«La Lolita» de Vladimir Nabokov.

Vladimir Nabokov
(1899/04/23 – 1977/07/02)
Escritor ruso

Nació el 23 (se dice también que el 22) de abril de 1899 en la casa de campo de la familia, Vyra, en la provincia de San Petersburgo, atendido por un ejército de más de 50 criados y pasó su primera infancia educado por institutrices inglesas y francesas, que serían sustituidas más tarde por preceptores rusos y alemanes.

Hijo de Vladimir Dmitrievich Nabokov, jurista y estadista, hijo de un ministro de Justicia bajo los zares y de la baronesa María Bon Korff.

Heredó de su padre la pasión por las mariposas y el ajedrez.

Cursó estudios en el Prince Tenishev School entre 1910 y 1917, y en el Trinity College, Cambridge en 1922.

Para escapar a la revolución bolchevique salió junto a su familia de Rusia (1919) y se radicó en Berlín, Alemania.

Para ganarse la vida enseñó inglés, fue profesor de tenis, y también creó crucigramas para el periódico ruso Rul de 1922 a 1937. Se forjó cierta reputación como escritor de ficción (en ruso) bajo el seudónimo de, V. Sirin.

El joven exiliado comenzó a labrarse fama como escritor entre la colonia de exiliados rusos. También de entonces data su matrimonio con Vera, una rusa de ascendencia judía y su compañera de por vida.

Se trasladó a París (1937), entonces huyendo de los nazis y más tarde emigró a los Estados Unidos con su esposa e hijo (1940). Enseñó en Stanford durante el verano de 1941 y en Wellesley (1941-48); como especialista en mariposas. A partir de 1948 hasta 1959 dio clases en Cornell. Hablaba inglés desde que su niñez pero no comenzó a escribir en este idioma hasta después de su llegada a los EE.UU.

Su obra incluye poesía, ficción, drama, autobiografía, ensayos, traducciones, y crítica literaria, así como trabajos sobre mariposas y ajedrez. Es popularmente conocido por su novela, Lolita (1955) extraordinaria novela, donde Humbert, un hombre mayor, se enamora de una niña de 12 años, Lolita, y la seduce. Los editores americanos temieron lo peor y tardaron en publicarla. Apareció primero en Francia, y tras diversos escándalos y la publicidad que obtuvo, salió en USA (1958), donde consiguió un éxito perdurable. Escribió además Pálido fuego, Ada o el ardor, ¡Mirad a los arlequines! o La dádiva que figuran entre las obras maestras de la literatura de todos los tiempos. Muchos críticos y moralistas atacaron a su novela Lolita que se convirtió en un bestseller tras publicarse cuando ya había cumplido los 56 años y que le dio el reconocimiento y la fama internacional. En 1959 se estableció en Suiza.

Vladimir Nabokov falleció el 2 de julio de 1977, en Montreux, Suiza.
Obras

Máshenka, 1926
Rey, dama, valet, 1927-1928
La defensa de Luzhin, 1929-1930
El ojo, 1930
Regreso de Chorb, 1930
La hazaña, 1932
Cámara oscura, 1932
Desesperación, 1936
La dádiva, 1937-1938
La invitación a la ejecución, 1938
La invención de Valts, 1938
Risa en la oscuridad, 1938
El hechicero, 1939
La verdadera vida de Sebastian Knight, 1941
Barra siniestra, 1947
Las otras orillas, 1954
La primavera en Fialta, 1956
Pnin, 1957
Pálido fuego, 1962
Lolita, 1955
Habla, memoria, 1967
Ada o el ardor, 1969
Transparent Things, 1972
Una belleza rusa, 1973
Look at the Harlequins!, 1974
The Original of Laura (El original de Laura), 1975

 

Lolita, no exenta de polémica,3 es considerada por muchos críticos y académicos como una obra maestra de la literatura universal contemporánea y un clásico moderno.

Entre los hechos que pudieron influenciar a Nabokov en su novela está el secuestro en 1948 de Florence Sally Horner, de 11 o 12 años, según algunas fuentes (aunque las noticias discrepan acerca de su edad, el apunte manuscrito de Nabokov refiere a la chica cuando fallece en un accidente automovilístico a la edad de 15 años) que fue secuestrada por un hombre de media edad.

El libro contiene diferentes niveles de lectura, desde el relato romántico y erótico hasta el retrato de una sociedad autocomplaciente, así como temas sobre la moral y la perversión psicopatológica.

La novela, publicada por una editorial erótica francesa, fue catalogada de pornográfica porque trata de la relación sexual entre un «depravado» y su hijastra.

El propio Nabokov participa en la adaptación de la novela para la película homónima (1962) de Stanley Kubrick.
Argumento
El psicólogo ficticio John Ray, Jr. 11 explica que recibió un manuscrito titulado «Lolita», o «La confesión de un viudo blanco» que está firmado con el seudónimo de Humbert Humbert, un autor que murió en la cárcel por una trombosis coronaria.

En la historia, Humbert es un profesor de literatura francesa y tiene una obsesión sexual con muchachas pubescentes. Deja Europa y viaja a los Estados Unidos, allí alquila una habitación en Ramsdale, un pueblo ficticio de Nueva Inglaterra, en la casa de Charlotte Haze. Humbert solo acepta la oferta después de ver Dolores, la hija de Charlotte de doce años, quien está tomando sol en el jardín. Humbert se enamora secretamente de Dolores y la llama, de manera cariñosa, «Lolita». Charlotte es una viuda solitaria y se convierte inconscientemente en el enlace de Humbert con su hija. Lolita coquetea mucho con Humbert (algo que a Humbert le encanta) y en poco tiempo, Humbert se casa con Charlotte aunque no la ama y solo para mantener a Lolita en su vida. Un día, Charlotte encuentra el diario de su nuevo marido, lleno de confesiones de su obsesión con Lolita y de su desengaño con su nueva mujer. Ella, enfadada y triste, sale de casa rápidamente y muere atropellada.

Humbert queda entonces como legítimo encargado de la joven Lolita y la recoge de su campamento del verano antes de informar a Lolita de la muerte de su madre. Pasan la noche en un hotel lujoso donde Lolita admite que tuvo sexo con un chico en el campamento. Cuando amanecen, Lolita inicia la primera experienca sexual entre ellos. De allí, los dos matienen relaciones sexuales durante un período de dos años. Posteriormente, viajan en automóvil por los EE. UU. por un año antes de que Lolita asiste una escuela para muchachas. Después de una discusión emocional entre los dos, Lolita propone otro viaje largo. Humbert se pone de acuerdo desconociendo que Clare Quilty, un dramaturgo de edad media, ha convencido Lolita a abandonar sus estudios y a Humbert para escaparse con él. Quilty recoge Lolita de en un hospital donde ella está recuperandose de la gripe, esto sin que lo sepa Humbert quien es un huésped en un motel cercano. Mientras Lolita convive con Quilty, él le propone que actue en películas pornográficas. Ella rechaza la oferta y, por eso, Quilty la echa de su casa. Más tarde, Lolita empieza a trabajar como camarera y conoce su futuro marido, Richard Schiller.

 

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Al final de la novela Lolita tiene 17 años y está casada, embarazada y pobre. Lolita escribe una carta a Humbert pidiéndole dinero para pagar sus deudas y mudarse con su marido a Alaska donde el ha conseguido un buen trabajo. Humbert la visita en su hogar en Coalmont en el medio oeste del país. Durante la visita Humbert dice que aún la desea y quiere que ella deje su marido por él. Ella se rehúsa, a pesar de eso, Humbert le da 4000 dólares. También Humbert insiste en saber con quién Lolita huyó años atrás. Le informa que fue Quilty y Humbert decide asesinarlo. La novela culmina con un episodio de violencia.

