“Tan poca vida” de Hanya Yanagihara.

La autora de ‘Tan poca vida’ reclama su derecho a describir con crudeza escenas duras en una obra que ha conmovido a la crítica y el público norteamericanos

Hanya Yanagihara (Los Ángeles, 1975) tenía 10 años y vivía en Texas cuando su padre, un médico hawaiano, la llevó a presenciar la autopsia de un cadáver. “Fue realmente maravilloso”, recordaba la sorprendente escritora de la que todo el mundo habla en una entrevista a The Guardian. “La enfermedad me fascina, lo que el invasor puede hacerle al cuerpo anfitrión…Me encanta descubrir hasta qué punto un cuerpo es capaz de protegerse a sí mismo, a toda costa. Lo duro que lucha por sobrevivir”.

Los lectores de ‘Tan poca vida’ deben luchar también para salir vivos de una novela durísima, por momentos casi insoportable. Porque, una vez empezada, abandonarla no es una opción. En las primeras páginas la historia parece girar en torno a cuatro amigos treintañeros de Nueva York, excompañeros de piso universitario y de escaso éxito laboral: JB, un artista negro gay, Malcolm, arquitecto mestizo y niño de papá, Willem, un apuesto actor del Medio Oeste y Jude, un brillante y atormentado abogado.

Pero de pronto el objetivo acota la panorámica y enfoca a uno de ellos, Jude, víctima de espeluznantes abusos sexuales descritos con una prolijidad intolerable. Que una novela semejante sobre la amistad masculina, el maltrato y la homosexualidad se erigiera en 2015 en Estados Unidos en bestseller es un fenómeno digno de estudio. Que también la crítica se rindiera ante ella parece un milagro. Finalista del Man Booker Prize y del National Book Award, ambos segundos puestos fueron señalados como manifiestamente injustos por medios como The Washington Post, The Wall Street Journal, Vanity Fair o The Guardian que dictaminaron que ‘Tan poca vida’ era la mejor novela del año en EE.UU.

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Pobre masculinidad
Aunque la igualdad no ha alcanzado aún los altos centros decisorios, las mujeres copan ya sin competencia la mayoría de las plazas universitarias de los países avanzados y su ascenso social es imparable. Mujeres inteligentes, competitivas, fuertes, comienzan a ser la norma en lugar de la excepción mientras los hombres desalojan su endémica posición de dominio entre la desorientación y el pasmo. Su desesperada respuesta suena al ritmo de los nuevos movimientos populistas de derechas que ejemplifica el inesperado ascenso del misógino y racista Donald Trump. Hombre, blanco y asustado: tal es el retrato robot del ‘loser’ del siglo XXI.

¿Qué les pasa por la cabeza a los hombres? ¿Qué será de ellos? Ha sido sorpresivamente una mujer la encargada de ejecutar la más elocuente autopsia de la doliente masculinidad moderna en un novelón de más de mil páginas en su traducción española. Hanya Yanagihara vio volar su infancia en moteles de carretera, esperando a que su madre regresara con la compra, publicó una primera novela -‘The People in the trees’ (2013)- que pasó sin pena ni gloria, escribió la torrencial ‘Tan poca vida’ en estado febril todas las noches al llegar del trabajo durante 18 meses y se batió a cara de perro con su editor para mantener intacto todo el horror de la historia de Jude.
El reseñista de Los Angeles Times escribió que ‘Tan poca vida’ había sido el único libro en toda su vida que le había hecho llorar y la habitualmente sobria The New Yorker advirtió que la novela podía volverte loco, consumirte y cambiar tu vida para siempre. Sólo se alzó una voz discordante en la crítica, la de Daniel Mendelsohn en The New York Review of Books y fue más moral que literaria. Según el crítico, la obra de Yanagihara pinta una cultura del victimismo e incapacita a los homosexuales para el logro de la felicidad.

 

Abandono, pederastia, mutilación
La vida de Jude ha sido atroz. Los episodios de autolesión gráficamente descritos tienen su origen en un misterioso pasado, que poco ha poco es desvelado. Abandonado recién nacido en un contenedor de basura, violado por los curas que lo acogieron, carne de prostitución para los camioneros, aquejado de enfermedades venéreas y mutilado por un psiquiatra sádico en un coche. Todo este horror se alterna en las páginas de ‘Tan poca vida’ con la narración paradójica de los estilos de vida de los ricos y famosos, una extraña combinación que funciona sin embargo espléndidamente.
Hanya Yanagihara admira a la escritora inglesa Hillary Mantel por haber cambiado radicalmente su carrera de novelista en la madurez, como, asegura, ella misma tras su decepcionante primera novela. Y defiende la extrema violencia de su ‘Tan poca vida’ sin titubear: “No lleva a ninguna parte adivinar cuánto puede soportar un lector y cuánto no. No puedes refrenarte por miedo a ofenderlo. La violencia del libro puede ser exagerada pero es que todo el libro lo es, yo lo quise así. Es exagerado el amor, la empatía, la compasión y sí, también el horror…”

Thierry Meyssan y la Red Voltaire.

Thierry Meyssan (nacido el 18 de mayo en 1957 en Talence, Gironda) es un periodista y activista político francés, autor de investigaciones sobre la extrema derecha (especialmente sobre la milicia del Frente Nacional, que suscita una investigación parlamentaria y provoca una escisión del partido de extrema derecha), así como por su defensa de la laicidad de la República y sobre la Iglesia católica (el Opus Dei, por ejemplo), entre otras. Meyssan es uno de los principales defensores de las teorías conspirativas sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuya autoría atribuye en su libro La gran impostura a una parte del complejo militar-industrial de los Estados Unidos.

Tras realizar estudios de ciencias políticas, Thierry Meyssan impulsó una asociación de defensa de las libertades individuales, y posteriormente encaminó su carrera hacia el periodismo de investigación.
Su trayectoria profesional lo ha llevado a ser un verdadero experto en Derechos Humanos en la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE), así como a redactor jefe de la publicación mensual Maintenant. Es presidente de Réseau Voltaire y editor de una carta de inteligencia política.

