José Luis Peixoto: Literatura de vida y poesia.

‘Peixoto es una de las revelaciones más sorprendentes de la literatura portuguesa reciente. No tengo ninguna duda de que es una promesa segura de un gran escritor’ – José Saramago

‘Peixoto tiene una forma extraordinaria de percibir, transmitida en sus originales elecciones del lenguaje e imaginería’ – Times Literary Supplement

“Espléndidamente exigente…. Las imágenes que Peixoto evoca para ayudar a sus personajes a comunicarse sin palabras son singulares e inolvidables… La naturaleza parece imponerse como la fuerza reinante y la brillantez y poder de Peixoto como artista se encuentran precisamente en su deseo por reflejar la capacidad de la naturaleza para crear y destruir simultáneamente”.—San Francisco Chronicle

José Luís Peixoto nació en 1974 (Galveias, Ponte de Sor). Licenciado en Lenguas y Literaturas Modernas (inglés y alemán) por la Universidade Nova de Lisboa. En 2001, su primera novela Nadie nos mira (El Aleph, 2009) recibió el Premio Literario José Saramago. Una casa en la oscuridad (El Aleph, 2008) es su segunda novela y fue muy bien acogida por la prensa literaria y el público. Cementerio de Pianos (El Aleph, 2007) ha sido la novela que le ha dado mayor proyección internacional y se ha publicado en más en quince países, entre los que destacan Francia, Italia, Bulgaria, Turquía, Finlandia, Países Bajos, España, República Checa, Croacia, Bielorrusia y Brasil, Reino Unido, Hungría y Japón. En España esta novela ha recibido el premio Cálamo – Otra mirada 2007. Figura en docenas de antologías de prosa y de poesía, traducidas a otras tantas lenguas. Colabora en diversas publicaciones nacionales y extranjeras. Es una de las figuras más destacadas de la narrativa contemporánea portuguesa.

 

Innfluenciado por Lobo Antunes y Saramago Peixoto colabora en la revista Visao, alternando su columna con la de Lobo Antunes, uno de los escritores referentes junto con José Saramago. Saramago fue muy importante para mi, lo conocí durante nueve años y todo lo que significó su posicionamiento es básico para nosotrosTanto Saramago como Lobo Antunes han influenciado a Peixoto, Premio Literario José Saramago por su novela Nadie nos mira y Premio Cálamo por Cementerio de pianos, título con el que alcanzó fama internacional con más de 14 traducciones. “Saramago fue muy importante para mi, lo conocí durante nueve años y todo lo que significó su posicionamiento es básico para nosotros. Fue un ejemplo para construir lo que quiero ser como persona”, añade este escritor con la oreja taladrada por los piercing y para el que “la literatura no es una ciencia sino una forma de conocimiento”. “Uno tiene que vivir. Y la tarea de un escritor es enseñar a los demás que es igual que todo el mundo, que no es un personaje, pero que tiene que tener claro que cuando publica algo es un regalo para el mundo; y, si uno cree en el mundo, tiene que regalarle lo mejor que tiene y creer mucho en ello”. Peixoto recuerda que una lección que aprendió de Saramago fue la de la convicción de creer. “El ser humano no solo debe hacer experimentos, como cuando uno juega al ‘sudoku’, sino que todo lo que hace debe hacerlo con la intención de llegar más lejos y de querer que el mundo evolucione”.

Cementerio de pianos

Una novela dinámica, elegíaca e indudablemente musical, que abarca tres generaciones de la misma familia y que culmina con la muerte de Francisco Lázaro, el maratonista portugués que fuera el primer atleta en morir en un evento olímpico (Estocolmo, 1912) debido al intenso calor durante la carrera.

Nacimiento, muerte, regeneración: estos tres temas cobran un significado casi ritual en la obra de Peixoto.

Un padre y un hijo también están en el centro de El cementerio de pianos –uno muerto, el otro vivo- y ambos se turnan a la hora de narrar la historia de una familia repleta de infidelidades y abuso doméstico (un gran problema en Portugal; Peixoto señala que muere una mujer a la semana por esta causa) y cuyos secretos son extraídos cuidadosa e inesperadamente en una hipnótica serie de párrafos elípticos y laberínticos.

“Cementerio de pianos (2006) experimenta con un estilo que recuerda a Antonio Lobo Antunes, porque el espacio-tiempo narrativo se define según la memoria subjetiva, caprichosa y no siempre fiable de sus protagonistas, entre los cuales el principal es Francisco Lázaro, el célebre corredor olímpico portugués que falleció en 1912, mientras participaba en los juegos Olímpicos de Estocolmo.” (Santiago Villa Chiappe, revista Arcadia)

 

 

 

 

Narrativa

  • 2001 – Nadie nos Mira , Editorial Hiru (Nenhum Olhar, 2000)
  • 2004 – Te Me Moriste, Editora Regional de Extremadura (Morreste-me, 2001)
  • 2007 – Cementerio de Pianos, El Aleph Editores (Cemitério de Pianos, 2006)
  • 2008 – Una Casa en la Oscuridad, El Aleph Editores (Uma Casa na Escuridão, 2002)
  • 2011 – Libro, El Aleph Editores (Livro, 2010)
  • 2016 – Dentro del Secreto, Xordica (Dentro do Segredo, 2014)
  • 2016 – Galveias, Literatura Random House (Galveias, 2014)
  • 2017 – En Tu Vientre, Literatura Random House (Em Teu Ventre, 2015)
  • 2017 – Te Me Moriste, Minúscula (Morreste-me, 2001)

Entrevista a José Luís Peixoto en “La mañana en casa” (Canal 10)

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

Ida Vitale: poesia y escritura para llenar vacíos…

Estar solo

Un desventurado estar solo,
un venturoso al borde de uno mismo.
¿Qué menos? ¿Qué más sufres?
¿Qué rosa pides, sólo olor y rosa,
sólo tacto sutil, color y rosa,
sin ardua espina?

De “Palabra dada” 1953

Exilios

                                 …tras tanto acá y allá yendo y viniendo.
Francisco de Aldana

Están aquí y allá: de paso,
en ningún lado.
Cada horizonte: donde un ascua atrae.
Podrían ir hacia cualquier fisura.
No hay brújula ni voces.

Cruzan desiertos que el bravo sol
o que la helada queman
y campos infinitos sin el límite
que los Vuelve reales,
que los haría de solidez y pasto.

La mirada se acuesta como un perro,
sin siquiera el recurso de mover una cola.
La mirada se acuesta o retrocede,
se pulveriza por el aire
si nadie la devuelve.
No regresa a la sangre ni alcanza
a quien debiera.

Se disuelve, tan solo.

De “De procura de lo imposible” 1998

 

Gatos

Como tras los mullidos ves tres gatos
a su trisagio erótico ceñidos,
saltar por los tejados, aguerridos
como otros d ‘ Artagnan, Porthos y Athos,

pasas a depender, no de insensatos
pensamientos ajenos repetidos
ni de tu larga deuda de descuidos
sino del paso de estos gatos gratos.

El primero te quita de lo humano
sin llevarte por eso a lo divino;
el segundo te anima la sonrisa;

con el tercero, piensas, de la mano,
más cabal, de la cola del felino:
¿a qué, no siendo humanos, tanta prisa?

De “Reducción del infinito” 2002

Justicia

Duerme el aldeano en un colchón de heno.
El pescador de esponjas descansa
sobre su mullidísima cosecha.
¿dormirás tú, en lenta flotación,
sobre pael escrito?

De “Parvo Reino” 1984


Considerada integrante de la Generación del 45 con otros escritores uruguayos como Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, Carlos Maggi o Idea Vilariño, es también madre del economista Claudio Rama Vitale, y cuarta generación de emigrantes italianos en Uruguay, donde se formó en una familia culta y cosmopolita. Lectora preferente de obras históricas, su descubrimiento de dos poetas uruguayas de entresiglos, Delmira Agustini y, en especial, un espíritu afín, María Eugenia Vaz Ferreira, la inclinó a la poesía lírica, aunque sus dos grandes referentes fueron José Bergamín, su profesor en Montevideo, y Juan Ramón Jiménez, a quien también conoció en persona.

