Liudmila Petrushévskaia estandarte de la literatura Rusa contemporánea

Los personajes de Petrushévskaia destacan por su maldad y crueldad, lo que ella misma justifica por la imperfección de este mundo. Lo maligno en sus textos es un rasgo inalienable de la vida. Cabe destacar, que en sus cuentos infantiles, no lo evita tampoco, sólo combina entre sus párrafos la insensibilidad con mucho sentimentalismo.

“Frecuentemente tengo que repetir que cada persona vea el libro como un espejo. Y allí se verá a sí mismo. Y es muy interesante, porque uno ve lo bueno en el libro y llora, otro ve lo oscuro y se enfada… ¡Y todo esto leyendo las mismas palabras!”.

“No soy un escritora ‘negra’, como a veces opinan sobre mí. Creo que el papel de autor no es despertar las sensaciones, sino no tener la posibilidad de huir de éstas. Hay que ser prisionero de ellas, tratar de separarse y, en fin, escribir algo y así liberarse. Entonces, puede ser, que los pensamientos y sensaciones se queden en el texto. Y aparecerán de nuevo, no tiene más que agarrarse con los ojos a las líneas”.

“Érase una vez una mujer que sedujo al marido de su hermana y él se ahorcó”, es, como aquel, una colección de relatos; aunque sí aquella obra todavía contaba con una importante dosis de fantasía, éste se asienta en el realismo chejoviano y está protagonizado por mujeres instaladas en la tragedia y en el desamor, tal y como puede percibirse desde el propio título de la obra.

Liudmila Petrushévskaia, una de las autoras más destacadas de la literatura rusa actual, ofrece en estos relatos una visión desoladora de la vida de las mujeres rusas contemporáneas. En estos relatos, se nos presentan mujeres abandonadas por sus maridos, hijas no amadas por sus padres, relaciones de verano que se enfrían en cuanto llega el otoño, la de jóvenes que, deseosas de hallar el amor, acaban enfangándose en un matrimonio desgraciado… en resumen, un conjunto de relatos amargos que, sin embargo, no prescinden de cierto tono irónico y burlesco ni tampoco de cierta experimentación como en “oda a la familia”, un relato narrado a base de ennumeraciones.

Con todo, lo más llamativo de la obra quizás sea la economía de palabras que preside la mayor parte de la misma.  Petrushévskaia, sobre todo en los primeros relatos, parece buscar, fundamentalmente, un modo de narración que acerque su obra lo más posible a lo oral. Esto, que hace que en algunos momentos el relato sea difícil de seguir, consigue en muchas ocasiones que éste goce de una agilidad y, sobre todo, una frescura, muy poco frecuente en este tipo de narraciones. Sobre todo, cuando el tema tratado es, en todas ocasiones, tan claramente trágico.

Dice Petrushévskaia que ella sólo es alguien que escucha a las mujeres de su tierra contar sus historias y que después las relata tal y como las ha oído. En “Érase una vez una mujer que sedujo al marido de su hermana y él se ahorcó”, la autora rusa nos ofrece una muestra de ese quehacer literario que la ha convertido en una de las escritoras más aplaudidas de Rusia.

Un libro, en resumen, para descubrir una de las figuras más importantes de la narrativa rusa y familiarizarse con una manera de narrar que, alejada del retoricismo, consigue por momentos una carga semántica y una precisión que recuerda a la mejor poesía.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Kurt Vonnegut un referente d ela contracultura de los años 60´s y 70´s.

 Kurt Vonnegut (Indianápolis, 1922-Nueva York, 2007) retrató la crueldad del Siglo XX y el absurdo de la sociedad capitalista, en novelas, cuentos y ensayos. Su incisiva crítica sin concesiones a la política y la cultura estadounidenses, sumada a su narrativa libre de estereotipos, lo convirtieron en un referente de la contracultura de los años sesenta y setenta. Aunque el sarcasmo y la ironía están siempre presentes en sus historias, Vonnegut nunca abandonó su mirada humanista, a partir de la que pinta a sus desvalidos personajes con notas de profunda emotividad y dotan a sus relatos, muchas veces oscurísimos, de un humor carente de cinismo.

Vonnegut estudió Antropología en la Universidad de Chicago, y trabajó también como reportero policial en el City News Bureau of Chicago. En 1946, la Facultad de Antropología reprobó su tesis, titulada On the Fluctuations between Good and Evil in Simple Tales.9 Más adelante aceptaron su novela, Cuna de gato, y le concedieron el título. Abandonó Chicago para trabajar en Schenectady, en el estado de Nueva York, en el departamento de relaciones públicas de la empresa General Electric. El autor atribuyó su estilo, libre de adornos, a este trabajo.

En 1950 publicó su primer relato, titulado «Report on the Barnhouse Effect» en la revista Collier’s Weekly. A punto de abandonar la escritura, recibió la oferta de un empleo en el taller de escritores de la Universidad de Iowa. Su primera novela, La pianola, de 1952, es una distopía que describe un mundo en el que los humanos han sido sustituidos por máquinas. Más adelante publicó Las sirenas de Titán (1959) y Cuna de gato (1963), que se convirtió en un best-seller.

Durante la década de los 60 publicó cuatro novelas, en las cuales se registra un fuerte cambio formal y conceptual de su obra, hasta publicar Matadero cinco o La cruzada de los inocentes en 1969, una novela semi-autobiográfica que relata sus experiencias como soldado en el bombardeo de Dresde, experimentalmente estructurada alrededor de viajes en el tiempo. Así se constituyó en uno de los críticos más feroces de la sociedad contemporánea, aludiendo a la guerra, la destrucción del medio ambiente y la deshumanización. Expresó estos temas a través de la ciencia ficción, mezclándola con un humor ácido e hilarante. Sus personajes, parte importante del universo narrativo de Vonnegut, salen en distintas novelas.

Matadero cinco es hoy considerada una de las obras más importantes de la literatura estadounidense del siglo XX, que aparece en las listas de la revista Time y de la Modern Library.

Continuó experimentando en El desayuno de los campeones (1973), uno de sus mayores best-seller, una novela que contiene muchas ilustraciones bosquejadas, y en la que aparece el autor como deus ex machina. En clave de estilo, El desayuno de campeones es quizá su obra maestra, simplista pero profundo y, a través de altos niveles de humor, cinismo e ironía, particularmente crítico y agudo en su visión del mundo y la cultura norteamericana.

Con el lanzamiento de Timequake en 1997, Vonnegut anunció su retirada del campo de la ficción. Continuó escribiendo para la revista In These Times (En estos tiempos), en la que era editor. Contribuía con ensayos de política estadounidense o con notas de simple observación. En el 2005 se reunieron muchos de sus ensayos en su último libro, también un best-seller, Un hombre sin patria.

Entre sus referentes literarios está desde luego la ciencia ficción estadounidense. De hecho uno de sus personajes recurrentes, Kilgore Trout, escritor aficionado de ciencia-ficción, es un trasunto de todo un clásico del género, Theodore Sturgeon. Otras influencias vienen de H.L. Mencken, Hunter S. Thompson, Louis-Ferdinand Céline y un amigo de Vonnegut, Joseph Heller.

Vida privada y fallecimiento

Se casó con Jane Marie Cox, con la que había coincidido en el parvulario, poco después de su regreso a Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. El matrimonio se separó en 1970. Aunque no se divorciaron hasta 1979, desde 1970 Vonnegut vivió con la mujer que más tarde se convertiría en su segunda esposa, Jill Krementz.

Vonnegut tuvo tres hijos biológicos con su primera esposa. Además, adoptó a los tres hijos de su hermana Alice cuando ésta murió de cáncer, y a otra niña, Lily. Dos de sus hijos, Mark y Edith Vonnegut, han alcanzado celebridad.

Falleció en 2007, a la edad de 84 años, tras sufrir una caída en su domicilio de Manhattan, Nueva York, que le causó una lesión cerebral irreversible.

Obra

Novelas

Relatos

  • Mira al pajarito (Look at the Birdie, 2009)
  • La cartera del cretino (Sucker’s Portfolio, 2012).
  • Que levante mi mano quien crea en la telequinesis (Malpaso Ediciones, 2014.