Libros
La Gran Impostura, La Esfera de los libros (Madrid), 2002.
Le Pentagate, Carnot (Paris)
Os Senhores da Guerra, Frenesi (Lisboa), 2002.
Prólogo (con Jean Ziegler) de Le Cartel Bush, Timéli (Geneva), 2004.
Políticamente Incorrecto, con Noam Chomsky, postdata de Fidel Castro, Ciencias sociales (La Habana), 200.
Prólogo (con José Saramago) de El Neron del siglo XXI, Apóstrofe (Madrid), 2004.
L’Effroyable imposture 1 & Le Pentagate, Nouvelle édition annotée, Demi-lune (Paris), 2007.
La Gran Impostura 2, Monte Avila (Caracas), 2008.

 

 

LA GRAN IMPOSTURA: NINGUN AVION SE ESTRELLO EN EL PENTAGONO

Las irregularidades de las primeras fotografías del atentado contra el Pentágono y la posterior confusión y contradicciones de las declaraciones oficiales, incluidas las que se realizaron sobre el World Trade Center, intrigaron a Thierry Meyssan , siempre atento observador de la actualidad internacional. A partir de entonces emprendió una investigación que lo ha llevado de revelación en revelación, tan insospechada como sobrecogedora. Según el autor, la versión oficial no se sostiene con un análisis crítico. Esta obra demuestra que se trata de un montaje. En algunos casos, los datos recogidos permiten reconstruir la verdad; en otros, las preguntas aún siguen sin respuesta, lo que no es una razón para continuar creyendo las mentiras de las autoridades. En cualquier caso, la tesis elaborada por Meyssan permite desde ahora poner en duda la legitimidad de la respuesta norteamericana en Afganistán y «la guerra contra el Eje del Mal». La gran impostura es un esfuerzo por recordar al lector que la libertad, en un período en que Estados Unidos separa el Bien del Mal, no es creer en una visión simplista del mundo, sino comprender, ampliar las perspectivas y aumentar los matices.

 

Unos de sus artículos

Para Londres, la propaganda de guerra es un arte
por Thierry Meyssan
Nadie dotado de sentimientos humanos puede aceptar ver niños sufriendo, y eso hace de los niños un tema perfecto para la propaganda de guerra. Thierry Meyssan aborda el uso de niños por parte de la coalición internacional encabezada por Estados Unidos en el marco de la guerra contra Siria.

RED VOLTAIRE | DAMASCO (SIRIA) | 23 DE AGOSTO DE 2016

Como todas las guerras, la guerra desatada contra Siria da lugar a una avalancha de propaganda. Y los niños siempre constituyen un tema que se vende como pan caliente.

Por ejemplo, al principio de los incidentes, Qatar quería demostrar que la República Árabe Siria, lejos de servir el interés general de los sirios, despreciaba al Pueblo. La petrodictadura qatarí echó entonces a rodar, a través de su canal de televisión Al-Jazeera, la leyenda de los niños torturados por la policía en Deraa. Como muestra de la crueldad extrema de su adversario, Qatar precisó que los policías les habían arrancado las uñas a los niños. Por supuesto, ningún periodista logró encontrar a aquellos niños. La BBC finalmente transmitió una entrevista con dos de ellos… en la que podía verse que seguían teniendo uñas.

Como el mito resultaba imposible de verificar, Qatar echó a rodar una nueva historia en la que un niño de 13 años, Hamza Ali Al-Khateeb, había sido torturado y castrado por la policía del «régimen». Esta vez la historia estaba ilustrada con una imagen en la que podía verse un cuerpo sin sexo. Pero la autopsia demostró que el cadáver había sido mal conservado y que se había hinchado tanto que el vientre ocultaba el sexo del niño… que no estaba castrado.
En esta revista, Sir Arthur Conan Doyle imagina a Sherlock Holmes arrestando a un espía alemán. El escritor trabajaba en aquella época para el Buró de Propaganda de Guerra.
A finales de 2013, los británicos pasaron a ocuparse de la propaganda de guerra contra Siria. Hay que decir que ya contaban con una larguísima experiencia en ese campo y que son considerados como los inventores de la propaganda moderna, desde los tiempos de la Primera Guerra Mundial, con la creación del Buró de Propaganda de Guerra.

 

Uno de los rasgos que caracterizan la propaganda de guerra de los británicos es que acostumbran a utilizar artistas, porque la estética neutraliza el espíritu crítico del receptor. En 1914, los británicos reclutaron a los grandes escritores del momento –como Arthur Conan Doyle, H.G. Wells y Rudyard Kipling– para garantizar la publicación de textos que atribuían crímenes imaginarios al enemigo alemán. Posteriormente reclutaron también a los dueños de los grandes diarios para que reprodujeran las “noticias” que inventaban sus escritores.

Cuando los estadounidenses decidieron imitar el método británico, en 1917, con el Comité de Información Pública, estudiaron con particular interés los mecanismos de persuasión, con ayuda del periodista estrella Walter Lippmann y del inventor de la publicidad moderna, Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud. Sin embargo, inclinándose fundamentalmente por el poder de la ciencia, olvidaron la estética.

