« Fantasía, terror y ciencia ficción», los temas favoritos de Ray Bradbury.

Ray Douglas Bradbury; Waukenaun, Illinois, 1920 – Los Ángeles, California, 2012) Novelista y cuentista estadounidense conocido principalmente por sus libros de ciencia ficción.

 

En su ponencia, Bradbury relata cómo, a lo largo de su vida como escritor, rechazó grandes cantidades de dinero en encargos, porque sabía que si escribía algo que no le interesaba por dinero, esto lo iba a “destruir”. “Mi esposa y yo teníamos 37 años cuando nos pudimos comprar nuestro primer automóvil”. Debes escribir lo que a ti te gustaría leer.  Ray Bradbury

Alcanzó la fama con la recopilación de sus mejores relatos en el volumen Crónicas marcianas (1950), que obtuvieron un gran éxito y le abrieron las puertas de prestigiosas revistas. Se trata de narraciones que podrían calificarse de poéticas más que de científicas, en las que lleva a cabo una crítica de la sociedad y la cultura actual, amenazadas por un futuro tecnocratizado. En 1953 publicó su primera novela, Fahrenheit 451, que obtuvo también un éxito importante y fue llevada al cine por François Truffaut. En ella puso de manifiesto el poder de los medios de comunicación y el excesivo conformismo que domina la sociedad.

Biografía

Ray Bradbury se graduó en la escuela secundaria en 1938, y se ganó la vida como vendedor de periódicos hasta 1942. Comenzó a escribir desde niño, pero publicó su primera historia en 1938, en una revista de aficionados. Adquirió la certeza de lo que sería su estilo cuando compuso The Lake.

En 1943 dejó el trabajo de vendedor de periódicos y se dedicó a escribir a tiempo completo, publicando en diversos medios numerosos relatos breves, hasta que en 1950, con la aparición de Crónicas marcianas, comenzó su ascendente fama literaria. En sus páginas, que relatan los intentos de los terrestres por colonizar el planeta Marte, se reflejan las angustias y ansiedades que existían en la sociedad norteamericana de la década de los cincuenta, ante el peligro de una guerra nuclear.

Considerados un clásico de la ciencia ficción, este conjunto de relatos interdependientes recoge no sólo las vicisitudes de la colonización del planeta Marte sino también la caída de su civilización, abarcando un período comprendido entre 1999 y 2026. Los marcianos poseen notables poderes telepáticos, lo que causa graves contratiempos a las tres primeras expediciones. La cuarta aporta al planeta la varicela, que contagia a los indígenas y acaba con su resistencia.

A continuación, se desarrolla la obra colonizadora, que aporta al planeta los aspectos más negativos de la cultura occidental. Sólo un mexicano, que conserva las esencias de su cultura indígena, consigue establecer una auténtica comunicación con un marciano que, a su vez, es depositario de las tradiciones desplazadas por la hegemonía de los colonizadores. Éstos han degradado a tal punto la civilización autóctona que en uno de los relatos un marciano utiliza sus poderes telepáticos para divertir a los nuevos amos adoptando las personalidades que le solicitan. También los negros estadounidenses establecen asentamientos para huir de la discriminación. Finalmente, el planeta casi se despuebla porque una amenaza bélica en la Tierra induce a los colonos a regresar. Los pocos que permanecen en Marte se convierten en los “nuevos” marcianos.

En 1951 publicó uno de sus libros mayores, El hombre ilustrado, compuesto por varios relatos de naturaleza fantástica, y dos años más tarde otro de los más representativos, Fahrenheit 451 (título que alude a la temperatura en que los libros empiezan a arder). Fahrenheit 451 narra la historia de una ciudad del futuro dominada por los medios audiovisuales, en la que se acosa el individualismo, están prohibidos los libros, y los bomberos, brazos ejecutores de un Estado totalitario, son los encargados de quemarlos. Al margen de la sociedad, un grupo de hombres recluidos en los bosques decide memorizar textos enteros de filosofía y literatura para preservar la cultura.

Esta fábula moralizante ha sido considerada como una gran obra antiutópica y acaso premonitoria, y fue llevada al cine por François Truffaut. En el relato de Bradbury se exponen de forma minuciosa las razones de la prohibición de los libros en boca del jefe de bomberos, Guy Montag. Frente a sus argumentos se expone el punto de vista de un profesor que aconseja a Montag y que pone de relieve las características positivas de la lectura. De este modo se desarrolla una reflexión que se enriquece con referencias a los clásicos.

Bradbury advierte de los peligros y las amenazas que incumben a una sociedad enteramente automatizada, olvidada de los valores tradicionales de la cultura, y próxima al exterminio atómico. Consigue climas sardónicamente alucinantes en cuentos como There will come soft rains (1950), donde una casa robotizada prosigue realizando los movimientos programados, en un mundo carente ya de vida, hasta su postrer quema liberadora, o en The Veldt (1950), donde otra casa automatizada, casi dotada de vida propia, masacra, con la complicidad de los niños, a los padres de éstos.

Pero Bradbury no sólo cultivó la ciencia ficción y la literatura de corte fantástico, sino que escribió también libros realistas e incluso incursionó en el relato policial. Su prosa se caracteriza por la universalidad, como si no le importara tanto perfeccionar un género como escribir acerca de la condición humana y su temática, a través de un estilo poético.

 

Precisamente por este rasgo algunos críticos no lo consideran un escritor de ciencia ficción como tal y les resulta difícil catalogarlo en uno u otro campo de la literatura. Como ejemplo de ello suelen citarse relatos breves, muy sutiles y tiernos, como Casa dividida y El robo del siglo, o la poética novela El vino del estío. Además del problema de una guerra atómica, de la censura en un mundo por venir y del peligro implícito en las técnicas y la ciencia, trató temas más cotidianos como el racismo, el miedo a la muerte, el amor y la infancia.

