To Hoai icono de la literatura Vietnamita.

To Hoai (l920-20l4) fue uno de los grandes autores vietnamitas del siglo 20. Junto a Nguyen Cong Hoan, Vu Trong Phung, Ngo Tat To, Xuan Dieu y Huy Can, generación de oro, hizo más brillante la literatura contemporánea de Vietnam, período l930 a l945. Fue el único representante de esa generación que falleció hace pocos días en Hanoi.

To Hoai, autor del libro “Crónica de aventura del grillo” que fascinó a numerosas generaciones de lectores vietnamitas, empezó su carrera literaria desde muy joven con obras publicadas en la gaceta Nueva literatura de Hanoi y Novela del Sábado a finales de la década de los 30 del siglo 20. En l938, To Hoai participó en la Sociedad de Amigos Obreros y después en el Movimiento Juvenil Antiimperialista. En l943 se integró en el Primer Grupo Cultural de Salvación Nacional de Hanoi. En este tiempo publicó el famoso cuento largo “Crónica de aventura del grillo”. En la resistencia antifrancesa el escritor trabajó en el periódico “Salvación Nacional”, fue presidente de la gaceta “Salvación Nacional de Viet Bac” también editor y jefe de la revista “Salvación Nacional”. En l957 fue elegido secretario general de la Asociación de Escritores Vietnamitas. De l958 a l980 continuó participando en el Comité Ejecutivo en calidad de subsecretario general en dicha asociación. De l966 a l996 fue presidente de la Asociación de Literatura y Arte de Hanoi. En cuanto al estilo de To Hoai, el escritor Hoang Quoc Hai dijo: “En sus viajes de trabajo por el Noroeste del país To Hoai, escuchó, vió y vivió con los lugareños, al mismo tiempo tomó notas de sucesos interesantes, incluyendo el canto de los pájaros en los bosques abruptos, en el llano o en la jaula. También leyó sus apuntes para que escucháramos. Esto demuestra que él fue una persona que trabajó con mucha minuciosidad y podemos confiar en sus creaciones literarias”.

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Junto a las obras sobre la región del Noroeste, los lectores recuerdan sus creaciones relativas a Hanoi y para los niños. Uno de los libros más famosos de To Hoai fue “Crónica de aventura del grillo” ligado a numerosas generaciones infantiles vietnamitas. Le Huong, una amante de su obra, dijo: “Crónica de aventura del grillo llevó nuestra infancia muy lejos. En ese tiempo no hubo muchas imágenes en la televisión, pero a través de esta obra vimos que Vietnam era muy grande, hermoso y querido”.
No solo atrajo a los lectores nacionales, este libro de cuento fue traducido a numerosos idiomas y acogido calurosamente por los amigos internacionales (tanto los niños como los mayores), considerándolo como leyendas maestra del escritor Anderson y de los hermanos Grimm. En el 2006, el Centro de Guines de Libros de Vietnam otorgó a este autor el certificado “To Hoai con su obra: Crónica de aventura del grillo traducida a muchos idiomas del mundo” entre ellos en francés, ruso, alemán, japonés, polaco, yugoslavo, rumano, español, coreano, laosiano, camboyano y tailandés.

 

Otra obra excelente de To Hoai fue “Matrimonio de A Phu”-su cuento corto destacado sobre el tema de la región montañosa del Noroeste publicado en la “Colección de Cuentos de Tay Bac” (l953). Este libro reflejó fielmente la vida humillante de los montañeses del Noroeste bajo el yugo de la opresión feudal y colonial, y logró el primer premio de cuento y crónica de la Asociación de Literatura y Arte de Vietnam l954-l955. El profesor de literatura Phong Le valoró: “Hablar del matrimonio de A Phu es referirse al valor inicial de la literatura de resistencia, uno de los tres cuentos relevantes del Noroeste. En los primeros años de la resistencia antifrancesa, To Hoai escribió la primera obra de este tema y construyó un modelo de hombres. “Historias de Tay Bac” y “País se levanta” del autor Nguyen Ngoc fueron obras destacadas de la literatura de Resistencia l945 a l954”.
Junto a “Crónica de aventura del grillo”, “Matrimonio de A Phu” fue introducido en el libro de texto de enseñanza general y adaptado al guión cinematográfico.
Después de más de 60 años de trabajo, To Hoai escribió más de 200 obras pertenecientes a distintos géneros como cuento corto, cuento largo, novela, memoria, guión de película, ensayo y experiencia de creación. Fue conferido por el Estado con el Premio Ho Chi Minh de Literatura y Arte en l996. Recibió también el Gran Galardón de Bui Xuan Phai por el amor a Hanoi en el 20l0.

 

“Grillo en aventura” cuenta la historia de un joven grillo, personalizado como un muchacho, muy fuerte pero harto del monótono ritmo de vida y de permanecer atado todo el tiempo a la cercania de su casa. Un día, el grillo decidió viajar para ampliar su visión sobre el mundo y para buscar la razón de su vida. Pese a innumerables dificultades, nunca se dio por vencido, y siempre con la disposición de luchar junto con sus amigos contra desigualdades e injusticias. El autor tomó la vida de animales para hablar de la vida humana, transmitiendo un hermoso mensaje a los jóvenes sobre los valores de la independencia, los nobles ideales, la amistad y del amor familial. El escritor Bang Viet continuó: “Comenzamos a leer “Grillo en aventura” desde que eramos colegiales. El libro fascinó a toda mi generación por la historia que cuenta, por los caracteres del protagonista, el joven grillo, y también por los ideales que enarbola. Partimos al frente de combate para participar en las dos resistencias de la nación con profundas influencias de esta obra.