Influencias

La escritura de Vonnegut fue inspirada por una mezcla ecléctica de fuentes. Cuando era joven, Vonnegut dijo que leía obras de ficción pulp, ciencia ficción, y acción-aventura. También leía los Clásicos, como los de Aristófanes. Este, como Vonnegut, escribió críticas humorísticas de la sociedad contemporánea. La vida de Vonnegut también compartía similitudes con el escritor de “Las Aventuras de Huckleberry Finn”, Mark Twain. Ambos compartían una visión pesimista de la humanidad, y una postura escéptica en la religión, y, como Vonnegut lo planteaba, ambos estaban “asociados con el enemigo en una guerra mayor”, ya que Twain se alistó brevemente a la causa sureña durante la Guerra Civil, y el nombre alemán de Vonnegut y sus antepasados lo relacionaban con el enemigo de los Estados unidos en ambas guerras mundiales.

 

Que levante mi mano quien crea en la telequinesis

Kurt Vonnegut vuelve a la carga desde el otro mundo y podemos decir que el indomable finado sigue gozando de una magnífica salud. Tan buena que la victoria de la risa y la razón está garantizada en la batalla póstuma que ahora publicamos: una risueña crítica de la sinrazón pura. .El presente volumen consta de nueve discursos inéditos, siete de ellos dirigidos a estudiantes universitarios en días de dichosa graduación. Es éste un género muy peculiar de la oratoria norteamericana que ha dado lugar a piezas memorables adobadas con nobles sentimientos, recuerdos edificantes y melifluos elixires emitidos por autoridades de intachable prestigio intelectual. El autor de Matadero Cinco también gozaba de una excelente reputación, pero él mismo se encargaba de sabotearla para ejercer un magisterio terrestre, coloquial e irónico (cuando llegaba la hora de los dardos). Los parlamentos aquí reunidos y la guinda que los adorna son Vonnegut en estado de gracia: la quintaesencia de su tono, la campante sublimación de sus estacazos y la pólvora de su estilo rematada con un florilegio de agudezas que servirá de postre para la meditación cogitativa. O sea: Kurt al cuadrado y, en ocasiones, al cubo.

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Luisa Valenzuela: «Pitonisa de la Literatura latinoamericana».

Luisa Valenzuela nació en Buenos Aires, Argentina, un 26 de noviembre. Residió varios años en París y Nueva York, con largas estancias en Barcelona y México. Durante su dilatada carrera, que abarca ya cincuenta años de ininterrumpida dedicación a la literatura, ha publicado más de 30 libros, entre novelas, volúmenes de cuentos, microrrelatos y ensayos.

Su obra fue editada en más de 17 países de América, Europa, Asia y Oceanía, y traducida al inglés, francés, alemán, holandés, italiano, portugués, serbio, coreano, japonés y árabe. Su particular abordaje de temas y motivos relacionados con el poder, el cuerpo, el humor y el lenguaje la han convertido en objeto de estudio en universidades de todo el mundo.

Acreedora de las becas Fondo Nacional de las Artes, Fulbright (Programa Internacional de Escritores en Iowa City) y Guggenheim, entre otras, Luisa ha desarrollado una gran tarea como docente, dictando cursos y talleres, sobre todo en Universidades de Estados Unidos y México. Su actividad académica se completa con membresías en destacadas instituciones, entre otras: el New York Institute for the Humanities, la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey y la American Academy of Arts and Sciences.

Durante diez años fue redactora del Suplemento Gráfico del diario La Nación y su notoria labor la hizo merecedora en 1965 del Premio Nacional Kraft. Posteriormente, trabajó durante mucho tiempo en la revista Crisis, y fue columnista y colaboradora de muy diversas revistas y periódicos de la Argentina y Estados Unidos.

“No hay patrones ni moldes si se quiere escribir distinto: escribir de verdad.”

Luisa Valenzuela

A lo largo de su carrera ha recibido distinciones de diversa índole, entre las que se destacan el Gran Premio de Honor de la SADE, el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Knox (Illinois), la Medalla Machado de Assis de la Academia Brasilera de Letras, el premio Astralba de la Universidad de Puerto Rico y el premio Esteban Echeverría de la Asociación Gente de Letras. En el año 2017 tuvo además el privilegio de ser designada para dar el discurso de apertura de la 43ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Debido a su amplia trayectoria, ella misma ha integrado el jurado de importantes galardones internacionales, tales como el Premio Casa de las Américas de La Habana, el IMPAC de Dublín, el New York State Council for the Arts, y el Literario de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Su profundo compromiso social la llevó a ser nombrada Fellow del Fund for Free Expression y del Freedom to Write Commitee del PEN American Center, cuya sede en Argentina preside desde el año 2015.

Viajera empedernida, suele dictar conferencias y lecturas en congresos y ferias del libro alrededor del mundo. Numerosos encuentros literarios fueron incluso dedicados por entero a su obra, como el encuentro “Luisa Valenzuela: a symposium” (Universidad de La Trobe, Sydney 1990), la prestigiosa Puterbaugh Conference (Universidad de Oklahoma, 1995), la Semana de Autor de Casa de las Américas (La Habana, 2001), la jornadas “Aproximaciones a la obra de Luisa Valenzuela” (Universidad de Viena, 2008), el coloquio literario de la Feria del Libro de Monterrey (México, 2009) y las jornadas “Luisa Valenzuela, el vértigo de la escritura” (Buenos Aires 2015).

Desde 1989 radica en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde fue declarada Personalidad Distinguida de las Letras y Ciudadana Ilustre.

Novelas

  • Hay que sonreír. Novela. Buenos Aires: Editorial Americalee, 1966. (CD-Rom: Buenos Aires, Ediciones La Margarita Digital, 2004).
  • El gato eficaz. Novela. México: Ediciones Joaquín Mortíz, 1972. (Otras ediciones: Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 1991, 2001).
  • Como en la guerra. Novela. Buenos Aires: Sudamericana, 1977. (Otras ediciones: La Habana: Ediciones Casa de las Américas, 2001).
  • Cola de lagartija. Novela. Buenos Aires: Editorial Bruguera, 1983. (Otras ediciones: México: Difusión Cultural, UNAM, 1992. México: Planeta, 1998).
  • Realidad nacional desde la cama. Novela. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1990, 1993.
  • Novela negra con argentinos. Novela. Barcelona: Ed. Plaza y Janés, 1990. (Otras ediciones: Hanover (NH): Ediciones del Norte, 1990. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1991).
  • La Travesía. Novela. Buenos Aires: Editoria Norma, 2001. (Otras ediciones: La otra orilla (Colección), Barcelona, 1997; Editorial Alfaguara, México, 2002, Bogotá 2002).
  • El Mañana. Buenos Aires: Seix Barral, 2010.
  • Cuidado con el tigre. Buenos Aires: Editorial Seix Barral, 2011.
  • La máscara sarda, el profundo secreto de Perón. Buenos Aires: Editorial Seix Barral, 2012.

Cuentos y relatos

  • Los heréticos. Cuentos. Buenos Aires: Editorial Paidós, 1967.
  • Aquí pasan cosas raras. Cuentos. Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 1975 y 1991.
  • Libro que no muerde. Cuentos. México: Difusión Cultural, UNAM, 1980.
  • Cambio de armas. Relatos. Ediciones del Norte, Hanover, 1982. (Otras ediciones: México: Martín Casilla Editores, 1982. Buenos Aires: Editorial Norma, 2004).
  • Donde viven las águilas. Cuentos. Buenos Aires: Editorial Celtia, 1983.
  • Simetrías. Cuentos. Buenos Aires: Ed. Sudamericana, 1993. (Otras ediciones: Barcelona: Ed. Plaza y Janés, 1997).
  • Antología personal. Buenos Aires: Ediciones Desde la Gente, 1998.
  • Cuentos completos y uno más. México / Buenos Aires: Alfaguara, 1999, 2001.
  • Simetrías/Cambio de Armas (Luisa Valenzuela y la crítica). Valencia: Ediciones ExCultura, 2002.
  • El placer rebelde. Antología general. Prólogo y selección de Guillermo Saavedra. Buenos Aires, México: Fondo de Cultura Económica, 2003.
  • BREVS. Microrrelatos completos hasta hoy. Córdoba (Arg.): Editorial Alción, 2004.
  • Trilogía de los bajos fondos (Hay que sonreír, Como en la guerra, Novela negra con argentinos). México: Fondo de Cultura Económica, 2004.
  • Acerca de Dios (o aleja). Rosario (Argentina): Editorial Fundación Ross, 2007.
  • Generosos inconvenientes. Antología de cuentos. Edición de Francisca Noguerol Jiménez. Palencia: menoscuarto ediciones, 2008. (reloj de arena, 35)
  • Tres por cinco. Madrid: Páginas de Espuma, 2008. (Colección Voces / Literatura). Editado en Argentina en 2010.
  • Juego de villanos. Barcelona: Thule Ediciones, 2008. (Colección Micromundos, 18)

Ensayos

  • Peligrosas Palabras. Ensayos. Buenos Aires: Editorial Temas, 2001. (Otras ediciones: México: Editorial Océano, 2002).
  • Escritura y Secreto. Ensayos. México: Editorial Ariel, 2002. (Otras ediciones: México: Fondo de Cultura Económica, 2003).
  • Los deseos oscuros y los otros (cuadernos de New York). Buenos Aires: Ed. Norma, 2002.
  • Taller de escritura breve. Lima: Editorial Sarita Cartonera, 2007.