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La prosa psicológica y compleja de Liudmila Ulítskaya

Liudmila Ulitskaya nació durante la evacuación en plena guerra contra la Alemania nazi. Después su familia regresó a Moscú, ciudad en la que Ulítskaya terminó la secundaria y estudió Biología en la Universidad Lomonósov. Trabajó en el Instituto de Genética General de la Academia de Ciencias de la URSS, de donde fue despedida del trabajo por haber reproducido samizdat. A partir de ese momento trabajó en el Teatro Musical Judío, escribió reportajes y piezas de teatro juveniles y tradujo poesía de la lengua mongol.

Comenzó a publicar en los años 1980, pero alcanzó la fama con sus guiones de cine para las películas Hermanas Liberty (1990) y Una mujer para todos (1991). La primera obra literaria de éxito fue la novela corta Sóniechka (1992). Desde entonces Ulítskaya ha publicado más de 10 novelas y varias colecciones de cuentos. Su prosa psicológica se asemeja a la de Chéjov.

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Sus libros han sido traducidos a treinta lenguas. El principal editor de sus obras en español es Anagrama; también Lumen publicó un libro suyo y Ediciones Siruela la incluyó en su antología Cuentos rusos.

Las obras de la famosa novelista de 66 años se leen mucho, tanto en Rusia como en el extranjero, y ella es considerada una de los autores más venturosos y de moda del momento. Cuando se catalogan sus obras como “enciclopedia de la vida familiar” simplemente responde: “No soy León Tolstoi y no enseño a la gente a vivir”.

La escritora caracteriza su obra de la siguiente manera: “Pertenezco a los escritores que escriben basándose en las experiencias de la vida. No tengo esquemas para seguir, vivo junto con mis obras. A veces pasa que voy en la dirección que no planeaba seguir. Es mi estilo de vida. Soy una especie de escritora temporal. Cuando lo escriba todo me ocuparé de otra cosa”.

Entre los libros de la autora traducidos al español están Mentiras de mujeres, su primera novela, Sóniechka (1993) y Sinceramente suyo, Shurik, libro que ganó gran popularidad entre los lectores. Éste trata de un moderno Casanova cuya educación corre a cargo de una enérgica abuela y una madre de carácter débil. Ellas le inculcan el sentido de la abnegación produciendo en él una desviación: se siente atraído por mujeres desvalidas y esto le impulsa a empezar con ellas una actividad sexual frenética para ofrecerles consuelo.

Su libro más famoso en Rusia es la novela Caso Kukotski que comenzó a escribir a mano, continuó en una máquina de escribir, y que terminó en un computador para ser finalmente declarada la mejor obra literaria rusa del año 2001 según el premio independiente Buker. El texto es la historia de la vida una familia de intelectuales rusos dentro de varias generaciones, una saga que cuenta la historia de la vida, de la muerte y del amor, una narración que transcurre entre los años 40 y 80.

Sóniechka

Ulítskaya, Liudmila

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Sonia, una chica judía poco agraciada, confiere a los personajes de ficción la misma categoría que a las personas. En Sverdlovsk, donde trabaja en una biblioteca, conoce al pintor Víktorovich, que ha viajado mucho por Europa y cumplido varios años de reclusión en un campo de trabajo soviético. Siguen años de felicidad conyugal coronada con el nacimiento de la hija de ambos, Tania. El interés de Sóniechka hacia la literatura se desvanece; la familia, las labores de la casa, ocupan ahora su vida. Esa felicidad se verá truncada con la aparición de una amiga de Tania, Yasia, de la que Víktorovich quedará prendado. Sóniechka, movida por sus instintos maternales, ofrece a Yasia, huérfana, que se instale en su casa, sin sospechar que se convertirá en el último amor de Robert Víktorovich… Un amor que a ratos será un sorprendente triángulo amoroso. Sóniechka es una narración sutil sobre el destino de una mujer corriente, a través del cual leemos la historia de la Rusia del siglo pasado: el régimen soviético y su desmoronamiento. Una novela que en Francia obtuvo el Premio Médicis.

 

Richard Ford: «El periodista deportivo».

Richard Ford (Jackson, 16 de febrero de 1944) es un escritor estadounidense.

Ford no había leído prácticamente nada hasta los 18 años, en parte debido a su dislexia. Sobre esta enfermedad explica que lo hacer ser un lector lento. “Leo mucho. Leo todo el tiempo, pero soy lento. Y sé que voy a llegar al final de mi vida sin haber leído los libros que debía haber leído”. Al mismo tiempo, considera que le ayuda a la hora de escribir. “Me hace ser más cuidadoso”, señala.2 Pero luego se enamoró de la literatura y, ya decidido a convertirse en narrador, hizo una maestría de escritura creativa en la Universidad de California, Irvine, que terminó en 1970.

Seis años más tarde salió su primera novela, Un trozo de mi corazón, que trata sobre dos perdedores desarraigados cuyos caminos se cruzan en una isla del río Misisipi; en 1981 le siguió La última oportunidad.

“Publiqué mi segunda novela, y tuvo buenas críticas. Pero nadie la compró. Entonces cogí un trabajo de periodista deportivo. Y pensé que, si podía conservar aquel empleo, lo haría para siempre. Era divertido, era fácil, estaba bien pagado, viajabas por todo el mundo… era perfecto”, recuerda Ford.

La publicación para la que trabajaba en Nueva York se llamaba Inside Sports. Ford sabía de deportes, era una aficionado al boxeo —su abuelastro, antes de tener el hotel, había sido un boxeador relativamente exitoso—, le gustaba el atletismo, y, como ha explicado, la tradición del periodismo deportivo estadounidense “posee cierto lado literario”.1

Pero Inside Sports cerró y como lo rechazaron en Sports Illustrated, decidió retornar a la ficción y entonces que nació su personaje más conocido, Frank Bascome, protagonista de varios libros suyos. “Pero perdí ese trabajo y me senté a pensar qué querría escribir si hiciera una nueva novela. Tenía claro que debía hacer algo realmente distinto de lo que había estado haciendo, porque lo que había estado haciendo no acababa de funcionar. Un día Kristina, mi mujer, me dijo: ‘¿Por qué no escribes sobre alguien que es feliz?’. Y me pregunté: ¿cómo demonios se hace eso? Yo tenía una concepción muy romántica de los personajes de las novelas. Eran siempre tipos conducidos por la angustia, sometidos a terribles torturas psíquicas, preocupaciones… Así que decidí cambiar mi visión del mundo. Lo primero que voy a hacer, pensé, es darle al personaje un trabajo que le guste. Y le di un trabajo de periodista deportivo. Luego pensé: una persona feliz es probablemente alguien que ha sido infeliz en el pasado y que intenta ser feliz. Y ésa es la manera en que llegué a Frank. Ésa es toda mi concepción de Frank Bascombe. Alguien que intenta hacerse un hombre mejor, un hombre más feliz”, cuenta.2

El periodista deportivo, publicada en 1986, es una novela sobre un escritor fracasado convertido en periodista deportivo que sufre una crisis espiritual debido a la muerte de su hijo. Esta obra lo consagró: la revista Time la eligió una de las cinco mejores novelas de año (en 2005 la seleccionaría entre las 100 mejores novelas desde 1923, año de la fundación del semanario)4 y, además, fue finalista del premio Premio Faulkner 1987.5

Al año siguiente consolidó su éxito con la recopilación de relatos Rock Springs. Algunos críticos han relacionado estos cuentos con el movimiento estético conocido como realismo sucio (José María Guelbenzu lo define como “realista exhaustivo”)6 y compuesto, entre otros, por Raymond Carver y Tobias Wolff, a los que Ford conoció bien. Si bien los personajes de esos relatos son cercanos a los que describen los autores del realismo sucio, los de sus novelas más famosas —de clase media alta – no.7

Esto se refiere principalmente a las historias sobre Frank Bascombe, que son las que le han brindado más fama y con las que ha consechado premios y seguidores. Su segunda novela de la serie, El día de la independencia (1995) obtuvo tanto el Pulitzer como el Faulkner.5 convirtiéndolo en el único autor en haber ganado ambos premios por el mismo libro.8 Acción de Gracias (2006) tiene el mismo protagonista, así como las cuatro nouvelles de Let Me Be Frank With You (2014).

