«La sange helada» de Ian McGuire

Seleccionada para el “Man Booker Prize”, uno de los premios literarios más prestigiosos del mundo (mejor novela original escrita en lengua inglesa) que además de la dotación económica, prácticamente te asegura que será traducida a más de 15 idiomas, “La sangre helada” es una intensa novela, sutil, cruda, oscura, cruel, que pone en evidencia la condición primitiva y brutal del ser humano.   Un relato sobre la vida a bordo de un ballenero que, su autor, termina convirtiendo en una odisea en la que se mezcla a la perfección, el género de aventuras más divertido con la novela negra más feroz.

Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito». Ernest Shackleton, británico de nacimiento, publicó este anuncio en prensa en 1914.  En él, solicitaba voluntarios para lo que, de aquellas, se consideró “la última gran travesía terrestre pendiente” y que a la postre sería denominada como “Expedición Imperial Transantártica”. Evidentemente, nadie en su sano juicio o en posesión de todas sus facultades mentales, se tomaría este anuncio como una de las 10 mejores ideas jamás concebida, sin embargo, y como las reglas están para romperlas, fueron más de 5.000 los descerebrados aventureros que respondieron a este pasaje a las mismisimas puertas del infierno. Finalmente, y tras un proceso de selección cuando menos delirante y excéntrico llevado a cabo por el propio Shackleton, lograron billete a la Antártida unicamente 56 hombres, la mayoría de los cuales, lograron sobrevivir y volver a casa.

102 años después, otro británico, el escritor Ian Maguire, quizá inspirado, por lo que resultó la mayor proeza de la exploración polar jamás conocida, pero también una de las más dramáticas (la expedición de Shackleton quedó atrapada y aislada durante 2 años en las gélidas aguas polares) vuelve a llamar a filas, a través de su novela, “La sangre helada” (Roca editorial), a todo aquél ávido de sensaciones únicas y vivencias extremas, para realizar otra loca y peligrosa travesía en dirección al Círculo Polar Ártico, a bordo de un barco ballenero, el Volunteer, para llenar sus bodegas de ese combustible destilado y refinado a base de grasa y baba de ballena, para calentar y dotar de luz a los hogares del siglo XIX.  Solo que esta vez, la aventura no traspasará los límites de la carne y podremos sobrevivir a ella, desde nuestro cómodo sillón.

Es una novela muy feroz en la que comparo y exploro diferentes tipos de violencia: la industrial, la homicida, y la del Imperio Británico.

«Solo cuentan los actos; solo cuentan los hechos. El resto… es humo y niebla».  Y los hechos nos enmarcan en un mes de abril de 1859. El acaudalado Sr.Baxter, dueño, entre otros barcos, del ballenero Volunteer, ha contratado al Capitán Brownlee, para comandar una expedición de caza de ballenas que le reporte grandes beneficios.  La elección de dicho capitán no está exenta de polémica, ya que pese a sus 25 años de experiencia en el oficio, no es menos cierto que pesa sobre él una leyenda negra de icebergs inoportunos, naufragios, cargas perdidas y casi una veintena de muertos.

Ballenero La Sangre heladaPara tamaña expedición, Brownlee ha seleccionado a las mejores “perlas” que uno puede encontrar en las tabernas del puerto de Hull (Yorkshire, Inglaterra, curiosamente muy cerca de donde creció el autor) y entre los que destacan los arponeros, Jones “el Ballena” -un misterioso Galés- y Otto, el gigante teutón filósofo; el Sr. Black como 2º oficial; el Sr. Cavendish como inútil mano derecha del capitán, el médico irlandés y anclado a su pasado, Patrick Sumner, y el pendenciero, borracho y falto de conciencia, Henry Drax, un arponero sin igual, cuya fama le otorga un pasaje en primera clase a bordo del Volunteer… y así, hasta un total de 40 tripulantes entre los cuales se esconde un brutal y sanguinario asesino.  Un despiadado pasajero, para el que el acto de matar está tan arraigado a él, es una necesidad tan vital, como el hecho de respirar. Un furioso e impío ingeniero del mal, para el que la muerte es una especie de creación, una construcción.

«Busquemos ballenas en las frías aguas del norte». Sin embargo, hay algo que no encaja en este viaje: la grasa de ballena ha dejado de ser le pepita de oro, y vivió tiempos mejores. Las casas ahora se calientan e iluminan con petróleo y gas de hulla, así pues, ¿Qué interés puede tener el Sr.Baxter, para el que lo único que hay en la vida es el dinero, en sufragar los altos costes de una expedición como esta?

Esa, además de cómo demonios se sujeta un arpón, es una de las cuestiones que lo rondan la cabeza a Patrick Sumner, cirujano del ejército y absoluto desconocedor de la caza de ballenas y los usos y costumbres de la vida en la mar. Sobrevivió al asedio de Delhi, de donde se trajo una cojera de por vida  y un sentimiento de culpa del que pretende desprenderse durante la travesía. Sumner creyó haber visto y conocido lo peor del hombre en la India, pero lo que descubría a bordo, es que tan solo ha raspado la superficie, porque la otra cuestión que le atormenta, es quién está convirtiendo su plan de huída del calor, la barbarie de la guerra, y del hedor nauseabundo de la sangre, en una interminable travesía de frío, agua y muerte; en un paisaje de sal, sangre y hielo.  Sumner soñaba con una vida en libertad y encontró una pesadilla en el invierno ártico.