La máscara sarda.El profundo secreto de Perón

Buenos Aires: Editorial Seix Barral, 2012. (Biblioteca Breve)

Publicado en Argentina, México y Colombia.

Según los mamoiadinos, el anillo que usa el General en su dedo anular es del joven Giovanni Piras, y la enigmática inscripción que nunca nadie pudo leer en la Argentina es la clave de una cuenta suiza. Es la noche del sábado 16 de junio de 1973 en la quinta 17 de Octubre, en el barrio madrileño de Puerta de Hierro. En el piso alto descansa el cadáver de Eva Perón. En los pisos de abajo, deambula Isabel. En el claustro, José López Rega intenta convencer al general Perón de que rememore su infancia, para recuperar su escondido origen sardo. El regreso a la Argentina es ya un hecho: al día siguiente el doctor Cámpora y un par de seguidores irán a ultimar los detalles. Pero es necesario que, antes de aterrizar en Ezeiza, abandone las falsas identidades y recomponga su verdadera historia; que se ponga la máscara del Mamuthòn, personaje del carnaval de Mamoiada, una de las fiestas más populares de Cerdeña. Mientras tanto, la Filonzana tiende los hilos de este relato que desnuda un secreto que no todos los argentinos conocen: ¿dónde nació realmente Juan Domingo Perón? En La máscara sarda la autora retoma al protagonista de su anterior novela, Cola de lagartija, el controvertido José López Rega y su vínculo con Perón. Con el estilo inconfundible, ágil, lúdico e irónico que distingue su magistral e imprescindible escritura, Luisa Valenzuela explora los interrogantes sobre los orígenes y la verdadera identidad de Perón y añade una vuelta de tuerca más a su mito.

Alejandro Zambra una joven promesa de las Letras Chilenas y de América Latina.

Alejandro Zambra se ha convertido en un maestro de la liviandad y la ficción autobiográfica con obras como ‘Bonsái’ o ‘Formas de volver a casa’

El chileno fue seleccionado por la revista ‘Granta’ entre los mejores escritores jóvenes en español

 

Alejandro Zambra nació en Chile el año 1975. La dictadura de Pinochet vivía su periodo más negro. La antigua dirigencia de la Unidad Popular estaba toda en el exilio, o muerta. El país se hallaba enteramente controlado por los militares. Santiago era una ciudad tomada. Ya no había resistencia, pero continuaba la persecución. El organismo encargado de realizar el aseo ideológico se llamaba DINA —Dirección de Inteligencia Nacional—, y había entrado formalmente en funcionamiento durante 1974, gracias a un decreto ley que la oficializaba. En 1975 Pinochet viajó a Madrid, al entierro de Franco. En otro ámbito, Chile vivía una revolución neoliberal. Los economistas de Chicago, discípulos de Milton Friedman, experimentaban acá las teorías de su maestro. Servimos de laboratorio. La pobreza campeaba. Para cubrir la desocupación inventaron el PEM (Programa de Empleo Mínimo), y no era raro toparse por ahí con piquetes de obreros moviendo piedras de un lugar a otro. Zambra creció en Maipú, una comuna capitalina de clase media, donde miles de personas llegaron a vivir, en villas de casas pareadas y pequeñas, a fines de los setenta. Muchos de sus habitantes con gusto se autodefinirían como “gente de esfuerzo”.

La generación de la que Zambra es el escritor que más lejos ha llegado —lo han traducido a varios idiomas y publicado en EE UU, con muy buena crítica— entraba a la adolescencia cuando retornó la democracia en 1989. “La adolescencia fue verdadera, pero la democracia no tanto. Tratábamos de entender lo que ocurría: igual era una dictadura, igual estaba Pinochet en el poder. Era un Chile del triunfo, de la democracia inmediata, de líderes con mucho miedo, que estaban obligados a mostrar esta cara sonriente de continuidad del sistema económico, y yo lo vivía muy desde el margen porque estudiaba en la Facultad de Filosofía, que era un pulmón de resistencia, pero una resistencia que nadie pescaba. Todos parecían unidos en defender que éramos los jaguares de América Latina y esas cosas que se decían entonces. Ahí la literatura también tenía una vocación de marginalidad, porque éramos personas que habían optado por el fracaso. Yo venía de un colegio totalmente triunfalista (Instituto Nacional, la más prestigiosa escuela pública), pero optar por la literatura era optar por la derrota. No te prometía ningún trabajo, salvo, en el mejor de los casos, hacer clase en la Universidad. Se vivía muy tristemente. Muchos éramos jóvenes conflictuados. Escuchábamos a Radiohead todo el día. Los noventa es una época en la que me interesa indagar”.

 

En Bonsái, su primera novela, toda esa ajenidad queda destilada en un texto brevísimo. “La idea era que fuera un bonsái de libro, un libro como de mentira. Hay un descreimiento respecto de la novela en la base de Bonsái”, explica. “Nuestros profesores venían del exilio, muy desencantados de todo, por lo que no eran parte de esa fiesta en la que durante esos años se supone que vivía el país. No llegaban como héroes, sino que volvían como fantasmas, descoyuntados vitalmente, equilibrando las separaciones y el escepticismo, y nosotros aprendíamos de ellos a desconfiar de todo. Ser inteligente era no creer en Dios, no creer en ningún proyecto político serio, no creer en nada. Regocijarse en el rizoma, las indeterminaciones, la posmodernidad. Y Bonsái nace por eso, contra eso. Buscando algo”. Sus personajes —“que no son exactamente personajes, aunque tal vez conviene pensarlos como personajes”, aclara el narrador de Bonsái— son tan creíbles como distantes, encerrados en su mundo de sexo y literatura, de vidas mínimas (así se llama un libro de González Vera que Zambra admira) experimentadas con la soberbia “de los que se creen mejores, más puros que el resto”. Es la historia de una pareja de estudiantes de literatura, que apenas salen al espacio público. El escenario de la trama es más su música emotiva y nostálgica que lugares concretos. El contexto es más psicológico que histórico, más interpersonal que político, aunque los que vivimos ese tiempo sabemos que trasunta realidad. “Federico Schopf decía en clase que nosotros habíamos crecido en la anestesia, que éramos incapaces de sentir el mundo. Y algo de eso había. Éramos árboles reprimidos. Queríamos despertar, pero no siempre sabíamos que estábamos durmiendo. La literatura nos despertaba, pero cuando presentíamos esa obligación de escribir sobre la dictadura, pensábamos que podíamos escribir de cualquier cosa, que nadie nos podía obligar a escribir sobre nada”.

