La primera novela de Marta Carnicero, ‘El cielo según Google’.

Marta Carnicero, en Barcelona en octubre pasado.
Marta Carnicero, en Barcelona en octubre pasado. VICENS GIMÉNEZ

Esta primera novela de  Martha Carnicero (Barcelona, 1974), ingeniera industrial de la que no conocíamos ninguna obra literaria previa, tiene el encanto y la frescura de las primeras obras. Es decir: una escritura siempre alerta a su propia intuición y al placer del descubrimiento de sus posibilidades. Pero maticemos: primera novela no quiere decir novela primeriza, y en El cielo según Google,escrita en catalán y traducida con precisión por Pablo Martín Sánchez, uno advierte la posesión de un idioma flexible y un deslumbrante uso del matiz. Una escritura propia. Una sabiduría asordinada que promete enormes resultados en el futuro.

El cielo según Google es una nouvelle en la que poco o nada sobra y que maneja con agilidad, en capítulos breves, los cambios de perspectiva temporal y de voz narradora. Se nos cuentan dos historias entrelazadas, o mejor dicho, dos momentos especulares de una misma historia. La pareja formada por Júlia y Marcel se desmorona cuando adoptan a la pequeña Naïma. Dos actitudes enfrentadas de la vida, digamos una celebratoria y otra judicial, lo que también equivale a decir una disociada de su cotidianidad y otra cargada de responsabilidades, ambas pertinentes, entran en conflicto. A su vez, años más tarde Naïma, convertida en una joven de veintitantos, asiste a los últimos días de Marcel, padre que supuestamente la abandonó, mientras ella misma, con una niña adoptada, asiste al final de su relación de pareja.

Parejas, transeúntes

Los elementos que pone en juego El cielo según Google son sencillos y universales: las ganas de ser feliz, casi la prisa, y los lazos de arrinconamiento, odio, lástima, gozo y ternura que tejen las relaciones de pareja. No es exagerado decir que Carnicero maneja el detalle significativo con una maestría poco común en las letras peninsulares (por ejemplo, en los sutiles ejemplos de vulnerabilidad que distancian a las parejas: ese cabello aplastado de quien sale a la calle sin ducharse, como si tal cosa…). Porque Carnicero posee, como he dicho antes, una inteligencia que le permite extraer de un tema acotado todas sus posibilidades. Así, El cielo según Google, en poco más de 130 páginas, realiza una completa disección de la pareja a comienzos del siglo XXI: de la crianza, la maternidad, la adopción, el secreto, la mentira, los celos, el resentimiento y, por repetirlo, del abismo que se abre entre el estricto sentido de la justicia de la víctima y el inconsciente principio de placer que nutre la vida.

En sus mejores momentos, Carnicero se maneja con la objetividad de un clásico, una distancia a la vez despiadada y empática en la que cada personaje tiene sus razones: y uno se acuerda de la escritura contenida de algunas piezas largas de Alice Munro o de los inclementes análisis de Uniones, de Musil. En los momentos menos logrados, por ejemplo en la necesidad de rematar en las páginas finales, narradas por Naïma, una historia que ya ha explotado ante los ojos del lector, la narradora moraliza y señala una interpretación optimista al libro. No obstante, estas pequeñas indicaciones no restan valor a un libro que sabe disimular su complejidad y la enorme ambición de narrar el amor en pareja en sus muchas perspectivas. Y como en las mejores nouvelles, aunque las piezas que arman la tragedia se despachan en unas pocas páginas, el poso, la emoción remanente, ya no nos suelta.

El cielo según Google. Marta Carnicero. Traducción de Pablo Martín Sánchez. Acantilado, 2018. 144 páginas. 14 euros.

 

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“Intérprete del dolor”, de Jhumpa Lahiri.

Jhumpa Lahiri (Londres, 1967) asegura no leer jamás lo que se escribe sobre ella, limita sus apariciones en público e intenta viajar siempre con su familia. La severa melancolía que desprende esta hermosa mujer de ojos verdes solo se suaviza cuando habla de sus dos hijos o de Roma, la ciudad donde ahora vive. Hija de universitarios de Calcuta, Lahiri llegó a Estados Unidos cuando tenía dos años. Aunque las primeras palabras que escuchó y las primeras que dijo fueron en bengalí, aprendió a leer en inglés. Atrapada entre el deseo de no dar la espalda al mundo de sus padres y el anhelo de sentirse una más en Estados Unidos, Lahiri creció con la desazón de sentirse o una traidora o una intrusa. El desarraigo, la búsqueda de identidad y la soledad son el trasfondo de su obra, que ha convertido en best-seller las experiencias de la primera y segunda generación de bengalíes en EEUU. Con los relatos de su primer libro, Intérprete de emociones (1999), obtuvo el premio Pulitzer, la más alta distinción americana a una obra en inglés. Pero cuando nació su primer hijo, le habló en bengalí. El cerebro de Lahiri podía ser estadounidense; su corazón era indio. De la punzante conciencia de no pertenecer a ningún lugar nacieron sus siguientes libros: El buen nombre (2003), Tierra desacostumbrada (2008) y su última novela, La hondonada (2014 Salamandra).