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Compilación realizada por Lorena Lacaille.

 

Carson Mccullerss, la escritora del corazón solitario…

De dónde proviene la obra? ¿Qué azar, qué ínfimo episodio dará comienzo a la cadena de la creación?

Carson McCullers. Iluminación y fulgor nocturno

Carson McCullers llevaba horas dando vueltas por la sala de estar, cavilando el mismo asunto de siempre, cuando de repente se le ocurrió la solución. Frenó el salto que estaba a punto de dar sobre uno de los cuadrados del dibujo de la alfombra y se llevó ambas manos a la boca, los ojos muy abiertos. Acababa de tener una iluminación, como ella llamaba a aquellos momentos fugaces de claridad creativa. Hacía años que le rondaba una novela por la cabeza pero no podía acabar de escribirla hasta resolver el problema del protagonista. A este se lo imaginaba escuchando a otros personajes mientras le explicaban sus tribulaciones, silencioso, como ajeno a la acción, pero no sabía el porqué de esta posición pasiva. Ahora la razón de su silencio se le presentaba diáfana en aquella sala de estar: su protagonista era mudo. Le puso un nombre bien sonoro: John Singer. En 1940 McCullers publicó la historia del mudo Singer con el título El corazón es un cazador solitario (Seix Barral acaba de reeditar este título, junto a toda su obra, con ocasión del centenario de su nacimiento). Fue su primera novela, ella tenía 24 años y de la noche a la mañana se convirtió en una celebridad.

Antes de escritora, Carson McCullers, nacida Lula Carson Smith en Columbus, Georgia, quiso ser concertista de piano. Tocaba el piano y componía desde los cinco años, y animada por su madre, que estaba convencida de que su hija era una genio de la música, comenzó a tomar clases. Tuvo dos profesoras, la señora Kierce y más tarde, Mary Tucker, por la que Carson sentía fascinación. A los quince tuvo un reuma cardiaco que la mantuvo en cama durante semanas, dejándola sin energías para tocar el piano. Fue en ese momento cuando decidió cambiar la música por la escritura. No obstante, la música tendría siempre un lugar importante en su obra literaria, de igual manera que la enfermedad la tuvo en su vida. En ese momento, a los quince años, Carson tuvo miedo de que su decisión decepcionara a su madre, también a su profesora Mary Tucker, así que durante un par de años más siguió tomando clases de música, mientras escribía sus primeros cuentos y obras de teatro.

A los diecisiete años vendió un anillo de diamantes y esmeraldas que heredó de su abuela y se fue a Nueva York. A su madre le había dicho que se marchaba para continuar sus estudios de música, pero en realidad lo que hizo fue matricularse en cursos de escritura creativa en la universidad de Nueva York y en la de Columbia. Nada más llegar, perdió el dinero del anillo en el metro, así que tuvo que ponerse a trabajar como telefonista. Otra crisis reumática devuelve temporalmente a la joven escritora a su hogar en Columbia, y de vuelta a Nueva York, en 1933, vende a la prestigiosa revista Story su relato Wunderkind (incluido en la recopilación de sus relatos El aliento del cielo), que será la primera de sus obras en ser publicada. La protagonista de Wunderkind, alter ego de Carson, es una joven que está perdiendo su talento musical, y anticipa el personaje de Mick Kelly, la adolescente tomboy (marimacho) que sueña con comprarse un piano y lucha contra un destino impuesto en El corazón es un cazador solitario, que publicó siete años después.

Entre curso y curso de escritura en Nueva York, Carson McCullers conoció a Reeves McCullers, un soldado aspirante a escritor con el que se casó en 1937. Con Reeves mantuvo durante años una relación tormentosa a la altura de sus grandes relatos de amor obsesivo, algunos de ellos escritos antes de conocerle. Ambos compartieron alcoholismo, una relación compleja con la sexualidad (Carson no se manifestaba sobre el tema, y en sus obras la sexualidad está unida a la violencia, mientras que Reeves se declaró homosexual justo antes de morir) y un deseo irrefrenable de posesión. Se casaron, se divorciaron, se volvieron a casar. Se enamoraron del mismo hombre, el músico David Diamond. Reeves le robó dinero a Carson y se marchó con David. Carson nunca le perdonó a Reeves que la excluyera de ese triángulo amoroso. Reeves nunca perdonó a Carson que fuera mejor escritora que él. Se reconciliaron en la distancia, mediante cartas de amor apasionado durante la guerra, cuando Reeves se fue al frente. Tras la guerra volvieron a vivir juntos, a emborracharse, a pelearse. En París, ya entrados los años cincuenta y tras más de quince años de relación, Reeves invitó a Carson a suicidarse con él. Carson declinó la invitación y volvió a Estados Unidos. Reeves murió solo en la habitación de un hotel, tras tomar una sobredosis de barbitúricos.

Tras publicar El corazón es un cazador solitario Carson McCullers se había transfigurado, como dice Rodrigo Fresán en el prólogo de El aliento del cielo, en “la perfecta poster-girl de escritora juvenil y exitosa”. Lectores y crítica amaban a esa chica sureña que narraba con tanta simplicidad la soledad de unos seres marginados que idealizan la amistad y el amor en una búsqueda desesperada de cobijo. El público le reclamaba una nueva obra y Carson, tras una nueva iluminación y dos meses de trabajo, le brindó Reflejos en un ojo dorado, dedicada a Annemarie Schwarzenbach, periodista y escritora de viajes lesbiana a la que amó con ardor no correspondido. El público se quedó horrorizado con la obra. Profundamente sombría, la novela se asemejaba, como la misma Carson define en boca del personaje del criado filipino Anacleto, a “un pavo real de una especie de verde fantasmal. Con un inmenso ojo dorado. Y en el ojo, reflejos de algo delicado y (…) grotesco”. Voyerismo, homosexualidad, infidelidad, sexo reprimido, violencia… aquella novela se ganó muchas críticas, y su autora incluso llegó a ser amenazada por el Ku Klux Klan por “su visión perversa del Sur”.