Estudió Humanidades en Uruguay y ejerció la profesión docente. En 1950 se casó con el ensayista Ángel Ramay tuvo dos hijos, Amparo y el economista Claudio, nacidos en 1951 y 1954 respectivamente. Se separó de su primer marido y colaboró en el semanario Marcha; entre 1962 y 1964 dirigió la página literaria del diario uruguayo Época. Fue codirectora de la revista Clinamen e integró la dirección de la revista Maldoror.

Empujada por la dictadura, se exilió a México en 1974 y, tras conocer a Octavio Paz, este la introdujo en el comité asesor de la revista Vuelta. Además participó en la fundación del periódico Uno Más Uno y continuó dedicada a la enseñanza, impartiendo además un seminario en El Colegio de México. Amplió su obra cultivando el ensayo y la crítica literaria (que ejerció en El País, Marcha, Época, Jaque y, entre otras, en las revistas Clinamen, Asir, Maldoror, Crisis de Buenos Aires, Eco de Bogotá; Vuelta y Unomásuno, de México; El pez y la serpiente de Nicaragua…) Tradujo libros para el Fondo de Cultura Económica; impartió conferencias y lecturas, participó en jurados y colaboró en numerosos diarios.

Volvió a Uruguay en 1984, y dirigió la página cultural del semanario Jaque. Desde 1989 vive en Austin(Texas) junto a su segundo marido, el también poeta Enrique Fierro, aunque viaja muy frecuentemente a Montevideo. Fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de la República en 2010. Lee y traduce particularmente del francés y del italiano, y entre los autores de sus versiones se cuenta a Simone de Beauvoir, Benjamin Péret, Gaston Bachelard, Jacques Lafaye, Jean Lacouture y Luigi Pirandello.

Su poesía indaga en la alquimia del lenguaje y establece un encuentro entre una exacerbada percepción sensorial de raíz simbolista y la cristalización conceptual en su perfil más preciso.

Desde 1990 al presente es residente estadounidense.

 

Poesía

  • La luz de esta memoria (Montevideo, 1949)
  • Palabra dada (Montevideo, 1953)
  • Cada uno en su noche (Montevideo, 1960)
  • Paso a paso (Montevideo, 1963)
  • Oidor andante (Montevideo, 1972)
  • Fieles, (México, 1976 y 1782, antología)
  • Jardín de sílice (Caracas, 1980)
  • Elegías en otoño (México, 1982)
  • Entresaca (México, 1984)
  • Sueños de la constancia (México, FCE, 1988; reúne cinco libros anteriores y el nuevo que le da título).
  • Procura de lo imposible, 1988.
  • Serie del sinsonte, (Montevideo, 1992)
  • Con Enrique Fierro, Paz por dos (1994)
  • Jardines imaginarios (1996)
  • De varia empresa (Caracas, 1998)
  • Un invierno equivocado (México, 1999)
  • La luz de esta memoria (Montevideo: La Galatea, 1999)
  • Reducción del infinito, (Barcelona: Tusquets, 2002)
  • Trema (Valencia: Editorial Pre-Textos, 2005)
  • Con Sarah Pollack, Reason enough (Austin, 2007), antología traducida al inglés.
  • Mella y criba (Valencia: Editorial Pre-Textos, 2010).
  • Sobrevida (Granada: Esdrújula Ediciones, 2016).

Prosa, Crítica y Ensayo

 

Ida Vitale,2013, La Otra

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille

 

Grisélidis Réal: prostitución y literatura.

Grisélidis  Réal nace el once de agosto de 1929 en la ciudad suiza de Lausana en el cantón de Vaud. Se traslada a vivir a Alejandría en Egipto a la edad de seis años para reunirse con su padre, que era director de la escuela suiza de la ciudad. Posteriormente se traslada a Atenas en Grecia donde muere su padre cuando ella tenía nueve años.

Regresa a Lausana bajo la protección de su madre, que era muy autoritaria y con la cual nunca se entendió. Recibe una educación muy estricta y rígida, que le hace rebelarse continuamente. Se graduó a la edad de veinte años en la escuela de Artes Decorativas de Zúrich

Para liberarse de su madre, se casa a los veinte años (1949) y tiene su primer hijo en 1952, separándose posteriormente. Se casa por segunda vez y tiene su segundo hijo en 1956 con la finalidad de salvar su matrimonio, pero este termina en divorcio. En este periodo intenta ganarse la vida como pintora y tiene un tercer hijo fruto de la relación con otro hombre. Este hecho, en la sociedad suiza de los años cincuenta, significaba la pérdida de la custodia de sus hijos. Los recuperó ilegalmente de su centro de acogida donde habían sido confinados y huyó con ellos a Alemania.

Se traslada a Múnich (Alemania) acompañado por un negro norteamericano llamado Rodwell, que tenía problemas psiquiátricos y acompañada también de dos de sus hijos.

Vive con grandes carencias económicas en la ciudad bávara, teniendo que soportar la violencia de Rodwell. Ante esta situación decide prostituirse en el año 1961, lo que le permite mejorar su situación personal y económica. Ejerce la prostitución por una necesidad de supervivencia, pero luego pasa a ser una militante activa en defensa de las prostitutas hasta el año 1995.

Es llevada a prisión en Alemania por haber vendido marihuana a soldados norteamericanos.   Permanece en prisión durante cinco meses dedicándose a pintar y a escribir su primer libro “Suis je encore vivante?”, ¿Estoy viva todavía?

En este libro muestra su sufrimiento por la separación de sus hijos y por la insoportable falta de libertad que tiene. Es sus escritos se nota su depresión y sufrimiento, pero al mismo tiempo su fuerza para seguir viva, amar, proteger y alimentar a sus hijos. La pintura y la escritura fueron su terapia en este tiempo carcelario

En Múnich descubrió el jazz, la música gitana y los ritmos latinoamericanos que le acompañaran toda su vida, junto a la música clásica y el flamenco. Siempre reivindicó que por sus venas corría sangre gitana. Es de destacar que en su tiempo en Alemania pasó largos periodos viviendo en un campamento de nómadas gitanos y fue adoptada por un jefe de la tribu gitana. Esta parte de su vida queda muy reflejada en el libro “el negro es un color”. Este libro no es solo el relato de la vida de una mujer que ejerce la prostitución sino también un canto al amor. En el describe su vida en el burdel de Múnich, su amor por el soldado negro norteamericano y por el patriarca gitano sobreviviente de los campos de la muerte, que había acogido a su familia.

Es un libro que se distingue por la mezcla singular de tonos, violencia lírica, escatología, hiperrealismo y onirismo. Describe dos mundos, el del orden y el de la espontaneidad, el mundo de los pequeños burgueses y el mundo de los gitanos

Al salir de la cárcel es expulsada de Alemania, regresando a Suiza. Se instala en Ginebra, eligiendo para ejercer la prostitución el barrio popular de  Paquis (la zona roja de Ginebra), donde la frecuentaban los trabajadores emigrantes españoles, portugueses, italianos, turcos y árabes. El ambiente de este barrio de clase trabajadora inmigrante es la que queda reflejada a través de sus escritos, reivindicando su trabajo como un servicio a la sociedad, luchando por la dignidad, los derechos y el respeto para las prostitutas.

Grisélidis decía “digan lo que digan nuestros detractores, esos integristas de la moral que defienden una virtud, que nos ahoga, nosotras reinamos sin competencia alguna en nuestro terreno que es compasión, elegancia y un conocimiento debidamente adquirido tanto del alma como de nuestro cuerpo humano”.

Viviendo en Ginebra es cuando empieza su etapa activista como defensora de los derechos de las prostitutas convirtiéndose en una de la líderes de la “revolución de las prostitutas” en París, cuando unas quinientas de ellas ocupan, en junio de 1975, el barrio de Montparnasse, entrando en la capilla de Saint Bernard, reclamando el reconocimiento de sus derechos. Rechazan el argumento según  el cual una mujer sólo se prostituye forzada por quien paga, y declaran que la prostitución puede ser  también una elección, su elección.