Tanto en los cuentos de hadas como en gran parte de la literatura clásica, cuando una pareja se casa, cesan los obstáculos como por un toque de varita mágica y la novela llega a su fin. En la ficción contemporánea, los problemas empiezan en el momento en que una pareja inicia su convivencia. De esto hablan los nueve magníficos cuentos que componen Intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri.

 

Lo que dificulta la relación entre los protagonistas son las divergencias culturales. En el universo de Lahiri, escritora estadounidense de origen indio, caben hindúes, musulmanes y cristianos indios, además de estadounidenses de diversos bagajes culturales y religiosos. Esa es la principal razón por la que las relaciones amorosas resultan ser poco menos que explosivas.

El mejor cuento en mi opinión es el que presta el título a la colección. Habla de la joven señora Das, de vacaciones en India con su marido, ambos nacidos en Estados Unidos de padres indios. El matrimonio con hijos pequeños contrata a un guía, el señor Kapasi, para que los lleve a visitar el templo del Sol de Konarak. El viaje es largo, el chófer indio tiene tiempo de observar que la relación del matrimonio está bastante gastada, de modo que se siente libre de desear un vínculo, aunque fuera solamente epistolar, con la chica. Le cuenta que su profesión habitual es la de traductor para un médico rural que desconoce la lengua local, y por ello se siente como un intérprete entre naciones y culturas. En un arrebato de confianza, la muchacha confiesa que su hijo menor es fruto de su breve relación con otro hombre. El chófer juzga a la chica según la escala de valores de India: como una persona cínica y cruel. Su sueño de tierna amistad queda roto en pedazos y la muchacha no entiende el brusco cambio de su interlocutor.

En el universo de Lahiri las personas no se comprenden por más que hablen el mismo idioma porque las diferencias culturales las separan de un modo definitivo.

Algo parecido ocurre con otros protagonistas de ese volumen: Shoba y Shukumar solo se entienden en las noches que hay cortes de luz, cuando, como unos extraños en un restaurante, comparten confidencias a la luz de una vela. En otro cuento, Sanjeev, un científico metódico y “un pequeño hindú”, según se burla su pareja, Twinkie, no puede comprender que ésta ha infundido alma a unas estatuillas cristianas que encuentra en su nueva casa y que él juzga de una cursilería insoportable. Las parejas de Lahiri no funcionan porque no se entienden; solo la profunda ternura puede ocasionalmente salvar sus relaciones.

Con toda la razón, Lahiri obtuvo el Premio Pulitzer por esta ópera prima. Sus narraciones frescas y a la vez profundas, que evocan el vigor de los cuentos de Katherine Mansfield y recuerdan la enorme energía innovadora que poseen las obras de otros narradores indios de expresión inglesa —Zia Haider Rahman, Arundhati Roy y Salman Rushdie—, se sitúan entre la mejor obra de ficción de la autora. Además, este es sin duda uno de los libros de ficción que con más finas pinceladas ha sabido retratar el complejo universo de las relaciones amorosas entre extranjeros de diferentes culturas, etnias, religiones e idiomas.

 

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La entusiasta acogida que el público lector hispanohablante ha deparado a las dos últimas novelas de Jhumpa Lahiri —Tierra desacostumbrada y La hondonada— ha hecho indispensable la reedición de su ópera prima, con la que la escritora indo-norteamericana inició su fulgurante trayectoria literaria. Con apenas treinta y dos años, esta joven estadounidense de ascendencia bengalí obtuvo nada menos que el Premio Pulitzer y se ganó el elogio unánime de la crítica y los lectores con su prosa diáfana y precisa como un bisturí.

Los nueve relatos que componen este libro revelan la maestría de Lahiri para trazar una compleja cartografía emocional, la de una serie de personajes que en su búsqueda de la felicidad traspasan fronteras geográficas, culturales y generacionales. Ambientadas tanto en la India como en Estados Unidos, estas historias despliegan la riqueza y la profundidad de la mirada de Lahiri, capaz de detectar los más sutiles conflictos en las relaciones humanas y plasmarlos con una delicadeza incisiva y conmovedora. Nadie que, por cualquier motivo imaginable, se haya sentido alguna vez en su vida extraño y alienado del mundo podrá evitar darse por aludido en estos relatos.

