Realismo, magia y erotismo los tópicos de Giovanna Rivero.

Entrevistada por José Luis Saavedra, Rivero se presentó a si misma (2006) en los siguientes términos: “Giovanna Rivero es una escritora, primero que todo es una mujer. Me he ‘construido’, de algún modo, a partir de mis lecturas. El tono de las lecturas es casi siempre el de las frustraciones y las alegrías. Entonces, soy una escritora-lectora, escribo sobre las cosas que veo, que me pasan, sobre el mundo contemporáneo; entre lo que vivo, siento, y lo que escribo la diferencia es sólo la ficción, mi literatura es autorreferencial, aunque no esté respaldada por una biografía de la verdad es decir, lo que escribo le puede pasar a cualquiera, a veces nos pasa o somos potenciales de que nos pase. Entonces, soy una mujer artista, diríamos así, y a medida que ha pasado el tiempo tengo más claro lo que esto significa, porque a veces uno pone categorías a su vida, en las cuales trata de encarnar, cuando en realidad la prótesis es el lenguaje: los hombres y los adjetivos que nos imponemos deben reflejar lo que uno realmente es”.

Giovanna Rivero ( Montero, 1972- ) es una novelista y cuentista boliviana, pertenece a los escritores más exitosos de ficción contemporánea de Bolivia.

Nació en Montero, Santa Cruz, Rivero fue premiada con el Premio Municipal de Santa Cruz de Literatura en 1997 por su colección de cuentos Las bestias. En 2005, recibió el Premio en Cuentos Franz Tamayo por La Dueña de nuestros sueños. En 2004, participó en el Programa de Escritura de Iowa en la Universidad de Ioway en 2006 fue premiada con la beca Fulbright que le permitió obtener una maestría en literatura latinoamericana de la Universidad de Florida. Ella pasó a recibir un doctorado en la misma universidad en 2014. En 2011, fue uno de los 25 nuevos talentos latinoamericanos elegidos por la Feria del Libro de Guadalajara de México.

Comentando sobre su última novela, 98 segundos sin sombra, Fernando Iwasaki de El Mercurio comentó: “Giovanna Rivero escribe buena prosa, es capaz de crear personajes poderosos. Con [esta obra] se ha añadido a su nombre en el libro de la literatura latinoamericana.” La novela ha sido publicada por la editorial española Caballo de Troya, contribuyendo al creciente éxito internacional de Rivero.

Además de escribir novelas y cuentos, Rivero es una habitual colaboradora de periódicos locales y nacionales.También enseña semiótica y periodismo en la Univeridad Privada de Santa Cruz de la Sierra.

Trabajos seleccionados

  • 2001: Las camaleonas, novela
  • 2002: La dueña de nuestros sueños, historia para niños
  • 2005: Contraluna, cuento
  • 2006: Sangre dulce, cuento
  • 2009: Tukzon, historias colaterales, novela
  • 2009: Niñas y detectives, cuento
  • 2011: Helena 2022: La vera crónica de un naufragio en el tiempo, novela
  • 2014: 98 segundos sin sombra, novela
  • 2015: Para comerte mejor, cuento

 

La Feria del Libro reconocerá la trayectoria de la escritora Giovanna Rivero

 

Su último trabajo: Para comerte mejor

Entre ataúdes, vómito, ratas y desazón, Giovanna Rivero compone una constelación de relatos siniestros. La inmundicia de los recovecos abandonados constituye la materia de un entramado narrativo intempestivo, que golpea y confronta, y que sin embargo, entre la vorágine de lo ominoso, hace surgir una delicada melancolía. Para comerte mejorconstituye una valiosa contribución a esa literatura de lo extraño que tanto cultivaron escritores como Poe, Piñera o Landolfi.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

 

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Belivacqua y Chamorro al servicio de Lorenzo Silva

Lorenzo Manuel Silva Amador (Madrid, 7 de junio de 1966) es un escritor español conocido especialmente por sus novelas policiacas que protagonizan los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. Nació en el barrio madrileño de Cuatro Vientos, estudió Derecho en la Universidad Complutense de Madrid y ejerció como abogado de empresa desde el año 1992 hasta 2002.

Ha escrito numerosos relatos, artículos y ensayos literarios, así como varias novelas, que le han valido reconocimiento internacional. Una de ellas, El alquimista impaciente, obtuvo el Premio Nadal del año 2000. Esta es la segunda en la que aparecen los que quizá sean sus personajes más conocidos: la pareja de la Guardia Civil formada por el brigada Rubén Bevilacqua y la sargento (en la última novela) Virginia Chamorro.

Otra de sus obras, La flaqueza del bolchevique, fue finalista del Premio Nadal 1997 y ha sido adaptada al cinepor el director Manuel Martín Cuenca. Ganador del Premio Planeta 2012 con la novela La marca del meridiano.

Además de sus novelas policiacas, Silva tiene numerosos libros de no ficción, así como obras destinadas a jóvenes.

 

Donde los escorpiones

Vuelve el guardia más famoso y querido de la literatura y la novela negra: el subteniente Bevilacqua, con su primer caso fuera del territorio español, en el que viajará para investigar un asesinato en la base española de Afganistán.

Madrid, julio de 2014. Pasados los cincuenta, y ya con más pasado que futuro, el subteniente Bevilacqua, veterano investigador de homicidios de la unidad central de la Guardia Civil, recibe una llamada del responsable de operaciones internacionales. Se reclama su presencia inmediata a 6.000 kilómetros de allí, en la base española de Herat, en Afganistán.
Un militar español destinado en la base ha aparecido degollado, y, junto a él, el arma del delito: una hoz plegable de las usadas por los afganos para cortar la amapola de la que se extrae la droga que representa la principal fuente de riqueza del país.
¿Se trata del atentado de un talibán infiltrado? Podría ser, pero también que la muerte tuviera otro origen, porque el ataque no reviste la forma clásica de esa clase de acciones, sino que hace pensar en algún motivo personal.
La misión de Bevilacqua y los suyos no es otra que tratar de desenmascarar a un asesino que forzosamente ha de ser un habitante de ese espacio cerrado. Sus pesquisas, bajo el tórrido y polvoriento verano afgano, les llevarán a conocer a peculiares personajes y a adentrarse en la biografía del muerto, un veterano de misiones bélicas en el exterior que guarda más de un cadáver en el armario, para llegar a un desenlace inesperado y desconcertante.

