«La sange helada» de Ian McGuire

Seleccionada para el “Man Booker Prize”, uno de los premios literarios más prestigiosos del mundo (mejor novela original escrita en lengua inglesa) que además de la dotación económica, prácticamente te asegura que será traducida a más de 15 idiomas, “La sangre helada” es una intensa novela, sutil, cruda, oscura, cruel, que pone en evidencia la condición primitiva y brutal del ser humano.   Un relato sobre la vida a bordo de un ballenero que, su autor, termina convirtiendo en una odisea en la que se mezcla a la perfección, el género de aventuras más divertido con la novela negra más feroz.

Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito». Ernest Shackleton, británico de nacimiento, publicó este anuncio en prensa en 1914.  En él, solicitaba voluntarios para lo que, de aquellas, se consideró “la última gran travesía terrestre pendiente” y que a la postre sería denominada como “Expedición Imperial Transantártica”. Evidentemente, nadie en su sano juicio o en posesión de todas sus facultades mentales, se tomaría este anuncio como una de las 10 mejores ideas jamás concebida, sin embargo, y como las reglas están para romperlas, fueron más de 5.000 los descerebrados aventureros que respondieron a este pasaje a las mismisimas puertas del infierno. Finalmente, y tras un proceso de selección cuando menos delirante y excéntrico llevado a cabo por el propio Shackleton, lograron billete a la Antártida unicamente 56 hombres, la mayoría de los cuales, lograron sobrevivir y volver a casa.

102 años después, otro británico, el escritor Ian Maguire, quizá inspirado, por lo que resultó la mayor proeza de la exploración polar jamás conocida, pero también una de las más dramáticas (la expedición de Shackleton quedó atrapada y aislada durante 2 años en las gélidas aguas polares) vuelve a llamar a filas, a través de su novela, “La sangre helada” (Roca editorial), a todo aquél ávido de sensaciones únicas y vivencias extremas, para realizar otra loca y peligrosa travesía en dirección al Círculo Polar Ártico, a bordo de un barco ballenero, el Volunteer, para llenar sus bodegas de ese combustible destilado y refinado a base de grasa y baba de ballena, para calentar y dotar de luz a los hogares del siglo XIX.  Solo que esta vez, la aventura no traspasará los límites de la carne y podremos sobrevivir a ella, desde nuestro cómodo sillón.

Es una novela muy feroz en la que comparo y exploro diferentes tipos de violencia: la industrial, la homicida, y la del Imperio Británico.

«Solo cuentan los actos; solo cuentan los hechos. El resto… es humo y niebla».  Y los hechos nos enmarcan en un mes de abril de 1859. El acaudalado Sr.Baxter, dueño, entre otros barcos, del ballenero Volunteer, ha contratado al Capitán Brownlee, para comandar una expedición de caza de ballenas que le reporte grandes beneficios.  La elección de dicho capitán no está exenta de polémica, ya que pese a sus 25 años de experiencia en el oficio, no es menos cierto que pesa sobre él una leyenda negra de icebergs inoportunos, naufragios, cargas perdidas y casi una veintena de muertos.

Ballenero La Sangre heladaPara tamaña expedición, Brownlee ha seleccionado a las mejores “perlas” que uno puede encontrar en las tabernas del puerto de Hull (Yorkshire, Inglaterra, curiosamente muy cerca de donde creció el autor) y entre los que destacan los arponeros, Jones “el Ballena” -un misterioso Galés- y Otto, el gigante teutón filósofo; el Sr. Black como 2º oficial; el Sr. Cavendish como inútil mano derecha del capitán, el médico irlandés y anclado a su pasado, Patrick Sumner, y el pendenciero, borracho y falto de conciencia, Henry Drax, un arponero sin igual, cuya fama le otorga un pasaje en primera clase a bordo del Volunteer… y así, hasta un total de 40 tripulantes entre los cuales se esconde un brutal y sanguinario asesino.  Un despiadado pasajero, para el que el acto de matar está tan arraigado a él, es una necesidad tan vital, como el hecho de respirar. Un furioso e impío ingeniero del mal, para el que la muerte es una especie de creación, una construcción.

«Busquemos ballenas en las frías aguas del norte». Sin embargo, hay algo que no encaja en este viaje: la grasa de ballena ha dejado de ser le pepita de oro, y vivió tiempos mejores. Las casas ahora se calientan e iluminan con petróleo y gas de hulla, así pues, ¿Qué interés puede tener el Sr.Baxter, para el que lo único que hay en la vida es el dinero, en sufragar los altos costes de una expedición como esta?

Esa, además de cómo demonios se sujeta un arpón, es una de las cuestiones que lo rondan la cabeza a Patrick Sumner, cirujano del ejército y absoluto desconocedor de la caza de ballenas y los usos y costumbres de la vida en la mar. Sobrevivió al asedio de Delhi, de donde se trajo una cojera de por vida  y un sentimiento de culpa del que pretende desprenderse durante la travesía. Sumner creyó haber visto y conocido lo peor del hombre en la India, pero lo que descubría a bordo, es que tan solo ha raspado la superficie, porque la otra cuestión que le atormenta, es quién está convirtiendo su plan de huída del calor, la barbarie de la guerra, y del hedor nauseabundo de la sangre, en una interminable travesía de frío, agua y muerte; en un paisaje de sal, sangre y hielo.  Sumner soñaba con una vida en libertad y encontró una pesadilla en el invierno ártico.

