«La tierra sin hombres» de Inma Chacón

La última novela de Inma Chacón(Zafra, Badajoz, 1954) se asienta en una realidad histórica, social y humana muy concreta. Un pueblo de la costa gallega y Ferrol en el primer cuarto del siglo XX con incursiones en el XIX. ¿Por qué el título de Tierra sin hombres?Porque recurre constantemente al asunto de las esposas que se pasan años esperando el regreso de sus maridos que han partido hacia Sudamérica para hacer fortuna. Y por otra razón más importante: porque los personajes masculinos tienen en la novela relevancia muy inferior a la de las mujeres. No obstante, Chacón sabe construir una trama novelística, apropiarse de algunos modos de la novela romántica y del melodrama (por ejemplo, los momentos en que interviene la curandera) y utilizar en el momento adecuado metáforas tradicionales de probada eficacia (“vendaval en medio del océano” para significar la fuerza de una pasión amorosa).

La autora se mantiene fiel a la familia al tratar de conflictos entre hermanas. Elisa es una protagonista siempre en contradicción consigo misma, o acepta los convencionalismos, el marido que le han adjudicado, o sigue el impulso personal, la pasión sexual despertada por un extranjero; su hermana Sabela es su contrafigura, siempre en la sombra, “hermosa, inquietante, perversa”. Rodeando a los personajes relevantes, se mueve el pueblo entero que comenta, habla de lo que ve, oye o tan solo imagina, no siempre es fiable y, desde luego, nunca compasivo; suerte que el narrador, que lo sabe todo, nos dirá luego lo que sucedió o se pensó realmente y, él sí, muestra compasión. Novela escrita para que el lector se intrigue y se divierta. El propósito se cumple bastante bien.

Nació en Extremadura en una familia conservadora, “aristócrata, de derechas y del bando nacional“, según palabras de su hermana. Su padre, Antonio Chacón —que fue alcalde de Zafra durante la dictadura de Franco— tenía inquietudes literarias: escribía poemas4​ con el seudónimo Hache​ y leía poesía a su familia. Falleció cuando Inma y Dulce tenían 11 años. María Gutiérrez, la madre, partió con la niñas al año siguiente a Madrid, donde se instalaron.5

Inma dice que aprendió a leer literatura “muy pronto”: “Mi padre era poeta y mi madre ha sido una gran aficionada a la lectura, así es que desde muy jovencita ella nos elegía los libros”.

Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, es profesora de Documentación en la Universidad Rey Juan Carlos. Ha sido decana de la facultad de Comunicación y Humanidades en la Universidad Europea, fundadora y directora de la revista digital Binaria y directora del Doctorado en Comunicación, Auge Tecnológico y Renovación Sociocultural.

Es columnista de El Periódico de Extremadura desde fines de 2005 y colabora con diversos medios.

Su primera novela, La princesa india es un homenaje a su hermana, pues era una historia que ella quería escribir cuando enfermó del cáncer que terminaría con su vida en 2003. Dulce le pidió a Inma que realizara ese proyecto, y esta se decidió después de encontrar un extraño colgante que pensó que podría haber sido de la princesa.7

“La historia que Dulce quería contar no la sabe nadie. Tenía su novela en la cabeza desde hacía tiempo, pero no se la contó a nadie. Ella hubiera escrito algo muy distinto, muy desgarrador. Yo he hecho la novela que a mí me hubiera gustado leer. Escribirla ha sido la excusa para sobrevivir a mi hermana. Dulce tuvo el acierto de encargarme este libro y éste es mi homenaje. Es mi venganza sobre su muerte”, ha explicado Inma.7

En 2011 resultó finalista del Premio Planeta con su cuarta novela Tiempo de arena, y la escritora comentó entonces esperar que este galardón le diera identidad propia como autora, porque hasta el momento, según explicó, ha habido mucha tendencia a identificarla con su hermana. “Yo lo entiendo, porque ella era una persona muy querida, admirada, con mucho predicamento, con mucho carisma. La gente la adoraba y cuando yo comencé a publicar querían ver en mí la prolongación de Dulce”, dice la autora.

 

La escritora Inma Chacón presenta su nueva novela “Tierra sin hombres”, en Objetivo Bizkaia

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille

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Yaa Gyasi «vuelve a casa»…

Del Castillo de Costa del Cabo en Ghana donde se hacinaban miles de africanos antes de ser vendidos como esclavos, hasta las minas en las que tras la Guerra de Secesión en Estados Unidos los negros cumplían condenas (por delitos inventados) y mantenían en marcha la economía del sur; de las calles de Harlem a las aldeas subsaharianas; de la epidemia del crack en el Nueva York de los ochenta, al nacimiento del movimiento de independencia en la Costa del Oro; la escritora Yaa Gyasi recorre casi tres siglos de historia y miles de kilómetros en su primera novela en Volver a casa(Salamandra). Esta semana se ha alzado con el premio PEN al mejor debut de ficción.