Se ha querido ver en Frank Bascombre el álter ego del Ford y considerar que las historias que protagoniza son autobiográficas: como su autor, nació en Misisipi, es hijo único, se quedó huérfano de padre en la adolescencia, quiso ser escritor, trabajó de periodista deportivo… A esto Ford ha contestado: “Pero yo no tengo dos ex mujeres, ni hijos, no soy agente inmobiliario, no he ido a la universidad de Michigan… Las buenas novelas no son autobiográficas. Si escribes una novela autobiográfica estará confinada, limitada por lo que tú eres. Le diré mi concepción de lo que es una buena novela: una buena novela es la que utiliza la imaginación para provocar en el lector que experimente lo impredecible. Y eso sucede cuando el escritor imagina cosas que están muy lejos de su propia vida cándida”.2

Ford ha sido profesor y ha antologado y editado importantes libros. Como antologador se ha distinguido en el género de cuentos: le pertenecen las selecciones para las compilaciones de Houghton Mifflin Harcourt Granta Books y otras.

Vive con su esposa en Boothbay (Maine). En general, ha habitado en muchos lugares de Estados Unidos, lo que le ayudó al convertir a su personaje Frank Bascombe en agente inmobiliario: en sus mudanzas —más de una docena— aprendió “los detalles técnicos del asunto, la jerga, el vocabulario”.2 Vivió muchos años en el barrio francés y luego en el Distrito Jardín de Nueva Orleans, Luisiana, donde su mujer fue directora ejecutiva de la comisión de planificación de la ciudad. La pareja no tiene hijos y Ford ha reconocido que no le gustan: declaró en una ocasión que los odiaba. “Lo dije con afán provocador, aunque es cierto que no disfruto de su compañía. No me importa que me acusen de misántropo; puedo vivir con eso”, dijo en 2013.9

Practica deportes —juega al squash y levanta pesas en el gimnasio—; tiene una moto, le gusta ir a cazar aves en otoño. Fue precisamente a raíz de una apuesta con Raymond Carver durante una cacería que nacería mucho después su novela Canadá: “Allá por 1986 cruzamos la frontera para cazar gansos salvajes. Nos encontrábamos en la provincia de Saskatchewan y decidimos hacer una apuesta para ver quién era capaz de integrar ese nombre en un relato. Gané yo, pero solo porque Ray murió antes de poder realizarlo. Esa debió de ser la llama que encendió mi interés literario por Canadá”.9

Obras
Un trozo de mi corazón — A Piece of My Heart, novela, 1976 (trad.: Mariano Antolín Rato, Anagrama, 1992)
La última oportunidad — The Ultimate Good Luck, novela, 1981
El periodista deportivo — The Sportswriter, 1ª novela protagonizada por Frank Bascombe, 1986
Rock Springs, cuentos, 1987 (trad.: Jesús Zulaika, Anagrama, 1990)
Incendios — Wildlife, novela, 1990 (trad.: Jesús Zulaika, Anagrama, 1991)
El día de la independencia — Independence Day, 2ª novela protagonizada por Frank Bascombe (trad.: Mariano Antolín Rato, Anagrama, 1996)
De mujeres con hombres — Women with Men: Three Stories, 3 relatos largos, 1997 (trad.: Jesús Zulaika, Anagrama, 1999)
Pecados sin cuento — A Multitude of Sins, cuentos, 2002 (trad.: Damián Alou, Anagrama)
Vintage Ford, antología, Vintage Books, New York, 2004. Contiene siete textos:
“Communist” del libro Rock Springs; “Reunion”, “Calling” (ambos de A Multitude of Sins); una selección de Independence Day; “The womanizer” de Women with Men; “Rock Springs” del libro homónimo; y My Mother, In Memory, texto inédito hasta entonces
Acción de Gracias — The Lay of the Land, 3ª novela protagonizada por Frank Bascombe, 2006 (trad.: Benito Gómez Ibáñez, Anagrama)
Flores en las grietas. Autobiografía y literatura, ensayos; trad.: Marco Aurelio Galmarini, Anagrama, 2012
Canadá — Canada, novela, 2014 (trad.: Jesús Zulaika, Anagrama)
Let Me Be Frank With You, 4 nouvelles sobre Frank Bascombe, 2014. Contiene:
I’m Here, Everything Could Be Worse, The New Normal y Deaths of Others (trad.: Benito Gómez Ibáñez, Anagrama, 2015)

 

Francamente, Frank
Ford, Richard

En su trío de novelas aplaudidas por crítica y público –El periodista deportivo, la ganadora del Premio Pulitzer y el PEN/Faulkner El Día de la Independencia y Acción de Gracias– Richard Ford iluminaba el Zeitgeist de toda una generación a través de las intuiciones y agudezas de su ahora célebre cronista literario, Frank Bascombe, que es, sin duda, uno de los más imborrables, provocativos y queridos personajes de la moderna literatura americana.

En Francamente, Frank Ford regresa con cuatro historias narradas por el icónico Bascombe. Ahora tiene sesenta y ocho años y de nuevo está cómodamente instalado en la zona residencial de Haddam, Nueva Jersey. Bascombe ha salido airoso –en apariencia, aunque no del todo– de las secuelas de la devastación del huracán Sandy. Como en todos los libros protagonizados por él, el espíritu que guía a Ford es la vieja máxima cómica que promete que si las cosas no resultan graciosas, no son realmente serias. La desolación sembrada por el Sandy, que ha arrasado casas, zonas costeras e innumerables vidas, es probablemente el arranque más tremendo que se pueda imaginar para una narración. Y sin embargo se convierte en el perfecto telón de fondo y en la piedra de toque para Ford y Bascombe. Dotados de una precisa sensibilidad de comedia y de una inteligencia arrolladora, estos relatos abordan un completo catálogo de asuntos muy americanos: el envejecimiento, el racismo, la pérdida de la fe, el matrimonio, la redención y el desplome del mercado inmobiliario.

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A través de Bascombe –irónico, blasfemo, emotivo, sabio y a menudo políticamente incorrecto– nos sumergimos en las aspiraciones, pesares, anhelos, logros y fracasos de la vida americana en los albores del nuevo siglo. Richard Ford trae de vuelta a Frank Bascombe en toda su imperfecta gloria para decir (a menudo de un modo hilarante) lo que todos pensamos pero pocos se atreven a expresar en voz alta.

«Frank es el hombre de la calle de Ford, un testigo desencantado, triste e irónico de la vacilante actitud de América ante el final de un siglo y la llegada de un nuevo y amenazador milenio. Richard Ford es un escritor maravilloso» (John Banville, The Guardian).

«Como de costumbre, el toque divertido y lírico de la voz de Frank es lo que genera buena parte del atractivo. Solitario por naturaleza, Frank es en realidad una compañía estupenda, y su humor socarrón y su búsqueda existencial de lo correcto y las verdades últimas lo convierten, con todas sus imperfecciones, en alguien entrañable» (T. Newbury, Literary Review).

«Unas narraciones absorbentes, divertidas y a menudo profundas. Quienes conozcan al Frank Bascombe de las anteriores novelas reconectarán rápidamente con su imborrable personalidad» (Publishers Weekly).

«Frank Bascombe es puro placer. Unas narraciones irresistibles» (Michael Dirda, The New York Review of Books).

«Un libro perfecto» (Kate Kellaway, The Observer).