Su fama se extiende por todo el mundo, siendo conocida como la ramera revolucionaria. Ella se declara socialista pero es muy crítica con los partidos socialistas europeos y su hipocresía, en sus numerosos escritos muestra sus críticas. Es llamada por numerosas universidades para dar conferencias, estando en Nueva York, Frankfurt, Bruselas, Amsterdam, Stturgart, presentándose como una puta intelectual. Ella hablaba cuatro idiomas.

En estas conferencias reclama el papel social de la prostitución, que ella considera como una actividad aliviadora de las miserias humanas y que tiene su grandeza. Para ella, la prostitución es un acto revolucionario, un humanismo y una ciencia. Al mismo tiempo, ella reconocía el lado sórdido y oscuro de su trabajo, del cual acostumbraba a hablar en términos crudos.

Grisélidis era una especie de misionera de los sentimientos, instintos, deseos y frustraciones. Ese desasosiego del hombre decía que muchas veces se solucionaba abrazando a una mujer desnuda.

En Ginebra fundó “el Centro Internacional de Documentación sobre la Prostitución” reclamando que los historiadores le dediquen su tiempo de investigación para escribir sobre ella y su influencia a lo largo de la historia. También fue cofundadora de la Asociación de ayuda a las prostitutas (ASPASIE),   Acabó siendo la voz de las prostitutas del mundo entero

Entre sus obras escritas además de las dos ya mencionadas podemos citar “el polvo imaginario”, “las esfinges”, “a sangre y fuego” libro éste que recoge toda la poesía escrita por ella, “libreta de baile de una cortesana”.

Los textos escritos por Grisélidis han sido llevados al teatro recientemente “Griselidis la catin revolutionarie” de Anne Papin y Regine Achille-Fould y también la obra “LB25” de Valérie Bracq y Olivier Tchang-Tchong.

En sus últimos años de vida escribe “treinta años de prostitución marcan, estragan el cuerpo y el alma y os dan, también un inmenso amor a la vida, respeto humano pro el sufrimiento del otro, por su soledad, por su desesperación al ser privado de mujer y de ternura. Por sus propios fracasos, que se unen a los nuestros, y si el más allá existe deseo danzar al son de músicas gitanas, beber alcoholes maravillosos, y reencontrarme con mis hombres, aquellos que he amado, aquellos que he odiado, ayudado, aliviado, esperado, atendido, rechazado, reconfortado y temido por encima de todos los perjuicios, los tabúes, las hipocresías de esta moral enferma e inhumana que no me ha matado, de la que simplemente me he evadido hacia una mayor libertad, arriesgando mi vida”.

Grisélidis consideraba la prostitución una lucha a todos los niveles: física, comercial y política. Era un oficio psiquiátrico del corazón. Siempre afirmó que tenía tres oficios: escritora, pintora y puta.

Era una gran lectora. En su libro “el polvo imaginario” hace muchísimas referencias literarias a autores como Mohammed Choukri, Tahar Ben Jehkoum, Juan Goytisolo, Alain Robbe-Grillet, Said Ferdi, Ahmed Baba Miské, Kafka, Maupasant…

Desconfiaba de cualquier tipo de terapia psicoanalítica para evitar la prostitución. Pedía la normalización de esta profesión para evitar las enfermedades derivadas de  su libre ejercicio sin protección: sífilis, gonorrea, sida…

Luchó contra el esclavismo de las prostitutas. Mostraba permanentemente su rechazo al Palacio  de las Naciones ubicado en la ciudad y a sus funcionarios que desde allí trabajaban en la Secretaria de Estado para los Derechos Humanos.

Tenía una fijación contra el ginebrino más famoso de la ciudad, Calvino. Se declaraba “puta anticalvinista”. Grisélidis lo atacaba continuamente por su rigorismo ético y al que continuamente ridiculizaba, decía “ni muerta podrán conmigo, porque pienso ordenar que vengan a menudo a follar sobre mi tumba, así al menos no me aburriré tanto a la otra orilla” y “Ahora sí, Calvino ha quedado definitivamente follado, sodomizado, descuartizado, calcinado y bien enterrado”.

Muere, el nueve de marzo de 2005, como consecuencia de un cáncer. La prensa suiza le dedica sus primeras portadas “Adiós a la mujer pública de Ginebra”. Pide ser enterrada en el cementerio de los reyes de Ginebra, destinado a las personas que contribuyeron notoriamente al desarrollo social de la ciudad. Quería que en su lapida dijera “Grisélidis Réal, escritora, pintora, prostituta”, para así sostener la lucha por el respeto y la dignidad de los trabajadores y trabajadoras del sexo.

Las discusiones sobre la conveniencia de enterrar a esta mujer en este cementerio fueron muy fuertes. Ante la presión de la izquierda de la ciudad se accedió a enterrarla en este cementerio, al lado de varios ilustres como, Jorge Luis Borges, el escritor austriaco Robert Musil, la filósofa Jeanne Hisrch y muy cercana a su enemigo Calvino.

Los acostumbrados a los sepelios no recuerdan un cortejo más concurrido, emotivo y multitudinario como el suyo. El barrio de Pâquis estuvo de duelo toda una semana y su principal calle, “la rue de Berna”, fue bautizada con su nombre. El día de su muerte nadie ejerció, y hasta los “chulos” y proxenetas lloraron sinceramente su muerte.

Poesía de Grisélidis

Entiérrame desnuda
como he venido al mundo
fuera del vientre
de mi madre desconocida
entiérrame de pie
sin dinero
sin ropa sin joyas
sin florituras
sin maquillaje
sin ornamentos
sin velo sin anillos sin nada
sin collares
sin pendientes
de oro fino
sin carmín
ni línea de ojos
desde mis ojos cerrados
quiero ver
cómo retrocede el mundo
las estrellas
y el sol
caer
la noche expandirse
hasta su origen
y sepultarme
en su boca
acostarme
por última vez
para extenderme
al fin solitaria
como un diamante
lleno de vida
descansar
dormir al fin
dormir dormir
sin pensar
en nada más
para siempre
morir morir
morir
para reencontrarme
al fin a mi madre
y reconocer
en tu sonrisa
la inocencia
que me ha faltado
toda la vida
te he buscado
te encontré
para poder perderte
y decirte
Al fin
Te quiero.

 

Esta novela autobiográfica nace con los años sesenta. Grisélidis Réal, una joven madre, huye a Alemania con sus hijos y con Bill, su amante negro, rescatado de un establecimiento psiquiátrico ginebrino. Al final de su fuga, la extraña familia se atasca en Munich. Para sobrevivir, la narradora, sin apoyos ni tabúes, se prostituye. Pero con Rodwell, un soldado negro americano que encuentra en un sospechoso bar, todo vuelve a ser posible a pesar de la miseria. A través de este destino excepcional, narrado en un estilo directo y comprensible, se descubre una Alemania desconocida, la de las boites de jazz para los soldados americanos, los pequeños traficantes de marihuana y los campamentos de supervivientes zíngaros.

Su Obra:

  • Le Noir est une couleur, París, ed. Balland, 1974; Lausana, Éditions d’en bas, 1989; Paris, ed. Verticales, 2005.
  • La Passe imaginaire, Vevey, ed. de l’Aire/Manya, 1992; París, Verticales, 2006.
  • À feu et à sang, recueil de poèmes écrits entre mai 2002 et août 2003, Genève, ed. Le Chariot 2003
  • Carnet de bal d’une courtisane, París, Verticales, 2005.
  • Les Sphinx, Paris, Verticales, 2006.
  • Le carnet de Griselidis, paroles de Grisélidis Réal et Pierre Philippe, musique de Thierry Matioszek et Alain Bashung, canción interprada por Jean Guidoni en el álbum « Putains », 1985.
  • Suis-je encore vivante? Journal de prison, Paris, Verticales/phase deux, octubre 2008.
  • Mémoires de l’inachevé (1954-1993), textos reunidos y presentados por Yves Pagès, Paris, Verticales, 2011.