Escribió también guiones de cine, como el de la película Moby Dick, de John Huston, así como guiones para series televisivas como Alfred Hitchcock presenta y La dimensión desconocida. En 1963 se publicaron sus obras teatrales, reunidas bajo el título The Anthem Sprinters. Sus relatos cortos han sido incluidos en más de 700 antologías. Aparte de los mencionados, son también muy conocidos títulos como El árbol de las brujas o Cementerio para lunáticos.

 

La última noche del mundo

[Cuento – Texto completo.]

Ray Bradbury

¿Qué harías si supieras que esta es la última noche del mundo?

-¿Qué haría? ¿Lo dices en serio?

-Sí, en serio.

-No sé. No lo he pensado.

El hombre se sirvió un poco más de café. En el fondo del vestíbulo las niñas jugaban sobre la alfombra con unos cubos de madera, bajo la luz de las lámparas verdes. En el aire de la tarde había un suave y limpio olor a café tostado.

-Bueno, será mejor que empieces a pensarlo.

-¡No lo dirás en serio!

El hombre asintió.

-¿Una guerra?

El hombre sacudió la cabeza.

-¿No la bomba atómica, o la bomba de hidrógeno?

-No.

-¿Una guerra bacteriológica?

-Nada de eso -dijo el hombre, revolviendo suavemente el café-. Solo, digamos, un libro que se cierra.

-Me parece que no entiendo.

-No. Y yo tampoco, realmente. Solo es un presentimiento. A veces me asusta. A veces no siento ningún miedo, y solo una cierta paz -miró a las niñas y los cabellos amarillos que brillaban a la luz de la lámpara-. No te lo he dicho. Ocurrió por vez primera hace cuatro noches.

-¿Qué?

-Un sueño. Soñé que todo iba a terminar. Me lo decía una voz. Una voz irreconocible, pero una voz de todos modos. Y me decía que todo iba a detenerse en la Tierra. No pensé mucho en ese sueño al día siguiente, pero fui a la oficina y a media tarde sorprendí a Stan Willis mirando por la ventana, y le pregunté: “¿Qué piensas, Stan?”, y él me dijo: “Tuve un sueño anoche”. Antes de que me lo contara yo ya sabía qué sueño era ese. Podía habérselo dicho. Pero dejé que me lo contara.

-¿Era el mismo sueño?

-Idéntico. Le dije a Stan que yo había soñado lo mismo. No pareció sorprenderse. Al contrario, se tranquilizó. Luego nos pusimos a pasear por la oficina, sin darnos cuenta. No concertamos nada. Nos pusimos a caminar, simplemente cada uno por su lado, y en todas partes vimos gentes con los ojos clavados en los escritorios o que se observaban las manos o que miraban la calle. Hablé con algunos. Stan hizo lo mismo.

-¿Y todos habían soñado?

-Todos. El mismo sueño, exactamente.

-¿Crees que será cierto?

-Sí, nunca estuve más seguro.

-¿Y para cuándo terminará? El mundo, quiero decir.

-Para nosotros, en cierto momento de la noche. Y a medida que la noche vaya moviéndose alrededor del mundo, llegará el fin. Tardará veinticuatro horas.

Durante unos instantes no tocaron el café. Luego levantaron lentamente las tazas y bebieron mirándose a los ojos.

-¿Merecemos esto? -preguntó la mujer.

-No se trata de merecerlo o no. Es así, simplemente. Tú misma no has tratado de negarlo. ¿Por qué?

-Creo tener una razón.

-¿La que tenían todos en la oficina?

La mujer asintió.

-No quise decirte nada. Fue anoche. Y hoy las vecinas hablaban de eso entre ellas. Todas soñaron lo mismo. Pensé que era solo una coincidencia -la mujer levantó de la mesa el diario de la tarde-. Los periódicos no dicen nada.

-Todo el mundo lo sabe. No es necesario -el hombre se reclinó en su silla mirándola-. ¿Tienes miedo?

-No. Siempre pensé que tendría mucho miedo, pero no.

-¿Dónde está ese instinto de autoconservación del que tanto se habla?

-No lo sé. Nadie se excita demasiado cuando todo es lógico. Y esto es lógico. De acuerdo con nuestras vidas, no podía pasar otra cosa.

-No hemos sido tan malos, ¿no es cierto?

-No, pero tampoco demasiado buenos. Me parece que es eso. No hemos sido casi nada, excepto nosotros mismos, mientras que casi todos los demás han sido muchas cosas, muchas cosas abominables.

En el vestíbulo las niñas se reían.

-Siempre pensé que cuando esto ocurriera la gente se pondría a gritar en las calles.

-Pues no. La gente no grita ante la realidad de las cosas.

-¿Sabes?, te perderé a ti y a las chicas. Nunca me gustó la ciudad ni mi trabajo ni nada, excepto ustedes tres. No me faltará nada más. Salvo, quizás, los cambios de tiempo, y un vaso de agua helada cuando hace calor, y el sueño. ¿Cómo podemos estar aquí, sentados, hablando de este modo?

-No se puede hacer otra cosa.

-Claro, eso es; pues si no estaríamos haciéndolo. Me imagino que hoy, por primera vez en la historia del mundo, todos saben qué van a hacer de noche.

-Me pregunto, sin embargo, qué harán los otros, esta tarde, y durante las próximas horas.

-Ir al teatro, escuchar la radio, mirar la televisión, jugar a las cartas, acostar a los niños, acostarse. Como siempre.

-En cierto modo, podemos estar orgullosos de eso… como siempre.

El hombre permaneció inmóvil durante un rato y al fin se sirvió otro café.

-¿Por qué crees que será esta noche?

-Porque sí.

-¿Por qué no alguna otra noche del siglo pasado, o de hace cinco siglos o diez?

-Quizá porque nunca fue 19 de octubre de 2069, y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin.

-Hay bombarderos que esta noche estarán cumpliendo su vuelo de ida y vuelta a través del océano y que nunca llegarán a tierra.

-Eso también lo explica, en parte.

-Bueno -dijo el hombre incorporándose-, ¿qué hacemos ahora? ¿Lavamos los platos?