Se decía que quienes llegaron a la juventud durante los noventa aseguraban “no estar ni ahí”. Frente al entusiasmo ideológico de las generaciones anteriores, respondían con dicha fórmula. Psicólogos y sociólogos escribieron multitud de tratados al respecto. “Nosotros, en realidad, sí estábamos ahí, pero no sabíamos con qué. La democracia era una dictadura disimulada, a veces de manera burda. El asunto comenzó a cambiar cuando tomaron preso a Pinochet en Londres, recién en 1998. Vista en retrospectiva, la cosa es muy simple y fuimos todos unos mediocres, del presidente para abajo, pero se experimentaba un ambiente todavía muy opresivo, también en la prensa, no existía entonces ni siquiera The Clinic, y los pocos intentos por hacer diarios de izquierda o menos comprometidos con la derecha terminaron en farras o fracasos. Nosotros crecimos con cierta violencia explícita, ocultada por los medios de comunicación, y con mucha violencia cotidiana casi imperceptible. Por eso, aunque suene antipático, yo creo que la función de la literatura tiene que ver con la complejidad. La literatura quiere captar la complejidad de los hechos, no simplificarlos. Mi estilo o mi deseo de estilo nace de eso: de querer narrar lo complejo, lo incierto, con las palabras y las formas más simples posibles”.

Los libros de Zambra, no es ni necesario preguntárselo, son autobiográficos. Hurguetean en él mismo. Hay una voz que los atraviesa. Cualquiera sea el conflicto —siempre finalmente íntimo— está el testimonio de un narrador encarnado. “En Formas de volver a casa pagué una deuda con mi infancia. Durante mucho tiempo pensé que mi experiencia no tenía importancia. Era el tiempo en que lo realmente significativo era que se esclarecieran los crímenes, que las víctimas de la tortura pudieran hablar; los que importaban no éramos nosotros —los hijos de la clase media del extrarradio, despolitizada— sino los hijos de las víctimas. Si entonces me hubieran dicho que escribiría una novela sobre la villa en que vivía en Maipú, no lo hubiera creído. Esa novela, más que relatar hechos, lo que quiere es hacerse cargo de la imposibilidad de relatarlos. En rigor, ahí hay experiencias, pero también está la sensación de que no valen la pena de ser narradas, porque hay asuntos que son más importantes. En el fondo tiene que ver con el duelo, cuando este se transformó en algo realmente colectivo en Chile. Esto debe haber pasado hace unos diez años. Dejó de ser un asunto solamente de las víctimas, y la mayoría de los chilenos entendieron que estas cosas le habían pasado al país. Aún quedan muchos crímenes sin resolver, todavía campea la impunidad, pero al menos los chilenos entendimos, la mayoría, que el duelo es colectivo”.

Alejandro Zambra es un tipo apacible. Tiene la curvatura física y los modales de un joven profesor de letras, admirado por sus alumnos. Hace clases de poesía chilena en la Universidad Diego Portales. Se ríe con facilidad, pero sin perder la compostura. No le interesa llamar la atención con historias extrañas ni análisis rebuscados, aunque ocasionalmente hace alardes de ingenio con chistes de la escuela inglesa.

Zambra conquistó el escenario literario discretamente. Sus primeros compañeros de andanzas fueron los poetas de su edad: Andrés Anwandter —con los versos de quien comienza su segunda novela, y a los que debe su título, “…como la vida privada de los árboles / o de los náufragos”— y Kurt Folch, entre otros. Él mismo publicó dos libros de poemas antes de intentar con la narrativa: Bahía Inútil (1998) y Mudanza (2003). Deben ser muy pocos, si acaso los hay, los escritores chilenos que no comiencen escribiendo poesía. “A todos nos gustaba Enrique Lihn”, asegura, el poeta de La musiquilla de las pobres esferas, que nunca salió “del horroroso Chile” (eso escribió el poeta), y que murió a los 58 años, de un cáncer fulminante, meses antes de que la dictadura fuera vencida en el plebiscito. Nunca escuchó el aplauso del público, pero a cambio, y en parte por lo mismo, se quedó con el cetro de poeta de los poetas.

Obras

Poesía

  • 1998 – Bahía Inútil, poesía 1996-1998, Ediciones Stratis, Santiago,
  • 2003 – Mudanza, Santiago, Quid Ediciones (reedición: Ediciones Tácitas, 2008. Santiago. Edición en España y con prólogo de Raúl Zurita: Ediciones Contrabando, Valencia, 2014)
  • 2014 – Facsímil, Santiago, Hueders. Edición en Argentina, Eterna Cadencia (2015) y en España y México en Sexto Piso (2015).

Novela

  • 2006 – Bonsái, Anagrama, Barcelona
  • 2007 – La vida privada de los árboles, Anagrama, Barcelona
  • 2011 – Formas de volver a casa, Anagrama, Barcelona

Cuento

  • 2013 – Mis documentos, Anagrama, Barcelona. Contiene 11 relatos divididos en tres secciones:
    • I: Mis documentos, Camilo, Recuerdos de un computador personal, Verdadero o falso, Larga distancia; II: Instituto Nacional, Yo fumaba muy bien; III: Gracias, El hombre más chileno del mundo; Vida de familia; Hacer memoria
  • 2016 – Fantasía, con ilustraciones de Javiera Hiault-Echeverría; edición bilingüe español-inglés; Metales Pesados, Santiago

Ensayo

Guion

 

Mis documentos

«Mi padre era un computador y mi madre una máquina de escribir», apunta Alejandro Zambra en las primeras páginas de este libro de relatos, que bien puede leerse como una novela, o como once breves novelas archivadas en la carpeta Mis documentos.

A veces parece que hablara un mismo personaje, trasunto del autor, que recuerda sus desventuras como estudiante y como profesor, o que registra su malhumorado intento de superar el tabaquismo («Qué cosa más absurda, realmente: querer vivir más. Como si fuera, por ejemplo, feliz»). Pero la ilusión de una vida propia, fomentada por la famosa carpeta de Windows, se rompe pronto: los documentos de uno son, en el fondo, los documentos de todos, parece decirnos Zambra, en especial si se habita un país que necesita indagar en el pasado.

Con el fino sentido de la ironía y la precisión que ya le conocemos, con humor y melancolía, con espíritu paródico, con aliento lírico y a veces con rabia, Alejandro Zambra traza la anodina existencia de unos hombres que se repliegan en una idea antigua de la masculinidad, o el tránsito de unos seres pendulares que apuestan sus últimas fichas al amor. La incesante búsqueda del padre, la obsolescencia de objetos y de sentimientos que parecían eternos, el desencanto de los jóvenes de la transición («La adolescencia era verdadera. La democracia no»), la impostura como única forma de arraigo, y la legitimidad del dolor, son algunos de los temas que cruzan este libro.

Mis documentos muestra a un autor que consolida y proyecta hacia lugares nuevos el personal estilo forjado en Bonsái (descrita por Junot Díaz en The New York Times como «un puñetazo en la mandíbula»), La vida privada de los árboles («Una obra sorprendentemente entera y resonante», según The Complete Review), y Formas de volver a casa, una novela sobre la cual la crítica ha sido elocuente: «Un magnífico lenguaje, a la sombra de Carver: precisión, tristeza, crueldad, ternura» (Joaquín Arnáiz, La Razón); «Una de las mejores novelas chilenas en mucho tiempo» (Tal Pinto, The Clinic); «Formas de volver a casa eleva a Zambra al lugar de los escritores vivos que simplemente debemos leer» (Clancy Martin, Bookforum); «Un talento asombroso» (Adam Thirlwell, The New York Times Book Review).

«Tanto en esta obra como en otras de Zambra, por ejemplo, Instituto Nacional, (las dos más emparentadas a la “autobiograficción”), la cultura digital de este siglo se encuentra omnipresente en los diálogos hiperarticulados, de ritmo trepidante, en alusiones y juegos de palabras. Compuesta de episodios fortuitos, de imaginaciones y fantasías, de reflexiones cuasi-filosóficas y de digresiones estéticas, y a su vez, haciendo uso del humor para extrapolar las angustias comunes de la generación de su autor, la novela combina todos estos elementos que además le imprimen suspense a la narración (…). El desarrollo de los personajes en cada historia tiene a su vez un poder acumulativo que convierte a Mis Documentos en quizás la mejor colección de cuentos cortos de los últimos veinte años» (Will. H. Corral. World Literature Today).

 


<p><a href=”https://vimeo.com/97670295″>Alejandro Zambra – Nostalgia de cosas que no he vivido (Andr&eacute;s Anwandter)</a> from <a href=”https://vimeo.com/elmardeallado”>El mar de al lado</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Grisélidis Réal: prostitución y literatura.