La rebelde de las letras cubanas: Wendy Guerra

En 1970, el año de nacimiento de Wendy Guerra, su familia se trasladó desde una pequeña aldea a la ciudad de Cienfuegos, en la costa sur de Cuba. “Era un lugar para nadar y pensar,” recuerda ella. Un punto de inicio lógico para alguien dedicado a nadar contra la marea.
Empezó a escribir poesía tan pronto como supo nadar. Su primera colección, Platea a oscuras, le ganó un premio de la universidad de la Habana cuando apenas tenía 17 años. Obtuvo un título de realización cinematográfica en el Instituto Superior de Arte de la Habana, pero logró evitar involucrarse en cualquier clase de carrera en los medios de radio y televisión. Siguió escribiendo.
Específicamente, escribió un diario. Escribió un montón de diarios, dejando que se apilaran a su alrededor en su piso del distrito de Miramar de la Habana, que hoy comparte con su marido, el pianista Hector López-Nussa. Escribir diarios es un pasatiempo excelente pero no es precisamente uno que te ponga en la ruta del estrellato literario, ¿correcto? Incorrecto. Los diarios de Guerra formaron la base para su íntima (aunque supuestamente ficticia) primera novela, Todos Se Van, que fue publicada en 2006 y se ha convertido en un superventas internacional. Siguiendo a su joven protagonista a través de su infancia y adolescencia, Todos Se Van es desgarradora y divertidísima y logra dar una visión fresca aunque describe los problemas dolorosamente obvios de la Cuba moderna.
“Me gusta el diario como forma narrativa,” Guerra dice, “El relato se despliega como una cinta, lo cual se convierte en sí en un tipo de estructura narrativa.”
Cuanto más profundiza en sus ideas más íntimas, más tiene que luchar con sus demonios personales y más Wendy Guerra atrae la atención del público de Cuba y de todo el mundo. Y ella tampoco rehuye exactamente ser el centro de atención. Si hubiera un premio para la Poetisa más Fotogénica, Guerra lo ganaría fácilmente.
“Una de las cosas que más me enorgullecen es que mi trabajo se haya publicado,” dice. “Mi madre [la poetisa cubana Albis Torres] fue una escritora, mucho mejor que yo, y nunca le publicaron nada. Nunca pudo separarse de su obra lo suficiente como para enseñarla a nadie. Y la única vez que lo hizo, su obra fue rechazada.”
Su madre fue la primera persona que sugirió a Guerra escribir un diario. Otra potente fuente de inspiración fue Anaïs Nin, la legendaria autora de diarios con la que Guerra tiene un parecido asombroso. Nin ha sido objeto de la investigación continua de Guerra, tanto en La Habana (los padres de Nin nacieron aquí) como en París. Guerra planea publicar su obra en la forma de un diario “apócrifo” escrito con la voz de Nin, bajo el nombre Posar desnuda en la Habana.

 

Cuando pedimos a Guerra que nos lleve a algún lugar de La Habana que sea significativo para ella, sugiere el Museo Nacional De Bellas Artes, específicamente el ala que aloja la colección de arte entre los 1980 y los 1990 del museo. “Mi mayor influencia procede de las artes visuales,” explica. “Mis diarios no son sólo crónicas sobre mi época. No, no, no — el acto de escribir un diario es un `gesto’ visual en sí. Esta parte del museo sitúa todo lo que hemos experimentado en términos de estética. Creo que el avant-garde estético de mi generación no reside en la literatura ni en la filosofía. Lamentablemente son las artes plásticas. He conseguido aceptar esto. Los colores, el texto que acompaña todas estas obras, el concepto, la forma, las bromas, la picardía, su naturaleza absurda —es todo lo que quiero lograr con humildad y modestia, a mi manera.”
Se para delante de una obra, un cuadro pintado por su ex-marido Humberto Castro, que adquirió importancia en el ámbito artístico cubano en los 1980, posteriormente se trasladó a París y ahora vive en Miami.
Él es uno de los que se marcharon.

Obras

Poesías
Platea oscura, 1987
Cabeza rapada, ed. Letras cubanas, La Habana, 1996
Ropa interior, ed. Bruguera, Barcelona, 2008
Poèmes (inédits), éd. Stock, Paris, 2009 (edición conjunta con el poeta serbio Sasa Stanisic)
Novelas
Todos se van, 2006, ed. Brugera, Barcelona, 2006 / Tout le monde s’en va, éd. Stock, Paris, 2008 / Tutti se ne vano, ed. Le Lettere, Firenze (Italia), 2008 / Alle gehen fort, ed. Lateinamerika, Solothurn (Alemania), 2008 / Всички си тръгват, Sofia, (Bulgaria), 2010 / Alla ger sig av, ed. Bokförlaget Tranan, Estocolmo (Suecia), 2010 / Everyone Leaves, (Estados Unidos), 2012, seleccionado por la revista Latina como uno de los 9 mejores libros del año publicado por un autor latinoamericano en Estados Unidos (The 9 Best Books of the Year by Latino Authors).
Nunca fui Primera Dama, ed. Bruguera, Barcelona, 2008 / Mère Cuba, éd. Stock, Paris, 2009 / Nunca fui primeira-dama, ed. Benvira, Brasil, 2010.
Posar desnuda en La Habana. Diario apócrifo de Anaïs Nin, ed. Alfaguara, 2010 / Poser nue à La Havane, ed. Stock, Paris, 2011.
Negra, ed. Anagrama, Barcelona, 2013.
Antologías
Casa de luciérnagas (antología de poetas latinoamericanas), ed. Bruguera, Barcelona, 2007
39 Antología del cuento latinoamericano, ediciones Colombia, Bogotá, 2007.
Otra Cuba secreta. Antología de poetas cubanas del siglo XIX y XX, ed. Verbum, Madrid, 2011.

 

 Posar desnuda en la Habana

Los diarios y la estancia en Cuba de Anais en su niñez y juventud llevaron a Wendy Guerra a novelar su paso por La Habana entre 1921 y 1923 siguiendo la fórmula del diario y el epistolario. Anais fue hija del compositor cubano Joaquín Nin, aunque lo más apasionante de su existencia se desarrolló en los años 30 en París, donde convivió con Henry Miller, Artaud, o L. Durrell. Para documentarse, Guerra recibió una beca del Department of Special Collections (UCLA), donde se encuentran los manuscritos. En las últimas páginas revela las entrevistas mantenidas, incluso con Rupert Pole, su último marido, y los documentos consultados en Cuba, donde descubrió el acta de matrimonio con el estadounidense Hugo Guiler, y recorrió los lugares que Nin menciona, hoy transformados o desaparecidos, recuperando el pasado de La Habana. Se trata, pues, de la recreación de una parte poco conocida de la vida de Nin. Resume la autora aquella personalidad con un interrogante que es, tal vez, la clave del libro: “¿Anaïs fue bígama, incestuosa, mitómana, adúltera, creativa, talentosa, ninfómana, bisexual?”.

Posiblemente fue todo esto y Wendy Guerra lo comprime en su estancia habanera, cuando llegó, a los 19 años, tutelada por sus tías (su madre, con dificultades económicas, permaneció con sus hermanos en París). La tía Antolina, llamada La Generala porque era viuda de general, cuidó de ella. Su padre había abandonado la familia y este desamparo convierte a Anaïs en un ser extraño que tiende a la introspección, aunque elige la alegría de vivir descubriendo La Habana. El plan que le proponen las tías es casarse con un hombre rico, aunque ella desea “casarme con Hugo”, mientras la familia de éste se opone porque Anaïs es pobre, católica y latina. Será la tía Antolina la que dé la vuelta a una situación en la que Anaïs escribe cartas desoladas a su prometido.

El mejor hallazgo de esta reconstrucción imaginaria es el ambiente familiar,las formas de vida y la inmersión cubana de una joven a la que atraen nuevas sensaciones: su experiencia sexual con Julián; la reconstrucción de la virginidad; los preparativos del matrimonio, el conocimiento de Flor, con la que descubrirá una nueva sensualidad… Pero la familia la considera excéntrica y algunos, en la cena prematrimonial, se escandalizan cuando se desnuda y posa para pintores o amigos. Fue su profesión en París y ésta será la escena que da título al libro.