Escritor lento pero persistente, McGuire reconoce que sus influencias van más por el lado norteamericano, cuya ficción considera más “audaz” y se esmera, como buen profesor, en responder a cada pregunta de esta entrevista en la distancia con el máximo detalle.

“Aunque a veces no lo parezca, escribir y ser crítico pueden ser actividades complementarias. Algo que he aprendido con el reciente éxito de La sangre helada es que tienes que convertirte en el crítico de tu propio libro. Sorprendentemente, escribir una novela no te da la capacidad para responder sobre ella. Una vez que la terminas tienes que dar un paso atrás y pensar como un lector y encontrar caminos para explicar por qué hiciste lo que hiciste”, asegura cuando se le pregunta por el éxito, por la plácida de vida de crítico antes someterse al juicio de sus compañeros.

No creo que los principales personajes de una novela tengan que ser moralmente admirables o simpáticos

La sangre helada no es una novela de género, o no al menos de un género. McGuire transforma el relato de la vida en el interior del ballenero en una epopeya y mezcla con acierto el género negro en su versión menos convencional y más salvaje y el de aventuras. Así lo explica: “Mi objetivo era crear una novela con personajes complejos, temas interesantes y que estuviera bien escrita, todas ellas cualidades que asociamos con la ficción literaria. Pero también con un guión realmente atractivo, más como un thriller. Y no entiendo por qué una buena novela no puede ser sutil y sofisticada y al mismo tiempo divertida de leer. Un buen guion es algo placentero para el lector y creo que una de las cosas que tiene que hacer una novela es ser un placer”.

La obra tiene momentos de una enorme violencia, nada accesoria, pero violencia al fin y al cabo. McGuire no esconde sus intenciones: “Sí, La sangre helada es un libro muy violento y eso es algo que se puede ver desde el primer capítulo. La industria ballenera en el siglo XIX era violenta y sangrienta, así que parte de la violencia del libro viene simplemente de la visión realista de lo que ocurría en un viaje de este tipo. Pero también quería usar la novela para comparar y explorar diferentes tipos de violencia: la industrial, la homicida de Drax y también, en el flashback de Nueva Deli, la violencia del Imperio Británico. Poniendo todo esto junto tenía la esperanza de que se suscitase la pregunta de por qué unos tipos de violencia se justifican y celebran mientras que otros son considerados como aborrecibles” explica.

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

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«Prosa y versos» de Mónica Ojeda.

˝Nefando˝, lo abominable, lo infame, lo perverso. ¿Es posible escribirlo? Mónica Ojeda se dedicó a ello durante tres meses y el resultado es una novela que conmociona

La escritora y profesora de literatura Mónica Ojeda, autora de La desfiguración Silva(Premio Alba de Narrativa 2014) y de El ciclo de las piedras (Premio Nacional de Poesía Desembarco 2015), trae una propuesta atípica en la narrativa ecuatoriana. Su segunda novela —Nefando, publicada en España por Candaya— es un artefacto que tiene la fuerza de un río desgarrador que conduce al lector a lo más primitivo y desolador que puede ejecutar un humano: la violencia. Abre las puertas para habitar con agallas el origen del dolor a través de un videojuego perverso creado para la deep web. Nefando marca su objetivo desde el inicio: previene al lector que va a vislumbrar lo perturbador, lo que no se quiere ver porque resulta extremadamente doloroso, lo aterra, le permite palpar la violencia, la muerte que se dibuja lenta y silenciosamente. Su efecto inmediato es que el lector se cubra de impotencia, se le estruje la sensibilidad y quiera leer saltándose ciertas partes.
La infancia se define como una prueba de resistencia. Vemos a través de los protagonistas cómo fueron víctimas de sus padres —las primeras relaciones humanas— pero sobreviven en el presente. Coloca sobre la mesa las posibilidades de la perversión como un acto de albedrío individual que nace de la violencia y la multiplica. Se plantea mostrar que la crueldad extrema existe y forma parte de lo más insondable de la humanidad.

Nefando, Viaje a las entrañas de una habitación, fue un videojuego en línea poco conocido y pronto eliminado de la red a causa de su polémico contenido sensible. Las experiencias de sus jugadores son, ahora, el centro de los debates gamers en los foros más profundos de la deep web, pero sus usuarios no parecen ponerse de acuerdo: ¿era un juego de horror para frikis, una puesta en escena inmoral o un ejercicio poético? ¿Son tan hondas y retorcidas como parecen las entrañas de esa habitación?

Seis jóvenes comparten un piso en Barcelona y sus habitaciones vibran como colmenas. En cada una de ellas se cuecen actividades tan inquietantes y turbias como la escritura de una novela pornográfica, el deseo frustrado de autocastración o el desarrollo de diseños para la demoscene,subcultura informática artística. Sus espacios privados son arquitecturas blancas donde se explora el territorio de los cuerpos, de la mente y de la infancia. Mirillas hacia lo abyecto y hacia el decir, que los conecta al proceso de creación de un videojuego de culto.


Mónica Ojeda (Guayaquil, Ecuador, 1988). Master en Creación Literaria y  en Teoría y Crítica de la Cultura, da clases de Literatura en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Actualmente se encuentra cursando un Doctorado en Humanidades con una investigación sobre literatura pornoerótica latinoamericana.