A inicios de 2014, el MI6 británico creó la firma Innovative Communications & Strategies (InCoStrat), o sea “Comunicaciones y Estrategias Innovadoras”, que concibió por ejemplo los logotipos de los diferentes grupos armadosnempeñados en destruir el Estado sirio, desde el más «moderado» hasta el más «extremista». Esta firma, que cuenta con oficinas en Washington y Estambul, organizó la campaña tendiente a convencer a los europeos para que acogieran en sus países a 1 millón de refugiados. También obtuvo la fotografía del pequeño Aylan Kurdi, ahogado en una playa turca, y logró –en dos días– ponerla en la primera plana de todos los diarios atlantistas más importantes, en todos los países de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo.
Antes de la guerra contra Siria, cada año al menos un centenar de migrantes ahogados eran hallados en las playas turcas… sin que nadie se dignara a mencionarlos. Y sólo los diarios dedicados a la publicación de escándalos mostraban fotos de los cadáveres. Pero esta imagen en particular estaba especialmente bien concebida…

Como ya señalé en un artículo anterior, un cuerpo depositado en la playa por el mar no puede quedar en posición perpendicular a las olas… el autor de la foto reconoció posteriormente que había desplazado el cadáver del pequeño Aylan para mejorar la composición de la imagen.

La foto del pequeño Omran Daqneesh (sólo tiene 5 años) sentado en una ambulancia en el este de Alepo viene acompañada de un video, lo cual permite su “explotación” tanto en la prensa escrita como en televisión. La escena es tan dramática que una locutora de CNN rompió a llorar al verla. Por supuesto, cuando nos detenemos a pensar en lo que estamos viendo nos damos cuenta de que los socorristas no se ocupan del niño tratando de administrarle los primeros auxilios. Lo que vemos es que alguien –al parecer un miembro de los «White Helmets»– se limita a sentar al niño delante de la cámara.

Omran, el niño Sirio que nació en guerra y no conoce la paz. #PrayForSiria

A los cineastas británicos no les interesa el niño, lo que quieren es lograr una imagen. Según la agencia Associated Press, la foto fue tomada por Mahmud Raslan, quien aparece brevemente en el video. Según su cuenta de Facebook, Mahmud Raslan es miembro del grupo Harakat Nur al-Din al-Zenki, un grupo armado que cuenta con el respaldo de la CIA, que lo ha equipado con misiles antitanque BGM-71 TOW. También según su cuenta de Facebook, y esta información aparece confirmada por otro video, el 19 de julio de 2016, varios camaradas de armas de Mahmud Raslan, que incluso aparecen retratados con él en su cuenta de Facebook, degollaron al niño palestino Abdullah Tayseer al Issa, de 12 años.

Las leyes europeas son particularmente estrictas en lo tocante al uso de niños con fines publicitarios. Parece que eso no incluye la propaganda de guerra.

 

 

Rosa Montero publica: ‘La carne’, novela en la que habla sobre el paso del tiempo.

Entre otras marcas que adornan su piel, y también su corazón o su memoria, Rosa Montero (Madrid, 1951) tiene tatuado un título adoptado por el poeta chileno Raúl Zurita, “Ni pena ni miedo”. Tiene mucho que ver con La carne, la novela que Alfaguara le publica.
Rosa Montero sostiene que a los 40 años “se descubre la mediocridad y la mezquindad”
De La carne habla Rosa Montero, novelista, periodista, en la cocina de su casa, frente al Retiro madrileño, de regreso de un viaje europeo, dormida aún, “pero siempre corriendo”. Corriendo habla, corriendo escribe, y está corriendo desde que era una niña. En esta novela, en la que hay sexo, querido o prestado, o pagado, hay también tiempo, miedo del tiempo, lucha contra el tiempo. La tristeza y la soledad que está en el propio nombre de la protagonista, Soledad.

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Ese personaje de La carne es una mujer que acaba de llegar a los sesenta años, ha sufrido un desengaño amoroso y quiere impresionar a su examante exhibiendo el músculo de una nueva conquista, esta vez un joven que ella se procura en una agencia de gigolós. La peripecia posterior, que está en la novela muy detallada, es esa metáfora, el tiempo, el miedo, la pena del tiempo, que por otra parte late en todas las obras de Rosa Montero.

“No hay que mirar para atrás con pena y no hay que mirar hacia delante con miedo”

Y está presente, claro, ese lema, Ni pena ni miedo. “¡Tiene que ver con la vida! Y el libro trata de la vida. El tiempo te va royendo los huesos, te va asustando, encogiendo, y llega un momento en que te planteas si no ha sido un fracaso total. Y cada vez tienes más pena. ¡Creo que es un lema perfecto para la tercera edad! [Risas] Porque es cierto que la vida asusta y que la vejez no es para blandengues, como dicen los norteamericanos. Por eso me parece magnífico ese verso: ‘Ni pena ni miedo’. No hay que mirar para atrás con pena y no hay que mirar hacia delante con miedo”.

Soledad tiene alguna vez la tentación de no luchar, de borrarse, de no fracasar… “¡Y yo soy todo lo contrario! Soy de las que prefiere actuar. Soledad es pasiva, no se pone en riesgo. ¡La paz de los cementerios! La vida es ponerte en riesgo, si no te comprometes con las cosas no vives. La peor soledad es la de ser un náufrago en tu propia vida, que es un poco esta protagonista de mi novela. La vida no se puede concebir sin la compañía de los otros. Hay que vivir para uno, pero con los otros…”.

Todas sus novelas, dice Rosa Montero, “son muy existenciales”. Ya La hija del caníbal (1997) evoca la crisis de los cuarenta. “Y toda mi obra, como esta, está centrada en el paso del tiempo y de la muerte”. Está en su primera novela, Crónica del desamor (1973), que aparece aquí como un título posible para un primer libro de una vecina de la protagonista de La carne… En esas novelas que marcan las décadas narrativas de Rosa Montero están “la muerte y el fracaso y la falta de amor como la definición de la falta de valor de la vida, de cómo se convierte tu vida en una basura. Y eso es lo que siente Soledad, que la vida es una basura”.

—Que la edad le chirría.

—Bueno, la edad le chirría, el tiempo le chirría… ¡El tiempo chirriaba a los cuarenta y a mí me chirriaba desde los diez! Yo me decía a mí misma, a esa edad: “Mira, Rosita, qué tarde tan bonita. ¡Disfrútala porque luego corriendo corriendo estarás esta noche en la cama durmiendo, corriendo corriendo estarás mañana en el colegio, corriendo corriendo se habrán muerto tus padres, corriendo corriendo te habrás muerto tú!” ¡Con diez años me decía eso!