El matrimonio con Hugo (su sostén económico toda su vida) la defrauda pronto. El rastro de Anaïs se prolonga hasta París en unas pocas páginas, en el reencuentro con el padre, “el rey Sol”, y amante. Anaïs se casó en 1955 con Rupert Pole, un actor con el quevivió treinta años, manteniendo a la vez su anterior matrimonio con Hugo. El personaje y sus avatares le han permitido a Wendy Guerra expresar una devoción por Cuba que atribuye a Anaïs Nin. Las páginas sobre la investigación de su amplia familia son excelentes.

Wendy Guerra, the novel

Andrés Caicedo y su «pacto con la muerte».

Escritor y cineasta nacido en Cali, en 1951, y muerto allí mismo, el 4 de marzo de 1977. Alguna vez Andrés Caicedo Estela dijo que vivir más allá de los 25 años era una vergüenza. Y lo cumplió, se murió a los 25 años de edad. Fue uno de esos pocos genios que hizo lo que predicó. Hizo cine y escribió cine, hizo teatro y escribió teatro, escribió cuentos y una novela y reflexionó sobre el arte de escribir.

Para él estaba primero la acción y después la reflexión; eso hizo que produjera a una marcha vertiginosa, hasta el punto en que él como persona casi no existía, porque era más grande su obra. Sus críticos lo han visto como un desarraigado, un desadaptado o un ser trágico, pero más allá de la mirada superficial, estaba el artista afanado por vivir intensamente.

La producción intelectual de Andrés Caicedo empezó desde los 10 años. A finales de los sesenta se conocieron sus primeras piezas dramáticas: “La piel del otro héroe” y “Recibiendo al nuevo alumno”; al mismo tiempo montó piezas como “La noche de los asesinos”, de José Triana y “Las sillas”, de Eugenio Ionesco; también adaptó al teatro “Moby Dick”, la novela de Hermann Melville. Mientras tanto, empezaban a aparecer sus primeros cuentos en los suplementos dominicales de los periódicos de Cali. Participó en las reuniones del grupo de escritores llamado Los Dialogantes, cuyos miembros eran, entre otros, Gustavo Alvarez Gardeazábal, Carmiña Navia, Eduardo Serrano y otros.

Andrés Caicedo era un adicto al cine; fundó y dirigió (junto con Ramiro Arbeláez, Hernando Guerrero y Luis Ospina, entre otros) el Cine-Club de Cali, que funcionaba los sábados a las 12:30 p.m., primero en la sala del Teatro Experimental de Cali (TEC), después en el Teatro Alameda, y finalmente en el San Fernando. En 1972 intentó llevar al cine su guión Angelita y Miguel Angel, en codirección con CarIos Mayolo, pero este fue un intento frustrado. Consignó su experiencia como espectador de cine en artículos de prensa aparecidos en El Diario de Occidente y El Pueblo, de Cali; y después comenzó a publicar la revista Ojo al Cine, que se convertiría en 1974 en la revista especializada más importante del país, pero sólo llegó a editar cinco números de ella.

Andrés Caicedo en el Teatro San Fernando

Caicedo era un trabajador compulsivo. Por sus diarios observamos que sus horarios eran estrictos en lo que tenía que ver con lecturas, montajes teatrales y escritura. Desde las primeras horas de la mañana hasta las últimas de la noche, Andrés parecía no pensar en otra cosa que en forjar su propia obra, inventar su propio universo, darle vuelta a sus propios caprichos y tratar de acumular la mayor cantidad de escritos, películas vistas y obsesiones, para llegar bien armado a la hora de la muerte […]

La precocidad de Andrés se delata en la insólita disciplina que mantuvo para todos sus proyectos, comenzando desde muy temprana edad. Valga anotar que sus lecturas están todas consignadas en un fólder considerablemente voluminoso, donde da cuenta de cada libro leído con un comentario de más o menos una cuartilla de extensión, sobre el texto. En dichas notas podemos ver casi que un plan de lecturas impuesto por sí mismo desde sus once o doce años, como si de antemano supiera que debía llenar todos los baches en su cultura tan rápido como fuera posible, cuentan Sandro Romero y Luis Ospina.

En 1969 Caicedo escribió siete versiones del cuento “Los dientes de Caperucita”, ganador del segundo premio del Concurso Latinoamericano de la Revista Imagen de Caracas. En 1972, el relato “El tiempo de la ciénaga” fue laureado en el concurso Universidad Externado de Colombia de Bogotá. En 1974 viajó a Estados Unidos con cuatro guiones de largometraje escritos por él y dispuesto a vendérselos a Roger Corman, director que admiraba profundamente; sin embargo, aunque traducidos por su hermana, los guiones nunca llegaron a manos de Corman.

En Estados Unidos, Caicedo se dedicó a ver cine, comenzó a escribir la única novela que terminó: “Que viva la música!”, inició un diario que pretendía convertir en novela (Pronto: “Memorias de una cinesífilis”), y profundizó su afición por la música (blues y rock, especialmente los Rolling Stones). Regresó a Colombia y en 1975, con el patrocinio de su madre, publicó el relato “El atravesado”. Siguió escribiendo compulsivamente y entregó a Colcultura la versión final de “Que viva la música!” para su publicación. Alcanzó a recibir un ejemplar de la novela, antes de suicidarse en la tarde del 4 de marzo de 1977.

“Que viva la música!” se convirtió, rápidamente, en un éxito y en símbolo del sentimiento de los jóvenes; la novela fue reeditada y apareció publicada también en Italia. La producción inédita de Andrés Caicedo abarca decenas de cuentos, varias novelas, obras de teatro, adaptaciones para el cine; guiones de largometrajes, reflexiones y numerosa correspondencia. Los temas predominantes en su obra son las locuras juveniles en medio del desvarío y la perdición que produce la ciudad concebida como suburbio. Pocos años después de morir, sus familiares y amigos crearon una fundación para publicar toda su obra inédita

 

Andrés Caicedo es uno de los escritores colombianos más populares, debido a su talento y su obra sumamente original y también a su prematura muerte (25 años) que lo convirtió inmediatamente en un mito.

Su cuento más popular es probablemente Infección, cuento que pertenece a su libro Calicalabozo, uno de sus primeros libros, donde nos narra un monologo sobre el amor y el odio y los sueños de un personaje que no puede soportarse ni a sí mismo.

  • Infección
    Bienaventurados los imbéciles,
    porque de ellos es el reino de la tierra

El sol. Cómo estar sentado en un parque y no decir nada. La una y media de la tarde. Camino caminas. Caminar con un amigo y mirar a todo el mundo. Cali a estas horas es una ciudad extraña. Por eso es que digo esto. Por ser Cali y por ser extraña, y por ser a pesar de todo una ciudad ramera.

-Mirá, allá viene la negra esa.

-Francisco es así, como esas palabras, mientras se organiza el pelo con la mano y espera a que pasa ella. Ja! Ser igual a todo el mundo.

Pasa la negra-modelo. Mira y no mira. Ridiculez. Sus 1,80 pasan y repasan. Sonríe con satisfacción. Camina más allá y ondula todo, toditico su cuerpo. Se pierde por fin entre la gente, ¿y queda pasando algo? No nada. Como siempre.

(Odiar es querer sin amar. Querer es luchar por aquello que se desea y odiar es no poder alcanzar por lo que se lucha. Amar es desear todo, luchar por todo, y aún así, seguir con el heroísmo de continuar amando. Odio mi calle, porque nunca se rebela a la vacuidad de los seres que pasan por ella. Odio los buses que cargan esperanzas con la muchacha de al lado, esperanzas como aquellas que se frustran en toda hora y en todas partes, buses que hacen pecar con los absurdos pensamientos, por eso, también detesto esos pensamientos: los míos, los de ella, pensamientos que recorren todo lo que saben vulnerable y no se cansan. Odio mis pasos, con su acostumbrada misión de ir siempre con rumbo fijo, pero maldiciendo tal obligación. Odio a Cali, una ciudad que espera, pero que no le abre las puertas a los desesperados)

Todo era igual a las otras veces. Una fiesta. Algo en lo cual uno trata desesperadamente de cambiar la tediosa rutina, pero nunca puede. Una fiesta igual a todas, con algunos seductores que hacen estragos en las virginidades femeninas… después, por allá… por Yumbo o Jamundí, donde usted quiera. Una fiesta con tres o cuatro muchachas que nos miran con lujuria mal disimulada. Una fiesta con numeritos que están mirando al que acaba de entrar, el tipo que se bajó de un carro último modelo. Una fiesta con uno que otro marica bien camuflado, y lo más chistoso de todo es que la que tiene al lado trata inútilmente de excitarlo con el codo o con la punta de los dedos. Una fiesta con muchachas que nunca se han dejado besar del novio, y que por equivocación son lindas. Y también con F. Upegui que entra pomposamente, viste una chaqueta roja, hace sus poses de ocasión y mira a todos lados para mirar-miradas. Una fiesta con la mamá de la dueña de casa, que admira el baile de su hijita pero la muy estúpida no se imagina si quiera lo que hace su distinguida hija cuando está sola con un muchacho, y le gusta de veras. Una fiesta donde los más hipócritas creen estar con Dios, maldita sea, y lo que están es defecándose por poder amachinar a la novia de su amigo… piensan en Dios y se defecan con toda calma mientras piensas en poder quitársela.