 

 

Novela

  • Noviembre sin violetas (1995, ediciones Libertarias; 2000, Destino)
  • La sustancia interior (1996, Huerga & Fierro; 1999, Destino)
  • La flaqueza del bolchevique, Trilogía de la nostalgia 1 (1997, Destino), finalista del Premio Nadal.
  • Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia (1997)
  • El ángel oculto, Trilogía de la nostalgia 2 (1999, Destino)
  • El urinario, Trilogía de la nostalgia 3 (1999, Pre-Textos; 2007, Destino)
  • El nombre de los nuestros (2001, Destino)
  • La isla del fin de la suerte (2001, Círculo de Lectores)
  • Carta blanca (2004, Espasa), Premio Primavera de Novela
  • Muerte en el “reality show” (2007, Rey Lear)
  • El blog del inquisidor (2008, Destino)
  • Niños feroces (2011, Destino)
  • Música para feos (2015, Destino)
  • Nada sucio (2016, Menoscuarto), coescrito con su esposa, Noemí Trujillo
  • Recordarán tu nombre (2017, Destino)

Serie Bevilacqua y Chamorro

Libro de relatos

  • El déspota adolescente (2003, Destino)
  • El hombre que destruía las ilusiones de los niños (2013, ediciones Tagus)
  • Historia de una piltrafa y otros cuentos crueles (2014, Ediciones Turpial)
  • Todo por amor y otros relatos criminales (2016, Destino)

No ficción

  • Viajes escritos y escritos viajeros (2000, Anaya)
  • Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos (2001, Destino)
  • Líneas de sombra. Historias de criminales y policías (2005, Destino)
  • En tierra extraña, en tierra propia. Anotaciones de viaje (2006, La esfera de los libros)
  • Y al final, la guerra. La aventura de los soldados españoles en Irak (2006, La esfera de los libros, coescrito junto a Luis Miguel Francisco)
  • El Derecho en la obra de Kafka (2008, Rey Lear)
  • La flaqueza del bolchevique (2008, Lagartos de Cine, coescrito junto a Manuel Martín Cuenca). Guion cinematográfico y otros textos.
  • Sereno en el peligro. La aventura histórica de la Guardia Civil (2010, Algaba-Edaf). Premio Algaba
  • Tres mil metros en la noche. Vidas Zip 1 (2009-2010) (2011, Destino), sólo en ebook
  • El misterio y la voz (2011, Destino), sólo en ebook
  • Los trabajos y los días (2012, Libros.com – obra editada a través de crowdfunding)
  • Todo suena (2012, Clínica Universidad de Navarra)
  • Siete ciudades en África: Historia del Marruecos español (2013, Fundación José Manuel Lara)

Narrativa infantil y juvenil

  • Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia (1997, Anaya)
  • El cazador del desierto (1998, Anaya)
  • La lluvia de París (2000, Anaya)
  • Laura y el corazón de las cosas (2002, Destino)
  • Los amores lunáticos (2002, Anaya)
  • Pablo y los malos (2006, Destino, coescrito junto a Violeta Monreal)
  • La isla del tesoro (de R. L. Stevenson) (2007, Edaf, adaptación)
  • Mi primer libro sobre Albéniz (2008, Anaya)
  • Albéniz, el pianista aventurero (2008, Anaya)
  • El videojuego al revés (2009, ed. San Pablo)
  • Suad (2013, ed. San Pablo, coescrito junto a Noemí Trujillo)

Lorenzo Silva: “Tengo cuero de caimán ante las críticas”

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Ana García Bergua: las antípodas y el misticismo.

El que Ana García Bergua haya cursado la carrera de escenógrafa, aunque no se haya desempeñado profesionalmente como tal, explica probablemente el componente teatral de sus libros y, en especial, su cuidado en proveer a sus historias de un entorno muy preciso. Muebles, puertas, ventanas, pasillos, oficinas, calles, jardines y escaleras adquieren en su literatura un peso absorbente, conformando un espacio marcado por la rutina, una rutina hecha de multitud de cosas, de objetos, de encuentros y obstáculos, que impiden levantar la cabeza y preguntarse sobre el sentido de los propios actos. Si algo rige este mundo es el afán, la insatisfacción, el apremio y, como su contraparte, la búsqueda de placer y de caricias. Más agobiante es el trajín diario, más aguda la necesidad de consuelo físico. Por eso, sus personajes femeninos suelen ser más intensos e imaginativos que los masculinos; se avienen a lo que les ofrece la vida y saben hallar en ella una multitud de escapes y de acomodos; no aspiran a descollar ni a cambiar el mundo, sino a establecer con este un pacto de no agresión y de respeto de los límites establecidos; los hombres, en cambio, menos adaptables, carecen de plasticidad y sucumben a menudo bajo el peso de sus máscaras. En uno y otro caso, parece que no hay mucho que decirse, ninguna revelación importante que aguardar de los demás; de ahí la escasez de diálogos o la reducción de estos a fórmulas hechas para cumplir con los requisitos mínimos de la comunicación. Porque los personajes de García Bergua (ciudad de México, 1960) se relacionan no tanto con palabras, sino con las cosas que les pertenecen; estas conforman su apariencia, su rutina y, a la postre, su carácter. Así, el otro, el prójimo, no es sólo las otras personas, sino todas las cosas que lo rodean a uno, los objetos que uno usa, desde un tenedor hasta un departamento, desde un parque hasta la lima para las uñas. Los numerosos episodios colectivos en que se ven involucrados estos personajes, como fiestas, comidas, sepelios, bailes, ceremonias, representan, lejos de un reencuentro con la palabra, la claudicación de esta y la oportunidad de comunicarse de un modo más transparente y genuino. Hay un fondo carnavalesco en todo lo que escribe García Bergua, donde las miradas, los gestos, las insinuaciones adquieren más peso que los diálogos y los razonamientos. Sólo así la proximidad constante de los otros deja de ser una fuente de agobio y se convierte en liberación, liberación del propio teatro interior, por lo general desolado y reiterativo. Y en mostrarnos cuán pobres somos por dentro y cuán poco nos bastamos para prescindir del prójimo, la mirada de García Bergua es especialmente implacable. Su concepción de la vida se halla en las antípodas del misticismo, si entendemos por este la lucha del alma individual por despojarse de todo soporte exterior y mundano. Para García Bergua, sencillamente, el alma individual es una ilusión; todos somos habitantes de un edificio, o mejor dicho de varios edificios a la vez, de bullicios que se entrecruzan, molestos pero necesarios, asfixiantes pero protectores.