Lavaron los platos, y los apilaron con un cuidado especial. A las ocho y media acostaron a las niñas y les dieron el beso de buenas noches y apagaron las luces del cuarto y entornaron la puerta.

-No sé… -dijo el marido al salir del dormitorio, mirando hacia atrás, con la pipa entre los labios.

-¿Qué?

-¿Cerraremos la puerta del todo, o la dejaremos así, entornada, para que entre un poco de luz?

-¿Lo sabrán también las chicas?

-No, naturalmente que no.

El hombre y la mujer se sentaron y leyeron los periódicos y hablaron y escucharon un poco de música, y luego observaron, juntos, las brasas de la chimenea mientras el reloj daba las diez y media y las once y las once y media. Pensaron en las otras gentes del mundo, que también habían pasado la velada cada uno a su modo.

-Bueno -dijo el hombre al fin.

Besó a su mujer durante un rato.

-Nos hemos llevado bien, después de todo -dijo la mujer.

-¿Tienes ganas de llorar? -le preguntó el hombre.

-Creo que no.

Recorrieron la casa y apagaron las luces y entraron en el dormitorio. Se desvistieron en la fresca oscuridad de la noche y retiraron las colchas.

-Las sábanas son tan limpias y frescas…

-Estoy cansada.

-Todos estamos cansados.

Se metieron en la cama.

-Un momento -dijo la mujer.

El hombre oyó que su mujer se levantaba y entraba en la cocina. Un momento después estaba de vuelta.

-Me había olvidado de cerrar los grifos.

Había ahí algo tan cómico que el hombre tuvo que reírse.

La mujer también se rió. Sí, lo que había hecho era cómico de veras. Al fin dejaron de reírse, y se tendieron inmóviles en el fresco lecho nocturno, tomados de la mano y con las cabezas muy juntas.

-Buenas noches -dijo el hombre después de un rato.

-Buenas noches -dijo la mujer.

FIN

 

 

 

 

Recopilaciones de relatos

Bradbury en 2009.

Novelas

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Anuncios

«La tierra sin hombres» de Inma Chacón

La última novela de Inma Chacón(Zafra, Badajoz, 1954) se asienta en una realidad histórica, social y humana muy concreta. Un pueblo de la costa gallega y Ferrol en el primer cuarto del siglo XX con incursiones en el XIX. ¿Por qué el título de Tierra sin hombres?Porque recurre constantemente al asunto de las esposas que se pasan años esperando el regreso de sus maridos que han partido hacia Sudamérica para hacer fortuna. Y por otra razón más importante: porque los personajes masculinos tienen en la novela relevancia muy inferior a la de las mujeres. No obstante, Chacón sabe construir una trama novelística, apropiarse de algunos modos de la novela romántica y del melodrama (por ejemplo, los momentos en que interviene la curandera) y utilizar en el momento adecuado metáforas tradicionales de probada eficacia (“vendaval en medio del océano” para significar la fuerza de una pasión amorosa).

La autora se mantiene fiel a la familia al tratar de conflictos entre hermanas. Elisa es una protagonista siempre en contradicción consigo misma, o acepta los convencionalismos, el marido que le han adjudicado, o sigue el impulso personal, la pasión sexual despertada por un extranjero; su hermana Sabela es su contrafigura, siempre en la sombra, “hermosa, inquietante, perversa”. Rodeando a los personajes relevantes, se mueve el pueblo entero que comenta, habla de lo que ve, oye o tan solo imagina, no siempre es fiable y, desde luego, nunca compasivo; suerte que el narrador, que lo sabe todo, nos dirá luego lo que sucedió o se pensó realmente y, él sí, muestra compasión. Novela escrita para que el lector se intrigue y se divierta. El propósito se cumple bastante bien.

Nació en Extremadura en una familia conservadora, “aristócrata, de derechas y del bando nacional“, según palabras de su hermana. Su padre, Antonio Chacón —que fue alcalde de Zafra durante la dictadura de Franco— tenía inquietudes literarias: escribía poemas4​ con el seudónimo Hache​ y leía poesía a su familia. Falleció cuando Inma y Dulce tenían 11 años. María Gutiérrez, la madre, partió con la niñas al año siguiente a Madrid, donde se instalaron.5

Inma dice que aprendió a leer literatura “muy pronto”: “Mi padre era poeta y mi madre ha sido una gran aficionada a la lectura, así es que desde muy jovencita ella nos elegía los libros”.

Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, es profesora de Documentación en la Universidad Rey Juan Carlos. Ha sido decana de la facultad de Comunicación y Humanidades en la Universidad Europea, fundadora y directora de la revista digital Binaria y directora del Doctorado en Comunicación, Auge Tecnológico y Renovación Sociocultural.

Es columnista de El Periódico de Extremadura desde fines de 2005 y colabora con diversos medios.

Su primera novela, La princesa india es un homenaje a su hermana, pues era una historia que ella quería escribir cuando enfermó del cáncer que terminaría con su vida en 2003. Dulce le pidió a Inma que realizara ese proyecto, y esta se decidió después de encontrar un extraño colgante que pensó que podría haber sido de la princesa.7

“La historia que Dulce quería contar no la sabe nadie. Tenía su novela en la cabeza desde hacía tiempo, pero no se la contó a nadie. Ella hubiera escrito algo muy distinto, muy desgarrador. Yo he hecho la novela que a mí me hubiera gustado leer. Escribirla ha sido la excusa para sobrevivir a mi hermana. Dulce tuvo el acierto de encargarme este libro y éste es mi homenaje. Es mi venganza sobre su muerte”, ha explicado Inma.7

En 2011 resultó finalista del Premio Planeta con su cuarta novela Tiempo de arena, y la escritora comentó entonces esperar que este galardón le diera identidad propia como autora, porque hasta el momento, según explicó, ha habido mucha tendencia a identificarla con su hermana. “Yo lo entiendo, porque ella era una persona muy querida, admirada, con mucho predicamento, con mucho carisma. La gente la adoraba y cuando yo comencé a publicar querían ver en mí la prolongación de Dulce”, dice la autora.