Sí, odio a Cali, una ciudad con unos habitantes que caminan y caminan… y piensan en todo, y no saben si son felices, no pueden asegurarlo. Odio a mi cuerpo y mi alma, dos cosas importantes, rebeldes a los cuidados y normas de la maldita sociedad. Odio mi pelo, un pelo cansado de atenciones estúpidas, un pelo que puede originar las mil y una importancias en las fuentes de soda. Odio la fachada de mi casa, por estar mirando siempre con envidia a la de la casa del frente. Odio a los muchachitos que juegan fútbol en las calles, y que con crueldades y su balón mal inflado tratan de olvidar que tienen que luchar con todas sus fuerzas para defender su inocencia. Sí, odio a los culicagados que cierran los ojos a la angustia de más tarde, la que nunca se cansan de atormentar todo lo que encuentra… para seguir otra vez así: con todo nuevamente, agarrando todo, todo !. Odio a mis vecinos quienes creen encontrar en un cansado saludo mío el futuro de la patria. Odio todo lo que tengo de cielo para mirar, sí, todo lo que alcanzo, porque nunca he podido encontrar en él la parte exacta donde habita Dios.

Conozco un amigo que le da miedo pensar en él, porque sabe que todo lo de él es mentira, que él mismo es una mentira, pero que nunca ha podido –puede- podrá aceptarlo. Sí, es un amigo que trata de ser fiel, pero no puede, no, lo imposibilita su cobardía.

Odio a mis amigos… uno por uno. Unas personas que nunca han tratado de imitar mi angustia. Personas que creen vivir felices, y lo peor de todo es que yo nunca puedo pensar así. Odio a mis amigas, por tener entre ellas tanta mayoría de indiferencia. Las odio cuando acaban de bailar y se burlan de su pareja, las odio cuando tratan de aparentar el sentimiento inverso al que realmente sienten. Las odio cuando no tratan de pensar en estar mañana conmigo, en la misma hora y en la misma cama. Odio a mis amigas, porque su pelo es casi tan artificial como sus pensamientos, las odio porque ninguna sabe bailar go go mejor que yo, o porque todavía no he conocido a ninguna de 15 años que valga la pena para algo inmaterial. Las odio porque creen encontrar en mí el tónico ideal para quitar complejos, pero no saben que yo los tengo en cantidades mayores que los de ellas… por montones. Las odio, y por eso no se lo dejo de hacer porque las quiero y aún no he aprendido a amarles.

No sé, pero para mí lo peor de este mundo es el sentimiento de impotencia. Darse cuenta uno de que todo lo que hace no sirve para nada. Estar uno convencido que hace algo importante, mientras hay cosas mucho más importantes por hacer, para darse cuenta que se sigue en el mismo estado, que no se gana nada, que o se avanza terreno, que se estanca, que se patina. Rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr——————rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr———————rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr no poder uno multiplicar talentos, estar uno convencido que está en este mundo haciendo un papel de estúpido, para mirar a Dios todos los días sin hacerle caso.

¿Y qué? ¿Busca algo positivo uno? ¿Lo encuentras? Ah, no. Lo único que hace usted es comer mierda. Vamos hombre, no importa en que forma se encuentra su estómago, piense en su salvación, en su destino, por Dios, en su destino, pero esta bien, eso no importa. ¿Qué no? Vea, convénzase: por más que uno haga maromas en esta vida, por más que se contorsione entre las apariencias y haga volteretas en medio de los ideales, desemboca uno a la misma parte, siempre lo mismo… lo mismo de siempre. Pero eso no importa, no lo tome tan en serio, porque lo más chistoso, lo más triste de todo es que UD. Se puede quedar tranquilamente, s u a v e m e n t e, d e f e c á n d o s e, p u d r i é n d o s e, p o c o a p o c o, t ó m e l o c o n c a l m a… ¡Calma! ¡Por Dios, tómelo con calma!

Odio la avenida sexta por creer encontrar en ella la bienhechora importancia de la verdadera personalidad. Odio el Club Campestre por ser a la vez un lugar estúpido, artificial e hipócrita. Odio el teatro Calima por estar siempre los sábados lleno de gente conocida. Odio al muchacho contento que pasa al lado que perdió al fin del año cinco materias, pero eso no le importa, porque su amiga se dejó besar en su propia cama. Odio a los maricas por estúpidos en toda la extensión de la palabra. Odio a mis maestros y sus intachables hipocresías. Odio las malditas horas de estudio por conseguir una maldita nota. Odio a todos ellos que se cagan en la juventud todos los días.

¿Es que sabes una cosa? Yo me siento que no pertenezco a este ambiente, a esta falsedad, a esta hipocresía. Y ¿Qué hago? No he nacido en esta clase social, por eso es que te digo que no es fácil salirme de ella. Mi familia está integrada en esta clase social que yo combato, ¿Qué hago? Sí, yo he tragado, he cagado este ambiente durante quince años, y, por Dios, ahora casi no puedo salirme de él. Dices que por qué vivo yo todo angustiado y pesimista? ¿Te parece poco estar toda la vida rodeado de amistades, pero no encontrar siquiera una que se parezca a mí? No sé que voy a poder hacer. Pero a pesar de todo, la gloria está al final del camino, si no importa.

La odio a ella por no haber podido vencer a su propia conciencia y a sus falsas libertades. La odio porque me demostró demasiado rápido que me quería y me deseaba, pero después no supo responder a estas demostraciones. La odio porque no las supo demostrar, pero ese día se fue cargando con ellas para su cama. Yo la quiero muchacha estúpida, ¿no se da cuenta? Pero apartándonos de eso la odio porque me originó un problema el berraco y porque siempre se iban con mis palabras, con mis gestos y mis caricias, con todo… otra vez para su cama. Pero, tal vez, para nosotros exista otra gloria al final del camino, si es que todavía nos queda un camino… quién sabe…

Odio a todas las putas por andar vendiendo añoraciones falsas en todas sus casas y calles. Odio las misas mal oídas… Odio todas las misas. Me odio, por no saber encontrar mi misión verdadera. Por eso me odio… y a ustedes ¿les importa?

Sí, odio todo esto, todo eso, todo. Y la odio porque lucho por conseguirla, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso la odio, porque lucho por su compañía. La odio porque odiar es querer y aprender a amar. ¿Me entienden?. La odio, porque no he aprendido a amar y necesito de eso. Por eso odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada…

A nada

A nadie

Sin excepción!

Entrevista Andrés Caicedo

 

 

María del Carmen Huertas terminará por abandonar definitivamente sus andanzas, para finalmente refugiarse en un mugriento cuarto del centro, donde se dedicará a la prostitución, repartirá consuelo entre algunos de los despechados amigos que le quedaron, y escribirá sus memorias …esta novela. Todo había comenzado en el exclusivo barrio Versalles de Cali, desde donde la adolescente partió un buen día para conocer, y de qué manera, el mundo real. Por eso María del Carmen probó de todo. Su incursión por el bajo mundo la hizo conocer la verdadera cara de una ciudad que nunca antes le presentaron. Al ritmo de la “salsa”, y de fiesta en fiesta, la jovencita practicaría de todo; incluyendo el sexo y la drogadicción. Historia realista, cruda y descarnada que muestra el verdadero rostro de una sociedad decadente.

