Alejandro Zambra una joven promesa de las Letras Chilenas y de América Latina.

Alejandro Zambra se ha convertido en un maestro de la liviandad y la ficción autobiográfica con obras como ‘Bonsái’ o ‘Formas de volver a casa’

El chileno fue seleccionado por la revista ‘Granta’ entre los mejores escritores jóvenes en español

 

Alejandro Zambra nació en Chile el año 1975. La dictadura de Pinochet vivía su periodo más negro. La antigua dirigencia de la Unidad Popular estaba toda en el exilio, o muerta. El país se hallaba enteramente controlado por los militares. Santiago era una ciudad tomada. Ya no había resistencia, pero continuaba la persecución. El organismo encargado de realizar el aseo ideológico se llamaba DINA —Dirección de Inteligencia Nacional—, y había entrado formalmente en funcionamiento durante 1974, gracias a un decreto ley que la oficializaba. En 1975 Pinochet viajó a Madrid, al entierro de Franco. En otro ámbito, Chile vivía una revolución neoliberal. Los economistas de Chicago, discípulos de Milton Friedman, experimentaban acá las teorías de su maestro. Servimos de laboratorio. La pobreza campeaba. Para cubrir la desocupación inventaron el PEM (Programa de Empleo Mínimo), y no era raro toparse por ahí con piquetes de obreros moviendo piedras de un lugar a otro. Zambra creció en Maipú, una comuna capitalina de clase media, donde miles de personas llegaron a vivir, en villas de casas pareadas y pequeñas, a fines de los setenta. Muchos de sus habitantes con gusto se autodefinirían como “gente de esfuerzo”.

La generación de la que Zambra es el escritor que más lejos ha llegado —lo han traducido a varios idiomas y publicado en EE UU, con muy buena crítica— entraba a la adolescencia cuando retornó la democracia en 1989. “La adolescencia fue verdadera, pero la democracia no tanto. Tratábamos de entender lo que ocurría: igual era una dictadura, igual estaba Pinochet en el poder. Era un Chile del triunfo, de la democracia inmediata, de líderes con mucho miedo, que estaban obligados a mostrar esta cara sonriente de continuidad del sistema económico, y yo lo vivía muy desde el margen porque estudiaba en la Facultad de Filosofía, que era un pulmón de resistencia, pero una resistencia que nadie pescaba. Todos parecían unidos en defender que éramos los jaguares de América Latina y esas cosas que se decían entonces. Ahí la literatura también tenía una vocación de marginalidad, porque éramos personas que habían optado por el fracaso. Yo venía de un colegio totalmente triunfalista (Instituto Nacional, la más prestigiosa escuela pública), pero optar por la literatura era optar por la derrota. No te prometía ningún trabajo, salvo, en el mejor de los casos, hacer clase en la Universidad. Se vivía muy tristemente. Muchos éramos jóvenes conflictuados. Escuchábamos a Radiohead todo el día. Los noventa es una época en la que me interesa indagar”.

 

En Bonsái, su primera novela, toda esa ajenidad queda destilada en un texto brevísimo. “La idea era que fuera un bonsái de libro, un libro como de mentira. Hay un descreimiento respecto de la novela en la base de Bonsái”, explica. “Nuestros profesores venían del exilio, muy desencantados de todo, por lo que no eran parte de esa fiesta en la que durante esos años se supone que vivía el país. No llegaban como héroes, sino que volvían como fantasmas, descoyuntados vitalmente, equilibrando las separaciones y el escepticismo, y nosotros aprendíamos de ellos a desconfiar de todo. Ser inteligente era no creer en Dios, no creer en ningún proyecto político serio, no creer en nada. Regocijarse en el rizoma, las indeterminaciones, la posmodernidad. Y Bonsái nace por eso, contra eso. Buscando algo”. Sus personajes —“que no son exactamente personajes, aunque tal vez conviene pensarlos como personajes”, aclara el narrador de Bonsái— son tan creíbles como distantes, encerrados en su mundo de sexo y literatura, de vidas mínimas (así se llama un libro de González Vera que Zambra admira) experimentadas con la soberbia “de los que se creen mejores, más puros que el resto”. Es la historia de una pareja de estudiantes de literatura, que apenas salen al espacio público. El escenario de la trama es más su música emotiva y nostálgica que lugares concretos. El contexto es más psicológico que histórico, más interpersonal que político, aunque los que vivimos ese tiempo sabemos que trasunta realidad. “Federico Schopf decía en clase que nosotros habíamos crecido en la anestesia, que éramos incapaces de sentir el mundo. Y algo de eso había. Éramos árboles reprimidos. Queríamos despertar, pero no siempre sabíamos que estábamos durmiendo. La literatura nos despertaba, pero cuando presentíamos esa obligación de escribir sobre la dictadura, pensábamos que podíamos escribir de cualquier cosa, que nadie nos podía obligar a escribir sobre nada”.

Se decía que quienes llegaron a la juventud durante los noventa aseguraban “no estar ni ahí”. Frente al entusiasmo ideológico de las generaciones anteriores, respondían con dicha fórmula. Psicólogos y sociólogos escribieron multitud de tratados al respecto. “Nosotros, en realidad, sí estábamos ahí, pero no sabíamos con qué. La democracia era una dictadura disimulada, a veces de manera burda. El asunto comenzó a cambiar cuando tomaron preso a Pinochet en Londres, recién en 1998. Vista en retrospectiva, la cosa es muy simple y fuimos todos unos mediocres, del presidente para abajo, pero se experimentaba un ambiente todavía muy opresivo, también en la prensa, no existía entonces ni siquiera The Clinic, y los pocos intentos por hacer diarios de izquierda o menos comprometidos con la derecha terminaron en farras o fracasos. Nosotros crecimos con cierta violencia explícita, ocultada por los medios de comunicación, y con mucha violencia cotidiana casi imperceptible. Por eso, aunque suene antipático, yo creo que la función de la literatura tiene que ver con la complejidad. La literatura quiere captar la complejidad de los hechos, no simplificarlos. Mi estilo o mi deseo de estilo nace de eso: de querer narrar lo complejo, lo incierto, con las palabras y las formas más simples posibles”.

Los libros de Zambra, no es ni necesario preguntárselo, son autobiográficos. Hurguetean en él mismo. Hay una voz que los atraviesa. Cualquiera sea el conflicto —siempre finalmente íntimo— está el testimonio de un narrador encarnado. “En Formas de volver a casa pagué una deuda con mi infancia. Durante mucho tiempo pensé que mi experiencia no tenía importancia. Era el tiempo en que lo realmente significativo era que se esclarecieran los crímenes, que las víctimas de la tortura pudieran hablar; los que importaban no éramos nosotros —los hijos de la clase media del extrarradio, despolitizada— sino los hijos de las víctimas. Si entonces me hubieran dicho que escribiría una novela sobre la villa en que vivía en Maipú, no lo hubiera creído. Esa novela, más que relatar hechos, lo que quiere es hacerse cargo de la imposibilidad de relatarlos. En rigor, ahí hay experiencias, pero también está la sensación de que no valen la pena de ser narradas, porque hay asuntos que son más importantes. En el fondo tiene que ver con el duelo, cuando este se transformó en algo realmente colectivo en Chile. Esto debe haber pasado hace unos diez años. Dejó de ser un asunto solamente de las víctimas, y la mayoría de los chilenos entendieron que estas cosas le habían pasado al país. Aún quedan muchos crímenes sin resolver, todavía campea la impunidad, pero al menos los chilenos entendimos, la mayoría, que el duelo es colectivo”.