 

La escritora Inma Chacón presenta su nueva novela “Tierra sin hombres”, en Objetivo Bizkaia

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille

La hermética Susan Sontag

Era una mujer pública pero pocos conocían sus intimidades. Hablaba claro y con bravura, pero se mostraba vaga y escurridiza cuando se trataba de descubrir su lado más personal. Días después de los ataques del 11-S, por ejemplo, arremetió contra la ceguera patriótica: «En temas de coraje, se puede decir lo que sea de los culpables de la masacre, pero no que fueran cobardes». Ella planteó la pregunta que ha estado flotando en el ambiente desde la tragedia: «¿Dónde está el reconocimiento de que esto no fue un ataque cobarde a la civilización o a la libertad o a la humanidad o al “mundo libre”, sino un ataque al autoproclamado superpoder; ejecutado como consecuencia de las alianzas específicas y acciones de América?»

Pero Sontag ya tenía experiencia en sacar los colores a los que crean conflictos. Cuando la guerra de Vietnam, acusó a la raza blanca de «ser el cáncer de la historia humana». Irónicamente sería otro cáncer -una leucemia-, lo único que ha podido hacerla callar.

¿Quién era Susan Sontag? Se sabe que estaba unida a la fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz, una relación que duró tres lustros.Leibovitz es toda una institución que se hizo un nombre con sólo 31 años al fotografiar a un John Lennon desnudo abrazado a Yoko Ono para la revista Rolling Stone. Una instantánea hecha sólo horas antes de que Lennon fuera asesinado.

Pero a pesar de ser puntos de referencia de la cultura y las letras, ambas guardaron celosamente los detalles de su relación.Aunque se sabe que vivían en pisos separados en el mismo edificio de Chelsea, en Manhattan.

 

Porque esa mujer conocida por casi todos tenía un secreto, vivo como una gota malaya, y cuyo sonido siempre la acompañó. Pero es precisamente ese deseo de suplir ese eco de abandono y falta de cariño el que impulsa y delinea su destino. Su vida se convierte en una huida que es una búsqueda, la de encontrar amor, afecto… y es en aquellos años infantiles de desconsuelo ejerciendo de madre de su madre cuando descubre que la clave está en su capacidad de adquirir cultura y conocimiento. Sabe que podría haber canalizado ese impulso en ser delincuente, por ejemplo, pero en cambio, desvela: “Me dije, voy a ser extremadamente buena —y mereceré (atraeré) el amor— y procuraré la responsabilidad, la autoridad, el dominio, la fama, el poder”. Una realidad, pero una realidad a medias, porque como escribe su hijo, el corazón de Susan Sontag “se rompió a menudo, y buena parte de este tomo es la elaboración de la pérdida amorosa. En cierto sentido ello implica que se tenga una impresión falsa de su vida, pues propendía a escribir más en sus diarios cuando era infeliz, mucho más cuando lo era amargamente, y menos cuando se encontraba bien”.

¿Y sus ideas, como por ejemplo el apoyo al comunismo? “Nunca se retractó de su oposición a la guerra. Pero sí llegó a arrepentirse y, a diferencia de muchos de sus pares, a retractarse públicamente de su fe en las posibilidades de emancipación del comunismo, no solo en sus encarnaciones soviética, china o cubana, sino en cuanto sistema”.

 

Me dije, voy a ser extremadamente buena —y mereceré (atraeré) el amor— y procuraré la responsabilidad, la autoridad, el dominio, la fama, el poder

Pero es el amor el ánima de su vida. Y ya con 33 años Susan Sontag descubrió que esa estrategia de dar conocimiento a cambio de este era una trampa, otro desamparo sin fin: “Mi hábito de intercambiar información a cambio de calor humano. Como poner un chelín en un contacto; dura cinco minutos, después hay que poner otro chelín”.

Ahora, unos cuantos chelines que crean un recorrido, en forma de abecedario, por algunos de los contenidos de Susan Sontag en La conciencia uncida a la carne:

ABANDONO: Quiero ‘prometerme’. Una razón es la ansiedad (quiero encontrar un puerto seguro, librarme del debilitante temor del abandono).

AMOR: El amor es volar planeando, flotar. Pensar es volar en solitario, batiendo las alas.

ARTE: Ya no debemos esperar que el arte entretenga o divierta. Al menos no el gran arte.

-El arte es la condición fundamental de todo.

AUSENCIA: Mi universo, entonces, en contraste radical con el de Eva, está poco poblado. No vivo el mundo como una invasión, una amenaza, una agresión. La ansiedad primordial es la ausencia, la indiferencia, el ‘paisaje lunar’.

COMUNISMO: Un gran tema el desamor de Occidente con el comunismo. El final de doscientos años de pasión.

CONOCIMIENTO: Cuando entiendo algo plenamente, se muere. De ahí que me atraiga el ‘exilio’. Estar cómoda es saber lo que es posible a cada paso. Los acontecimientos están afianzados, tienen la protección de lo posible. Al girar la esquina nada sorprende.

CRÍTICOS: Los dos críticos mayores y más influyentes -Valéry; y después Blanchot.

CUALIDADES: Las cualidades que me atraen (alguien a quien amo debe tener al menos dos o tres): 1- Inteligencia. 2-Belleza; elegancia. 3- Douceur (delicadeza, dulzura). 4- Glamour; celebridad. 5- Fuerza. 6- Vitalidad; entusiasmo sexual; alegría; encanto. 7- Expresividad emocional, ternura (verbal, física), afecto.

CORAJE: Es una palabra que solo se puede emplear en tercera persona. El miedo, par contre, es un adjetivo de primera persona.

DAVID (su hijo): Estoy demasiado ‘cerca’ de David en el sentido de que me identifico con él. Cuando paso mucho tiempo con él pierdo la noción de mi edad; acepto los límites de su mundo.

-apacigua mis fantasías de ser un chico. Me identifico con David, es el niño que habría querido ser –no necesito ser un chico porque él existe.