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

La exquisita sensibilidad de Blanca Wiethüchter

Blanca Wiethuchter

Poetisa boliviana

Nació en la ciudad de La Paz en 1947.

Cursó estudios de Literatura en la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz, donde después fue docente y directora, y se graduó en Ciencias de la Educación en Universidad de La Sorbona, en París, y en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de París.

Dedicada a la docencia, escribió sobre todo poesía: ‘Asistir Al Tiempo’ (1975), ‘Travesía’ (1978), ‘Noviembre 79’ (1979), ‘Madera Viva y Árbol Difunto’ (1982), ‘Territorial’ (1983), ‘En Los Negros Labios Encantados’ (1989), ‘El Verde no es un Color’ (1992), ‘El Rigor de la Llama’ (1994), ‘La Lagarta’ (1995), ‘Sayariy’ (1995) y ‘Qantatai’ (1996).
Entre los libros de relatos publicó ‘Memoria Solicitada’ (1989), ‘En el aire de navegación de las montañas’ (1992) y ‘A manera de Prólogo’ (1993). También escribió ensayo, entre cuyos libros destaca ‘La Estructura de lo Imaginario en la Obra Poética de Jaime Saenz’ (1976).

Fue distinguida con varios premios y es considerada una de las poetisas contemporáneas más completas de Bolivia. Formó parte del grupo de poetas próximos al gran poeta Jaime Saenz, sobre quien realizó un estudio muy dedicado, llamado Memoria solicitada.

Casada con el compositor Alberto Villalpando, con quien tuvo tres hijas.

Blanca Wiethüchter falleció el 16 de octubre de 2004 a los 57 años en su domicilio de la ciudad de Cochabamba, a causa de un cáncer.
Obras

Poesía

Asistir al tiempo, 1975
Travesía, 1978
Noviembre 79, 1979
Madera viva y árbol difunto, 1982
Territorial, 1983
El verde no es un color: A la luz de una provincia tropical, 1992
Los negros labios encantados, 1992
El rigor de la llama, 1994
La Lagarta, 1995
‘Sayariy’, 1995
Qantatai, 1996
Antología La Piedra que labra otra piedra, 1999
Ítaca, 2000
Luminar, 2005
Ángeles del miedo, 2005

Cuentos

Memoria Solicitada, 1989, reedición 1992

En el aire de navegación de las montañas, 1992
A manera de Prólogo, 1993

Novela

El jardín de Nora 1998

Ensayos

La Estructura de lo Imaginario en la Obra Poética de Jaime Saenz, 1976
Hacia una historia crítica de la literatura en Bolivia I y II, 2002
Pérez Alcalá, o los melancólicos senderos del tiempo, 1997
Alma madre de la cruz lavada
territorio tatuado por redondas gargantas
tibia morada despojada en el monte
a golpes de barreno a golpes de vacío
fijas el centro en tu falta padre- no ves
discurso de astros agoniza
en todos los padres una y otra vez
padre empozado por el sol
padre ahogado por los cascos marinos
padre pez en tu estrella de púas
gira la obscena astronomía de otra sangre
no engendras la múltiple geometría de la raíz
en la intemperie de tu sexo
la sombra desolada de tus días
sólo el polvo sólo el frío la sangre errante y todas las horas anteriores
a ese día nuestro
muerto
por ti.

Siempre pensé que la vida
tenía que ser algo más
la vida algo más que los muertos
la vida algo más que la madre
la vida algo más
para en la noche poder dormir
para con el día
para vivir por vivir nomás.

Algo más que ese cuerpo
mirando ese cuerpo
ese cuerpo que esperas demás
ese cuerpo definitivo que deseas
definitivamente
desde cualquier altura
definitivamente
desde Cota-Cota o el Montículo
ese cuerpo desde el Alto o Llojeta
ese cuerpo definitivamente en tu deseo
ese cuerpo que te expulsa y vomita
ese cuerpo que miras y comprendes
sin decir ese cuerpo no es mío
no es tuyo y es tuyo también
espacio áspero roca profunda
que no posees y te engendra
y te quema y te exige y te ciega
ese cuerpo deseoso de muerte
girando entre manos precisas:
la sangre sembrando fango
el golpe horadando el fuego
ese cuerpo se descubre y anuda
crece y te hace crecer
ese cuerpo venciendo su cuerpo
se pierde y vuelve a perderse
perdiéndote para siempre a ti.

De pronto llega
cabalgando las noches
agotando murallas
-al fin y al cabo a cualquiera
acuérdate nomás del cura
el del cine y los periódicos.
-Uno nunca sabe y todo puede ser
te despojan de tu alma
-tu sorpresa de ciervo oculto
para que todo pueda ser
-en pleno día-

Y asombra tanto pasado de un día
tanto pasado de una semana
mientras dicen estamos a punto de ser
quemando la certidumbre de ser
al cerrar los ojos.

Mientras miras deslizándose hacia abajo las luces
por lo mismo hacia abajo con los ríos
resistiendo entre pedazos y lluvias
ese cuerpo delirante por vivir
resistiendo mientras desciendes
mientras ese cuerpo extiende las manos
y las estira y las extiende para caer
en esa mano y otra mano
en esos ojos mirando la ciudad
mientras sufres y dejas de esperar
para esperar en otra vez.
Del libro Madera Viva y Árbol Difunto

 

BLANCA WIETHUCHTER EN VIDA Y OBRA

 

 

 

Reposo

Entro en mi casa
y me alojo en su centro
esperando la temperatura
que enmudece los ruidos inútiles.

En un andar del silencio
comienza el mundo
en un olor a fuego
en una hoja
en un cambio de sábanas
en una gana de hacer cosas
no siempre precisas.

Ya no soy la misma
y mis pasos en la voz
resuenan más oscuros.

Otro es el sol que arde
en los crepúsculos que contemplo
viajera inmóvil
pienso
sólo quiero cuidar de lo vivo
y tener luz
para él
y mis niñas.

 

Territorial (Fragmento)

Sólo tengo este cuerpo. Estos ojos y esta voz
Esta larga travesía de sueño cansada de morir.
Conservo el temor al atardecer.
No se comunica con nadie.

Por mi modo de andar
algo descubierto un poco esperando
cambio frecuentemente de parecer
conmigo no puedo vivir segura.

Habito un jardín de palabras
que han dejado de nombrarme
para nombrarla. No me atrevo
pero es necesario decirlo. Es un secreto.
En realidad somos dos.

Ahora debo inventar a la otra.

 

 

Compilación realizada por Lorena Lacaille.

 

La poeta enclaustrada: Emily Dickinson.

Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro.

Todo lo que sabemos del amor es que el amor es todo lo que hay.

Emily Dickinson

 

Considerada como una de las mejores poetisas de la literatura norteamericana del siglo XIX, la vida y la obra de Emily Dickinson fueron misteriosas y extrañas. Solamente cinco de sus poemas fueron publicados en vida, la mayoría de forma anónima; el resto, más de ochocientos poemas, fueron encontrados tras su muerte en su casa, donde había permanecido recluida los últimos años de su vida. El aislamiento voluntario sigue siendo a día de hoy un misterio para los estudiosos de la escritora. Un amor imposible o una enfermedad mental, son muchas las suposiciones que rodean la vida privada de una de las escritoras más excepcionales de la literatura universal.

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La hija modelo
Emily Elizabeth Dickinson nació el 10 de diciembre de 1830 en Amherst, Massachusetts. Su padre, Edward Dickinson, ejercía como juez y era representante de la Cámara de Diputados de Massachusetts. Su madre, Emily Norcross, estuvo postrada los últimos años de su vida y tanto Emily como su hermana pequeña Lavinia, tuvieron que hacerse cargo de ella. Ambas tenían un hermano mayor, William.

Aunque de su infancia se tienen pocos datos, sabemos que Emily creció en un ambiente profundamente puritano y que en algún momento decidió que quería estudiar, algo poco común entre las jovencitas de su círculo.
El corazón pide placer primero,
Luego excusa del dolor,
Luego los pequeños detalles
Que matan el dolor.