Inmigrante de primera generación, Gyasi nació en Ghana en 1989 y emigró a EE UU con su familia a los dos años. En 2009 obtuvo una beca para viajar al país africano e investigar para un libro. Estaba a punto de cumplir 20 años y la visita que hizo a un viejo castillo determinó el rumbo de su novela. Allí le contaron que los ingleses, que controlaban el tráfico de esclavos, a menudo se casaban con lugareñas. “Vi las mazmorras y comprendí que debía contar una historia que mezclase a dos mujeres: una que estaba con un británico y vivía en la parte alta del castillo, y una que estaba en las mazmorras”, recueda Gyasi por teléfono.

Los siete años que Gyasi pasó escribiendo esta novela, de 2009 a 2016, coincidieron con la presidencia de Barack de Obama en EE UU, y la publicación de Volver a casa ha coincidido con un momento brillante para la cultura afroamericana.

La maldición que recorre la saga familiar que ha construido en Volver a casa tiene por momentos un eco lejano a Cien años de soledad. “Aprendí mucho de ese libro”, admite. “García Márquez se permite jugar, su novela es enorme, parece no tener límites”. En su libro la historia de la descendencia de las dos mujeres ghanesas, fatalmente unidsas, se estructura en torno a una docena de personajes. Cada uno protagoniza un capítulo con un telón de fondo histórico distinto, arrastrando la maldición original y empujando la novela hasta el año 2000. “Armé un árbol de familia, e incluí fechas y un acontecimiento de cada periodo, como las leyes Jim Crow de segregación o la etapa de la reconstrucción tras la Guerra”, explica. Fuera quedaron trágicos hitos como el asesinato de Martin Luther King. Una decisión plenamente consciente. “Quería que tratar la vida íntima, hablar de dos familias distintas, y no ofrecer una lección de historia de los afroamericanos”, aclara.

En Volver a casa se mueve entre Ghana y EE UU, en un vaivén que conecta dos mundos, dos culturas. “Pensaba mucho en esto de niña. Veía que mis padres tenían una relación muy distinta con EE UU de la que yo tenía. La inmigración en este país es más complicada si eres negro porque hay normas sobre la raza, hay una herencia. Vivir en un lugar que arrastra un legado de trata de esclavos define una cultura. Yo no podía realmente identificarme con aquello, resultaba complicado construirse una identidad”, recuerda.

Los siete años que pasó escribiendo su libro, de 2009 a 2016, coincidieron con la presidencia de Obama, y la publicación de Volver a casa ha llegado en un momento de brillante para los creadores afroamericanos. Ensayistas como Ta-Nehesi Coates, novelistas como Colson Whitehead, artistas como Kerry James Marshall o cineastas como Barry Jenkins han saltado a primera línea. ¿Hay un renacimiento? “Muchos artistas afroamericanos han entrado en el mainstream. El público finalmente se ha enterado de que hay artistas negros han estado creando obra excelente, pero lo venían haciendo desde hace mucho tiempo. ¿Qué ha provocado el éxito? No lo sé, quizá los negros están de moda, o por algún motivo se ha logrado llamar atención hacia un trabajo excelente”.

Ahora, en pleno auge de los creadores afroamericanos ha llegado a la Casa Blanca Trump. ¿Están ellos mejor preparados ellos para afrontar este gobierno? “Los negros en EE UU están siempre alerta, conocen el profundo racismo. Nada te sorprende en ese plano. La idea de que el país es excepcional, no es algo que te creas, de hecho creces pensando en la lucha contra las limitaciones que te son impuestas”, opina Gyasi. “Tras las elecciones alguna gente blanca está en shock, no pueden que su país sea así. Pero muchos afroamericanos son perfectamente conscientes de que sí, así es. Sabes que aquí el sueño y la pesadilla pueden ser ciertos”.

El premiado debut literario de esta alumna del prestigioso taller de escritores de Iowa, vino precedido de una millonaria puja entre casas editoriales y fue saludado con muy buenas críticas. Yaa Gyasi también fue seleccionada como uno de los cinco autores menores de 35 por el National Book Award y recibió el premio de la crítica. “Las pujas tan altas crean una situación peculiar que puede funcionar en tu contra. Llama mucha la atención, pero esto puede ser negativo. Yo estoy agradecida”, apunta.

Volver a casa – Entrevista a Yaa Gyasi

 

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Personajes al borde la «locura»: Liliana Colanzi.