Alejandro Zambra es un tipo apacible. Tiene la curvatura física y los modales de un joven profesor de letras, admirado por sus alumnos. Hace clases de poesía chilena en la Universidad Diego Portales. Se ríe con facilidad, pero sin perder la compostura. No le interesa llamar la atención con historias extrañas ni análisis rebuscados, aunque ocasionalmente hace alardes de ingenio con chistes de la escuela inglesa.

Zambra conquistó el escenario literario discretamente. Sus primeros compañeros de andanzas fueron los poetas de su edad: Andrés Anwandter —con los versos de quien comienza su segunda novela, y a los que debe su título, “…como la vida privada de los árboles / o de los náufragos”— y Kurt Folch, entre otros. Él mismo publicó dos libros de poemas antes de intentar con la narrativa: Bahía Inútil (1998) y Mudanza (2003). Deben ser muy pocos, si acaso los hay, los escritores chilenos que no comiencen escribiendo poesía. “A todos nos gustaba Enrique Lihn”, asegura, el poeta de La musiquilla de las pobres esferas, que nunca salió “del horroroso Chile” (eso escribió el poeta), y que murió a los 58 años, de un cáncer fulminante, meses antes de que la dictadura fuera vencida en el plebiscito. Nunca escuchó el aplauso del público, pero a cambio, y en parte por lo mismo, se quedó con el cetro de poeta de los poetas.

Obras

Poesía

  • 1998 – Bahía Inútil, poesía 1996-1998, Ediciones Stratis, Santiago,
  • 2003 – Mudanza, Santiago, Quid Ediciones (reedición: Ediciones Tácitas, 2008. Santiago. Edición en España y con prólogo de Raúl Zurita: Ediciones Contrabando, Valencia, 2014)
  • 2014 – Facsímil, Santiago, Hueders. Edición en Argentina, Eterna Cadencia (2015) y en España y México en Sexto Piso (2015).

Novela

  • 2006 – Bonsái, Anagrama, Barcelona
  • 2007 – La vida privada de los árboles, Anagrama, Barcelona
  • 2011 – Formas de volver a casa, Anagrama, Barcelona

Cuento

  • 2013 – Mis documentos, Anagrama, Barcelona. Contiene 11 relatos divididos en tres secciones:
    • I: Mis documentos, Camilo, Recuerdos de un computador personal, Verdadero o falso, Larga distancia; II: Instituto Nacional, Yo fumaba muy bien; III: Gracias, El hombre más chileno del mundo; Vida de familia; Hacer memoria
  • 2016 – Fantasía, con ilustraciones de Javiera Hiault-Echeverría; edición bilingüe español-inglés; Metales Pesados, Santiago

Ensayo

Guion

 

Mis documentos

«Mi padre era un computador y mi madre una máquina de escribir», apunta Alejandro Zambra en las primeras páginas de este libro de relatos, que bien puede leerse como una novela, o como once breves novelas archivadas en la carpeta Mis documentos.

A veces parece que hablara un mismo personaje, trasunto del autor, que recuerda sus desventuras como estudiante y como profesor, o que registra su malhumorado intento de superar el tabaquismo («Qué cosa más absurda, realmente: querer vivir más. Como si fuera, por ejemplo, feliz»). Pero la ilusión de una vida propia, fomentada por la famosa carpeta de Windows, se rompe pronto: los documentos de uno son, en el fondo, los documentos de todos, parece decirnos Zambra, en especial si se habita un país que necesita indagar en el pasado.

Con el fino sentido de la ironía y la precisión que ya le conocemos, con humor y melancolía, con espíritu paródico, con aliento lírico y a veces con rabia, Alejandro Zambra traza la anodina existencia de unos hombres que se repliegan en una idea antigua de la masculinidad, o el tránsito de unos seres pendulares que apuestan sus últimas fichas al amor. La incesante búsqueda del padre, la obsolescencia de objetos y de sentimientos que parecían eternos, el desencanto de los jóvenes de la transición («La adolescencia era verdadera. La democracia no»), la impostura como única forma de arraigo, y la legitimidad del dolor, son algunos de los temas que cruzan este libro.

Mis documentos muestra a un autor que consolida y proyecta hacia lugares nuevos el personal estilo forjado en Bonsái (descrita por Junot Díaz en The New York Times como «un puñetazo en la mandíbula»), La vida privada de los árboles («Una obra sorprendentemente entera y resonante», según The Complete Review), y Formas de volver a casa, una novela sobre la cual la crítica ha sido elocuente: «Un magnífico lenguaje, a la sombra de Carver: precisión, tristeza, crueldad, ternura» (Joaquín Arnáiz, La Razón); «Una de las mejores novelas chilenas en mucho tiempo» (Tal Pinto, The Clinic); «Formas de volver a casa eleva a Zambra al lugar de los escritores vivos que simplemente debemos leer» (Clancy Martin, Bookforum); «Un talento asombroso» (Adam Thirlwell, The New York Times Book Review).

«Tanto en esta obra como en otras de Zambra, por ejemplo, Instituto Nacional, (las dos más emparentadas a la “autobiograficción”), la cultura digital de este siglo se encuentra omnipresente en los diálogos hiperarticulados, de ritmo trepidante, en alusiones y juegos de palabras. Compuesta de episodios fortuitos, de imaginaciones y fantasías, de reflexiones cuasi-filosóficas y de digresiones estéticas, y a su vez, haciendo uso del humor para extrapolar las angustias comunes de la generación de su autor, la novela combina todos estos elementos que además le imprimen suspense a la narración (…). El desarrollo de los personajes en cada historia tiene a su vez un poder acumulativo que convierte a Mis Documentos en quizás la mejor colección de cuentos cortos de los últimos veinte años» (Will. H. Corral. World Literature Today).

 


<p><a href=”https://vimeo.com/97670295″>Alejandro Zambra – Nostalgia de cosas que no he vivido (Andr&eacute;s Anwandter)</a> from <a href=”https://vimeo.com/elmardeallado”>El mar de al lado</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

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Marguerite Vallette-Eymery, ‘Rachilde’:’hombre de letras’.

Marguerite Vallette-Eymery, ‘Rachilde’ (1860-1953), una escritora que pese a un pseudónimo de aires femeninos, se presentaba a sí misma como ‘hombre de letras’. Bisexual y aficionada a vestir como un hombre, su obra causó un gran escándalo en la época y acabó por caer en el olvido.

Hija única de un oficial militar que nunca ocultó su deseo de haber tenido un hijo varón, Marguerite Vallette-Eymery nació durante el Segundo Imperio, en 1860, en la región de Aquitania, al sudoeste de Francia. Víctima, como su madre, de abusos físicos y psicológicos, lectora voraz de la biblioteca familiar, su vocación literaria empezó muy temprano, en contra del deseo paterno y, escapando de los mandatos familiares, llegó a los veinte años a París, la ciudad en la que por ese entonces crecía el interés por los estados ocultos de la mente y la alteración de la conciencia de la mano de los simbolistas. Allí tomó contacto con algunos artistas de la época –quienes llegaron a llamarla “mademoiselle Baudelaire”–, frecuentó a los excéntricos Alfred Jarry y Jean Lorrain, y adoptó definitivamente, para sus primeros escritos por encargo, el seudónimo de Rachilde, alegando que era un noble sueco –y no ella– el que le dictaba los relatos. Publicó muchísimo en Francia y fue traducida muy poco; su segunda novela, Monsieur Venus, de 1884, es considerada su obra clave: editada en Bruselas, cuenta la historia de una mujer de la alta sociedad que se traviste, y contiene escenas explícitas de sadomasoquismo y otras prácticas sexuales macabras que le valieron una acusación de obscenidad. Rachilde aprovechó el escándalo para alentar la circulación de su obra y hacerse más conocida.