Grisélidis  Réal nace el once de agosto de 1929 en la ciudad suiza de Lausana en el cantón de Vaud. Se traslada a vivir a Alejandría en Egipto a la edad de seis años para reunirse con su padre, que era director de la escuela suiza de la ciudad. Posteriormente se traslada a Atenas en Grecia donde muere su padre cuando ella tenía nueve años.

Regresa a Lausana bajo la protección de su madre, que era muy autoritaria y con la cual nunca se entendió. Recibe una educación muy estricta y rígida, que le hace rebelarse continuamente. Se graduó a la edad de veinte años en la escuela de Artes Decorativas de Zúrich

Para liberarse de su madre, se casa a los veinte años (1949) y tiene su primer hijo en 1952, separándose posteriormente. Se casa por segunda vez y tiene su segundo hijo en 1956 con la finalidad de salvar su matrimonio, pero este termina en divorcio. En este periodo intenta ganarse la vida como pintora y tiene un tercer hijo fruto de la relación con otro hombre. Este hecho, en la sociedad suiza de los años cincuenta, significaba la pérdida de la custodia de sus hijos. Los recuperó ilegalmente de su centro de acogida donde habían sido confinados y huyó con ellos a Alemania.

Se traslada a Múnich (Alemania) acompañado por un negro norteamericano llamado Rodwell, que tenía problemas psiquiátricos y acompañada también de dos de sus hijos.

Vive con grandes carencias económicas en la ciudad bávara, teniendo que soportar la violencia de Rodwell. Ante esta situación decide prostituirse en el año 1961, lo que le permite mejorar su situación personal y económica. Ejerce la prostitución por una necesidad de supervivencia, pero luego pasa a ser una militante activa en defensa de las prostitutas hasta el año 1995.

Es llevada a prisión en Alemania por haber vendido marihuana a soldados norteamericanos.   Permanece en prisión durante cinco meses dedicándose a pintar y a escribir su primer libro “Suis je encore vivante?”, ¿Estoy viva todavía?

En este libro muestra su sufrimiento por la separación de sus hijos y por la insoportable falta de libertad que tiene. Es sus escritos se nota su depresión y sufrimiento, pero al mismo tiempo su fuerza para seguir viva, amar, proteger y alimentar a sus hijos. La pintura y la escritura fueron su terapia en este tiempo carcelario

En Múnich descubrió el jazz, la música gitana y los ritmos latinoamericanos que le acompañaran toda su vida, junto a la música clásica y el flamenco. Siempre reivindicó que por sus venas corría sangre gitana. Es de destacar que en su tiempo en Alemania pasó largos periodos viviendo en un campamento de nómadas gitanos y fue adoptada por un jefe de la tribu gitana. Esta parte de su vida queda muy reflejada en el libro “el negro es un color”. Este libro no es solo el relato de la vida de una mujer que ejerce la prostitución sino también un canto al amor. En el describe su vida en el burdel de Múnich, su amor por el soldado negro norteamericano y por el patriarca gitano sobreviviente de los campos de la muerte, que había acogido a su familia.

Es un libro que se distingue por la mezcla singular de tonos, violencia lírica, escatología, hiperrealismo y onirismo. Describe dos mundos, el del orden y el de la espontaneidad, el mundo de los pequeños burgueses y el mundo de los gitanos

Al salir de la cárcel es expulsada de Alemania, regresando a Suiza. Se instala en Ginebra, eligiendo para ejercer la prostitución el barrio popular de  Paquis (la zona roja de Ginebra), donde la frecuentaban los trabajadores emigrantes españoles, portugueses, italianos, turcos y árabes. El ambiente de este barrio de clase trabajadora inmigrante es la que queda reflejada a través de sus escritos, reivindicando su trabajo como un servicio a la sociedad, luchando por la dignidad, los derechos y el respeto para las prostitutas.

Grisélidis decía “digan lo que digan nuestros detractores, esos integristas de la moral que defienden una virtud, que nos ahoga, nosotras reinamos sin competencia alguna en nuestro terreno que es compasión, elegancia y un conocimiento debidamente adquirido tanto del alma como de nuestro cuerpo humano”.

Viviendo en Ginebra es cuando empieza su etapa activista como defensora de los derechos de las prostitutas convirtiéndose en una de la líderes de la “revolución de las prostitutas” en París, cuando unas quinientas de ellas ocupan, en junio de 1975, el barrio de Montparnasse, entrando en la capilla de Saint Bernard, reclamando el reconocimiento de sus derechos. Rechazan el argumento según  el cual una mujer sólo se prostituye forzada por quien paga, y declaran que la prostitución puede ser  también una elección, su elección.

Su fama se extiende por todo el mundo, siendo conocida como la ramera revolucionaria. Ella se declara socialista pero es muy crítica con los partidos socialistas europeos y su hipocresía, en sus numerosos escritos muestra sus críticas. Es llamada por numerosas universidades para dar conferencias, estando en Nueva York, Frankfurt, Bruselas, Amsterdam, Stturgart, presentándose como una puta intelectual. Ella hablaba cuatro idiomas.

En estas conferencias reclama el papel social de la prostitución, que ella considera como una actividad aliviadora de las miserias humanas y que tiene su grandeza. Para ella, la prostitución es un acto revolucionario, un humanismo y una ciencia. Al mismo tiempo, ella reconocía el lado sórdido y oscuro de su trabajo, del cual acostumbraba a hablar en términos crudos.

Grisélidis era una especie de misionera de los sentimientos, instintos, deseos y frustraciones. Ese desasosiego del hombre decía que muchas veces se solucionaba abrazando a una mujer desnuda.

En Ginebra fundó “el Centro Internacional de Documentación sobre la Prostitución” reclamando que los historiadores le dediquen su tiempo de investigación para escribir sobre ella y su influencia a lo largo de la historia. También fue cofundadora de la Asociación de ayuda a las prostitutas (ASPASIE),   Acabó siendo la voz de las prostitutas del mundo entero

Entre sus obras escritas además de las dos ya mencionadas podemos citar “el polvo imaginario”, “las esfinges”, “a sangre y fuego” libro éste que recoge toda la poesía escrita por ella, “libreta de baile de una cortesana”.

Los textos escritos por Grisélidis han sido llevados al teatro recientemente “Griselidis la catin revolutionarie” de Anne Papin y Regine Achille-Fould y también la obra “LB25” de Valérie Bracq y Olivier Tchang-Tchong.

En sus últimos años de vida escribe “treinta años de prostitución marcan, estragan el cuerpo y el alma y os dan, también un inmenso amor a la vida, respeto humano pro el sufrimiento del otro, por su soledad, por su desesperación al ser privado de mujer y de ternura. Por sus propios fracasos, que se unen a los nuestros, y si el más allá existe deseo danzar al son de músicas gitanas, beber alcoholes maravillosos, y reencontrarme con mis hombres, aquellos que he amado, aquellos que he odiado, ayudado, aliviado, esperado, atendido, rechazado, reconfortado y temido por encima de todos los perjuicios, los tabúes, las hipocresías de esta moral enferma e inhumana que no me ha matado, de la que simplemente me he evadido hacia una mayor libertad, arriesgando mi vida”.

Grisélidis consideraba la prostitución una lucha a todos los niveles: física, comercial y política. Era un oficio psiquiátrico del corazón. Siempre afirmó que tenía tres oficios: escritora, pintora y puta.

Era una gran lectora. En su libro “el polvo imaginario” hace muchísimas referencias literarias a autores como Mohammed Choukri, Tahar Ben Jehkoum, Juan Goytisolo, Alain Robbe-Grillet, Said Ferdi, Ahmed Baba Miské, Kafka, Maupasant…

Desconfiaba de cualquier tipo de terapia psicoanalítica para evitar la prostitución. Pedía la normalización de esta profesión para evitar las enfermedades derivadas de  su libre ejercicio sin protección: sífilis, gonorrea, sida…

Luchó contra el esclavismo de las prostitutas. Mostraba permanentemente su rechazo al Palacio  de las Naciones ubicado en la ciudad y a sus funcionarios que desde allí trabajaban en la Secretaria de Estado para los Derechos Humanos.