Así pues, en estas páginas soberbias, Jhumpa Lahiri plasma un complejo tapiz de emociones y desasosiegos, una incursión a la intimidad de las personas que, indefectiblemente, resulta cautivadora por su belleza, su poder de evocación y la perennidad de su discurso.

 

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Compilación realizada por Lorena López, escritora, traductora, biblioterapeuta, consultante en Feng Shui y terapeuta en Eft (técnicas de liberación emocional). 

«El mercenario que coleccionaba obras de arte» de Wendy Guerra.

Los entendidos de estos temas lo reconocerán en un primero o segundo momento. La idea de la escritora Wendy Guerra para todos los demás lectores es enfrentarlos a un personaje que puede estar en cualquier lado, cerca de nosotros mientras espera a que sus hijos bajen de algún juego mecánico o durante la apertura de alguna exposición. “Al personaje me lo encontré en la cena de inauguración de una muestra, donde nos presentamos y me dijo que era de un país que yo sabía que no era, y le dije ‘perdóname, pero con ese acento…’ Ahí empezamos a hablar y me lo encontré varias veces, de hecho la portada del libro es de un artista cubano José Bedía, un gran amigo, al que él siempre le compraba obra”. Así fue como empezó a interesarse en la vida de un ser con distintas personalidades: podía organizar una guerrilla, pero a la vez era una persona que cuidaba a sus hijos y si debía darle un tiro a alguien lo hacía en nombre de lo que creía correcto, lo que terminó por convertirse en la novela El mercenario que coleccionaba obras de arte (Alfaguara, 2018).Resultado de imagen para wendy guerra el mercenario novela

 

“El libro es, además, un mapa, que desmitifica a la izquierda, a la derecha o al centro. Siempre he dicho que hay grandes próceres que tenemos como nuestros ídolos, pero no se ocuparon de sus hijos, ni de nadie, y te encuentras con un mercenario preocupado por ver a sus hijos, por escaparse de la reunión con el hombre de la CIA y llevárselos a Disney”, a decir de la también autora de títulos como Posar desnuda en La Habana, Nunca fui primera dama o Domingo de revolución. La novela no fue nada sencilla de concretar, porque muchas veces se llegó a preguntar Wendy Guerra cómo podía existir un personaje así y, en especial, cómo escribía su historia, porque proviene de una izquierda, muy de izquierda, “sin ofender a mis padres o a mi mundo, aunque mi mundo también ha hecho lo suyo”,

LOS MALES DEL CONTINENTE Adrián Falcón es el seudónimo del personaje real que protagoniza la historia de El mercenario que coleccionaba obras de arte, sobre quien aún se debe profundizar mucho para poder acercarse a “quién o quiénes son los que conviven en esa persona: trabajó con la CIA, se enroló con la contraguerrilla. Él es un personaje típico de una serie de televisión. “Siempre digo que más allá de la izquierda o de la derecha, hay que conversar sobre los males del continente: son males profundos que han sembrado la lucha de contrarios. Me siento como un médico al que le traen un enfermo y lo curas: no le pides que te diga si es de izquierda o de derecha, para curarlo”. Cuando Guerra terminó el proceso de escritura de Domingo de revolución, decidió contar la historia de este personaje, bajo el entendido de que la literatura, sobre todo para muchos autores de su generación, se había convertido en una escritura de escritorio, “y me incluyo: he estado en una zona de confort”. “Estamos en un momento histórico en el que los malos son buenos y los buenos son malos, te das cuenta hasta en las series de televisión que una persona con buena voluntad puede trastornar al país: él conoce su condición histórica y no le molesta, incluso cree que muchas personas que piensan que no son mercenarios, al final lo son”, aseguró Wendy Guerra. Una de las cosas que más llamó la atención de la escritora es que muchos de esos mercenarios, entre ellos el protagonista de la novela, interpretaran en su guerra de guerrillas la música de Silvio Rodríguez. “Ahí me di cuenta que los opuestos se han dado la espalda. De ese mercenario todos tenemos un poco, porque a veces trabajamos para medios que no pagan bien, que nos explotan y todo ello estalla en situaciones en las que no quisiéramos estar involucrados”, enfatizó la escritora cubana.

 

 

Compilación realizada por Lorena López, escritora, traductora, biblioterapeuta, consultante en Feng Shui y terapeuta en Eft (técnicas de liberación emocional). 

Serotonina, la nueva novela de Houellebecq, “l’enfant terrible” de la literatura francesa.

«¿Mi hijo? Un cabrón con pintas», declaró Lucie Ceccaldi, la madre de Michel Houellebecq dos años antes de morir, a los ochenta y cuatro años. Doctora en medicina, anestesista, comadrona, nacida en Árgel, instalada en la isla de La Reunión (territorio francés de ultramar) a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, Lucie Ceccaldi descubrió horrorizada que su hijo hablaba de ella en el segundo de sus libros, “las partículas elementales” (1998), en unos términos peor que escandalosos, convirtiéndola en una suerte de ninfómana adepta a una secta lúbrica partidaria de la «libertad sexual sin freno».

