“La quinta estación” de N.K. Jemisin

O eso, al menos, aseguraba hace unos meses el escritor Daniel José Ruiz en su sonado artículo para el magazine The Millions. En él, Ruiz narraba las dificultades que vivió como niño chicano que crecía en la ciudad de Los Ángeles y que, al mismo tiempo, deseaba pertenecer a una comunidad friki anclada en demasiados casos a modelos sociales retrógrados y excluyentes.

Sin entrar a valorar la burda idea de destino que gobierna gran parte de la literatura de fantasía —denominada con más acierto en inglés sword & sorcery—, lo cierto es que los mundos creados por los herederos de Tolkien no han destacado precisamente por ofrecer una gran diversidad identitaria, ni tampoco por ser capaces de proponer una visión crítica de las relaciones de poder.

La educación sentimental de nuestra generación, la de los nacidos a principios de los 90, estuvo en buena medida a cargo de los Tolkien, Rowling, Paolini primero; de los R.R. Martin y Rothfuss después. Ahora no es raro que esos libros que devoramos en nuestra adolescencia se nos caigan de las manos —lo cual es natural e incluso deseable—, pero hay pocos, dentro de su mismo género, que vengan a sustituirlos.

Y es que el mundo friki ha sido uno de los que con más fiereza se ha resistido a la renovación: fenómenos como el Gamergate o la polémica literaria surgida en las últimas ediciones de los Premios Hugo (el galardón más importante de la ciencia ficción) son una buena muestra de ello.

Precisamente a la cabeza de los renovadores estaba N.K. Jemisin, escritora afroamericana de fantasía y ciencia ficción que, al merecer el año pasado el Hugo con La quinta estación por encima de los escritores propuestos por la sección más cercana a la alt-right, confirmaba que los tiempos, como lo han hecho siempre, están cambiando (no en vano era la primera persona afroamericana en ganar el mítico premio).

La quinta estación, publicada recientemente en castellano por Nova, no es tan solo una novela, sino que es también un símbolo y un arma, por cuanto materializa el programa ideológico y estético de toda una ola de escritores de fantasía (que, no obstante, ya tienen grandes referentes en George R.R. Martin y en autores del New Weird como China Miéville). En el libro se describe el mundo conocido irónicamente como La Quietud, que acosado por terremotos, tsunamis y cataclismos constantes ha visto nacer, malvivir y desaparecer rápidamente sucesivas civilizaciones.

La quinta estación cuenta las historias de tres mujeres de distinta edad que tratan de habitar esa tierra hostil. Las tres comparten una característica: son «orogenes», personas cuya peligrosa (pero útil) conexión neuronal con los movimientos sísmicos las ha llevado a ser poco menos que esclavizadas por el imperio reinante. A través de ellas, Jemisin nos da cuenta del fin de una sociedad cruel e indiferente en muchos casos, pero también compasiva y comunitaria en muchos otros, y del papel que las mujeres orogenes tiene en esta.

Muy consciente del lugar desde el cual se escribe su obra (a veces demasiado, hasta el punto de que los guiños recuerdan a un tic), Jemisin cuestiona todos y cada uno de los elementos característicos de la literatura fantástica: la historia de amor no es nada amorosa, el apocalipsis resulta casi un evento positivo, etc., y crea así una especie de anti-novela fantástica que bien puede indicar el camino por el que transitará el género en los próximos años.

Y si bien es verdad que, por ejemplo, en algunas ocasiones pareciera que los personajes queer son introducidos en la historia como el peaje que un escritor progresista tiene que pagar —la voluntad que intuimos de ejercer a un tiempo como novela y manifiesto puede tener algo que ver—, lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones La quinta estación es capaz de problematizar la sexualidad, la raza, el género la clase y la identidad con mucha naturalidad y belleza.

Además del estilo, inteligente y sutil, y de su estructura argumental, interesante aunque quizás ligeramente hinchada en número de páginas debido a la macrocefalia que afecta a la fantasía, quizás el mayor hallazgo del libro sea la «orogenia», esa cualidad que define a las protagonistas del relato y que les permite apagar un terremoto pero también crear una gigantesca falla en la corteza del planeta.

Al contrario que otros de los rasgos que aparecen criticados en el relato, la «orogenia» no tiene una traslación específica en el mundo real. En nuestra sociedad no tenemos personas que nazcan con un superpoder y que, si no son asesinadas por la temerosa población que los rodea, acaben siendo entrenadas y mortificadas para servir al Imperio. Y posiblemente sea un error tratar de encontrar un correlato real a la orogenia (¿inteligencia? ¿judaísmo?), porque justamente lo que ha hecho N.K. Jemisin es crear un «caso práctico» de opresión a través de un método sencillísimo.

Pongamos que una civilización tiene un problema concreto: el terreno sobre el que se asienta es brutalmente inestable. Y que hay personas en esa civilización con la capacidad de controlarlo. ¿Qué sucede? Que se crea una red ideológica con la cual controlar y someter aquellos cuerpos que pueden controlar lo demás. Y aunque el caso no se parezca a nada concreto que conozcamos, su funcionamiento resulta terriblemente familiar.

La quinta estación opera en torno a este hallazgo fundamental —de hecho, el nombre de la trilogía a que da inicio es «La tierra fragmentada»—, cuya sencillez, bien desarrollada por medio de la trama, hace de ella una novela verdaderamente notable.

Habrá que ver por qué camino avanzan los dos restantes libros de la saga, pero si continúan por el sendero que aquí anuncia N.K. Jemisin, todo apunta a que oiremos hablar mucho más de ella en el futuro.

la quinta estacion

Obras

Trilogía de la sucesión

La editorial Minotauro publicó la traducción al español de las dos primeras novelas de esta trilogía.1819

The Dreamblood

Jemisin firmó un contrato con Orbit Books por dos libros en una serie llamada The Dreamblood; el primero de ellos fue publicado el 1 de mayo de 2012, mientras que el segundo está programado para el 12 de junio del mismo año.

  • The Killing Moon
  • The Shadowed Sun
Trilogía de la Tierra Fragmentada

Cuentos

  • «Valedictorian», After, 2012
  • «On the Banks of the River Lex», Clarkesworld Magazine, noviembre de 2010
  • «The Effluent Engine», 2010
  • «Sinners, Saints, Dragons, and Haints in the City Beneath the Still Waters», Postscripts, 2010.
  • «The Dancer’s War», publicado en Like Twin Stars: Bisexual Erotic Stories, Circlet Press, 2009.
  • «Non-Zero Probabilities», Clarkesworld Magazine, 2009.
  • «Playing Nice With God’s Bowling Ball», Baen’s Universe, 2008.
  • «The You Train», Strange Horizons, 2007.
  • «Bittersweet», Abyss and Apex, 2007.
  • «The Narcomancer», Helix, reeditado en Transcriptase, 2007.
  • «The Brides of Heaven», Helix, reeditado en Transcriptase, 2007.
  • «Dragon Cloud Skies», Strange Horizons, 2005.
  • «Red Riding-Hood’s Child», Fishnet, 2005.
  • «L’Alchimista», publicado en Scattered, Covered, Smothered, 2004.
  • «Too Many Yesterdays, Not Enough Tomorrows», Ideomancer, 2004

 

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille, escritora, traductora, consultora en feng shui, terapeuta en EFT (técnicas de liberación emocional) y metafísica.

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