No extraña que, acorde con esta visión, uno de sus motivos narrativos predilectos sea el de espiar a los otros. Quien espía no está solo, o no sabe estar solo; se aburre y tampoco se atreve a salir de su ensimismamiento; por eso, mira ocultándose. En el mundo de García Bergua, todos aspiran a labrarse un nicho y a defenderlo, pero, ya en él, se sienten sofocar. A menudo, por ello, se disfrazan. Mejor dicho, viven perpetuamente disfrazados, no para ocultar lo que son, sino para disimular el hecho de que no son nada, o que así se sienten. Ahí está, como ejemplo, el reconocido escritor Álvaro Aldana, protagonista del cuento “Aldana y los visitantes”, que desaparece literalmente frente a todos aquellos que, atraídos por su fama, acuden a visitarlo; con un inocente “Espéreme un momento”, abandona la sala y reaparece a los pocos minutos disfrazado de una mujer alta de pelo negro que se hace pasar por la hermana del propio escritor, o convertido en un joven con gorra que se presenta como su sobrino, o en una mujer rubia y fornida que afirma ser su maestra de inglés. Detrás de lo que podría parecer una manía inocente, el cuento insinúa una verdad más incómoda: Aldana es un ser vacío que sobrevive sólo en virtud de sus transformaciones; yendo y viniendo, consigue no dejar de ser nunca Aldana, el afamado escritor, y como no sabe quién es, y le da miedo saberlo, sobrevive gracias a sus innumerables visitantes, frente a los cuales se eclipsa para adoptar otra personalidad y, minutos después, reaparecer convertido otra vez en su propia efigie inmutable.

Pero si el disfraz petrifica, también puede derretir la piedra en que uno se ha convertido por comodidad o por inercia. En el cuento quizá más perturbador del libro, “Páginas de amor”, protagonizado por un coronel retirado y su sirvienta, cuya relación se reduce a unas cuantas palabras imprescindibles, García Bergua nos muestra el poder liberador que late en toda escenografía. Es el viejo tema de la máscara que remueve una máscara más básica y profunda, la que hemos construido sin darnos cuenta. En este caso, dos seres inertes y grises, tocados por la mentira, se iluminan: la criada, de nombre Adira, accede a hacerse pasar por la esposa del coronel en una ceremonia militar donde este será homenajeado, y los dos cumplen diligentemente con su papel, incluyendo unos cuantos bailes del protocolario festejo; de vuelta a casa, a la desolada rutina doméstica en la que volverán a ser un patrón introvertido y una sirvienta silenciosa, de pronto el viejo y rígido coronel rodea delicadamente la cintura de ella y, sin pronunciar palabra, reanuda el baile en el estrecho pasillo del departamento, como si se hallaran en un fastuoso salón principesco. Es un gesto inspirado, que parece sorprender al propio narrador de la historia, uno de estos hallazgos que son la bendición de todo cuentista y que, al tiempo que resuelven una historia, arrojan luz sobre las otras. Porque lo que ocurre en el pasillo de la casa del coronel es un ejemplo más de esa mágica dilatación del espacio que es la constante que vertebra el libro y le otorga un aliento metafísico. Pero esta dilatación, que permite que el trasfondo de un clóset se traduzca en un secreto pasadizo para acceder al departamento contiguo, o un agujero abierto en el suelo conecte un departamento con el de abajo y permita a un marido bígamo resolver momentáneamente su compleja relación con sus dos mujeres, es sobre todo el reflejo de una apetencia de ser y de extralimitarse, de romper los muros y las convenciones (las convenciones que imponen los muros) sobre los cuales se asienta toda convivencia humana y todo edificio. Así, no es nada extraño que el sexo se cuele todo el tiempo en estas historias, no con fuerza transgresora y disruptiva, sino, acorde con el talante conformista de sus personajes, con la modestia de una fuga de agua, no por ello menos apremiante e incontenible. En suma, es como si la estrechez de la vida de nuestros modernos departamentos fuera la premisa de toda metamorfosis, de toda mutación profunda, y estas, a su vez, obedecieran a un anhelo de habitación infinita, de expansión dichosa sin peligro, que es el sustento psíquico de cualquier habitáculo humano; por eso, estos cuentos aparentemente realistas son en realidad fábulas y ensoñaciones. No hay en ellos la mecánica reseña de unas existencias superpuestas; no los anima la pretensión de construir, a través de astutas conexiones entre una historia y otra, una novela coral. El aliento de este libro va en el sentido inverso al de una edificación exhaustiva; desciende desde la azotea hasta los cimientos, a través de un movimiento regresivo, corrosivo y humorista. No asistimos a la complacencia de un constructor, sino a la obsesión de quien hurga y se adentra. Con ello, García Bergua se ha colocado en el mismo nivel de sus lectores y, sobre todo, ha conseguido convertir un simple edificio en un universo. ~

Obras

Novela

  • La bomba de San José
  • El umbral
  • Púrpura
  • Rosas negras
  • Isla de bobos
  • Fuego 20 México, Ediciones ERA, 2017.

Cuento

  • El imaginador
  • La confianza en los extraños
  • Edificio
  • Otra oportunidad para el señor Balmand
  • El limbo bajo la lluvia
  • “La tormenta hindú”

Ensayo

  • Pie de página
  • Postales desde el puerto

 

Los libros abren puertas: Ana García Bergua

 

La bomba de San José de Ana García Bergua (Dirección de Literatura, UNAM / Ediciones Era, 2012)

Hubo una vez una ciudad ingeniosa y a la vez ingenua. Una ciudad donde los poetas trabajaban en las flamantes agencias de publicidad y donde se hacía teatro y cine experimental y los pintores ya no querían pintar murales y las mujeres ya no querían ser obedientes, sino, entre otras cosas, disfrutar de la libertad del mambo y la danza moderna y oír jazz por las noches. Era una ciudad a la que también le gustaba ir a los cabarets del Centro y que se inventó una Zona Rosa para poner los nuevos cafés. Son los años sesenta en la Ciudad de México, la época de la Ruptura, de las reseñas de cine y de la Casa del Lago, y los ímpetus creativos son tales que incluso un pariente del Señor Presidente aspira a crear una obra maestra del Séptimo Arte, aunque no sin la ayuda de El Yaqui, venerado director de perlas del cine nacionalista nacional. En su entusiasmo por desplegar su moderna sensibilidad y tal vez deslumbrar a Cannes, el pariente no para mientes en los métodos, por lo que –remontado en el Ajusco- reúne, amenaza y hasta secuestra a sus colaboradores. Con toda razón, considera que ser quien es no debe obstar para dejar huella en el palmarés del cine universal. Ni que decir tiene que el lector se ve obligado a tomar aire con cierta frecuencia, entre una y otra tanda de carcajadas, y que la esposa buena y fiel es debidamente recompensada por sus nuevas y muy modernas amistades, mientras que el esposo secuestrado y la estrellita que lo vuelve loco reciben su justo castigo. La bomba de San José de Ana García Bergua es una novela con gran sentido del humor, evocadora de una época en que los refugiados españoles todavía creían que iba a caer Franco y la gente también iba a alfabetizar guajiros en Cuba y aprendía a hacer yoga y a andar en minifalda.