BNC Programa 11 – Perfil sobre la docente Mónica Ojeda

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Edmundo Paz Soldán una de las voces más creativas de las letras Latinoamericanas.

José Edmundo Paz-Soldán Ávila (Cochabamba, 1967) es un escritor boliviano y uno de los autores más representativos de la generación latinoamericana de la década de 1990, conocida como McOndo.

Hijo de Raúl Paz Soldán Diez de Medina y de Lucy Ávila,​ estudió en el colegio Don Bosco de Cochabamba.

Según sus propias palabras, comenzó a “escribir en serio” —durante la adolescencia “escribía mucho, pero lo tomaba como un pasatiempo”— hacia los 19 años, en Buenos Aires, donde estudiaba Relaciones Internacionales.

Sin embargo, las primeras publicaciones —cuando todavía escribía “como pasatiempo— aparecieron en su natal Cochabamba, en el Suplemento Correo del periódico Los Tiempos, en sus años de escolar.

Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Alabama en Huntsville, a la que llegó mediante una beca como jugador de fútbol y en la que se licenció en 1991. Un año antes de graduarse, había aparecido, en Cochabamba, su primera recopilación de cuentos —género con el que comenzó su andadura literaria y que no ha abandonado— bajo el título de Las máscaras de la nada.

En 1992 aparece su primera novela, Días de papel, que el año anterior había quedado finalista en el concurso literario estadounidense de obras en español Letras de Oro y que le hizo merecedor de su primer galardón: el premio boliviano Erich Guttentag. Desde entonces ha seguido fiel a la narrativa, escribiendo tanto relatos como novelas.

En 1997 obtuvo un doctorado en Lenguas y Literatura Hispana por la Universidad de Berkeley con un ensayo sobre la vida y obra de Alcides Arguedas; de esta investigación nacería después un libro que fue publicado en 2003.

En 2011 presidió la primera edición del Premio de las Américas, que ganó el chileno Arturo Fontaine Talavera.4

Paz Soldán escribió su primer libro de ciencia ficción en 2014: Iris, que nació de la lectura de un reportaje en la revista Rolling Stonesobre soldados psicópatas en Afganistán. Esta novela no fue pensada en un comienzo para escribirla en el género en el que finalmente lo hizo, sino que debería haber sido la última de una trilogía que empezó con Los vivos y los muertos (2009) y siguió con Norte (2011).

“La ciencia ficción que me interesa es un género muy político, el de las grandes distopías del siglo XX creadas por autores como Orwell o Huxley“, ha explicado el escritor.

Es columnista de temas de cultura y política en el diario chileno La Tercera. También ha escrito para medios como El País, The New York Times, Time y Etiqueta Negra.

Ha traducido algunas obras del inglés, como Mucho ruido y pocas nueces de Shakespeare y El vendedor de sueños del estadounidense de origen ecuatoriano Ernesto Quiñonez.

Sus obras han sido traducidas a varios idiomas y han aparecido en antologías en diferentes países de Europa y América.

Desde 1991 reside en Estados Unidos, donde es profesor de Literatura latinoamericana en la Universidad de Cornell.​ Su hermano Marcelo fue director (1996-2009) de la editorial Nuevo Milenio, en Bolivia.

Cuentos

  • Las máscaras de la nada, Los Amigos del Libro, Cochabamba, 1990
  • Desapariciones, Ediciones Centro Simón I Patiño, Cochabamba, 1994
  • Dochera y otros cuentos, Nuevo Milenio, La Paz, 1998. Contiene 3 relatos:
    • Dochera; Cuando tú no estabas; y La escena del crimen
  • Amores imperfectos, Santillana, La Paz, 1998 (Alfaguara, Buenos Aires, 2000; Suma de Letras, Madrid, 2002); tanto la edición bonaerense como la madrileña contienen 23 cuentos:
    • Historia sin moraleja; La puerta cerrada; Romeo y Julieta; Ritual del atardecer; Fotografías en el fin de semana; En el corazón de las palabras; Continuidad de los parques; El museo en la ciudad; Imágenes photoshop; La ciudad de las maquetas; Epitafios; Cartografías; El rompacabezas; Persistencia de la memoria; Presentimiento del fin; El dolor de tu ausencia; Tiburón; El informe de los ciegos; La invención del Marqués; Amor, a la distancia; Cuando tú no estabas; La escena del crimen; y Dochera
  • Simulacros, antología; Santillana, La Paz, 1999
  • Desencuentros, Alfaguara, 2004; reúne los dos primeros libros de cuentos de Paz Soldán: Las máscaras de la nada y Desapariciones
  • Norte, antología de 16 cuentos cuya acción transcurre en Estados Unidos; Grupo Editorial La Hoguera, Santa Cruz, 2006. Contiene:
    • Anaheim, California; Lluvia en los inviernos de Michigan; En el cementerio; The masks of nothingness; Faulkner; Historia sin moraleja; Fotografías en el fin de semana; Tiburón; Amor, a la distancia; Much ado about nothing; La barricada; Patchwork; El ladrón de Navidad; Billie Ruth; y La vista
  • Lazos de familia, Grupo Editorial La Hoguera, Santa Cruz, 2008
  • La puerta cerrada y otros cuentos, Editorial Gente Común, La Paz, 2009
  • Billie Ruth, Páginas de Espuma, Madrid, 2012; contiene 15 cuentos:
    • El acantilado; Casa tomada; Bernhard en el cementerio; Extraños en la noche; Díler; Los otros; El ladrón de Navidad; Roby; Volvo; Ravenwood; Billie Ruth; Como la vida misma; El Croata; Srebrenica; y Azurduy

