, son varias, de tal forma que al leer “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, pareciera estar uno enterándose de una historia conocida de antemano por el autor, presentada en forma de novela. Aunque también algunos críticos leen en la historia de Dicker una burda imitación de novelas conocidas, Joëldice al respecto: “Es pura ficción en realidad lo que es el libro, pero si hablamos de imaginación, yo diría que en un momento dado nuestra imaginación está condicionada de alguna manera, si yo hablo de dragones por ejemplo creo que más o menos todos nos vamos a imaginar como una lagartija gigante con alas que escupe fuego; y realmente los dragones no existen sin embargo todos llegaríamos más o menos a esa misma imagen. Entonces, de dónde viene la imaginación, con qué la construimos, proviene de muchas cosas que hemos tenido a nuestro alrededor, de lo que nos han dicho nuestros padres, o de lo que vemos, de lo que nos dicen amigos, de lo que vemos a nuestro alrededor, de lo que nos dice la cultura, entonces, podríamos decir que yo puedo imaginar muchas cosas libremente, pero de alguna manera está ligado a todo eso que ya vi, que ya escuche, o que está a mi alrededor, sería muy difícil pensar en algo que no esté ligado a otra cosa. Vamos a plantear por ejemplo el asesinato de Nola, el asesinato es algo que yo invente, pero también es algo que lamentablemente sucede todos los días, chicas que desaparecen y luego aparecen asesinadas”.

Es precisamente el encontrar al asesino de la adolescente Nola Kellergan, lo que le permite al autor jugar con la curiosidad del lector, dando giros inesperados en la trama, fabricando falsos culpables, y dejando cabos sueltos a lo largo de la escritura, que decidirá solucionar de forma abrupta al final de la historia. Considerada como una novela negra, o novela policiaca por otros, Joël Dicker no está de acuerdo con esas etiquetas “Las novelas ´policiacas son muy populares en todo el mundo, y creo que esto guarda relación con la curiosidad que todos nosotros sentimos, sin embargo yo no estoy tan seguro de que esta novela sea una novela de crimen y misterio, yo no soy lector de ese tipo de novelas en realidad, y creo que uno como escritor va aprendiendo a escribir el tipo de novela, o el tipo de lectura que le gusta, entonces me parece que no tengo el conocimiento para hacer una novela de crimen y misterio. Existe en el libro, hay una investigación policiaca precisamente y, al final hay respuestas sobre quien es el asesino, pero yo no la clasificaría como una novela policiaca.

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¿Cómo clasificarías entonces “La verdad sobre el caso Harry Quebert”?

Esa es una pregunta capciosa. La verdad es que a mí no me gusta ponerle una etiqueta a un libro, o ponerlo como dentro de una caja especifica. Yo entiendo que eso es necesario, que muchas veces el lector está buscando algo, y además es una pregunta esencial que se le hace a una persona ¿no? ¿Qué tipo de libro te gusta? O en un momento dado ¿Qué tipo de libro quieres leer en este momento? Puede ser algo para reír, puede ser algo para reflexionar, puede ser muchas cosas y,yo entiendo que haya necesidad de una clasificación, pero, no me gusta mucho entrar en las etiquetas que se le pueden poner a un libro, que se le puede poner nada más una etiqueta. En el caso de este libro yo diría que está mucho más ligado al amor, a la amistad, y a las relaciones, y a los lazos que se establecen entre los personajes. Creo que de hecho, se podría quitar lo que es el crimen y la investigación sobre él, y el libro básicamente podría funcionar sin eso, podría seguir siendo más o menos lo mismo. En cambio al revés, si quitáramos estas relaciones el libro no se sostendría, entonces, yo por eso creo que es más bien un libro sobre el amor y la amistad”.

Presentada en tres diferentes planos narrativos, la historia que cuenta Joël Dicker nos ubica en 1975 el año de la desaparición, 1998 año en que Quebert y Goldman inician su amistad, y 2008 el año en que se acusa a Harry de asesinato. Este viaje en el tiempo es bien manejado por el autor y no cuesta trabajo seguirle, lo que permite que el lector sea engañado repetidamente, manteniendo el interés hasta el final.