DESAMOR: Nunca voy a sobreponerme meramente a este dolor. Estoy helada, paralizada, con los engranajes atascados. Solo se aliviará, disminuirá si de alguna manera puedo trasponer la emoción – como del dolor a la ira, de la desesperación a la conformidad. Tengo que activarme. Mientras me siga sintiendo como paciente  este dolor insoportable no me abandonará-.

ESCRIBIR: Vivo la escritura como algo que se me da –a veces, casi, como un dictado. Dejo que sobrevenga, trato de no interferir con ella. La respeto, porque soy yo y sin embargo es más que yo. Es personal y transpersonal, ambas.

-Creo que estoy preparada para escribir. Pensar con palabras, no con ideas

ESTADOS UNIDOS: La base calvinista de la ideología estadounidense: la naturaleza humana es en lo fundamental oscura, malévola, pecaminosa, egoísta y solo responde a motivos egoístas o materiales o competitivos.

ESTILO: La manera en que las cosas se nos presentan diseñadas para el placer.

LEALTAD: Mi lealtad al pasado –mi rasgo más peligroso, el que más me ha costado.

EXISTIR: Nada existe a menos que yo lo mantenga (por mi interés, o mi potencial interés). Esta es una ansiedad fundamental, sobre todo subliminal. Por lo tanto debo permanecer siempre, tanto en principio + de manera activa, interesada por todo. Adoptando como mi coto todo el conocimiento.

FAMA: Ser famosa a fin de tener acceso a la gente, de no estar sola.

GUERRA VIETMAN: Vietnam es la primera guerra televisada. Un happening continuo. Estás allí. Los estadounidenses no pueden decir, como pudieron los alemanes –pero es que no nos enteramos.

HONOR: Honor. Honor. Honor. Dar lo mejor de sí misma siempre.

INDIFERENCIA: Mi experiencia más profunda es la indiferencia, más que la censura.

INTELIGENCIA: La inteligencia no es necesariamente algo bueno, algo que se haya de valorar o cultivar. Es más como una rueda de recambio –necesaria o deseable cuando las cosas se averían. Cuando todo va bien, es mejor ser estúpido… La estupidez tiene tanto valor como la inteligencia.

KENNEDY: Un asesinato: como una bombilla (foto panorámica) que destella en un boscaje sombrío, iluminando toda la vida oscura y asustada de los bosques. (Dallas-nov.1963)

LEALTAD: Mi lealtad al pasado –mi rasgo más peligroso, el que más me ha costado.

LIBERACIÓN FEMENINA: La liberación de la mujer debe ser la abolición de las convenciones sexuales específicas en todas las actividades –salvo la procreación y, quizá, algunos trabajos que requieren mucha fuerza física.

LITERATURA: El futuro de la ficción (la prosa narrativa) está cada vez más + más en decirlo todo (¿la supresión de lo anecdótico, lo particular?).

MADRE: M. no respondía cuando yo era niña. El peor castigo –y la mayor frustración. Siempre estaba ‘distante’- aunque no estuviera enfadada. (La bebida era síntoma de ello). Pero yo seguía intentándolo

– Mi ansiedad aguda + temor por su envejecimiento, por parecer vieja –en algún momento hasta deseé morir primero porque no sería capaz de soportar ver aquello- habría sido algo obsceno.

MORBOSIDAD: La estetización de la muerte. Véase el osario de las catacumbas de París. La muerte se arregla para el espectador.

NOVELA: La novela como libertad: las únicas reglas que puede romper son las internas –las que ella misma dicta.

PAISAJES. Mis dos paisajes modélicos: el desierto (seco, duro, vacío, caliente) y el trópico (húmedo, pleno, incluso repleto, caliente)

PERSONAS: Joe dice que hay dos clases de personas –las que están interesadas en la propia transformación y las que no lo están. Ambas requieren la misma cantidad de energía. Estoy de acuerdo con lo primero –y solo estoy interesada en las personas dedicadas a un proyecto de transformación propia. Pero con lo segundo: me gustaría poder creer algo tan optimista. Me parece que se requiere mucha más energía para cambiar.

POP: El arte pop es el arte de los Beatles.

RELIGIÓN: En Estados Unidos, la religión equivale al comportamiento. Se deja de ir a la iglesia o a la sinagoga por las prohibiciones o el excesivo peso del ritual, no (como en Europa) por una crisis de fe o de creencias.

RENUNCIA: Renuncié en primer lugar a mi sexualidad. Renuncié a mi capacidad de comprenderme a mí misma como una persona ‘común’; renuncié a la mayor parte de las vías normales de acceso a mí, a mis sentimientos. Renuncié a la confianza en mí misma en las relaciones personales. (…) Renuncié a tratar de ser atractiva.

SOLEDAD: Debo aprender a estar sola –y lo que he descubierto es que con David no es estar sola (a pesar de mi profunda soledad). Es todo un universo propio, al que me adapto. Con David soy una persona diferente a cuando estoy sola.

-La soledad es interminable. Todo un mundo nuevo. El desierto.

SUEÑOS: Todos los sueños son modelo del propio análisis. Los sueños burdos son las declaraciones ingenuas o análisis del ‘problema’ propio. El sueño útil es el más complejo, la declaración o dramatización menos reductiva. La parte importante del sueño es la declaración analítica, no la resolución narrativa.

TELEVISIÓN: Es el factor más insensiblizador de la sensibilidad moderna. (La TV altera todo el ritmo de la vida, las relaciones personales, el tejido social, la ética- todo ello apenas comienza a ser evidente. Nos obliga a pensar: ¿Qué es una imagen?)

URSS: La URSS no es el caso de una revolución que fracasó, sino el de una revolución totalitaria que triunfó.