En las siguientes obras que publicó, Carson McCullers siguió profundizando en sus obsesiones. Temas como el amor ciego, la incomunicación, las taras físicas y psicológicas, o las diferencias raciales (realiza un espeluznante retrato del cacique sureño en el personaje del juez Fox Clane de Reloj sin manecillas) ya se apreciaban en sus primeros relatos de juventud. La balada del café triste, publicada en 1943, narra la historia de un triángulo amoroso entre una mujer de carácter y aspecto férreos, su exmarido criminal y un primo lejano jorobado, que se enmarca en el único café de un pueblo desolado. Carson enfermó de influenza mientras escribía Frankie y la boda (“Frankie está enamorada de la novia de su hermano y quiere ser parte de la boda”, soltaría sin venir a cuento en una nueva iluminación), que no salió publicada hasta 1946. La novela tuvo buena acogida y se convirtió en una obra de teatro que triunfó en Broadway. A estas alturas, la autora ya había sufrido su primera embolia, que le paralizó el lado izquierdo, aunque la enfermedad no redujo su actividad. Intentó repetir su éxito teatral estrenando una nueva obra, The Square Root of Wonderful, pero fue un fracaso desde el principio y duró en cartel poco tiempo. No tuvo mejor suerte con su siguiente obra, Reloj sin manecillas, publicada en 1961, en la que habla sobre la cercanía de la muerte y que los críticos americanos destrozaron.

USA. NYC. 1947. US writer, Carson McCULLERS.

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Cada vez más enferma, McCullers siguió trabajando impasible en la adaptación teatral de sus obras. En 1959, con 42 años, estaba tan dolorida de las operaciones que le habían realizado a raíz de sus parálisis que, lejos de abandonar sus iluminaciones, comenzó a escribir versos para niños, de composición sencilla. En la primavera de 1967, asumiendo que pronto iba a morir, la autora se puso a trabajar en una autobiografía con el objetivo de que fuera útil a los nuevos escritores. Fue la última de sus iluminaciones. Tumbada en la cama, sin apenas poder moverse ni hablar, dictó retazos de su vida y de su experiencia creadora a un incontable número de amigos y seguidores que se turnaban a redactar en una máquina de escribir. Carson McCullers murió en octubre de ese año dejando inacabada su autobiografía Iluminación y fulgor nocturno, fiel a ella misma, en pleno acto de escribir.

Novelas

El corazón es un cazador solitario (1940)
Reflejos en un ojo dorado (1941)
Frankie y la boda (1943)
La balada del café triste (1943) [relatos]
The Square Root of Wonderful (1957) [teatro]
Iluminación y fulgor nocturno. Autobiografía inacabada (1999)
El aliento del cielo [Comprende la totalidad de sus cuentos, trece de ellos inéditos en castellano, y sus tres novelas cortas, Reflejos en un ojo dorado, La balada del café triste y Frankie y la boda] (2007)
“El mudo”, [primer esbozo de El corazón es un cazador solitario, y otros textos, ensayos sobre literatura] (2007)
Reloj sin manecillas (1961)

 

Bajo el título de uno de ellos, La balada del café triste, se agrupan en este libro varios de los relatos más significativos de la singular y sutil narrativa de Carson McCullers, que han accedido ya a la consideración de clásicos de la moderna literatura norteamericana y constituyen incursiones en la silenciosa, secreta y sagrada intimidad del alma de sus personajes. Narrados con un prodigioso sentido de la construcción, los relatos de Carson McCullers alcanzan una resonancia interior que va mucho más allá de su sencilla y directa observación de la realidad. El mundo punzante, desesperanzado y profundamente poético de Carson McCullers constituye, en palabras de Edith Sitwell el legado de «una escritora trascendental».

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El hijo pródigo de Sligo:William Butler Yeatsme.

William Butler Yeats fue un poeta irlandés y una de las figuras más relevantes de la literatura del siglo XX. Poeta y dramaturgo, su obra se inspiró en gran medida en el patrimonio y la política de Irlanda.

William Butler Yeats, 1865-1939
Yeats nació el 13 de junio de 1865 y en 1923 le concedieron el Premio Nobel de Literatura “por su siempre inspirada poesía, que con una forma de gran valor artístico ha dado expresión al espíritu de toda una nación”.

Creador del estilo celta crepuscular, fue sin duda el máximo representante del renacimiento de la literatura irlandesa moderna, y uno de los autores más destacados del siglo XX. Recibió el Premio Nobel de literatura en 1923. El mayor logro de Yeats fue independizar la cultura irlandesa de los moldes ingleses, tanto en la temática como en la expresión. La poesía de Yeats suele estar inspirada en el paisaje, los ambientes y los mitos de la cultura tradicional irlandesa, especialmente en las leyendas de origen celta, con una constante preocupación por la musicalidad del verso.

Hijo del pintor John Butler Yeats y miembro de una antigua familia irlandesa protestante, estudió pintura en Londres y en Dublín. Pasó largas temporadas en el condado de Sligo, que le inspiró un enorme interés por las tradiciones populares irlandesas. En 1887, se trasladó, junto con su familia, a Londres, y allí descubrió el hinduismo, la teosofía y el ocultismo, interesándose por la magia, el movimiento rosacruz y el espiritualismo. Se relacionó con el grupo de escritores decadentes, reunidos en torno al Yellow Book.