Por las ventas que ha logrado Joël Dicker con esta novela a nivel mundial, se le compara con Stieg Larsson el escritor sueco que rompió records de venta hace apenas unos años, y al cual Joël empieza a acercarse, la opinión al respecto de esta comparación del autor suizo es: “Bueno, la verdad es que no he leído nada de él, sin embargo, pienso que la comparación puede surgir de qué nadie me conoce, no saben nada acerca de mí, y es como una forma de poder guiar al lector, a que se dé una idea de qué es lo que puede esperar de mi libro. Es como cuando uno va a un restaurante y le hablan de un platillo, le dicen el nombre de un platillo y, uno pregunta ¿Qué es eso? Y a lo mejor el mesero le va a decir: Es como ternera, o es como tal tipo de carne, para darnos una idea de qué vamos a pedir. Creo que esto es equiparable a lo de las etiquetas que ya mencionamos, pero es básicamente eso, como una forma de decirle al lector, es parecido a, o es como alguna referencia que el lector conozca para que se dé una idea, es como cuando decimos es biografía, o ficción, o es parecido a tal libro, para que se puedan dar una idea”.

Será interesante saber por cuanto tiempo, logrará mantenerse Joël Dicker como referencia de éxito en el mundo editorial.

 

JOËL DICKER (La verdad sobre el caso Harry Quebert, El Libro de los Baltimore…) Entrevista.

 

La dueña del hotel Poe: Bárbara Jacobs.

Bárbara Jacobs

Nació en la Ciudad de México en 1947, en el seno de una familia de inmigrantes libaneses. Fue la segunda de cinco hijos, una chica mayor y tres hermanos menores. Sus abuelos por parte de padre y madre eran comerciantes libaneses que emigraron a América a principios del siglo XX. Su abuelo paterno, judío no practicante emigró a Estados Unidos vía Nueva York donde nació su padre y el materno a ciudad de México vía Veracruz donde nació su madre. Su padre y su madre que eran primos paternos se conocieron y se casaron. Vivieron primero en Estados Unidos y después a México.

Su padre fue Emile Jacobs, periodista en Moscú en los años 30, combatiente de la Brigada Lincoln en la guerra civil de España contra el fascismo -donde aprendió español-, sargento congelado en el ejército de Estados Unidos, emigró a México. Aunque él era agnóstico, por voluntad de su madre, Amina, murió en el rito maronita. Se crió en la residencia de sus abuelos maternos ubicada la calle de Rafael Checa, en Chimalistac, con sus cuatro hermanos, pero también con los 17 nietos de sus abuelos. Ese jardín, con muchos árboles y varias casas, pertenecía a la familia libanesa Barquet, tíos, tías, primos, primas, cuñadas, hermanas, todas Barquet, y en medio de ellas, encerrado en su biblioteca, sin hablar con nadie, leía en su sillón a la mejor luz Emile Jacobs.

El abuelo Barquet en los años cuarenta del siglo XX, y tras la muerte de su hijo mayor compró y amuralló una propiedad de una hectárea arbolada que en el siglo XVI había sido parte del huerto del Convento del Carmen, a un costado del Río de la Magdalena.

Con frecuencia la figura de su padre está presente en su literatura. Destaca sin embargo el relato en Las hojas muertas (1987) su primera novela, que ganó el Premio Xavier Villaurrutia1 y ha sido traducida al inglés, al italiano y al portugués; asimismo fue seleccionada para el Correo del libro mexicano de la Secretaría de Educación Pública, en edición de treinta mil ejemplares fuera de comercio, destinada a bibliotecas de las secundarias públicas del país.

A los cuatro años, ya había escrito su primer cuento y años más tarde empezó a llevar un diario.

A los doce años fue expulsada de su escuela de primaria y sus padres la enviaron a un convento de Montreal para retomar el curso equivalente a secundaria. Regresó a los pocos meses a su país. Se licenció en psicología clínica por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1976.

En octubre de 1970 se inscribió en el taller de cuento que coordinaba Augusto Monterroso en la UNAM. A partir de esa fecha, y sin dejar de ser nunca discípula de Monterroso -explica en la narración de su propia historia- pasé a ser su mujer, su esposa y, treinta y dos años más tarde, su viuda (que, como papel, no asumí).

Su primer texto publicado fue en 1970, momento en el que empezó a colaborar en revistas y suplementos literarios y su primer libro: Doce cuentos en contra publicado en 1982. Las Las hojas muertas fue el primer libro que empezó a escribir, pero cronológicamente es el tercero que apareció. Tardé 10 años en escribirlo y tengo 10 versiones explicó en 2015 durante una entrevista realizada por su amiga Elena Poniatowska.

