Liudmila Petrushévskaia estandarte de la literatura Rusa contemporánea

Los personajes de Petrushévskaia destacan por su maldad y crueldad, lo que ella misma justifica por la imperfección de este mundo. Lo maligno en sus textos es un rasgo inalienable de la vida. Cabe destacar, que en sus cuentos infantiles, no lo evita tampoco, sólo combina entre sus párrafos la insensibilidad con mucho sentimentalismo.

“Frecuentemente tengo que repetir que cada persona vea el libro como un espejo. Y allí se verá a sí mismo. Y es muy interesante, porque uno ve lo bueno en el libro y llora, otro ve lo oscuro y se enfada… ¡Y todo esto leyendo las mismas palabras!”.

“No soy un escritora ‘negra’, como a veces opinan sobre mí. Creo que el papel de autor no es despertar las sensaciones, sino no tener la posibilidad de huir de éstas. Hay que ser prisionero de ellas, tratar de separarse y, en fin, escribir algo y así liberarse. Entonces, puede ser, que los pensamientos y sensaciones se queden en el texto. Y aparecerán de nuevo, no tiene más que agarrarse con los ojos a las líneas”.

“Érase una vez una mujer que sedujo al marido de su hermana y él se ahorcó”, es, como aquel, una colección de relatos; aunque sí aquella obra todavía contaba con una importante dosis de fantasía, éste se asienta en el realismo chejoviano y está protagonizado por mujeres instaladas en la tragedia y en el desamor, tal y como puede percibirse desde el propio título de la obra.

Liudmila Petrushévskaia, una de las autoras más destacadas de la literatura rusa actual, ofrece en estos relatos una visión desoladora de la vida de las mujeres rusas contemporáneas. En estos relatos, se nos presentan mujeres abandonadas por sus maridos, hijas no amadas por sus padres, relaciones de verano que se enfrían en cuanto llega el otoño, la de jóvenes que, deseosas de hallar el amor, acaban enfangándose en un matrimonio desgraciado… en resumen, un conjunto de relatos amargos que, sin embargo, no prescinden de cierto tono irónico y burlesco ni tampoco de cierta experimentación como en “oda a la familia”, un relato narrado a base de ennumeraciones.

Con todo, lo más llamativo de la obra quizás sea la economía de palabras que preside la mayor parte de la misma.  Petrushévskaia, sobre todo en los primeros relatos, parece buscar, fundamentalmente, un modo de narración que acerque su obra lo más posible a lo oral. Esto, que hace que en algunos momentos el relato sea difícil de seguir, consigue en muchas ocasiones que éste goce de una agilidad y, sobre todo, una frescura, muy poco frecuente en este tipo de narraciones. Sobre todo, cuando el tema tratado es, en todas ocasiones, tan claramente trágico.

Dice Petrushévskaia que ella sólo es alguien que escucha a las mujeres de su tierra contar sus historias y que después las relata tal y como las ha oído. En “Érase una vez una mujer que sedujo al marido de su hermana y él se ahorcó”, la autora rusa nos ofrece una muestra de ese quehacer literario que la ha convertido en una de las escritoras más aplaudidas de Rusia.

Un libro, en resumen, para descubrir una de las figuras más importantes de la narrativa rusa y familiarizarse con una manera de narrar que, alejada del retoricismo, consigue por momentos una carga semántica y una precisión que recuerda a la mejor poesía.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

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