Escritor lento pero persistente, McGuire reconoce que sus influencias van más por el lado norteamericano, cuya ficción considera más “audaz” y se esmera, como buen profesor, en responder a cada pregunta de esta entrevista en la distancia con el máximo detalle.

“Aunque a veces no lo parezca, escribir y ser crítico pueden ser actividades complementarias. Algo que he aprendido con el reciente éxito de La sangre helada es que tienes que convertirte en el crítico de tu propio libro. Sorprendentemente, escribir una novela no te da la capacidad para responder sobre ella. Una vez que la terminas tienes que dar un paso atrás y pensar como un lector y encontrar caminos para explicar por qué hiciste lo que hiciste”, asegura cuando se le pregunta por el éxito, por la plácida de vida de crítico antes someterse al juicio de sus compañeros.

No creo que los principales personajes de una novela tengan que ser moralmente admirables o simpáticos

La sangre helada no es una novela de género, o no al menos de un género. McGuire transforma el relato de la vida en el interior del ballenero en una epopeya y mezcla con acierto el género negro en su versión menos convencional y más salvaje y el de aventuras. Así lo explica: “Mi objetivo era crear una novela con personajes complejos, temas interesantes y que estuviera bien escrita, todas ellas cualidades que asociamos con la ficción literaria. Pero también con un guión realmente atractivo, más como un thriller. Y no entiendo por qué una buena novela no puede ser sutil y sofisticada y al mismo tiempo divertida de leer. Un buen guion es algo placentero para el lector y creo que una de las cosas que tiene que hacer una novela es ser un placer”.

La obra tiene momentos de una enorme violencia, nada accesoria, pero violencia al fin y al cabo. McGuire no esconde sus intenciones: “Sí, La sangre helada es un libro muy violento y eso es algo que se puede ver desde el primer capítulo. La industria ballenera en el siglo XIX era violenta y sangrienta, así que parte de la violencia del libro viene simplemente de la visión realista de lo que ocurría en un viaje de este tipo. Pero también quería usar la novela para comparar y explorar diferentes tipos de violencia: la industrial, la homicida de Drax y también, en el flashback de Nueva Deli, la violencia del Imperio Británico. Poniendo todo esto junto tenía la esperanza de que se suscitase la pregunta de por qué unos tipos de violencia se justifican y celebran mientras que otros son considerados como aborrecibles” explica.

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

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«Prosa y versos» de Mónica Ojeda.

˝Nefando˝, lo abominable, lo infame, lo perverso. ¿Es posible escribirlo? Mónica Ojeda se dedicó a ello durante tres meses y el resultado es una novela que conmociona

La escritora y profesora de literatura Mónica Ojeda, autora de La desfiguración Silva(Premio Alba de Narrativa 2014) y de El ciclo de las piedras (Premio Nacional de Poesía Desembarco 2015), trae una propuesta atípica en la narrativa ecuatoriana. Su segunda novela —Nefando, publicada en España por Candaya— es un artefacto que tiene la fuerza de un río desgarrador que conduce al lector a lo más primitivo y desolador que puede ejecutar un humano: la violencia. Abre las puertas para habitar con agallas el origen del dolor a través de un videojuego perverso creado para la deep web. Nefando marca su objetivo desde el inicio: previene al lector que va a vislumbrar lo perturbador, lo que no se quiere ver porque resulta extremadamente doloroso, lo aterra, le permite palpar la violencia, la muerte que se dibuja lenta y silenciosamente. Su efecto inmediato es que el lector se cubra de impotencia, se le estruje la sensibilidad y quiera leer saltándose ciertas partes.
La infancia se define como una prueba de resistencia. Vemos a través de los protagonistas cómo fueron víctimas de sus padres —las primeras relaciones humanas— pero sobreviven en el presente. Coloca sobre la mesa las posibilidades de la perversión como un acto de albedrío individual que nace de la violencia y la multiplica. Se plantea mostrar que la crueldad extrema existe y forma parte de lo más insondable de la humanidad.

Nefando, Viaje a las entrañas de una habitación, fue un videojuego en línea poco conocido y pronto eliminado de la red a causa de su polémico contenido sensible. Las experiencias de sus jugadores son, ahora, el centro de los debates gamers en los foros más profundos de la deep web, pero sus usuarios no parecen ponerse de acuerdo: ¿era un juego de horror para frikis, una puesta en escena inmoral o un ejercicio poético? ¿Son tan hondas y retorcidas como parecen las entrañas de esa habitación?

Seis jóvenes comparten un piso en Barcelona y sus habitaciones vibran como colmenas. En cada una de ellas se cuecen actividades tan inquietantes y turbias como la escritura de una novela pornográfica, el deseo frustrado de autocastración o el desarrollo de diseños para la demoscene,subcultura informática artística. Sus espacios privados son arquitecturas blancas donde se explora el territorio de los cuerpos, de la mente y de la infancia. Mirillas hacia lo abyecto y hacia el decir, que los conecta al proceso de creación de un videojuego de culto.