En 2014 publica La dueña del Hotel Poe con un punto de partida autobiográfico.

También realizó estudios de traducción: fue becaria de El Colegio de México; de AT&T, 1993, para una residencia en la Universidad de Iowa; y del FONCA 1992–1993. Posteriormente fue profesora de lengua inglesa en la UIA y de Traducción en El Colegio de México.6 Entre sus trabajos de traducción destacan los realizados con textos de Walter de la Mare, Kurt Vonnegut Jr., Lillian Hellman, Stanislaw Lem y a Carson McCullers.

Desde 1994, pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.

Algunos de sus obras se han publicado en antologías colectivas en castellano, inglés, francés, italiano y alemán. Sus libros se han publicado en México, Estados Unidos de América, España, Portugal, Argentina e Italia.

Vida personal
Conoció al escritor Augusto Monterroso con quien se casó. Vivieron juntos 32 años hasta su muerte en 2003.2 Jacobs retrata su relación en el libro-homenaje Vida con mi amigo, publicado en 1994. Con él escribió su Antología del cuento triste. Cuando él murió, entregó su legado guatemalteco y mexicano, continental y universal, a la Universidad de Oviedo.

Posteriormente se casó con el pintor y escultor Vicente Rojo, que también acababa de enviudar. Ambos matrimonios se conocían desde hace años.2 Con sus ilustraciones publicó Leer y escribir (2011).9
Obras
Doce cuentos en contra (1982)
Escrito en el tiempo (1985) Ensayo
Las hojas muertas (1987)
Las siete fugas de Saab, alias “el Rizos” (1992)
Antología del cuento triste (1992) con Augusto Monterroso
Vida con mi amigo (1994)
Juego limpio (1997) Ensayo
Adiós humanidad (2000)
Carol dice y otros textos (2000)
Escrito en el tiempo (1985)
Juego limpio (1999)
Florencia y Ruiseñor (2006)
Vidas en vilo (2007)
Nin reír (2009)
Lunas (2010)
Leer y escribir (2011) con imagenes de Vicente Rojo
La dueña del hotel Poe (2014)

 

La dueña del hotel Poe obra de la escritora Bárbara Jacobs

La dueña del Hotel Poe es una novela que se va contando a sí misma conforme avanza, al tiempo que explica las razones que le dieron origen. Crónica de un ejercicio narrativo, es a la vez un ejercicio de la imaginación en el que la autora se desdobla en otras a lo largo del relato en una suerte de muñeca rusa novelística y autoral.

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Como en una espiral sin fin, comenzamos con una novela breve dentro de la novela; a continuación, diversos textos ensayísticos y fragmentos de un diario personal permiten adivinar la personalidad de su autora, la dueña del Hotel Poe. Ésta planea una fiesta de aniversario del hotel e invita por correo electrónico a personas reales. Los corresponsales responden y la novela se vuelve una ficción/no ficción epistolar. Paralelamente, interviene la voz de una amanuense, a quien no le gusta el manuscrito de la autora…
Texto que viaja de la narración convencional hacia la metaliteratura, La dueña del Hotel Poe es un ejercicio fronterizo, un arriesgado experimento en los límites entre ficción, autoficción y no ficción que pone de cabeza (no una sino varias veces) la construcción novelística de la verosimilitud, a la vez que ofrece temblorosas visiones y entrevisiones de una compleja personalidad contemplada desde numerosos y hasta superpuestos puntos de vista.Ciclo Protagonistas de la Literatura Mexicana: Bárbara Jacobs

 

«El Húligan» Norman Menea.

Norman Manea (nacido el 19 de julio de 1936) es un escritor rumano de origen judío que vive en Estados Unidos.