“La peor soledad es la de ser un náufrago en tu propia vida”

En la novela de Rosa Montero hay una descripción de Rosa Montero, que va a encontrarse con Soledad. Como ella misma hace en sus propias entrevistas, y cuando no entrevista, se despoja de todos sus abalorios, enseguida empieza el trabajo que quiere hacer y enseguida se va… “Sí, es tal cual. Y en la novela ella me pone a parir. Y dice algo de mi bastante sensato: ‘¿Y con esos tatuajes, adónde va? ¡Se creerá una niña! ¡Y vestida de Zara! ¡¿Se creerá que vistiéndose así va a engañar al tiempo?!”

Cita a Mallarmé: “La carne está triste y ya he leído todos los libros”. Y se pregunta: “¿Por qué se llama mi novela La carne? Porque estoy hablando de la carne que nos mata, la carne que nos envejece, la carne que nos enferma…, y al mismo tiempo estoy hablando de la carne que nos lleva a la gloria, de la carne que nos hace rozar la eternidad, porque cuando estamos en la explosión de la pasión la carne nos libra de la muerte, precisamente. Estoy hablando de eso; pero ya te digo que de eso estoy hablando en esta novela y en todas las demás”.

—Usted no ha querido hacer su propia historia, pero Soledad sí le pregunta por ella en la novela…

—En todas mis novelas se muestra esa inquietud. Lo que resulta complicado es que en cuanto escribes sobre un personaje contemporáneo, de una mujer que se acerca a tu edad, la gente enseguida la relaciona contigo. Y yo no lo entiendo, no lo entiendo…

“Pétronille”, la última obra de Amélie Nothomb.

 

La relación entre la literatura y el alcohol siempre fue laxa y amistosa. Una profesión donde el escritor maneja sus propios tiempos y lidia permanentemente con la ansiedad y el desgano de enfrentarse a una hoja en blanco de forma diaria no podría ser de otra forma. La humanidad ha tenido a la bebida (y a las drogas, en términos generales) como una vía de escape o recreación frente a la responsabilidad que exige la vida cotidiana. Desde Charles Bukowski, que decía en Factotum (1975) que “cuando bebes el mundo aún está ahí afuera, pero en ese momento no te tiene agarrado del cuello”, hasta Charles Baudelaire, cuando personificada al vino en uno de sus poemas de Las Flores del Mal (1857): “Siento una inmensa dicha al caer / en la boca de un hombre consumido por el trabajo”. En ambos casos, el alcohol aparece como quien posibilita que disminuya el peso del mundo, pero ¿es una salvación o una relajación?

La editorial Anagrama ha publicado Pétronille en español, la última novela de Amélie Nothomb (Japón, 1967) que salió en su lengua original, el francés, en el año 2014. Allí, esta autora de nacionalizada belga expone una forma romántica de ver la bebida que califica como el “áureo canto de las sirenas”. “La embriaguez no se improvisa. Es competencia del arte, que exige dar y cuidar” son las primeras palabras del libro y, de alguna manera, traza una distinción en el uso del alcohol. Como si le estuviera hablando a los millones de adolescentes que salen y se emborrachan en los boliches hasta quedar inconscientes bajo la “cultura del reviente”, asegura que beber es un arte, y como tal el disfrute en el paladar es uno de sus elementos constitutivos.

“Beber deprisa no significa beber con ansia. Nunca tomo más de un sorbo a la vez”, reconoce como recordando esa tradición que suelen tener los franceses con el buen comer y beber, la degustación de esos platos exóticos donde las papilas gustativas experimenten el placer. De esta manera traza una historia donde la bebida será la excusa para hablar de una relación de amistad entrañable.

La novela tiene el nombre de Pétronille Fanto, una chica (pichona de escritora) de aspecto andrógino y actitud desafiante, que la autora suele comparar con Arthur Rimbaud en su juventud transgresora. Como una suerte de relato autobiográfico explícito, la misma Amélie Nothomb es la protagonista y en un determinado momento de su vida decide buscar una “compañera de borrachera”. En una librería donde firma sus libros, conoce a esta joven francesa y la invita a beber. El champán es la bebida favorita y a partir de la excusa del alcohol se teje un vínculo que llevará a indagar sobre la amistad: ¿es la diferencia o la semejanza lo que atrae a las personas?
Porta de “Pétronille” de Amélie Nothomb (Anagrama).
Mucho más joven y con una vida más border y radical, Pétronille comienza a preocupar a la Amélie cuando, finalmente, descubre que se somete a probar pastillas de laboratorio para costear su vida ya que la literatura no llega a darle el sustento económico necesario. ¿Cómo querer a quien no se quiere? ¿Cómo cuidar a quien no se cuida? “Esa extraña forma de amor tan misteriosa y peligrosa en la que siempre se nos escapa todo lo que está en juego: la amistad”, dice la autora y decide cuidarla. Antes, la ayuda a ganarse un lugar entre los escritores de su época.

Sin embargo su juventud y despreocupación es lo que parece llevar las situaciones a un escenario más inquietante. “Había observado que cuanto más bebía, más a la izquierda de la izquierda se aventuraban sus opiniones”, dice Nothomb de Pétronille Fanto, que es, además, hija de comunistas. En una escena, la protagonista viaja a la ciudad francesa de Antony para conocer a esa familia y describe, de una forma práctica y ácida, las charlas de la izquierda comunista. “Como la propiedad es un robo, nunca cierra la casa con llave. Y nos han robado no sé cuántas veces” dice Pétronille de su padre, un obstinado comunista que, en su afán de ser optimista, asegura que “menos mal que nos queda Cuba”.