Escribió poemas líricos y simbólicos sobre temas paganos irlandeses, como El peregrinaje de Oisin (1889), La isla del lago de Innisfree (1893) y el Libro de poemas irlandeses (1895), en un tono romántico y melancólico que él creía característico de los celtas. Escribió también El crepúsculo celta (1893), La rosa secreta (1897) y El viento entre los juncos (1899), basados en leyendas irlandesas.

En una visita a su país conoció a la patriota irlandesa Maud Gonne, de la que estuvo enamorado apasionadamente el resto de su vida. Ella inspiró gran parte de sus primeras obras y le introdujo en los círculos de irlandeses que luchaban por la independencia de su país. En 1896 regresó a Irlanda, donde entabló una profunda amistad con la autora teatral nacionalista lady Isabella Augusta Gregory, a la que visitaba a menudo en sus propiedades de Coole Parke, y junto con la cual viajó por Italia.
William Butler Yeats

Con ella fundó el Teatro Nacional Irlandés en 1901, que más tarde se instalaría en el Abbey Theatre de Dublín. A través de su labor como director y autor, consiguió convertirlo en uno de los más importantes del mundo, y en centro principal del renacimiento literario irlandés. Sus obras de teatro están escritas para la compañía del Abbey. Al principio de su carrera teatral trató de establecer un nuevo género de drama romántico y lírico con elementos simbolistas y recuerdos populares de su Irlanda natal. Esto le distanciaba del resto de la dramaturgia europea de esos años, que seguía la estela del teatro de Ibsen.

En La condesa Cathleen (1892, representada en 1899) una noble heroína se ofrece en sacrificio cuando, durante una época de hambre, los Mercaderes del Demonio recorren el país comprando las almas por el precio del pan. En El país de nuestros anhelos (1894) se muestra a una mujer mortal escuchando la llamada de las hadas. En Cathleen Ni Houlihan (1902), el espíritu de Irlanda se simboliza en la figura de una pobre anciana que se transfigura en una joven con el aspecto de una reina. Otra obra breve de temática irlandesa es The Pot of Broth (1902), y pertenece a esta etapa Las aguas tenebrosas (1900, estrenado en 1904).

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Las tres obras posteriores presentan un desarrollo mayor en cuanto a perfección dramatúrgica y claridad de pensamiento. El reloj de arena (1903) es una adaptación del género medieval de las Moralidades, y trata de un sabio que encuentra inútil la ayuda de su razón cuando se enfrenta con el misterio de la vida y de la muerte.

El umbral del palacio del rey (1904), en la que el tema es la función de la poesía, narra como un maestro de música, Seanchan, al ser afrentado por el rey, Guaire, decide sentarse en el umbral real sin comer ni beber hasta que muera, atrayendo así el oprobio sobre el palacio; los discípulos de Seanchan, en vez de persuadir a su maestro de que salve su vida, lo apoyan en su proclamación de los derechos de los poetas, y el pequeño drama concluye con una especie de peán cantado sobre el cuerpo muerto del músico poeta, que es llevado en una litera.

Una tercera obra de esta etapa es El Unicornio de las Estrellas (1907). Obras de temática irlandesa son En los siete bosques 1903); On Baile’s Strand (1904); Deirdre (1906), una tragedia en verso; El yelmo verde (1910) y El gato y la Luna. En ellas se pone de manifiesto el progresivo abandono del misticismo, que va siendo sustituido por un estilo más claro y comprometido.

 

A leer…

Aunque sea conocido como uno de los poetas más famosos del siglo XX, William Butler Yeats fue también un destacado exponente de las tradiciones míticas y mágicas occidentales. En El crepúsculo celta, rescata “con precisión y candidez” muchas de las cosas que “ha visto y oído” sobre “la tierra de las hadas”. Hadas, duendes, brujas y bosques encantados pueblan estos cuentos maravillosos que Yeats recopiló en la provincia donde pasó su infancia y que se han convertido en un referente ineludible para los amantes de la literatura fantástica.

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Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Merci Amélie!

 