Mónica Ojeda (Guayaquil, Ecuador, 1988). Master en Creación Literaria y  en Teoría y Crítica de la Cultura, da clases de Literatura en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Actualmente se encuentra cursando un Doctorado en Humanidades con una investigación sobre literatura pornoerótica latinoamericana.

BNC Programa 11 – Perfil sobre la docente Mónica Ojeda

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Gabriela Llanos y su mundo de telenovela.

Su vida es de novela. Ella no lo sabe, por supuesto, porque se jura autora de libros e ignora, como todos los protagonistas de las mejores historias, que su propio destino es digno de escribirse. Se llama Gabriela Llanos, viene de una familia de artistas, es argentina y española a la vez, y se jura nada más que una autora y una periodista radial y de TV. Pero además de haber presentado en la Filbo su libro Viejo caserón de San Telmo, vale la pena primero conocer quién es ella.

Nació en Córdoba, Argentina. Vivió ocho años allí y luego migró a España, pero su infancia estuvo impregnada del espíritu de su padre, Percy Llanos, un periodista muy importante de la radio de Córdoba que dirigió el programa de radio El discotecario de la noche, el cual marcó una generación gracias a su programación musical mezclada con poesía y literatura. Del otro lado estaba su madre, una española de Andalucía, que fue actriz y se dedicó a hacer teatro junto con su tío Carlos Giménez, quien montó el grupo El Juglar y luego fundó en Venezuela la compañía Rajatabla, que además hizo historia en el vecino país y en las tablas de Latinoamérica.

En pocas palabras, el arte la rodeaba y ella la respiraba en cada bocanada de su recién inventada vida. Por eso se mueve como pez en el agua entre las culturas gaucha e ibérica. Por eso estudió Ciencias de la información en la universidad Complutense de España e hizo maestrías en radio y en televisión, porque la radio estuvo presente desde sus primeros años y la comunicación y la presentación eran inherentes a su ser.

Por eso, también, acompañó como road manager a decenas de artistas célebres cuando en España sus padres fundaron una empresa de producción de espectáculos y contrataron giras de artistas como Marcel Marceau, Facundo Cabral, Mercedes Sosa, Sara Baras, Antonio Canales o el Teatro Negro de Praga. Por ello viajó mucho, conoció países como Colombia, compartió con artistas toda su vida y acompañó a fenómenos como Soda Estéreo. “El arte era parte de mi vida. Me educaron la sensibilidad hacia el arte, la música y la literatura desde pequeña y eso determinó lo que sería”.

Por eso, por supuesto, escribe.

Por supuesto, ha trabajado en prensa, radio y televisión como TVE, Radio Nacional de España, Telemadrid, Cadena Ser y La W, con Julio Sánchez, donde creció como reportera, aprendió a improvisar y cubrió un Mundial de fútbol. “Me gusta muchísimo la radio; la llevo en los genes por ser el medio más cercano a la gente”, agrega. Su programa Treinta… y tanto, fue su experiencia más feliz porque “destripaba la actualidad con un punto de vista femenino y mucho humor”. Allí aprendió algo que aplicó luego en la literatura: “Pasármelo bien para que los demás se sientan igual. Igual que la escritura. Si no te gusta lo que escribes, no va a funcionar nunca”.

Ahora vive Puerto Plata, República Dominicana, dicta clases de escritura creativa y acaba de presentar su libro Facundo Cabral, crónica de sus últimos días, que narra cómo a su padre le tocó acompañar al artista argentino en su muerte fatal en Guatemala cuando fue asesinado. “Mi madre había fallecido dos meses antes y mi padre decidió hacer una gira con Facundo y volver a trabajar para pensar en otro tema. Mi padre vio cómo se fueron rompiendo todos los vidrios del coche y cómo la descarga alcanzó a Henry Fariñas y una bala perdida a Facundo. La terapia familiar para sanarnos fue este libro”.

El arte no abandona a esta mujer cuya vida es una novela en sí, llena de bemoles y siempre en movimiento. Justamente con su última novela, Viejo caserón de San Telmo, publicada por la editorial Cangrejo, vino a Colombia a promocionar su nuevo trabajo.

“El Viejo caserón de San Telmo es una historia que trascurre entre Madrid y Buenos Aires. No tenía el tema, ni la idea, ni la trama. De un momento a otro, todo llegó. Comencé con la frase Aldo Canessa se cebó dos mates… y empecé a narrar a este personaje entrañable que ve la vida desde la barrera y sabe que nunca será protagonista”. Su historia es la de un amor frustrado entre un idealistas y una artista de teatro, basada en su madre, y cómo sus hijas, muchos años después, vuelven a Buenos Aires desde España para reencontrarse con la historia familiar oculta.