Es autor de cuentos, novelas, ensayos y un poema largo. Entre sus temas podemos destacar el Holocausto, la vida cotidiana en la Rumania comunista y el exilio. Es catedrático Francis Flournoy de Cultura Europea y “writer in residence” en el Bard College (Annandale-on-Hudson, Nueva York, EEUU). Su libro más celebrado, El regreso del húligan, es una excepcional autobiografía novelada, que cubre casi ochenta años de la historia rumana: la preguerra, la Segunda Guerra Mundial, el comunismo, la transición y el presente. Norman Manea ha sido reconocido y elogiado como un autor importante a nivel internacional desde principios de los noventa, y su obra ha sido traducida a más veinte idiomas. Ha recibido más de veinte premios, como los siguientes: el Premio de la Unión de los Escritores Rumanos en 1984 (anulado por las autoridades comunistas), la Beca Guggenheim (EEUU) en 1992, el premio MacArthur en 1992, la Medalla Literaria de New York Public Library en 1993, el premio literario internacional Nonino (Italia) en 2002, la elección en la Academia de Arte de Berlín en 2006, el Premio Médicis Étranger (Francia) en 2006, la Medalla del Mérito Cultural, otorgada por el presidente de Rumania en 2007, el Doctor Honoris Causa por las Universidades de Bucarest y Cluj (Rumania) y la Legión de Honor (Francia) en 2008. Está considerado uno de los más importantes autores contemporáneos a nivel internacional.

Incluso sin cualidades de oráculo era posible entrever que el desplome de Nicolae Ceaușescu (1918-1989) era inminente y además el tránsito sería atribulado, no sólo por las consecuencias naturales de la perestroika y las glasnost, sino por el clima encendido de su último discurso (21 de diciembre), en el cual hubo rechiflas que lo obligaron a guardar silencio y hasta disparos al aire. De poco sirvieron las medidas salariales ofrecidas de último momento a la muchedumbre furibunda, ya que días después (25 de diciembre), sería procesado junto a su esposa Helena en un juicio sumario sin posibilidades de una defensa legal y ambos serían ejecutados por efectivos del ejército nada más pronunciada la sentencia. Aquello iniciará lo que se denominó “la Revolución rumana de 1989”.

 
Y es que a partir del carisma de los primeros pasos de Ceaușescu al frente de la política rumana, no podría anticiparse que concretaría uno de los regímenes comunistas más intransigentes de la hegemonía roja. Su temperamento, volcánico y a rajatabla, logró mantener su firmeza incluso en contra de instrucciones directas por parte de los mandatarios de la Unión Soviética, liberalidades que no fueron permitidas más que a él bajo circunstancias que aún están lejos de clarificarse. Norman Manea (Bucovina, Rumania, 1936) conoció como nadie los entretelones de la dictadura de Ceaușescu, ya que diferencia de múltiples artistas e intelectuales del siglo XX, creó y publicó parte de su obra literaria en aquella Rumania y no fue sino hasta que las condiciones de persecución volvieron imposible su presencia en ese país, en que decidió partir al exilio. El trayecto de su vida, al igual que el de otros escritores europeos de su generación, se vio afectada por los estragos que generó la Segunda Guerra Mundial —entre ellos, el internamiento en el campo de Transnistria durante su infancia—, lo que motivó en Manea una entendible aspiración de entender a fondo los mecanismos de cualquier organización social para evitar otro desastre a causa de la concentración de poder en una sola persona. El culto a la personalidad es uno de los lastres más graves de un régimen político, y todo parece que no es posible erradicarlo del todo.

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La aportación de Manea a la cultura contemporánea está integrada no sólo por su obra narrativa, diseminada en cuentos, novelas y ensayos, sino igualmente por su capacidad para pensar desde y para “la otra Europa”, aquella que sigue a tropezones los motores siempre encendidos de la máquina europea occidental. En cierto momento, cada vez más remoto, la Unión Europea parecía ser la salida más adecuada para intentar una homologación en el desarrollo de la región y del continente, pero casos como los de Grecia mostraron debilidades e ineficiencias consecuencia del crecimiento dispar de las economías. Aparecen más visibles algunas fallas del sistema y de crecer podría ser incluso su sentencia de muerte. En este escenario, el pensamiento de Manea resulta imprescindible para vislumbrar, desde la actualidad, la tragedia de la migración legal o ilegal, lo mismo desde África que desde Europa oriental. El ser humano se abrirá paso y las fronteras ya no son lo que fueron antes.