Novelas

  • Días de papel, Los Amigos del Libro, Cochabamba, 1992
  • Alrededor de la torre, Nuevo Milenio, Cochabamba, 1997
  • Río fugitivo, Alfaguara, La Paz, 1998 (edición revisada, Nuevo Milenio, Cochabamba, 2008)
  • Sueños digitales, Alfaguara, La Paz, 2000 (Santillana USA 2001)
  • La materia del deseo, Alfaguara, Miami, 2001 (Madrid, 2002)
  • El delirio de Turing, Alfaguara, La Paz, 2003
  • Palacio Quemado, Alfaguara, Miami, 2006 (La Paz, 2007)
  • Los vivos y los muertos, Alfaguara, Madrid, 2009
  • Norte, Mondadori, Barcelona, 2011
  • Iris, ciencia ficción, Alfaguara, 2014
  • Los días de la peste, Malpaso, Barcelona, 2017

Ensayos y crítica

  • Latin American Literature and Mass Media, coeditores: Debra A. Castillo y Paz Soldán; Garland, 2000; el capítulo 4 está escrito por el autor boliviano: The Avant-Garde and Cinematic Imaginary: Huidobro’s novela-film
  • Alcides Arguedas y la narrativa de la nación enferma, Plural Editores, La Paz, 2003

Como editor

Los días de la peste

Edmundo Paz-Soldan

La Casona es mucho más que una cárcel: es un microcosmos donde cada uno de los individuos que lo componen, desde el gobernador de la prisión hasta su mujer, pasando por los presos y los guardias, aceptan su suerte con resignación.

La religión como salvación, el culto prohibido que todos profesan a una diosa vengativa que pretende destruir el mundo, y la peste, que matará por igual a ricos y pobres, une a estos personajes dispares de un rincón recóndito del mundo.

En Los días de la peste, una virtuosa novela coral, el autor nos sumerge magistralmente en una prisión narrativa, rompiendo con la manera de narrar clásica y se consagra cómo una de las voces más singulares de la actual narrativa latinoamericana.

 

 

 

Qué libro le cambió la vida a José Edmundo Paz Soldán?

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Maj Sjöwall «reina de la novela negra sueca»,

Huye de la etiqueta de ser la gran dama de la novela negra escandinava pero sí asegura que fueron ella, Maj Sjöwall y su marido Per Wahlöö, los que “abrieron la puerta del género a los autores suecos” que hoy viven un boom “incomprensible”, porque la mayoría de las novelas suecas de hoy son “malísimas”.

“Las descripciones son muy amplias y la trama no va al grano”, añade Maj Sjöwall, tras lo cual elogia a otros escritores europeos como la francesa Fred Vargas, el italiano Andrea Camilleri o el español Manuel Vázquez Moltalbán, que ha leído en inglés.

Sobre el aluvión de mujeres escandinavas al género, Sjöwall explica que esta llegada masiva de escritoras se debe a una cuestión puramente comercial porque “de repente se han dado cuenta de que pueden ganar mucho dinero, sobre todo en Alemania”.

De uno de sus sucesores, Henning Mankell, la escritora afirma que es un autor que “carece de humor” y es “muy aburrido”, tanto como su inspector Kurt Wallander, recientemente jubilado por su creador, una retirada que, después de once novelas, Sjöwall alaba: “había llegado el momento, es una decisión muy buena”.

El gesto de la escritora de melena blanca cambia al oír el nombre de Stieg Larsson y su trilogía “Millennium” para rápidamente contestar que sólo ha leído la primera parte porque no le gustan “los tochos”.

Tampoco entiende el éxito mundial del escritor al que reconoce su modernidad, frente a otros autores de literatura negra que siguen bebiendo de la idea de “policía con problemas”.

En su opinión, Larsson se ha concentrado en otras cuestiones y ha creado a la hacker Lisbeth Salander, un personaje “muy moderno” con el que ha logrado actualizar el género.

Un género que cree “bueno” para describir y criticar la sociedad actual porque permite adentrarse y criticar toda clase de comportamientos y estratos sociales, sin olvidar el humor “imprescindible” en una buena novela policíaca.

Maj Sjöwall (1935) y Per Wahlöö escribieron, entre 1965 y 1975, diez novelas policiacas, una por año, protagonizadas por el subinspector Martin Beck, el “típico policía sueco” que comenzó a demostrar que la geografía nórdica podía ser un escenario perfecto para la novela negra.

“Roseanna”, “El hombre que se esfumó”, “El hombre del balcón” o “El policía que ríe” son algunos de los títulos del tándem sueco que han sido traducidos a más de treinta idiomas y que en España publica RBA desde 2007 en orden cronológico.

“En aquella época no había casi ninguna novela negra y las que había tenían como referente a Agatha Christie”, explica la escritora, tras lo cual recuerda que su marido y ella, tuvieron la idea de crear la inspector Beck para narrar la sociedad real.