 

Dialogue: Author Richard Ford

Dialogue host Marcia Franklin talks with novelist and short story writer Richard Ford about his works and life. The two discuss the themes in his books, why he wanted to write another novel in the Frank Bascombe series, and race relations in America.

 

El viajero empedernido: Javier Reverte.

Nació en Madrid en 1944 y desde muy joven sintió la llamada de las letras. Estudió filosofía y periodismo, profesión esta última que ha ejercido durante más de 20 años, ya sea como colaborador en diarios y revistas o como corresponsal de prensa en Londres y París. Su profesión de periodista no le ha impedido dedicarse también a otros menesteres directa o indirectamente ligados a la literatura como, por ejemplo, escribir guiones para series dramáticas y programas de radio y televisión. Sin embargo, desde hace unos años está volcado de lleno en la literatura. Además de sus exitosos libros de viajes, ha escrito varias novelas, entre ellas, Todos los sueños del mundo y Trilogía de Centroamérica.

Javier Reverte se considera, por encima de todo, un escritor que viaja. No concibe el viaje si no es por su pasión por la escritura, su necesidad de transcribir sus experiencias al papel para luego darles forma literaria. Y es que el libro va creciendo entre sus manos a medida que viaja y anota lo que le va sucediendo, lo que ve, la gente que se encuentra en el camino, las sensaciones y emociones que le transmite un paisaje…

Como para todos los grandes viajeros de la historia, Javier piensa que detrás del hecho de viajar no sólo se esconde un profundo deseo de romper con la rutina de la vida diaria, también existe curiosidad y hambre de conocimiento, la necesidad de intercambiar experiencias con gentes de otras culturas que piensan y ven el mundo de forma diferente. Además, según él, es una excelente medicina para romper con muchos dogmas y prejuicios que se van arrastrando durante muchos años. Viajar enriquece siempre, abre la mente a otros mundos, y, como le ha ocurrido a este escritor metido a viajero, puede llegar a convertirse en una verdadera droga. Javier Reverte afirma convencido que ningún lugar defrauda cuando es la emoción la que guía al viajero. Y como todo en esta vida, también se aprende a encontrar la emoción. Dispongámonos, pues, a disfrutar del placer de viajar en nuestra próxima salida, y si no podemos movernos, viajemos con ayuda de la imaginación y los libros.

Soy un escritor de viajes, no de turismo”. La autodefinición de Javier Reverte viene al hilo de que su último libro, Un verano chino (Plaza & Janés) no da una imagen del gran país asiático que invite a visitarlo. Como escritor de viajes, Reverte quiere contar con sinceridad lo que se encuentra, y China no le ha gustado nada. “Es una mezcla de lo peor del capitalismo y de lo peor del comunismo”, resume. Eso sí, el poco alentador panorama está descrito con bastante humor (“una forma de viajar y de vivir”) y el probado oficio de quien es, sin duda, el más destacado autor de este género en España. Quizá China no valga un viaje, pero su libro -mezcla de historia, cultura, paisaje, paisanaje, su pizca de aventura…- sí tiene una lectura gratificante y útil.El libro se subtitula Viaje a un país sin pasado, no porque China no lo tenga, que lo tiene y milenario, sino porque entre el comunismo de Mao y la cosa rara de hoy, están acabando con sus vestigios. Una cultura, cuya delicadeza se aprecia en la caligrafía o en la música, prácticamente desaparecida en aras de una nueva sociedad, comunista hace unas décadas y capitalista de Estado ahora.En el presente, la contaminación, forzada por el desarrollismo, es una constante. “Hay zonas en que casi no se respira, el agua de los ríos apesta y el pescado no te animas a probarlo”, dice. Otra constante es el burbujón inmobiliario. “Hacen ciudades enormes antes de que llegue la gente a ellas. No sé mucho de economía y no sé si eso estallará o no, pero es un desarrollismo basado en criterios financieros. Van a un futuro que no saben exactamente cuál es, y arrastrando a millones de personas”.Calles sucias, gente sin educación y una policía que funciona al revés de como debiera: la que debía hacer su trabajo (la de tráfico) no lo hace, y la que no debería existir (la política) se lo toma en serio. A estos “no se les percibe, pero el que se sale de la raya va a la cárcel”; mientras que los de tráfico dejan hacer lo que se quiera, de modo que las omnipresentes motos, silenciosas para más inri, son un peligro mortal.China no le ha despertado a Reverte la pasión de África, América o el Mediterráneo. Los chinos son, como quiere el tópico, impenetrables (con la excepción de su guía-intérprete, todo un personaje en el libro), pero de una curiosidad infantilmente impúdica. Y si, en el caso de África, contaba con novelas y películas de la adolescencia capaces de excitar la imaginación, en el de China ni siquiera le gustó 55 días en Pekín (“no soporto a Charlton Heston”). Sí le entusiasma, y no deja de recomendarla, La condición humana, esa espléndida novela de Malraux que, en opinión de Steiner, ofrece una posible ética universal, la del personaje que afronta una muerte horrible para librar de ella a un compañero al que le regala su pastilla de cianuro.¿Qué le llevó, entonces, a China? “Fui porque me engañó mi amigo Pere Boix con el anzuelo del río Yangtsé”, explica Reverte. “Me enrolló con los barcos, que para mí no tienen que ver con los cruceros o los yates, para mí los barcos son los del Mississippi. Los cuatro o cinco días que pasamos en el Yangtsé a bordo de un barco de transporte fueron lo mejor del viaje. Ahí sí sentí el pálpito de China”.¿Y el viejo Mao? “Aunque hizo barbaridades en su afán de crear una nueva sociedad, en China dicen, y no sé cómo se calcula eso, que acertó en un 70%. Creo que le quieren por haberles resarcido de un sentimiento de humillación histórica en el que Occidente tiene una evidente culpa”.

original

 

Libros basados en viajes
Trilogía de Centroamérica (novela):
I.- Los dioses bajo la lluvia (1986, Nicaragua)
II.- El aroma del Copal (1989, Guatemala)
III.- El hombre de la guerra (1992, Honduras)
Trilogía de África:
I.- El sueño de África: En busca de los mitos blancos del continente negro (1996)
II.- Vagabundo en África (1998)
III.- Los caminos perdidos de África (2002)
El ojo sentimental (2003)
El río de la desolación. Un viaje por el Amazonas (2004, Amazonas)
La última frontera (2004) (VV. AA.)1
Corazón de Ulises (1999, Grecia, Turquía y Egipto)
La aventura de viajar. Historias de viajes extraordinarios (2006)
La canción de Mbama (2011)
El río de la luz. Un viaje por Alaska y Canadá (2009)
En mares salvajes. Un viaje al Ártico (2011)
Colinas que arden, lagos de fuego (2012)
Canta Irlanda. Un viaje por la Isla Esmeralda (2014)
Un otoño romano (2014)
Un verano chino (2015)
Novelas
Muerte a destiempo (1982)
Campos de fresa para siempre (1986)
La dama del abismo (1988)
Todos los sueños del mundo (1999)
La noche detenida (2000) I Premio de Novela Ciudad de Torrevieja
El médico de Ifni (2005)
Venga a nosotros tu reino (2008)
Lord Paco (1985)
Barrio cero (2010) XV Premio Fernando Lara de Novela
El tiempo de los héroes (2013)
Memorias y biografías[editar]
Dios, el diablo y la aventura (2001, Pedro Páez)
Soldado de poca fortuna: Jesús Martínez Tessier (2001), memorias de Jesús Martínez Tessier, coescrito con Jorge M. Reverte
El hombre de las dos patrias. Tras las huellas de Albert Camus (2016, Ediciones B)
Periodismo
Giscard d’Estaing presidente de Francia (1974)
Bienvenidos al Infierno. Días de Sarajevo (1994)
Billete de ida (2000)
Poemas
Metrópoli (1982)
El volcán herido (1985)
Trazas de polizón. Poesía 1979-2004 (2005, Recopilatorio: Metrópoli, El volcán herido y Trazas de polizón)
Poemas africanos (2011)

 

CLÁSICOS UNED: Escritores viajeros en el siglo XXI.