Ahora bien, no encuentro mejor acceso a su obra que sus piezas breves, reunidas en El té de Proust (2010). Veintiséis piezas para recordar, con amarga ironía proustiana, que el pasado de Europa no se ha pensado a fondo y el avance del calendario no puede implicar olvido. La lista de muertos y desaparecidos es extensa y un ejercicio de desmemoria podría afectar a las generaciones futuras. La madalena proustiana, emblema de la paz burguesa que permite mirar al pasado para una reelaboración esnobista, se revuelve en estas páginas para recordar cómo la organización de los hombres (histórica, siempre provisional) no deja una sola pieza suelta en el tablero y termina por impactar a todos sus actores, incluso los que no han nacido. Y es que después del trágico siglo XX, ya no puede escribirse con ingenuidad y menos aún sin prevenciones ante lo que significa el hecho humano. Manea es un escritor de aliento político como no podría ser de otra manera. El regreso del huligan (2005), por su parte, es una reelaboración in extenso de los grandes acontecimientos del siglo XX, en donde la memoria, el exilio y la identidad, forman un tríptico de reminiscencias que orbitan alrededor de una idea de retorno. ¿A dónde? A Rumania, a la memoria, al lugar de origen, a la dispersión de los símbolos.

Amargo, incisivo, de una lúcida y caústica ironía que saca a la superficie contradicciones, perversos lazos y coincidencias en el ejercicio despótico del poder de cualquier época, el escritor rumano Norman Manea es uno de los más inapreciables testigos hoy día de lo que fue en tiempos la barbarie «huligánica» –como es el título de su libro más conocido, «El regreso del húligan»- europea.

Excelente analista de la relación de los intelectuales, y artistas en general, en cada momento, con un Poder con mayúsculas durante las dictaduras o, en fases de la historia con la libertad amenazada, Manea dedicaría un importante ensayo –«Payasos. El dictador y el artista»- a retratar la figura del artista. Un artista obligado a representar, en la tragicómica escena de los regímenes totalitarios, que acaban siempre igualándose, a derecha e izquierda, el papel del payaso, del bufón, que sufre las acometidas constantes del déspota de cada momento.

Descubierto en Europa por Heinrich Böll, en 1988, tras haber estado en Berlín gracias a una beca, Norman Manea decidió exiliarse y no volver más a su país. En «El regreso del húligan» daría cuenta precisamente de esos dos exilios que tuvo que atravesar a lo largo de su vida. Uno, cuando sólo tenía 5 años y fue deportado por los nazis junto a su familia a un campo de concentración por ser judíos y, otro, durante la dictadura comunista de Ceausescu, a los 50 años, a causa de ser un opositor al régimen. Algo que él definió como un hecho en su vida de diabólica y «simbólica simetría». Y algo que se produjo también, de parecida manera, en el caso del recientemente fallecido Premio Nobel de Literatura, el húngaro Imre Kertész. Unos funestos paralelismos que establecerían de forma criminal, intercambiándose y copiándose sin cesar, los dos grandes totalitarismos, el nazi y el comunista, durante el siglo XX. Sistemas que designaron como indeseables y víctimas a eliminar a una gran cantidad de enemigos políticos, razas e individuos que se convirtieron en parias e inadaptados para la construcción de aquellos sistemas de Partido único.

En magníficos relatos como los reunidos en «El te de Proust» o en «Felicidad obligatoria», en novelas como «El sobre negro» y «La guarida», Manea se convertiría en el más sutil y penetrante observador de un mundo invisible y subterráneo, el atravesado en los negros días de la dictadura rumana, pero también por cualquier dictadura, con sus diferencias y similitudes. Retrataría de forma estremecedora y espléndida las peores pesadillas, la intimidación psicológica, la anulación como personas de las víctimas, así como las maniobras más opacas, indescriptibles, y en ocasiones absurdas, con las que el poder buscaba perpetuarse en esos mundos sin libertad. Un poder que se apoyaba sin cesar en un envilecido clientelismo y un «lenguaje patológico y estratificado», intraducible para los de fuera, construido sobre la base de una densa red de funcionarios arribistas, de informadores y delatores, entrenados para ese tipo de suprarealidades. También de una plúmbea red de «enchufes, mordidas y apaños». Así lo expresaba Manea en su relato «Biografía robot»: «Cada secuencia banal contenía la biografía de toda una época». Es decir, cada secuencia de vida sometida, de vida ausente de libertad, colaboraba a la perpetuación de aquel estado grotesco de paranoia y sospecha generalizada, como igualmente se revela en su magnífico relato «La gabardina». Unas enseñanzas, unas alegorías que, por encima del tiempo, nunca ha dejado de elaborar este gran autor contemporáneo que es Norman Manea como advertencia a tantos abusos, a tantos ataques a la libertad, visibles aún hoy en numerosas partes del mundo.

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Su obra más conocida

El regreso del húligan es el relato de una existencia inmersa en los grandes acontecimientos del siglo XX, un viaje a través del tiempo y del espacio, el sueño y la realidad, el pasado y el presente de un escritor que sabe destilar la belleza del dolor y transformar la biografía en un arte.