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Liudmila Petrushévskaia estandarte de la literatura Rusa contemporánea

Los personajes de Petrushévskaia destacan por su maldad y crueldad, lo que ella misma justifica por la imperfección de este mundo. Lo maligno en sus textos es un rasgo inalienable de la vida. Cabe destacar, que en sus cuentos infantiles, no lo evita tampoco, sólo combina entre sus párrafos la insensibilidad con mucho sentimentalismo.

“Frecuentemente tengo que repetir que cada persona vea el libro como un espejo. Y allí se verá a sí mismo. Y es muy interesante, porque uno ve lo bueno en el libro y llora, otro ve lo oscuro y se enfada… ¡Y todo esto leyendo las mismas palabras!”.

“No soy un escritora ‘negra’, como a veces opinan sobre mí. Creo que el papel de autor no es despertar las sensaciones, sino no tener la posibilidad de huir de éstas. Hay que ser prisionero de ellas, tratar de separarse y, en fin, escribir algo y así liberarse. Entonces, puede ser, que los pensamientos y sensaciones se queden en el texto. Y aparecerán de nuevo, no tiene más que agarrarse con los ojos a las líneas”.

“Érase una vez una mujer que sedujo al marido de su hermana y él se ahorcó”, es, como aquel, una colección de relatos; aunque sí aquella obra todavía contaba con una importante dosis de fantasía, éste se asienta en el realismo chejoviano y está protagonizado por mujeres instaladas en la tragedia y en el desamor, tal y como puede percibirse desde el propio título de la obra.

Liudmila Petrushévskaia, una de las autoras más destacadas de la literatura rusa actual, ofrece en estos relatos una visión desoladora de la vida de las mujeres rusas contemporáneas. En estos relatos, se nos presentan mujeres abandonadas por sus maridos, hijas no amadas por sus padres, relaciones de verano que se enfrían en cuanto llega el otoño, la de jóvenes que, deseosas de hallar el amor, acaban enfangándose en un matrimonio desgraciado… en resumen, un conjunto de relatos amargos que, sin embargo, no prescinden de cierto tono irónico y burlesco ni tampoco de cierta experimentación como en “oda a la familia”, un relato narrado a base de ennumeraciones.

Con todo, lo más llamativo de la obra quizás sea la economía de palabras que preside la mayor parte de la misma.  Petrushévskaia, sobre todo en los primeros relatos, parece buscar, fundamentalmente, un modo de narración que acerque su obra lo más posible a lo oral. Esto, que hace que en algunos momentos el relato sea difícil de seguir, consigue en muchas ocasiones que éste goce de una agilidad y, sobre todo, una frescura, muy poco frecuente en este tipo de narraciones. Sobre todo, cuando el tema tratado es, en todas ocasiones, tan claramente trágico.

Dice Petrushévskaia que ella sólo es alguien que escucha a las mujeres de su tierra contar sus historias y que después las relata tal y como las ha oído. En “Érase una vez una mujer que sedujo al marido de su hermana y él se ahorcó”, la autora rusa nos ofrece una muestra de ese quehacer literario que la ha convertido en una de las escritoras más aplaudidas de Rusia.

Un libro, en resumen, para descubrir una de las figuras más importantes de la narrativa rusa y familiarizarse con una manera de narrar que, alejada del retoricismo, consigue por momentos una carga semántica y una precisión que recuerda a la mejor poesía.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Kurt Vonnegut un referente d ela contracultura de los años 60´s y 70´s.

 Kurt Vonnegut (Indianápolis, 1922-Nueva York, 2007) retrató la crueldad del Siglo XX y el absurdo de la sociedad capitalista, en novelas, cuentos y ensayos. Su incisiva crítica sin concesiones a la política y la cultura estadounidenses, sumada a su narrativa libre de estereotipos, lo convirtieron en un referente de la contracultura de los años sesenta y setenta. Aunque el sarcasmo y la ironía están siempre presentes en sus historias, Vonnegut nunca abandonó su mirada humanista, a partir de la que pinta a sus desvalidos personajes con notas de profunda emotividad y dotan a sus relatos, muchas veces oscurísimos, de un humor carente de cinismo.

Vonnegut estudió Antropología en la Universidad de Chicago, y trabajó también como reportero policial en el City News Bureau of Chicago. En 1946, la Facultad de Antropología reprobó su tesis, titulada On the Fluctuations between Good and Evil in Simple Tales.9 Más adelante aceptaron su novela, Cuna de gato, y le concedieron el título. Abandonó Chicago para trabajar en Schenectady, en el estado de Nueva York, en el departamento de relaciones públicas de la empresa General Electric. El autor atribuyó su estilo, libre de adornos, a este trabajo.

En 1950 publicó su primer relato, titulado «Report on the Barnhouse Effect» en la revista Collier’s Weekly. A punto de abandonar la escritura, recibió la oferta de un empleo en el taller de escritores de la Universidad de Iowa. Su primera novela, La pianola, de 1952, es una distopía que describe un mundo en el que los humanos han sido sustituidos por máquinas. Más adelante publicó Las sirenas de Titán (1959) y Cuna de gato (1963), que se convirtió en un best-seller.

Durante la década de los 60 publicó cuatro novelas, en las cuales se registra un fuerte cambio formal y conceptual de su obra, hasta publicar Matadero cinco o La cruzada de los inocentes en 1969, una novela semi-autobiográfica que relata sus experiencias como soldado en el bombardeo de Dresde, experimentalmente estructurada alrededor de viajes en el tiempo. Así se constituyó en uno de los críticos más feroces de la sociedad contemporánea, aludiendo a la guerra, la destrucción del medio ambiente y la deshumanización. Expresó estos temas a través de la ciencia ficción, mezclándola con un humor ácido e hilarante. Sus personajes, parte importante del universo narrativo de Vonnegut, salen en distintas novelas.

Matadero cinco es hoy considerada una de las obras más importantes de la literatura estadounidense del siglo XX, que aparece en las listas de la revista Time y de la Modern Library.

Continuó experimentando en El desayuno de los campeones (1973), uno de sus mayores best-seller, una novela que contiene muchas ilustraciones bosquejadas, y en la que aparece el autor como deus ex machina. En clave de estilo, El desayuno de campeones es quizá su obra maestra, simplista pero profundo y, a través de altos niveles de humor, cinismo e ironía, particularmente crítico y agudo en su visión del mundo y la cultura norteamericana.

