“Tan poca vida” de Hanya Yanagihara.

La autora de ‘Tan poca vida’ reclama su derecho a describir con crudeza escenas duras en una obra que ha conmovido a la crítica y el público norteamericanos

Hanya Yanagihara (Los Ángeles, 1975) tenía 10 años y vivía en Texas cuando su padre, un médico hawaiano, la llevó a presenciar la autopsia de un cadáver. “Fue realmente maravilloso”, recordaba la sorprendente escritora de la que todo el mundo habla en una entrevista a The Guardian. “La enfermedad me fascina, lo que el invasor puede hacerle al cuerpo anfitrión…Me encanta descubrir hasta qué punto un cuerpo es capaz de protegerse a sí mismo, a toda costa. Lo duro que lucha por sobrevivir”.

Los lectores de ‘Tan poca vida’ deben luchar también para salir vivos de una novela durísima, por momentos casi insoportable. Porque, una vez empezada, abandonarla no es una opción. En las primeras páginas la historia parece girar en torno a cuatro amigos treintañeros de Nueva York, excompañeros de piso universitario y de escaso éxito laboral: JB, un artista negro gay, Malcolm, arquitecto mestizo y niño de papá, Willem, un apuesto actor del Medio Oeste y Jude, un brillante y atormentado abogado.

Pero de pronto el objetivo acota la panorámica y enfoca a uno de ellos, Jude, víctima de espeluznantes abusos sexuales descritos con una prolijidad intolerable. Que una novela semejante sobre la amistad masculina, el maltrato y la homosexualidad se erigiera en 2015 en Estados Unidos en bestseller es un fenómeno digno de estudio. Que también la crítica se rindiera ante ella parece un milagro. Finalista del Man Booker Prize y del National Book Award, ambos segundos puestos fueron señalados como manifiestamente injustos por medios como The Washington Post, The Wall Street Journal, Vanity Fair o The Guardian que dictaminaron que ‘Tan poca vida’ era la mejor novela del año en EE.UU.

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Pobre masculinidad
Aunque la igualdad no ha alcanzado aún los altos centros decisorios, las mujeres copan ya sin competencia la mayoría de las plazas universitarias de los países avanzados y su ascenso social es imparable. Mujeres inteligentes, competitivas, fuertes, comienzan a ser la norma en lugar de la excepción mientras los hombres desalojan su endémica posición de dominio entre la desorientación y el pasmo. Su desesperada respuesta suena al ritmo de los nuevos movimientos populistas de derechas que ejemplifica el inesperado ascenso del misógino y racista Donald Trump. Hombre, blanco y asustado: tal es el retrato robot del ‘loser’ del siglo XXI.

¿Qué les pasa por la cabeza a los hombres? ¿Qué será de ellos? Ha sido sorpresivamente una mujer la encargada de ejecutar la más elocuente autopsia de la doliente masculinidad moderna en un novelón de más de mil páginas en su traducción española. Hanya Yanagihara vio volar su infancia en moteles de carretera, esperando a que su madre regresara con la compra, publicó una primera novela -‘The People in the trees’ (2013)- que pasó sin pena ni gloria, escribió la torrencial ‘Tan poca vida’ en estado febril todas las noches al llegar del trabajo durante 18 meses y se batió a cara de perro con su editor para mantener intacto todo el horror de la historia de Jude.
El reseñista de Los Angeles Times escribió que ‘Tan poca vida’ había sido el único libro en toda su vida que le había hecho llorar y la habitualmente sobria The New Yorker advirtió que la novela podía volverte loco, consumirte y cambiar tu vida para siempre. Sólo se alzó una voz discordante en la crítica, la de Daniel Mendelsohn en The New York Review of Books y fue más moral que literaria. Según el crítico, la obra de Yanagihara pinta una cultura del victimismo e incapacita a los homosexuales para el logro de la felicidad.

 

Abandono, pederastia, mutilación
La vida de Jude ha sido atroz. Los episodios de autolesión gráficamente descritos tienen su origen en un misterioso pasado, que poco ha poco es desvelado. Abandonado recién nacido en un contenedor de basura, violado por los curas que lo acogieron, carne de prostitución para los camioneros, aquejado de enfermedades venéreas y mutilado por un psiquiatra sádico en un coche. Todo este horror se alterna en las páginas de ‘Tan poca vida’ con la narración paradójica de los estilos de vida de los ricos y famosos, una extraña combinación que funciona sin embargo espléndidamente.
Hanya Yanagihara admira a la escritora inglesa Hillary Mantel por haber cambiado radicalmente su carrera de novelista en la madurez, como, asegura, ella misma tras su decepcionante primera novela. Y defiende la extrema violencia de su ‘Tan poca vida’ sin titubear: “No lleva a ninguna parte adivinar cuánto puede soportar un lector y cuánto no. No puedes refrenarte por miedo a ofenderlo. La violencia del libro puede ser exagerada pero es que todo el libro lo es, yo lo quise así. Es exagerado el amor, la empatía, la compasión y sí, también el horror…”

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