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Todo comienza cuando al autor –y narrador– se le ofrece la posibilidad de regresar a Rumania, su país de origen. Se desencadena entonces un alud de recuerdos: la infancia truncada por la deportación, el entusiasmo juvenil por el comunismo y el subsiguiente desencanto, la vida bajo la dictadura de Ceaucescu, el refugio en la literatura, las dificultades del intelectual en un medio sofocante y, finalmente, el exilio, en 1988. Diez años ha tardado Manea en considerar la posibilidad del retorno. ¿Es posible regresar? En rumano, un húligan es alguien subversivo, sedicioso, rebelde: ¿es posible volver a la patria después de haber sido un húligan?

«La edad de la inocencia» de Edith Wharton.

Edith Wharton
Nueva York, 1862 – Saint-Brice-sous-Forȇt, 1937
Edith Wharton nació en Nueva York en 1862. Su nombre de soltera era Edith Newbold Jones. Su familia era de clase alta, comparable a la aristocracia europea, y consecuentemente recibió una esmerada educación privada.

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Antes de cumplir los cinco años viajó por primera vez con sus padres a Europa. En 1885, cuando tenía veintitrés años, Edith se casó con Edgard (Teddy) Robbins Wharton, doce años mayor que ella. Se divorciaron en 1913 a causa de las repetidas y públicas infidelidades de su marido, que afectaron mental y físicamente a la escritora y que motivaron que tuviera que ser ingresada en una casa de reposo. A partir de su matrimonio también pasaría parte de cada año en Europa: en Italia primero y en París después, donde se estableció en 1907, en un apartamento en la rue de Varennes donde viviría rodeada de princesas y duquesas, novelistas, historiadores y pintores, hasta su muerte. Durante un tiempo mantuvo un sonado idilio con el periodista estadounidense William Morton Fullerton. Éste era bisexual y alternaba a la escritora con Lord Ronald Coger, Rajá de Sarawak. Ella misma, también bisexual, mantuvo una larga relación con la cantante de ópera Camilla Chabbert, y relaciones esporádicas con la poeta y guionista Mercedes Acosta. Su primera novela, El valle de la decisión, se publicó en 1902: un romance histórico que transcurre en la Italia del siglo XVIII. El año siguiente publicaría Santuario, y en 1905 vería la luz su primera gran novela, La casa de la alegría. En 1907 se estableció definitivamente en Francia, donde se convirtió en discípula y amiga de Henry James. De esta época destaca su novela corta Ethan Frome, una trágica historia de amor entre personas corrientes ambientada en Nueva Inglaterra, que se publicó en 1911. Su obra más conocida es La edad de la inocencia, publicada en 1920 y ganadora del premio Pulitzer en 1921.
Edith Wharton está considerada la más genial novelista americana de su generación, admirada por intelectuales de la talla de Henry James, Francis Scott Fitzgerald, Jean Cocteau y Ernest Hemingway. Falleció el 11 de agosto de 1937 en la localidad de Sain-Brice-sous-Forêt, cerca de París. Está enterrada en el Cementerio de Gonards en Versalles.
Impedimenta también ha publicado sus novelas La solterona (1907) y Madame de Treymes (1921), y una serie de artículos escritos durante la Primera Guerra Mundial recogidos en el volumen Francia combatiente.

 

 

La edad de la inocencia

Al amable mundo de convenciones sociales estrictas en el que se mueve, aparentemente sin roces ni contrariedades, la alta sociedad de Nueva York de finales del siglo pasado, regresa de Europa la inquietante condesa Olenska. Independiente, osada, «diferente», Ellen involucrará muy pronto en su misterio a su joven primo Newland Archer y perturbará sin poder evitarlo el encanto de una vida social que ignora de manera voluntaria su inminente fin.

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En el fondo de esta extraordinaria historia de una gran pasión subyace el conflicto entre dos mundos : el de las viejas familias « patricias» norteamericanas y el de los nuevos ricos, quienes, al terminar la novela, se han apoderado ya de las costumbres y de los espíritus. Martin Scorsese extrajo de La edad de la inocencia una bellísima película que protagonizaron Michelle Pfeiffer, en el papel de la condesa Olenska, Daniel Day-Lewis y Winona Ryder

 

The Age Of Innocence – Trailer – (1993) – HQ