El cosmopolita escritor Henry James.

Henry James

(Nueva York, 1843 – Londres, 1916) Narrador, crítico y dramaturgo estadounidense de obra psicológica y estructuralmente compleja, considerado uno de los grandes maestros de la ficción moderna. Era hermano del filósofo y psicólogo W. James. Estudió en Nueva York, Londres, París y Ginebra, y en 1875 se estableció en Inglaterra. A los veinte años comenzó a publicar cuentos y artículos en revistas de su país.

Henry James

En sus primeras obras manifestó la influencia de la cultura europea, como en las escritas entre 1875 y 1881: Roderick Hudson (1876), El americano (1877), Daisy Miller (1879) y Retrato de una dama (1881). Esta última, sin duda una de sus obras maestras, es un análisis de los norteamericanos expatriados en Europa. En sus primeros tiempos mostró gran pericia en la escritura de relatos breves, aunque algunos críticos le adjudicaron cierto intelectualismo que lo alejaba de la prosa de argumento o de acción.

Su narrativa en general se caracteriza por el ritmo lento y la descripción sutil de los personajes, más que por los propios acontecimientos; las tramas, aunque no suelen ser complicadas en extremo, cobran densidad por los repliegues de la estructura y el estilo indirecto, como en Los papeles de Aspern (1888) y Otra vuelta de tuerca (1898), que es para muchos la culminación de su obra.

En esta última, por ejemplo, una muchacha es contratada por una familia adinerada para que se encargue de cuidar a sus sobrinos, pues los padres de los niños han muerto. Cuando llega a la casa conoce a Flora, la niña, y a los pocos días llega Miles, el niño, y poco a poco la chica descubre que pasan cosas extrañas en la casa, pues Flora parece estar poseída por Jessel, el fantasma de la antigua niñera que había fallecido, y Miles también parece estarlo por el señor Quint, otro servidor que trabajaba allí años atrás.

En la novela los hechos nunca asumen la gravedad esperada, rasgo propio del autor, que va dilatando la verdad por medio de una prosa morosa, revelando oblicuamente los motivos y conductas de sus personajes, con diálogos y observaciones minuciosas, técnica que siguió empleando en sus últimas creaciones: Las alas de la paloma (1902), Los embajadores (1903) y La copa dorada (1904).

La forma en que narra los procesos mentales de sus personajes lo convierte en uno de los precursores indiscutibles del llamado “monólogo interior”, en lo que se anticipó a maestros como J. Joyce o W. Faulkner; otro de sus avanzados descubrimientos estilísticos fue el empleo de narradores múltiples. Autor prolífico, escribió una veintena de novelas, más de un centenar de relatos, varias obras teatrales e innumerables críticas, además de lúcidos ensayos como El arte de la novela, La imaginación literaria y los Cuadernos de apuntes, que ejercieron un indudable magisterio en muchos autores posteriores.

 Washington Square (1880)

Magistral retrato psicológico de una solterona abrumada entre una problemática relación con un padre dominante y la oportunidad sentimental que le ofrece un joven agraciado, incierto en sus pretensiones puesto que parece más pendiente de la fortuna paterna que de la opaca mujer a la que dice amar.

Catherine Sloper es la opaca hija de un padre inteligente quien nunca la ha perdonado por no haber alcanzado el brillo y la belleza de su madre muerta. Es un médico exitoso que vive junto a su hermana, la viuda Penniman y su única hija. Ésta, a pesar de poseer una fortuna modesta dejada en herencia por su madre y expectativas mayores por el padre, no ha atraído pretendientes. Por fin, a través de su tía, conoce a Morris Townsend, de quien su padre desconfía y más tarde descubre que es un holgazán. Cuando el Dr. Sloper rehúsa aceptar el matrimonio, Catherine permanece fiel a Morris, pero se ve obligada a aceptar pasar 6 meses en Europa en una maniobra del padre por alejarla de su sospechoso pretendiente, cosa que está lejos de lograr.

Graham Greene dijo de ella que quizá era la única novela en la que un hombre había conseguido invadir el campo femenino produciendo una obra comparable a las de Jane Austen. La historia avanza deliberadamente de un modo pausado con un agudo análisis de las costumbres sociales de la época y su clase social que el autor resuelve volcando una fuerte capacidad dramática en la orgullosa firmeza de la joven protagonista ante las presiones de que es objeto tanto por el lado paternal como por parte de la atractiva capacidad de convicción de su pretendiente.