A partir de esa «anécdota», Lucie Ceccaldi decidió responder a su hijo, publicando un libro destinado a contar su propia verdad sobre su vida y su vástago, presentado de este modo: «Las mentiras que cuenta mi hijo serían aceptables si hubiese utilizado nombres imaginarios… ¡pero me ha convertido en una puta callejera, un pendejo caprichoso, utilizando mi propio nombre, el nombre de su madre! Peor, convierte a su propia madre en una puta por dinero. Le gusta mucho el dinero. Y esas cosas de la sexualidad venden mucho».

Nadie duda que Michel Houellebecq aportó a la prosa francesa, desde su primer libro, «Ampliación del campo de batalla» (1994), una suerte de «libertad escandalosa», e introdujo temas íntimamente relacionados con la descomposición moral de Francia. Se trató, en su día, de una novedad que sedujo a muchos lectores y una cierta crítica, ávida de emociones fuertes, instalándole en el podio de una novela francesa que «rompía» con otras tradiciones nacionales, de verbo menos canalla, más ensimismadas.

Sus silencios

Houellebecq puede guardar silencio durante meses y años. Para irrumpir en la escena pública con intervenciones que intentan satisfacer a un público sensible a la abyección. Dirigiéndose a un público agnóstico o musulmán, el novelista llegó a declarar: «¿Los cristianos? Abortos del coño de María». Dirigiéndose a un público católico, añadiría: «El islam, una religión de cabrones e ignorantes». Afirmaciones que podría «complementar» afirmando que la mejor manera de combatir al islam francés sería restaurando el catolicismo como religión de Estado…

El 28 de septiembre pasado, Houellebecq contrajo matrimonio civil con Qianyun Lysis Li, joven estudiosa de su obra, en la alcaldía del distrito XIII parisino (Chinatown-sur-Seine). Nicolas Sarkozy y Carla Bruni fueron sus invitados de honor. Pocos días más tarde, el novelista confesó que Donald Trump le parece uno de los mejores presidentes de la historia de EE.UU., en guerra comercial contra la UE, cuya Política Agraria Común (PAC) es una de las bestias negras del novelista, culpable, a su modo de ver, de las tentaciones suicidas de los agricultores franceses.

 

Serotonina: Florent-Claude Labrouste tiene cuarenta y seis años, detesta su nombre y se medica con Captorix, un antidepresivo que libera serotonina y que tiene tres efectos adversos: náuseas, desaparición de la libido e impotencia. Su periplo arranca en Almería –con un encuentro en una gasolinera con dos chicas que hubiera acabado de otra manera si protagonizasen una película romántica, o una pornográfica–, sigue por las calles de París y después por Normandía, donde los agricultores están en pie de guerra. Francia se hunde, la Unión Europea se hunde, la vida sin rumbo de Florent-Claude se hunde. El amor es una entelequia. El sexo es una catástrofe. La cultura –ni siquiera Proust o Thomas Mann– no es una tabla de salvación.

Florent-Claude descubre unos escabrosos vídeos pornográficos en los que aparece su novia japonesa, deja el trabajo y se va a vivir a un hotel. Deambula por la ciudad, visita bares, restaurantes y supermercados. Filosofa y despotrica. También repasa sus relaciones amorosas, marcadas siempre por el desastre, en ocasiones cómico y en otras patético (con una danesa que trabajaba en Londres en un bufete de abogados, con una aspirante a actriz que no llegó a triunfar y acabó leyendo textos de Blanchot por la radio…). Se reencuentra con un viejo amigo aristócrata, cuya vida parecía perfecta pero ya no lo es porque su mujer le ha abandonado por un pianista inglés y se ha llevado a sus dos hijas. Y ese amigo le enseña a manejar un fusil…Resultado de imagen para michel houellebecq serotonina

 

Houellebecq construye un personaje y narrador desarraigado, obsesivo y autodestructivo, que escruta su propia vida y el mundo que le rodea con un humor áspero y una virulencia desgarradora.

Aquí algunos de los extractos más machistas del libro:

 

‘[Piensa en matar a su pareja]: “Una búsqueda rápida en internet me informó de que la pena media por un crimen pasional cometido en un marco conyugal era de diecisiete años de prisión; algunas feministas desearían ir más lejos, permitir la imposición de penas más severas introduciendo el concepto de “feminicidio” en el Código Penal, lo que a mí me parecía bastante divertido, me sonaba a insecticida o raticida”.