En 1889 se convirtió en la esposa de Alfred Vallette, responsable de la revista literaria Mercure de France, alrededor de la cual se reunían escritores e intelectuales destacados de la época. Todos los martes, en el salón parisino del matrimonio, se juntaba el comité editor con personalidades como Jules Renard y los decadentistas Remy de Gourmont y Villiers de L’Isle-Adam. Junto a ellos, Rachilde despuntó su labor como periodista, alimentando hasta 1926 una columna en la revista en la que comentaba y promocionaba la obra de jóvenes talentos. A diferencia de otras mujeres de su tiempo como Colette o Anaïs Nin, Rachilde se mantuvo alejada de los amores escandalosos y se dedicó exclusivamente a escribir, a profundizar su poética. Entre sus novelas, colecciones de relatos y obras de teatro se destacan Madame la mort (1891), Le demon de l’absurde (1893), La tour d’amour (1899), La maison Vierge (1920) y la novela autobiográfica La Marquise de Sade, que demuestran cómo supo declinar en clave de género algunos tópicos de la literatura gótico-romántica, sumándole elementos decadentes y malditos, atenta también a la experimentación surrealista de comienzos del siglo XX. En todas sus obras e intervenciones puso en juego su propio modelo femenino que se acercaba a la femme maudit baudelaireana, y se oponía por completo a la mirada masculina alimentada por los simbolistas. Aunque nunca se plegó a los movimientos feministas, ni es leída por ellos, su obra se anticipó a muchos ejes críticos como la división sexual patriarcal, la institución familiar y la independencia ante los modelos preestablecidos, evitando los estereotipos y alentando la inversión de roles, con una prosa pulida que explicita su atracción por la perversión y lo siniestro. Pero la fama de Rachilde empezó a declinar después de la Primera Guerra Mundial, y durante la Segunda los nazis la persiguieron pensando que era judía. Murió olvidada, en condiciones precarias, hace casi sesenta años.

Monsieur Venus

Este libro es bastante abominable, sin embargo, no puedo decir que me disguste”. Con este cínico ademán, abría el muy conservador Maurice Barrès su prólogo a la edición francesa de Monsieur Venus, donde contrastaba la vida virginal de la autora con su perturbadora imagen del mundo. Y eso que el libro venía ya censurado, pues cuando, en 1884, se publicó por primera vez en Bruselas, había terminado ante los tribunales belgas, que condenaron en rebeldía a la escritora a dos años de prisión bajo la acusación de pornografía y escándalo público. Era la consecuencia de una voluntad expresamente desafiante desde el título mismo, que se presentaba como la suma paradójica de lo masculino y lo femenino, para apuntalarse en el subtítulo no menos provocador de Novela materialista, entendiendo materialismo como el rechazo moral y filosófico de cualquier orden burgués.

El libro salió al mercado bajo el nombre de Rachilde, seudónimo de Marguerite Vallette-Eymery, una joven de 24 años, hija de un oficial de caballería, que había llegado desde provincias al París de fin de siglo para hacerse un hueco literario entre simbolistas y decadentistas. El nombre impostado le serviría como carta de presentación, pero también de parapeto para esquivar responsabilidades y atribuir los desmanes de su escritura a un noble sueco del siglo XVI. Pero lo cierto es que, en su afán por publicitarse y acordar su vida con su obra, llegó a conseguir una autorización de la prefectura de policía para vestirse de hombre y diseñó sus tarjetas bajo la divisa de “Rachilde. Homme de Lettres”.El libro (1884) le valió a la escritora una condena en rebeldía a dos años de prisión por pornografía  y escándalo público

KRK Ediciones acaba de recuperar esta novela inteligente y singular en la finísima traducción de Rodrigo Guijarro, estampada y encuadernada con esmero, para traer a los lectores hispánicos del siglo XXI la historia de Raoule de Vénérande, la joven aristócrata que se adentra en un oscuro laberinto de pasiones y somete a Jacques Silvert, un hermosísimo obrero, a sus antojos. Con ello, Raoule no solo pone patas arriba el orden social establecido, sino que asume el papel de una artista que moldea a su mantenido masculino, reducido a un mero objeto de deseo: “¡He aquí el hombre! No Sócrates ni la grandeza de la sabiduría, no Cristo ni la majestad de la entrega, no Rafael ni el resplandor del genio, sino un pobre despojado de sus harapos, la epidermis de un patán”.

Y, en efecto, con una inteligencia fría y exaltada, la joven recrea el mito de Pigmalión asignándose a sí misma el papel de hombre dominante, de húsar sexual, y convirtiendo al hermosísimo Jacques, hasta en el mismo atuendo, en una mujercita subyugada: “Jacques llevaba la existencia ociosa de las mujeres orientales confinadas en su harén que no sabían nada más allá del amor y que todo se lo atribuyen a este”. Esa completa posesión del otro dará ocasión a toda forma de transgresión carnal, travestismo, masoquismo y sadismo, fetichismo e intercambio de papeles sexuales entre hombre y mujer. Los lectores asistimos a la intimidad de la pareja, recluida en un santuario amoroso, pero no con la inmediatez de un primer plano pornográfico, sino a través de una palabra escrita que se hace carne ante nuestros ojos. A la postre, la belleza de Jacques Silvert quebrantará la integridad sexual de todos los personajes que le rodean en la novela, hasta que finalmente Raoule, invirtiendo la historia de Pigmalión, termine destruyendo al joven proletario hasta convertirlo en un autómata, en una estatua artificialmente viva. Es el último acto artístico de la protagonista.

 

Compilación hecha por Lorena Lacaille.

El gran maestro del género policíaco: Pierre Lemaitre

Pierre Lemaitre pasó su juventud entre Aubervilliers y Drancy, en casa de familiares. Estudió psicología e hizo gran parte de su carrera en la formación profesional de adultos, enseñando comunicación y cultura general, y literatura destinada a bibliotecarios. Se consagró luego a la escritura, como novelista y guionista. Sus novelas han sido traducidas a decenas de idiomas.

Lemaitre considera su trabajo como un permanente “ejercicio de admiración por la literatura”. Desde su primera novela, Travail soigné (2006); publicada en español con el título de Irene), rinde homenaje a sus maestros, haciendo de estos escritores los protagonistas de su intriga: Bret Easton Ellis, Émile Gaboriau, James Ellroy, William McIlvanney, etc. Esta obra marca también el comienzo de su serie policial que tiene como protagonista a Camille Verhoeven, comandante de la Brigada Criminal de París. Ha nacido hipotrófico y solo mide 1,45 metros. Intentó dedicarse a la pintura, luego estudió Derecho y finalmente entró en la policía nacional. Está casado con Irène. Es discreto y meticuloso.

Tres año más tarde, en 2009, lanza su segunda novela, Robe de marié (Vestido de novia), ejercicio explícito de admiración del arte de Hitchcock. En ella cuenta la historia de Sophie, una treintañera demente, que se convierte en una criminal en serie que no se acuerda nunca de sus víctimas.

Lemaitre aborda la intriga social con Cadres noires, en 2010, que pone en escena a un ejecutivo en paro que acepta participar en un juego de rol en forma de toma de rehenes. El libro está inspirado en un hecho real ocurrido en 2005 en France Télévisions Publicité,5 protagonizado en aquel momento por Philippe Santini, y por cuyo atrevimiento fue condenado por el Tribunal de Casación el 7 de abril de 2010.