“Todas mis historias tienen que ver con obsesiones, paranoias, juegos con la mente. ¿Qué pasa cuando la razón estalla? Ésa es la pregunta que me interesó explorar a través de la escritura”, dice la autora de Nuestro mundo muerto en esta entrevista con Ivana Romero.

Ph Lourdes Plata

Ph Lourdes Plata

Por Ivana Romero.

“Este es el tronco de todas las historias, habla de nuestro mundo muerto”, dice una canción de los indígenas ayoreos. Liliana Colanzi explica que eligió ese epígrafe para su nuevo libro después de leer la historia de un hombre perteneciente a esta etnia boliviana, originalmente nómade y habitante de los montes. Al ser corridos hacia las ciudades, los ayoreos se vieron privados de su vida y su cultura. Luego de estar en silencio, uno de los indígenas logró explicar lo que sentía a través del canto, recogido por el antropólogo Lucas Bessire. “Me pareció muy poderosa la historia y lo que este ayoreo canta”, afirma Colanzi.

El cuento que da título al volumen, de hecho, sucede en Marte y trae un acápite de Ray Bradbury, aunque Colanzi explica que no quiso releer Crónicas marcianas para evitar la influencia: “Creo que Marte es la siguiente gran aventura de los humanos”, dice, “y para escribir el cuento quise tener un marte propio, uno mío. A pesar de que leí a Bradbury en el colegio y en la universidad, y es un autor que me gusta muchísimo, esta vez preferí no acercarme para tener la libertad de crear mi propio Marte”.

En el cuento, una mujer que está en una misión en el planeta rojo y sabe que ya no podrá regresar, vive la tragedia de comprender que el amor de su vida quedó en la Tierra. “El punto de partida fue el Mars 1”, sigue Colanzi, “el proyecto privado que pretende mandar a la primera colonia humana a Marte. Me llamó la atención que entre los seleccionados quedó una boliviana y que en la entrevista que le hacían hablaba de la posibilidad de ya no volver a la Tierra con un estoicismo muy propio de la juventud. Realmente no creo que sepa a lo que se está enfrentando”.

Parado en el medio de la vida

Los cuentos de Colanzi transmiten la sensación de estar ante un borde, que puede ser tanto el del universo conocido como el que marca el límite entre realidad y fantasía. La ciencia ficción, Marte y los meteoritos se entrecruzan así con el sermón de una chola que anuncia el Juicio Final luego de visitar el Cielo y el infierno, la presencia de un indígena guaraní que tiene la capacidad de interpretar la historia y anticipar el futuro, o una ola de adolescentes suicidas. El libro tiene un espíritu de frontera: “Creo que todos vivimos en ese borde de lo que es la vida y la muerte”, dice Colanzi. “Es el hecho más misterioso que se puede pensar: en un momento estás y al siguiente no. Y que eso mismo suceda con el resto de las personas que conocemos y amamos, es terriblemente cruel, terriblemente misterioso y, a la vez, muy atrayente”.

La frontera de los cuentos de Nuestro mundo muerto, sin embargo, no es la que determina el paso entre vida y muerte sino que es aquella que trata de comprender cuál es el límite de aquello que entendemos por humano. Un interés que no sólo ocupa la ficción de Liliana Colanzi, sino que también aparece en su tarea como investigadora. En su tesis doctoral, trabajó con textos de Sara Gallardo, Mario Bellatin y Jorge Barón Biza —entre otros— para demostrar que las categorías entre humano, animal y máquina son construcciones de lenguaje:

“Que seamos humanos”, dice, “no es una esencia que tenemos sino un procedimiento lingüístico. En la tesis quería ver cómo se negocia la idea de lo humano y cómo lo no humano puede ser una puerta hacia otras maneras de concebir el deseo y la sexualidad, otra forma de cuestionar al ser humano como ser racional. El cuerpo y todo lo que tiene que ver con el cuerpo es altamente político. Todas las narrativas que tienen que ver con algo que se aleja de lo humano son narrativas sobre el cuerpo: la del animal, la del monstruo y la del ciborg tienen que ver con seres que, por ser menos humanos, son más cuerpo”.

La escritora está de paso por Buenos Aires mientras Eterna Cadencia acaba de editar Nuestro mundo muerto, un volumen que reúne nueve relatos. Escritos en su mayoría en primera persona, estos textos dan espacio a voces diversas, desde un hombre que dice estar poseído por un indio mataco hasta una chica enamorada obsesivamente de una dealer a la que sigue desde Bolivia a París. El rasgo común es que todas están atravesadas por la extrañeza. En ellas pervive una vida ancestral en los montes junto al cosmopolitismo vertiginoso de los grandes centros urbanos.