“Era realmente alucinante la cantidad de objetos para ella indispensables para mantener su condición femenina, las mujeres suelen ignorarlo pero es algo que desagrada a los hombres, que los asquea incluso, que acaba por darles la sensación de que han adquirido un producto adulterado cuya belleza sólo consigue mantenerse gracias a artificios infinitos, artificios que pronto (sea cual sea la indulgencia inicial que pueda manifestar un macho por las catalogadas imperfecciones femeninas) acaban considerando inmorales”.

“Yuzu carecía de la cualidad de ese maravilloso oficio [la prostitución]: la generosidad. Una puta no elige a sus clientes, ese es el principio, el axioma, proporciona placer a todos sin distinción, es la vía por la que llega a la grandeza”.

 

“Paradójicamente, quizá en el porno es donde más oportunidades habría tenido: obviamente, sin desestimar a las latinas o negras explosivas, este sector se esforzaba en mantener a actrices de una gran diversidad de físicos y etnias”.

 

Compilación realizada por Lorena López, escritora, traductora, biblioterapeuta, consultante en Feng Shui y terapeuta en Eft (técnicas de liberación emocional). 

PRECIOSA POLLY PEMBERTON de Frances Hodgson.

Frances Hodgson Burnett, una vida apasionante más allá de la literatura

Frances Hodgson Burnett, una vida increíble

No sé si lo sabéis, pero yo soy muy de apuntarme a todo lo que veo. Esto se aplica a la vida en general y, como no podía ser menos, a la literatura en particular, así que cuando vi el proyecto no pude resistirme a participar. Por si no sabéis de qué va, en este proyecto cada participante adopta a una autora en concreto para investigar a fondo sobre su vida y obra. La mía, como podéis ver, es Frances Hodgson Burnett, una autora que me encanta y que creo que más allá de un par de obras es prácticamente desconocida en nuestro idioma.

¿Quieres saber más?

Para esta primera entrada he preferido centrarme en su biografía, porque os aseguro que su vida da para mucho. Más adelante me centraré en sus obras y en diferentes aspectos de su vida como escritora, pero creo que es mejor comenzar con una visión global de su vida ponernos en situación y poder profundizar más adelante.

Frances Eliza Hodgson nació en Inglaterra en 1849, en una familia más o menos acomodada. Su madre provenía de una buena familia y su padre tenía un negocio de ferretería que funcionaba bastante bien, proporcionando a la familia comodidad y seguridad. Sin embargo, su padre murió cuando Frances sólo tenía cuatro años dejando a la familia prácticamente en la ruina. Aunque su madre intentó hacerse cargo del negocio pronto se dieron cuenta de que aquello no funcionaba, teniendo que mudarse cada vez a casas más pequeñas. Mientras, la pequeña Frances comenzó a leer gracias a su abuela y a una corta estancia en un colegio para señoritas, donde por primera vez vio libros de hadas y botánicos, que condicionarían su visión sobre la infancia que luego podríamos leer en obras como La princesita o El jardín secreto.

En 1865, cuando Frances tenía dieciseis años, se hizo evidente que la situación familiar no iba a mejorar por lo que la madre tomó la decisión de mudarse a Estados Unidos, concretamente a Knoxville, donde residía su hermano, con intención de comenzar una nueva vida. Para entonces, Frances ya había escrito varios relatos y empezaba a publicarlos en diferentes revistas literarias, por lo que pronto se convirtió en el sostén económico de su familia, especialmente tras la muerte de su madre en 1870. Tres años más tarde se casó con Swan Burnett, un vecino que al que le descubrió autores como Charles Dickens o Sir Walter Scott. La familia vivía entre Europa y EStados Unidos, mientras que Swan seguía estudiando para perfeccionar su carrera como médico y Frances continuaba escribiendo. Por supuesto, seguía siendo la gran fuente de ingresos de su familia, además de tener que cuidar de dos hijos y mantener un hábito de escritura, lo que la llevó a una depresión con la que tendría que luchar el resto de su vida.

Sin embargo, sus obras tenían cada vez más éxito, llegando incluso a tener que meterse en problemas legales al ver que sus obras se representaban de manera pirata (de esto os hablaré otro día con detenimiento porque simplemente me fascina). También en esta época escribirá La princesita y Little Lord Fauntleroy, dos de sus obras infantiles más conocidas, a la vez que continuaba escribiendo dramas románticos dirigidos a un público más adulto. En 1890, sin embargo, muere su hijo mayor, y esto la devuelve a la depresión profunda, dejando de escribir durante una larga temporada.

Más tarde se divorciará de su marido Swan, lo que causó gran escándalo en la puritana sociedad de la época. Que, además, un par de años más tarde ella volviera a casarse con Stephen Townsend, un actor más joven que ella, después de haber vivido juntos sin estar casados no ayudó mucho a su buen nombre y es que a pesar de ser una reconocida y reputada escritora la decencia de la mujer siempre debía ser lo primero.