Tenía una fijación contra el ginebrino más famoso de la ciudad, Calvino. Se declaraba “puta anticalvinista”. Grisélidis lo atacaba continuamente por su rigorismo ético y al que continuamente ridiculizaba, decía “ni muerta podrán conmigo, porque pienso ordenar que vengan a menudo a follar sobre mi tumba, así al menos no me aburriré tanto a la otra orilla” y “Ahora sí, Calvino ha quedado definitivamente follado, sodomizado, descuartizado, calcinado y bien enterrado”.

Muere, el nueve de marzo de 2005, como consecuencia de un cáncer. La prensa suiza le dedica sus primeras portadas “Adiós a la mujer pública de Ginebra”. Pide ser enterrada en el cementerio de los reyes de Ginebra, destinado a las personas que contribuyeron notoriamente al desarrollo social de la ciudad. Quería que en su lapida dijera “Grisélidis Réal, escritora, pintora, prostituta”, para así sostener la lucha por el respeto y la dignidad de los trabajadores y trabajadoras del sexo.

Las discusiones sobre la conveniencia de enterrar a esta mujer en este cementerio fueron muy fuertes. Ante la presión de la izquierda de la ciudad se accedió a enterrarla en este cementerio, al lado de varios ilustres como, Jorge Luis Borges, el escritor austriaco Robert Musil, la filósofa Jeanne Hisrch y muy cercana a su enemigo Calvino.

Los acostumbrados a los sepelios no recuerdan un cortejo más concurrido, emotivo y multitudinario como el suyo. El barrio de Pâquis estuvo de duelo toda una semana y su principal calle, “la rue de Berna”, fue bautizada con su nombre. El día de su muerte nadie ejerció, y hasta los “chulos” y proxenetas lloraron sinceramente su muerte.

Poesía de Grisélidis

Entiérrame desnuda
como he venido al mundo
fuera del vientre
de mi madre desconocida
entiérrame de pie
sin dinero
sin ropa sin joyas
sin florituras
sin maquillaje
sin ornamentos
sin velo sin anillos sin nada
sin collares
sin pendientes
de oro fino
sin carmín
ni línea de ojos
desde mis ojos cerrados
quiero ver
cómo retrocede el mundo
las estrellas
y el sol
caer
la noche expandirse
hasta su origen
y sepultarme
en su boca
acostarme
por última vez
para extenderme
al fin solitaria
como un diamante
lleno de vida
descansar
dormir al fin
dormir dormir
sin pensar
en nada más
para siempre
morir morir
morir
para reencontrarme
al fin a mi madre
y reconocer
en tu sonrisa
la inocencia
que me ha faltado
toda la vida
te he buscado
te encontré
para poder perderte
y decirte
Al fin
Te quiero.

 

Esta novela autobiográfica nace con los años sesenta. Grisélidis Réal, una joven madre, huye a Alemania con sus hijos y con Bill, su amante negro, rescatado de un establecimiento psiquiátrico ginebrino. Al final de su fuga, la extraña familia se atasca en Munich. Para sobrevivir, la narradora, sin apoyos ni tabúes, se prostituye. Pero con Rodwell, un soldado negro americano que encuentra en un sospechoso bar, todo vuelve a ser posible a pesar de la miseria. A través de este destino excepcional, narrado en un estilo directo y comprensible, se descubre una Alemania desconocida, la de las boites de jazz para los soldados americanos, los pequeños traficantes de marihuana y los campamentos de supervivientes zíngaros.

Su Obra:

  • Le Noir est une couleur, París, ed. Balland, 1974; Lausana, Éditions d’en bas, 1989; Paris, ed. Verticales, 2005.
  • La Passe imaginaire, Vevey, ed. de l’Aire/Manya, 1992; París, Verticales, 2006.
  • À feu et à sang, recueil de poèmes écrits entre mai 2002 et août 2003, Genève, ed. Le Chariot 2003
  • Carnet de bal d’une courtisane, París, Verticales, 2005.
  • Les Sphinx, Paris, Verticales, 2006.
  • Le carnet de Griselidis, paroles de Grisélidis Réal et Pierre Philippe, musique de Thierry Matioszek et Alain Bashung, canción interprada por Jean Guidoni en el álbum « Putains », 1985.
  • Suis-je encore vivante? Journal de prison, Paris, Verticales/phase deux, octubre 2008.
  • Mémoires de l’inachevé (1954-1993), textos reunidos y presentados por Yves Pagès, Paris, Verticales, 2011.

Lo sobrenatural, la muerte y las mujeres los temas preferidos de Banana Yoshimoto.

Banana Yoshimoto (Tokio, Japón. 1964) es el pseudónimo de la novelista japonesa Mahoko Yoshimoto. Su amor por la naturaleza influye en su nombre artístico. De su admiración por las flores del banano extrajo el pseudónimo con el que se le conoce en el mundo: Banana. La autora es hija de Takaaki Yoshimoto, reconocido filósofo en la década de los 60. Además, es hermana de la mangaka Haruno Yoiko. Banana Yoshimoto se graduó de la Universidad de Nihon, especializándose en literatura. Su primer trabajo, Kitchen(1988) obtuvo un éxito inmediato tras su publicación. Ganó el Kaien Newcomer Writers Prize cuando todavía era una estudiante universitaria, y un año después se le concedía por la misma obra el premio literario Izumi Kyoka. Esta obra le ha valido más de sesenta ediciones sólo en Japón y se ha adaptado en dos ocasiones para la gran pantalla.En 1988, Yoshimoto obtuvo la recomendación de Mejor Artista Nuevo en la 39ª edición, organizado por el Ministerio de Educación con KitchenUtakata/Sankuchuari. En 1989 recibió premio literario por la segunda edición del Yamamoto Shugoro. Otro premio importante que obtuvo fue por su obra Amrita (アムリタ, 1995) en el quinto certamen del Premio Murazaki-Shikubu.

Bananana Yoshimoto 2

Sus obras, incluyendo Kitchen han sido traducidas y publicadas en más de 20 países. A pesar de que la trayectoria de Yoshimoto ha sido corta, es una de las escritoras de literatura contemporánea japonesa más importantes, dentro y fuera de su país.

Sus obras, incluyendo Kitchen han sido traducidas y publicadas en más de 20 países. A pesar de que la trayectoria de Yoshimoto ha sido corta, es una de las escritoras de literatura contemporánea japonesa más importantes, dentro y fuera de su país.

En todas sus obras hay elementos en común. El primero de ellos es que las protagonistas son mujeres. En segundo lugar, la muerte es un tema recurrente en sus novelas. Todas las protagonistas tienen un familiar o amigo cercano difunto. De acuerdo a Yoshimoto, la muerte es un tema que le atrae, ya que es un gran motivo de los escritores para investigar sobre la vida. Además, en la realidad es muy común que las personas cercanas mueran.


Otro elemento importante en las obras de Yoshimoto es lo sobrenatural. Los acontecimientos sobrenaturales ocurren con cotidianidad en sus novelas, a través de sueños, apariciones, premoniciones o visiones. A pesar de que Yoshimoto admite que no ha experimentado algún suceso sobrenatural, afirma que conoce personas que tienen poderes.

Por último, otro tema que maneja frecuentemente Yoshimoto en sus libros son  los tabús en las relaciones. Frecuentemente en sus obras ocurren aventuras amorosas, casos de parejas con considerable diferencia de edades, homosexualidad, entre otros temas.

Para aquellos interesados en su obra, algunas de sus novelas se encuentran traducidas al español. Algunas de sus obras traducidas son KitchenNPAmuritaSueño Profundo.

 

Sinopsis de Sueño profundo:

Tres jóvenes que atraviesan un periodo difícil de su vida son las protagonistas de este bellísimo volumen de la escritora japonesa Banana Yoshimoto. «Sueño profundo», «Los viajeros de la noche» y «Una experiencia», los tres relatos que componen el libro, exploran a través de esas jóvenes los mundos que se abren cuando todo parece desmoronarse y sólo queda el vacío, mundos poblados por sombras que de pronto se hacen presentes en la vida de cada día.
Si Terako, la protagonista de «Sueño profundo», enamorada de un hombre que no puede comprometerse, debe enfrentarse sin su amiga Shiori a una soledad desconocida que la sume en la inmovilidad, Shibami, la narradora de «Los viajeros de la noche», vive en propia piel el extraño dolor que la muerte de su hermano Yoshihiro produce en las dos mujeres que lo quisieron. Por último, en «Una experiencia», Fumi-chan acude cada noche a la somnolencia que le produce la bebida, para quedar aterrada al oír, antes de dormirse, una extraña melodía que, al final, será la que le ayude a salir adelante.
Circunstancias diversas –la muerte de un ser cercano, la ruptura con la rutina o una situación aparentemente sin salida– arrastra a las tres, cada una a su peculiar modo, a ver la realidad de una manera nueva y a descubrir relaciones hasta entonces ocultas entre hechos y personas aparentemente inconexos.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

 

Andrés Caicedo y su «pacto con la muerte».