Llevaba cuatro meses buscando la forma de atravesar el abismo mental del cual era prisionero mi cerebro y por más que trataba nada funcionaba. El desanimo me venció por largo rato, sin embargo, no estaba deprimida, aceptaba mi punición sin chistar como un condenado a muerte. El muro era más fuerte y grande que yo, estaba claro que por el momento no me seria posible encontrar la forma de vencer tal obstáculo. Me deje llevar por el viento de la vida en diferentes direcciones, de cuando en cuando aterrizaba en alguna que me parecía interesante y mi mente se distraía pensando que había encontrado la cura, o al menos un bálsamo ante este naufragio mental, a mi incapacidad de volver a crear una frase. Decidí entonces auto-sabotearme, vetarme y no tocar los libros nuevos que tengo en la biblioteca, y mucho menos terminar aquellos libros que había comenzado. Me decía que “eso se había acabado” que “escribir no era para mi” para que seguir leyendo, pensaba que nada ni nadie me libraría de este châtiment. Había encadenado dos fracasos de un golpe, me sentía como Sísifo (Salvo que no me considero mezquina ni desleal como él) recomenzando una y otra vez sin ver el resultado final. Me preguntaba también por que los dioses se ensañaban conmigo. Dos años tratando de concluir dos proyectos, dos años perdida en el limbo y honestamente no veía por donde saldría del inframundo. Me sentía vacía, como muerta en vida, el cielo me parecía cada vez más lejano, una utopia. Así pasaron estos meses estériles hasta que en los últimos días volví a sentir ese gusanillo, “ese deseo incontrolable” de volver a leer, de escribir, pero me reprimía una y otra vez, no quería volver a empezar. El miedo a volver a fracasar me paralizó. Sin embargo, el deseo fue cada vez más fuerte. Fue entonces que me dirige a mi biblioteca, mi vista recorrió la fila de libros donde ella se encontraba, mi mano estaba temblorosa por la excitación, cerré los ojos y cuando los abrí estaba ya cómodamente sobre el sofá leyendo “Stupeur et tremblements” (cuatro días después la terminé y comencé “Cosmétique de l’ ennemi” que devoré en tres días, y ahora leyendo “Attentat¨Amélie Nothomb en la lengua de Moliére. !Que placer inmenso sentí! No volveré a privarme nunca de este alimento bendito de letras y palabras que revigorizan mi mente, mi espíritu y a mi cuerpo. En el pasado “Ni de Eva ni de Adán” (en español) y “Antéchrista” (en francés) ya me habían seducido. La prosa de Amélie es delicada, simple, espontánea, resalta con gran maestría la oscuridad y la luz de las emociones humanas. Y con ese poder sobrehumano sus letras me volvieron a la vida, me dieron esperanza, Amélie se convirtió en mi Salvadora, literal. Me hizo entender y ver las razones de mis tribulaciones y de mi caída al precipicio mental. Amélie se convirtió en mi Psicompompo, me resucitó, y de su mano volví a cruzar el umbral de la vida. Ahora, ella es mi principal mentora y miembro activo de mi gabinete-creativo imaginario. Como si despertará de un mal sueño volví a sentarme frente el ordenador y retomé de nuevo el teclado y redacté un pequeño cuento para el blog. Y días después este articulo-carta de agradecimiento por su invaluable ayuda. No podía dejarlo pasar. También estoy pensado seriamente en escribirle, sé que no le gusta el internet y contactarla por las redes sociales es imposible, en eso nos parecemos (en cada una de sus entrevistas descubro con beneplácito las similitudes entre ella y yo, escucharla y verla es un gaudeamus de literatura). Esas plataformas del ego son peligrosas, son demonios que si te descuidas se apoderan de tu mente y de tu alma y te convierten en zombi. La relación epistolar que mantiene Amélie Nothomb con sus lectores es bien sabida y con un poco de suerte me contesta, y con un otro poquito de suerte un día tendré el privilegio de conocerla, mientras tanto soló puedo decirte: Merci Amélie!

Lorena Lacaille

 

Longueuil, Marzo 13, 2017.

Derechos de autor
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© Lorena Lacaille, 2017.

El Céline flamenco: Hugo Claus

Hugo Claus nació en Brujas (Bélgica) en 1929. A los 15 años se escapó de un internado de religiosos y su existencia se convirtió en una jugosa fruta que debía ser exprimida hasta las últimas gotas. Desde que publicara su primera novela, ‘The Metsiers’, en 1948 hasta la actualidad, Claus ha sido: surrealista, cosmopolita, pintor, cineasta, cómico, amante de los viajes y de las mujeres, pero por encima de todo, escritor.

En 1948 Claus comenzó su actividad como pintor vanguardista en el mítico grupo internacional COBRA (Copenhague-Bruselas-Amsterdam). A los 24 años se estrenó como dramaturgo con Andrea o la novia del mañana. En 1959 realizó un viaje por EEUU con Italo Calvino, Claude Simon y Fernando Arrabal, entre otros. A su vuelta pasó una temporada en Ibiza; una época loca en donde la absenta no estaba prohibida. Ya casado con la actriz Sylvia Kristel, viajó a Tailandia. En la actualidad vive en Amberes con su segunda mujer.

Este escritor, llamado en muchas ocasiones el Céline flamenco, es autor de más de 23 novelas: La pena de Bélgica , El pez espada , Una dulce destrucción , Belladona ; 40 obras teatrales: Investes, La prostituta española o Viernes; numerosos libros de poesía y varias películas. Ha sido reconocido con los más prestigiosos premios literarios y desde el año 93 se baraja su candidatura para recibir el Premio Nobel.

Literatura

Claus jamás escribe con ordenador, nunca ha escrito de otra forma que con alguna de las 200 plumillas que ha ido acumulando a lo largo de los años. «El ordenador es una máquina que sirve para aquellos que saben lo que van a escribir. Yo jamás lo sé. Tengo que escribir al ritmo que me impone la obligación de recargar la plumilla en el tintero. Ese es mi pulso de escritor. Pienso, mojo la pluma, escribo y vuelvo a pensar. Así es como he escrito toda la vida». Mientras me explica todo el proceso de creación, se ayuda con los gestos: se toca la cabeza, hace descender la mano por el brazo derecho, que alarga hasta coger una pluma imaginaria de madera roja. Humedece la pluma en un tintero ficticio y escribe en el aire con una caligrafía lenta y barroca. «Escribo las cosas tres veces. El primer borrador lo hago siempre con letra minúscula, pongo lo que me da la gana, locuras, tonterías y cosas inconexas. Después, a partir de este montón de páginas de letra ínfima, escribo un segundo borrador, donde ya no aparecen tantas tonterías, y en el último procuro que no aparezca ninguna, aunque siempre hay alguna que se me escapa».