“Un médico me dijo que los siete primeros años de la vida determinan tu nivel de calcio. Eso pasa también con la vida emocional. Y esos primeros años míos pasaron en Argentina. Ahí se marcó mi mapa emocional, la música, el carácter y mi sentido del humor”. Por eso, Gabriela se mueve entre ambas culturas y acentos, y refleja ambos estilos de vida con fluidez en esa novela corta que es, en realidad, una historia de amor intensa que fue y dejó de ser, que va creciendo hasta cambiar a todos sus protagonistas, años después.

Siempre me han interesado los momentos importantes que no puedes percibir mientras están ocurriendo y que te cambian la vida luego. A mí, la historia de Emiliano Duarte me parece fascinante porque era un idealista que nunca participó de la lucha armada ni usó una pistola. Su arma era el teatro, y Eva Olivares lo acompañaba en eso que parecía un juego y que les cambia la vida. Si tuviese que definir la novela, sería que es una historia de amor enorme que hizo que ambos protagonistas cambiaran su vida para proteger al otro. En Viejo caserón de San Telmo, el amor es tan importante que prefieres cambiar tu vida para salvaguardar al otro”.  Esta historia de amor, reconciliación, familia y segundas oportunidades con esta mujer cuya historia merece ser contada, será una de las novedades de la FIlbo en sus 30 años.

 

Fuente: El Espectador/Cultura/ Mayo/2017.

Charles Portis, sale de las sombras del olvido…

La petición de entrevista carece de respuesta. Es el particular silencio administrativo que Charles Portis aplica a la prensa en general.

El éxito de los hermanos Coen ha vuelto a poner de actualidad a uno más de esos escritores estadounidenses de culto a los que se califica de esquivos. Raros.

 Charles Portis, autor de la novela Valor de ley , no goza de la condición pynchoniana de oculto radical. Pero forma parte del colectivo de escritores elusivos a los que el éxito no les enloquece y evitan el público. Salinger, Thomas Pynchon, Harper Lee, Cormac McCarthy, Don DeLillo.

El mito Portis incorpora la variante de que hizo de monaguillo antes de ser monje. Durante años ejerció de periodista. “Esa es una visión acertada”, responde Mark Smirnoff, fundador y editor de la revista Oxford Americanal plantearle que este narrador conoce bien la voracidad de los medios.

“Ahí puede estar la explicación. A él le gustaba el reporterismo porque no estaba en el centro de atención, sólo observaba”, añade Smirnoff, uno de los afortunados que comparte cervezas con Portis en Little Rock (Arkansas).

A finales de los años 50 incluso dejó su ciudad para instalarse en la Gran Manzana. Trabajó en el The New York Herald Tribune, donde coincidió con Tom Wolfe. “Tom y Lewis Lapham eran nuestros mejores escritores. Los buenos escritores no siempre son buenos reporteros. Ellos sí”.

Así se expresa en una charla con Roy Reed, un ex colega de la Gazzette, el diario local que le proporcionó el billete para Manhattan. Esta conversación, de mayo del 2001, aparece recogida en la “web no oficial” del autor.

Como redactor del Herald entrevistó a Malcolm X. Le requirió por la razón de suprimir su apellido y conservar el nada africano nombre de Malcolm. Le respondió que los esclavistas impusieron un apellido a su madre, mientras que el Malcolm lo eligió ella.

Otro de sus hitos fue el encuentro con Salinger, según la versión del profesor William Vesterman, de la Universidad de Rutgers. Aprovechó que viajaba en el mismo avión para formularle unas cuantas preguntas al que se ha convertido en el padre de los escritores esquivos. La muerte de Salinger en febrero del 2010 desveló que el autor de El guardián en el centeno no era un eremita que había renunciado a la sociedad. Sólo se limitó a rechazar la gloria mediática. Sin embargo, en Cornish (Nuevo Hampshire), se relacionaba con sus vecinos, quienes conocían su identidad.

Charles Portis, de 76 años, se mueve por esta misma senda. “Evita las entrevistas –subraya Smirnoff–, lo que no significa que no hable con periodistas, aunque raramente o nunca lo hace para que se publique nada. Él es tímido, pero muy amigable”.

En abril del 2010 aceptó recoger el premio que le concedió la revista Oxford American (ver fotografía en esta página) como reconocimiento a su carrera literaria. Valor de ley (True grit) salió a la luz por entregas en el The Saturday Evening Post en 1968.

La escritora Donna Tart sostiene que Mattie es un personaje comparable al Huckleberry Finn de Mark Twain. Smirnoff comparte esa opinión. “Portis es tan divertido como Twain y parecido en su estilo claro y llano. Haymuchos momentos en que pienso que Valor de ley es tan enorme como las aventuras de Huck”.

El relato cayó en el olvido. Hasta que que, en la década de los noventa, el editor Peter Meyer, de Overlook Press, leyó un artículo en que se afirmaba que Portis era uno de los grandes de la literatura de Estados Unidos. True Grit vendió 45.000 copias entre el 2002 y el 2009. Las ventas se han disparado a partir del estreno de la traslación de los Coen.

 

Además de esta novela doblemente cinematográfica –John Wayne protagonizó la versión de Henry Hathaway de 1969–, Portis publicó otros cuatro relatos. Dicen que ahora llevan quince años trabajando en otra historia.