Su cuarta novela, Alex, juega con la identificación, motor del thriller: la heroína es a la vez víctima y asesino, dándole la vuelta a la relación del lector con el personaje. En ella se encuentran múltiples referencias, que el autor señala explícitamente, sobre Louis Aragon, Marcel Proust, Roland Barthes, John Harvey, Borís Pasternak, etc.

Les grands moyens es una novela digital por entregas, que sigue la estela del policía Camille Verhoeven, protagonista de una serie que se inició con la citada Irene, siguió con Alex y parecía haber terminado con Sacrifices, en 2012. Pero posteriormente, Lemaitre publicó Rosy & John (adaptación al papel de Les grands moyens), añadiendo un cuarto volumen a la trilogía, guiño a Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas, que en realidad eran cuatro.

Au revoir là-haut (2013; Nos vemos allá arriba) marca un cambio importante en su obra, que se convierte en una novela picaresca. Abandonando el género policíaco, Lemaitre permanece fiel al espíritu de sus primeras novelas, puesto que cita desde d’Émile Ajar a Stephen Crane, Victor Hugo y La Rochefoucauld, y otros que nombra en los agradecimientos, entre ellos especialmente a Louis Guilloux y Carson McCullers. En noviembre de 2013 recibe el premio Goncourt y encabeza la lista de bestsellers L’Express.

Escritor Tardio: “Aunque suene raro, me he sentido escritor toda mi vida. Pero pasaban los años y no escribía, y con cada año mi sueño de ser escritor era más y más improbable. Sin embargo, mi convicción no flaqueaba. Extraño, ¿no? Ni yo me lo explico. Le haré una confidencia: a partir de los 50 años empecé a pensar en la jubilación y en la pensión que me correspondería. Me inquietaba la crisis del Estado del Bienestar, como a todo el mundo, y lo que me tranquilizaba era la seguridad de que en la vejez iba a contar con unos buenos ingresos por la vía de los derechos de autor. ¡Y no había escrito un solo libro! El paso decisivo lo di al conocer a mi mujer, Pascaline. Llevaba algún tiempo pensando en una novela pero me faltaba confianza. Uno de los grandes problemas de mi vida ha sido la falta de confianza. Ella leyó algunas páginas y me dijo que eran buenas y que debía continuar. Continué. Y ya está. Parecerá contradictorio que tuviera tanta seguridad en que sería escritor y a la hora de la verdad me faltara la confianza. El caso es que siempre contemplé la vida con mirada de escritor. Interpretaba la realidad a través de la literatura. Por ejemplo, si tenía una novia pensaba más en Swann y en Proust que en la chica en cuestión. La literatura es mi método para comprender el mundo”.

Obra

Serie policíaca Verhoeven

  • Travail soigné (2006) — Irene, trad.: Juan Carlos Durán; Alfaguara Madrid, 2015
  • Alex (2011) — Alex, trad.: Arturo Jordá, Círculo de Lectores, 2012 / Grijalbo, 2013
  • Rosy & John, Le Livre de Poche Thrillers, 2013
  • Sacrifices, Albin Michel, 2012 — Camille, editorial alfaguara, Madrid, 2016.

Otras novelas

  • Robe de marié (2009) — Vestido de novia, trad.: María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego; Alfaguara, Madrid (2014).
  • “Cadres noirs” (2010), Calmann-Levy. Recursos inhumanos, trad.: Alfaguara (2017).
  • Au revoir là-haut (2013), Le Livre de Poche. Nos vemos allá arriba, trad.: José Antonio Soriano Marco; Editorial Salamandra (2014).
  • “Trois jours et une vie” (2016), Le Livre de Poche. “Tres días y una vida”, Editorial Salamandra (2016).

Filmografía

Cine

  • Alex, guión, con James B. Harris, productor y realizador, 2014

Televisión

  • 2012 : L’Affaire Vauthier, 52 min — serie «Injustices», TF1
  • 2010 : Marché de dupes, 90 min — serie «Boulevard du Palais», France 2
  • 2009 : Otages, 2 x 55 min – TF 1
  • 2009 : L’Homme aux deux visages, 52 min — serie «Marion Mazzano», France 2

Su más reciente novela:

Todo comienza en Beauval, un pequeño pueblo enclavado en una región cubierta de bosques, donde la apacibilidad y belleza del lugar son el contrapunto perfecto a la sucesión de acontecimientos que conforman la trama. Al complejo microcosmos de sus habitantes, no exentos de hipocresía y cinismo, se añaden los ambiguos gestos, los comentarios maliciosos, la maldad y la insidia parapetadas detrás de las buenas intenciones, elementos todos ellos determinantes en la gestación y desenlace de la apasionante historia de Antoine.

Conjugación perfecta entre el Lemaitre literario y el Lemaitre policíaco, Tres días y una vida combina una historia de suspense, donde la tensión no decae en ningún momento, con la riqueza de una prosa que nos sumerge en un mundo de emociones soterradas y nos invita a reflexionar sobre la cara más sombría de la condición humana. En cualquier caso, al final del libro quizá no nos sintamos más sabios, pero sí más conscientes de la dificultad de llevar una vida honesta, gratificante y en paz con uno mismo.

 

Pierre LEMAITRE : “Trois jours et une vie de suspens”

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Grisélidis Réal: prostitución y literatura.

Grisélidis  Réal nace el once de agosto de 1929 en la ciudad suiza de Lausana en el cantón de Vaud. Se traslada a vivir a Alejandría en Egipto a la edad de seis años para reunirse con su padre, que era director de la escuela suiza de la ciudad. Posteriormente se traslada a Atenas en Grecia donde muere su padre cuando ella tenía nueve años.

Regresa a Lausana bajo la protección de su madre, que era muy autoritaria y con la cual nunca se entendió. Recibe una educación muy estricta y rígida, que le hace rebelarse continuamente. Se graduó a la edad de veinte años en la escuela de Artes Decorativas de Zúrich

Para liberarse de su madre, se casa a los veinte años (1949) y tiene su primer hijo en 1952, separándose posteriormente. Se casa por segunda vez y tiene su segundo hijo en 1956 con la finalidad de salvar su matrimonio, pero este termina en divorcio. En este periodo intenta ganarse la vida como pintora y tiene un tercer hijo fruto de la relación con otro hombre. Este hecho, en la sociedad suiza de los años cincuenta, significaba la pérdida de la custodia de sus hijos. Los recuperó ilegalmente de su centro de acogida donde habían sido confinados y huyó con ellos a Alemania.

Se traslada a Múnich (Alemania) acompañado por un negro norteamericano llamado Rodwell, que tenía problemas psiquiátricos y acompañada también de dos de sus hijos.

Vive con grandes carencias económicas en la ciudad bávara, teniendo que soportar la violencia de Rodwell. Ante esta situación decide prostituirse en el año 1961, lo que le permite mejorar su situación personal y económica. Ejerce la prostitución por una necesidad de supervivencia, pero luego pasa a ser una militante activa en defensa de las prostitutas hasta el año 1995.

Es llevada a prisión en Alemania por haber vendido marihuana a soldados norteamericanos.   Permanece en prisión durante cinco meses dedicándose a pintar y a escribir su primer libro “Suis je encore vivante?”, ¿Estoy viva todavía?