Con el lanzamiento de Timequake en 1997, Vonnegut anunció su retirada del campo de la ficción. Continuó escribiendo para la revista In These Times (En estos tiempos), en la que era editor. Contribuía con ensayos de política estadounidense o con notas de simple observación. En el 2005 se reunieron muchos de sus ensayos en su último libro, también un best-seller, Un hombre sin patria.

Entre sus referentes literarios está desde luego la ciencia ficción estadounidense. De hecho uno de sus personajes recurrentes, Kilgore Trout, escritor aficionado de ciencia-ficción, es un trasunto de todo un clásico del género, Theodore Sturgeon. Otras influencias vienen de H.L. Mencken, Hunter S. Thompson, Louis-Ferdinand Céline y un amigo de Vonnegut, Joseph Heller.

Vida privada y fallecimiento

Se casó con Jane Marie Cox, con la que había coincidido en el parvulario, poco después de su regreso a Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. El matrimonio se separó en 1970. Aunque no se divorciaron hasta 1979, desde 1970 Vonnegut vivió con la mujer que más tarde se convertiría en su segunda esposa, Jill Krementz.

Vonnegut tuvo tres hijos biológicos con su primera esposa. Además, adoptó a los tres hijos de su hermana Alice cuando ésta murió de cáncer, y a otra niña, Lily. Dos de sus hijos, Mark y Edith Vonnegut, han alcanzado celebridad.

Falleció en 2007, a la edad de 84 años, tras sufrir una caída en su domicilio de Manhattan, Nueva York, que le causó una lesión cerebral irreversible.

Obra

Novelas

Relatos

  • Mira al pajarito (Look at the Birdie, 2009)
  • La cartera del cretino (Sucker’s Portfolio, 2012).
  • Que levante mi mano quien crea en la telequinesis (Malpaso Ediciones, 2014.

Influencias

La escritura de Vonnegut fue inspirada por una mezcla ecléctica de fuentes. Cuando era joven, Vonnegut dijo que leía obras de ficción pulp, ciencia ficción, y acción-aventura. También leía los Clásicos, como los de Aristófanes. Este, como Vonnegut, escribió críticas humorísticas de la sociedad contemporánea. La vida de Vonnegut también compartía similitudes con el escritor de “Las Aventuras de Huckleberry Finn”, Mark Twain. Ambos compartían una visión pesimista de la humanidad, y una postura escéptica en la religión, y, como Vonnegut lo planteaba, ambos estaban “asociados con el enemigo en una guerra mayor”, ya que Twain se alistó brevemente a la causa sureña durante la Guerra Civil, y el nombre alemán de Vonnegut y sus antepasados lo relacionaban con el enemigo de los Estados unidos en ambas guerras mundiales.

 

Que levante mi mano quien crea en la telequinesis

Kurt Vonnegut vuelve a la carga desde el otro mundo y podemos decir que el indomable finado sigue gozando de una magnífica salud. Tan buena que la victoria de la risa y la razón está garantizada en la batalla póstuma que ahora publicamos: una risueña crítica de la sinrazón pura. .El presente volumen consta de nueve discursos inéditos, siete de ellos dirigidos a estudiantes universitarios en días de dichosa graduación. Es éste un género muy peculiar de la oratoria norteamericana que ha dado lugar a piezas memorables adobadas con nobles sentimientos, recuerdos edificantes y melifluos elixires emitidos por autoridades de intachable prestigio intelectual. El autor de Matadero Cinco también gozaba de una excelente reputación, pero él mismo se encargaba de sabotearla para ejercer un magisterio terrestre, coloquial e irónico (cuando llegaba la hora de los dardos). Los parlamentos aquí reunidos y la guinda que los adorna son Vonnegut en estado de gracia: la quintaesencia de su tono, la campante sublimación de sus estacazos y la pólvora de su estilo rematada con un florilegio de agudezas que servirá de postre para la meditación cogitativa. O sea: Kurt al cuadrado y, en ocasiones, al cubo.

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Luisa Valenzuela: «Pitonisa de la Literatura latinoamericana».

Luisa Valenzuela nació en Buenos Aires, Argentina, un 26 de noviembre. Residió varios años en París y Nueva York, con largas estancias en Barcelona y México. Durante su dilatada carrera, que abarca ya cincuenta años de ininterrumpida dedicación a la literatura, ha publicado más de 30 libros, entre novelas, volúmenes de cuentos, microrrelatos y ensayos.

Su obra fue editada en más de 17 países de América, Europa, Asia y Oceanía, y traducida al inglés, francés, alemán, holandés, italiano, portugués, serbio, coreano, japonés y árabe. Su particular abordaje de temas y motivos relacionados con el poder, el cuerpo, el humor y el lenguaje la han convertido en objeto de estudio en universidades de todo el mundo.

Acreedora de las becas Fondo Nacional de las Artes, Fulbright (Programa Internacional de Escritores en Iowa City) y Guggenheim, entre otras, Luisa ha desarrollado una gran tarea como docente, dictando cursos y talleres, sobre todo en Universidades de Estados Unidos y México. Su actividad académica se completa con membresías en destacadas instituciones, entre otras: el New York Institute for the Humanities, la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey y la American Academy of Arts and Sciences.

Durante diez años fue redactora del Suplemento Gráfico del diario La Nación y su notoria labor la hizo merecedora en 1965 del Premio Nacional Kraft. Posteriormente, trabajó durante mucho tiempo en la revista Crisis, y fue columnista y colaboradora de muy diversas revistas y periódicos de la Argentina y Estados Unidos.

“No hay patrones ni moldes si se quiere escribir distinto: escribir de verdad.”

Luisa Valenzuela

A lo largo de su carrera ha recibido distinciones de diversa índole, entre las que se destacan el Gran Premio de Honor de la SADE, el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Knox (Illinois), la Medalla Machado de Assis de la Academia Brasilera de Letras, el premio Astralba de la Universidad de Puerto Rico y el premio Esteban Echeverría de la Asociación Gente de Letras. En el año 2017 tuvo además el privilegio de ser designada para dar el discurso de apertura de la 43ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Debido a su amplia trayectoria, ella misma ha integrado el jurado de importantes galardones internacionales, tales como el Premio Casa de las Américas de La Habana, el IMPAC de Dublín, el New York State Council for the Arts, y el Literario de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Su profundo compromiso social la llevó a ser nombrada Fellow del Fund for Free Expression y del Freedom to Write Commitee del PEN American Center, cuya sede en Argentina preside desde el año 2015.