Susan Sontag: La concienca uncida a la carne. Diarios de madurez, 1964-1980. Editado por DAvid Rieff. Traducción de Aurelio Major. Literatura Random House. 516 páginas

 

Novelas
  • El benefactor, 1963, trad. Lumen, 1974; Alfaguara, 1997; Suma de letras, 2002
  • Estuche de muerte, 1967, trad. Joaquín Mortiz, 1969; Debolsillo, 2007
  • El amante del volcán, 1992, trad. Alfaguara, 1996; Suma de letras, 2001; Random House, 2008
  • En América, 1999, trad. Alfaguara, 2002; Suma de letras, 2004; RHM, 2010
Cuentos y prosa corta
  • Yo, etcétera, 1977), trad. Seix Barral, 1983; Santillana 2003; Taurus, 2007
Ensayo y otros textos de no ficción
  • Contra la interpretación y otros ensayos, 1966, trad. Seix Barral, 1969; Alfaguara, 1996; Random House, 2007
  • Estilos radicales, 1969, trad. Muchnik, 1985; Debolsillo; RHM, 2007
  • Sobre la fotografía, 1977, publicado por Edhasa, 1981; Alfaguara, 2005; Debolsillo, 2009
  • La enfermedad y sus metáforas, 1978, publicado por Muchnik, 1980
  • Bajo el signo de Saturno, 1980, trad. Lasser Press Mexicana, 1981; Edhasa, 1987; Debolsillo, 2007
  • El sida y sus metáforas, 1988, trad. Muchnik, 1989; Taurus, 1996; Suma de letras, 2003
  • Ante el dolor de los demás. Traducción de Aurelio Major. Madrid: Alfaguara. 2003. ISBN 978-84-204-6670-5.
  • Cuestión de énfasis. Traducción de Aurelio Major. Madrid: Alfaguara. 2007. ISBN 978-84-204-7085-6.
Libros póstumos
Otras publicaciones en español
  • Viaje a Hanoi, 1969, Joaquín Mortiz
  • Aproximación a Artaud, 1976, Lumen, ensayo
  • Susan Sontag: El poder de la palabra, 2004, Losada, selección de ensayos hecha por Carlos Ortega
  • Wikipedia

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

«De qué hablamos cuando hablamos de amor»: Raymond Carver.

Si una constante tiene Estados Unidos a lo largo de su historia es la capacidad de parir escritores de primer nivel en cada sucesiva generación. Cada uno de ellos, a su modo, retrató su época a la perfección y alguno, como Ray Bradbury, se atrevió incluso a visualizar el futuro y a describirlo con todo lujo de detalles.
En la década de 1980, Raymond Carver hizo lo propio con su célebre libro De qué hablamos cuando hablamos de amor, en el que advertía al mundo entero que el nuevo gran problema de la humanidad eran las relaciones amorosas y familiares.
Un puñado de cuentos breves y de estructura singular le alcanzaron para tocar el corazón de muchos, cuando decidió exponer sin medias tintas las miserias cotidianas del estadounidense promedio. La pareja, los divorcios, las infidelidades, las peleas por la tenencia de los hijos, la fuerza bruta de los hechos o el esplendor perdido de la juventud fueron algunos de sus temas preferidos para denunciar la locura del mundo moderno.
Sus relatos sin héroes son un corte abrupto en la realidad. Es como si una cámara de cine se acercara silenciosamente a una habitación donde un matrimonio discute y fijara ese momento para la eternidad, sin dar demasiadas explicaciones. Algo parecido a lo que en 1984 harían Wim Wenders y Sam Shepard en la película Paris, Texas, donde el amor lo es todo y América no existe, es solo un marco referencial accesorio.
En ¿Por qué no bailáis?, por ejemplo, una pareja joven se acerca a un jardín donde se rematan algunos muebles, prueban una cama y un televisor y dialogan con el vendedor, que aparece con una botella de whisky y los invita a tomar mientras regatean. Es notable el contraste entre los jóvenes enamorados y ese hombre anónimo que está perdiendo a su familia y vendiendo, literalmente, el corazón de su casa.
Y nada se explica en ese relato magnífico, ni el porqué ni el cómo de esa separación, como si solo importara ese momento particular, ese día donde el protagonista sabe que no hay vuelta atrás. Que su vida está cambiando para siempre.
Desconcertada por su estilo narrativo, la crítica especializada intentó colgarle varios rótulos de los que Carver siempre renegó en vida. Se dijo que lo suyo era “realismo sucio”, aunque estaba muy lejos de Charles Bukowski y se dijo también que era un “minimalista”, a pesar de que no le interesaban los detalles y sus temas eran universales.
En este sentido, la última polémica ha sido el descubrimiento de que su editor, Gordon Lish, habría metido mucha mano en sus relatos, recortando a diestra y siniestra las partes donde Carver se perdía o se ponía sentimental.
Aunque intranscendente, la controversia se mantiene hasta hoy. Leer los cuentos completos reunidos cronológicamente en esta edición permite, no obstante, observar algunas curiosidades. Una de ellas, es que el estilo de Carver es distinto en su primera etapa que en la final. El relato breve, parco y duro de los primeros libros de cuentos da paso a otro más elaborado y barroco, donde abundan los datos y las descripciones.
Hay que decir que Carver es igual de efectivo en cualquiera de las dos modalidades. Siempre es preciso y punzante, siempre clava el aguijón donde duele, como sin querer. Se limita siempre a contar, se ahorra las metáforas y las conclusiones. Es un documentalista de la tragedia, que puede parecer algo frío e impávido a veces, pero que siempre está parado sobre algo importante.
Dos matrimonios difíciles, media vida como alcohólico, mil trabajos diferentes y una muerte temprana por cáncer de pulmón a los 50 años resumen la biografía de Carver. Bien pudo ser el personaje de cualquiera de los cuentos que se reúnen en este libro.

Los deslumbrados lectores de Catedral, primer libro publicado en España de Carver, reencontrarán en De qué hablamos cuando hablamos de amor la atmósfera y los personajes de un autor que dominó indiscutiblemente el panorama literario norteamericano de los años ochenta.