En este libro muestra su sufrimiento por la separación de sus hijos y por la insoportable falta de libertad que tiene. Es sus escritos se nota su depresión y sufrimiento, pero al mismo tiempo su fuerza para seguir viva, amar, proteger y alimentar a sus hijos. La pintura y la escritura fueron su terapia en este tiempo carcelario

En Múnich descubrió el jazz, la música gitana y los ritmos latinoamericanos que le acompañaran toda su vida, junto a la música clásica y el flamenco. Siempre reivindicó que por sus venas corría sangre gitana. Es de destacar que en su tiempo en Alemania pasó largos periodos viviendo en un campamento de nómadas gitanos y fue adoptada por un jefe de la tribu gitana. Esta parte de su vida queda muy reflejada en el libro “el negro es un color”. Este libro no es solo el relato de la vida de una mujer que ejerce la prostitución sino también un canto al amor. En el describe su vida en el burdel de Múnich, su amor por el soldado negro norteamericano y por el patriarca gitano sobreviviente de los campos de la muerte, que había acogido a su familia.

Es un libro que se distingue por la mezcla singular de tonos, violencia lírica, escatología, hiperrealismo y onirismo. Describe dos mundos, el del orden y el de la espontaneidad, el mundo de los pequeños burgueses y el mundo de los gitanos

Al salir de la cárcel es expulsada de Alemania, regresando a Suiza. Se instala en Ginebra, eligiendo para ejercer la prostitución el barrio popular de  Paquis (la zona roja de Ginebra), donde la frecuentaban los trabajadores emigrantes españoles, portugueses, italianos, turcos y árabes. El ambiente de este barrio de clase trabajadora inmigrante es la que queda reflejada a través de sus escritos, reivindicando su trabajo como un servicio a la sociedad, luchando por la dignidad, los derechos y el respeto para las prostitutas.

Grisélidis decía “digan lo que digan nuestros detractores, esos integristas de la moral que defienden una virtud, que nos ahoga, nosotras reinamos sin competencia alguna en nuestro terreno que es compasión, elegancia y un conocimiento debidamente adquirido tanto del alma como de nuestro cuerpo humano”.

Viviendo en Ginebra es cuando empieza su etapa activista como defensora de los derechos de las prostitutas convirtiéndose en una de la líderes de la “revolución de las prostitutas” en París, cuando unas quinientas de ellas ocupan, en junio de 1975, el barrio de Montparnasse, entrando en la capilla de Saint Bernard, reclamando el reconocimiento de sus derechos. Rechazan el argumento según  el cual una mujer sólo se prostituye forzada por quien paga, y declaran que la prostitución puede ser  también una elección, su elección.

Su fama se extiende por todo el mundo, siendo conocida como la ramera revolucionaria. Ella se declara socialista pero es muy crítica con los partidos socialistas europeos y su hipocresía, en sus numerosos escritos muestra sus críticas. Es llamada por numerosas universidades para dar conferencias, estando en Nueva York, Frankfurt, Bruselas, Amsterdam, Stturgart, presentándose como una puta intelectual. Ella hablaba cuatro idiomas.

En estas conferencias reclama el papel social de la prostitución, que ella considera como una actividad aliviadora de las miserias humanas y que tiene su grandeza. Para ella, la prostitución es un acto revolucionario, un humanismo y una ciencia. Al mismo tiempo, ella reconocía el lado sórdido y oscuro de su trabajo, del cual acostumbraba a hablar en términos crudos.

Grisélidis era una especie de misionera de los sentimientos, instintos, deseos y frustraciones. Ese desasosiego del hombre decía que muchas veces se solucionaba abrazando a una mujer desnuda.

En Ginebra fundó “el Centro Internacional de Documentación sobre la Prostitución” reclamando que los historiadores le dediquen su tiempo de investigación para escribir sobre ella y su influencia a lo largo de la historia. También fue cofundadora de la Asociación de ayuda a las prostitutas (ASPASIE),   Acabó siendo la voz de las prostitutas del mundo entero

Entre sus obras escritas además de las dos ya mencionadas podemos citar “el polvo imaginario”, “las esfinges”, “a sangre y fuego” libro éste que recoge toda la poesía escrita por ella, “libreta de baile de una cortesana”.

Los textos escritos por Grisélidis han sido llevados al teatro recientemente “Griselidis la catin revolutionarie” de Anne Papin y Regine Achille-Fould y también la obra “LB25” de Valérie Bracq y Olivier Tchang-Tchong.

En sus últimos años de vida escribe “treinta años de prostitución marcan, estragan el cuerpo y el alma y os dan, también un inmenso amor a la vida, respeto humano pro el sufrimiento del otro, por su soledad, por su desesperación al ser privado de mujer y de ternura. Por sus propios fracasos, que se unen a los nuestros, y si el más allá existe deseo danzar al son de músicas gitanas, beber alcoholes maravillosos, y reencontrarme con mis hombres, aquellos que he amado, aquellos que he odiado, ayudado, aliviado, esperado, atendido, rechazado, reconfortado y temido por encima de todos los perjuicios, los tabúes, las hipocresías de esta moral enferma e inhumana que no me ha matado, de la que simplemente me he evadido hacia una mayor libertad, arriesgando mi vida”.

Grisélidis consideraba la prostitución una lucha a todos los niveles: física, comercial y política. Era un oficio psiquiátrico del corazón. Siempre afirmó que tenía tres oficios: escritora, pintora y puta.

Era una gran lectora. En su libro “el polvo imaginario” hace muchísimas referencias literarias a autores como Mohammed Choukri, Tahar Ben Jehkoum, Juan Goytisolo, Alain Robbe-Grillet, Said Ferdi, Ahmed Baba Miské, Kafka, Maupasant…

Desconfiaba de cualquier tipo de terapia psicoanalítica para evitar la prostitución. Pedía la normalización de esta profesión para evitar las enfermedades derivadas de  su libre ejercicio sin protección: sífilis, gonorrea, sida…

Luchó contra el esclavismo de las prostitutas. Mostraba permanentemente su rechazo al Palacio  de las Naciones ubicado en la ciudad y a sus funcionarios que desde allí trabajaban en la Secretaria de Estado para los Derechos Humanos.

Tenía una fijación contra el ginebrino más famoso de la ciudad, Calvino. Se declaraba “puta anticalvinista”. Grisélidis lo atacaba continuamente por su rigorismo ético y al que continuamente ridiculizaba, decía “ni muerta podrán conmigo, porque pienso ordenar que vengan a menudo a follar sobre mi tumba, así al menos no me aburriré tanto a la otra orilla” y “Ahora sí, Calvino ha quedado definitivamente follado, sodomizado, descuartizado, calcinado y bien enterrado”.

Muere, el nueve de marzo de 2005, como consecuencia de un cáncer. La prensa suiza le dedica sus primeras portadas “Adiós a la mujer pública de Ginebra”. Pide ser enterrada en el cementerio de los reyes de Ginebra, destinado a las personas que contribuyeron notoriamente al desarrollo social de la ciudad. Quería que en su lapida dijera “Grisélidis Réal, escritora, pintora, prostituta”, para así sostener la lucha por el respeto y la dignidad de los trabajadores y trabajadoras del sexo.

Las discusiones sobre la conveniencia de enterrar a esta mujer en este cementerio fueron muy fuertes. Ante la presión de la izquierda de la ciudad se accedió a enterrarla en este cementerio, al lado de varios ilustres como, Jorge Luis Borges, el escritor austriaco Robert Musil, la filósofa Jeanne Hisrch y muy cercana a su enemigo Calvino.

Los acostumbrados a los sepelios no recuerdan un cortejo más concurrido, emotivo y multitudinario como el suyo. El barrio de Pâquis estuvo de duelo toda una semana y su principal calle, “la rue de Berna”, fue bautizada con su nombre. El día de su muerte nadie ejerció, y hasta los “chulos” y proxenetas lloraron sinceramente su muerte.