Viajera empedernida, suele dictar conferencias y lecturas en congresos y ferias del libro alrededor del mundo. Numerosos encuentros literarios fueron incluso dedicados por entero a su obra, como el encuentro “Luisa Valenzuela: a symposium” (Universidad de La Trobe, Sydney 1990), la prestigiosa Puterbaugh Conference (Universidad de Oklahoma, 1995), la Semana de Autor de Casa de las Américas (La Habana, 2001), la jornadas “Aproximaciones a la obra de Luisa Valenzuela” (Universidad de Viena, 2008), el coloquio literario de la Feria del Libro de Monterrey (México, 2009) y las jornadas “Luisa Valenzuela, el vértigo de la escritura” (Buenos Aires 2015).

Desde 1989 radica en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde fue declarada Personalidad Distinguida de las Letras y Ciudadana Ilustre.

Novelas

  • Hay que sonreír. Novela. Buenos Aires: Editorial Americalee, 1966. (CD-Rom: Buenos Aires, Ediciones La Margarita Digital, 2004).
  • El gato eficaz. Novela. México: Ediciones Joaquín Mortíz, 1972. (Otras ediciones: Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 1991, 2001).
  • Como en la guerra. Novela. Buenos Aires: Sudamericana, 1977. (Otras ediciones: La Habana: Ediciones Casa de las Américas, 2001).
  • Cola de lagartija. Novela. Buenos Aires: Editorial Bruguera, 1983. (Otras ediciones: México: Difusión Cultural, UNAM, 1992. México: Planeta, 1998).
  • Realidad nacional desde la cama. Novela. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1990, 1993.
  • Novela negra con argentinos. Novela. Barcelona: Ed. Plaza y Janés, 1990. (Otras ediciones: Hanover (NH): Ediciones del Norte, 1990. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1991).
  • La Travesía. Novela. Buenos Aires: Editoria Norma, 2001. (Otras ediciones: La otra orilla (Colección), Barcelona, 1997; Editorial Alfaguara, México, 2002, Bogotá 2002).
  • El Mañana. Buenos Aires: Seix Barral, 2010.
  • Cuidado con el tigre. Buenos Aires: Editorial Seix Barral, 2011.
  • La máscara sarda, el profundo secreto de Perón. Buenos Aires: Editorial Seix Barral, 2012.

Cuentos y relatos

  • Los heréticos. Cuentos. Buenos Aires: Editorial Paidós, 1967.
  • Aquí pasan cosas raras. Cuentos. Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 1975 y 1991.
  • Libro que no muerde. Cuentos. México: Difusión Cultural, UNAM, 1980.
  • Cambio de armas. Relatos. Ediciones del Norte, Hanover, 1982. (Otras ediciones: México: Martín Casilla Editores, 1982. Buenos Aires: Editorial Norma, 2004).
  • Donde viven las águilas. Cuentos. Buenos Aires: Editorial Celtia, 1983.
  • Simetrías. Cuentos. Buenos Aires: Ed. Sudamericana, 1993. (Otras ediciones: Barcelona: Ed. Plaza y Janés, 1997).
  • Antología personal. Buenos Aires: Ediciones Desde la Gente, 1998.
  • Cuentos completos y uno más. México / Buenos Aires: Alfaguara, 1999, 2001.
  • Simetrías/Cambio de Armas (Luisa Valenzuela y la crítica). Valencia: Ediciones ExCultura, 2002.
  • El placer rebelde. Antología general. Prólogo y selección de Guillermo Saavedra. Buenos Aires, México: Fondo de Cultura Económica, 2003.
  • BREVS. Microrrelatos completos hasta hoy. Córdoba (Arg.): Editorial Alción, 2004.
  • Trilogía de los bajos fondos (Hay que sonreír, Como en la guerra, Novela negra con argentinos). México: Fondo de Cultura Económica, 2004.
  • Acerca de Dios (o aleja). Rosario (Argentina): Editorial Fundación Ross, 2007.
  • Generosos inconvenientes. Antología de cuentos. Edición de Francisca Noguerol Jiménez. Palencia: menoscuarto ediciones, 2008. (reloj de arena, 35)
  • Tres por cinco. Madrid: Páginas de Espuma, 2008. (Colección Voces / Literatura). Editado en Argentina en 2010.
  • Juego de villanos. Barcelona: Thule Ediciones, 2008. (Colección Micromundos, 18)

Ensayos

  • Peligrosas Palabras. Ensayos. Buenos Aires: Editorial Temas, 2001. (Otras ediciones: México: Editorial Océano, 2002).
  • Escritura y Secreto. Ensayos. México: Editorial Ariel, 2002. (Otras ediciones: México: Fondo de Cultura Económica, 2003).
  • Los deseos oscuros y los otros (cuadernos de New York). Buenos Aires: Ed. Norma, 2002.
  • Taller de escritura breve. Lima: Editorial Sarita Cartonera, 2007.

La máscara sarda.El profundo secreto de Perón

Buenos Aires: Editorial Seix Barral, 2012. (Biblioteca Breve)

Publicado en Argentina, México y Colombia.

Según los mamoiadinos, el anillo que usa el General en su dedo anular es del joven Giovanni Piras, y la enigmática inscripción que nunca nadie pudo leer en la Argentina es la clave de una cuenta suiza. Es la noche del sábado 16 de junio de 1973 en la quinta 17 de Octubre, en el barrio madrileño de Puerta de Hierro. En el piso alto descansa el cadáver de Eva Perón. En los pisos de abajo, deambula Isabel. En el claustro, José López Rega intenta convencer al general Perón de que rememore su infancia, para recuperar su escondido origen sardo. El regreso a la Argentina es ya un hecho: al día siguiente el doctor Cámpora y un par de seguidores irán a ultimar los detalles. Pero es necesario que, antes de aterrizar en Ezeiza, abandone las falsas identidades y recomponga su verdadera historia; que se ponga la máscara del Mamuthòn, personaje del carnaval de Mamoiada, una de las fiestas más populares de Cerdeña. Mientras tanto, la Filonzana tiende los hilos de este relato que desnuda un secreto que no todos los argentinos conocen: ¿dónde nació realmente Juan Domingo Perón? En La máscara sarda la autora retoma al protagonista de su anterior novela, Cola de lagartija, el controvertido José López Rega y su vínculo con Perón. Con el estilo inconfundible, ágil, lúdico e irónico que distingue su magistral e imprescindible escritura, Luisa Valenzuela explora los interrogantes sobre los orígenes y la verdadera identidad de Perón y añade una vuelta de tuerca más a su mito.

Alejandro Zambra una joven promesa de las Letras Chilenas y de América Latina.