Nacida en Santa Cruz, Bolivia, en 1981, Colanzi terminó en diciembre su doctorado en literatura comparada en la universidad de Cornell, en Estados Unidos, con una tesis sobre cyborgs, monstruos y animales en la literatura latinoamericana desde los años sesenta hasta acá. En agosto volverá a esa universidad para sumarse al equipo docente.

Liliana Colanzi presenta “Nuestro mundo muerto”

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

«La sange helada» de Ian McGuire

Seleccionada para el “Man Booker Prize”, uno de los premios literarios más prestigiosos del mundo (mejor novela original escrita en lengua inglesa) que además de la dotación económica, prácticamente te asegura que será traducida a más de 15 idiomas, “La sangre helada” es una intensa novela, sutil, cruda, oscura, cruel, que pone en evidencia la condición primitiva y brutal del ser humano.   Un relato sobre la vida a bordo de un ballenero que, su autor, termina convirtiendo en una odisea en la que se mezcla a la perfección, el género de aventuras más divertido con la novela negra más feroz.

Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito». Ernest Shackleton, británico de nacimiento, publicó este anuncio en prensa en 1914.  En él, solicitaba voluntarios para lo que, de aquellas, se consideró “la última gran travesía terrestre pendiente” y que a la postre sería denominada como “Expedición Imperial Transantártica”. Evidentemente, nadie en su sano juicio o en posesión de todas sus facultades mentales, se tomaría este anuncio como una de las 10 mejores ideas jamás concebida, sin embargo, y como las reglas están para romperlas, fueron más de 5.000 los descerebrados aventureros que respondieron a este pasaje a las mismisimas puertas del infierno. Finalmente, y tras un proceso de selección cuando menos delirante y excéntrico llevado a cabo por el propio Shackleton, lograron billete a la Antártida unicamente 56 hombres, la mayoría de los cuales, lograron sobrevivir y volver a casa.

102 años después, otro británico, el escritor Ian Maguire, quizá inspirado, por lo que resultó la mayor proeza de la exploración polar jamás conocida, pero también una de las más dramáticas (la expedición de Shackleton quedó atrapada y aislada durante 2 años en las gélidas aguas polares) vuelve a llamar a filas, a través de su novela, “La sangre helada” (Roca editorial), a todo aquél ávido de sensaciones únicas y vivencias extremas, para realizar otra loca y peligrosa travesía en dirección al Círculo Polar Ártico, a bordo de un barco ballenero, el Volunteer, para llenar sus bodegas de ese combustible destilado y refinado a base de grasa y baba de ballena, para calentar y dotar de luz a los hogares del siglo XIX.  Solo que esta vez, la aventura no traspasará los límites de la carne y podremos sobrevivir a ella, desde nuestro cómodo sillón.

Es una novela muy feroz en la que comparo y exploro diferentes tipos de violencia: la industrial, la homicida, y la del Imperio Británico.

«Solo cuentan los actos; solo cuentan los hechos. El resto… es humo y niebla».  Y los hechos nos enmarcan en un mes de abril de 1859. El acaudalado Sr.Baxter, dueño, entre otros barcos, del ballenero Volunteer, ha contratado al Capitán Brownlee, para comandar una expedición de caza de ballenas que le reporte grandes beneficios.  La elección de dicho capitán no está exenta de polémica, ya que pese a sus 25 años de experiencia en el oficio, no es menos cierto que pesa sobre él una leyenda negra de icebergs inoportunos, naufragios, cargas perdidas y casi una veintena de muertos.

Ballenero La Sangre heladaPara tamaña expedición, Brownlee ha seleccionado a las mejores “perlas” que uno puede encontrar en las tabernas del puerto de Hull (Yorkshire, Inglaterra, curiosamente muy cerca de donde creció el autor) y entre los que destacan los arponeros, Jones “el Ballena” -un misterioso Galés- y Otto, el gigante teutón filósofo; el Sr. Black como 2º oficial; el Sr. Cavendish como inútil mano derecha del capitán, el médico irlandés y anclado a su pasado, Patrick Sumner, y el pendenciero, borracho y falto de conciencia, Henry Drax, un arponero sin igual, cuya fama le otorga un pasaje en primera clase a bordo del Volunteer… y así, hasta un total de 40 tripulantes entre los cuales se esconde un brutal y sanguinario asesino.  Un despiadado pasajero, para el que el acto de matar está tan arraigado a él, es una necesidad tan vital, como el hecho de respirar. Un furioso e impío ingeniero del mal, para el que la muerte es una especie de creación, una construcción.