Defiende que consiguieron crear “un estilo cómodo, un lenguaje sencillo, no demasiado intelectual pero tampoco simple” para criticar el verdadero crimen de Suecia, el de la traición de la socialdemocracia a la clase trabajadora.

A Sjöwall y Wahlöö, ambos periodistas de investigación y políticamente de izquierdas, no les resultó fácil conocer los entresijos de la policía sueca “muy cerrada” a los medios de comunicación y cuyo trabajo todavía era muy desconocido.

Tras la muerte de su marido Sjöwall volvió a su trabajo de traductora del danés, del noruego, del alemán y del inglés al sueco. No piensa en volver a escribir ninguna novela, entre otras razones, porque le horroriza el trabajo de promoción a los que hoy en día se ven sometidos los escritores.

Laura Camacho.

El asesino de policías (traducción de Elda García Posada) es una maravilla policial, un procedimental perfecto y un panfleto al servicio de la creciente rabia antisistema de sus autores. En este caso no se libra nadie: los aeropuertos están hechos donde no deben y dan asco; la policía es vaga, cara e ineficiente; los criminales son violentos como respuesta a la violencia estructural del Estado; los jóvenes se drogan porque no tienen otra salida; la Sanidad es mala por la fuga de talentos; el Estado de Derecho lo es sólo por su nombre porque hace aguas por todas partes y así.

Sin embargo la novela funciona a la perfección. Vemos a un Beck ya divorciado y enamorado de nuevo, más vital, tan buen policía como siempre. Y a Kollberg en la máxima expresión de su descreimiento, de su lejanía de los valores que se supone tiene que defender. Además, aparece un personaje central de Roseanne, recuperado aquí como principal sospechoso de la muerte violenta de una mujer en un pueblo de la región de Escania. Los autores juegan con los prejuicios del lector, como ahora está tan de moda.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Gabriela Llanos y su mundo de telenovela.

Su vida es de novela. Ella no lo sabe, por supuesto, porque se jura autora de libros e ignora, como todos los protagonistas de las mejores historias, que su propio destino es digno de escribirse. Se llama Gabriela Llanos, viene de una familia de artistas, es argentina y española a la vez, y se jura nada más que una autora y una periodista radial y de TV. Pero además de haber presentado en la Filbo su libro Viejo caserón de San Telmo, vale la pena primero conocer quién es ella.

Nació en Córdoba, Argentina. Vivió ocho años allí y luego migró a España, pero su infancia estuvo impregnada del espíritu de su padre, Percy Llanos, un periodista muy importante de la radio de Córdoba que dirigió el programa de radio El discotecario de la noche, el cual marcó una generación gracias a su programación musical mezclada con poesía y literatura. Del otro lado estaba su madre, una española de Andalucía, que fue actriz y se dedicó a hacer teatro junto con su tío Carlos Giménez, quien montó el grupo El Juglar y luego fundó en Venezuela la compañía Rajatabla, que además hizo historia en el vecino país y en las tablas de Latinoamérica.

En pocas palabras, el arte la rodeaba y ella la respiraba en cada bocanada de su recién inventada vida. Por eso se mueve como pez en el agua entre las culturas gaucha e ibérica. Por eso estudió Ciencias de la información en la universidad Complutense de España e hizo maestrías en radio y en televisión, porque la radio estuvo presente desde sus primeros años y la comunicación y la presentación eran inherentes a su ser.

Por eso, también, acompañó como road manager a decenas de artistas célebres cuando en España sus padres fundaron una empresa de producción de espectáculos y contrataron giras de artistas como Marcel Marceau, Facundo Cabral, Mercedes Sosa, Sara Baras, Antonio Canales o el Teatro Negro de Praga. Por ello viajó mucho, conoció países como Colombia, compartió con artistas toda su vida y acompañó a fenómenos como Soda Estéreo. “El arte era parte de mi vida. Me educaron la sensibilidad hacia el arte, la música y la literatura desde pequeña y eso determinó lo que sería”.

Por eso, por supuesto, escribe.

Por supuesto, ha trabajado en prensa, radio y televisión como TVE, Radio Nacional de España, Telemadrid, Cadena Ser y La W, con Julio Sánchez, donde creció como reportera, aprendió a improvisar y cubrió un Mundial de fútbol. “Me gusta muchísimo la radio; la llevo en los genes por ser el medio más cercano a la gente”, agrega. Su programa Treinta… y tanto, fue su experiencia más feliz porque “destripaba la actualidad con un punto de vista femenino y mucho humor”. Allí aprendió algo que aplicó luego en la literatura: “Pasármelo bien para que los demás se sientan igual. Igual que la escritura. Si no te gusta lo que escribes, no va a funcionar nunca”.

Ahora vive Puerto Plata, República Dominicana, dicta clases de escritura creativa y acaba de presentar su libro Facundo Cabral, crónica de sus últimos días, que narra cómo a su padre le tocó acompañar al artista argentino en su muerte fatal en Guatemala cuando fue asesinado. “Mi madre había fallecido dos meses antes y mi padre decidió hacer una gira con Facundo y volver a trabajar para pensar en otro tema. Mi padre vio cómo se fueron rompiendo todos los vidrios del coche y cómo la descarga alcanzó a Henry Fariñas y una bala perdida a Facundo. La terapia familiar para sanarnos fue este libro”.