El caso es que, en abril del 2010, aceptó recoger el premio. Acudió trajeado, pero desapareció a media cena. Se marchó a su casa, sin esperar a recibir el galardón. Se puso a ver baloncesto.

Smirnoff, el anfitrión, lo confirma. “Que Portis se fue es cierto. Pensó que ya había hecho todo lo necesario. Cuando regresó, porque le llamó un amigo, ya iba vestido más deportivo. A mí me gusta porque es muy auténtico y no se da aires de superioridad”.

A Portis no le gusta hablar de literatura ni de su obra. “Es lo mismo que se decía de Faulkner”, indica el amigo. “Supongo que ellos ponen mucho cuando están escribiendo y cuando acaban aprecian el silencio”.

Pero no rechaza tomar una Budweiser y conversar. “Es muy divertido –asegura Smirnoff–, un hombre humilde. Sus ojos a veces me ponen nervioso porque, para mí, dicen muchas cosas”.

 Los expertos consideran que, al revés de otras novelas cargadas de humor, el truco de las de Charles Portis es que pretenden ser serias. Sin embargo, están llenas de acontecimientos raros y personajes que todavía lo son más.

Valor de ley.
De la novela que tanto los Coen como antes Hathaway han seguido al pie de la letra, aunque el relato literario es más rico y profundo, ya se sabe que es una historia del oeste. Mattie Ross, una niña de 14 años, sale en busca de justicia para el asesino de su padre. Se asocia a un marshall tuerto, de gatillo fácil y borrachín.

Norwood.
Es su primer relato (1966) y también tuvo versión cinematográfica en 1970, con Glen Campbell de protagonista. Norwoo Pratt viaja desde Texas a Nueva York para cobrar una deuda de 70 dólares y así poder comprometerse con la chica que conoció en un autobús.

The dog of south.
La publicó en 1979 y es la favorita entre sus admiradores. Es una road movie en la que Ray Midge conduce hasta México, desde Little Rock (Arkansas), en búsqueda de su mujer, que ha huido con su primer marido y el Ford Torino de Ray. En verdad, lo que quiere es recuperar su Ford Torino.

Master of Atlantis.
Relato de 1985 en el que dos personajes crean la Gnomon Society, una organización esotérica cuyo objetivo último es dar con la ciudad perdida de la Atlántida.

Gringos.
De 1991, cuenta la historia de un expatriado estadounidense en México que hace amistad con unos locos por los OVNIS y arqueólogos en busca de una ciudad maya desaparecida.

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Realismo, magia y erotismo los tópicos de Giovanna Rivero.

Entrevistada por José Luis Saavedra, Rivero se presentó a si misma (2006) en los siguientes términos: “Giovanna Rivero es una escritora, primero que todo es una mujer. Me he ‘construido’, de algún modo, a partir de mis lecturas. El tono de las lecturas es casi siempre el de las frustraciones y las alegrías. Entonces, soy una escritora-lectora, escribo sobre las cosas que veo, que me pasan, sobre el mundo contemporáneo; entre lo que vivo, siento, y lo que escribo la diferencia es sólo la ficción, mi literatura es autorreferencial, aunque no esté respaldada por una biografía de la verdad es decir, lo que escribo le puede pasar a cualquiera, a veces nos pasa o somos potenciales de que nos pase. Entonces, soy una mujer artista, diríamos así, y a medida que ha pasado el tiempo tengo más claro lo que esto significa, porque a veces uno pone categorías a su vida, en las cuales trata de encarnar, cuando en realidad la prótesis es el lenguaje: los hombres y los adjetivos que nos imponemos deben reflejar lo que uno realmente es”.

Giovanna Rivero ( Montero, 1972- ) es una novelista y cuentista boliviana, pertenece a los escritores más exitosos de ficción contemporánea de Bolivia.

Nació en Montero, Santa Cruz, Rivero fue premiada con el Premio Municipal de Santa Cruz de Literatura en 1997 por su colección de cuentos Las bestias. En 2005, recibió el Premio en Cuentos Franz Tamayo por La Dueña de nuestros sueños. En 2004, participó en el Programa de Escritura de Iowa en la Universidad de Ioway en 2006 fue premiada con la beca Fulbright que le permitió obtener una maestría en literatura latinoamericana de la Universidad de Florida. Ella pasó a recibir un doctorado en la misma universidad en 2014. En 2011, fue uno de los 25 nuevos talentos latinoamericanos elegidos por la Feria del Libro de Guadalajara de México.

Comentando sobre su última novela, 98 segundos sin sombra, Fernando Iwasaki de El Mercurio comentó: “Giovanna Rivero escribe buena prosa, es capaz de crear personajes poderosos. Con [esta obra] se ha añadido a su nombre en el libro de la literatura latinoamericana.” La novela ha sido publicada por la editorial española Caballo de Troya, contribuyendo al creciente éxito internacional de Rivero.