 

Michel Tournier, una leyenda de la literatura francesa y contemporánea.

Quería ser filósofo, se convirtió en novelista —uno de los mejores de la lengua francesa. Michel Tournier vive atrincherado en una casa parroquial del Valle de Chevreuse, cuyo jardín, al lado del cementerio, está impecablemente mantenido. Tratando de huir del mundanal ruido, Tournier apenas sale de su guarida, excepto para comer con sus camaradas de la academia Goncourt, o para acudir a las escuelas donde se enseña a los niños los rudimentos de la lectura y de la filosofía. Este verano, publicó un estimulante libro, Les vertes lectures (Las lecturas verdes), que es al mismo tiempo un respetuoso reconocimiento a los escritores que lo han influido y una formidable invitación a la lectura tanto para niños como para adultos. En la mañana en que se realizó esta entrevista Tournier me leyó un párrafo de Chateaubriand que le encanta: “Sale, pues, de su retiro, construido a junto a la morada de los muertos. […] Se ha apostado en su presbiterio como un centinela de avanzada en las fronteras de la vida para recibir a todos los que entran y salen de este reino de dolores. Un pozo, unos álamos, una parra alrededor de su ventana componen toda la herencia de este rey de los sacrificios”.1

En Las lecturas verdes se lee: “Me convertí en escritor por compensación.” ¿Para compensar qué?
Yo nunca habría escrito si hubiese aprobado el examen para ocupar la cátedra de filosofía. Mi objetivo era enseñar filosofía en la escuela secundaria. Fallé lamentablemente en el examen para convertirme en profesor y acabé en la calle. Entré a trabajar en la radio donde todas las mañanas, de ocho a nueve, me encargaba del programa “La hora de la cultura francesa”. En 1954, cuando se creó “Europa Nº 1”, me degradaron y me encargaron hacer los anuncios publicitarios. Escribía anuncios para vender pañales y lavadoras. ¡Algo apasionante! Pero yo cultivé mi jardín secreto: Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Descartes, Spinoza, Leibniz, Kant. Mi idea era elegir un asunto altamente filosófico (algo que abordara los problemas del tiempo, el espacio, las relaciones con el prójimo, etc.) y, a la vez, escribir una historia popular que interesara a todos. Incluidos los niños. Elegí Robinson Crusoe y así surgió Viernes o los limbos del Pacífico. En la historia de Robinson hay por lo menos dos asuntos eminentemente filosóficos: la soledad (Robinson pasa veinte años solo en su isla) y la relación con el prójimo (cuando Viernes llega a la isla). Téngase en cuenta que se trata de dos temas de gran actualidad. Robinson Crusoe me permitió abandonar los comerciales de lavadoras y escribir sobre Hegel. Yo escribía, pero no lo sabía nadie. Luego empecé a trabajar para la editorial Plon.

¿Qué hacía usted en Plon?
¡De todo! Eso sí que fue apasionante. Fui el primer lector de Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar. Ella estaba contratada por Gallimard, pero quería cambiar de editor y fui yo quien recibió el manuscrito. Hice un dictamen muy entusiasta. También me tocó leer a Simenon. Su llegada a Presses de la Cité (de la que entonces Plon formaba parte) fue como un trueno en el mundo editorial. También él estaba contratado por Gallimard, pero deseaba ocuparse personalmente de sus derechos conexos, en especial los relativos a adaptaciones cinematográficas (que, su caso, representaban ingresos considerables ). Sin embargo, Gallimard se negó a ceder. Y Simenon dejó Gallimard por Presses de la Cité, que accedió a dejarle manejar sus propios derechos conexos. Por lo demás, esta anécdota debe servirnos para denunciar tal escándalo.

¿Qué escándalo?
¡El de los derechos conexos por supuesto! No existe razón alguna por la cual un editor se embolse la mitad de los derechos conexos de un autor. El editor hace un trabajo secretarial. De manera que está bien que cobre el diez por ciento, pero ciertamente no el cincuenta.

Usted es uno de los pocos escritores que también negocia con fiereza sus derechos de autor y sus derechos conexos. ¿Cómo fue que adoptó tal postura?
Cuando firmé mi primer contrato con Gallimard, yo todavía era dictaminador en Plon. Gallimard me había propuesto un contrato clásico: un anticipo, y luego el 8, el 10, el 12 o el 15 por ciento dependiendo del tiraje que alcanzara la novela. Y 50-50 por los derechos conexos. Tomé mi mejor pluma y, en una hoja con el membrete de Plon, le respondí a Gallimard que rechazaba por completo cualquier anticipo. ¡Jamás habían visto eso! Un escritor joven que empieza y no quiere nada de dinero… Fue algo novedoso para ellos. Todo lo demás ocurrió gracias a ese rechazo a todo anticipo.

¿Por qué lo rechazó usted?
Porque no tenía ningún sentido. Y porque además se trataba de una cantidad miserable… Mi postura era una manera de pedir más: el 15 por ciento de las regalías de los primeros ejemplares vendidos y, sobre todo, el 80 por ciento de los derechos complementarios en lugar del 50. Pero hay que añadir que la lógica de los anticipos es desastrosa para la edición: conozco a un gran número de autores que viven a golpe de anticipos y cambian de editor en función del cheque editorial que se les promete sin preocuparse por la calidad de su texto. Yo hago exactamente lo contrario: cuento con el paso del tiempo. Le puedo mostrar mis cifras de ventas: todos mis libros se venden, incluidos aquellos que escribí hace treinta años. Se venden año tras año. La cantidad de dinero que un libro me puede traer no me interesa; Lo que me interesa es que mis libros vivan. Que sean leídos.

¿Cuántos libros ha vendido?
La cantidad varía si integramos las ediciones de bolsillo. Eso es lo que me interesa: las ediciones de bolsillo. Gracias a los libros de bolsillo, en lugar de vender 10 mil ejemplares se venden 100 mil! Uno recibe menos dinero porque el precio de venta es más bajo, lo mismo que el porcentaje de regalías, pero es mucho más leído. Mis libros se venden fundamentalmente en ediciones de bolsillo. Alcanzan un flujo de aproximadamente 300 mil ejemplares por año. De los cuales 100 mil corresponden a Viernes o la vida salvaje [la versión revisada y abreviada de Viernes o los limbos del Pacífico, t.].

Que a lo largo de treinta años ha vendido más de siete millones de ejemplares…
Sí, pero es el único que tiene tal éxito. Mis otros libros apenas llegan a uno o dos millones de ejemplares. Bueno, El rey de los alisos lleva 4 millones.

Parece que el lanzamiento de esta novela, pese a que había sido coronada con el Premio Goncourt, no resultó muy bien. ¿Es correcto?
Exacto. Apenas vendió 150 mil ejemplares, una cifra muy mala para un Goncourt. ¿Sabe por qué pasó eso? Porque De Gaulle acababa de morir. El Premio Goncourt tiene una repercusión muy tenue frente a otras noticias de actualidad: un ataque, la muerte de una estrella o de un presidente y, listo, uno se va al sótano. Al enterarse de la muerte de De Gaulle Gallimard me dijo,: “Viejo, eso significa 200 mil ejemplares menos.” Pero eso nunca me molestó. Lo que importa es que ahora se venden de 30 a 40 mil ejemplares cada año gracias a la edición de bolsillo. Sin contar las traducciones…

¿El éxito ha cambiado en algo su manera de escribir?
Escribo para ser leído. Soy un artesano que fabrica libros como un zapatero hace zapatos o como carpintero fabrica muebles. Quiero decir que necesito contar siempre con un cliente. No hago esto por placer.