Claus no está de acuerdo con que haya que ser desdichado para escribir. «Alguna vez creo que lo he dicho, pero ahora no pienso lo mismo. Creo que hay que encontrar un placer en la escritura para dedicarse a ello. Si alguien escribe debe sentirse alegre, debe encontrar satisfacción haciéndolo. Por ejemplo, a mí sólo me gustan los filósofos que me transmiten alegría. Por ejemplo, Nietzsche: su visión es tan negra que me divierte porque pienso en mi buena suerte al no tener esas preocupaciones. Desde el momento en que alguien escribe y el texto existe, aunque no cambie nada, incluso aunque no aporte nada, ya es algo positivo». A pesar de su sarcasmo, reconoce que debe de existir cierto nivel de angustia. Por ejemplo, la angustia de no haber escrito lo que uno se había propuesto. «Sí, eso es cierto. Yo, a mi venerable edad, sigo escribiendo todos los días. Aunque sé que no tiene ningún sentido. Porque si todavía no he dicho lo que tenía que decir, lo que debería hacer es abandonar. Cada vez que uno acaba un libro, por lo menos a mí me pasa, cree que no ha conseguido escribir lo que quería, de modo que vuelvo a empezar». Así pues, siguiendo con su línea de pensamiento, para él la escritura es como una religión o como un nacionalismo. En fin, diríamos que es su patria. «Me temo que en cierto sentido es así. Por fin he encontrado una patria», dice riéndose a carcajadas. «Quizá lo que debiera hacer es sentarme al sol en una terraza acristalada y no hacer nada más en todo el día».

Claus percibe diferencias entre su forma de entender la literatura con la de otros colegas de su generación. «Sí, soy diferente a Sófocles y a Shakespeare; ninguno de ellos se me parece. En serio, soy diferente de los otros escritores o de la mayoría, porque yo no pretendo verter una reflexión profunda sobre mí mismo en cada libro que escribo. Hay escritores que buscan a cualquier precio crear un corpus sobre su identidad. Yo no voy a la búsqueda de una identidad, porque, además, no tengo una identidad excepcional, sino más bien común. De todas maneras, cuando escribo, al describir lo que veo, quizá en ello se revele mi posible identidad».

Paciencia y alegría de vivir son, según Claus, dos características que debe poseer aquel que quiera dedicarse a la literatura. Duda, se queda callado y por fin dice: «En realidad alguien, sea escritor o no, debería seguir los dogmas del surrealismo, que para mí siguen siendo sagrados: el amor, la poesía y la rebelión. Por supuesto que la poesía entendida no como unos versitos, sino como una actitud ante la vida. Y la rebelión no significa militar en un partido, ni manifestarse porque Pinochet se vaya a su casa. La rebelión a la que yo me refiero es lade intentar cambiar el mundo, incluso a sabiendas de que se trata de una pretensión imposible. Y el amor no se refiere a que todas las mañanas practiques una pequeña orgía. No, es otra cosa. Esta es mi forma de ser, es lo que quise cuando tenía 17 años y lo que sigo deseando ahora. Yo jamás le doy la mano a alguien que no participe de estos tres principios». Cuando le pregunto si se puede vivir de la literatura sin volverse complaciente con el mercado, Claus me pone el ejemplo de Dostoievski, Shakespeare o Victor Hugo, que escribieron por dinero y no perdieron un ápice de su genio.

Vida

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Lo que más le gusta hacer en la vida cuando no está escribiendo es disfrutar con una «fiestecita sensual». No osa pensar en planes para el futuro. En este momento está escribiendo una próxima novela, pero todavía no sabe cuál va a ser el título. «Aunque siempre estoy escribiendo con esta pobre cabeza». Jamás ha leído a Cervantes: «He leído tantísimo sobre él que creo que ya no lo voy a hacer nunca». Los autores del siglo XX que menciona son: Witold Gombrowicz, Frank O Brien, Quenau y su novela Odile, y Las palmeras salvajes de Faulkner. No se le ocurre un quinto libro y le sugiero uno suyo. «Sí, puedes añadir un libro que se llama Vergüenza que es mío y que yo lo considero ilegible, incluso para mí».

Hugo Claus se muestra en persona tal y como en su literatura: directo, descarnado y con una asombrosa mordacidad, a veces, feroz; otras, humana.
Eugenio Trías

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Sinopsis:
Despiadada y sarcástica disección de la vida provinciana de la próspera y severa Flandes, El pez espada gira en torno a la figura de Maarten, un niño cuya fértil imaginación filtra la realidad a través de los clichés del cine y la televisión.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

 

 

Olivier Bourdeaut, el nuevo fenómeno de superventas en Francia.

Olivier Bourdeaut publica en español su primera y sorprendente novela, ‘Esperando a mister Bojangles’, que escribió en Altea, tras su gran triunfo en Francia

Relata su extraordinaria historia como si de un cuento se tratara: “Estaba en París, en una situación precaria, salía mucho de fiesta, iba sin rumbo. Llamé a mis padres, les dije que estaba muy deprimido y les pregunté si podía venir a España a buscar refugio. No vine para escribir. Por lo general, cuando digo que voy a hacer algo, al final no lo hago. Salí en pleno invierno, con menos cinco grados, nevaba, todo era muy triste en París. En el avión ni siquiera tenía una historia en mi mente. Aterricé y antes de llegar a Altea la Vella, nos paramos en un estanco en la carretera. Yo estaba escuchando un poco de jazz, el tiempo era maravilloso, el viento cálido, olía a azahar, a jazmín. Al día siguiente, me levanté a las 5,30 de la mañana para empezar una novela sin tener ningún argumento. Había escrito un libro muy largo, cínico, violento, que nadie quiso, y solo sabía que quería escribir algo totalmente opuesto”.