«Busquemos ballenas en las frías aguas del norte». Sin embargo, hay algo que no encaja en este viaje: la grasa de ballena ha dejado de ser le pepita de oro, y vivió tiempos mejores. Las casas ahora se calientan e iluminan con petróleo y gas de hulla, así pues, ¿Qué interés puede tener el Sr.Baxter, para el que lo único que hay en la vida es el dinero, en sufragar los altos costes de una expedición como esta?

Esa, además de cómo demonios se sujeta un arpón, es una de las cuestiones que lo rondan la cabeza a Patrick Sumner, cirujano del ejército y absoluto desconocedor de la caza de ballenas y los usos y costumbres de la vida en la mar. Sobrevivió al asedio de Delhi, de donde se trajo una cojera de por vida  y un sentimiento de culpa del que pretende desprenderse durante la travesía. Sumner creyó haber visto y conocido lo peor del hombre en la India, pero lo que descubría a bordo, es que tan solo ha raspado la superficie, porque la otra cuestión que le atormenta, es quién está convirtiendo su plan de huída del calor, la barbarie de la guerra, y del hedor nauseabundo de la sangre, en una interminable travesía de frío, agua y muerte; en un paisaje de sal, sangre y hielo.  Sumner soñaba con una vida en libertad y encontró una pesadilla en el invierno ártico.

Escritor lento pero persistente, McGuire reconoce que sus influencias van más por el lado norteamericano, cuya ficción considera más “audaz” y se esmera, como buen profesor, en responder a cada pregunta de esta entrevista en la distancia con el máximo detalle.

“Aunque a veces no lo parezca, escribir y ser crítico pueden ser actividades complementarias. Algo que he aprendido con el reciente éxito de La sangre helada es que tienes que convertirte en el crítico de tu propio libro. Sorprendentemente, escribir una novela no te da la capacidad para responder sobre ella. Una vez que la terminas tienes que dar un paso atrás y pensar como un lector y encontrar caminos para explicar por qué hiciste lo que hiciste”, asegura cuando se le pregunta por el éxito, por la plácida de vida de crítico antes someterse al juicio de sus compañeros.

No creo que los principales personajes de una novela tengan que ser moralmente admirables o simpáticos

La sangre helada no es una novela de género, o no al menos de un género. McGuire transforma el relato de la vida en el interior del ballenero en una epopeya y mezcla con acierto el género negro en su versión menos convencional y más salvaje y el de aventuras. Así lo explica: “Mi objetivo era crear una novela con personajes complejos, temas interesantes y que estuviera bien escrita, todas ellas cualidades que asociamos con la ficción literaria. Pero también con un guión realmente atractivo, más como un thriller. Y no entiendo por qué una buena novela no puede ser sutil y sofisticada y al mismo tiempo divertida de leer. Un buen guion es algo placentero para el lector y creo que una de las cosas que tiene que hacer una novela es ser un placer”.

La obra tiene momentos de una enorme violencia, nada accesoria, pero violencia al fin y al cabo. McGuire no esconde sus intenciones: “Sí, La sangre helada es un libro muy violento y eso es algo que se puede ver desde el primer capítulo. La industria ballenera en el siglo XIX era violenta y sangrienta, así que parte de la violencia del libro viene simplemente de la visión realista de lo que ocurría en un viaje de este tipo. Pero también quería usar la novela para comparar y explorar diferentes tipos de violencia: la industrial, la homicida de Drax y también, en el flashback de Nueva Deli, la violencia del Imperio Británico. Poniendo todo esto junto tenía la esperanza de que se suscitase la pregunta de por qué unos tipos de violencia se justifican y celebran mientras que otros son considerados como aborrecibles” explica.

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

«Prosa y versos» de Mónica Ojeda.

˝Nefando˝, lo abominable, lo infame, lo perverso. ¿Es posible escribirlo? Mónica Ojeda se dedicó a ello durante tres meses y el resultado es una novela que conmociona

La escritora y profesora de literatura Mónica Ojeda, autora de La desfiguración Silva(Premio Alba de Narrativa 2014) y de El ciclo de las piedras (Premio Nacional de Poesía Desembarco 2015), trae una propuesta atípica en la narrativa ecuatoriana. Su segunda novela —Nefando, publicada en España por Candaya— es un artefacto que tiene la fuerza de un río desgarrador que conduce al lector a lo más primitivo y desolador que puede ejecutar un humano: la violencia. Abre las puertas para habitar con agallas el origen del dolor a través de un videojuego perverso creado para la deep web. Nefando marca su objetivo desde el inicio: previene al lector que va a vislumbrar lo perturbador, lo que no se quiere ver porque resulta extremadamente doloroso, lo aterra, le permite palpar la violencia, la muerte que se dibuja lenta y silenciosamente. Su efecto inmediato es que el lector se cubra de impotencia, se le estruje la sensibilidad y quiera leer saltándose ciertas partes.
La infancia se define como una prueba de resistencia. Vemos a través de los protagonistas cómo fueron víctimas de sus padres —las primeras relaciones humanas— pero sobreviven en el presente. Coloca sobre la mesa las posibilidades de la perversión como un acto de albedrío individual que nace de la violencia y la multiplica. Se plantea mostrar que la crueldad extrema existe y forma parte de lo más insondable de la humanidad.