El arte no abandona a esta mujer cuya vida es una novela en sí, llena de bemoles y siempre en movimiento. Justamente con su última novela, Viejo caserón de San Telmo, publicada por la editorial Cangrejo, vino a Colombia a promocionar su nuevo trabajo.

“El Viejo caserón de San Telmo es una historia que trascurre entre Madrid y Buenos Aires. No tenía el tema, ni la idea, ni la trama. De un momento a otro, todo llegó. Comencé con la frase Aldo Canessa se cebó dos mates… y empecé a narrar a este personaje entrañable que ve la vida desde la barrera y sabe que nunca será protagonista”. Su historia es la de un amor frustrado entre un idealistas y una artista de teatro, basada en su madre, y cómo sus hijas, muchos años después, vuelven a Buenos Aires desde España para reencontrarse con la historia familiar oculta.

“Un médico me dijo que los siete primeros años de la vida determinan tu nivel de calcio. Eso pasa también con la vida emocional. Y esos primeros años míos pasaron en Argentina. Ahí se marcó mi mapa emocional, la música, el carácter y mi sentido del humor”. Por eso, Gabriela se mueve entre ambas culturas y acentos, y refleja ambos estilos de vida con fluidez en esa novela corta que es, en realidad, una historia de amor intensa que fue y dejó de ser, que va creciendo hasta cambiar a todos sus protagonistas, años después.

Siempre me han interesado los momentos importantes que no puedes percibir mientras están ocurriendo y que te cambian la vida luego. A mí, la historia de Emiliano Duarte me parece fascinante porque era un idealista que nunca participó de la lucha armada ni usó una pistola. Su arma era el teatro, y Eva Olivares lo acompañaba en eso que parecía un juego y que les cambia la vida. Si tuviese que definir la novela, sería que es una historia de amor enorme que hizo que ambos protagonistas cambiaran su vida para proteger al otro. En Viejo caserón de San Telmo, el amor es tan importante que prefieres cambiar tu vida para salvaguardar al otro”.  Esta historia de amor, reconciliación, familia y segundas oportunidades con esta mujer cuya historia merece ser contada, será una de las novedades de la FIlbo en sus 30 años.

 

Fuente: El Espectador/Cultura/ Mayo/2017.

Charles Portis, sale de las sombras del olvido…

La petición de entrevista carece de respuesta. Es el particular silencio administrativo que Charles Portis aplica a la prensa en general.

El éxito de los hermanos Coen ha vuelto a poner de actualidad a uno más de esos escritores estadounidenses de culto a los que se califica de esquivos. Raros.

 Charles Portis, autor de la novela Valor de ley , no goza de la condición pynchoniana de oculto radical. Pero forma parte del colectivo de escritores elusivos a los que el éxito no les enloquece y evitan el público. Salinger, Thomas Pynchon, Harper Lee, Cormac McCarthy, Don DeLillo.

El mito Portis incorpora la variante de que hizo de monaguillo antes de ser monje. Durante años ejerció de periodista. “Esa es una visión acertada”, responde Mark Smirnoff, fundador y editor de la revista Oxford Americanal plantearle que este narrador conoce bien la voracidad de los medios.

“Ahí puede estar la explicación. A él le gustaba el reporterismo porque no estaba en el centro de atención, sólo observaba”, añade Smirnoff, uno de los afortunados que comparte cervezas con Portis en Little Rock (Arkansas).

A finales de los años 50 incluso dejó su ciudad para instalarse en la Gran Manzana. Trabajó en el The New York Herald Tribune, donde coincidió con Tom Wolfe. “Tom y Lewis Lapham eran nuestros mejores escritores. Los buenos escritores no siempre son buenos reporteros. Ellos sí”.

Así se expresa en una charla con Roy Reed, un ex colega de la Gazzette, el diario local que le proporcionó el billete para Manhattan. Esta conversación, de mayo del 2001, aparece recogida en la “web no oficial” del autor.

Como redactor del Herald entrevistó a Malcolm X. Le requirió por la razón de suprimir su apellido y conservar el nada africano nombre de Malcolm. Le respondió que los esclavistas impusieron un apellido a su madre, mientras que el Malcolm lo eligió ella.

Otro de sus hitos fue el encuentro con Salinger, según la versión del profesor William Vesterman, de la Universidad de Rutgers. Aprovechó que viajaba en el mismo avión para formularle unas cuantas preguntas al que se ha convertido en el padre de los escritores esquivos. La muerte de Salinger en febrero del 2010 desveló que el autor de El guardián en el centeno no era un eremita que había renunciado a la sociedad. Sólo se limitó a rechazar la gloria mediática. Sin embargo, en Cornish (Nuevo Hampshire), se relacionaba con sus vecinos, quienes conocían su identidad.

Charles Portis, de 76 años, se mueve por esta misma senda. “Evita las entrevistas –subraya Smirnoff–, lo que no significa que no hable con periodistas, aunque raramente o nunca lo hace para que se publique nada. Él es tímido, pero muy amigable”.

En abril del 2010 aceptó recoger el premio que le concedió la revista Oxford American (ver fotografía en esta página) como reconocimiento a su carrera literaria. Valor de ley (True grit) salió a la luz por entregas en el The Saturday Evening Post en 1968.