Poesía de Grisélidis

Entiérrame desnuda
como he venido al mundo
fuera del vientre
de mi madre desconocida
entiérrame de pie
sin dinero
sin ropa sin joyas
sin florituras
sin maquillaje
sin ornamentos
sin velo sin anillos sin nada
sin collares
sin pendientes
de oro fino
sin carmín
ni línea de ojos
desde mis ojos cerrados
quiero ver
cómo retrocede el mundo
las estrellas
y el sol
caer
la noche expandirse
hasta su origen
y sepultarme
en su boca
acostarme
por última vez
para extenderme
al fin solitaria
como un diamante
lleno de vida
descansar
dormir al fin
dormir dormir
sin pensar
en nada más
para siempre
morir morir
morir
para reencontrarme
al fin a mi madre
y reconocer
en tu sonrisa
la inocencia
que me ha faltado
toda la vida
te he buscado
te encontré
para poder perderte
y decirte
Al fin
Te quiero.

 

Esta novela autobiográfica nace con los años sesenta. Grisélidis Réal, una joven madre, huye a Alemania con sus hijos y con Bill, su amante negro, rescatado de un establecimiento psiquiátrico ginebrino. Al final de su fuga, la extraña familia se atasca en Munich. Para sobrevivir, la narradora, sin apoyos ni tabúes, se prostituye. Pero con Rodwell, un soldado negro americano que encuentra en un sospechoso bar, todo vuelve a ser posible a pesar de la miseria. A través de este destino excepcional, narrado en un estilo directo y comprensible, se descubre una Alemania desconocida, la de las boites de jazz para los soldados americanos, los pequeños traficantes de marihuana y los campamentos de supervivientes zíngaros.

Su Obra:

  • Le Noir est une couleur, París, ed. Balland, 1974; Lausana, Éditions d’en bas, 1989; Paris, ed. Verticales, 2005.
  • La Passe imaginaire, Vevey, ed. de l’Aire/Manya, 1992; París, Verticales, 2006.
  • À feu et à sang, recueil de poèmes écrits entre mai 2002 et août 2003, Genève, ed. Le Chariot 2003
  • Carnet de bal d’une courtisane, París, Verticales, 2005.
  • Les Sphinx, Paris, Verticales, 2006.
  • Le carnet de Griselidis, paroles de Grisélidis Réal et Pierre Philippe, musique de Thierry Matioszek et Alain Bashung, canción interprada por Jean Guidoni en el álbum « Putains », 1985.
  • Suis-je encore vivante? Journal de prison, Paris, Verticales/phase deux, octubre 2008.
  • Mémoires de l’inachevé (1954-1993), textos reunidos y presentados por Yves Pagès, Paris, Verticales, 2011.

El fecundo y brillante escritor Niccolò Ammaniti.

Niccolò Ammaniti Roma, 1966) es la gran figura literaria italiana de su generación, alabado por la crítica, galardonado con el Strega y el Viareggio, los premios más prestigiosos, con incontables lectores y traducido a 44 lenguas. Entre sus novelas destacan Te llevaré conmigo y No tengo miedo, que serán recuperadas próximamente por Anagrama. De él se ha escrito: “Está en lo más alto del muy fecundo y brillante grupo de jóvenes escritores de nuestros días” (Renato Barilli); “Un talento extraordinario, el escrito más versátil” (Antonio d’Orrico); “La nueva palabra italiana para el talento es Ammaniti” (The Times); “Ammaniti ha creado un retrato convincente de la Italia contemporánea, y ha aportado un necesario contrapeso a los retratos románticos y turísticos del país. Y aun así, a pesar de la dureza de su mundo, el calor humano burbujea entre sus grietas. Preferiría perderme en el mundo alienado de Ammaniti que en muchos otros” (Matthew Kneale, Financial Times); “Ammaniti es un escritor de una gran imaginación y una notable sutileza moral” (Times Literary Supplement).

¿Literatura del absurdo siglo XXI? Niccolò Ammaniti era a los 25 años un estudiante de Biología enredado en bichos y bacterias, con la adolescencia no resuelta, hijo de un psiquiatra especializado en la pubertad, y una educación de izquierdas muy estricta; un chico solitario al que le costaba salir del silencio de su música y su literatura. 25 años después, es un escritor de prestigio en Europacuyas novelas se han llevado también con éxito al cine (entre otras No tengo miedoy Tú y yo, dirigida ésta por Bertolucci) y se considera a sí mismo “un viejo” que en septiembre cumplirá 50 años. Tal vez por eso ha escrito Anna (Anagrama), “porque la vida es algo que te atraviesa, y puede ser bonita e interesante aunque uno muera prematuramente”, como los personajes de su antiutopía, un universo de niños huérfanos y una muerte inexorablemente próxima pero vagando en pos de la esperanza. Imagínense en qué estará pensando el escritor, y por qué sus novelas dan esos giros bruscos de la realidad al absurdo y, cuando más irónico te parece su asunto, menos graciosa era la intención de su autor. Serio, reservado en extremo, antisocial, encantado de vivir recluido en su casa de Roma, casado pero sin hijos.

Anna

Un virus, que empezó a manifestarse en Bélgica, se ha extendido por el mundo como una epidemia. Tiene una particularidad: sólo mata a los adultos. Los niños lo incuban, pero no les afecta hasta que crecen. Sicilia en un futuro próximo. Todo está en ruinas. A la enfermedad que el virus produce la llaman La Roja, y circulan extrañas teorías sobre supuestos modos de inmunizarse. Anna, que tiene trece años, debe rescatar a su hermano pequeño Astor y emprender con él un viaje que los llevará hasta Palermo y después hasta Messina. El objetivo: cruzar el estrecho y alcanzar el continente, donde acaso Anna, a la que por edad la muerte ya acecha, encuentre el modo de salvarse. Les acompaña un perro, y cuentan como bitácora con un cuaderno de tapas marrones que les dejó su madre antes de fallecer. Lo tituló LAS COSAS IMPORTANTES y anotó en él algunas instrucciones útiles para sobrevivir. Niccolò Ammaniti, que ya había abordado la infancia y la adolescencia en varias excelentes novelas anteriores, insiste en el tema, y lo hace combinando la ciencia ficción distópica, la narración de aventuras y la novela de iniciación. Podríamos encontrar aquí ecos de El señor de las moscas de Golding, o de Walkabout,aquella película de 1971 de Nicolas Roeg sobre una adolescente y su hermano pequeño perdidos en el desierto australiano. En todos los casos tenemos un universo poblado exclusivamente por niños. ¿Cómo sobreviven? ¿Cómo se interrelacionan sin la presencia dominante y represora de los adultos? ¿Cómo afrontan los miedos y las incertidumbres?

«Anna confirma una capacidad poco común para narrar el tránsito de la niñez al mundo adulto: la transformación, el miedo, el recorrido incierto y lleno de peligros que se convierte en una gran metáfora… Ammaniti ha llevado la novela a su esencia más desnuda, la más antigua y la más nueva, ser –simplemente– una selva de peligros que hay que superar» (Paolo di Paolo, La Stampa).

«Una fuga sin fin, absolutamente agónica, potente y espectacular. No es necesario ser forofo de la literatura de género (¿fantasy?, ¿catastrofista?, ¿de terror?) para sumergirse en este libro, soportando hasta el final su dureza implacable» (Michele Serra, La Repubblica).

«Un escritor sin límites que afronta su narración más íntima.Y también la más cruel. Ammaniti ha diseñado un apocalipsis con un realismo quirúrgico. Ha escrito una novela sobre la vivencia del presente.Y sobre nuestras posibilidades de ser lo que somos cuando nada nos lo permite» (Marco Missiroli, Corriere della Sera).