“Yo la miraba con la estúpida admiración propia de los de mi especie cuando se tropiezan con un auténtico proletario”, comenta la protagonista sobre Pétronille y sus orígenes pero sobre todo pensando en la forma despreocupada en que vive. En esta relación que, además de ser una amistad, es una amistad entre escritoras, nace la cuestión etaria y las diferentes perspectivas de ver el mundo. Cuando hablan de la locura, la joven le reconoce a la escritora belga -que narra todo en primera persona- que su locura es mayor porque es inclasificable. A lo que se refiere es a la capacidad de dominar su vida, de dejarse llevar por el alcohol pero no hasta el punto de desorientarse, de perderse y al fin jamás recuperarse. La locura de la Nothomb protagonista es la locura de alguien que tiene la experiencia y la solidez intelectual necesarias para no dejarse estafar por el delirio.

En cambio, Pétronille se pierde, descarrila, viaja al Sahara como una suerte de introspección interior. Da la impresión que no se encuentra a sí misma, que no se contenta con nada. No es el alcohol, desde luego que no, es una insatisfacción permanente. Por el contrario, Nothomb permanece plantada en su eje, por eso es la que cuida, la reta, la asiste, la alienta. No la comprende pero, sin embargo, está. Como las buenas y duraderas amistades: lealtad ante todo, respeto y comprensión.

Amélie Nothomb, la autora, escribe como quien habla mientras gesticula con las manos: una prosa simple, práctica, espontánea y fácil de seguir. La historia se prolonga durante 152 páginas con una soltura impecable, y si en algún momento la abulia florece, es el final (extraordinario final) que logra hacer resurgir la trama y resignificarla dotándola de sentido y emoción. Pero, ¿es esta una novela digna de una bestseller? ¿Está altura de sus demás producciones famosas como Estupor y temblores (1999) u Ordeno y mando (2008)? “La pregunta es si, frente a las exigencias del mercado editorial, las novelas mantienen la calidad literaria”, se interroga la crítica y escritora Leticia Martin teniendo en cuenta la enorme y extensa producción que tiene Nothomb: casi 40 títulos en 25 años. Aquí, en esta novela, la autora muestra su estilo, su ingenio y su docilidad para divertir. Quizás, las grandes obras suceden una, dos o a lo sumo tres veces en toda una carrera. Pétronille no es el caso, pero vale la pena su lectura.

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La escritora Amélie Nothomb nació en Japón, aunque su familia proviene de Bruselas. El cargo de su padre como embajador fue la causa de que pasara su infancia y adolescencia en China y Japón. Sus obras se encuentran entre las más leídas y apreciadas actualmente. Nothomb es una de las escritoras en lengua francesa más exitosa y con mayor proyección internacional. Ha recibido importantes galardones y entre sus títulos se encuentran, entre otras, obras como “Higiene del asesino”, “Estupor y temblores”, Metafísica de los tubos”, “El sabotaje amoroso”, “Ni de Eva ni de Adán”, “Ordeno y mando” y “La nostalgia feliz”.

Página Dos – Entrevista a Amélie Nothomb

 

Laura Restrepo y su «Pecado».

Un viaje al corazón del mal inspirado en El jardín de las delicias del Bosco.

La nueva novela de Laura Restrepo, ganadora de los premios Alfaguara de novela, Sor Juana Inés de la Cruz, Prix France Culture, Arzobispo Juan de San Clemente y Grinzane Cavour.

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Sinopsis

Virtudes y crímenes son intercambiables entre sí y reversibles: la naturaleza desdoblada del pecado, sus varias caras de poliedro.

Como sacados de un cuadro de El Bosco, los protagonistas de este libro son Arcángel, el adolescente asesino; Luis B. Campocé, el ejecutivo adúltero; Emma, la descuartizadora; una pareja incestuosa; un verdugo apodado La Viuda; las Susanas, tres hermanas indiferentes o vanidosas, y el Siríaco, profeta soberbio.

La perturbadora y ambigua idea de pecado se encarna en todos ellos. El jardín de las delicias ha dejado de esta colgado en el museo y se muestra más real que nunca, vivido por estos personajes de carne y hueso que nos confiesan al oído su particular relación con el mal. ¿Hasta qué punto son culpables? Sobre el lector recaerá el reto moral de condenarlos o, tal vez, de indultarlos.

Con la fuerza y la sensibilidad que caracterizan su literatura, Laura Restrepo indaga en la complejidad ética de la transgresión a través de una narración inquietante, original, por momentos aterradora y al mismo tiempo dulcemente humana. Cada pecado trae consigo su correspondiente culpa, pero también su gota de alivio.

Críticas:
«Cuando el nivel de la escritura llega hasta donde lo llevó Laura Restrepo, hay que quitarse el sombrero.»
José Saramago

«Su fascinación por la cultura popular y su humor impecable […] ahorran a sus novelas cualquier tentación hacia el patetismo o melodrama e infunden placeres de lectura inconfundibles.»
Gabriel García Márquez

«La narrativa de Restrepo tiene una distinción estética digna de sus grandes predecesores, Gabriel García Márquez y José Saramago.»
Harold Bloom

«Laura Restrepo es una escritora para guardar como un tesoro.»
Alastair Reid

«Su poderosa escritura nos hace regresar a esa gran literatura apasionada y obsesionada con la historia que es (o era) la ficción latinoamericana.»
Terrence Rafferty, The New York Times Book Review

Laura Restrepo habla sobre su “Pecado”

 

El maquiavelo de los tiempos modernos: Henry Kissinger.

El veterano estadista norteamericano, Henry Alfred Kissinger, llamado en el siglo pasado “criminal de guerra” pero laureado al mismo tiempo con un controvertido Premio Nobel de la Paz en 1973, ha sido declarado por la revista Forbes como el primero en la lista de los 100 más prestigiosos intelectuales del planeta.

El malo será malo siempre y el bueno será siempre bueno (Eurípides, 485 a.C-406 a.c.)

El ambiente político internacional en esta primera década del Siglo XXI está lleno de controversias.