¿De veras?
¡Oh sí! Si no tuviese lectores, créame, no escribiría. Leería. Rechazo por completo la típica perorata de: “ La escritura es una necesidad… así me expreso…” Yo no tengo ninguna necesidad de expresarme. Y en mis novelas, no expreso a Tournier, hago una novela. Me daría vergüenza expresar a Tournier…

¿Pero no hay, de todos modos, un poco de usted en sus novelas?
No. Podemos dividir la literatura en dos: la de aquellos que cuentan su vida y la de aquellos que inventan novelas. Para los primeros, hacerlo da resultados tremendos: las Confesiones, de Rousseau, o las Memorias de ultratumba, de Chateaubriand. Pero Rousseau y Chateaubriand son novelistas muy pobres. ¡Sus intentos son malísimos! ¿Cree usted que los verdaderos novelistas, como Balzac, Stendhal y Flaubert, se valieron de su vida privada? ¡Era lo que menos les importaba! No les interesaba en absoluto. Lo que querían era inventar una historia, no contar su vida. Yo añadiría que hay una tercera categoría, un híbrido: la novela autobiográfica. No me gusta. Hice la prueba con El viento paráclito. Ese libro es mi patito feo.

Entonces, ¿por qué apoyó Tres días con mi madre, de François Weyergans para el premio Goncourt? Es una novela autobiográfica, ¿no es cierto?
No soy un fanático. Y no me gustaba el libro de Houellebecq… Hay cosas muy buenas dentro del género autobiografíco. Una vez más: las Confesiones, de Rousseau. Ese es el clásico que él debería haber leído.

¿Y quién es el autor contemporáneo que él debería haber leído?
A Julien Gracq. Todos sus libros.

Un clásico…
¿Sabe usted qué es un clásico? Un autor al que se lee en las aulas.

¿Entonces Michel Tournier es un clásico?
Bueno, sí, ¡soy leído en las aulas! Este es mi mayor orgullo.

¿Por qué menciona a Balzac como su novelista favorito?
¡Porque es inmenso! Devorado por una ambición sin límites, lo cual es muy saludable cuando se es un artista. Hacer un pequeña obra maestra nada tiene de interesante. Uno puede citar muchos libros que son irreprochables. Yo prefiero a Balzac: escribe como un cerdo glotón pero no importa sobre qué escribe, todo es genial.

Y usted, ¿tiene esa ambición sin límites?
Es curioso que me lo pregunte. ¿Sabe que ése es el término empleado por Raymond Queneau para describir mi primera novela, Viernes o los limbos del Pacífico, en su dictamen para Gallimard? Yo le debo mucho: fue él quien impuso mi novela, aunque con algunas reservas. Yo hago lo que puedo. Mi fortaleza es mi lentitud.

¿Cómo puede ser la lentitud una fortaleza para un escritor?
Puedo pasar años enfrascado en un asunto. Soy un corredor de maratón, no un velocista. Aquello que se construye lentamente suele ser más fuerte que lo que se hace con rapidez… He publicado muy poco. Apenas quince títulos, mientras que muchos escritores de mi edad hacen alarde de haber escrito cincuenta.

¿Reniega de alguno de sus libros?
De ninguno. Generalmente uno reniega de sus libros de juventud. Pero yo empecé a publicar muy tarde, a los cuarenta y tres. No tengo obras juveniles.

¿Ni en sus cajones?
No, todo se perdió. Pero todo era muy malo. Por supuesto que escribí antes de publicar. No lo publiqué porque no era publicable.

¿Es necesario haber vivido bien para escribir buenos libros, como sugiere usted a propósito de la condesa de Segur?
No lo creo, no. El de ella es un caso especial. Ha habido muchos novelistas precoces y excelentes. Pienso en Roger Nimier, mi compañero de estudios del Lycée Pasteur. Nimier era terriblemente precoz. Yo era todo lo contrario: era un absoluto idiota. Él me miraba como tal y tenía razón. A los 17 años lo había leído todo, lo había entendido todo y todo lo había desbordado. Al revés de mí. ¡Piense usted que Nimier publicó su primera novela a los 18 años! Y la última a los 28 años… Fue precoz hasta el final: se suicidó a los 33 años al volante de su coche de carreras. Creo que prefiero mi modesto camino feliz.2

¿Perdurar mejor que brillar?
Sí. Sin duda.

Sin embargo, usted tiene una gran admiración por Jack London, que también fue como un cometa: murió a los 40 años…
¡Pero es que London lo hizo todo! Fue un vagabundo, un gambusino, un escritor… ¡Y qué escritor! Soy, en efecto, un gran lector de Jack London.

Las lecturas verdes son una evocación de “sus” escritores. ¿Cuáles va usted a añadir cuando aparezca la edición de bolsillo?
Dejé fuera, por olvido, a James Oliver Curwood, un gran escritor norteamericano al que se puede leer desde la infancia. También debo añadir a E.T.A. Hoffmann y a los hermanos Grimm. Hay dos tipos de narradores: los que inventan historias y los que las buscan en el folclore. Ese fue el caso de los Grimm, y también el de Charles Perrault.

¿Agregará narradores más contemporáneos, como, por ejemplo, Tolkien o J.K. Rowling?
Leí Harry Potter y confieso que me pareció un libro aburrido y sin interés. Sin embargo, tiene que haber algo en él para que haya llegado a ser tan universal. ¿Pero qué? No lo veo.

¿Por qué no incluyó a Alexandre Dumas?
Hago una distinción entre escritores inspirados por la historia y escritores inspirados por la geografía. Yo estoy completamente del lado de los geógrafos. En Homero se conjugan los dos: la Ilíada se inspira en la historia y me aburre profundamente; sin embargo, la Odisea, se inspira en la geografía y me subyuga. Jules Verne es la geografía, pero Alexandre Dumas, es historia. La historia de Dumas es oscura, cruel, sombría; la geografía de Jules Verne es entusiasta, juvenil. Verne nos lleva a descubrir la belleza del mundo.

Este libro, Las lecturas verdes, plantea una pregunta crucial: ¿se puede inculcar el amor por la lectura a los niños?
¡Por supuesto que podemos inculcárselos! Leyéndoles en voz alta, en primer lugar. Cuando voy a las clases y lo digo a los niños: “ Les voy a contar una historia”, de inmediato se hace el silencio. ¡Los tengo! Pero no debemos defraudarlos. Creo que a los niños les interes a que les cuenten historias. Pero para que se las apropien, es necesario que las lean ellos mismos. Hay una pregunta muy interesante que abre dos de las obras capitales de la literatura francesa, El Rojo y el negro, de Stendhal, y La fortuna de Gaspar, de la condesa de Ségur. Ambos libros empiezan con una escena muy similar: en el seno de una familia de campesinos o de leñadores, hay un niño de inteligencia excepcional que lee. Cuando se le sorprende leyendo, es decir, sin hacer nada, el padre le da una paliza. ¿Acaso el hombre que lee es un holgazán? ¿O es un creador? Yo respondo: es un creador. En lo personal, yo creo que la mitad de mi novela se debe a mi lector.

¿Qué quiere usted decir?
Que yo creo que él escribe la otra mitad en su cabeza durante la lectura. Eso es lo que hace que un libro cambie con cada lector y con las diferentes generaciones de lectores. No leemos a Balzac en el 2006 de la misma manera en que se le leía a mediados del siglo XIX. Hoy se ha convertido en otra cosa. Si usted toma La fortuna de Gaspar, de la condesa de Ségur, se encontrará con un libro que nadie se atrevería a imaginar hoy. A propósito de este libro, adopto una de las reglas del juego dadas por Flaubert al comienzo de su Diccionario de ideas recibidas: La regla del juego, dijo, es hacer que el lector se pregunte a cada página si uno se está burlando de él o si le está hablando de manera seria —y que jamás encuentre la respuesta.