«En relación con otras novelas distópicas, Ammaniti introduce elementos nuevos en el género, casi lo reinventa, revolucionando por tercera vez –ya lo hizo con No tengo miedo y Te llevaré conmigo– la literatura italiana» (Teresa Ciabatti, Io Donna).

«Su novela más hermosa. Te desgarra el corazón» (Silvia Vecchini, Wired).

Su obra

Novela

  • Branchie!, Roma, EdiesseBranchie!, Turín, Einaudi, 1997.
  • Fango, Milán, Mondadori, 1996.
  • Te llevaré conmigo (Ti prendo e ti porto via, Milán, Mondadori, 1999), trad. de Juan Vivanco, Anagrama 2013.
  • No tengo miedo (Io non ho paura, 2001), trad. de Juan Manuel Salmerón Arjona, Anagrama, 2011.
  • Como Dios manda (Come Dio comanda, 2006), trad. de Juan Manuel Salmerón Arjona, Mondadori, 2007.
  • Que empiece la fiesta (Che la festa cominci, 2009), trad. de Juan Manuel Salmerón Arjona, Anagrama, 2011.
  • Tú y yo (Io e te, 2010), trad. de Juan Manuel Salmerón Arjona, Anagrama, 2012.
  • Il momento è delicato, Milán, Einaudi, 2012.
  • Anna (2015), trad. de Juan Manuel Salmerón Arjona, Anagrama, 2016,

Relato

  • Seratina, con Luisa Brancaccio, publicado dentro de Gioventù cannibale, Turín, Einaudi, 1996.
  • Alba tragica, publicado dentro de Tutti i denti del mostro sono perfetti, Milán, Mondadori, 1997.
  • Enchanted Music & Light Records, con Jaime D’Alessandro, dentro de Il fagiano Jonathan Livingston. Manifesto contro la new age, Roma, Minimum Fax, 1998.
  • L’amico di Jeffrey Dahmer è l’amico mio, publicado dentro de Italia odia, Milán, Mondadori, 2000.
  • Fa un po’ male, Micromega, 2002
  • Sei il mio tesoro, publicado dentro de Crimini, Torino, Turín, Einaudi, 2005.
  • Giochiamo? Due racconti letti dagli autori, con Antonio Manzini, 2 CD+libro, Milán, Mondadori, 2008.

Otros

  • Nel nome del figlio. L’adolescenza raccontata da un padre e da un figlio, con Massimo Ammaniti, Milán, Mondadori, 1995.
  • Anche il sole fa schifo. Radiodramma, Roma, Rai-Eri, 1997.
  • Sinopsis de la película Il siero della vanità, dirigida por Alex Infascelli (2004)

Libros llevados al cine

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Lo sobrenatural, la muerte y las mujeres los temas preferidos de Banana Yoshimoto.

Banana Yoshimoto (Tokio, Japón. 1964) es el pseudónimo de la novelista japonesa Mahoko Yoshimoto. Su amor por la naturaleza influye en su nombre artístico. De su admiración por las flores del banano extrajo el pseudónimo con el que se le conoce en el mundo: Banana. La autora es hija de Takaaki Yoshimoto, reconocido filósofo en la década de los 60. Además, es hermana de la mangaka Haruno Yoiko. Banana Yoshimoto se graduó de la Universidad de Nihon, especializándose en literatura. Su primer trabajo, Kitchen(1988) obtuvo un éxito inmediato tras su publicación. Ganó el Kaien Newcomer Writers Prize cuando todavía era una estudiante universitaria, y un año después se le concedía por la misma obra el premio literario Izumi Kyoka. Esta obra le ha valido más de sesenta ediciones sólo en Japón y se ha adaptado en dos ocasiones para la gran pantalla.En 1988, Yoshimoto obtuvo la recomendación de Mejor Artista Nuevo en la 39ª edición, organizado por el Ministerio de Educación con KitchenUtakata/Sankuchuari. En 1989 recibió premio literario por la segunda edición del Yamamoto Shugoro. Otro premio importante que obtuvo fue por su obra Amrita (アムリタ, 1995) en el quinto certamen del Premio Murazaki-Shikubu.

Bananana Yoshimoto 2

Sus obras, incluyendo Kitchen han sido traducidas y publicadas en más de 20 países. A pesar de que la trayectoria de Yoshimoto ha sido corta, es una de las escritoras de literatura contemporánea japonesa más importantes, dentro y fuera de su país.

Sus obras, incluyendo Kitchen han sido traducidas y publicadas en más de 20 países. A pesar de que la trayectoria de Yoshimoto ha sido corta, es una de las escritoras de literatura contemporánea japonesa más importantes, dentro y fuera de su país.

En todas sus obras hay elementos en común. El primero de ellos es que las protagonistas son mujeres. En segundo lugar, la muerte es un tema recurrente en sus novelas. Todas las protagonistas tienen un familiar o amigo cercano difunto. De acuerdo a Yoshimoto, la muerte es un tema que le atrae, ya que es un gran motivo de los escritores para investigar sobre la vida. Además, en la realidad es muy común que las personas cercanas mueran.


Otro elemento importante en las obras de Yoshimoto es lo sobrenatural. Los acontecimientos sobrenaturales ocurren con cotidianidad en sus novelas, a través de sueños, apariciones, premoniciones o visiones. A pesar de que Yoshimoto admite que no ha experimentado algún suceso sobrenatural, afirma que conoce personas que tienen poderes.

Por último, otro tema que maneja frecuentemente Yoshimoto en sus libros son  los tabús en las relaciones. Frecuentemente en sus obras ocurren aventuras amorosas, casos de parejas con considerable diferencia de edades, homosexualidad, entre otros temas.

Para aquellos interesados en su obra, algunas de sus novelas se encuentran traducidas al español. Algunas de sus obras traducidas son KitchenNPAmuritaSueño Profundo.

 

Sinopsis de Sueño profundo:

Tres jóvenes que atraviesan un periodo difícil de su vida son las protagonistas de este bellísimo volumen de la escritora japonesa Banana Yoshimoto. «Sueño profundo», «Los viajeros de la noche» y «Una experiencia», los tres relatos que componen el libro, exploran a través de esas jóvenes los mundos que se abren cuando todo parece desmoronarse y sólo queda el vacío, mundos poblados por sombras que de pronto se hacen presentes en la vida de cada día.
Si Terako, la protagonista de «Sueño profundo», enamorada de un hombre que no puede comprometerse, debe enfrentarse sin su amiga Shiori a una soledad desconocida que la sume en la inmovilidad, Shibami, la narradora de «Los viajeros de la noche», vive en propia piel el extraño dolor que la muerte de su hermano Yoshihiro produce en las dos mujeres que lo quisieron. Por último, en «Una experiencia», Fumi-chan acude cada noche a la somnolencia que le produce la bebida, para quedar aterrada al oír, antes de dormirse, una extraña melodía que, al final, será la que le ayude a salir adelante.
Circunstancias diversas –la muerte de un ser cercano, la ruptura con la rutina o una situación aparentemente sin salida– arrastra a las tres, cada una a su peculiar modo, a ver la realidad de una manera nueva y a descubrir relaciones hasta entonces ocultas entre hechos y personas aparentemente inconexos.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

 

Ego y literatura: Frédéric Beigbeder

 

Frédéric Beigbeder nació en Neuilly-sur-Seine (Francia) el 21 de septiembre de 1965.

Es un polémico escritor francés licenciado en Ciencias Políticas, que también trabaja como crítico y comentarista. Anteriormente trabajó como creativo para una agencia de publicidad, locutor, editor. Fue presentador del programa televisivo llamado “Hypershow” en Canal+ y es director del programa “Grand Journal”, dedicado a la actualidad literaria, que emite la misma cadena.