Este segundo matrimonio fue, en sus propias palabras, el gran error de su vida, ya que él solo quería su dinero y controlarla todo lo posible. Tras residir en Maytham Hall, una gran mansión en Inglaterra de cuyos amplios jardines surgiría la idea para El jardín secreto, Frances volvió a Estados Unidos en 1907, done vivió hasta su muerte en 1924. Tenía 74 años y en los últimos años de su vida se vio obligada a escribir más por mantener su fastuoso nivel de vida que por verdadero placer. Daba fin así a una vida llena de altibajos, de matrimonios desgraciados y luchas contra la puritana sociedad de la época, pero, sobre todo, una vida llena de literatura e historias maravillosas que siempre quedarán en nuestro recuerdo.

 

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Inglaterra, 1877. El joven Gaston Framleigh, oficial de la Guardia, descubre que al otro lado de la calle, en una pequeña y humilde casita, reside una encantadora y vivaracha joven por la que se siente absolutamente cautivado… hasta que descubre su profesión: la preciosa Polly Pemberton es actriz de teatro, actividad del todo inadmisible a los ojos de un joven de noble cuna tan arrogante y engreído como él. No obstante, y a pesar de la mutua antipatía inicial, pronto empiezan a ser frecuentes sus visitas a la casa de los Pemberton, donde Gaston es bien recibido por la preciosa Polly —que reside junto a su aya y su poco respetable tío— hasta que ambos son advertidos del exceso e inconveniencia de dichas visitas…

 

 

Compilación realizada por Lorena López, escritora, traductora, biblioterapeuta, consultante en Feng Shui y terapeuta en Eft (técnicas de liberación emocional). 

EL TATUADOR DE AUSCHWITZ de Heather Morris.

Heather Morris

Nació en Nueva Zelanda pero vive en Australia. Mientras trabajaba en un hospital público en Melbourne, también escribía guiones, uno de los cuales fue elegido para hacer una película. En 2003 le presentaron a Lale Sokolov, un encuentro que cambió la vida de ambos para siempre. A medida que su amistad crecía, Lale le encomendó la tarea de contarle al mundo los detalles de su vida y la de su esposa Gita durante el Holocausto. “Estoy segura”, afirma Morris, “de que la historia de Lale y Gita conmoverá a otros como me conmovió a mí, y espero que su testimonio permita comprender mejor la extraordinaria capacidad de las personas para sobrevivir, y el triunfo del espíritu humano aun en las peores circunstancias.” El tatuador de Auschwitz es su primera novela y un suceso editorial a nivel global.

El caso de supervivencia y romance nacido en medio del horror del Holocausto fue revelado por un nuevo libro de la escritora Heather Morris, que se publicará en el Reino Unido el 11 de enero del 2019.

 

Gita Fuhrmannova y Lale Sokolov (Heather Morris/Familia Sokolov)
Gita Fuhrmannova y Lale Sokolov (Heather Morris/Familia Sokolov)

Para los sobrevivientes, esos números impresos en la piel se convirtieron en un recuerdo imborrable de los horrores de los campos de concentración nazis. Pero para el “tatuador de Auschwitz”, Lale Sokolov, el número que grabó en el brazo de Gita Fuhrmannova fue lo que le permitió encontrar el amor.

La increíble historia de supervivencia y romance nacida en medio del horror del Holocausto fue revelada por el libro El tatuador de Auschwitz, de la escritora Heather Morris, que se publicará en el Reino Unido el 11 de enero.

Lale Sokolov conoció a quien se convertiría en su esposa un día de julio de 1942. En el libro, Morris relata que cuando esa muchacha se presentó para ser tatuada sintió horror. Había algo en esa joven y en sus ojos, contó. Quería evitar esa tarea, pero su jefe —un francés llamado Pepan— lo obligó para no desatar la ira de los nazis. Fue en ese momento que se tatuó  su “número en el corazón”, según contó el hombre a Morris.

Gita Fuhrmannova (Heather Morris/Familia Sokolov)

Gita Fuhrmannova (Heather Morris/Familia Sokolov)

El número que tuvo que grabar, el 34902. La mujer, descubrió después, se llamaba Gita Fuhrmannova y estaba en el campo de mujeres de Birkenau.

Al poco tiempo, gracias a la ayuda del guardia SS que lo supervisaba, empezó a intercambiar cartas con Gita. Luego logró conseguirle raciones de comida extra y hacer que fuera trasladada a un mejor sitio de trabajo en el campo.