Nefando, Viaje a las entrañas de una habitación, fue un videojuego en línea poco conocido y pronto eliminado de la red a causa de su polémico contenido sensible. Las experiencias de sus jugadores son, ahora, el centro de los debates gamers en los foros más profundos de la deep web, pero sus usuarios no parecen ponerse de acuerdo: ¿era un juego de horror para frikis, una puesta en escena inmoral o un ejercicio poético? ¿Son tan hondas y retorcidas como parecen las entrañas de esa habitación?

Seis jóvenes comparten un piso en Barcelona y sus habitaciones vibran como colmenas. En cada una de ellas se cuecen actividades tan inquietantes y turbias como la escritura de una novela pornográfica, el deseo frustrado de autocastración o el desarrollo de diseños para la demoscene,subcultura informática artística. Sus espacios privados son arquitecturas blancas donde se explora el territorio de los cuerpos, de la mente y de la infancia. Mirillas hacia lo abyecto y hacia el decir, que los conecta al proceso de creación de un videojuego de culto.


Mónica Ojeda (Guayaquil, Ecuador, 1988). Master en Creación Literaria y  en Teoría y Crítica de la Cultura, da clases de Literatura en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Actualmente se encuentra cursando un Doctorado en Humanidades con una investigación sobre literatura pornoerótica latinoamericana.

BNC Programa 11 – Perfil sobre la docente Mónica Ojeda

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Gabriela Llanos y su mundo de telenovela.

Su vida es de novela. Ella no lo sabe, por supuesto, porque se jura autora de libros e ignora, como todos los protagonistas de las mejores historias, que su propio destino es digno de escribirse. Se llama Gabriela Llanos, viene de una familia de artistas, es argentina y española a la vez, y se jura nada más que una autora y una periodista radial y de TV. Pero además de haber presentado en la Filbo su libro Viejo caserón de San Telmo, vale la pena primero conocer quién es ella.

Nació en Córdoba, Argentina. Vivió ocho años allí y luego migró a España, pero su infancia estuvo impregnada del espíritu de su padre, Percy Llanos, un periodista muy importante de la radio de Córdoba que dirigió el programa de radio El discotecario de la noche, el cual marcó una generación gracias a su programación musical mezclada con poesía y literatura. Del otro lado estaba su madre, una española de Andalucía, que fue actriz y se dedicó a hacer teatro junto con su tío Carlos Giménez, quien montó el grupo El Juglar y luego fundó en Venezuela la compañía Rajatabla, que además hizo historia en el vecino país y en las tablas de Latinoamérica.

En pocas palabras, el arte la rodeaba y ella la respiraba en cada bocanada de su recién inventada vida. Por eso se mueve como pez en el agua entre las culturas gaucha e ibérica. Por eso estudió Ciencias de la información en la universidad Complutense de España e hizo maestrías en radio y en televisión, porque la radio estuvo presente desde sus primeros años y la comunicación y la presentación eran inherentes a su ser.

Por eso, también, acompañó como road manager a decenas de artistas célebres cuando en España sus padres fundaron una empresa de producción de espectáculos y contrataron giras de artistas como Marcel Marceau, Facundo Cabral, Mercedes Sosa, Sara Baras, Antonio Canales o el Teatro Negro de Praga. Por ello viajó mucho, conoció países como Colombia, compartió con artistas toda su vida y acompañó a fenómenos como Soda Estéreo. “El arte era parte de mi vida. Me educaron la sensibilidad hacia el arte, la música y la literatura desde pequeña y eso determinó lo que sería”.

Por eso, por supuesto, escribe.

Por supuesto, ha trabajado en prensa, radio y televisión como TVE, Radio Nacional de España, Telemadrid, Cadena Ser y La W, con Julio Sánchez, donde creció como reportera, aprendió a improvisar y cubrió un Mundial de fútbol. “Me gusta muchísimo la radio; la llevo en los genes por ser el medio más cercano a la gente”, agrega. Su programa Treinta… y tanto, fue su experiencia más feliz porque “destripaba la actualidad con un punto de vista femenino y mucho humor”. Allí aprendió algo que aplicó luego en la literatura: “Pasármelo bien para que los demás se sientan igual. Igual que la escritura. Si no te gusta lo que escribes, no va a funcionar nunca”.