Alejandro Zambra se ha convertido en un maestro de la liviandad y la ficción autobiográfica con obras como ‘Bonsái’ o ‘Formas de volver a casa’

El chileno fue seleccionado por la revista ‘Granta’ entre los mejores escritores jóvenes en español

 

Alejandro Zambra nació en Chile el año 1975. La dictadura de Pinochet vivía su periodo más negro. La antigua dirigencia de la Unidad Popular estaba toda en el exilio, o muerta. El país se hallaba enteramente controlado por los militares. Santiago era una ciudad tomada. Ya no había resistencia, pero continuaba la persecución. El organismo encargado de realizar el aseo ideológico se llamaba DINA —Dirección de Inteligencia Nacional—, y había entrado formalmente en funcionamiento durante 1974, gracias a un decreto ley que la oficializaba. En 1975 Pinochet viajó a Madrid, al entierro de Franco. En otro ámbito, Chile vivía una revolución neoliberal. Los economistas de Chicago, discípulos de Milton Friedman, experimentaban acá las teorías de su maestro. Servimos de laboratorio. La pobreza campeaba. Para cubrir la desocupación inventaron el PEM (Programa de Empleo Mínimo), y no era raro toparse por ahí con piquetes de obreros moviendo piedras de un lugar a otro. Zambra creció en Maipú, una comuna capitalina de clase media, donde miles de personas llegaron a vivir, en villas de casas pareadas y pequeñas, a fines de los setenta. Muchos de sus habitantes con gusto se autodefinirían como “gente de esfuerzo”.

La generación de la que Zambra es el escritor que más lejos ha llegado —lo han traducido a varios idiomas y publicado en EE UU, con muy buena crítica— entraba a la adolescencia cuando retornó la democracia en 1989. “La adolescencia fue verdadera, pero la democracia no tanto. Tratábamos de entender lo que ocurría: igual era una dictadura, igual estaba Pinochet en el poder. Era un Chile del triunfo, de la democracia inmediata, de líderes con mucho miedo, que estaban obligados a mostrar esta cara sonriente de continuidad del sistema económico, y yo lo vivía muy desde el margen porque estudiaba en la Facultad de Filosofía, que era un pulmón de resistencia, pero una resistencia que nadie pescaba. Todos parecían unidos en defender que éramos los jaguares de América Latina y esas cosas que se decían entonces. Ahí la literatura también tenía una vocación de marginalidad, porque éramos personas que habían optado por el fracaso. Yo venía de un colegio totalmente triunfalista (Instituto Nacional, la más prestigiosa escuela pública), pero optar por la literatura era optar por la derrota. No te prometía ningún trabajo, salvo, en el mejor de los casos, hacer clase en la Universidad. Se vivía muy tristemente. Muchos éramos jóvenes conflictuados. Escuchábamos a Radiohead todo el día. Los noventa es una época en la que me interesa indagar”.

 

En Bonsái, su primera novela, toda esa ajenidad queda destilada en un texto brevísimo. “La idea era que fuera un bonsái de libro, un libro como de mentira. Hay un descreimiento respecto de la novela en la base de Bonsái”, explica. “Nuestros profesores venían del exilio, muy desencantados de todo, por lo que no eran parte de esa fiesta en la que durante esos años se supone que vivía el país. No llegaban como héroes, sino que volvían como fantasmas, descoyuntados vitalmente, equilibrando las separaciones y el escepticismo, y nosotros aprendíamos de ellos a desconfiar de todo. Ser inteligente era no creer en Dios, no creer en ningún proyecto político serio, no creer en nada. Regocijarse en el rizoma, las indeterminaciones, la posmodernidad. Y Bonsái nace por eso, contra eso. Buscando algo”. Sus personajes —“que no son exactamente personajes, aunque tal vez conviene pensarlos como personajes”, aclara el narrador de Bonsái— son tan creíbles como distantes, encerrados en su mundo de sexo y literatura, de vidas mínimas (así se llama un libro de González Vera que Zambra admira) experimentadas con la soberbia “de los que se creen mejores, más puros que el resto”. Es la historia de una pareja de estudiantes de literatura, que apenas salen al espacio público. El escenario de la trama es más su música emotiva y nostálgica que lugares concretos. El contexto es más psicológico que histórico, más interpersonal que político, aunque los que vivimos ese tiempo sabemos que trasunta realidad. “Federico Schopf decía en clase que nosotros habíamos crecido en la anestesia, que éramos incapaces de sentir el mundo. Y algo de eso había. Éramos árboles reprimidos. Queríamos despertar, pero no siempre sabíamos que estábamos durmiendo. La literatura nos despertaba, pero cuando presentíamos esa obligación de escribir sobre la dictadura, pensábamos que podíamos escribir de cualquier cosa, que nadie nos podía obligar a escribir sobre nada”.

Se decía que quienes llegaron a la juventud durante los noventa aseguraban “no estar ni ahí”. Frente al entusiasmo ideológico de las generaciones anteriores, respondían con dicha fórmula. Psicólogos y sociólogos escribieron multitud de tratados al respecto. “Nosotros, en realidad, sí estábamos ahí, pero no sabíamos con qué. La democracia era una dictadura disimulada, a veces de manera burda. El asunto comenzó a cambiar cuando tomaron preso a Pinochet en Londres, recién en 1998. Vista en retrospectiva, la cosa es muy simple y fuimos todos unos mediocres, del presidente para abajo, pero se experimentaba un ambiente todavía muy opresivo, también en la prensa, no existía entonces ni siquiera The Clinic, y los pocos intentos por hacer diarios de izquierda o menos comprometidos con la derecha terminaron en farras o fracasos. Nosotros crecimos con cierta violencia explícita, ocultada por los medios de comunicación, y con mucha violencia cotidiana casi imperceptible. Por eso, aunque suene antipático, yo creo que la función de la literatura tiene que ver con la complejidad. La literatura quiere captar la complejidad de los hechos, no simplificarlos. Mi estilo o mi deseo de estilo nace de eso: de querer narrar lo complejo, lo incierto, con las palabras y las formas más simples posibles”.

Los libros de Zambra, no es ni necesario preguntárselo, son autobiográficos. Hurguetean en él mismo. Hay una voz que los atraviesa. Cualquiera sea el conflicto —siempre finalmente íntimo— está el testimonio de un narrador encarnado. “En Formas de volver a casa pagué una deuda con mi infancia. Durante mucho tiempo pensé que mi experiencia no tenía importancia. Era el tiempo en que lo realmente significativo era que se esclarecieran los crímenes, que las víctimas de la tortura pudieran hablar; los que importaban no éramos nosotros —los hijos de la clase media del extrarradio, despolitizada— sino los hijos de las víctimas. Si entonces me hubieran dicho que escribiría una novela sobre la villa en que vivía en Maipú, no lo hubiera creído. Esa novela, más que relatar hechos, lo que quiere es hacerse cargo de la imposibilidad de relatarlos. En rigor, ahí hay experiencias, pero también está la sensación de que no valen la pena de ser narradas, porque hay asuntos que son más importantes. En el fondo tiene que ver con el duelo, cuando este se transformó en algo realmente colectivo en Chile. Esto debe haber pasado hace unos diez años. Dejó de ser un asunto solamente de las víctimas, y la mayoría de los chilenos entendieron que estas cosas le habían pasado al país. Aún quedan muchos crímenes sin resolver, todavía campea la impunidad, pero al menos los chilenos entendimos, la mayoría, que el duelo es colectivo”.

