In memoriam del periodista y escritor mexicano Javier Valdez

Culiacán, Sinaloa.- El reconocido periodista sinaloense Javier Valdez Cárdenas estudió sociología en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Durante mucho años fue reportero de los noticieros televisivos del Canal 3, a principios de los 90, en Culiacán.

Valdez gracias a tu labor obtuvo el Premio Sinaloa de Periodismo por trabajos en la sección cultural de este noticiero. Trabajó en el periódico Noroeste y desde 1998 es corresponsal del periódico nacional La Jornada.

Fue reportero fundador del semanario Ríodoce, publicación que sin pretenderlo se ha especializado en cobertura del narcotráfico. Algunas de sus crónicas han sido publicadas en revistas como Proceso, Gatopardoy Emeequis.

En 2011, el autor mexicano fue galardonado con el premio International Press Freedom Award, con el que se reconoce la labor de periodistas valientes en el ejercicio de su oficio.

Yo he vivido la inseguridad, varias situaciones difíciles. Por ejemplo, fuentes mías han sido asesinadas, también en  Ríodoce  nos aventaron una granada en 2009, así como otras situaciones que no puedo mencionar con detalles porque es peligroso, pues si yo digo que el narco o un policía me amenazó, cualquiera puede aprovechar para hacerme daño”,

mencionó el escritor y periodista Javier Valdez, cuando pulibó su libro Narcoperiodismo, con el sello editorial Aguilar, en el que aborda el narcotráfico y su relación con el ejercicio del periodismo.

Estamos pisando suelo muy inseguro, pantanoso, de arenas movedizas, de muchos hilos, porque igual te tienes que cuidar del compañero de la redacción, porque las redacciones están infiltradas por el narco…

“Nunca antes habíamos tenido una crisis de seguridad tal en el periodismo y ahora como nunca hay pocas condiciones para hacer nuestro trabajo, es como si hubiéramos descendido 50 escalones hacia el infierno.

SUS LIBROS

Autor del libro “De Azoteas y Olvidos”, crónicas del asfalto, editado por el Ayuntamiento de Culiacán, en 2006. Además, “Malayerba”, de editorial Jus, que reúne crónicas publicadas en Ríodoce, y fue prologado por Carlos Monsiváis.

Con su libro “Miss Narco”, Valdez Cárdenas fue finalista del premio Rodolfo Walsh4 en la Semana Negra de Gijón, España, en el 2010.

En 2011 salió su libro de crónicas y reportajes de niños y jóvenes en el narcotráfico, “Los Morros del Narco”, y en septiembre de 2012 apareció su libro “Levantones“, desaparecidos y víctimas del narco, ambos de editorial Aguilar.

En octubre de 2011, el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) le otorgó en Nueva York el Premio Internacional a la Libertad de Prensa en 2011,“por su valiente cobertura del narco y ponerles nombre y rostro a las víctimas”.

Más tarde en el mismo año, los administradores de la Universidad de Columbia otorgaron a Ríodoce el Premio de periodismo María Moors Cabot que contribuye al “entendimiento interamericano”.

La revista “Quién”8 en el 2012, lo incluyó en el reconocimiento anual “Los 50 Personajes que Mueven a México”. colaboro en el blog Nuestra Aparente Rendición, que dirige Lolita Bosch.

Fue en noviembre de 2013, Valdez y todo el equipo de Ríodoce recibieron el premio PEN Club a la excelencia editorial.

En febrero de 2014 publicó “Con una Granada en la Boca”, con historias sobre el trauma de vivir en un país violento. En 2015 colaboró como asesor periodístico en la serie de televisión Señorita Pólvora, que se transmite en el canal TNT, para la empresa colombiana Teleset, producida por Sony.

En julio de 2016 publicó su más reciente libro “Huérfanos del Narco“, editado por Aguilar, en el que aborda historias de niños y viudas de personas desaparecidas o ejecutadas: periodistas, empresarios, policías y madres de familia.

Expedientes TVC: El libro “Los Huérfanos del Narco”

 

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

 

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In memoriam de la periodista Irma Flaquer