Además de escribir novelas y cuentos, Rivero es una habitual colaboradora de periódicos locales y nacionales.También enseña semiótica y periodismo en la Univeridad Privada de Santa Cruz de la Sierra.

Trabajos seleccionados

  • 2001: Las camaleonas, novela
  • 2002: La dueña de nuestros sueños, historia para niños
  • 2005: Contraluna, cuento
  • 2006: Sangre dulce, cuento
  • 2009: Tukzon, historias colaterales, novela
  • 2009: Niñas y detectives, cuento
  • 2011: Helena 2022: La vera crónica de un naufragio en el tiempo, novela
  • 2014: 98 segundos sin sombra, novela
  • 2015: Para comerte mejor, cuento

 

La Feria del Libro reconocerá la trayectoria de la escritora Giovanna Rivero

 

Su último trabajo: Para comerte mejor

Entre ataúdes, vómito, ratas y desazón, Giovanna Rivero compone una constelación de relatos siniestros. La inmundicia de los recovecos abandonados constituye la materia de un entramado narrativo intempestivo, que golpea y confronta, y que sin embargo, entre la vorágine de lo ominoso, hace surgir una delicada melancolía. Para comerte mejorconstituye una valiosa contribución a esa literatura de lo extraño que tanto cultivaron escritores como Poe, Piñera o Landolfi.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

 

Ana García Bergua: las antípodas y el misticismo.

El que Ana García Bergua haya cursado la carrera de escenógrafa, aunque no se haya desempeñado profesionalmente como tal, explica probablemente el componente teatral de sus libros y, en especial, su cuidado en proveer a sus historias de un entorno muy preciso. Muebles, puertas, ventanas, pasillos, oficinas, calles, jardines y escaleras adquieren en su literatura un peso absorbente, conformando un espacio marcado por la rutina, una rutina hecha de multitud de cosas, de objetos, de encuentros y obstáculos, que impiden levantar la cabeza y preguntarse sobre el sentido de los propios actos. Si algo rige este mundo es el afán, la insatisfacción, el apremio y, como su contraparte, la búsqueda de placer y de caricias. Más agobiante es el trajín diario, más aguda la necesidad de consuelo físico. Por eso, sus personajes femeninos suelen ser más intensos e imaginativos que los masculinos; se avienen a lo que les ofrece la vida y saben hallar en ella una multitud de escapes y de acomodos; no aspiran a descollar ni a cambiar el mundo, sino a establecer con este un pacto de no agresión y de respeto de los límites establecidos; los hombres, en cambio, menos adaptables, carecen de plasticidad y sucumben a menudo bajo el peso de sus máscaras. En uno y otro caso, parece que no hay mucho que decirse, ninguna revelación importante que aguardar de los demás; de ahí la escasez de diálogos o la reducción de estos a fórmulas hechas para cumplir con los requisitos mínimos de la comunicación. Porque los personajes de García Bergua (ciudad de México, 1960) se relacionan no tanto con palabras, sino con las cosas que les pertenecen; estas conforman su apariencia, su rutina y, a la postre, su carácter. Así, el otro, el prójimo, no es sólo las otras personas, sino todas las cosas que lo rodean a uno, los objetos que uno usa, desde un tenedor hasta un departamento, desde un parque hasta la lima para las uñas. Los numerosos episodios colectivos en que se ven involucrados estos personajes, como fiestas, comidas, sepelios, bailes, ceremonias, representan, lejos de un reencuentro con la palabra, la claudicación de esta y la oportunidad de comunicarse de un modo más transparente y genuino. Hay un fondo carnavalesco en todo lo que escribe García Bergua, donde las miradas, los gestos, las insinuaciones adquieren más peso que los diálogos y los razonamientos. Sólo así la proximidad constante de los otros deja de ser una fuente de agobio y se convierte en liberación, liberación del propio teatro interior, por lo general desolado y reiterativo. Y en mostrarnos cuán pobres somos por dentro y cuán poco nos bastamos para prescindir del prójimo, la mirada de García Bergua es especialmente implacable. Su concepción de la vida se halla en las antípodas del misticismo, si entendemos por este la lucha del alma individual por despojarse de todo soporte exterior y mundano. Para García Bergua, sencillamente, el alma individual es una ilusión; todos somos habitantes de un edificio, o mejor dicho de varios edificios a la vez, de bullicios que se entrecruzan, molestos pero necesarios, asfixiantes pero protectores.