¿La radio y la televisión son una mala competencia para lectura, especialmente en lo tocante a los jóvenes?
No, para nada. ¡Es al contrario! La radio y la televisión abren el espíritu, nos obligan a interesarnos en cosas de las que de otro modo jamás habríamos oído hablar. Nos fuerzan a ir más allá, a aprender más. Y tampoco hay que olvidar que la televisión está en el origen de la creación de los noticieros: Télérama, Tele 7 días, etcétera. ¿Y eso qué prueba?, se preguntará usted. Simplemente que los espectadores quieren leer, contar con información sobre los asuntos tratados por la televisión. Y luego están los programas literarios. En Francia, Bernard Pivot ha desempeñado un papel considerable en el interés por la lectura. Ha hecho leer a muchos. Ha hecho mucho por la inteligencia y la cultura de la gente.

¿El gusto por la lectura depende del gusto por la escritura?
No, se trata de dos cosas diferentes. Usted debería hacer un estudio en su revista sobre las lecturas de los grandes escritores: Estoy seguro de que encontrará que un gran número de grandes escritores nunca abre un libro. ¿Qué lee Simenon? Tengo una gran admiración por lo que ha escrito, pero no tengo la impresión de que su biblioteca haya estado bien provista… También es cierto que la obra de algunos escritores es una destilación de todo lo que han leído. Por ejemplo: Anatole France. Era una biblioteca ambulante. Igual que André Gide.

A menudo usted ha dicho que Viernes o la vida salvaje es su obra principal, pero se trata de un libro para niños…
¡De ninguna manera! Se trata de un libro para adultos que también los niños pueden leer. Reescribí Viernes o limbo del Pacífico porque era una novela demasiado gorda, demasiado pesada, demasiado filosófica. El poeta siciliano Lanza del Vasto escribió unos versos sublimes que resumen todo: “En el fondo de cada cosa nada un pez / Le arrojaré un manto de imágenes / Para cubrir su desnudez.” Versos que yo traduzco así: “En el fondo de cada cosa hay una verdad metafísica / Para cubrir su desnudez / Le arrojaré un manto narrativo.” Allí está: mi manto de imágenes es la historia que invento. En el caso de Viernes o los limbos del Pacífico, el manto de imágenes no había cumplido bien su papel: se podía ver a través de él. Así que la reescribí. Y creo que quedó mejor. Así nació Viernes o la vida salvaje. Y resultó tan buena que también los niños la han leído. Pero Viernes o la vida salvaje no fue escrita como un libro para niños. Para mí, el niño no es un objetivo sino un criterio de calidad. Con base en esta distinción he escrito dos historias que sí se dirigen a los niños: Amandine o los dos jardines y Pierrot o los secretos de la noche.

¿Qué implica un criterio de calidad?
Escribir algo de la manera más sencilla y a la vez más profunda en términos filosóficos. Pierrot o los secretos de la noche ilustra la Ética de Spinoza: la oposición entre sustancia y accidente. Son dos conceptos muy difíciles de comprender. Por tanto, los he ilustrado lanzando sobre ellos mi manto de imágenes: el cuento. Pierrot el panadero representa la sustancia: viste todo de blanco, trabaja duro. Pero es soso. Arlequín, de traje multicolor, representa el accidente. Irrumpe en la vida de Pierrot y de Colombina que se dejará seducir por sus colores y su retórica y dejará a Pierrot para lanzarse a la aventura con su Arlequín. El accidente es seductor, pero no es sólido ni constante. ¿De qué lado se encuentra la verdadera felicidad? ¿Del lado de la sustancia (Pierrot) o del lado del accidente (Arlequín)? La oposición entre sustancia y accidente nos remite a la oposición entre el agua y la leche (que son insípidas y están en el lado de la sustancia) y los alcoholes (que están llenos de sabor, pero del lado del accidente —¡en todos los sentidos de la palabra!) Uno encuentra todo eso en la Ética, sin duda uno de los mejores libros jamás escritos: Spinoza demuestra que Dios, que es un ser perfecto, no conoce ni el amor ni el odio ni la piedad. Es uno de los tratados de filosofía más brillantes.

La mayoría de los escritores de los que usted habla en Las lecturas verdes —Julio Verne, Lewis Carroll, la condesa de Ségur— tienen estampado en la frente el sello de “juvenil”, etiqueta que todavía tiene una connotación peyorativa: no son autores serios. ¿Cómo luchar contra esa creencia?
Es absolutamente idiota. ¿Sería mejor que fueran autores oscuros para valorar sus obras? Lo interesante de esos escritores es su locura. ¡Cuando uno lee La fortuna de Gaspar, uno piensa que la condesa de Ségur está loca! Lo mismo ocurre con Jules Verne. Tómese, por ejemplo, Las Indias Negras, su mejor libro. Es de una actualidad candente dado que las últimas minas de carbón en Francia fueron cerradas hace sólo unos pocos años y eso representó una tragedia para todos los que vivían de esa fuente de trabajo. Las Indias Negras es la historia de un grupo de personas que decide vivir en las profundidades de una mina en vez de vivir al aire libre, y su lectura transmite la siguiente idea: para vivir feliz, vive oculto. Pero es una idea delirante: viven en una suerte de absoluto filosófico, en un mundo en el que no hay ni calor ni lluvia ni viento…

Todos los libros que usted menciona, al igual que los que ha escrito, giran en torno a la resolución de un enigma filosófico. ¿Significa esto que un libro debe abordar la filosofía para ser universal?
Sí, eso es lo yo que creo. Pero una novela filosófica no es una novela de tesis. Es lo mismo pero a la inversa: se trata de formular preguntas más que de brindar respuestas. Y se trata de abordar asuntos de verdadera trascendencia.

¿Qué es un “asunto de verdadera trascendencia”?
Seamos claros: si el señor y la señora discuten y se hacen caras a la hora de la cena, eso no da para una novela. Sin embargo, si uno sigue el itinerario de los trabajadores migrantes argelinos en Francia, y lo conjuga con el problema de las imágenes (prohibidas en los países musulmanes y judíos, pero omnipresentes en el mundo occidental), ahí encontramos un asunto de verdadera trascendencia. Es decir, no sólo un tema de actualidad, sino también un tema que ilustra un conflicto entre dos conceptos aparentemente anodinos: el conflicto entre la imagen y la prohibición de la imagen. Es un asunto inmenso y yo no pretendo haberlo agotado, pero es el asunto que sirve como telón de fondo en mi novela La gota de oro. Otro ejemplo: Los Reyes Magos. Ese es un episodio apasionante de los Evangelios. Es sin duda uno de los episodios más representados desde un punto de vista artístico. Desde el punto de vista filosófico, plantea el problema de la riqueza. Los Reyes Magos abordan la idea de la imagen, la idea del extranjero pero sobre todo la idea de la riqueza: ofrecen tesoros al recién nacido. Siempre me he preguntado qué podría haber hecho Jesús todo el oro que recibió como regalo al nacer… Y escribí una novela: Los Reyes Magos.

¿Cuál es el papel del escritor: imaginar, o interpretar la realidad?
Hay valores. E indudablemente un valor literario. Kant escribió un libro entero sobre el tema: la Crítica del juicio. En los libros que he leído, al igual que en los que he escrito, busco el valor literario tal como Kant lo definió. La belleza, dice Kant, es lo que agrada universalmente aunque no lo podamos justificar intelectualmente, es una finalidad sin fin y una necesidad subjetiva. Me parece que el valor literario cabe en esta definición kantiana. El papel del escritor es crear valores literarios. Nada más.