Y Olivier Bourdeaut lo hizo. En siete semanas, este antiguo agente inmobiliario, fumigador y fontanero escribió una fábula luminosa sobre una pareja embriagada de bailes, cócteles, manjares y libros, con un principio deslumbrante, lúdico, narrado a través de los atónitos ojos de un niño.

CASA SIN TELE, LECTURA ASEGURADA
Olivier Bourdeaut se aficionó a la lectura muy pronto. “Tuvimos la suerte de no tener televisión en casa. Mis hermanos y yo teníamos dos opciones: aburrirnos o leer. No fui buen estudiante, pero sí un riguroso lector. Leía todo lo que había de un movimiento, de un país, de una época…”. Para Esperando a mister Bojangles se inspiró en el matrimonio de Francis Scott Fitzgerald y Zelda Sayre y en la atmósfera de Desayuno con diamantes, de Truman Capote. Le interesan los clásicos franceses y tiene una opinión sobre Michel Houellebecq o sobre Marine Le Penn, pero no entiende el interés por conocerla: “No soy un intelectual, por favor”, dice sonriendo.

 

“Necesitaba algo de luz, una ración de optimismo”, recuerda moreno Bourdeaut, en una soleada mañana invernal. La terraza de su casa recae sobre una pequeña playa donde las olas mueren mansamente en la orilla. Hoy, tras el gran éxito el pasado año de su primera novela, Esperando a mister Bojangles (Salamandra), el escritor francés de 36 años se ha establecido en las afueras de la población alicantina de Altea, no muy lejos de la casa de sus padres jubilados, en la sierra de Bèrnia, de camino a la encastillada y pintoresca localidad de Guadalest.

Escrita en Altea

Estos escenarios naturales, que disfrutaba mientras la escribía, son recreados de manera difusa en la novela. Los padres protagonistas compran un castillo en España para proseguir su disoluta y hedonista vida, y allí, y en París, transcurre la acción de un libro, cuyo título remite a la estupenda versión de la canción Mister Bojangles, interpretada por Nina Simone. “Esa canción estaba en mi Ipod y me pareció que la voz era muy cálida, melancólica, pero también con puntos de alegría. Era mi compañera, la escuchaba en bucle”, explica el autor.

La pareja protagonista, “que se ama con locura”, apostilla Bourdeaut, no deja de bailar el tema de la cantante y pianista en su descenso al otro lado de la cordura, sin perder la ligereza y el tono de fábula de esta novela corta cuya publicación tiene algo de “milagroso”. “Era bastante megalómano y pretencioso y quería que una gran editorial me publicara. Pero me dieron calabazas. Y hace año y medio me hablaron de una pequeña editorial de Burdeos, Finitude. Investigué en Internet. Había publicado autores muy interesantes, con portadas muy bonitas y daba buen rollo. Se lo envié y me llamaron cuatro días después. Pensé que me estaban tomando el pelo. Llevaba esperando siete años esa llamada. No daba crédito. En su voz se notaba esa sensación de urgencia que yo ya había olvidado. Me preguntaron si la había enseñado a otros. En fin, pintaban bastos”, explica, sin dejar de sonreír.

El pésimo estudiante, el fracasado, el crápula, tocó la clave del éxito y su libro se convirtió en un fenómeno editorial en Francia, aupándose en la lista de los más vendidos y cosechando una retahíla de premios (finalista también al Goncourt a la primera novela) y de buenas críticas. Ahora le espera la adaptación al cine (de la que se ha comprometido a no adelantar apenas nada) con un equipo artístico de campanillas, justo lo que el propio autor había imaginado en una ocasión. “Sí, es como un milagro, como algo de magia, pero me sigo sintiendo un burro, igual que antes, sólo que ahora con éxito”.

 

Esperando a Mister Bojangles_135X220

Celebrada con un entusiasmo desbordante por la crítica y los libreros franceses, que la catapultaron al primer puesto en las listas de libros más vendidos en 2016, esta hermosa novela hipnotiza al lector no sólo con sus imágenes de tintes surrealistas, sino también por el sentido del humor y una sutil melancolía que emana de sus páginas acorde con la canción que ha inspirado el título. Un texto que arranca con un tono de engañosa frivolidad y que, conforme avanza el relato, casi imperceptiblemente, va calando en las zonas más sensibles del espíritu hasta culminar con una emoción intensa y profunda.

Ante la mirada absorta de su hijo, una pareja embriagada de amor baila al son de Mr. Bojangles, de Nina Simone. La escena, mágica, vertiginosa, sólo es un recuerdo más de los muchos que brotan de la memoria del protagonista de la historia, que rememora una infancia marcada por la excentricidad de unos padres adscritos a un estilo de vida ajeno a toda convención social. El padre, la vitalidad hecha persona, no concibe una vida sosegada y monótona —hasta el punto de «rebautizar» a su mujer con un nombre diferente cada día—, y la madre, capaz de interpretar todo tipo de papeles con la convicción del ilusionista más avezado, hace de la rutina familiar una fiesta perpetua, un espacio donde sólo caben el gozo, la fantasía y la amistad. Sin embargo, poco a poco, empieza a entreverse que este universo lleno de poesía, de quimeras, de momentos maravillosos, se asienta sobre un precario sentido de la realidad, y que, cuando las canciones y los sueños toquen a su fin, el despertar puede ser muy doloroso.

 

L’écrivain Olivier Bourdeaut publie son premier roman “En attendant Bojangles” – Entrée libre

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

 

Cuento: Cena en Chez Trebbiano.