No extraña que, acorde con esta visión, uno de sus motivos narrativos predilectos sea el de espiar a los otros. Quien espía no está solo, o no sabe estar solo; se aburre y tampoco se atreve a salir de su ensimismamiento; por eso, mira ocultándose. En el mundo de García Bergua, todos aspiran a labrarse un nicho y a defenderlo, pero, ya en él, se sienten sofocar. A menudo, por ello, se disfrazan. Mejor dicho, viven perpetuamente disfrazados, no para ocultar lo que son, sino para disimular el hecho de que no son nada, o que así se sienten. Ahí está, como ejemplo, el reconocido escritor Álvaro Aldana, protagonista del cuento “Aldana y los visitantes”, que desaparece literalmente frente a todos aquellos que, atraídos por su fama, acuden a visitarlo; con un inocente “Espéreme un momento”, abandona la sala y reaparece a los pocos minutos disfrazado de una mujer alta de pelo negro que se hace pasar por la hermana del propio escritor, o convertido en un joven con gorra que se presenta como su sobrino, o en una mujer rubia y fornida que afirma ser su maestra de inglés. Detrás de lo que podría parecer una manía inocente, el cuento insinúa una verdad más incómoda: Aldana es un ser vacío que sobrevive sólo en virtud de sus transformaciones; yendo y viniendo, consigue no dejar de ser nunca Aldana, el afamado escritor, y como no sabe quién es, y le da miedo saberlo, sobrevive gracias a sus innumerables visitantes, frente a los cuales se eclipsa para adoptar otra personalidad y, minutos después, reaparecer convertido otra vez en su propia efigie inmutable.

Pero si el disfraz petrifica, también puede derretir la piedra en que uno se ha convertido por comodidad o por inercia. En el cuento quizá más perturbador del libro, “Páginas de amor”, protagonizado por un coronel retirado y su sirvienta, cuya relación se reduce a unas cuantas palabras imprescindibles, García Bergua nos muestra el poder liberador que late en toda escenografía. Es el viejo tema de la máscara que remueve una máscara más básica y profunda, la que hemos construido sin darnos cuenta. En este caso, dos seres inertes y grises, tocados por la mentira, se iluminan: la criada, de nombre Adira, accede a hacerse pasar por la esposa del coronel en una ceremonia militar donde este será homenajeado, y los dos cumplen diligentemente con su papel, incluyendo unos cuantos bailes del protocolario festejo; de vuelta a casa, a la desolada rutina doméstica en la que volverán a ser un patrón introvertido y una sirvienta silenciosa, de pronto el viejo y rígido coronel rodea delicadamente la cintura de ella y, sin pronunciar palabra, reanuda el baile en el estrecho pasillo del departamento, como si se hallaran en un fastuoso salón principesco. Es un gesto inspirado, que parece sorprender al propio narrador de la historia, uno de estos hallazgos que son la bendición de todo cuentista y que, al tiempo que resuelven una historia, arrojan luz sobre las otras. Porque lo que ocurre en el pasillo de la casa del coronel es un ejemplo más de esa mágica dilatación del espacio que es la constante que vertebra el libro y le otorga un aliento metafísico. Pero esta dilatación, que permite que el trasfondo de un clóset se traduzca en un secreto pasadizo para acceder al departamento contiguo, o un agujero abierto en el suelo conecte un departamento con el de abajo y permita a un marido bígamo resolver momentáneamente su compleja relación con sus dos mujeres, es sobre todo el reflejo de una apetencia de ser y de extralimitarse, de romper los muros y las convenciones (las convenciones que imponen los muros) sobre los cuales se asienta toda convivencia humana y todo edificio. Así, no es nada extraño que el sexo se cuele todo el tiempo en estas historias, no con fuerza transgresora y disruptiva, sino, acorde con el talante conformista de sus personajes, con la modestia de una fuga de agua, no por ello menos apremiante e incontenible. En suma, es como si la estrechez de la vida de nuestros modernos departamentos fuera la premisa de toda metamorfosis, de toda mutación profunda, y estas, a su vez, obedecieran a un anhelo de habitación infinita, de expansión dichosa sin peligro, que es el sustento psíquico de cualquier habitáculo humano; por eso, estos cuentos aparentemente realistas son en realidad fábulas y ensoñaciones. No hay en ellos la mecánica reseña de unas existencias superpuestas; no los anima la pretensión de construir, a través de astutas conexiones entre una historia y otra, una novela coral. El aliento de este libro va en el sentido inverso al de una edificación exhaustiva; desciende desde la azotea hasta los cimientos, a través de un movimiento regresivo, corrosivo y humorista. No asistimos a la complacencia de un constructor, sino a la obsesión de quien hurga y se adentra. Con ello, García Bergua se ha colocado en el mismo nivel de sus lectores y, sobre todo, ha conseguido convertir un simple edificio en un universo. ~

Obras

Novela

  • La bomba de San José
  • El umbral
  • Púrpura
  • Rosas negras
  • Isla de bobos
  • Fuego 20 México, Ediciones ERA, 2017.

Cuento

  • El imaginador
  • La confianza en los extraños
  • Edificio
  • Otra oportunidad para el señor Balmand
  • El limbo bajo la lluvia
  • “La tormenta hindú”

Ensayo

  • Pie de página
  • Postales desde el puerto

 

Los libros abren puertas: Ana García Bergua

 

La bomba de San José de Ana García Bergua (Dirección de Literatura, UNAM / Ediciones Era, 2012)