Escritor y cineasta nacido en Cali, en 1951, y muerto allí mismo, el 4 de marzo de 1977. Alguna vez Andrés Caicedo Estela dijo que vivir más allá de los 25 años era una vergüenza. Y lo cumplió, se murió a los 25 años de edad. Fue uno de esos pocos genios que hizo lo que predicó. Hizo cine y escribió cine, hizo teatro y escribió teatro, escribió cuentos y una novela y reflexionó sobre el arte de escribir.

Para él estaba primero la acción y después la reflexión; eso hizo que produjera a una marcha vertiginosa, hasta el punto en que él como persona casi no existía, porque era más grande su obra. Sus críticos lo han visto como un desarraigado, un desadaptado o un ser trágico, pero más allá de la mirada superficial, estaba el artista afanado por vivir intensamente.

La producción intelectual de Andrés Caicedo empezó desde los 10 años. A finales de los sesenta se conocieron sus primeras piezas dramáticas: “La piel del otro héroe” y “Recibiendo al nuevo alumno”; al mismo tiempo montó piezas como “La noche de los asesinos”, de José Triana y “Las sillas”, de Eugenio Ionesco; también adaptó al teatro “Moby Dick”, la novela de Hermann Melville. Mientras tanto, empezaban a aparecer sus primeros cuentos en los suplementos dominicales de los periódicos de Cali. Participó en las reuniones del grupo de escritores llamado Los Dialogantes, cuyos miembros eran, entre otros, Gustavo Alvarez Gardeazábal, Carmiña Navia, Eduardo Serrano y otros.

Andrés Caicedo era un adicto al cine; fundó y dirigió (junto con Ramiro Arbeláez, Hernando Guerrero y Luis Ospina, entre otros) el Cine-Club de Cali, que funcionaba los sábados a las 12:30 p.m., primero en la sala del Teatro Experimental de Cali (TEC), después en el Teatro Alameda, y finalmente en el San Fernando. En 1972 intentó llevar al cine su guión Angelita y Miguel Angel, en codirección con CarIos Mayolo, pero este fue un intento frustrado. Consignó su experiencia como espectador de cine en artículos de prensa aparecidos en El Diario de Occidente y El Pueblo, de Cali; y después comenzó a publicar la revista Ojo al Cine, que se convertiría en 1974 en la revista especializada más importante del país, pero sólo llegó a editar cinco números de ella.

Andrés Caicedo en el Teatro San Fernando

Caicedo era un trabajador compulsivo. Por sus diarios observamos que sus horarios eran estrictos en lo que tenía que ver con lecturas, montajes teatrales y escritura. Desde las primeras horas de la mañana hasta las últimas de la noche, Andrés parecía no pensar en otra cosa que en forjar su propia obra, inventar su propio universo, darle vuelta a sus propios caprichos y tratar de acumular la mayor cantidad de escritos, películas vistas y obsesiones, para llegar bien armado a la hora de la muerte […]

La precocidad de Andrés se delata en la insólita disciplina que mantuvo para todos sus proyectos, comenzando desde muy temprana edad. Valga anotar que sus lecturas están todas consignadas en un fólder considerablemente voluminoso, donde da cuenta de cada libro leído con un comentario de más o menos una cuartilla de extensión, sobre el texto. En dichas notas podemos ver casi que un plan de lecturas impuesto por sí mismo desde sus once o doce años, como si de antemano supiera que debía llenar todos los baches en su cultura tan rápido como fuera posible, cuentan Sandro Romero y Luis Ospina.

En 1969 Caicedo escribió siete versiones del cuento “Los dientes de Caperucita”, ganador del segundo premio del Concurso Latinoamericano de la Revista Imagen de Caracas. En 1972, el relato “El tiempo de la ciénaga” fue laureado en el concurso Universidad Externado de Colombia de Bogotá. En 1974 viajó a Estados Unidos con cuatro guiones de largometraje escritos por él y dispuesto a vendérselos a Roger Corman, director que admiraba profundamente; sin embargo, aunque traducidos por su hermana, los guiones nunca llegaron a manos de Corman.

En Estados Unidos, Caicedo se dedicó a ver cine, comenzó a escribir la única novela que terminó: “Que viva la música!”, inició un diario que pretendía convertir en novela (Pronto: “Memorias de una cinesífilis”), y profundizó su afición por la música (blues y rock, especialmente los Rolling Stones). Regresó a Colombia y en 1975, con el patrocinio de su madre, publicó el relato “El atravesado”. Siguió escribiendo compulsivamente y entregó a Colcultura la versión final de “Que viva la música!” para su publicación. Alcanzó a recibir un ejemplar de la novela, antes de suicidarse en la tarde del 4 de marzo de 1977.

“Que viva la música!” se convirtió, rápidamente, en un éxito y en símbolo del sentimiento de los jóvenes; la novela fue reeditada y apareció publicada también en Italia. La producción inédita de Andrés Caicedo abarca decenas de cuentos, varias novelas, obras de teatro, adaptaciones para el cine; guiones de largometrajes, reflexiones y numerosa correspondencia. Los temas predominantes en su obra son las locuras juveniles en medio del desvarío y la perdición que produce la ciudad concebida como suburbio. Pocos años después de morir, sus familiares y amigos crearon una fundación para publicar toda su obra inédita

 

Andrés Caicedo es uno de los escritores colombianos más populares, debido a su talento y su obra sumamente original y también a su prematura muerte (25 años) que lo convirtió inmediatamente en un mito.

Su cuento más popular es probablemente Infección, cuento que pertenece a su libro Calicalabozo, uno de sus primeros libros, donde nos narra un monologo sobre el amor y el odio y los sueños de un personaje que no puede soportarse ni a sí mismo.

  • Infección
    Bienaventurados los imbéciles,
    porque de ellos es el reino de la tierra

El sol. Cómo estar sentado en un parque y no decir nada. La una y media de la tarde. Camino caminas. Caminar con un amigo y mirar a todo el mundo. Cali a estas horas es una ciudad extraña. Por eso es que digo esto. Por ser Cali y por ser extraña, y por ser a pesar de todo una ciudad ramera.

-Mirá, allá viene la negra esa.

-Francisco es así, como esas palabras, mientras se organiza el pelo con la mano y espera a que pasa ella. Ja! Ser igual a todo el mundo.

Pasa la negra-modelo. Mira y no mira. Ridiculez. Sus 1,80 pasan y repasan. Sonríe con satisfacción. Camina más allá y ondula todo, toditico su cuerpo. Se pierde por fin entre la gente, ¿y queda pasando algo? No nada. Como siempre.

(Odiar es querer sin amar. Querer es luchar por aquello que se desea y odiar es no poder alcanzar por lo que se lucha. Amar es desear todo, luchar por todo, y aún así, seguir con el heroísmo de continuar amando. Odio mi calle, porque nunca se rebela a la vacuidad de los seres que pasan por ella. Odio los buses que cargan esperanzas con la muchacha de al lado, esperanzas como aquellas que se frustran en toda hora y en todas partes, buses que hacen pecar con los absurdos pensamientos, por eso, también detesto esos pensamientos: los míos, los de ella, pensamientos que recorren todo lo que saben vulnerable y no se cansan. Odio mis pasos, con su acostumbrada misión de ir siempre con rumbo fijo, pero maldiciendo tal obligación. Odio a Cali, una ciudad que espera, pero que no le abre las puertas a los desesperados)

Todo era igual a las otras veces. Una fiesta. Algo en lo cual uno trata desesperadamente de cambiar la tediosa rutina, pero nunca puede. Una fiesta igual a todas, con algunos seductores que hacen estragos en las virginidades femeninas… después, por allá… por Yumbo o Jamundí, donde usted quiera. Una fiesta con tres o cuatro muchachas que nos miran con lujuria mal disimulada. Una fiesta con numeritos que están mirando al que acaba de entrar, el tipo que se bajó de un carro último modelo. Una fiesta con uno que otro marica bien camuflado, y lo más chistoso de todo es que la que tiene al lado trata inútilmente de excitarlo con el codo o con la punta de los dedos. Una fiesta con muchachas que nunca se han dejado besar del novio, y que por equivocación son lindas. Y también con F. Upegui que entra pomposamente, viste una chaqueta roja, hace sus poses de ocasión y mira a todos lados para mirar-miradas. Una fiesta con la mamá de la dueña de casa, que admira el baile de su hijita pero la muy estúpida no se imagina si quiera lo que hace su distinguida hija cuando está sola con un muchacho, y le gusta de veras. Una fiesta donde los más hipócritas creen estar con Dios, maldita sea, y lo que están es defecándose por poder amachinar a la novia de su amigo… piensan en Dios y se defecan con toda calma mientras piensas en poder quitársela.