Novela perfecta para iniciarse en la lectura de Henry James, es un relato distinguido y elegante, con un tratamiento realista y agudo de las relaciones humanas y una perspicaz manera de evitar situaciones amaneradas o convencionales, tan en uso en la época en que fue escrita.

 

El expolio de Poynton (1896)

Ejemplo de la genial capacidad de James para convertir una pequeña anécdota casi sin importancia, contada por una amiga al propio escritor en pocas palabras, en una obra compleja y extraordinaria.

Superficialmente, se trata de una disputa familiar en torno a unas propiedades. Poynton es la casa familiar de la señora Gereth, una viuda que junto a su marido logró dotar al lugar de una refinada calidad artística intensa y personal. Su único hijo, Owen, que tiene en poco aprecio los distinguidos enseres familiares, piensa casarse con Mona, una joven que contempla a Poynton tan solo como su futuro hogar familiar, por lo que se sobreentiende que la viuda saldrá de la casa con “lo que necesite”. Y lo que necesita es de tal calibre que deja vacío el antiguo feudo familiar.

La señora Gereth disfruta de la compañía de Fleda Vetch, una joven de gusto exquisito pero de poca fortuna. Será ella la intermediaria entre madre e hijo, puesto que no se hablan entre ellos. De esta suerte, nace una fuerte atracción entre los dos jóvenes, pero Owen está comprometido con Mona, lo que provoca uno de esos conflictos tan del gusto de Henry James, y cuyas consecuencias son a menudo imprevisibles y en cualquier caso complejas. No se trata de un vulgar triángulo amoroso, sino de una relación en la que prevalecen los principios de una mujer, Fleda, en su escrupulosa negativa a aprovecharse de su enamorado Owen y en su capacidad de conservar el respeto de la poco sensible señora Gereth. Lo que Fleda –y Owen- perdió aparece en una de las escenas más convincentes de amor que escribiera James.

La calidad dramática de la novela, asentada en unas situaciones donde los personajes despliegan todo un surtido de sentimientos, desde la terquedad de la viuda a la honestidad de la joven Fleda enfrentada a la confusión entre amorosa y social del desdichado Owen, muestra al frustrado autor teatral que fue Henry James, cuya primera concepción de esta historia fue una obra dramática en tres actos que se evidencia afortunadamente en una novela donde las secuencias -o actos– se adaptan al argumento con innegable talento.

Ejemplo de la genial capacidad de James para convertir una pequeña anécdota casi sin importancia, contada por una amiga al propio escritor en pocas palabras, en una obra compleja y extraordinaria.

Superficialmente, se trata de una disputa familiar en torno a unas propiedades. Poynton es la casa familiar de la señora Gereth, una viuda que junto a su marido logró dotar al lugar de una refinada calidad artística intensa y personal. Su único hijo, Owen, que tiene en poco aprecio los distinguidos enseres familiares, piensa casarse con Mona, una joven que contempla a Poynton tan solo como su futuro hogar familiar, por lo que se sobreentiende que la viuda saldrá de la casa con “lo que necesite”. Y lo que necesita es de tal calibre que deja vacío el antiguo feudo familiar.

La señora Gereth disfruta de la compañía de Fleda Vetch, una joven de gusto exquisito pero de poca fortuna. Será ella la intermediaria entre madre e hijo, puesto que no se hablan entre ellos. De esta suerte, nace una fuerte atracción entre los dos jóvenes, pero Owen está comprometido con Mona, lo que provoca uno de esos conflictos tan del gusto de Henry James, y cuyas consecuencias son a menudo imprevisibles y en cualquier caso complejas. No se trata de un vulgar triángulo amoroso, sino de una relación en la que prevalecen los principios de una mujer, Fleda, en su escrupulosa negativa a aprovecharse de su enamorado Owen y en su capacidad de conservar el respeto de la poco sensible señora Gereth. Lo que Fleda –y Owen- perdió aparece en una de las escenas más convincentes de amor que escribiera James.

La calidad dramática de la novela, asentada en unas situaciones donde los personajes despliegan todo un surtido de sentimientos, desde la terquedad de la viuda a la honestidad de la joven Fleda enfrentada a la confusión entre amorosa y social del desdichado Owen, muestra al frustrado autor teatral que fue Henry James, cuya primera concepción de esta historia fue una obra dramática en tres actos que se evidencia afortunadamente en una novela donde las secuencias -o actos– se adaptan al argumento con innegable talento.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

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