Ahora vive Puerto Plata, República Dominicana, dicta clases de escritura creativa y acaba de presentar su libro Facundo Cabral, crónica de sus últimos días, que narra cómo a su padre le tocó acompañar al artista argentino en su muerte fatal en Guatemala cuando fue asesinado. “Mi madre había fallecido dos meses antes y mi padre decidió hacer una gira con Facundo y volver a trabajar para pensar en otro tema. Mi padre vio cómo se fueron rompiendo todos los vidrios del coche y cómo la descarga alcanzó a Henry Fariñas y una bala perdida a Facundo. La terapia familiar para sanarnos fue este libro”.

El arte no abandona a esta mujer cuya vida es una novela en sí, llena de bemoles y siempre en movimiento. Justamente con su última novela, Viejo caserón de San Telmo, publicada por la editorial Cangrejo, vino a Colombia a promocionar su nuevo trabajo.

“El Viejo caserón de San Telmo es una historia que trascurre entre Madrid y Buenos Aires. No tenía el tema, ni la idea, ni la trama. De un momento a otro, todo llegó. Comencé con la frase Aldo Canessa se cebó dos mates… y empecé a narrar a este personaje entrañable que ve la vida desde la barrera y sabe que nunca será protagonista”. Su historia es la de un amor frustrado entre un idealistas y una artista de teatro, basada en su madre, y cómo sus hijas, muchos años después, vuelven a Buenos Aires desde España para reencontrarse con la historia familiar oculta.

“Un médico me dijo que los siete primeros años de la vida determinan tu nivel de calcio. Eso pasa también con la vida emocional. Y esos primeros años míos pasaron en Argentina. Ahí se marcó mi mapa emocional, la música, el carácter y mi sentido del humor”. Por eso, Gabriela se mueve entre ambas culturas y acentos, y refleja ambos estilos de vida con fluidez en esa novela corta que es, en realidad, una historia de amor intensa que fue y dejó de ser, que va creciendo hasta cambiar a todos sus protagonistas, años después.

Siempre me han interesado los momentos importantes que no puedes percibir mientras están ocurriendo y que te cambian la vida luego. A mí, la historia de Emiliano Duarte me parece fascinante porque era un idealista que nunca participó de la lucha armada ni usó una pistola. Su arma era el teatro, y Eva Olivares lo acompañaba en eso que parecía un juego y que les cambia la vida. Si tuviese que definir la novela, sería que es una historia de amor enorme que hizo que ambos protagonistas cambiaran su vida para proteger al otro. En Viejo caserón de San Telmo, el amor es tan importante que prefieres cambiar tu vida para salvaguardar al otro”.  Esta historia de amor, reconciliación, familia y segundas oportunidades con esta mujer cuya historia merece ser contada, será una de las novedades de la FIlbo en sus 30 años.

 

Fuente: El Espectador/Cultura/ Mayo/2017.

Charles Portis, sale de las sombras del olvido…

La petición de entrevista carece de respuesta. Es el particular silencio administrativo que Charles Portis aplica a la prensa en general.

El éxito de los hermanos Coen ha vuelto a poner de actualidad a uno más de esos escritores estadounidenses de culto a los que se califica de esquivos. Raros.

 Charles Portis, autor de la novela Valor de ley , no goza de la condición pynchoniana de oculto radical. Pero forma parte del colectivo de escritores elusivos a los que el éxito no les enloquece y evitan el público. Salinger, Thomas Pynchon, Harper Lee, Cormac McCarthy, Don DeLillo.

El mito Portis incorpora la variante de que hizo de monaguillo antes de ser monje. Durante años ejerció de periodista. “Esa es una visión acertada”, responde Mark Smirnoff, fundador y editor de la revista Oxford Americanal plantearle que este narrador conoce bien la voracidad de los medios.

“Ahí puede estar la explicación. A él le gustaba el reporterismo porque no estaba en el centro de atención, sólo observaba”, añade Smirnoff, uno de los afortunados que comparte cervezas con Portis en Little Rock (Arkansas).

A finales de los años 50 incluso dejó su ciudad para instalarse en la Gran Manzana. Trabajó en el The New York Herald Tribune, donde coincidió con Tom Wolfe. “Tom y Lewis Lapham eran nuestros mejores escritores. Los buenos escritores no siempre son buenos reporteros. Ellos sí”.

Así se expresa en una charla con Roy Reed, un ex colega de la Gazzette, el diario local que le proporcionó el billete para Manhattan. Esta conversación, de mayo del 2001, aparece recogida en la “web no oficial” del autor.