Auschwitz (Getty Images)

Auschwitz (Getty Images)

Lale —un diminutivo de Ludwig, su verdadero nombre— había llegado a Auschwitz unos meses antes, en abril de 1942. Tenía 26 años. Nacido en Eslovaquia de familia judía —su apellido era Eisenberg— se había ofrecido a los nazis para ser enviado al campo con la esperanza de salvar al resto de su familia. Pero sus padres murieron en el campo unos meses antes de su llegada, sin que Sokolov jamás se enterara, reveló la extensa investigación que Morris llevó a cabo para confirmar la historia.

Él también, cuando llegó al campo, fue marcado con un número: 32407.

La investigación de Morris halló los documentos que confirmaron la presencia del Sokolov en el campo de concentración

La investigación de Morris halló los documentos que confirmaron la presencia del Sokolov en el campo de concentración

Pero poco después, Lale se enfermó de fiebre tifoidea. Lo cuidó un francés llamado Pepan, el mismo hombre que le había tatuado el número al llegar a Auschwitz.

Pepan lo tomó bajo su protección y le enseñó el oficio. Hasta que un día desapareció.

Fue entonces que Lale, gracias a su conocimiento de los idiomas —eslovaco, alemán, ruso, francés, húngaro y polaco— fue elegido por los nazis para ser el nuevo tatuador del campo.

Comenzó así a trabajar para el ala política de las SS y, en los dos años siguientes, tatuó con la ayuda de asistentes a miles y miles de prisioneros.

(AFP/Getty Images)

(AFP/Getty Images)

El procedimiento se llevó a cabo solo en Auschwitz  y en los campos secundarios de BirkenauMonowitz. Comenzó en el otoño de 1941; para 1943, todos los prisioneros estaban tatuados. La práctica, al privar a los prisioneros de su nombre, era parte del proceso de degradación y deshumanización al que eran sometidos los prisioneros. 

Pero el nuevo cargo le dio a Sokolov una posición privilegiada respecto a los otros prisioneros, lo cual, probablemente, le posibilitó escapar de la muerte.

Esos privilegios le permitieron también comenzar la relación con Gita. Ambos podían verse en secreto, aunque “Gita tenía dudas”, escribe Morris en el libro. “No veía un futuro. Él sabía, en lo profundo, que iba  a sobrevivir”.

En 1945, Gita pudo dejar el campo antes de la llegada de los rusos.Poco después, hizo lo mismo Sokolov, quien regresó a su ciudad de Krompachy, en Checoslovaquia, donde se reunió con su hermana y el resto de su familia.

Pero él quería reencontrar a Gita. Viajó a Bratislava en una carroza, esperando poder encontrarse con la mujer.

Esperó en la estación de trenes durante semanas, hasta que el jefe de la estación le dijo que intentara en la sede de la Cruz Roja. Cuando se dirigía allí, una mujer se paró frente a su caballo. Era Gita.

Gita Fuhrmannova y Lale Sokolov (Heather Morris/Familia Sokolov)

Gita Fuhrmannova y Lale Sokolov (Heather Morris/Familia Sokolov)

Se casaron en octubre de 1945. Pero el hombre fue detenido poco después por enviar dinero en apoyo al proyecto del Estado de Israel. Entonces dejaron el país: Viena, París y, finalmente, Australia, donde vivieron el resto de sus vidas, en Melbourne. Él comenzó un negocio en la industria textil, ella diseñaba vestidos. Tuvieron un hijo en 1961.

Gita Fuhrmannova y Lale Sokolov (Heather Morris/Familia Sokolov)

Gita Fuhrmannova y Lale Sokolov (Heather Morris/Familia Sokolov)

“Este hombre guardó su secreto porque creía, equivocadamente, que tenía algo para esconder”, explicó Heather Morris, quien para ganarse su confianza visitó a Sokolov varias veces a la semana durante tres años, hasta su muerte, en 2006.

Es que Lale tenía miedo de ser visto como un colaborador de los nazis: guardando el secreto, que para él se había convertido en una carga, pensaba proteger a su familia. 

Fue solo tras la muerte de Gita, en 2003, cuando ya no quedaba nadie para proteger, que se animó a contar su historia.

 

Compilación realizada por Lorena López, escritora, traductora, biblioterapeuta, consultante en Feng Shui y terapeuta en Eft (técnicas de liberación emocional). 

“Un mar violeta oscuro” de Ayanta Barilli

“Adiós, que me voy a escribir el Planeta”, se despedía de su familia Ayanta Barilli cada día durante cinco años cuando se encerraba con el manuscrito de “Un mar violeta oscuro”, la novela con la que anoche quedó finalista del Premio Planeta: “es un sueño lograrlo porque me he criado con él”.

Barilli (1969) se ha convertido en la primera ganadora hija de otro premiado con el Planeta, Fernando Sánchez Dragó (1936), que se alzó con él con “La prueba del laberinto” (1992) y además fue finalista dos años antes con “El camino del corazón”.