El hombre, que durante ocho años de 1969 a 1977 ejerció como asesor de seguridad nacional y secretario de Estado norteamericano durante los mandatos presidenciales de Richard Nixon y Gerald Ford, tenía la obsesión de contener a la Unión Soviética a toda costa y hacer todo lo posible para borrar el socialismo de la faz de la tierra.

Sin embargo, Kissinger ahora es recibido frecuentemente por el presidente de Rusia, Vladimir Putin para disfrutar de opiniones y reflexiones de este “hombre sabio”.

Hace poco la Academia Diplomática de Rusia reconociendo sus méritos como un intelectual con gran influencia en el mundo, le otorgó el título de Doctor Honoris Causa en una ceremonia solemne.

Mientras tanto a unos 1.600 kilómetros de Moscú, en Berlín, el Comité General de Estudiantes y el Parlamento de los Estudiantes rechazaron la idea de la creación de un profesorado en homenaje de Henry Kissinger. Ellos consideran como un “chiste macabro” la creación de la catedra dotada para “Relaciones Exteriores y Derecho Internacional”. Los estudiantes dudan que “Kissinger, quien nació en Alemania, es una persona adecuada como ejemplo para la ciencia y la enseñanza del Derecho Internacional” por ser “responsable de crímenes de guerra y graves violaciones de derechos humanos durante la década de 1970 en el sureste de Asia y en América del Sur”.

El prestigioso intelectual norteamericano, autor del libro “Making the Future” Noam Chomsky afirmó que en Vietnam, Laos y Cambodia los soldados norteamericanos seguían las indicaciones de Kissinger para “destruir todo lo que vuela y todo lo que se mueve”. Aquel que sería Premio Nobel de la Paz fue arquitecto y supervisor de los bombardeos secretos contra Laos y Cambodia en 1969, según el libro del periodista norteamericano Christopher Hitchens, “The Trials of Henry Kissinger”. Como resultado de estos bombardeos, 350.000 personas fueron asesinadas en Laos y 600.000 en Cambodia. En aquel año fueron lanzados sobre tres millones de habitantes de Laos 3 millones toneladas del Agente Naranja, es decir, una tonelada por persona.

En su libro, Hitchens presentó pruebas contra Kissinger por ser el autor de la prolongación de guerra en Vietnam tras descalificar las conversaciones de Paz en Paris en 1968; por haber estado involucrado en el asesinato de 500.000 personas en Bangladesh en 1971 tras el golpe de Estado del general Yahya Khan, armado y bendecido por los Estados Unidos y por sancionar la intervención del ejército de Indonesia en Timor Oriental que resultó en la masacre de más de 200.000 personas.

Teniendo en cuenta todo este historial es difícil de imaginar las razones de los norteamericanos que consideraron a Henry Kissinger como la persona más admirada en Norteamérica en 1973, según la encuesta Gallup.

Pero allí no terminan las acusaciones. Llamado por el periódico británico The Guardian, “el coloso de la diplomacia” había sido considerado en América Latina como ideólogo del sangriento Plan Cóndor y el autor del golpe de Estado en Chile contra el presidente legítimamente elegido Salvador Allende en 1973.

Fue precisamente Kissinger quien supervisaba el Plan Track I para que los partidos de oposición lograsen la mayoría en el congreso chileno y el Track II que consistía en el golpe de Estado contra el presidente Allende. El escritor estadounidense Walter Isaacson en su libro “Kissinger” cuenta la razón de porqué el secretario de Estado quería sacar al doctor Allende del poder: “no veo por qué tenemos que esperar y permitir que un país se vuelva comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo”.

Sin embargo, el doctor Kissinger en 1971 dio su palabra de honor al embajador chileno en Washington, Orlando Letelier, a quien consideraba su amigo, que Washington no participaría en la campaña contra Salvador Allende o intervendría en Chile.

Posteriormente en 1976 dio su palabra personal al primer ministro de Jamaica, Michael Manley que Estados Unidos no estaría involucrada en una campaña desestabilizadora contra Jamaica por sus contactos con Cuba y Angola aunque Norteamérica no estuviera de acuerdo con tal acercamiento.

Mintió en ambos casos y además de promover el golpe de Estado en Chile, su “amigo” Letelier fue asesinado en 1976 en Washington. En Jamaica, como declaró Michael Manley dos semanas después de la promesa de Kissinger, “toda la ayuda al país cesó abruptamente, el petróleo dejó de llegar y la cooperación económica se redujo drásticamente mientras la embajada norteamericana aumentó su tamaño dramáticamente”. Aún vive en los recuerdos, la puesta en marcha por la CIA la operación Werewolf que dejó muertos a miles de jamaiquinos como resultado de desórdenes.

Como declaró alguna vez uno de los famosos intelectuales de Estados Unidos y exembajador ante las Naciones Unidas, Daniel Patrick Moynihan: “Henry no miente siguiendo sus intereses. El miente porque la mentira está en su naturaleza”.

El poder es otra debilidad de este “hombre sabio” al que considera “el último afrodisíaco”. El poder en la percepción de Kissinger ofrece la estabilidad sin la cual la democracia no puede funcionar. El sistema democrático que el exsecretario de Estado quiso imponer en América Latina y en el resto del mundo en los años 1970 estaba basado en una frase de Goethe que rezaba: “si yo tengo que elegir entre la justicia y el desorden, en un lado y la injusticia y el orden, en el otro lado, yo elegiría lo último”. La democracia por si sola, en la percepción de este estadista, siempre está relacionada con la inestabilidad.

Para el autor de la biografía de Kissinger, Walter Isaakson, esta permanente búsqueda del poder tiene sus raíces en la infancia del niño judío Heinz Alfred Kissinger nacido en Alemania en 1923. El sintió la discriminación y el antisemitismo basado en la combinación de prejuicios de tipo religioso, cultural, racial y étnico. Recién al emigrar a los Estados Unidos en 1938 se sintió más aliviado al “poder caminar con la cabeza en alto por las calles de Nueva York. Entró en la Universidad de Harvard donde aprendió los mecanismos del poder político y se acercó al FBI que lo consideró como “como una fuente confidencial de su división en Boston”, según el libro de Isaakson (page 71).