La escritora Donna Tart sostiene que Mattie es un personaje comparable al Huckleberry Finn de Mark Twain. Smirnoff comparte esa opinión. “Portis es tan divertido como Twain y parecido en su estilo claro y llano. Haymuchos momentos en que pienso que Valor de ley es tan enorme como las aventuras de Huck”.

El relato cayó en el olvido. Hasta que que, en la década de los noventa, el editor Peter Meyer, de Overlook Press, leyó un artículo en que se afirmaba que Portis era uno de los grandes de la literatura de Estados Unidos. True Grit vendió 45.000 copias entre el 2002 y el 2009. Las ventas se han disparado a partir del estreno de la traslación de los Coen.

 

Además de esta novela doblemente cinematográfica –John Wayne protagonizó la versión de Henry Hathaway de 1969–, Portis publicó otros cuatro relatos. Dicen que ahora llevan quince años trabajando en otra historia.

El caso es que, en abril del 2010, aceptó recoger el premio. Acudió trajeado, pero desapareció a media cena. Se marchó a su casa, sin esperar a recibir el galardón. Se puso a ver baloncesto.

Smirnoff, el anfitrión, lo confirma. “Que Portis se fue es cierto. Pensó que ya había hecho todo lo necesario. Cuando regresó, porque le llamó un amigo, ya iba vestido más deportivo. A mí me gusta porque es muy auténtico y no se da aires de superioridad”.

A Portis no le gusta hablar de literatura ni de su obra. “Es lo mismo que se decía de Faulkner”, indica el amigo. “Supongo que ellos ponen mucho cuando están escribiendo y cuando acaban aprecian el silencio”.

Pero no rechaza tomar una Budweiser y conversar. “Es muy divertido –asegura Smirnoff–, un hombre humilde. Sus ojos a veces me ponen nervioso porque, para mí, dicen muchas cosas”.

 Los expertos consideran que, al revés de otras novelas cargadas de humor, el truco de las de Charles Portis es que pretenden ser serias. Sin embargo, están llenas de acontecimientos raros y personajes que todavía lo son más.

Valor de ley.
De la novela que tanto los Coen como antes Hathaway han seguido al pie de la letra, aunque el relato literario es más rico y profundo, ya se sabe que es una historia del oeste. Mattie Ross, una niña de 14 años, sale en busca de justicia para el asesino de su padre. Se asocia a un marshall tuerto, de gatillo fácil y borrachín.

Norwood.
Es su primer relato (1966) y también tuvo versión cinematográfica en 1970, con Glen Campbell de protagonista. Norwoo Pratt viaja desde Texas a Nueva York para cobrar una deuda de 70 dólares y así poder comprometerse con la chica que conoció en un autobús.

The dog of south.
La publicó en 1979 y es la favorita entre sus admiradores. Es una road movie en la que Ray Midge conduce hasta México, desde Little Rock (Arkansas), en búsqueda de su mujer, que ha huido con su primer marido y el Ford Torino de Ray. En verdad, lo que quiere es recuperar su Ford Torino.

Master of Atlantis.
Relato de 1985 en el que dos personajes crean la Gnomon Society, una organización esotérica cuyo objetivo último es dar con la ciudad perdida de la Atlántida.

Gringos.
De 1991, cuenta la historia de un expatriado estadounidense en México que hace amistad con unos locos por los OVNIS y arqueólogos en busca de una ciudad maya desaparecida.

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

“Malva” de Hagar Peeters

Quizás pocos nombres tengan tanta poesía como Malva: un color que ronda el violeta, una flor curativa y una de esas palabras que sólo los poetas elegirían para bautizar a sus hijas y que luego dirían, orgullosos, en cada uno de sus versos.

Lo primero sucedió: el nombre es el de la hija del poeta y premio Nobel de Literatura chileno Pablo Neruda.

Lo que nunca sucedió fue que la nombrara. Al poeta que defendió la justicia y peleó contra la marginación de los ciudadanos, que abanderó las causas de la justicia y del amor, que escribió como los dioses y conmovió un continente entero, se le olvidó su hija y la hizo a un lado. La razón: tenía hidrocefalia y no encajaba en su ideal de perfección y belleza.

Es una novela. Pero es real. La escritora holandesa y también poeta Hagar Peeters lo narra en su libro Malva. Y lo hace con una profunda y contundente belleza, desde el punto de vista de una narradora que se expresa del espíritu de la niña cuando muere sobre los ocho años y entiende qué fue lo que sucedió con su vida y comienza a rastrear ese amor que nunca tuvo.

Hagar es una mujer alta y delgada, con esa altura casi característica de los holandeses que los ha convertido en los habitantes del país con mayor promedio de estatura en el mundo. Desde esa altura surge una bondad para acercarse a los demás que no esconde el cuestionamiento permanente a nuestro sistema de creencias. De esa dulzura sale este libro que es casi tan personal como literario. El primer cuestionamiento es ante la figura casi mítica de un hombre que dejó de lado a su hija.

“En realidad, yo no tenía una opinión estricta de Pablo Neruda. Solamente conocía algunos de sus versos y vi que se trataban de la gente común, de señalar la injusticia, de hablar de los marginados. Cuando lo conocí pensé que su destino era eso: denunciar y hacerlo mediante la poesía”.

Neruda con María Antonieta Hagenaar, madre de Malva
Neruda con María Antonieta Hagenaar, madre de Malva.