“Igual que mi ‘canción de cuna’ fue el machaqueo de mi padre en la máquina cuando escribía ‘Gárgoris y Habidis’, me he criado con el Premio Planeta a mi alrededor. Desde el primer momento pensé en presentarme aunque, claro, no tenía ninguna seguridad de conseguirlo”, ha revelado la periodista, actriz y directora y gestora teatral en una entrevista con EFE.

El proceso de creación de su novela, la historia de su bisabuela, abuela, madre y ella misma, fue “curioso”, revela, porque empezó por el final: “escribí el último capítulo y luego fui haciendo los demás, un poco a ciegas, sin saber qué me encontraría pero una confianza absoluta en la historia”, detalla.

Para escribir esta “mezcla de ficción y realidad” se apoyó en una caja de cartas y documentos que había heredado de su abuela y que cuando recibió decidió dejar encerrada diez años porque no podía enfrentarse a ella.

Cuando finalmente lo hizo se reveló un mundo que la acercó a sus raíces y le permitió revivir en el papel a una mujer que desde que falleció, cuando ella era muy pequeña, la ha acompañado “como una presencia viva”, su madre, la italiana Caterina Barilli.

“La he escrito llorando y, al mismo tiempo, riéndome de mis propias lágrimas. Es claramente un zoom. Todo lo que pertenece al pasado ‘puede’ que fuera así, es decir, lo novelo y según se va acercando a mi madre y a mí se va haciendo más real y lo que pasa está contado desde la verdad más absoluta”.

En medio, “un tipo infame” que marca la vida de todas sus antepasadas -“no, en el caso de mi madre no es mi padre, es alguien que llegó después”-, una clase de persona, “un error”, que ella ha sido capaz de esquivar con éxito.

La novela, prosigue, se titula “Un mar violeta oscuro” porque uno de los lugares en los que transcurre es un pueblo costero italiano en el que los atardeceres son de ese color, “bellísimo pero también inquietante e incluso diabólico”.

Ahí, el “tipo infame” es el “error”, el “hombre que no sabe amar”, un “destino repetido” que ella ha roto, un quiebro del que ha querido dejar testimonio para sus hijos y para los lectores para convertir “una pequeña historia en algo universal”.

Su marido, Francis, dice, es “cómplice” en la escritura del libro porque le ha pedido su opinión constantemente.

No así a su padre, al que prefería “dar la sorpresa”. Sánchez Dragó aseguró entre sollozos en la rueda de prensa que cuando leyó el texto final que había escrito su hija, “la bendición de su vida” le mandó un correo diciéndole que era “una obra maestra” y que había sentido lo mismo que 50 años antes cuando cayó en sus manos “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez.

“Mi padre es así, un dragón, no puede remediarlo. Yo soy más discreta, más mesurada y aunque todo me parte el corazón sé controlarme”, confiesa la finalista, que precisa que también es “diferente” a su progenitor, partidario de VOX, en lo que se refiere a “la ideología”.

Su debut literario tuvo lugar precisamente junto a su padre con la novela autobiográfica “Pacto de sangre” escrita en formato de dos cartas cruzadas, la que un padre le dedica a un hijo y la que una hija dedica a un padre, que surgen tras el nacimiento del pequeño Akela, el cuarto hijo del autor.

Barilli hace un programa en es.radio cada noche sobre sexo y amor y otro semanal con recomendaciones teatrales, aunque ya no está en el día a día teatral ni gestiona el Teatro Lara.

A lo que ya no podrá renunciar nunca, añade, es a escribir y “puede” que se vuelva a presentar al Planeta: “¿por qué no? Soy hija de dragón”, se ríe.

 

Finalista Premio Planeta 2018
Una maldición recorre las vidas de Elvira, Ángela y Caterina: elegir a hombres que no la supieron amar
Elvira se casó con Evaristo, un demonio que sembró el miedo y la locura. Su hija Ángela renunció a sí misma por un marido ausente, siempre en los brazos de otras, incapaz de ocuparse ni de ella ni de sus hijas. Y la indómita Caterina, tercera de la saga, acabó enamorada de otro ser diabólico, sin tener conciencia del peligro que corría. Sólo Ayanta, última descendiente, se enfrentará a su herencia transitando el camino de los recuerdos y de la verdad.
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Un mar violeta oscuro es la historia de una rebelión ante la amenaza de ese destino que parece ineludible, el de muchas mujeres sometidas a las condiciones del tiempo que les tocó vivir, el de tantas protagonistas anónimas que lucharon por ser felices, por ser libres.

 

 

Compilación realizada por Lorena López, escritora, traductora, biblioterapeuta, consultante en Feng Shui y terapeuta en Eft (técnicas de liberación emocional).