Sí, odio a Cali, una ciudad con unos habitantes que caminan y caminan… y piensan en todo, y no saben si son felices, no pueden asegurarlo. Odio a mi cuerpo y mi alma, dos cosas importantes, rebeldes a los cuidados y normas de la maldita sociedad. Odio mi pelo, un pelo cansado de atenciones estúpidas, un pelo que puede originar las mil y una importancias en las fuentes de soda. Odio la fachada de mi casa, por estar mirando siempre con envidia a la de la casa del frente. Odio a los muchachitos que juegan fútbol en las calles, y que con crueldades y su balón mal inflado tratan de olvidar que tienen que luchar con todas sus fuerzas para defender su inocencia. Sí, odio a los culicagados que cierran los ojos a la angustia de más tarde, la que nunca se cansan de atormentar todo lo que encuentra… para seguir otra vez así: con todo nuevamente, agarrando todo, todo !. Odio a mis vecinos quienes creen encontrar en un cansado saludo mío el futuro de la patria. Odio todo lo que tengo de cielo para mirar, sí, todo lo que alcanzo, porque nunca he podido encontrar en él la parte exacta donde habita Dios.

Conozco un amigo que le da miedo pensar en él, porque sabe que todo lo de él es mentira, que él mismo es una mentira, pero que nunca ha podido –puede- podrá aceptarlo. Sí, es un amigo que trata de ser fiel, pero no puede, no, lo imposibilita su cobardía.

Odio a mis amigos… uno por uno. Unas personas que nunca han tratado de imitar mi angustia. Personas que creen vivir felices, y lo peor de todo es que yo nunca puedo pensar así. Odio a mis amigas, por tener entre ellas tanta mayoría de indiferencia. Las odio cuando acaban de bailar y se burlan de su pareja, las odio cuando tratan de aparentar el sentimiento inverso al que realmente sienten. Las odio cuando no tratan de pensar en estar mañana conmigo, en la misma hora y en la misma cama. Odio a mis amigas, porque su pelo es casi tan artificial como sus pensamientos, las odio porque ninguna sabe bailar go go mejor que yo, o porque todavía no he conocido a ninguna de 15 años que valga la pena para algo inmaterial. Las odio porque creen encontrar en mí el tónico ideal para quitar complejos, pero no saben que yo los tengo en cantidades mayores que los de ellas… por montones. Las odio, y por eso no se lo dejo de hacer porque las quiero y aún no he aprendido a amarles.

No sé, pero para mí lo peor de este mundo es el sentimiento de impotencia. Darse cuenta uno de que todo lo que hace no sirve para nada. Estar uno convencido que hace algo importante, mientras hay cosas mucho más importantes por hacer, para darse cuenta que se sigue en el mismo estado, que no se gana nada, que o se avanza terreno, que se estanca, que se patina. Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr——————rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr———————rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr no poder uno multiplicar talentos, estar uno convencido que está en este mundo haciendo un papel de estúpido, para mirar a Dios todos los días sin hacerle caso.

¿Y qué? ¿Busca algo positivo uno? ¿Lo encuentras? Ah, no. Lo único que hace usted es comer mierda. Vamos hombre, no importa en que forma se encuentra su estómago, piense en su salvación, en su destino, por Dios, en su destino, pero esta bien, eso no importa. ¿Qué no? Vea, convénzase: por más que uno haga maromas en esta vida, por más que se contorsione entre las apariencias y haga volteretas en medio de los ideales, desemboca uno a la misma parte, siempre lo mismo… lo mismo de siempre. Pero eso no importa, no lo tome tan en serio, porque lo más chistoso, lo más triste de todo es que UD. Se puede quedar tranquilamente, s u a v e m e n t e, d e f e c á n d o s e, p u d r i é n d o s e, p o c o a p o c o, t ó m e l o c o n c a l m a… ¡Calma! ¡Por Dios, tómelo con calma!

Odio la avenida sexta por creer encontrar en ella la bienhechora importancia de la verdadera personalidad. Odio el Club Campestre por ser a la vez un lugar estúpido, artificial e hipócrita. Odio el teatro Calima por estar siempre los sábados lleno de gente conocida. Odio al muchacho contento que pasa al lado que perdió al fin del año cinco materias, pero eso no le importa, porque su amiga se dejó besar en su propia cama. Odio a los maricas por estúpidos en toda la extensión de la palabra. Odio a mis maestros y sus intachables hipocresías. Odio las malditas horas de estudio por conseguir una maldita nota. Odio a todos ellos que se cagan en la juventud todos los días.

¿Es que sabes una cosa? Yo me siento que no pertenezco a este ambiente, a esta falsedad, a esta hipocresía. Y ¿Qué hago? No he nacido en esta clase social, por eso es que te digo que no es fácil salirme de ella. Mi familia está integrada en esta clase social que yo combato, ¿Qué hago? Sí, yo he tragado, he cagado este ambiente durante quince años, y, por Dios, ahora casi no puedo salirme de él. Dices que por qué vivo yo todo angustiado y pesimista? ¿Te parece poco estar toda la vida rodeado de amistades, pero no encontrar siquiera una que se parezca a mí? No sé que voy a poder hacer. Pero a pesar de todo, la gloria está al final del camino, si no importa.

La odio a ella por no haber podido vencer a su propia conciencia y a sus falsas libertades. La odio porque me demostró demasiado rápido que me quería y me deseaba, pero después no supo responder a estas demostraciones. La odio porque no las supo demostrar, pero ese día se fue cargando con ellas para su cama. Yo la quiero muchacha estúpida, ¿no se da cuenta? Pero apartándonos de eso la odio porque me originó un problema el berraco y porque siempre se iban con mis palabras, con mis gestos y mis caricias, con todo… otra vez para su cama. Pero, tal vez, para nosotros exista otra gloria al final del camino, si es que todavía nos queda un camino… quién sabe…

Odio a todas las putas por andar vendiendo añoraciones falsas en todas sus casas y calles. Odio las misas mal oídas… Odio todas las misas. Me odio, por no saber encontrar mi misión verdadera. Por eso me odio… y a ustedes ¿les importa?

Sí, odio todo esto, todo eso, todo. Y la odio porque lucho por conseguirla, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso la odio, porque lucho por su compañía. La odio porque odiar es querer y aprender a amar. ¿Me entienden?. La odio, porque no he aprendido a amar y necesito de eso. Por eso odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada…

A nada

A nadie

Sin excepción!

Entrevista Andrés Caicedo

 

 

María del Carmen Huertas terminará por abandonar definitivamente sus andanzas, para finalmente refugiarse en un mugriento cuarto del centro, donde se dedicará a la prostitución, repartirá consuelo entre algunos de los despechados amigos que le quedaron, y escribirá sus memorias …esta novela. Todo había comenzado en el exclusivo barrio Versalles de Cali, desde donde la adolescente partió un buen día para conocer, y de qué manera, el mundo real. Por eso María del Carmen probó de todo. Su incursión por el bajo mundo la hizo conocer la verdadera cara de una ciudad que nunca antes le presentaron. Al ritmo de la “salsa”, y de fiesta en fiesta, la jovencita practicaría de todo; incluyendo el sexo y la drogadicción. Historia realista, cruda y descarnada que muestra el verdadero rostro de una sociedad decadente.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.