Cena en Chez Trebbiano
Es una tarde de invierno, del invierno más dulce y benévolo que tenemos desde que tengo memoria.  Seguro los meteorólogos tienen una muy buena explicación: El cambio climático. ¿Algo pasa con la madre naturaleza? que más da, lo importante es que estamos en marzo y el invierno esta en su etapa final. Es la Semaine de relâche o de March break en Canadá, una semana de vacaciones que usualmente solíamos pasar en alguna estación de sky o bien en alguna playa del sur. Sin embargo, este año resulto anómalo como el invierno, las estaciones de sky gastan miles de dólares fabricando nieve artificial tratando de cumplir con los compromisos de sus actividades en oferta, mientras que mi  padre trabaja horas extras tratando de que su negocio sobrelleve la crisis económica, razón por la cual nos hemos quedado en casa. Situación que también no se daba desde que tengo memoria. Los días me resultan largos, anodinos, sobre todo por que no puedo ver a mis amigos, todos están fuera de la ciudad en algún chalet o en algún país del trópico disfrutando del sol y la playa. Tampoco puedo ir a mi entrenamiento de soccer, las prácticas han sido canceladas debido al gran número de jugadores ausentes. Así que la mitad de la semana ha transcurrido entre juegos con el Wii, lecturas de mi autor favorito: Geronimo Stilton, juegos de mesa con mi hermana que con frecuencia terminan en discusiones por que ella es una pésima perdedora. También hemos salido al cine, de shopping, al bowling, mi madre hace lo posible por que los tres combatamos de la mejor manera el tedio de esta semana sin vacaciones al exterior. Sin embargo, sus esfuerzos resultan insuficientes para un niño de 11 años como yo, y para una adolescente como su hija. La ausencia de papá pesa mucho, nuestro ánimo esta alicaído. Mi padre pone tanta vida. En los momentos en que no sé que hacer me pongo a jugar con pequeñas pelotas por toda la casa, lo cual me vale uno que otro regaño de mi madre que siempre vaticina que puedo romper “algo”. Otras veces tomo la tableta electrónica y me entretengo con video juegos de race cars o de soccer por supuesto. Y cuando ya no puedo más acepto las invitaciones de mi madre de salir a caminar por el quartier y respirar el aire fresco. La temperatura douce de los últimos días ha provocado que casi desaparezca la nieve y ha estropeado mi cueva subterránea que con tanto esfuerzo había hecho. Quel ennui! De repente, cuando todo parece indicar que todo será una tarde que terminara con una cena ordinaria y algún film en familia, claro, si papá no esta muy cansado. Escucho el celular de mi madre sonar, corro a buscarlo al igual que mamá. Pero le ganó la carrera, soy más rápido que ella. Habló breve con papá y me da la buena nueva que iremos a mi restaurant favorito: Chez Trebbiano. Lo cual me pone de muy buen humor, pues significa que veré a mi chum Salvatore, el chef, es un hombre gordito con un sentido del humor formidable. Sus platos son verdaderos manjares para los dioses. Me encanta la comida italiana.
Al fin llega la hora y todos partimos en familia, estacionamos el coche a las afueras del negocio familiar sobre la rue Saint-Charles, du vieux Longueuil y caminamos un centenar de metros, el viento es frío, mis padres caminan de la mano sin prisa, mientras que mi hermana y yo competimos por llegar en primer lugar al resto. Alessio uno de los meseros nos recibe con una sonrisa y un apretón de manos. Apenas nos instalamos en la mesa pregunto por el chef, Alessio nos informa que ha partido a Cuba con sus hijos. Mi decepción es grande. Durante la cena conversamos amenamente en familia hasta que mi vista se fija en un hombre obeso que come solo en una mesa, en ese momento realizo que estaba ahí desde que llegamos. Haciendo exactamente lo mismo: comiendo un bocado y su mirada fija sobre su móvil, en ningún momento veo que aparte su mirada ni siquiera para comer, pica al azar y come. El movimiento de su papada al masticar le da un aire grotesco, el hombre no es muy agraciado. Con cierto morbo lo observo, tiene el cabello chino, muy fino y corto. De piel blanca-ceniza, unos jeans holgados que lo hacen parecer con más sobre peso y una playera polo rojo. Me pregunto que estará viendo en su celular que esta tan absorto. Tan solo, tan aislado del mundo. Pero irónicamente esta “conectado”. Continuo observándolo a discreción, y de vez en cuando miro alrededor o intervengo en la conversación familiar. Sin embargo, ese hombre vuelve atraerme como imán. Al fin veo un poco de acción de su parte, le pide al mesero la cuenta. Y por primera vez desde que lo observo pone a lado su celular y revisa meticuloso la factura, apenas si gesticula. Una vez hecho el pago se levanta y toma con una mano el celular mientras que con la otra se ayuda para ponerse el abrigo, todo en cámara lenta, pues su celular es muy importante, vuelvo a preguntarme que ve este pobre hombre y me cuestiono también si no esta fingiendo solamente que hace “algo importante” o “ve algo muy interesante”. En esos momentos siento pena por él. Y al mismo tiempo, me siento sumamente afortunado de estar en familia, debe ser terrible tener que comer solo y tener como compañero a un celular… Concluyo que después de todo mis vacaciones no son tan aburridas. Por último, el hombre obeso se pone su gorro y parte caminando como un zombi mirando el celular.

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Lorena Lacaille

Longueuil, Marzo 04, 2017

 

 

Crítica Social: Si este vídeo note convence a guardar tu teléfono nada lo hará-

 

 

 

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