Luego irse a dormir,
Y luego, si tiene que ser
El deseo de su inquisidor,
El privilegio de morir.

En 1840, cuando Emily tenía diez años, fue inscrita por sus padres en la Academia de Amherst, un centro educativo masculino que dos años antes había abierto sus puertas por primera vez a las niñas. La pequeña aprovechó aquella oportunidad única. Historia, literatura, matemáticas, lenguas clásicas, todo lo que estuvo a su alcance fue estudiado por Emily con mayor o menor dificultad y superando la exigencia que ella misma se auto imponía y las deficiencias de salud que sufría.

Siete años después abandonaba el centro y el hogar familiar para ingresar en el Seminario para Señoritas Mary Lyon de Mount Holyoke donde además recibió formación religiosa. Su estancia en el seminario fue breve pues pocos meses después enfermó y tuvo que volver a casa. Emily no volvería a estudiar nunca más en un centro educativo.
Casa natal de Emily, hoy convertida en un museo sobre la escritora
La poetisa en la sombra
Desde muy pequeña, Emily dio rienda suelta a su creatividad en forma de versos. Poesías y más poesías que dejaba leer a muy pocas personas escogidas. Algunas de ellas, como la también escritora Helen Hunt Jackson o su editor Thomas Niles, intentaron una y otra vez sin éxito, que Emily aceptara publicar sus poemas. Ella se negó de modo que Helen solamente consiguió que Emily aceptara publicar un poema en una antología pero sin que apareciera su nombre. Los otros cuatro poemas que se publicaron en vida de la escritora aparecieron un un diario local también anónimamente y puede que sin el consentimiento de la autora.

Hay una languidez de la vida
Más inminente que la pena,
Es sucesora de la pena
Cuando el alma ha sufrido
Todo lo que puede.

Parecía que Emily solamente quería tener una vida tranquila, alejada del seguro éxito que le hubiera supuesto la publicación de su obra. Desde que abandonara el seminario, la joven vivió en el hogar familiar cuidando de sus padres y llevando una existencia austera. Hasta que algo sucedió en su vida y Emily se recluyó para siempre.

La poetisa de blanco

Última imagen de Emily,
ya vestida de blanco
En 1861, cuando apenas había alcanzado la treintena, Emily Dickinson empezó a reducir sus salidas y a limitar las visitas en casa y a vestir solamente de blanco. Pocos meses después, ya nadie la vio. Su extraña fobia a los demás y a salir de casa la llevó a recluirse en su habitación los últimos quince años de su vida.

Emily fallecía el 15 de mayo de 1886 después de años de sufrimiento causado por el Mal de Bright, al haber permanecido tanto tiempo inactiva.

La poetisa misteriosa
La personalidad de Emily Dickinson continúa siendo a día de hoy un misterio para los apasionados de su obra. Existen dos grandes misterios, el primero, no querer publicar nada de lo que escribía y siempre creyendo que sus versos no eran dignos de ser compartidos con el público. El segundo, por qué se recluyó de por vida sin una razón aparente.

Poco tiempo después de su muerte, su hermana descubrió en la habitación en la que había vivido Emily los últimos años ni más ni menos que cuarenta volúmenes que parecían haber sido encuadernados por la propia escritora. Aquellas joyas habían escondido en el silencio de sus páginas más de ochocientos poemas que el mundo pudo disfrutar cuando Emily ya no estaba. Poemas la mayoría de los cuales recogían versos de amor. De un amor secreto que, según algunos estudiosos, podría haber sido la causa de su extraño aislamiento del mundo.
Portada de la primera edición
de los poemas de Emily de 1890
En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido, bello.
Y me quedé dormida sobre la suave hierba.

Al despertar miré sobresaltada
Mi mano pura en aquella tarde clara.
La sortija entre mis dedos ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
Es sólo un recuerdo de color dorado.

Dos son los hombres que podrían haber roto el corazón de la poetisa. Algunos afirman que fue un amor de juventud que su padre prohibió tajantemente mientras que otros aseguran que fueron los sentimientos hacia un pastor protestante casado los que rompieron el corazón de Emily. Los más osados apuntan a una relación más allá de la familiar con su cuñada, Susana Huntington, una de las pocas personas que tuvo acceso a la obra de Emily en vida.

Pero solamente ella, la gran Emily Dickinson supo la verdad. Lo más importante sin embargo, fue el legado excepcional que regaló al mundo de la literatura y a los amantes de la poesía.

Algunos de sus poemas

Él era débil y yo era fuerte…

Él era débil y yo era fuerte,
después él dejó que yo le hiciera pasar
y entonces yo era débil y él era fuerte,
y dejé que él me guiara a casa.

No era lejos, la puerta estaba cerca,
tampoco estaba oscuro, él avanzaba a mi lado,
no había ruido, él no dijo nada,
y eso era lo que yo más deseaba saber.

El día irrumpió, tuvimos que separarnos,
ahora ninguno de los dos era más fuerte,
él luchó, yo también luché,
¡pero no lo hicimos a pesar de todo!

Versión de L.S.
Embriaguez

En jarros tallados en nácar
apuro un licor ignorado…
Tal vez ni del Rhin en las cavas
pudiera mi sed encontrarlo.

Con una embriaguez de rocío,
borracha de incógnitos hálitos,
tabernas de azul diluido
recorro en perpetuos veranos.

Cuando las abejas
y las mariposas,
agobiadas, ebrias,
vuelen de las pomas,
aún libaré yo mi vaso
de extraño licor…
Hasta que los ángeles
me agiten su níveo penacho,
y a los ventanales
celestes se asomen los santos
para contemplarme
borracha de azul y de sol.

Versión de Carlos López Narváez

 

En mi flor me he escondido…

En mi flor me he escondido
para que, si en el pecho me llevases,
sin sospecharlo tú también allí estuviera…
Y sabrán lo demás sólo los ángeles.

En mi flor me he escondido
para que, al deslizarme de tu vaso,
tú, sin saberlo, sientas
casi la soledad que te he dejado.

Versión de L.S.

 

En mi jardín avanza un pájaro…

En mi jardín avanza un pájaro
sobre una rueda con rayos –
de música persistente
como un molino vagabundo –

jamás se demora
sobre la rosa madura-
prueba sin posarse
elogia al partir,

cuando probó todos los sabores –
su cabriolé mágico
va a remolinear en lontananzas-
entonces me acerco a mi perro,

y los dos nos preguntamos
si nuestra visión fue real-
o si habríamos soñado el jardín
y esas curiosidades-

¡pero él, por ser más lógico,
señala a mis torpes ojos-
las vibrantes flores!
¡Sutil respuesta!

Versión de Silvina Ocampo

 

Ensueño

Para fugarnos de la tierra
un libro es el mejor bajel;
y se viaja mejor en el poema
que en el más brioso y rápido corcel

Aun el más pobre puede hacerlo,
nada por ello ha de pagar:
el alma en el transporte de su sueño
se nutre sólo de silencio y paz.

Versión de Carlos López Narváez

 

Es la dicha un abismo por lo tanto…

¿Es la dicha un abismo por lo tanto
que no me deja dar un paso en falso
por miedo a que el calzado se me arruine?

Prefiero que mis pies se den el gusto
a cuidar los zapatos-
porque en cualquier zapatería una
puede comprar
un nuevo Par-

Mas la dicha se vende una vez sola.
Perdida la patente
nadie podrá comprarla nunca más-
Díganme, pies, decidan la cuestión
¿debe cruzar la señorita, o no?
¡Expídanse, Zapatos!

Versión de Roberto Facceti

 

Estatura

Poder discrecional tuve en mi mano
y con denuedo contra el mundo fui;
dos veces temeraria lo he afrontado
tan sólo con la honda de David.

Aunque la piedra le arrojé segura
fui sólo yo la que me desplomé :
¿de Goliat fue muy grande la estatura
o quizá fue mayor mi pequeñez?

Versión de Carlos López Narváez

 

La sortija

En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido y bello.
Y me dormí sobre la yerba fina.

Al despertar miré sobresaltada
mi mano pura entre la tarde clara.
La sortija entre mi dedo ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
es un recuerdo de color dorado.

Versión de Eduardo Carranza