En 1943 sus estudios en Harvard fueron interrumpidos cuando fue reclutado al ejército y donde fue nacionalizado estadounidense. Allí cambió su primer nombre Heinz por Henry. Sirvió en la Inteligencia Militar de la 84 División de Infantería. Uno de sus mentores, Fritz Kraemer le dio la siguiente característica: “Henry estaba desesperado por ser aceptado por sus colegas, inclusive tratando de complacer a las personas que él consideraba sus inferiores”. Estas ansias de aceptación y al mismo tiempo desconfianza de sus colegas, su carácter conspirativo y aversión a todo lo que considera revolucionario le habían guiado a los círculos del poder donde adoptó la estrategia de manipulación del antagonismo de las fuerzas rivales , tanto a nivel interno del gobierno como a nivel internacional.

Después de su retiro del gobierno esperó cinco años para crear su compañía, Kissinger Associates,Inc. que asesora a clientes en relación con gobiernos en el mundo entero. Carlos Menem, Augusto Pinochet, Alberto Fujimori, Boris Yeltsin fueron asesorados por este “hombre sabio” a cambio de una buena remuneración, que en los años 1990 se traducía en unos 120.000 dólares la hora. Algunos expertos consideran sus méritos en la política internacional durante su estadía en el poder entre 1968 a 1977 como “extraordinarios”.

Impulsó el reconocimiento de la Unión Soviética como partícipe de la hegemonía mundial y acercó a los EE.UU. a China. Lo que no dicen estos expertos es que aquella “inclusión” de la URSS en el “poder mundial” había creado falsas expectativas entre los dirigentes soviéticos y había facilitado las condiciones para la desintegración del país en 1991.

Por supuesto que las condiciones internacionales en el mundo están en permanente evolución y Estados Unidos en este momento está atravesando una difícil situación económica sin ser afectado su poder global militar. En estas condiciones necesita cierta ayuda de Rusia y China a nivel internacional para tener un respiro en su política de expansión de su hegemonía. Por eso no es de extrañar su afán de utilizar a los “hombres sabios” de tipo Kissinger, aunque es el único de esta especie superando en su habilidad de proveer información “confidencial” inclusive al otro “wise man”, Zbigniew Brzezinski. Ambos al unísono están declarando que el “Nuevo Orden Mundial está en manos de Rusia, China y Estados Unidos”.

En los años 1980 se proclamaba que el Nuevo Orden Mundial estaría compartido por Japón y Estados Unidos. Sin embargo, Japón colapsó financieramente y hasta ahora no puede recuperarse. Ahora llegó la hora de tratar de seducir a China y Rusia creando falsas expectativas sobre su participación en la hegemonía mundial. Por algo “hombres sabios” comparan a Estados Unidos con un experto francotirador que provoca a los principiantes a elegir el arma y después disparar cuando el principiante está listo para actuar.

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En Orden mundial, Henry Kissinger presenta una profunda y original reflexión sobre las causas de la armonía y de los conflictos en los asuntos globales. A partir de su inmensa experiencia como uno de los principales estadistas del siglo xx, asesor de presidentes, conocedor del mundo, observador y participante en los temas centrales de política internacional del último medio siglo, Kissinger expone en esta obra su visión del reto fundamental del siglo xxi: cómo construir un orden internacional compartido en un mundo con perspectivas históricas divergentes, plagado de conflictos violentos, tecnología desbocada y extremismo ideológico. La crítica ha opinado: El mejor Kissinger, con su inimitable combinación de erudición y agudeza, y el talento para unir titulares con tendencias a largo plazo; a muy largo, en este caso. Abarca desde el Tratado de Westfalia hasta los avances en microprocesadores, de Sun Tzu a Talleyrand, a Twitter -Hillary Clinton, The Washington Post- El nuevo libro de Henry Kissinger, Orden mundial, no puede ser más oportuno. Kissinger, a sus noventa y un años, recorre a buen paso los siglos y los continentes, y examina las alianzas y los conflictos que han definido Europa a través de los siglos, las consecuencias de la desintegración de estados como Siria o Irak, y la relación de China con el resto de Asia y Occidente -Michiko Kakutani, The New York Times- Deslumbrante e instructivo… Un libro magistral -Walter Isaacson, Time-Henry Kissinger, de origen judío alemán, fue asesor nacional de Seguridad y luego secretario de Estado con Richard Nixon y Gerald Ford, y ha asesorado a muchos otros presidentes estadounidenses sobre cuestiones de política exterior. En 1973 recibió el Premio Nobel de la Paz, y también ha obtenido la Medalla de la Libertad, entre otros muchos premios y honores. Es autor de numerosos libros sobre geopolítica, el más reciente China (Debate, 2013). Actualmente preside Kissinger Associates, Inc., una consultoría internacional.

 

Kissinger : Nuevo Orden Mundial 2013

 

Confrontan a Henry Kissinger por reuniones de Bilderberg.

 

Victoria Ocampo: mecenas y agitadora cultural del S. XX.

La noche había caído ya hacía largo rato sobre Villa Ocampo, pero las conversaciones seguían brotando de los inquietos paladares allí citados. El cansancio, sin embargo, empezaba a hacer mella en el ánimo de los contertulios. La mayoría decidió, entonces, poner rumbo a Buenos Aires. Norah Borges, la hermana del autor de «El Aleph», ensimismada en la estética de la residencia, se quedó despistada y, cuando el grupo estaba a punto de cruzar el umbral, gritó: «¡No me dejen sola con la inmensidad!».