Irma Flaquer Azurdia (Ciudad de Guatemala, 5 de septiembre de 1938 – desaparecida en Ciudad de Guatemala el 16 de octubre de 1980) Era hija en un productor teatral catalán, Fernando Flaquer, y de una cantante de ópera guatemalteca, Olga Marina Azurdia.
Pasó su infancia viajando y viviendo en varios países de Centroamérica y Suramérica. Empezó a estudiar Derecho, pero cambió por la carrera de Psicología. En 1955 ―a los 17 años de edad― se casó . Tuvo dos hijos, Sergio y Fernando Valle Flaquer, y en 1958 se divorcio.
Flaquer comenzó trabajando como periodista independiente, y se mantenía escribiendo artículos y comentarios de radio. En 1958, un artículo suyo enfureció a un político, quien les pagó a tres mujeres del mercado para que la golpearan. Ensangrentada, Flaquer se presentó en el diario La Hora y pidió que el prestigioso periodista Clemente Marroquín le tomara fotos y escribiera un artículo acerca de esa agresión. Según Marina Marroquín ―hija del periodista―, Marroquín contrató inmediatamente a Flaquer. Comenzó una columna en el diario, titulada «Lo que otros callan», que se hizo reconocida durante 13 años.
Al año siguiente (1971) fue contratada por el diario La Nación ―bajo la dirección de Roberto Girón Lemus― para publicar la misma columna «Lo que otros callan». En pocos años llegó a ser asistente de dirección del diario. Mientras trabajaba en La Nación, durante poco tiempo publicó su propia revista.
Ocupó diversas funciones durante más de 22 años en distintos periódicos y estaciones de radio de la ciudad de Guatemala
Era psicóloga y periodista. Alguna vez en su juventud pensó ser abogada, pero abandonó los estudios de leyes y se dedicó por entero al periodismo, ocupando por más de 22 años diversas funciones en distintos diarios y estaciones de radio de Guatemala. Irma Flaquer Azurdia fue reconocida como “Hija Predilecta” de la ciudad de Granado, en 1975. Cuatro años después fundaba y presidía en el país la primera Comisión  de Derechos Humanos. A la vez, se convertía en una apasionada activista del Partido Revolucionario.
Su pluma crítica le traía sinsabores en medio de un clima político agitado, con violaciones por parte de grupos paramilitares, fuerza pública y guerrilla, ejecuciones arbitrarias, desapariciones forzadas. En esa misma época (1979) Irma fue víctima de un atentado contra su vida, del cual escapó milagrosamente.  Ese hecho dio origen a que escribiera su libro “A las 12:15, el Sol”, en cuyo prólogo le dedicó la obra a “Mi querido asesino”.
Pero al año siguiente ya no pudo defenderse, cuando el 16 de octubre un grupo de hombres armados movilizados en dos vehículos interceptaron el automóvil que conducía su hijo Fernando. Caía la tarde en Ciudad de Guatemala. Los disparos  mataron al joven de 24 años mientras ella, con el rostro encapuchado, era empujada al interior de una camioneta que de inmediato se dio a la fuga. En el fragor de la violencia, un hombre que presenció lo ocurrido fue ejecutado por los agresores que lo siguieron por dos cuadras.
Nunca más se supo de Irma Flaquer. Las presunciones indican que la mataron  como represalia por sus artículos contra los actos corruptos de funcionarios del gobierno del general Romeo Lucas, de los militares de entonces y contra la opresión de los indígenas y las violaciones a los derechos humanos.
 No hubo esfuerzos oficiales por esclarecer el caso, argumentándose que no existía denuncia formal. Sus familiares fueron amenazados, obligándolos a olvidar del caso y abandonar el país. Pero su ex esposo, Fernando Valle,  del cual se había divorciado en 1958 tras sólo tres años de matrimonio, exigió al Congreso Nacional que se esclareciera el doble crimen, citando tres hipótesis posibles, investigadas poco antes por la SIP y dadas a conocer en la Conferencia Hemisférica “Crímenes sin Castigo Contra Periodistas”: la responsabilidad de la guerrilla, la del ministro del Interior de la época Donaldo Alvarez, y  la del Ejército.
La exhaustiva investigación de la SIP en Guatemala descartó las primeras dos hipótesis, concluyendo que “el Estado Mayor Presidencial, tal vez junto con el jefe de la Policía Nacional, decidieron secuestrar a la periodista Flaquer”. Tal trabajo fue avalado por la Comisión guatemalteca para el Esclarecimiento Histórico (CEH). Sobre la base de aquella investigación, la SIP hizo una presentación ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en marzo de 1997, insistiendo en la responsabilidad del Estado.  La CEH llegó a la convicción de que las autoridades responsables del Estado de Guatemala faltaron gravemente a su deber de investigar y sancionar los hechos, violando el derecho a la justicia. El  año 2000 el gobierno reconoció la responsabilidad ante esa desaparición y concedió una reparación moral e indemnización económica a los familiares de Irma Flaquer. Pero hasta hoy la impunidad continúa.
Periodista valiente, en Guatemala, durante una época oscura y triste.
Ella fue el primer caso llevado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por el Proyecto contra la Impunidad que forma parte integral de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP.
La historia de Irma Flaquer es también la de miles de periodistas mexicanos, argentinos, brasileños, venezolanos, colombianos y sí, iraquíes e irlandeses, quienes han sido asesinados, desaparecidos, torturados, censurados o exiliados mientras buscaban la verdad.
Según varios periodistas, una mañana Flaquer se personó en el Congreso, con su libro en la mano, y visitó al diputado Oliverio Castañeda (que había capitaneado varios escuadrones de la muerte a fines de los años sesenta y principios de los setenta). Le leyó el prólogo de su libro, y le dijo: «Como has escuchado, he perdonado a mi asesino».
Les he hecho daño, mucho daño. La violencia de mis artículos periodísticos les hizo desear mi muerte. Ellos provocaron más violencia que la que ustedes ya habían padecido y los convirtió en asesinos. A lo mejor no debían sentirse culpables porque suele suceder que los poseídos por el odio sólo son víctimas de las circunstancias de su vida. Producto de circunstancias adversas. Por su propio dolor, se convierten en verdugos de otros.

Irma Flaquer

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.