Como redactor del Herald entrevistó a Malcolm X. Le requirió por la razón de suprimir su apellido y conservar el nada africano nombre de Malcolm. Le respondió que los esclavistas impusieron un apellido a su madre, mientras que el Malcolm lo eligió ella.

Otro de sus hitos fue el encuentro con Salinger, según la versión del profesor William Vesterman, de la Universidad de Rutgers. Aprovechó que viajaba en el mismo avión para formularle unas cuantas preguntas al que se ha convertido en el padre de los escritores esquivos. La muerte de Salinger en febrero del 2010 desveló que el autor de El guardián en el centeno no era un eremita que había renunciado a la sociedad. Sólo se limitó a rechazar la gloria mediática. Sin embargo, en Cornish (Nuevo Hampshire), se relacionaba con sus vecinos, quienes conocían su identidad.

Charles Portis, de 76 años, se mueve por esta misma senda. “Evita las entrevistas –subraya Smirnoff–, lo que no significa que no hable con periodistas, aunque raramente o nunca lo hace para que se publique nada. Él es tímido, pero muy amigable”.

En abril del 2010 aceptó recoger el premio que le concedió la revista Oxford American (ver fotografía en esta página) como reconocimiento a su carrera literaria. Valor de ley (True grit) salió a la luz por entregas en el The Saturday Evening Post en 1968.

La escritora Donna Tart sostiene que Mattie es un personaje comparable al Huckleberry Finn de Mark Twain. Smirnoff comparte esa opinión. “Portis es tan divertido como Twain y parecido en su estilo claro y llano. Haymuchos momentos en que pienso que Valor de ley es tan enorme como las aventuras de Huck”.

El relato cayó en el olvido. Hasta que que, en la década de los noventa, el editor Peter Meyer, de Overlook Press, leyó un artículo en que se afirmaba que Portis era uno de los grandes de la literatura de Estados Unidos. True Grit vendió 45.000 copias entre el 2002 y el 2009. Las ventas se han disparado a partir del estreno de la traslación de los Coen.

 

Además de esta novela doblemente cinematográfica –John Wayne protagonizó la versión de Henry Hathaway de 1969–, Portis publicó otros cuatro relatos. Dicen que ahora llevan quince años trabajando en otra historia.

El caso es que, en abril del 2010, aceptó recoger el premio. Acudió trajeado, pero desapareció a media cena. Se marchó a su casa, sin esperar a recibir el galardón. Se puso a ver baloncesto.

Smirnoff, el anfitrión, lo confirma. “Que Portis se fue es cierto. Pensó que ya había hecho todo lo necesario. Cuando regresó, porque le llamó un amigo, ya iba vestido más deportivo. A mí me gusta porque es muy auténtico y no se da aires de superioridad”.

A Portis no le gusta hablar de literatura ni de su obra. “Es lo mismo que se decía de Faulkner”, indica el amigo. “Supongo que ellos ponen mucho cuando están escribiendo y cuando acaban aprecian el silencio”.

Pero no rechaza tomar una Budweiser y conversar. “Es muy divertido –asegura Smirnoff–, un hombre humilde. Sus ojos a veces me ponen nervioso porque, para mí, dicen muchas cosas”.

 Los expertos consideran que, al revés de otras novelas cargadas de humor, el truco de las de Charles Portis es que pretenden ser serias. Sin embargo, están llenas de acontecimientos raros y personajes que todavía lo son más.

Valor de ley.
De la novela que tanto los Coen como antes Hathaway han seguido al pie de la letra, aunque el relato literario es más rico y profundo, ya se sabe que es una historia del oeste. Mattie Ross, una niña de 14 años, sale en busca de justicia para el asesino de su padre. Se asocia a un marshall tuerto, de gatillo fácil y borrachín.

Norwood.
Es su primer relato (1966) y también tuvo versión cinematográfica en 1970, con Glen Campbell de protagonista. Norwoo Pratt viaja desde Texas a Nueva York para cobrar una deuda de 70 dólares y así poder comprometerse con la chica que conoció en un autobús.

The dog of south.
La publicó en 1979 y es la favorita entre sus admiradores. Es una road movie en la que Ray Midge conduce hasta México, desde Little Rock (Arkansas), en búsqueda de su mujer, que ha huido con su primer marido y el Ford Torino de Ray. En verdad, lo que quiere es recuperar su Ford Torino.

Master of Atlantis.
Relato de 1985 en el que dos personajes crean la Gnomon Society, una organización esotérica cuyo objetivo último es dar con la ciudad perdida de la Atlántida.

Gringos.
De 1991, cuenta la historia de un expatriado estadounidense en México que hace amistad con unos locos por los OVNIS y arqueólogos en busca de una ciudad maya desaparecida.

Compilación realizada por Lorena Lacaille.