Hubo una vez una ciudad ingeniosa y a la vez ingenua. Una ciudad donde los poetas trabajaban en las flamantes agencias de publicidad y donde se hacía teatro y cine experimental y los pintores ya no querían pintar murales y las mujeres ya no querían ser obedientes, sino, entre otras cosas, disfrutar de la libertad del mambo y la danza moderna y oír jazz por las noches. Era una ciudad a la que también le gustaba ir a los cabarets del Centro y que se inventó una Zona Rosa para poner los nuevos cafés. Son los años sesenta en la Ciudad de México, la época de la Ruptura, de las reseñas de cine y de la Casa del Lago, y los ímpetus creativos son tales que incluso un pariente del Señor Presidente aspira a crear una obra maestra del Séptimo Arte, aunque no sin la ayuda de El Yaqui, venerado director de perlas del cine nacionalista nacional. En su entusiasmo por desplegar su moderna sensibilidad y tal vez deslumbrar a Cannes, el pariente no para mientes en los métodos, por lo que –remontado en el Ajusco- reúne, amenaza y hasta secuestra a sus colaboradores. Con toda razón, considera que ser quien es no debe obstar para dejar huella en el palmarés del cine universal. Ni que decir tiene que el lector se ve obligado a tomar aire con cierta frecuencia, entre una y otra tanda de carcajadas, y que la esposa buena y fiel es debidamente recompensada por sus nuevas y muy modernas amistades, mientras que el esposo secuestrado y la estrellita que lo vuelve loco reciben su justo castigo. La bomba de San José de Ana García Bergua es una novela con gran sentido del humor, evocadora de una época en que los refugiados españoles todavía creían que iba a caer Franco y la gente también iba a alfabetizar guajiros en Cuba y aprendía a hacer yoga y a andar en minifalda.

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Charles Cumming, «el maestro de la novelas de espionaje».

Charles Cumming (Ayr, Escocia, 5 de abril de 1971) es un escritor británico de novelas de espionaje.

Charles Cumming es hijo de Ian Cumming (n. 1938) y Caroline Pilkington (n. 1943). Se educó en la Ludgrove School (1979–1984), Eton College (1985–1989) y la Universidad de Edimburgo (1990–1994), donde se graduó en Literatura inglesa.

En 1995, Cumming fue contratado por el Servicio Secreto de Inteligencia del Reino Unido (MI6), aunque no llegó a completar su formación para este ente. En 1996, se trasladó a Montreal y en 2001, publicó su primera novela A Spy by Nature en la que aprovechaba su conocimiento del mundo de los servicios secretos. Ese mismo año se estableció a vivir en Madrid. De su experiencia en España, apareció la novela The Spanish Game, publicada en 2006.

El periódico británico The Observer lo ha descrito como “el mejor de la nueva generación de escritores británicos de espionaje que han tomado el relevo de John le Carré y Len Deighton y el díario EL PAÍS lo considera “un maestro de las novelas de espionaje”, gracias a su conocimiento de la inteligencia británica, a la que perteneció un tiempo y de su apuesta literaria sencilla y eficaz.

Novelas

  • A Spy by Nature (2001),  (Alec Milius)
  • The Hidden Man (2003),
  • The Spanish Game (2006), (Alec Milius)
  • Typhoon (2008),
  • The Trinity SixEl sexto hombre– (2011),
  • A Foreign CountryEn un país extraño– (2012),  (Thomas Kell)
  • A Colder War (2014), , (Thomas Kell)
  • A Divided Spy (2016), (Thomas Kell)

 

En un pais extraño…

Seis semanas antes de asumir la dirección del MI6 y convertirse en la primera mujer que encabeza uno de los servicios de espionaje más prestigiosos del mundo, Amelia Levene desaparece sin dejar rastro, provocando así la crisis más grave que la institución ha vivido en una década. Los altos mandos se encuentran en un trance: no sólo tienen que encontrar a Levene, sino que la tarea tiene que realizarse en el más absoluto secreto si quieren evitar un duro golpe a la imagen y credibilidad del MI6. Así pues, la mejor opción que les queda es acudir a Thomas Kell, un agente al que despidieron del cuerpo ocho meses atrás por presuntas torturas a un detenido durante una antigua misión en Kabul.

Incapaz de adaptarse a la vida civil y en medio de una tormentosa ruptura matrimonial, Kell está a punto de tocar fondo, pero a sus cuarenta y dos años no puede rechazar esta oportunidad, tal vez la última de su vida, para redimirse ante sus colegas y volver a ejercer el único trabajo que sabe hacer. Una primera pista lo conducirá a Niza, Marsella y finalmente Túnez, donde, en la nueva situación creada tras la Primavera Árabe, estaría gestándose una trama que podría dañar seriamente los vínculos de Gran Bretaña con sus aliados.

Elogiada por honrar los fundamentos del género y poner el foco en temas reales de actualidad, En un país extraño supuso la consagración como escritor de Charles Cumming, a quien el diario The Observer ha calificado como «el mejor de la nueva hornada de autores de espionaje británicos que están tomando las riendas del género allá donde las soltaron John le Carré y Len Deighton». La novela ha sido galardonada con el CWA Ian Fleming Steel Dagger al mejor thriller de 2012 y está en proceso de convertirse en una serie de televisión protagonizada por Colin Firth.

 

WHSmith Presents: Charles Cumming on A Divided Spy (Exclusive Reading + Interview)

 

Compilation realizada por Lorena Lacaille.