Sabía poco de él. De hecho, en Holanda la figura de Pablo Neruda no alcanzó, por razones geográficas y de idioma, los niveles de reconocimiento que tuvo en la lengua castellana. “Cuando estuve en Chile hace algunos años quise conocer algo de su vida. Visité sus lugares, sus tres casas, y en Temuco, cuando supieron que yo era holandesa, me contaron un detalle de su vida que parecía anecdótico: la existencia de una hija holandesa. Yo tenía curiosidad por su vida porque soy poeta y me interesó saber dónde creció cuando era niño. La persona que me guio me dijo que la tumba de su hija Malva había sido descubierta y me narró la historia. Yo no la conocía. Nadie la conocía, prácticamente”.

El relato de la niña abandonada de la que sintió vergüenza el poeta por tener una discapacidad le pareció tan interesante, que Hagar Peeters se dedicó a rastrear la vida y obra de Neruda para ver dónde la mencionaba. No la encontró. “Nunca lo hizo”, agrega.

Luego se leyó la biografía célebre de Neruda, Confieso que he vivido,pero tampoco allí menciona a la pequeña Malva Marina. Ni en una línea. A Hagar le pareció un acto de injusticia poética saltarse el hecho de una hija y obviar su vida al margen y su trágica muerte.

 “Fue ahí cuando resolví darle crédito a ella. ¿Cómo era posible que alguien escribiera una biografía sin mencionar a su propia hija? Me obsesioné. Quise saberlo todo sobre esa hija suya. ¿Qué tenía ella para que un hombre considerado un héroe, un ser que defendía a su gente, un gran poeta, el defensor de los oprimidos, olvidara a su familia? Por qué dice que quiere escribir sobre los oprimidos y deja de lado a su hija?”. 

Además, la historia la movía por razones poderosas: no era la primera vez que oía ese tipo de relatos. Sucedían con excesiva frecuencia: padres que abandonaban a sus hijos, que los olvidaban, que desaparecían de su vida como si les estorbaran. Tal como le sucedió a ella misma con su propio padre.

Así, entre los sentimientos propios y ajenos, nació Malva, la historia de la hija que tuvo Neruda con la holandesa María Antonieta Hagenaar, “Maruca”, y la única que tuvo en sus 69 años de vida el Nobel de Literatura chileno, una niña que nació en 1934 en Madrid y falleció en Holanda en 1942 por una severa hidrocefalia, y que fue mantenida en el anonimato por su padre para que su presencia no empañara su inmenso éxito profesional.

Una frase hizo que cobrara vida su historia, narrada con estricto rigor periodístico en su investigación, aunque su punto de vista sea el de la visión de la niña: encontrar una carta de Neruda en la que le describía a una de sus amantes cómo era Malva: “Es un ser extremadamente ridículo, una especie de punto y coma, una vampiresa de tres kilos”, dijo el poeta Neruda, con frialdad, cuando describió el problema de la hidrocefalia de la niña.

Con esos elementos, y con el peso de su propia relación con su padre, el periodista Herman Vuijsje, que no estuvo con ella en su infancia por sus constantes viajes por Latinoamérica y en especial a Chile hasta convertirse en un fantasma sin rostro para la propia autora; unida a la historia de otros grandes que dejaron a sus hijos de lado, como James Joyce, Henry Miller o Albert Einstein, Peeters decide narrar la historia del desamparo de miles de niños a través de la figura real de Malva.

“Vi las posibilidades comparativas de escribir en paralelo la historia de mi papá, a quien creí ver en la tapa de un libro por primera vez en un viaje cuando tenía cinco años. Yo me sentí orgullosa y lo señalaba. Hice ruido y la gente me miró. Me sentía la hija de un gran escritor. Cuando tuve once años comencé a escribirle cartas para que fuera mi padre: quería tener una relación, pero no se dio: no se preocupó por mi existencia. Al final me acostumbré al a idea de no estar a su lado. Por eso cuando leí lo de Neruda entendí que era otro más de tantos”.

La suya, en definitiva, no es una novela de amor, sino de la sensación de extrañar el amor. Un relato sobre la ausencia del mismo, contada desde el silencio de los niños que no dejan de extrañar al padre que no tienen.

Una novela bella, precisa, sanadora, que implanta con precisión poética la figura también de la madre que debe asumir además de la pobreza el cuidado total de su hija como misión de vida ante el abandono de su compañero, como hizo María Antonieta, sumida en la enfermedad mientras Neruda celebraba el éxito. Una historia, en definitiva, preciosa en su confección y sinceridad, contundente para desmontar un mito erigido sobre su propia contradicción, que deja en claro cómo la literatura le da vida y justicia a lo que la realidad misma se empeña en negársela.

Así comienza Malva

“Me llamo Malva Marina Trinidad del Carmen Reyes, para mis amigos de aquí Malvita; Malva para todos los demás. Puedo asegurar por supuesto que ese nombre no lo concebí yo. Lo hizo mi padre. Lo conoces, el gran poeta. Igual que titulaba sus poemas y poemarios, así me dio a mí un nombre. Pero nunca lo pronunció en público. Mi vida eterna empezó después de mi muerte en 1943 en Gouda. Mi entierro congregó a un puñado de gente. Muy diferente del funeral de mi padre, treinta años más tarde en Santiago de Chile.”

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Fuente: El espectador, Blog Cultura, mayo 26, 2017,