A sus lectores les encantarán Las lecturas verdes pero hay una gran novela por venir de la misma magnitud de El rey de los alisos o de Los Meteoros?
Ya no tengo la fuerza. Soy viejo, ¿sabe usted?…

Usted me habló hace algunos años de una novela sobre vampiros…
¡Ah, sí! Para mí es un gran tema. Filosóficamente, es apasionante. Bueno, no he avanzado… Ya no tengo la fuerza física para hacer estudios de campo. He investigado siempre para escribir mis novelas. Para La gota de oro fui tres veces al Sahara. Para Los meteoros, le di la vuelta al mundo, desde Japón hasta Islandia, pasé una noche en un depósito de basura en Marsella… Para escribir esa novela sobre vampiros necesitaría pasar varias noches en un gran cementerio como el Père-Lachaise. Y a mi edad ya no tengo fuerzas para eso…

Sus lecturas no son sólo los grandes libros que también pueden leer los niños. Usted lee nuevos libros para discernir el Premio Goncourt. ¿La Academia Goncourt se ha corrompido?
No lo sé. En todo caso, nunca nadie me ha ofrecido nada. Ni siquiera sé si soy corruptible. Jamás he enfrentado un intento de corrupción.

¿Y de veras se lee en la Academia Goncourt?
Yo sí leo. Devoro. No es por nada que ahora publico Las lecturas verdes, un libro acerca de mis lecturas. Los otros miembros de la Academia harán lo que quieran…

¿Cuál es el premio Goncourt del que está más orgulloso?
El amante, de Marguerite Duras. De ese premio puedo decir que se debe a mí. Sin mi intervención Duras jamás lo habría tenido. En la primera ronda, El amante obtuvo tres votos y seis en la segunda, pero todo el mundo se opuso porque Duras sería la persona más vieja en la historia del Premio Goncourt. A lo que respondí: “Sí, pero estaremos enmendando las tonterías de nuestros predecesores que debieron haberle dado el premio hace quince años por Un dique contra el Pacífico… Y además El amante es su mejor novela.” Con eso se desechó la objeción con respecto de su edad.

¿Por qué se prefiere sentarse en la Academia Goncourt en lugar de en la Academia Francesa?
Porque la Academia Goncourt le ofrece a uno ingresar a ella, mientras que para ingresar a la Academia francesa hay que solicitarlo. Odio tener que pedir algo. Y esa cosa de hacer sonar unas campanas me parece detestable… Yo obtuve el Gran Premio de la Academia francesa antes de recibir el premio Goncourt por lo que no estaba tan mal colocado. Pero ese uniforme, y la espada, y los discursos… ¡Ah, no! En la Academia Goncourt uno se encuentra entre compañeros, y en el más preciso sentido de la palabra, comemos juntos. La comida juega un papel determinante. Podemos sentarnos alrededor de una mesa pues sólo somos diez y no cuarenta, de manera que nadie puede ignorar al otro. Y luego está la bola negra…

¿La bola negra?
Sí. De ahí la frase: echar una bola negra. Cuando hay una elección, si uno de nosotros dice “bola negra” en contra de un posible reemplazante, se elimina a éste automáticamente. Esto quiere decir: no quiero compartir una comida con Fulano. Y todo el mundo debe respetar esa elección. Como usted ve, la Academia Goncourt es un grupo de amigos. No hay trucos sucios como en la Academia Francesa. ¿Sabía usted que tal convivialidad casi le costó su ingreso a Emmanuel Robles? Cuando hubo que decidir si entraba, alguien se acordó de que él no bebía vino. ¡Eso hizo que de inmediato se le restaran votos a su favor y fue elegido apenas con los votos suficientes! La literatura y el vino, créame, hacen muy buena pareja.

—Traducción de Rafael Vargas

1 El párrafo pertenece a El genio del cristianismo. Cito la traducción al español de Torcuato Torio de la Riva, en el tomo IV de dicha obra, impresa por Ibarra, Impresor de Cámara de S. M., Madrid, 1818. [t.]

2 En realidad, Roger Nimier, nacido en 1925, publicó su primera novela, Les Épées (Las espadas) a los 23 años de edad, aunque a los 18 escribió una novela, plenamente autobiográfica, que se publicó de manera póstuma: L’Étrangère (El extranjero). Y no murió a los 33, sino a los 37 años, conduciendo un Aston Martín. Aunque su nombre no nos resulte familiar, en México muchos espectadores de cine hemos disfrutado de un excelente trabajo suyo: el guión de Ascensor para el cadalso, la película que su amigo Louis Malle realizó en 1958. [t.]

 

Sú última novela

9789870404460

«Una gran novela… Cubre simultáneamente los acontecimientos internos de una mente y los de un continente.» THE NEW YORKER El Rey de los Alisos, la novela con la que Michel Tournier obtuvo el Premio Goncourt, narra la historia de Abel Tiffauges, un extraño prisionero francés en la Alemania del II Reich, mezcla de ogro depredador y adolescente perverso, que se siente predestinado para llevar a cabo una misión en Prusia, cuna legendaria de la nación alemana. El celebrado autor de Medianoche de amor nos muestra aquí lo más oculto, tierno y enfermizo del ser humano, siempre en busca de significados, ritos y señales que le guíen y rediman de su condición de ser para la muerte. Fantasía insólita sobre los tiempos tenebrosos de la última guerra mundial, este libro constituye un extraordinario viaje hacia la infancia y un inquietante ensayo sobre el amor.

Les légendes du siècle : Michel Tournier

 

The Book Thief – (La Ladrona de Libros) Official Trailer

La ladrona de libros de Markus Zusak:

Érase una vez un pueblo donde las noches eran largas y la muerte contaba su propia historia…

Una novela preciosa, tremendamente humana y emocionante, que describe las peripecias de una niña alemana de nueve años desde que es dada en adopción por su madre hasta el final de la guerra. Su nueva familia, gente sencilla y nada afecta al nazismo, le enseña a leer y a través de los libros Liesel logra distraerse durante los bombardeos y combatir la tristeza. Pero es el libro que ella misma está escribiendo el que finalmente le salvará la vida.

 

A Lupita le gustaba planchar

Planchar le aquietaba el pensamiento, le devolvía el sano juicio, como si el quitar arrugas fuera su manera de arreglar el mundo».

Todo cambia para Lupita —mujer policía, poco agraciada, alcohólica, maltratada— la tarde en que el licenciado Larreaga es asesinado en la esquina de Aldama con Ayuntamiento. Apenas unos segundos, un saludo intercambiado entre ambos y un reguero de sangre que confirma que ahí hay un cadáver. Ella es la única testigo y es incapaz de recordar; se siente paralizada por el miedo y descubro con horro que se ha orinado en los pantalones. Desconcertada y perdida, asolada por la muerte de alguien que para ella ofrecía una nueva posibilidad en un mundo corrupto, lleno de drogas e injusticias, decide tomar la justicia por su mano y resolver este misterioso crimen que está rodeado de oscuros intereses políticos, redes de corrupción y narcotráfico.

La escritora mexicana Laura Esquivel, autora del clásico contemporáneo Como agua para chocolate, haciendo gala de un lenguaje lleno de oralidad y leyenda, de humor negro y de espiritualidad, recrea la historia de una mujer excepcional, un personaje opuesto a la concepción arquetípica de heroína que se grabará a fuego en la memoria de los lectores. Una superviviente en una sociedad marcada por siglos de injusticia en la que impera el poder, las apariencias, el dinero…, donde parece no haber salida.

Una fascinante parábola moral de este mundo en crisis que ha perdido el rumbo, donde casi todos somos un poco Lupita y buscamos algo que nos salve del desamor. Una novela imprescindible.
«Una lectura que da esperanza y que te llegará al corazón».
Revista AR

A Lupita le gustaba planchar