Parejas que se despedazan, compañeros que parten desesperadamente a la aventura, hijos que intentan comunicarse con sus padres, un universo injusto, violento, tenso, a veces irrisorio… En palabras de Roberto Fernández Sastre, Carver «no designa lo intolerable, sino que lo nombra. Sin concesiones hacia nada ni hacia nadie, rescata lo real en su esencialidad amorfa y brutal».

 

«Un libro de fábulas para esta década» (Jayne Anne Phillips).

«Carver no sólo da voz a una clase social hasta ahora sin nombre y sin historia, la de los nuevos pobres de la sociedad de consumo, el nuevo “proletariado de la psique”, despojado de la utopía, sino que inventa para ella un lenguaje duro, irónico y lacónico que, rehusando tanto los delirios de la fabulación posmoderna como las tentaciones de un nuevo realismo, restablece el circuito mágico entre nombre y objeto, y ensambla al hombre con el espacio en el que vive» (Marisa Bulgheroni, L’Indice).

Fuentes: El Observador, Libros, 7/oct/2016.
Anagrama
Compilación realizada por Lorena Lacaille.

«La ciudad abierta»… de Teju Cole

“La escritura es solo la mitad de la historia, la otra mitad, a veces la más importante, es la imagen”. Así resume Teju Cole (Michigan, 1975) la poética que subyace a su manera de entender el arte de contar historias. Fotógrafo además de escritor, para él un buen relato depende tanto de lo que es capaz de revelar la voz como de lo que logra atrapar la mirada. La fórmula se aplica perfectamente a Cada día es del ladrón(2007), su primer libro, relación de un viaje a Nigeria que recupera ahora Acantilado. En él la fuerza de la historia depende en gran medida de la crónica fotográfica. Fuera de Nigeria, donde el autor pasó una parte importante de su vida, el libro pasó inadvertido. En 2011 Teju Cole se dio a conocer internacionalmente con la publicación de una novela casi perfecta, Ciudad abierta, homenaje a Nueva York, su urbe adoptiva, en forma de paseo. Influido por exégetas de la mirada como Susan Sontag o John Berger, Teju Cole afirma que su prosa debe tanto o más a fotógrafos y cineastas (uno de sus directores favoritos es Víctor Erice) que a la pléyade de escritores procedentes de las más diversas tradiciones literarias que le ayudaron a encontrar su voz. Afable, agudísimo y jovial, durante la conversación el escritor nigeriano-norteamericano dejó claro que sus preocupaciones políticas nunca están muy lejos de lo que hace. Preguntado acerca de sus señas de identidad, afirma que se trata de algo en extremo dúctil y fluido: “Mi identidad es inatrapable y múltiple. Carezco de centro de gravedad como artista y como ser humano, o tal vez debiera decir que mi centro de gravedad siempre está lejos de donde me encuentro yo”. ¿Cuál es la imagen favorita que tiene de sí mismo? “Alguien que estando en Nueva York se acuerda con nostalgia de Nigeria, sólo que estando allí su sueño es volver cuanto antes a Nueva York”.

 

Julius, un joven psiquiatra nigeriano residente en un hospital neoyorquino, deambula por las calles de Manhattan. Caminar sin rumbo se convierte en una necesidad que le brinda la oportunidad de dejar la mente libre en un devaneo entre la literatura, el arte o la música, sus relaciones personales, el pasado y el presente. En sus paseos explora cada rincón de la ciudad. Pero Julius no sólo recorre un espacio físico, sino también aquel en el que se entretejen otras muchas voces que le interpelan. Ciudad abierta, novela bellísima y envolvente, supone el descubrimiento de una voz tan original y sutil como extraordinaria.

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Yaa Gyasi «vuelve a casa»…

Del Castillo de Costa del Cabo en Ghana donde se hacinaban miles de africanos antes de ser vendidos como esclavos, hasta las minas en las que tras la Guerra de Secesión en Estados Unidos los negros cumplían condenas (por delitos inventados) y mantenían en marcha la economía del sur; de las calles de Harlem a las aldeas subsaharianas; de la epidemia del crack en el Nueva York de los ochenta, al nacimiento del movimiento de independencia en la Costa del Oro; la escritora Yaa Gyasi recorre casi tres siglos de historia y miles de kilómetros en su primera novela en Volver a casa(Salamandra). Esta semana se ha alzado con el premio PEN al mejor debut de ficción.

Inmigrante de primera generación, Gyasi nació en Ghana en 1989 y emigró a EE UU con su familia a los dos años. En 2009 obtuvo una beca para viajar al país africano e investigar para un libro. Estaba a punto de cumplir 20 años y la visita que hizo a un viejo castillo determinó el rumbo de su novela. Allí le contaron que los ingleses, que controlaban el tráfico de esclavos, a menudo se casaban con lugareñas. “Vi las mazmorras y comprendí que debía contar una historia que mezclase a dos mujeres: una que estaba con un británico y vivía en la parte alta del castillo, y una que estaba en las mazmorras”, recueda Gyasi por teléfono.

Los siete años que Gyasi pasó escribiendo esta novela, de 2009 a 2016, coincidieron con la presidencia de Barack de Obama en EE UU, y la publicación de Volver a casa ha coincidido con un momento brillante para la cultura afroamericana.

La maldición que recorre la saga familiar que ha construido en Volver a casa tiene por momentos un eco lejano a Cien años de soledad. “Aprendí mucho de ese libro”, admite. “García Márquez se permite jugar, su novela es enorme, parece no tener límites”. En su libro la historia de la descendencia de las dos mujeres ghanesas, fatalmente unidsas, se estructura en torno a una docena de personajes. Cada uno protagoniza un capítulo con un telón de fondo histórico distinto, arrastrando la maldición original y empujando la novela hasta el año 2000. “Armé un árbol de familia, e incluí fechas y un acontecimiento de cada periodo, como las leyes Jim Crow de segregación o la etapa de la reconstrucción tras la Guerra”, explica. Fuera quedaron trágicos hitos como el asesinato de Martin Luther King. Una decisión plenamente consciente. “Quería que tratar la vida íntima, hablar de dos familias distintas, y no ofrecer una lección de historia de los afroamericanos”, aclara.