La «inmensidad» tenía un nombre: Victoria Ocampo (1890-1989). Aquella mujer, de presencia impresionante, dejó huella en todos los que se cruzaron en su vida. Una vida que marcó la cultura de buena parte del siglo XX y que, ahora, de la mano de la Fundación Banco Santander, vuelve a estar de actualidad en nuestro país. La Colección Obra Fundamental ha recuperado «Darse. Autobiografía y Testimonios», una obra hasta ahora inédita en España, que resulta fundamental para acercarse a su figura y, de paso, indagar en nuestra historia más reciente.

La «Autobiografía», cuyos volúmenes más logrados son el segundo («El imperio insular», donde relata su adolescencia) y el tercero («La rama de Salzburgo», donde da cuenta de su relación con Julián Martínez), abarca sus primeros 40 años, mientras que la serie de «Testimonios» constituye la historia de su vida intelectual. Con selección y prólogo del escritor Carlos Pardo (Madrid, 1975), «Darse» se articula como un hermoso relato, en el que Victoria Ocampo va abriéndose, ante el lector, sin pudor (principal enemigo de la literatura, y de la mujer, como ella misma escribió) ni mesura.

Victoria-Ocampo-escritora

Novela de una vida
Se trata de la novela de una vida, ensamblada con una jugosa selección de textos autobiográficos y ensayos, donde Stravinski, Ortega y Gasset (él publicó su primer libro), Tagore, Virginia Woolf, Keyserling o Pierre Drieu La Rochelle son los principales protagonistas. No es extraño, por tanto, que Pardo la describa como «una de las cimas de la literatura memorialística de nuestro idioma».

«Es una de las cimas de la literatura memorialística de nuestro idioma»
En opinión del «antólogo», «Victoria fue una de las pocas personas que se atrevió a escribir en primera persona para dar sentido a su vida y a su tiempo, con el descaro y la calidad de los mejores escritores del siglo XX». Feminista, antifascista, amante del arte y de la belleza (para ella, como para Diana Vreeland, la modernidad empezaba en el baño), entregada al amor y sus consecuencias (compartió amante con Coco Chanel), adúltera reconocida, Victoria Ocampo forjó el gusto y la cultura de gran parte de América Latina.

Considerada una «musa sin obra», aunque en esa etiqueta estén presentes todos los clichés machistas de la época, usó prácticamente toda su herencia (los Ocampo eran una de las familias aristocráticas más importantes de Argentina) en apoyar las vanguardias, por lo que Pardo no duda en definirla como «mecenas participante» y, en definitiva «agitadora cultural». Creadora de la revista «Sur» (1931), «gracias a ella conocemos a Virginia Woolf y a lo más importante y puntero de la literatura internacional», que encontró refugio en las páginas de aquella publicación.

Testimonio del S.XX
«’Darse’ puede leerse como un testimonio del siglo XX, pero también de los afectos y de la manera que tenemos de relacionarnos con los demás», concluye Pardo, a quien le «fascinan» las páginas que Ocampo dedica a Ernest Ansermet y, aunque reconoce que el capítulo de Keyserling «tiene momentos muy divertidos», se queda con el «capítulo» de La Rochelle.

En él, titulado «Drieu», encontramos, quizás, las páginas más lúcidas y dolorosas de la obra. «Así como había estado huérfana de mis padres (que no dejaba de amar), porque no podía confesarles mi verdadero pensamiento, iba a convertirme en huérfana de otros seres a quienes amaba, por un motivo análogo. En realidad, yo estaba sola, fabulosamente sola», escribe Ocampo, tiempo después de conocer el suicidio del escritor, en 1945. Había dejado de ser una mujer feliz para convertirse en «estatua de la felicidad». Felicidad de la que debía privarse, «y que sólo subsistiría en forma de monumento». No obstante, ya lo dejó escrito Borges, quizás pensando en ella: «Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor. Felices los felices».
La rebelde que hizo de su vida un sueño

Lectora culta e informada, seducida y seductora pero, ante todo y sobre todo, rebelde. Victoria Ocampo nació el 7 de abril de 1890 en Buenos Aires, en el seno de una familia aristocrática. Sus padres, controladores hasta la asfixia, llegaron a prohibirla leer «De profundis», de Oscar Wilde. En los libros, Ocampo buscaba aquello que le negaba la vida, superando, mediante la evasión literaria, los límites que le imponía su clase social. «Cuanto más vivo, más segura estoy de que no encontraré a un ser capaz de comprenderme. Me quedo con los libros, por el momento», confesó, en una carta, a su amiga Delfina Bunge. En 1912 se casó con Luis Bernardo de Estrada, del que terminó separándose poco tiempo después de conocer a Julián Martínez (J.), su verdadero amor. En 1931 fundó la revista «Sur», cuyas páginas alumbraron el periodo de mayor esplendor de la literatura argentina. Además, como recuerda el escritor y crítico Javier Montes, «con España ahogada bajo el franquismo, fue ella la que dio voz y tribuna a muchos de los exiliados». Antinazi y antiperonista (llegaron a meterla en prisión), «fue capaz de grandes esfuerzos públicos y privados por defender sus causas». Gran amante de la música (Brahms, Ravel… hasta los Beatles le interesaron), le gustaba mucho el jazz, que tuvo ocasión de descubrir en Harlem, en una de sus primeras visitas a Nueva York. Mozart, en cambio, no le convencía («No me gusta lo que dice»). «El mundo entero es mi dominio y me siento en casa tanto en Nueva York como el Londres. Necesito toda la tierra», escribió en una carta. Murió el 27 de enero de 1979. Villa Ocampo, por donde pasaron Camus, Borges, Tagore o Stravinski, pertenece hoy a la UNESCO.

Libros destacados
De Francesca a Béatrice (1924)
Testimonios (Primera serie) (1935)
Autobiografía Volumen 1 (1979)
Testimonios (Segunda Serie) (1941)
El viajero y una de sus sombras (1951)
Autobiografía volumen 2 (1979)

Bio. ar

Victoria Ocampo

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