Alejandro Zambra es un tipo apacible. Tiene la curvatura física y los modales de un joven profesor de letras, admirado por sus alumnos. Hace clases de poesía chilena en la Universidad Diego Portales. Se ríe con facilidad, pero sin perder la compostura. No le interesa llamar la atención con historias extrañas ni análisis rebuscados, aunque ocasionalmente hace alardes de ingenio con chistes de la escuela inglesa.

Zambra conquistó el escenario literario discretamente. Sus primeros compañeros de andanzas fueron los poetas de su edad: Andrés Anwandter —con los versos de quien comienza su segunda novela, y a los que debe su título, “…como la vida privada de los árboles / o de los náufragos”— y Kurt Folch, entre otros. Él mismo publicó dos libros de poemas antes de intentar con la narrativa: Bahía Inútil (1998) y Mudanza (2003). Deben ser muy pocos, si acaso los hay, los escritores chilenos que no comiencen escribiendo poesía. “A todos nos gustaba Enrique Lihn”, asegura, el poeta de La musiquilla de las pobres esferas, que nunca salió “del horroroso Chile” (eso escribió el poeta), y que murió a los 58 años, de un cáncer fulminante, meses antes de que la dictadura fuera vencida en el plebiscito. Nunca escuchó el aplauso del público, pero a cambio, y en parte por lo mismo, se quedó con el cetro de poeta de los poetas.

Obras

Poesía

  • 1998 – Bahía Inútil, poesía 1996-1998, Ediciones Stratis, Santiago,
  • 2003 – Mudanza, Santiago, Quid Ediciones (reedición: Ediciones Tácitas, 2008. Santiago. Edición en España y con prólogo de Raúl Zurita: Ediciones Contrabando, Valencia, 2014)
  • 2014 – Facsímil, Santiago, Hueders. Edición en Argentina, Eterna Cadencia (2015) y en España y México en Sexto Piso (2015).

Novela

  • 2006 – Bonsái, Anagrama, Barcelona
  • 2007 – La vida privada de los árboles, Anagrama, Barcelona
  • 2011 – Formas de volver a casa, Anagrama, Barcelona

Cuento

  • 2013 – Mis documentos, Anagrama, Barcelona. Contiene 11 relatos divididos en tres secciones:
    • I: Mis documentos, Camilo, Recuerdos de un computador personal, Verdadero o falso, Larga distancia; II: Instituto Nacional, Yo fumaba muy bien; III: Gracias, El hombre más chileno del mundo; Vida de familia; Hacer memoria
  • 2016 – Fantasía, con ilustraciones de Javiera Hiault-Echeverría; edición bilingüe español-inglés; Metales Pesados, Santiago

Ensayo

Guion

 

Mis documentos

«Mi padre era un computador y mi madre una máquina de escribir», apunta Alejandro Zambra en las primeras páginas de este libro de relatos, que bien puede leerse como una novela, o como once breves novelas archivadas en la carpeta Mis documentos.

A veces parece que hablara un mismo personaje, trasunto del autor, que recuerda sus desventuras como estudiante y como profesor, o que registra su malhumorado intento de superar el tabaquismo («Qué cosa más absurda, realmente: querer vivir más. Como si fuera, por ejemplo, feliz»). Pero la ilusión de una vida propia, fomentada por la famosa carpeta de Windows, se rompe pronto: los documentos de uno son, en el fondo, los documentos de todos, parece decirnos Zambra, en especial si se habita un país que necesita indagar en el pasado.

Con el fino sentido de la ironía y la precisión que ya le conocemos, con humor y melancolía, con espíritu paródico, con aliento lírico y a veces con rabia, Alejandro Zambra traza la anodina existencia de unos hombres que se repliegan en una idea antigua de la masculinidad, o el tránsito de unos seres pendulares que apuestan sus últimas fichas al amor. La incesante búsqueda del padre, la obsolescencia de objetos y de sentimientos que parecían eternos, el desencanto de los jóvenes de la transición («La adolescencia era verdadera. La democracia no»), la impostura como única forma de arraigo, y la legitimidad del dolor, son algunos de los temas que cruzan este libro.

Mis documentos muestra a un autor que consolida y proyecta hacia lugares nuevos el personal estilo forjado en Bonsái (descrita por Junot Díaz en The New York Times como «un puñetazo en la mandíbula»), La vida privada de los árboles («Una obra sorprendentemente entera y resonante», según The Complete Review), y Formas de volver a casa, una novela sobre la cual la crítica ha sido elocuente: «Un magnífico lenguaje, a la sombra de Carver: precisión, tristeza, crueldad, ternura» (Joaquín Arnáiz, La Razón); «Una de las mejores novelas chilenas en mucho tiempo» (Tal Pinto, The Clinic); «Formas de volver a casa eleva a Zambra al lugar de los escritores vivos que simplemente debemos leer» (Clancy Martin, Bookforum); «Un talento asombroso» (Adam Thirlwell, The New York Times Book Review).

«Tanto en esta obra como en otras de Zambra, por ejemplo, Instituto Nacional, (las dos más emparentadas a la “autobiograficción”), la cultura digital de este siglo se encuentra omnipresente en los diálogos hiperarticulados, de ritmo trepidante, en alusiones y juegos de palabras. Compuesta de episodios fortuitos, de imaginaciones y fantasías, de reflexiones cuasi-filosóficas y de digresiones estéticas, y a su vez, haciendo uso del humor para extrapolar las angustias comunes de la generación de su autor, la novela combina todos estos elementos que además le imprimen suspense a la narración (…). El desarrollo de los personajes en cada historia tiene a su vez un poder acumulativo que convierte a Mis Documentos en quizás la mejor colección de cuentos cortos de los últimos veinte años» (Will. H. Corral. World Literature Today).

 


<p><a href=”https://vimeo.com/97670295″>Alejandro Zambra – Nostalgia de cosas que no he vivido (Andr&eacute;s Anwandter)</a> from <a href=”https://vimeo.com/elmardeallado”>El mar de al lado</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.