En Volver a casa se mueve entre Ghana y EE UU, en un vaivén que conecta dos mundos, dos culturas. “Pensaba mucho en esto de niña. Veía que mis padres tenían una relación muy distinta con EE UU de la que yo tenía. La inmigración en este país es más complicada si eres negro porque hay normas sobre la raza, hay una herencia. Vivir en un lugar que arrastra un legado de trata de esclavos define una cultura. Yo no podía realmente identificarme con aquello, resultaba complicado construirse una identidad”, recuerda.

Los siete años que pasó escribiendo su libro, de 2009 a 2016, coincidieron con la presidencia de Obama, y la publicación de Volver a casa ha llegado en un momento de brillante para los creadores afroamericanos. Ensayistas como Ta-Nehesi Coates, novelistas como Colson Whitehead, artistas como Kerry James Marshall o cineastas como Barry Jenkins han saltado a primera línea. ¿Hay un renacimiento? “Muchos artistas afroamericanos han entrado en el mainstream. El público finalmente se ha enterado de que hay artistas negros han estado creando obra excelente, pero lo venían haciendo desde hace mucho tiempo. ¿Qué ha provocado el éxito? No lo sé, quizá los negros están de moda, o por algún motivo se ha logrado llamar atención hacia un trabajo excelente”.

Ahora, en pleno auge de los creadores afroamericanos ha llegado a la Casa Blanca Trump. ¿Están ellos mejor preparados ellos para afrontar este gobierno? “Los negros en EE UU están siempre alerta, conocen el profundo racismo. Nada te sorprende en ese plano. La idea de que el país es excepcional, no es algo que te creas, de hecho creces pensando en la lucha contra las limitaciones que te son impuestas”, opina Gyasi. “Tras las elecciones alguna gente blanca está en shock, no pueden que su país sea así. Pero muchos afroamericanos son perfectamente conscientes de que sí, así es. Sabes que aquí el sueño y la pesadilla pueden ser ciertos”.

El premiado debut literario de esta alumna del prestigioso taller de escritores de Iowa, vino precedido de una millonaria puja entre casas editoriales y fue saludado con muy buenas críticas. Yaa Gyasi también fue seleccionada como uno de los cinco autores menores de 35 por el National Book Award y recibió el premio de la crítica. “Las pujas tan altas crean una situación peculiar que puede funcionar en tu contra. Llama mucha la atención, pero esto puede ser negativo. Yo estoy agradecida”, apunta.

Volver a casa – Entrevista a Yaa Gyasi

 

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

‘Ya vamos’, de Ronja Von Rönne

Nacida en 1992, Ronja von Rönne es bloguera, periodista y escritora. Desde 2012 escribe en su blog Sudelheft. Y desde 2015 es columnista del periódico Die Welt. En abril de 2015 se vio envuelta en una agria polémica tras publicar un artículo titulado «Por qué me disgusta el feminismo siendo mujer», y entonces ardió Troya. «No soy feminista, soy egotista» afirmaba. Sostiene que el feminismo tradicional no puede hacerse cargo de las problemáticas actuales de las mujeres. La única forma de empoderarlas, en su opinión, es enterrar la cuestión del feminismo. Pues el mejor feminismo es el que no existe. Sostiene que hay que luchar más por el individuo, por uno mismo, que por mantener una posición determinada. De manera previsible, el artículo no sentó bien entre el mundillo de los intelectuales alemanes. Recibió ataques en las redes sociales y dejó su blog off line temporalmente. De repente, todo el mundo hablaba de von Rönne. Le llegó entonces justo a tiempo la invitación para participar en el prestigioso Premio Ingeborg Bachmann de Klagenfurt, un certamen en que los jóvenes escritores realizan lecturas públicas y que von Rönne describió como «los Juegos del Hambre del mundo literario». Se completó así su transformación de bloguera en enfant terrible de los suplementos culturales alemanes. El próximo mes de septiembre verá la luz en España su debut literario, Ya vamos(Alianza Editorial).

Cuando alguien se muere, la gente se viste de luto y acude al entierro. O bien huye con sus tres amantes a la orilla del mar. Al recibir la noticia de la muerte de su mejor amiga del instituto, Nora se decide por lo último. Como si el poliamor o la huida pudieran ayudar. Como si se escapara tan fácilmente de los demonios del pasado. Por la noche la despiertan ataques de pánico, su cuarteto amoroso amenaza con venirse abajo. Hasta el regreso de su terapeuta, Nora documenta sus días en un diario. Así narra su huida hacia adelante. Pero en lugar de un futuro pleno de esperanza, el pasado se impone cada vez más en primer plano. Tiene que haber algo, piensan los cuatro, que pueda volver a unirlos, como una gran fiesta. O un asesinato.

Ya vamos es un libro radical, vertiginosamente cómico en su desesperación, y poético en su crueldad. Ya vamos es un libro de intención satírica, pero al mismo tiempo va dirigido a un estrato social muy específico. Al leerlo se tiene la impresión de que es un concentrado de todos los rasgos de la autora y sus coetáneos: una mezcla perfecta hecha de ensimismamiento, vanidad y ansiedad, el retrato de una generación que ha crecido teniéndolo todo a excepción de un propósito vital. Von Rönne es una observadora sagaz del medio social en que ella misma vive. Sus personajes comen comida orgánica, votan a los mismos partidos y trabajan en diseño gráfico, o como nutricionistas o son personalidades televisivas. Rechazan los modelos tradicionales de pareja y sufren ataques de pánico, depresión y trastornos alimenticios. La trama, incidental, busca la provocación amable: ¿habrá poliamor, asesinato, suicidio…? Claro que sí. Von Rönne además es autorreferencial en todo momento y sin concesiones. La protagonista de la novela es la misma que la del blog, y a su vez cabe suponer que se acerca a la Ronja von Rönne real. Es la escritora de la época de las redes sociales. Es una escritora que no vacila en ponerse a sí misma en primer plano, para quien nunca ha existido la separación entre las personas pública y privada.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.