Frédéric Beigbeder es autor de innumerables artículos y varias novelas, entre las que destaca “13,99 euros”, una feroz crítica al mundo de la publicidad que tuvo muy buena acogida entre los lectores. Algunas de sus novelas han sido convertidas en películas y se han traducido a muchos idiomas.

Beigbeder creó en 1994 el premio literario Prix de Flore, que es otorgado cada año a una promesa de la literatura francesa. Algunos de los ganadores fueron Michel Houellebecq, Jacques A. Bertrand y Vincent Ravalec.
CURIOSIDADES:
– La publicación de su exitosa novela “13,99 euros”, donde critica abiertamente al mundo de la publicidad, supuso el despido de Frédéric Beigbeder de la agencia publicitaria en la que trabajaba, pero este autor no lamentó la pérdida de su trabajo, porque esto significaba que comenzaba su carrera oficial como escritor.
OBRAS PRINCIPALES:
– Ultimo inventario antes de liquidación
– Socorro, perdón
– El amor dura tres años
– Una novela francesa
– 13,99 euros

Beigbeder es un fabricante de frases brillantes. Saltó a la fama en 1994 con un eslogan para Wonderbra. Bajo la fotografía de una bellísima Eva Herzigova, ojos azules y sujetador negro, escribió: “¡Mírame a los ojos! ¡He dicho a los ojos!”. Arrasó. Sus novelas son collages de frases magnéticas. Desde joven ha tomado notas en pequeñas libretas de bolsillo (Muji o Moleskine). Mejor capturadas de madrugada. Mejor aún si son diálogos de pareja. En una habitación de su recóndito y elegante tríplex del distrito VI guarda montañas de esos carnés cubiertos de párrafos ilegibles. “Es mi método de trabajo. Luego transcribo esas notas al ordenador y la historia se va organizando en mi cerebro. Tiene algo de periodismo. O de panfletismo. Al final, la novela resultante, como decía Hemingway, es la punta de un iceberg de un trabajo de documentación; el resto, un misterio que se desvanece”.

Cuando comenzó a tomar aquellas primeras notas, apenas un adolescente, Beigbeder no pensaba que un día sería escritor. Su destino era servir a Francia. Y ganar dinero. Hijo de un famoso y adinerado cazatalentos francoamericano y de una aristócrata traductora de novelas rosas, Frédéric fue educado en la mejor tradición republicana: cultura gastronómica y literaria, los mejores liceos y la elitista Sciences Po (el Instituto de Estudios Políticos de París). Todo sin salir del barrio. Siempre entre el jardín de Luxemburgo y el Sena. El siguiente paso lógico era ingresar en la ENA, la Escuela Nacional de Administración. Suspendió. Había dormido poco. En aquel 1987, Beigbeder ya era presidente del Caca’s Club, el Club des Analphabètes Cons mais Attachants (analfabetos gilipollas pero atractivos). Un lobby de 400 señoritos juerguistas en edad universitaria que arrasaban París con sus fiestas mensuales. Las organizaban los dos hermanos Beigbeder, que conseguían una comisión por cada consumición. De ahí pasaría al mundo de la crónica mundana en Globe y Glamour y haría prácticas en un banco de negocios en Nueva York antes de recalar en la publicidad de nuevo en París con escapadas en la crítica literaria en Voici, Elle, Le Figaro, Le Monde o Lire; la televisión como tertuliano, guionista y presentador y, por fin, la literatura, como novelista y con una incursión de tres años como director editorial de Flammarion entre 2003 y 2006. “Mis enemigos piensan que vivo sin escribir. Se equivocan. Escribir es el mejor medio que conozco de comer. Escribo porque no puedo parar de escribir. Y necesito un patrocinador. Porque ser rico con la literatura te obliga a hacer siempre el mismo libro de éxito para mantener el éxito. Y yo quiero hacer otros libros. Y eso que no tengo necesidad de un yate ni un avión privado, como Sarkozy”.

CITAS, FRASES, DECLARACIONES Y POÉTICA:
– “Hay que salir para estar en contacto con la gente, para ver, para escuchar. Un escritor no puede ser un monje. No creo que el escritor tenga que estar metido en casa a las ocho de la tarde para hacer el crucigrama de Le Monde. Que renuncie a vivir para escribir”.

– “El sistema ultraliberal nos está llevando a consumir seres humanos. Utiliza la belleza de mujeres cada vez más jóvenes para vender cremas y yogures. Es un nuevo tipo de pedofilia. Y nadie parece darse cuenta. Es lo que llamo el fashismo, una mezcla de fashion y fascismo”.

– “Los grandes escritores cuentan una historia a partir de un mundo que desconocen […] Yo no soy así; busco mi camino; no cuento nada que me sea desconocido; cuento mi época; la civilización del consumo; hago novelas de mi tiempo; lo que toco y lo que veo”.

– “Yo escribo para provocar algo en mi vida y en la de mis lectores. Odiaba el mundo de la publicidad, quería escapar, escribí 13,99 euros, me despidieron y me hicieron el favor de mi vida. ¡Ya era novelista!”

– “Hoy la novela es un género que nadie puede definir, que admite en su seno el panfleto, la reflexión económica, el diálogo, los anuncios, poemas o la narración clásica. Es un espacio de libertad y de ahí el que yo incluya páginas de publicidad a favor del suicidio, el consumo de cocaína o que bromee con parodias de anuncios de yogures o detergentes. Esa misma libertad del género, su enorme variedad, es lo que hace que haya gente que diga que la novela ha muerto”.

– “Mis enemigos piensan que vivo sin escribir. Se equivocan. Escribir es el mejor medio que conozco de comer. Escribo porque no puedo parar de escribir. Y necesito un patrocinador. Porque ser rico con la literatura te obliga a hacer siempre el mismo libro de éxito para mantener el éxito. Y yo quiero hacer otros libros”.

– “Soy un niño de nueve años y los niños no ganan el Goncourt. Además, a nadie le importa el Goncourt. Ya ni siquiera da que hablar. Pregunte quién ganó el año pasado y escuchará un incómodo silencio”.

– “Un escritor debe correr el riesgo de desnudarse; ésta es una época en que la literatura debe romper las reglas de lo bien visto por la sociedad”.

 

 

Socorro, perdón
Beigbeder, Frédéric

Octave Parango, el protagonista de 13’99 euros, vuelve a la carga. Unas cuantas cosas han cambiado, excepto sus neurosis y su peculiar forma de enfrentarse a la realidad. Octave vive ahora en Rusia y trabaja como cazatalentos para Ideal, líder mundial de la industria cosmética. Y los talentos que debe encontrar son chicas, las más guapas del mundo, a ser posible. En esta descarnada y desternillante novela nos sumergimos en el Moscú de atascos monstruosos y boutiques de superlujo, donde poderosos oligarcas ostentan sus Rolex de oro y compiten con sus colegas por tener en su cama a la más joven, la carne más fresca. Una ácida crónica en la que los temas son eternos y contemporáneos, la belleza y el sexo; la impudicia del dinero y las locuras de la mundialización. Pero también la historia de un amor loco, el que siente Octave por Lena, una etérea rubia de ojos claros y catorce años… «La mejor novela publicada por Beigbeder hasta la fecha» (M. Salazar, Deia); «Un retrato crítico y descarnado sobre el modo de vida de la actual Rusia» (Guillermo Busutil, La Opinión de Málaga).

 

Compilación realizada or Lorena Lacaille.